martes, 26 de junio de 2007

Jezael Marques Aguirre: La nostalgia



La Nostalgia es escudo del tiempo
y derrota del cuervo y su presencia.


La distancia flores polvorientas,
rasguños en la atalaya de la ausencia.

...

Allá quedó la desequida tierra
y el caz azolvado con barruecos.


Balconeo desde esta silampa
las albas flores del almendro.

...

Adiós pueblo, abur lares.
Adiós mis muertos queridos.
Abur amigos garridos,
lluvias, trigales, arenas,
oasis, viñas, avenas
en mi corazón prendidas.

Jezael Marques Aguirre








lunes, 25 de junio de 2007

Ali Podrimja: Al correr de la sangre y atrás dejaron las tumbas

Ali Podrimja es uno de los más notables poetas de Kosova. Una tierra que lucha por su independencia de Servia y cuyos habitantes son de origen albanés.

Atrás dejaron las tumbas


Un día me dijeron:
muda el color de tus ojos,
tus ojos tienen color de sangre.
-Múdalo, caerá la lluvia
y la tierra saciará la sed...


Y pasaron reyes,
sultanes, pasaron
generales-
en el pan y la sal míos
escupieron y pisaron brutalmente.


Tumbas dejaron atrás,
atrás dejaron
tumbas
y lluvia.


Yo arrojé una piedra al vacío.

ALI PODRIMJA. Del libro 'Hija e tokes'. La sombra de la tierra. Prishtina (Kosova)


Al correr de la sangre



La tierra nuestra, hora de los tiempos.


De forma asombrosa
vivíamos los perseguidos,
nosotros los muertos
por los siglos y los sueños...


Y cuando pensábamos que existíamos,
hollaba el asesino nuestra tierra,
pegaba fuego a nuestras casas,
pisoteaba en la noche del lobo...


Nosotros partíamos tras las huellas de un jinete
que perseguía a la novia centenaria de nuestros cuentos,
nosotros los amantes de bodas malditas
partíamos al correr de la sangre-


Que la tierra nuestra es hora de los tiempos.



Ali Podrimja

domingo, 24 de junio de 2007

Adem Istrefi: Las campanadas de la ira



Antes de proseguir con poemas del 'Homenaje a las Víctimas del Franquismo' quiero recordar dos cosas: una la muerte, hace pocos días, de Ousmane Sembene el gran cineasta africano, natural de Senegal; Internet tiene numerosas noticias acerca de él; yo solo quiero recordar a un comunista consecuente que diose cuenta que era el cine desde donde podía llegar a más trabajadores africanos y no la escritura, porque la gran mayoría no sabía leer; y es que él empezó de escritor y tiene varias novelas y cuentos; en España, creo, solo se ha publicado una obra suya; la otra cuestión es, melo había prometido a mi, el escribir un poema del albanés Adem Istrefi que me pareció muy bueno. No sé quién lo tradujo al español aunque me supongo que sería Sanchez Lizarralde que es el traductor de las obras de Ismael Kadaré y por entonces, cuando yo lo pegué en mi cuaderno, estaba en Tirana y yo tenía alguna relación con él. El poema dice así:



Las campanadas de la ira

Sobre los helados hierros de la ventana
he apoyado mi frente tierna
y mis ojos
clavos horadando la nieve
que el viento azota con furia.
La ventisca vapulea la nieve
como las olas la tempestad,
y mi pensamiento se enreda como un ovillo con ella.
Tras la ventana acecho quietamente la vida
y me aferro con ahinco a los barrotes
que hielan y trituran mis manos endebles.
..................
Está la noche hoy repleta de susurros.
Su silbido siembra tinieblas entre murmullos hondos.
La melodía medieval se derrama entre las rendijas.
Rostros desencajados y desdentados
a golpes de hierro
hacen guardia ante nuestras puertas
a la puerta de nuestros números,
pues nosotros ya no tenemos nombre.
Yo soy un número.
Soy el miltrescientosuno que habla solo.
El miltrescientosuno con las costillas rotas
y sin dientes en la boca.
Todo porque mi risa es más fuerte que mis dientes.
Soy el miltrescientosuno colgado de la puerta de la celda
como cuelga el gorro del muerto a la cabecera de su tumba.
Sou un número entre los dientes metálicos del miliciano,
un número en su bolsillo,
un número bajo sus botas,
y no obstante yo no soy un número.
¡Eh, miliciano!
Oyeme, miliciano... Yo no soy un número.
Escucha los golpes en las puertas de las celdas.
Escucha nuestras llamadas
arrancando a la noche de su sueño.
Son estrechas para nosotros estas celdas,
no pueden siquiera contener nuestros corazones.



Hasta aquí el poema. Y debajo ponía lo que he colocado por título:


ADEM ISTREFI. "Net kosovar". Tirana, 1967.

sábado, 23 de junio de 2007

Iswe Letu: A modo de no sé qué


La boca de protestas huecas

invocó al sagrado cocodrilo.

¡Valientes, temblad de miedo!

___

Murmullos perfumados de los ríos

cortaron el feroz aliento del león.

Y las gacelas brincaban de gozo.

___

En la bruma de los pueblos lejanos,

ellos lanzaron flechas encendidas.

Acción chovinista. Terror nazional.

___

La sangre gratuita derramada,

desgarró el tambor de guerra.

Oficiales empuñan las pistolas.

...

La danza arrancada del Ser,

pinta el hogar con su sangre.

¡No a la guerra imperialista!

...

Bajo la ceniza de mis párpados,

cabalga semental de crin loca.

Roja amapola del cementerio.

...

Patas de cangrejos son la confusión

en la estrecha penunbra de la calle.

La perplejidad no emana del vacío.

...

El Dinero se asienta en la cabeza

y cruje como leña cuando se seca.

Y el fuego maduro para la guerra.

...

El cerebro de las noches obstinadas,

invocó con saña al sagrado cocodrilo.

El día lo mira sumiso como siempre.

...

Caballos de hipocampo y de campeche

perfumados con resinas asaz olorosas,

son un claro ultraje en este vertedero.


viernes, 22 de junio de 2007

Iswe Letu: Vocinglería

"Convulsiva
vocinglería
vegetal
encuentra
la belleza
y no la mira",
escribió.
Y así
palabra
a
palabra,
letra
a
letra
hasta
que...

explota
el tubular
de sus venas.

¡Que la tierra
se empape
con sus

lágrimas!

jueves, 21 de junio de 2007

José Mª Amigo Zamorano: ¿Una leyenda africana? Recordando a Leo Frobenius(*)

Leo Frobenius
(sigue del anterior post)

...
En vano el Rey torcía y retorcía la conversación, en vano. Sus palabras sonaban como a eco (1):

-... organizaremos la Cultura, si queréis, con, por ejemplo, griots cojos; me dicen, mis intelectuales, que la devoción a su trabajo es mayor si están afectados de minusvalías...(*)

-Estarán de bromas sus lumbreras...

-Tal vez... Pero no, creo que lo dicen en serio, para eso les pago.

-Bueno, quizás estaría mejor, dirigida por hermosos hermafroditas; así se fijarían solo en ellos, sin preocuparse por la Cultura; serían unos culturetas narcisistas. Pero mejor del todo si son bellos, cojos, hermafroditas y narcisistas... con lo que se oscilaría, de majadería en majadería, como en un péndulo(2). ¡En qué cosas se entretienen sus cerebros! ¡Y eso que tienen la guerra a las puertas de casa! Pero... nosotros no hemos venido aquí a divertirnos, a distraernos, Majestad, sino que...

En vano dilataba la entrevista, en vano; en vano se disculpaba con argucias oratorias, en vano; él las iba refutando con paciente firmedumbre.

En su fino trono de alabastro rosa y circundado de alfombras persas multicolores el monarca movía sin cesar su cuerpo cebado, blando y fofo, ya, como la panza del insecto. De la actitud y las palabras del embajador emanaba la determinación del enemigo: no ceder una pizca del terreno conquistado con sudor y esfuerzo titánico de esclavos, que no tienen nada en absoluto que perder, salvo sus cadenas.

Siguió mirando el Rey, muy, muy inquieto, al Tábano; luego a la cara serena y sudorosa del joven Emisario. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Se vio el gordísimo monarca perdido y abandonado en las dunas movedizas, azotado y empujado sin cesar por el viento del desierto.

Y claudicó. Dijo a todo que si, con voz balbuciente y temblorosa. Se oyó un leve murmullo, como el aletear de una nube de tábanos. Momento que aprovechó nuestro Emisario, para darse un sonoro y certero manotazo en la frente que despanzurró al molesto bicharraco.

Y, colorín coloreado de sangre tabanera, así termina este cuentecillo o leyenda africana que narra Leo Frobenius en su Decamerón Negro. Y si no es así, ni literal ni por aproximación, muy bien hubiera podido serlo.

En cualquier caso, si algun@ tuviera interés en esta obra (me refiero al Decamerón Negro; y dicho sea de paso, título un tanto engañoso, quizás solo de gancho) Internet les dirá editorial y precio, siempre que no esté, como otros muchos, ya puesto en la Red.

_________
Notas:
(*) Africanista alemán
(1) Umberto Eco
(*) Relativo a algunas posturas de Eco, muy criticadas, acerca de la dirección de las bibliotecas
(2) Hace alusión a una obra del escritor italiano

miércoles, 20 de junio de 2007

José Mª Amigo Zamorano: ¿Una leyenda africana? Recordando a Leo Frobenius

Leo Frobenius


No podían mirarlo a la cara. Era el Rey. Lo hacían fijamente a la tierra mientras se echaban arena y polvo en la cabeza. Obligatorio para sus súbditos. Era la costumbre ancestral. Estaba resultando de una oportunidad insospechada. Daba gracias a sus antepasados por haber instituido este protocolo que, en tantas ocasiones, había considerado inútil y hasta ridículo. ¿Cuántas veces había contenido las ganas de reir a mandíbula batiente? Ni se sabe. Ahora no. Y no era para menos. La embajada de los esclavos armados. Y sobre todo el Emisario, su embajador, su portavoz, su mensajero... ¡un vocero vocazas! Le estaba poniendo muy nervioso.

El Rey, efectivamente, miraba cada vez más inquieto el rostro del osado mensajero.

¿Había pensado 'osado'? Si, osado. Y negro como un carbón. Un tizón de negrura. Aunque para ser más sinceros para él, para el Rey, le estaba resultando, quizá premonitoriamente, negro como boca de lobo o de caimán hambriento. Y comenzaba a descomponer su compostura.

-Menos mal que mis súbditos -pensó- no pueden contemplar mi regio semblante postrados como están...

El Emisario hablaba con palabra incesante como un viento sahariano. Y lo preocupante es que, mientras va desgranando sus argumentos, el Tábano horada la firme piel de su frente sin conmover los cimientos de su cerebro.

El rey, angustiosamente hipnotizado, prendía sus ojos del rostro del joven orador. Seguían fluyendo las palabras de su boca, ¡el bocazas!, lentas, suaves, clarísimas como el día y brillantes como las perlas que brotaban del sudor de su frente. Hablaba y hablaba sin mover un ápice los músculos de su cara. Sin que el insecto olvidara su tarea taladradora en la frente perlada del esclavo negro. Hinchaba, ¡glotón!, su abdomen con la sangre extraída al portavoz.

En vano el Rey torcía y retorcía la conversación, en vano. Sus palabras sonaban como el eco (1).

(continuará)