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martes, 8 de febrero de 2011

José Mª Amigo Zamorano: Eusebio García Luengo (*) en 'La gallina ciega'


'La gallina ciega', si, 'La gallina ciega'. Así se llama una obra de Max Aub (1). Tiene 429 páginas en la reedición que acaba de sacar a luz el diario Público.

Pues bien, llevaba leyendo 331 y no había encontrado aun su nombre escrito. Tentado estuve de cerrarlo, cuando al pasar la página lo hallé: allí estaba Eusebio García Luengo citado en la siguiente pregunta: '¿Por qué García Luengo v. gr., no me dijo: soy Eusebio? No lo comprendo'. Y nada más, dentro de un corto apartado o capítulo (si puede llamarse así) de la 'La gallina ciega' que luego reproduciré (2).

He leído esta obra solamente por ver si lo que Eusebio me había comentado era cierto.

Eusebio García Luengo, para los que no hayan oído hablar de él que serán la inmensa mayoría, fue un escritor nacido en Puebla de Alcocer (Badajoz) pero que vivió la mayor parte de su vida en Madrid. Republicano, estuvo muy cercano a los comunistas y sobre todo amigo del escritor comunista palentino César M. Arconada. Según Eusebio su marxismo era de 'impregnación de ambiente'. Conoció a practicamente todos los escritores de la República. Hasta vivió cerca de Azaña pues tuvo unas relaciones estrechas con el cuñado del presidente de la República, Cipriano de Rivas Cherif. Ambos eran muy aficionados al teatro.

Citar los amigos y conocidos a los que trató sería interminable: ya en esta monarquía heredada del franquismo el Presidente del Tribunal Consttitucional fue amigo suyo Garcia Pelayo se llamaba, Elena Soriano, Cela lo invitó a su boda, Gerardo Diego, Carlos Gúrmendez, González Figueroa... Y antes Arconada, Wifredo Lam, Neruda, Sender, Machado...

Eusebio veraneaba en Las Navas del Marqués. Allí lo conocí por los años 90 del siglo pasado, entablé amistad con él y nos pasamos durante varios años charlando... Bueno, hablaba él solo. Y daba gusto oirle.

Creo que fue a raíz del discurso que tienen que leer los nuevos académicos para entrar en la Real Academia Española cuando me habló de Max Aub. Un nuevo académico entró en la citada institución y versó su discurso sobre Max Aub. No recuerdo el nombre de ese académico. Pero es un escritor muy connotado que ha escrito numerosas novelas. Algunas de peso, en páginas, considerable. Escritor al que no he leído. Un pecado que debo confesar. Aunque me condene al infierno. Este escritor, según los entendidos en los vericuetos de su novelería, es de un izquierdismo muy sospechoso, tanto que -siempre al decir de estos sabios en su escritura- tiene unas posturas de revisionismo histórico poniendo en el mismo nivel a los republicanos y a los fascistas que se sublevaron, arma en mano, contra el gobierno legal, legítimo, elegido en las urnas, de la República. En fin... eso dicen... de este literato que cogió la llave de Max Aub para penetrar en el recinto académico.

El ver resucitado a Max Aub no le sorprendió a Eusebio García Luengo. A pesar de ser un desconocido para la inmensa mayoría de los españoles. Como lo era el propio Eusebio. ¿Por qué no se asombró? Por dos cosas: una porque la vida da muchas vueltas y en literatura también y lo que hoy parece entoñado para siempre resurge, nuevo y luminoso, con las mismas galas de su juventud más joven; y segundo porque escribe muy bien. Esas fueron las razones de D. Eusebio.

Le dije que había leído algunas obras de Max Aub. Pocas. Que el FRAP lo había citado con admiración y respeto. Quizás por ser escritor valenciano. El FRAP tenía militantes valencianos relevantes. Quizás por eso... Sabía, eso si, que regresó del exilio a España -estaba refugiado en México- para dar una vuelta de pocos días y que se marchó diciendo que lo que mas le había gustado de la televisión española fueron las cartas de ajuste.

-No me extraña que dijera eso viniendo de él. No tenía pelos en la lengua. Si, efectivamente, a finales de los sesenta pasó por España. Yo asistí a la presentación de uno de sus libros.

-¿Lo conocías?

-¿Y quién no conocía a Max Aub?... Lo conocí y lo traté. Creo que llegamos a ser amigos.

-Pero no fuiste a saludarlo.

-No. No lo hice.

-Un poco desleal por tu parte.

-Bueno... Verás... Estuvo siempre rodeado de gente. Personas que ni lo habían conociddo, ni tratado, ni cristo que lo fundó. Y yo atrás, mirando. Con mi timidez incorregible. No me atreví. Me dio corte. El orgullo me pudo. Los tímidos somos muy orgullosos. Y eso nos paraliza.

-No te preocupes. Él tampoco se acordó de ti.

-Al contrario. Me cita en 'La gallina ciega'. Un familiar, que la ha leído, me ha dicho que me nombra reprochándome que no fuera a saludarlo. Yo no la he leído. Mi vista ya no me permite acceder a las letras. ¡Qué le vamos a hacer!

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El texto del apartado o capítulo o trozo o como quiera llmarse es el siguiente:

(2) "A firmar ejemplares de No que saca hoy Cuadernos para el Diálogo, en una librería (Cult-Art, ¡hazme el favor! Me recuerda el Pul-Mex de Puebla. Prefiero el segundo -una pulquería tal como su primera sílaba indica) de la calle Bravo Murillo, en el sótano, como debe ser. Parece que han repartido muchas invitaciones. Llegamos, bajamos, cien personas, ni tiempo tengo de quitarme la gabardina; me siento y me pongo a firmar ejemplares. Ni siquiera pregunto el nombre, me lo dan, añado 'sinceramente', 'con amistad', 'agradecido' etc., firmo. Otro. Otro. Otro. Ni siquiera levanto lacabeza para ver a quien le toca el ejemplar. Uno, otro, otro, otro.
Hasta que llega alguno que me toca de cerca: Gloria Fuertes -a quien hice avisar-. Luego, Luis Rosales: me quedo estupefacto, me levanto, flash, foto, abrazo.

-Gracias.

-¿Había sido conocido mío alguna vez?

Luego me enteré que allí había viejos amigos que 'no se atrevieron a acercarse'. Me doy a los demonios. ¿Cómo querían que los reconociera? ¿Por qué García Luengo v. gr., no me dijo: soy Eusebio? No lo comprendo.
A las dos horas no puedo con mi alma. Algún periodista -de los periódicos que ya se cansan de tanto ver hablar de mi- dirá. mas o menos: 'Un anciano medio calvo firma sin fijarse, como si no le importara'.
Si, sí me importa. Pero no puedo levantarme a hacer un discurso.
Todos, muy amables. Lo que quiero es meterme en la cama. Me duele la mano, la cabeza, los hombros, el alma. Pero estamos metidos en un engranaje."

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¿La obra? Bueno, es lo que es: impresiones de una visita. Impresiones que son muchas veces chispazos agudos, atinados, de la realidad de los años 70 del siglo pasado y de lo que ha venido a ser en el futuro. Una visión pesimista de los españoles, también. Entrevistas con numerosos escritores y editores. Merece leerse. No ha perdido gracia. Si actualidad, claro. Es necesario un comentario más pormenorizado que no es lo que yo quiero resaltar ahora.

Max Aub en 'La gallina ciega' páginas 331, 332; Diario Público, colección Voces Críticas, Barcelona 2010
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viernes, 19 de junio de 2009

José Mª Amigo Zamorano: un socialista de nombre José Segovia


Un socialista llamado José Segovia Pérez



Título: Anochece y aun no he leído todos los libros
Autor: José Segovia
Editorial: Europa Viva
Año: 2008




Hemos leído el libro de José Segovia y aun no nos creemos que él no haya leído todos los libros y más.

Lo mismo que al albañil, por ejemplo, lo van determinando los elementos que caracterizan su trabajo: el frío, el calor, el cemento, los ladrillos... las casas que hace; al campesino lo va curtiendo la tierra; igual al camarero, al mecánico, al oficinista... los factores de su currelo. A otros los moldean los libros que leen. Es el caso de José Segovia, Pepe para los amigos.

Cuando se presentó el último libro de Urbano Blanco Cea, del que ya hemos escrito por ahí algo, se anunció, a los presentes en el acto, que pronto lo harían en Las Navas otros libros escritos por naveros y naveras: el mentado más arriba José Segovia y el de Ángela Segovia que aunque se apelliden igual creemos que no son parientes. Por cierto el de Ángela es un libro de poemas que ha ganado el premio internacional de poesía juvenil José Hierro y se presentó un sábado, a las 8 de la tarde en un local que tiene la Caja de Ahorros de Avila en Las Navas del Marqués al lado del Castillo de Magalia donde se reunía de cuando en cuando Felipe González y su gobierno socialista y que las malas lenguas lo apodaron 'LA Cueva de Alí Babá'.

Sin embargo el de José Segovia se hizo en este mismo local unas semanas antes. Se titula 'Anochece y aun no he leido todos los libros', editorial Europa Viva, 2008. En él hay numerosímas citas sobre Las Navas pueblo al que califica de 'paraiso perdido'. Aquí pasó buenas temporadas, comió moras de las zarzas, cazó víboras y pájaros, descubrió la libertad, los toros, la soledad, vio películas en los cines Sanvy y Matute, aquí recuerda a un tío suyo tumbado en un sofá padeciendo alguna enfermedad. Era hermano de su padre. Falangista perseguido...

Pero no trata de eso el libro.

Su tío falangista como su padre; progenitor al que hirieron en la Batalla del Ebro. Bala que le entró cerca de un ojo y le salió limpiamente por detrás de la cabeza. Afortunadamente no le afectó el cerebro de milagro. Aunque si le dejó secuelas. Por eso le dieron una medalla. Condecoración, dice José Segovia irónicamente, que también recibió el 'golpista' Milans del Bosch (si no se escribe así que nos perdonen) por herirse levemente tropezando al salir de un coche.

Aunque no trata de eso el libro.

José Segovia nos dice que todo eso de su familia le influyó. Como le influyeron los maristas, donde estudiara bachilerato, que no salen muy bien parados de su análisis; como le marcó su afliación a la Acción Católica hasta el extremo de encauzar su vocación hacia el sacerdocio católico, apostólico y romano. Pero, ¡ay!, se le cruzó, como a Fray Gerundio de Campazas, una moza y... ahorcó su intención curil. Ese quiebro en su vida llega a su compromiso militante contra el franquismo metiéndose el PSOE. A próposito de esta militancia recuerda la frase de su madre:

-¡Ay, hijo!, te has unido a esos que nos quitaron los colchones en Las Navas.


O el saludo de un tío suyo, muy de derechas, cuando fue a dar un mitin a Las Navas del Marqués:


-¿Qué hace aquí este soplapollas?

En el libro nos transmite cómo trabaja en la organización del Partido Socialista en Ávila, cómo participa en las campañas electorales o cómo arriba al Ministerio de Educación de Felipe Gonzalez como Director Gneral de Enseñanzas Medias; o cómo practica el baloncesto bajo las órdenes del que fuera selecionador nacional, si mal no recordamos un tal Diaz Miguel, o algo así; y por no esconder no esconde ni su afición a los toros, ni su admiración por el Real Madrid...

Pero, repetimos, no trata de eso el libro.

Es una autobiografía singular. Una visión de si mismo, un repaso a su vida, a traves de los libros que le han marcado. Se precia de tener cerca de 13.000.

Su lectura, la lectura de 'Anochece y aun no he leído todos los libros' de José Segovia para nosotros es, como decía José Bergamín, el recuerdo de 'un momento histórico' transformado en 'instante eterno'.

Casi nos parece mentira que D. José Segovia Pérez no se haya leído todos los libros. Y no lo decimos por decir. Y si no lean. Para muestras unos botones con los que damos fin, un poco largo, a esta reseña.

En el libro se citan numerosísimos títulos y autores: El camino de Delibes, Baudolino de Umberto Eco, Mi familia y otros animales de Durrell, Alicia a través del espejo de Carrol, Tiempos de silencio de Martín Santos, Metafísica de Aristóteles, La biblioteca de noche de Manguel, Historia de los heterodoxos españoles de Menéndez Pelayo, El choque de civilizaciones de Huttington, Tratado sobre la tolerancia de Voltaire, Nadar contra corriente. Julian Besteiro de Patricio de Blas, La hora 25 de Gheorghiu, Cien años de soledad de García Marquez, Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz, Memorias de Adriano de Yourcenar, El cartero de Pablo Neruda de Skarmeta, Equipaje de arena de Langtus, Aurora roja y muchas más obras de Baroja, Paideia de Jaegger, Los filósofos presocráticos de Kirk y Raben, La filosofía en la Edad Media de Gillon, La filosofía de la Ilustración y Problema del conocimiento de Casirer, La Viena de Wittgentein de Jarrik y Tolmin... obras de Galileo, Newton, Kepler, Copérnico, Hawking... libros de sociología de la ciencia de Merton, Feyerband, Latona... o de Browne, Bacon, Bachelar, Woolgar... y mucos más como Nagel, Popper, Hempel, Bunge, Needham, Russell, Buterfield, Hell... solo en las primeras 39 páginas. Porque luego, solo de toros, la suma asciende considerablemente y de literatura juvenil y de tecnología y de ciencia y de informática...

Y no se engañe nadie, no. No es ningún ladrillo. Puede que haya que tener una cierta cultura para saborearlo, pero está escrito con ritmo, con agilidad, con soltura, con gracejo, con ironía.

Dos únicas pegas que le ponemos: la primera, que apenas cita los últimos asesinatos del franquismo de septiembre de 1975; cosa que no entendemos del todo en un hombre de pensamiento tan radical, puesto que el Frap, organización a la que pertenecían tres de los cinco asesinados, era dirigido por una gran socialista, por Álvarez del Vayo; y la segunda, un anticomunismo con tintes de sectarios.

No vamos recomendar que se lea. Pasamos ya de eso. Allá cada uno. Es su libertad y con su pan se lo coma. Pero eso que se pierde por no leerlo.