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jueves, 8 de julio de 2010

José Mª Amigo Zamorano: Sobre 'Kanikosen. El pesquero' y 'Los Hermanos de la Costa'



Frente a mi tengo las portadas de dos libros: 'Kanikosen. El pesquero' de Takiji Kobayashi y 'Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe' de Bernardo Fuster. Tienen de común denominador el color negro. El primero absolutamente negro y el segundo negro y gris. Resumiendo así los editores el contenido de los libros.
Aunque el uno es novela y el otro es un relato histórico, ambos  tienen algunas semejanzas: el mar, el robo, la esclavitud, la rebeldía... Los autores no tiene, personalmente, nada en común: ni son coetáneos, ni de la misma tierra, ni hablan la misma lengua, ni... destino vital parecido o semejante: el uno fue asesinado por la policía del Imperio del Sol Naciente y el otro... vive y come, suponemos que felizmente, por los madriles. Tal vez si se hubieran conocido... No sé. El caso es que... los tengo aquí. Y los he leído.
'Vamos hacia el infierno', comienza diciendo el primero. Y el otro viene a decir que camina hacia el paraiso.
El que se apresta a ir al averno y el que se dirige al edén tienen ambos su ración de desdichas y placeres porque todo no es uniforme en la vida. Ella tiene sus altibajos.
Me explicaré: 'Kanikosen. El pesquero'  trata de la tripulación de un barco que faena en busca de cangrejos. Allí se han enrolado, atraidos por grilletes de ilusión, alegres y esperanzados porque se ven caminando hacia un edén, mineros, campesinos, estudiantes, huyendo de bajos salarios, labores ruinosas del campo, vida miserable en tierra... para terminar aherrojados en el mar por jornadas agotadoras e interminables, frío, escasez de comida y bebida... en las faenas de esa pesca. Ya han entrado en el infierno. 
Tan infernal es su vida que hasta los marcan con hierro candente si no rinden lo que los patronos quieren. Y tanto los exprimen, los explotan, y los desprecian, y los maltratan... y tanto les cubre la mierda o les comen los piojos, tanto les pisan los cojones... que se rebelan como un solo hombre. Fin. 
Se dice pronto: fin; pero el calvario se ha notado, se ha sentido, se ha olido; lo mismo que su disgusto, su desesperación, su angustia...; en la portada, abajo, se le compara a esta novela con 'Las uvas de la Ira'; se me ocurre que si aquella de Steinbeck era 'uvas de la ira' esta de Tobayashi es 'cangrejos del odio' puestos a punto para clavar sus pinzas en el sistema capitalista e imperialista japonés. 
La suerte perra de los trabajadores, transformados en esclavos, se va metiendo en el lector; esclavos, digo, porque en poco se diferencian, estos trabajadores japoneses que aparecen en la novela, de los esclavos africanos que conducían los negreros en el Pasaje Medio hacia América. 
Del otro libro, 'Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe', se puede decir que describe un movimiento similar; movimiento histórico por el que hace que surjan los piratas del Caribe: la huida de la opresión de las monarquías, de la férula de la iglesia católica, de las hogueras inquisitoriales... de modo que una serie de individuos de distintas procedencias, de variadas religiones o de pensamientos dispares, converjan, rebeldes, en la isla de la Tortuga y alrededores, donde van formando una comunidad sin dios, sin patria y sin rey. Lema de rabiosa actualidad en medio de meapilas de distintas civilizaciones. 
Al decir del autor, es la primera experiencia libertaria del mundo; que duraría unos 60 años del siglo XVII. El libro es el relato de los orígenes y desarrollo de estos primeros 'anarquistas' hasta su desaparición. Si bien el entusiasmo del autor por esa forma de vida es innegable lo que le aporta su punto positivo y negativo para algunos: el sentimiento y la subjetividad; subjetividad que José Bergamín elogiaba diciendo aquelllo de que no somos objetos sino sujetos.
La obra acaba con poemas sobre piratas de poetas románticos muy conocidos como Lord Byron, Espronceda o Victor Hugo y letra de algunas canciones de piratas. Por cierto, el libro viene acompañado de un disco (CD) con canciones.
Físicamente, los párrafos del libro están separados desigualmente, sin uniformidad, ya que es mas ancha en unos que en otros. La única explicación a esto (se me ocurre) es que el autor haya escrito todo el 'libelo' (así lo llama) a golpes, como si fueran apuntes o reflexiones a lo largo de su indagador interés por la piratería y que los dejara así, como independientes, para un posible engarce más concienzudo en un tiempo posterior. Todo puede ser. 
Me he acercado a él, al libro, para saber qué influencia pudieron tener los negros cimarrones en esa colectividad 'ácrata'. Me he quedado con las ganas porque de eso apenas trata. Solo alguna frase que otra. No obstante lo comprendo: es un estudio inicial, primeras pinceladas, quizás pionero en el tema, y solo traza, a grandes rasgos, el devenir histórico. 
Sobre los autores: 
1º. Takiji Kobayashi escribió esta novela allá por 1930 y el Imperio Japonés lo premió asesinándolo tras horribles torturas. Antes lo habían expulsado del banco donde trabajaba, por su labor en pro de los trabajadores. Fue detenido varias veces por su lucha sindical. Era comunista. Y con eso bastaba para la monarquía japonesa. 
2º. Bernado Fuster, que ha escrito este relato histórico, es músico; autor de  canciones como la famosa 'La puerta de Alcalá' y otras de éxito; fundador de Suburbano, vive y come en la España actual, monárquica heredera del franquismo, aunque no sabemos que hubiera hecho la dictadura franquista, con él, de haberlo apresado cuando militaba en el FRAP y componía canciones antifascistas. Pero no fue así. Mejor para él.
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Ficha de los libros comentados:
Título: Kanikosen. El Pesquero
Autor: Takiji Kobayashi
Editorial: Ático de los libros
Primera edición: marzo de 2010
Número de páginas: 146
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Título: Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe
Autor. Bernardo Fuster
Editorial: El Garaje Ediciones SL
Primera edición: enero de 2009
Número de páginas: 259

jueves, 6 de agosto de 2009

Iswe Letu: Doña Agustina Alonso González



Hace pocos días le cogió las manos y para animarla le dijo:

-Mírame Agustina: puño en alto, compañera.

Lo hizo porque estando, como estaba, muy malita quería insuflarle ganas de vivir.
Tenía las manos finísimas, cálidas.
Lo miró y sonriéndole le contestó:

-¡Ah! eso siempre, campañero!

El '¡ah!' significaba que seguía intacta, que a sus 97 años no le habían derrotado y que solo la muerte se llevaría su antifascismo.
Luego para animarla más le quiso cantar la canción de Pedro Faura 'Puño en alto' (*) pero no pudo embargado por la emoción.
Contaba su hija Conce que últimamente deliraba acordándose de sus padres pidiéndoles perdón por no haber podido encontrar la tumba de su hermano.
Doña Agustina Alonso González, quien heredó de sus progenitores el sobrenombre de 'La Chicharra', tuvo siempre presente en su memoria a su hermano y al novio, a los que asesinaron los falangistas.
Cuando decimos 'al novio' nos referimos a su primer amor. Pues mas tarde rehizo su vida y amó de nuevo y se casó con el hombre con quien tuvo dos hijas y un hijo.
Pero al hermano y al primer novio no los olvidó: fue fiel a su recuerdo. Tanto como que, a punto de morir, aun le corroía por dentro y soñaba en ello, según contaba su hija, el no haber encontrado la tumba de su hermano. Un deber que no pudo cumplir.
Lo del novio... lo del novio fue... como decirlo... un ejemplo de la barbarie fascista, franquista, falangista... con el nombre que quieran... un ejemplo de los 36 asesinados en Moraleja del Vino (Zamora).
Un ejemplo de los 36 asesinados: lo quisieron matar en las tapias del cementerio junto a otros. Lo dieron por muerto y los asesinos fascistas se fueron. Mas solo estaba herido. Arrastrándose herido como pudo, apoyándose en las paredes de las casas, escondiéndose en las sombras de la noche, llegó hasta las traseras del corral de unos familiares, quienes lo llevaron al hospital de Zamora para que le curaran las heridas. Inútil curación. Cuando salió sano y salvo allí estaban otra vez sus asesinos para llevárselo. Y esta vez, si, lo mataron y remataron.
Un ejemplo de lo que pasó en Moraleja. Incluso un pálido ejemplo. Hubo casos en los que se ensañaron hasta el extremo de cortarle los testículos...
A todos ellos se les recuerda a la entrada del cementerio en una placa que impulsaron los socialistas del pueblo (hay que decirlo) y que pone algo así como : 'A los luchadores de la libertad y de la democracia asesinados'. Con lo que el recuerdo de su novio quedaba grabado en piedra.
Contaba ella que cuando pusieron esa placa o lápida ella estuvo presente. A pesar del miedo. Porque un hilo de miedo recorrió el pueblo. Tanto, que la mitad de los habitantes se quedó en casa acabordados y la otra mitad salió a la calle. Miedo a pesar de que ya se estaba en democracia y en libertad con esta monarquía heredada del franquismo. Democracia y libertad (todo hay que decirlo) que buena parte del pueblo español nunca se ha creído del todo.
Pero su hermano... su hermano... ¡ah, su hermano!... el hermano de Doña Agustina Alonso González... fue una espina clavada... recordado en delirios... hasta el último momento... inolvidable... Y es que la sangre es muy clamorosa.
Cuando le contestó aquello de 'Puño en alto, siempre' no se sorprendió. Aunque, para qué negarlo, se le quebró, a él, emocionado, la voz. Y es que, como estas 'Agustinas', hay pocas. Hubo una tal Agustina de Aragón. Muy nombrada. A ésta Agustina, Agustina Alonso González, solo la conocemos unos pocos. Es de Moraleja del Vino, pueblo de la provincia de Zamora. Él no la olvidará. Y cantándole muy quedo, para si, el 'Puño en alto' (1) de Pedro Faura, en la soledad de los recuerdos más entrañables, deseará que siempre esté en su memoria:

"Puño en alto compañeros.
Puño en alto que ya vengo
alzando alto muy alto
alzando alto y sin miedo.
Que cuando más alto esté
con más fuera caerá luego
sobre los que con su vida
matan la sangre del pueblo.
Alzando alto muy alto
compañeros que ya vengo.
Si no estuve con vosotros
fue ignorancia no fue miedo,
pero ya he sabido y siento
que yo no puedo ser libre.
Que no podemos ser libres
si libre no es todo el pueblo
Puño en alto compañeros
que ya descargarlo quiero.
Que ya ha llegado la hora
de darle lo suyo al pueblo.
Puño en alto compañeros.
Puño el alto que ya vengo.
Quiero formar con vosotros
de puños un bosque entero".

*
Descanse en paz Agustina. Compañera. No te olvidaremos._________
(*) Pedro Faura, militante del Frap, era pseudónimo o nombre de guerra del famoso músico Bernardo Fuster, autor de numerosas canciones entre otras la famosa 'Calle de Alcalá'. Esta canción 'Puño en alto' pertenece al albúm titulado 'Manifiesto' que publicara en la clandestinidad el Frente Revolucionario Antifascista y Patriotico (FRAP)

(1) Enlace para escuchar la canción: http://www.frap.es/faura.html