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jueves, 3 de mayo de 2012

'FRAP, una temporada en España' o memorias de una derrota


Libro: FRAP una temporada en España
Autor: Riccardo Gualino
Editorial: Amargord ediciones
Primera edición: 2010
Traducción: Matilde Muñoz

No conocimos a Riccardo Gualino. Ahora, con esta obra, nos hacemos una idea del personaje. Nació en Roma (Italia) el 27 de abril de 1941. En 1961 se traslada a España para trabajar y en 1962 se matricula en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Madrid. Al año siguiente se integra en la organización del PCE dentro del ala pro-china y pro-albanesa y poco después sale de tal partido, entrando a formar parte del PCE(m-l). Es detenido con un tiro a bocajarro en la cara en el mes de marzo de 1965 permaneciendo en la cárcel hasta finales de 1968. Sale de prisión y vuelve a Italia  integrándose en el FRAP. Al poco tiempo regresa a España y es detenido, por breves periodos, en dos ocasiones. Publicó numerosos artículos en la prensa clandestina bajo el seudónimo de Mariano Alcántara.

El título de la obra, así, tal como aparece, nos invita a un camino que luego, leído, no es lo que imaginábamos. En realidad no trata del FRAP en su conjunto sino de Riccardo Gualino en particular. Ya en la contraportada, que no habíamos ojeado, se dice que son memorias. Las de él. Las de Riccardo. Y en ese sentido podríamos pensar que, siendo italiano, como es, se pasó una temporada en España metido en el FRAP. Y luego se fue. 

Aunque nosotros nos acercamos al libro pensando que tal vez se refería a lo fugaz, a lo efímero, a lo corto, de la actuación histórica del FRAP. Si bien intensa. Vino el FRAP y desapareció. Cual relámpago en cielo despejado. Claro, no para los actores que creían (o creiamos) en un firmamento borrascoso con gran tempestad y aparato eléctrico. Algo de esto trata el lbro. De pasada. 


-De que la tormenta solo estaba en la mente de los jóvenes revolucionarios de la organización -pensamos, nosotros, ahora, a toro pasado.

Sobre esto tenemos un poco que contar: conocimos a un militante del FRAP de Castilla y León; un verano de 1973 o 74 ¿? nos dijo que iban a emprender acciones armadas; preguntamos si estaban preparados; él nos contestó, muy convencido, que sí; era julio o agosto; en septiempre estaba detenido; para nuestra sorpresa; lo vimos en una foto por televisión; o sea que no estaba preparados.

Poco después una durísima represión, encarcelamientos, torturas, juicios sumarísimos y pelotones de ejecución el 27 de septiembre de 1975 destruyeron al FRAP. No le dio tiempo a enraizarse. Quedó su ejemplo. Si. Pero para una parte mínima del pueblo español. Los que si estaban preparados fueron los franquistas. Tenían la fuerza y masas para darles aire.

De lo anterior también trata Gualino. Reconoce la derrota de las fuerzas revolucionarias. Aquí en España. Y en el resto de Europa. Apela a las nuevas generaciones para que le den la vuelta a la tortilla. Lo dice consciente de que él hizo, entonces, lo que pudo para que la clase obrera y el pueblo triunfaran de la reacción. Pero no puso ser. Ya lo siente. Desde un postura de seguir adelante. No desde la pasividad. A pesar de que está enfermo. De la enfermedad de Crohn. Dicha enfermedad ha acompañado parte de su vida. De tal modo que -según él- 'hay un antes y un después desde que tenía 40 años'. Le ha costado 3 operaciones quirúrgicas, la estirpación del colon y parte del recto, varias hospitalizaciones, la perdida de uno ojo, de un riñón...

-En fin, un desastre. De vez en cuando estoy mejor y otras peor. El estado italiano me ha concedido la invalidez al 80%.

Si, conviene leer el libro. Sobre todo los jóvenes. Aunque -repetimos- el titulo engaña porque no es del FRAP, desde su nacimiento hasta la extinción, de lo que trata, sino de la visión parcial de un actor, relevante eso si, que se muestra en estado de casi heroismo. Sin olvidarse de su compañera Matilde Muñoz. También con cierto heroismo. Le dedica un capítulo a su compañera amada. No es lo que esperábamos. Pero bienvenido sea un granito de arena para el montoncito que fue el FRAP en la reciente Historia de España.

viernes, 25 de noviembre de 2011

20 N: Triunfo rotundo del... Capital


Acaban de celebrarse (este 20 de noviembre) las elecciones en España. La mayoría de los analistas políticos coinciden en una cosa: el PP (Partido Popular, por si alguno no lo sabe, es el partido de las derechas, el origen de sus miembros está muy cercano al franquismo) no ha ganado, sino que ha perdido el PSOE (Partido Socialista Obrero Español, así se denomina el partido que ha gobernado los últimos 8 años y que no tiene ya nada de socialista ni obrero) El dictamen es casi unánime: el PP ha sacado mayoría absoluta porque el PSOE se ha descalabrado por si mismo. ¿Qué razones arguyen para ser tan categóricos? Pues principalmente por la situación económica  y social del país que tiene 5.000.000 de parados, de los cuales 1.500.000 tiene toda la familia en el paro y para terminar este sombrío panorama cerca del 50% de  la juventud está sin trabajo.

Bueno, pues con todo esto, este partido de las derechas, ha obtenido solo 600.000 votos mas y 400.000 votos menos de los que obtuvo el redicho PSOE en las anteriores elecciones. Sin embargo va ha recibir 32 escaños mas. 32 escaños mas por 600.000 votos, cuando, por ejemplo, IU (de la que luego hablaremos un poco) con 1.680.810 votos recibirá solo 11 escaños y Equo (otra formación política que se presentaba) con mas de 200.000 votos se quedará sin ninguno. Por todos estos datos los analistas políticos concluyen que no ha ganado el tal PP sino que perdió en PSOE. Es mas el PP+PSOE (se esta haciendo muy popular la sigla PPSOE por la similitud de ambas formaciones) ha perdido 3.762.772 votos respecto al 2008; ya que el PSOE obtuvo 11.064.524 votos y el PP 10.169.973. 


Un dato mas para apuntalar la conclusión de los periodistas políticos: el PP, ganador, con mayoría absoluta, representa al 30% del electorado. Es decir, un 70% de la población no ha votado al partido que gobernará con mayoría absoluta. Es consecuencia de la ley electoral que prima a los partidos mayoritarios, como ya se ha vistos por los datos anteriores. Una ley injusta que no recoge el voto popular; voto que, en realidad, se ha decantado, en buena medida, por la abstención, el voto en blanco y nulo. Entre estos tres suman 10.361.756, casi tantos como el partido que va a dominar España con mayoría absoluta, 10.830.693. Solo la abstención ha sumado 9.710.775. El 28,31% de las gentes se quedó en casa.

El resto fue a parar a varios partidos denominados minoritarios. Como por ejemplo IU con 1.680.810 votos. IU (Izquierda Unida), así se llama una formación que pilota, sobre todo, el PCE (Partido Comunista de España, organización, antaño gloriosa, que ha dilapidado su herencia a la muerte del dictador F. Franco ayudando a asentarse la monarquía heredada del franquismo) Y con este curriculum tan nefasto (ahora ha corregido un poco esa deriva reaccionaria) es facil entender el por qué las masas populares no se fian de esta formación y mayoritariamente se han abstenido sin oir sus proclamas republicanas. Un republicanismo extraño, singular sin duda, ya que su lider, Cayo Lara, al parecer, ha declarado en una universidad de las Islas Canarias que la Constitución Monárquica es ya socialista o casi.

¿Por qué titulamos nosotros estas elecciones como 'Triunfo rotundo del Capital' y no del PP? Veamos:

El PSOE ha estado gobernando España los últimos 8 años en medio de la crisis; la situación económico y social se ha ido deteriorando y, acuciado por los llamados eufemisticamente 'mercados' ha echado por tierra los pocos principios que le quedaban de 'social' empeorando la situación de la clase obrera, de los trabajadores, con leyes a favor del Capital, congelando pensiones y otros 'ajustes' antipopulares. En cambio no se ha atrevido este partido de nombre 'socialista' a meterse con los poderes reales: banqueros, grandes empresarios... (hoy mismo la prensa recoje la noticia de que el gobierno socialista ha indultado al consejero delegado del Grupo Santander, Alfredo Sáenz) 

Pues bien, después de dictar esas medidas hay que vencer la resistencia de los trabajadores. ¿Cómo? Mediante la propaganda en prensa, radio y televisión. Para ello no le faltan servidores, criados serviles, quienes, trabajando sus cerebros contra su pueblo, unos con mas brillantez que otros, van sacando de su magín diversos argumentos; todos, claro está, en la dirección de minar la protesta con el objetivo de convertir la supuesta rebeldía del pueblo español, de las masas trabajadoras, en un rebaño de borregos. Y han descubierto la mina de la posible sumisión: hacer recaer la culpa de la crisis, que los grandes poderes capitalistas han originado, en los que la padecen que son los trabajadores, la clase obrera.

Los amos, los ricos, los hacendados, los explotadores, los terratenientes, los llamados 'mercados'... es decir, el Capital han conseguido: 1º, esas medidas; 2º, mellar la resistencia atribuyéndoles la culpa del desaguisado al mismo pueblo que lo padece.

Para rematar la jugada han obligado a que sea un partido llamado 'socialista' al parecer de 'izquierdas' quien haga esa labor sucia. Matan así dos pájaros de un tiro: socaban la certidumbre del pueblo sobre los causantes de la crisis y desprestigian de paso el 'socialismo', la 'izquierda'; es decir: lo dejan sin esperanza.

Y en estas circunstancias se convocan las elecciones: derrota del PSOE y triunfo del PP. Dicho de otro modo: dentro del PPSOE se ha hundido el ala 'social' (PSOE) y ha triunfado el  ala 'capitalista' (PP)

'Triunfo rotundo del Capital' porque, ahora, el vencedor, profundizará en esas medidas represivas (ya está entrevistándose con banqueros) laminando la sanidad, la educación, despojándolas de una parte del dinero en los presupuestos con el fin de trasvasarlo a la empresa privada... ¡Vamos, engordando al Capital! ¡Sisándeselo al pueblo!

Todo ello con el aval de una elecciones aparentemente democráticas, en las que el vencedor por obra y gracia de una ley electoral tramposa tiene mayoría absoluta representando solo al 30% y hará lo que le salga de los cojones.

'Triunfo rotundo del Capital' pues si bien solo representa a una minoría, el resto de votos se hallan diseminados entre los nulos, los blancos, las abstenciones, y numerosos partidos, partidillos y chiringuitos (entre los que hemos citado a IU) Todo ellos hace difícil, por no decir imposible, la formación. como sería de desear, de un frente revolucionario del pueblo, de todas las fuerzas populares para combatir el empuje de esas derechas retrógradas y reaccionarias. Esperemos que mas pronto que tarde, esas formaciones políticas de izquierda variopinta tomen ejemplo del movimiento de los 'indignados', se liberen de torreones de marfil, de sectarismos, personalismos, del complejo de chiringuito político sin fisuras. Si no, lo tenemos crudo.

miércoles, 12 de enero de 2011

EL VII CONGRESO DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA Y LA LUCHA CONTRA EL FASCISMO, por C. Hermida

Enero 11, 2011 por PCE (m-l)  

Publicado en: Artículos

La crisis económica que comenzó en 1929, conocida como la Gran Depresión, fue la más devastadora de cuantas había experimentado hasta ese momento la economía capitalista. Se inició en Estados Unidos con el desplome de las acciones  de la Bolsa de Nueva York, pero rápidamente se extendió por todas las ramas de la economía. La producción industrial se derrumbó y el paro alcanzó la cifra de 16 millones de desempleados en 1933. La contracción del consumo hundió los precios agrícolas y llevó a la ruina a cientos de miles pequeños agricultores, el comercio se redujo drásticamente y el sistema bancario quedó desorganizado. El papel central que jugaba Estados Unidos en la economía mundial hizo que la crisis se extendiera con celeridad a Europa y al resto del mundo. Entre 1929 y 1933 el capitalismo entró en una situación de crisis y marasmo económico sin precedentes. La catástrofe social afectó a los obreros fabriles,  agricultores, pequeños comerciantes y clases medias. Sólo la Unión Soviética, con su economía planificada, quedó al margen de la depresión. Embarcada en las tareas del Primer Plan Quinquenal, la URSS se industrializaba a marchas aceleradas, alcanzaba el pleno empleo y realizaba inmensos progresos culturales y científicos. No es de extrañar que se convirtiera en un referente para los obreros y campesinos del resto del mundo, hundidos en el desempleo, la miseria y el hambre.

La crisis económica agudizó la lucha de clases y los conflictos sociales se intensificaron en todos los países.  El ascenso del movimiento obrero,  la creciente influencia de los comunistas y la atracción que ejercía la Rusia soviética en las masas populares llevaron a la burguesía a un replanteamiento profundo sobre el sistema político. Puesto que la democracia parlamentaria no podía contener las aspiraciones de los trabajadores, era necesaria otra forma de dominación que destruyera completamente las organizaciones obreras e impidiese su existencia legal, a la vez que encuadraba y controlaba férreamente a los trabajadores. Esa forma de dominación fue el fascismo.

Con su desbordada demagogia, mezcla de consignas anticapitalistas y anticomunistas, su nacionalismo exacerbado, su antisemitismo y su retórica pseudorrevolucionaria, los movimientos fascistas, que habían aparecido al finalizar la Primera Guerra Mundial, aumentaron su influencia entre la pequeña burguesía y las clases medias, aterrorizadas por la crisis, la perdida de estatus social y el temor a la revolución socialista. La generosa financiación de las organizaciones patronales permitió que los grupúsculos fascistas fundados entre 1919 y 1920 se convirtieran en poderosos partidos de masas que contaban con el apoyo de una buena parte del aparato del Estado.

El 30 de  enero de 1933 Hitler fue nombrado canciller de Alemania y en seis meses implantó en  el país la dictadura nacionalsocialista. Todos los partidos fueron prohibidos, las organizaciones sindicales destruidas y miles de socialistas y comunistas fueron detenidos, torturados y encerrados en campos de concentración. En el país de Marx y Engels, que contaba con un poderosísimo partido comunista (KPD), se había impuesto la barbarie nazi, y en buena medida el triunfo de Hitler se debió a la profunda división del movimiento obrero. Ante al enemigo común, socialistas y comunistas estuvieron divididos y enfrentados. Las traiciones de la socialdemocracia, su negativa a enfrentarse al fascismo de forma consecuente y su oportunismo y colaboración con la burguesía contribuyeron de forma decisiva a la victoria del fascismo alemán, pero también era evidente que los comunistas debían reflexionar sobre la táctica que la Internacional Comunista (IC) había marcado en su VI Congreso, identificando fascismo y socialdemocracia.

Los acontecimientos de Alemania dieron una señal de alarma inequívoca: o la clase obrera se unía en un frente único o el fascismo terminaría apoderándose de Europa. La Internacional Comunista no tardó en reaccionar y  lanzó el 5 de marzo de 1933 un llamamiento a los obreros de todos los países en el que se formulaba un programa concreto de lucha antifascista basado en la unidad de acción con los partidos socialdemócratas. El acercamiento de socialistas y comunistas se hacia cada vez más patente en todos los países, pero fue en Francia donde por primera vez se concretó esa unidad. En febrero de 1934 socialistas y comunistas salieron juntos a las calles de París a combatir el intento de las bandas fascistas de tomar el poder y el 27 de julio del mismo año ambos partidos firmaron un pacto de unidad frente al fascismo. El frente único de socialistas (SFIO) y comunistas (PCF) fue un referente para los trabajadores europeos. La lucha de los obreros austriacos y españoles en 1934 constituyó también un hito importante en la unidad antifascista.

La nueva orientación política del movimiento comunista internacional se concretó definitivamente en el VII Congreso de la Internacional Comunista. El Congreso se inició en la Casa de los Sindicatos de Moscú el 25 de julio de 1935 y concluyó el 20 de agosto. Los 513 delegados representaban a 65 partidos comunistas y  varias organizaciones afines. Había  entre ellos figuras tan destacadas del movimiento comunista y obrero internacional como  José Díaz, Dolores Ibárruri, Bela Kun, Ho Chi Ming,  Thorez, Togliatti, Dimitrov, W. Pieck, W. Ulbricht, W. Foster y Manuilski, entre otros.

El orden del día del VII Congreso de la IC constaba de los siguientes puntos: 1. Informe sobre la actividad del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (W. Pieck); 2) Informe sobre la labor de la Comisión Internacional de Control (Z. Angaretis); 3. La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional Comunista en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo (J. Dimitrov); 4. Preparación de la guerra imperialista y tareas de la Internacional Comunista (M. Ercoli-P. Togliatti), y 6. Elección de los órganos dirigentes de la Internacional Comunista.

El acontecimiento cumbre del Congreso  fue el informe de Dimitrov. En su brillante exposición definió el fascismo como “la dictadura terrorista declarada de los elementos más reaccionarios, más nacionalistas, más imperialistas del capital financiero…. Es la organización de la represión terrorista  contra la clase obrera y la parte revolucionaria de los campesinos e intelectuales… El fascismo no es la sustitución ordinaria de un gobierno burgués por otro sino la sustitución de una forma estatal de dominación de clase de la burguesía  –la democracia burguesa– por otra de dominación, la dictadura terrorista abierta…”. Ante el avance del fascismo, Dimitrov propuso que la tarea de los comunistas era crear un amplio frente popular antifascista  sustentado en el  frente único del proletariado, en el que estuviera incluido el campesinado y la masa fundamental de la pequeña burguesía, planteando la posibilidad  de crear gobiernos de frente único antifascista:

“Respecto a la pregunta de si en el terreno del frente único preconizamos los comunistas solamente la lucha por las reivindicaciones parciales o si nos hallamos dispuestos a contraer la responsabilidad de ello, incluso si se tratara de crear un gobierno sobre la base del frente único, contestamos con total conciencia de nuestra responsabilidad: Sí, admitimos la eventualidad de que un gobierno de frente único proletario o de frente popular antifascista sea no solamente posible, sino indispensable en interés del proletariado. Y en tal caso, intervendremos sin ningún género de vacilaciones para la creación de este gobierno”.

Sobre la base de este trascendental informe, las resoluciones finales del Congreso establecían un cambio táctico y estratégico para el movimiento comunista internacional, rompiendo con anteriores dogmatismos y sectarismos, y adaptando la actuación de los comunistas a las nuevas condiciones objetivas y a la nueva correlación de fuerzas sociales impuesta por la crisis económica y el ascenso de los fascismos. La creación de una amplia alianza antifascista no significaba, como argumentaron Trotski y sus seguidores, el abandono de las posiciones de clase y el paso al reformismo pequeñoburgués, sino la aplicación dialéctica del marxismo a la nueva realidad política, social y económica de los años treinta del siglo XX.

Fruto de esta nueva orientación fue la formación en España y Francia de coaliciones electorales de Frente Popular integradas por socialistas, comunistas y partidos republicanos de izquierda,  que se alzaron con la victoria  en las elecciones de 1936. En ambos casos fueron los comunistas quienes impulsaron decididamente la unidad antifascista en defensa de las libertades democráticas amenazadas por la barbarie fascista.   
          
Cuando se cumple este año el 75º aniversario del triunfo del Frente Popular en las elecciones celebradas en España en febrero de 1936, nuestro país se encuentra sumido en una profunda crisis económica. Las medidas neoliberales impulsadas por el gobierno del PSOE –abaratamiento del despido, privatizaciones, recortes presupuestarios, rebajas salariales para los funcionarios, congelación de pensiones, ventajas fiscales para las grandes empresas , etc.–  están provocando un deterioro acelerado del nivel de vida de amplios sectores de la población.  El incremento del paro y el aumento de los niveles de pobreza van acompañados de una progresiva restricción de las libertades, la proliferación de actos violentos por parte de las bandas fascistas y un preocupante enaltecimiento del régimen franquista por determinados grupos de comunicación que cuentan con el respaldo de la derecha política. La reciente militarización de los controladores aéreos es una muestra evidente de la fascistización de la monarquía juancarlista.

La España actual no es la de 1936, tampoco la Historia  se repite, pero podemos extraer importantes lecciones del pasado histórico. Si el Frente Popular fue un eficaz instrumento para frenar al fascismo, hoy necesitamos  forjar una sólida  unidad popular para liquidar el régimen monárquico y establecer una República Popular y Federal que lleve a cabo profundas transformaciones estructurales en el orden político, social y económico.  La actual dispersión organizativa de las fuerzas antimonárquicas y anticapitalistas debe superarse mediante la formación de un amplio Frente Republicano que sea la expresión política de un bloque social antioligárquico integrado por la clase obrera española, los trabajadores inmigrantes, clases medias, pequeña burguesía e intelectuales, dotado de un programa mínimo que incluya la organización federal del Estado, la vertebración de la economía en torno a un poderoso sector público industrial, financiero y de servicios sociales fundamentales, el abandono de las organizaciones internacionales que limiten la soberanía nacional, la separación integral de la Iglesia y el Estado, el ejercicio real de las libertades civiles y la investigación exhaustiva de los crímenes del franquismo. Si no somos capaces de construir la alternativa republicana, lo que nos espera, a nosotros y a las próximas generaciones, es un estado policial sin derechos sociales y  sin libertades, un futuro basado en la barbarie generada por nuevas formas de fascismo.


jueves, 25 de noviembre de 2010

Abraham Serfaty, in memoriam


noviembre 24, 2010 por PCE (m-l)   


Publicado en: Comunicados
…Para la libertad me desprendo a balazos

de los que han revolcado su estatua por el lodo.

Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,

ella pondrá dos piedras de futura mirada

y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño

reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.

Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


Miguel Hernández
Hemos recibido con consternación la noticia del fallecimiento del camarada Abraham Serfaty, el pasado día 18 de noviembre. 

Afiliado al Partido Comunista de Marruecos en 1944, defendió la independencia de ese país, lo que le llevó a la cárcel en 1950. En 1970 rompió con el PCM, ante la degeneración revisionista de este partido, fundando con otros dirigentes la organización marxista leninista: Ila-l-Amam («Adelante»), actualmente Vía Democrática.



El régimen del sátrapa Hassan II, al que Juan Carlos de Borbón se dirigió siempre como su «hermano mayor», desató su furia represiva contra los militantes de Ila-l-Amam. Muchos de ellos, como Saida Mnebhi, Abdellatif Zeroual y Amin Tahani, murieron en prisión o sometidos a brutales torturas. Fueron los años de plomo de un régimen de terror que hoy mantiene una implacable explotación de la mayoría del pueblo marroquí y la ocupación militar del Sáhara. El camarada Serfaty fue detenido nuevamente en 1972 y posteriormente, a partir de 1974, encarcelado durante 17 años, hasta que la presión internacional logró su excarcelación en 1991. Siempre mantuvo la entereza; nunca, ni en las más duras condiciones, pudieron sus torturadores y carceleros doblegar su dignidad de militante comunista.
La vida de Abraham Serfaty fue un ejemplo para los marxistas leninistas de honestidad, coherencia política y firmeza ideológica: de origen judío sefardí, luchó contra el sionismo y defendió la creación de un Estado Palestino; nacido en Marruecos y luchador incansable por su independencia, defendió hasta su muerte el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.
Conviene no olvidar en momentos como los actuales, en los que el reagrupamiento de los comunistas es tan necesario, que éste no puede nunca lograrse a costa de los principios; que la labor del revisionismo moderno tuvo consecuencias dramáticas para el desarrollo del movimiento comunista;  que, a pesar de las traiciones y de la represión más salvaje, hubo fuerzas como Ila-l-Amam y militantes como Abraham Serfaty que, en las peores condiciones, mantuvieron en alto las banderas de la revolución proletaria. Gracias a su esfuerzo se pudo resistir el golpe traidor del revisionismo.
Queremos trasladar a los comunistas marroquíes nuestro pesar por tan sensible pérdida y nuestra convicción de que su ejemplo será seguido por nuevas generaciones de luchadores que se incorporan a la tarea de profundizar la vía de emancipación abierta por Abraham Serfaty.

lunes, 25 de octubre de 2010

ALEJANDRO CASTIÑEIRAS: Loa al militante desconocido

ALEJANDRO CASTIÑEIRAS

IGNORO COMO SE LLAMA Y DONDE VIVE, PERO SÉ QUE ESTÁ PRESENTE, ALLÍ, DONDE EL PARTIDO NECESITA UN HOMBRE DISPUESTO A LA BREGA OBSCURA, PACIENTE, TESONERA, LA QUE SE REANUDA TODOS LOS DÍAS DEL AÑO CON UNA CONTINUIDAD FATIGOSA PERO PROFICUA. ES EL MILITANTE ANÓNIMO, ES EL AFILIADO QUE NO RECLAMA MEMBRADÍA, NI ESPERA OTRA RECOMPENSA QUE EL ÍNTIMO GOCE QUE ACUERDA EL DEBER CUMPLIDO. NO TREPA A LA TRIBUNA, NI CODICIA EL APLAUSO, NI SE DESVELA POR LOS CARGOS REPRESENTATIVOS.


ACEPTA, EN CAMBIO, SIN VANO ALARDE, LAS TAREAS MENUDAS Y PESADAS, AQUÉLLAS, QUE SOLO PUEDEN CUMPLIRSE CON EFICACIA CUANDO UNA VIVA Y CALLADA FE HINCHA EL PECHO. EN EL HOMBRE, JOVEN O VIEJO, QUE ENLAZA AMOROSAMENTE SU EXISTENCIA A LA DEL PARTIDO, Y SIN EL CUAL EL PARTIDO NO PODRÍA SUBSISTIR COMO ORGANISMO DINÁMICO Y CREADOR. ES LA ROCA INCONMOVIBLE, ASIENTO FIRME DEL PODERÍO PARTIDARIO. SIN SU PERSISTENTE CONCURSO LA LUCHA SE HARÍA ONEROSA, DIFÍCIL, CASI IMPOSIBLE. ¿QUIÉN OCUPARÍA COTIDIANAMENTE SU PUESTO EN EL FRENTE DE BATALLA? ¿QUÉ TESORO SERÍA MENESTER PARA LLENAR, CON FUERZAS MERCENARIAS, EL LUGAR QUE EL OCUPA JUBILOSO E INFATIGABLE, LIMPIA EL ALMA DE IMPURAS AMBICIONES?

LO HE VISTO, MOVIDO POR IDÉNTICA FINALIDAD CREADORA, EN BARRACAS, EN NUEVA POMPEYA, EN LINIERS, EN LA BOCA, EN SAAVEDRA, EN VILLA DEVOTO; TRABAJA CON IGUAL EMPEÑO EN LOS BARRIOS LEJANOS COMO EN LOS CÉNTRICOS. CUAL SI FUERA UN SER MODELADO POR LA MANO INVISIBLE DEL IDEAL, TIENE HERMANOS QUE SIENTEN Y PIENSAN SOLIDARIAMENTE DONDE EL IDEAL HACE GERMINAR SUS HUESTES.

LO HE VISTO, EN LOS INSTANTES DE AGITACIÓN ELECTORAL, CUANDO LA CONTIENDA ENARDECE LOS ESPÍRITUS, PLEGAR CON TRANQUILIDAD FECUNDA EL VOLANTE O LA BOLETA QUE, LUEGO, OTROS SE ENCARGARÁN DE DISTRIBUIR EN EL BARRIO. LO HE VISTO, EN MEDIO DE LA BULLA CORDIAL DEL CENTRO, ESCRIBIR EN LOS SOBRES, UNA TRAS OTRA, CON LA MISMA PROLIJIDAD QUE SI ESCRIBIERA UNA CARTA A LA MADRE O A LA NOVIA, LAS DIRECCIONES DE MILLARES DE ELECTORES. LO HE VISTO, CON O SIN BIRRETE DE PAPEL, SALIR CON EL PINCEL Y EL BALDE LLENO DE ENGRUDO, INICIAR LA GIRA NOCTURNA RECORRIENDO DECENAS DE CUADRAS, INGENIARSE PARA DAR AL CARTEL UBICACIÓN ESTRATÉGICA Y TERMINAR LA RUDA FAENA CUANDO YA LA PALIDEZ DE LAS ESTRELLAS PREANUNCIA LA HORA EN QUE HA DE COMENZAR, EN LA FABRICA O EN LA OFICINA, LA CONQUISTA DEL SUSTENTO.

Y ES ÉL QUIEN ENCABEZA, ALEGRE Y RESUELTO, EL GRUPO FORMADO A PURO CÁNTICO EN LA DESVALIDA ESQUINA DEL SUBURBIO; EL GRUPO QUE NACE RALO PARA IR ADQUIRIENDO, EN SUCESIVOS EMPALMES, LA TONANTE GRANDEZA DEL TORRENTE QUE INVADE LAS CALLES Y AVENIDAS. Y ES ÉL, CUYOS MÚSCULOS NO CONOCEN EL CANSANCIO, QUIEN MEJOR LEVANTA Y AGITA LA ENSEÑA PARTIDARIA EN LAS GRANDES JORNADAS SOCIALISTAS. Y EN SUS LABIOS, MÁS QUE EN OTROS, LOS ACENTOS DE "LA INTERNACIONAL" VIBRAN COMO UN LLAMADO CUYA ARMONÍA ENCIENDE EL ENTUSIASMO EN TODOS LOS CORAZONES.

TAMBIÉN LO HE VISTO LEJOS, A CENTENARES DE KILÓMETROS DEL MARCANTE TRÁFAGO DE LA CAPITAL. ALLÍ DONDE EL DESAMPARO ES MAYOR, DONDE LA JUSTICIA SUELE ESTAR AUSENTE, DONDE EL TEMOR DE TODOS DENUNCIA EL VALOR DE UNOS POCOS, DONDE LA VOZ DEL CAUDILLO ES LEY QUE EL COMISARIO ACATA, DONDE LA MANSEDUMBRE PUEBLERINA O LA INDIFERENCIA INCIVIL O LA MIOPÍA COLECTIVA AÍSLA, CUANDO NO FUSTIGA, AL HOMBRE QUE SE SIENTE LIBRE PARA PROCLAMAR SU IDEAL, SIN JACTANCIA, CON LA TRANQUILIDAD QUE ACUERDA LA CONVICCIÓN PROFUNDA.

ALLÍ, EL MILITANTE ANÓNIMO SE TRANSFIGURA EN HÉROE. SU FERVOR PROSELITISTA CONSTITUYE UN DESAFÍO INTOLERABLE. ENCANDILA A LOS BÚHOS DE LA POLÍTICA LUGAREÑA CON SU LUMINOSA FE EN UN IDEAL QUE LA ESTULTICIA CIRCUNDANTE NO ALCANZA A COMPRENDER. ¡NO IMPORTA! EN ESE MEDIO SU FIGURA SE YERGUE PARA SEÑALAR, CON LA PALABRA O EL ADEMÁN, LA RUTA EMANCIPADORA A LA LEGIÓN SUFRIDA QUE AUN DORMITA ARRULLADA POR EL ATRASO.

LO HE VISTO, DESAFIANDO FIRME LAS IRAS ADVERSARIAS, EN EL LEJANO NORTE, EN TIERRAS POR LAS QUE AMBULA EL COYA CON SU PONCHO RAÍDO Y MULTICOLOR; LO HE VISTO EN LA REGIÓN DE CUYO, ENTRE PARRALES Y ACEQUIAS, BAJO EL LÍMPIDO CIELO QUE RECORTAN LOS PICACHOS ANDINOS, CONQUISTAR POSICIONES PARA EL PARTIDO, SIN FLANQUEAR ANTE LA INSOLENCIA OFICIALIZADA; LO HE VISTO EN TUCUMÁN GANAR CONCIENCIAS PROLETARIAS DENTRO Y FUERA DE LOS INGENIOS; LO HE VISTO EN CÓRDOBA TRABAJANDO PARA AHUYENTAR DEL LLANO Y DE LA SERRANÍA LA ENERVANTE INFLUENCIA ECLESIÁSTICA; LO HE VISTO RECORRER, COMO PEREGRINO DE UN GRAN PRINCIPIO, LA INMENSIDAD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES Y LLEVAR NUESTRA PALABRA DE CHACRA EN CHACRA, EN SANTA FE Y ENTRE RÍOS. Y ASÍ EN CORRIENTES, PARA LIBRAR AL PUEBLO DE LA ESTÉRIL GRESCA ENTRE AUTONOMISTAS Y LIBERALES; EN SANTIAGO DEL ESTERO, PARA EXTIRPAR LA MALA HIERBA POLÍTICA QUE, COMO LA OTRA, LA QUE INVADE LOS CAMPOS RESECOS, CRECE RAMPANTE Y ESPINOSA; Y EN LA PAMPA, CADA VEZ MÁS NUESTRA; Y EN EL SUR LEJANO, DONDE EL FRÍO NO PARALIZA LA ACCIÓN, Y EN MISIONES Y EN CHACO, DONDE FUE MENESTER SUFRIR PARA PONER EL PRIMER JALÓN PARTIDARIO.

SOBRE EL PILAR SEGURO DE LA LEGIÓN ANÓNIMA Y FIEL LEVANTA EL PARTIDO SU MAJESTUOSA ARQUITECTURA. SON ESOS AFILIADOS, CUYO NOMBRE QUIZÁ NINGUNA HISTORIA REGISTRE, LOS QUE ANIMAN CON SU LABOR TESONERA EL PANORAMA POLÍTICO ARGENTINO. SON ELLOS LOS QUE DAN RECIA CONSISTENCIA A NUESTRO MOVIMIENTO, LOS QUE VAN ABRIENDO SENDA EN MEDIO DE LA SELVA DE PREJUICIOS. GRACIAS A ELLOS LAS PUERTAS DE NUESTROS CENTROS, EN TODA LA EXTENSIÓN DEL TERRITORIO, ESTÁN SIEM0PRE ABIERTAS PARA DAR PASO AL HOMBRE DISPUESTO A ENALTECER SU VIDA CON UN HERMOSO IDEAL. GRACIAS A ELLOS EL VOLANTE CORRE DE MANO EN MANO; EL SOBRE CON SU BOLETA LLEGA A DESTINO; EL CARTEL ANUNCIADOR HALLA ESPACIO EN EL MURO, DE UN EXTREMO AL OTRO DE LA REPÚBLICA.

NO PODRÍA DECIR SI HA LEÍDO A MARX O A ENGELS, SI LA DIALÉCTICA HEGELIANA LO OBSESIONA O SI SE HA ZAMBULLIDO EN LA HISTORIA PARA DESCIFRAR SUS LEYES. TAMPOCO PODRÍA AFIRMAR SI ES RICO SU CAUDAL DOCTRINARIO O SI TAN SOLO CONOCE NUESTRA DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS. PERO SABE, CON PLENA CONCIENCIA, QUE FORMA PARTE DEL "EJÉRCITO AGUERRIDO" QUE MARX Y ENGELS SOÑARON CREAR PARA EVITAR QUE NUESTRA DOCTRINA DEGENERASE EN UNA VANA ESPECULACIÓN FILOSÓFICA O RIDÍCULA CONTIENDA ACADÉMICA ENTRE CORIFEOS. SE SIENTE, MÁS QUE NADA, HOMBRE DE ACCIÓN, POR MODESTA QUE ELLA SEA, Y NO PONTÍFICE DE UN DOGMA ESOTÉRICO. GUSTA CONTEMPLAR EL FULGOR DE LAS ESTRELLAS, PERO CUIDA DONDE PONE EL PIE PARA NO CAER EN EL HOYO, COMO CUENTA LAERCIO QUE LE OCURRIÓ AL FILÓSOFO TALES.

ESTA DE MÁS AVERIGUAR SI HA ENTRADO EN NUESTRAS FILAS TRAS MINUCIOSO ANÁLISIS DOCTRINARIO O SI FUE EL CORAZÓN QUIEN DIO EL IMPULSO. LO CIERTO ES QUE "SU META Y SU ACCIÓN HISTÓRICA ESTÁN PREFIJADAS CLARA E IRREVOCABLEMENTE, EN SU SITUACIÓN Y EN LA SOCIEDAD BURGUESA ACTUAL".

LAS RÁFAGAS HELADAS DE LA DUDA NO AMENGUAN SU VOLUNTAD CONSTRUCTIVA, ASÍ COMO EL SOPLO ARDIENTE DE LA PASIÓN NO PERTURBA EL RITMO DE SU PENSAMIENTO TEÓRICO. LA DERROTA NO LO AMILANA NI LA VICTORIA LO ENCEGUECE. EN LAS HORAS BUENAS Y EN LAS MALAS OCUPA EL PUESTO QUE SU CONCIENCIA LE SEÑALA. CALLA, SI LO TIENE, SU FERVOR REVOLUCIONARIO, ESPERANDO TRANQUILO QUE SE PRESENTE LA OPORTUNIDAD PARA QUE OTROS LO DESCUBRAN. OBRANDO ASÍ, NO PIDE A GRITOS UN LUGAR EN LAS BARRICADAS, PERO SABRÁ, SIN DUDA, HACER FRENTE AL PELIGRO EL DÍA QUE SEA NECESARIO SALIR A SU ENCUENTRO.

VIVO SÍMBOLO DE LA ACCIÓN DIARIA Y PRÁCTICA, VEO EN ÉL LA FUERZA BÁSICA SIN LA CUAL RESULTA DIFÍCIL TODA CONQUISTA TRASCENDENTE. EL SOCIALISMO NO ES UN ROMANCE PARA SER CANTADO POR POETAS NI UN DOGMA PROPICIO PARA DIVAGACIONES SUTILES. EL SOCIALISMO ES UNA DOCTRINA REALISTA, ES UN ESFUERZO COLECTIVO Y RAZONADO QUE RECLAMA EL CONCURSO COTIDIANO DE HOMBRES CAPACES DE PENSAR, SENTIR Y ACTUAR CON SINCERIDAD.

NADA NUEVO SE ESCURRE EN ESTE IDEARIO, NACIDO AL CONJURO DE UN SENTIMIENTO. BIEN LO SÉ. PERO ES EL CASO QUE HE QUERIDO RECORDAR AL MILITANTE QUE ABRE LAS PUERTAS DE SU CENTRO, AL QUE ATIENDE LA BIBLIOTECA, AL QUE PREPARA EL MATERIAL DE PROPAGANDA, AL QUE TOMA EL BALDE Y EL PINCEL PARA EMBADURNAR LOS MUROS VECINALES, AL SECRETARIO QUE REDACTARÁ LAS ACTAS, AL TESORERO QUE EN ESTAS ÉPOCAS DE SALARIOS MAGROS TENDRÁ DOBLE FAJINA PARA OBTENER FONDOS... EN UNA PALABRA, A TODOS LOS QUE HACEN ALGO DE LO MUCHO QUE ES NECESARIO HACER PARA DAR CADA VEZ MÁS VIDA Y EMPUJE A NUESTRO MOVIMIENTO. PORQUE DESPUÉS DE HABER ESCRITO SOBRE LAS IDEAS DE TANTO SOCIALISTA ILUSTRE, ERA NECESARIO QUE EVOCARA LA EXISTENCIA DE ESOS MODESTOS SOLDADOS DEL IDEAL, RECONOCIENDO CON MACTERLINCK QUE "NO HAY VIDAS PEQUEÑAS: CUANDO LA MIRAMOS DE CERCA, TODA VIDA ES GRANDE".

PUBLICADO POR ARGENPRESS EN 20:26:00 

jueves, 8 de julio de 2010

José Mª Amigo Zamorano: Sobre 'Kanikosen. El pesquero' y 'Los Hermanos de la Costa'



Frente a mi tengo las portadas de dos libros: 'Kanikosen. El pesquero' de Takiji Kobayashi y 'Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe' de Bernardo Fuster. Tienen de común denominador el color negro. El primero absolutamente negro y el segundo negro y gris. Resumiendo así los editores el contenido de los libros.
Aunque el uno es novela y el otro es un relato histórico, ambos  tienen algunas semejanzas: el mar, el robo, la esclavitud, la rebeldía... Los autores no tiene, personalmente, nada en común: ni son coetáneos, ni de la misma tierra, ni hablan la misma lengua, ni... destino vital parecido o semejante: el uno fue asesinado por la policía del Imperio del Sol Naciente y el otro... vive y come, suponemos que felizmente, por los madriles. Tal vez si se hubieran conocido... No sé. El caso es que... los tengo aquí. Y los he leído.
'Vamos hacia el infierno', comienza diciendo el primero. Y el otro viene a decir que camina hacia el paraiso.
El que se apresta a ir al averno y el que se dirige al edén tienen ambos su ración de desdichas y placeres porque todo no es uniforme en la vida. Ella tiene sus altibajos.
Me explicaré: 'Kanikosen. El pesquero'  trata de la tripulación de un barco que faena en busca de cangrejos. Allí se han enrolado, atraidos por grilletes de ilusión, alegres y esperanzados porque se ven caminando hacia un edén, mineros, campesinos, estudiantes, huyendo de bajos salarios, labores ruinosas del campo, vida miserable en tierra... para terminar aherrojados en el mar por jornadas agotadoras e interminables, frío, escasez de comida y bebida... en las faenas de esa pesca. Ya han entrado en el infierno. 
Tan infernal es su vida que hasta los marcan con hierro candente si no rinden lo que los patronos quieren. Y tanto los exprimen, los explotan, y los desprecian, y los maltratan... y tanto les cubre la mierda o les comen los piojos, tanto les pisan los cojones... que se rebelan como un solo hombre. Fin. 
Se dice pronto: fin; pero el calvario se ha notado, se ha sentido, se ha olido; lo mismo que su disgusto, su desesperación, su angustia...; en la portada, abajo, se le compara a esta novela con 'Las uvas de la Ira'; se me ocurre que si aquella de Steinbeck era 'uvas de la ira' esta de Tobayashi es 'cangrejos del odio' puestos a punto para clavar sus pinzas en el sistema capitalista e imperialista japonés. 
La suerte perra de los trabajadores, transformados en esclavos, se va metiendo en el lector; esclavos, digo, porque en poco se diferencian, estos trabajadores japoneses que aparecen en la novela, de los esclavos africanos que conducían los negreros en el Pasaje Medio hacia América. 
Del otro libro, 'Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe', se puede decir que describe un movimiento similar; movimiento histórico por el que hace que surjan los piratas del Caribe: la huida de la opresión de las monarquías, de la férula de la iglesia católica, de las hogueras inquisitoriales... de modo que una serie de individuos de distintas procedencias, de variadas religiones o de pensamientos dispares, converjan, rebeldes, en la isla de la Tortuga y alrededores, donde van formando una comunidad sin dios, sin patria y sin rey. Lema de rabiosa actualidad en medio de meapilas de distintas civilizaciones. 
Al decir del autor, es la primera experiencia libertaria del mundo; que duraría unos 60 años del siglo XVII. El libro es el relato de los orígenes y desarrollo de estos primeros 'anarquistas' hasta su desaparición. Si bien el entusiasmo del autor por esa forma de vida es innegable lo que le aporta su punto positivo y negativo para algunos: el sentimiento y la subjetividad; subjetividad que José Bergamín elogiaba diciendo aquelllo de que no somos objetos sino sujetos.
La obra acaba con poemas sobre piratas de poetas románticos muy conocidos como Lord Byron, Espronceda o Victor Hugo y letra de algunas canciones de piratas. Por cierto, el libro viene acompañado de un disco (CD) con canciones.
Físicamente, los párrafos del libro están separados desigualmente, sin uniformidad, ya que es mas ancha en unos que en otros. La única explicación a esto (se me ocurre) es que el autor haya escrito todo el 'libelo' (así lo llama) a golpes, como si fueran apuntes o reflexiones a lo largo de su indagador interés por la piratería y que los dejara así, como independientes, para un posible engarce más concienzudo en un tiempo posterior. Todo puede ser. 
Me he acercado a él, al libro, para saber qué influencia pudieron tener los negros cimarrones en esa colectividad 'ácrata'. Me he quedado con las ganas porque de eso apenas trata. Solo alguna frase que otra. No obstante lo comprendo: es un estudio inicial, primeras pinceladas, quizás pionero en el tema, y solo traza, a grandes rasgos, el devenir histórico. 
Sobre los autores: 
1º. Takiji Kobayashi escribió esta novela allá por 1930 y el Imperio Japonés lo premió asesinándolo tras horribles torturas. Antes lo habían expulsado del banco donde trabajaba, por su labor en pro de los trabajadores. Fue detenido varias veces por su lucha sindical. Era comunista. Y con eso bastaba para la monarquía japonesa. 
2º. Bernado Fuster, que ha escrito este relato histórico, es músico; autor de  canciones como la famosa 'La puerta de Alcalá' y otras de éxito; fundador de Suburbano, vive y come en la España actual, monárquica heredera del franquismo, aunque no sabemos que hubiera hecho la dictadura franquista, con él, de haberlo apresado cuando militaba en el FRAP y componía canciones antifascistas. Pero no fue así. Mejor para él.
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Ficha de los libros comentados:
Título: Kanikosen. El Pesquero
Autor: Takiji Kobayashi
Editorial: Ático de los libros
Primera edición: marzo de 2010
Número de páginas: 146
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Título: Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe
Autor. Bernardo Fuster
Editorial: El Garaje Ediciones SL
Primera edición: enero de 2009
Número de páginas: 259

viernes, 11 de junio de 2010

'Kanikosen. El Pesquero' o ya no hay trabajos fijos en Japón (*)

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lunes 7 de junio de 2010: Kanikosen. El Pesquero - Takiji Kobayashi

"Kanikosen ha conseguido ser cuarenta años después de su publicación original un bestseller en su país de origen. Algo que va más allá de la anécdota puesto que su contenido y lo acontecido a su autor poco tiempo después de editarlo sólo ha podido ser juzgado con la perspectiva de las décadas transcurridas. De hecho a Kobayashi le costó la vida escribir esta novela como muestra de la persecución anticomunista emprendida por el gobierno nipón quien focalizó en el escritor y sus compañeros de ideología los males del país. Kanikosen fue uno de los detonantes de esa persecución que era vista como un acto de traición al imperio. 

Kobayashi logra grano a grano transformar las artes y oficios de un barco factoría de pesca de altura partiendo de una descripción fría y documental hasta convertirlo en un gulag o un campo de concentración sobre el mar al final.

Por acumulación vamos conociendo a los tiranos encarnados en el patrón, el capitán y la fragata de escolta. En el capitán confluyen todos los males y horrores que un ser abyecto pueda cometer tanto dentro como fuera del barco. Lentamente el infierno hacia el que indica la primera frase que viajan se convertirá en realidad sobre la nave. Hambre, enfermedades, robos, torturas, violaciones serán el día a día de aquellos que preferirán morir a seguir vivos.

El germen comunista de la rebelión suscitado por el contacto con los rusos les espoleará hasta encontrar la ocasión de hacerlo. Sin embargo las consecuencias que el lector deberá descubrir por sí mismo no serán en un principio ideales.

Influido por el realismo socialista y muy cercano a Gorki, Kobayashi escribe esta crónica denuncia que no dejará indiferente al lector sino que le golpeará en su corazón como un martillo inmenso y le conmoverá hasta un grado sumo. Seguramente ese sea el atractivo de Kanikosen para los pudientes jóvenes japoneses de hoy día.

Ático de los libros edita este primer libro suyo sabiendo que ha escogido la mejor manera de comenzar en el mundo editorial que es atizando nuestras conciencias y haciéndonos reflexionar tanto sobre nuestras vidas como sobre el compromiso social que todavía mantienen los escritores."


SINOPSIS

Vamos hacia el infierno”: esta lúcida frase es el punto de arranque de una pesadilla real. Kanikosen es la crónica de la brutalidad del capital contra los trabajadores, o de la angustiosa travesía de un buque factoría en las gélidas aguas de Kamchatka.

Los obreros y pescadores viven y trabajan como autómatas y en peores condiciones que si fueran animales. Sin descanso, faenan en las peligrosas aguas de Kamchatka, enlatando los cangrejos para empresarios que viven cómodamente a millas de ahí. La tripulación no tiene identidad: los hombres no son más que cuerpos sin nombre ni dignidad, obligados a rendir hasta la extenuación, vejados y presionados para conseguir la producción deseada, y el enriquecimiento de unos pocos. Sin apenas dormir, maltratados sistemáticamente y torturados con crueldad despiadada, aún enfermos, los pescadores malviven como fantasmas. Paulatinamente y casi sin darse cuenta, la injusticia de su situación, el descontento y la puesta en común de sus terribles experiencias (que son las mismas en toda la clase proletaria de Japón) les conducirán a una sorda revolución.

El poder tiránico del patrón del buque, escoltado por un destructor de la armada japonesa, comienza a ser cuestionado. En ese momento, un grupo de pescadores que ha naufragado entra en contacto con unos marineros rusos. Con ellos descubren que otro mundo debe ser posible, gracias a la reivindicación de sus derechos como trabajadores. De vuelta al barco, los pescadores han hecho suyo el espíritu de protesta que hasta ahora la autoridad había sofocado.

Pronto, la unión de los hombres hará que las cosas empiecen a cambiar.
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(*) El título es nuestro
Ficha del Libro:
Título: Kanikosen. El Pesquero
Autor:Takiji Kobayashi
Editorial: Ático de los libros
Traducción de Jordi Juste y Shizuko Ono
Páginas 152
Precio 15€ 

domingo, 14 de marzo de 2010

Stalin, a los cincuenta y siete años de su muerte

Tomado de: http://www.pceml.info/

http://www.pceml.info/2010/03/14/57%c2%ba-stalin/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+pceml%2Fgeneral+%28PCE+%28m-l%29+-+%C3%9Altimas+Noticias%29
El 5 de marzo de 1953 murió Iosif Visariónovich Dzhugashvili, conocido mundialmente con el sobrenombre de Stalin. Su persona y su gestión política entre 1929, año en que se impuso sobre sus adversarios políticos, y el año de su fallecimiento, han merecido los peores calificativos. No ha quedado ni una sola parcela de su gobierno que no haya sido juzgada con los términos más duros y la más absoluta de las descalificaciones. Desde la ayuda a la España republicana durante la Guerra Civil hasta el Pacto Germano-Soviético, pasando por los planes quinquenales y la colectivización de la agricultura, todo es considerado como una política pérfida y criminal fruto de una personalidad sádica y paranoica. Desde la extrema derecha hasta el anarquismo, pasando por socialistas, trotskistas y liberales, difícilmente se encontrará un personaje histórico que concite el odio de sectores políticos tan diversos, unidos todos ellos en identificar a Hitler y Stalin bajo la etiqueta del totalitarismo, absurdo concepto teórico que sirve para amalgamar el fascismo y el comunismo y condenar al unísono dos sistemas políticos, económicos y sociales absolutamente antagónicos.

Convertidos en jueces, la mayoría de historiadores académicos, acompañados de la historiografía militante trotskista, interpretan la política de Stalin como una sucesión de crímenes, abominables represiones y traiciones al movimiento obrero, repitiendo libro tras libro las mismas cantinelas forjadas en los años de la Guerra Fría, ajenos a las aportaciones de historiadores como Grover Furr, Ludo Martens o Víctor Zemskov y a la documentación de los archivos soviéticos, que rebajan drásticamente las cifras de la represión de 1936-1938 y desmienten las elucubraciones fantásticas sobre la hambruna de Ucrania. Escribiendo al dictado de la burguesía y plagiándose unos a otros, estos historiadores con anteojeras son la antítesis de lo que debe ser un científico social, cuya primera obligación es atenerse a los datos objetivos

El estudio de cualquier período histórico nunca puede darse por cerrado; por el contrario, el análisis de nuevas fuentes documentales o el desarrollo de novedosos enfoques interpretativos cambia necesariamente nuestra visión del pasado, volviendo obsoletas o simplemente erróneas las interpretaciones sustentadas hasta ese momento. Un historiador que ignore los hechos objetivos para seguir manteniendo modelos que encajen con sus prejuicios ideológicos, deja de ser historiador para convertirse en un historietógrafo o, sencillamente, en un panfletista al estilo de Pío Moa o César Vidal.

Disponemos ya de un material lo suficientemente sólido que permite replantear la mayoría de juicios emitidos sobre Stalin e iniciar una nueva aproximación a su personalidad y a su acción política. La figura de Stalin no necesita hagiografías absurdas ni alabanzas desmesuradas. Se trata de algo tan sencillo como hacer historia de forma rigurosa y científica. Sin negar los errores, su política de planificación económica y colectivización agraria convirtió a la URSS en diez años en la segunda potencia industrial del mundo, erradicó el analfabetismo, y puso la base técnica y científica que permitió a la Unión Soviética vencer a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. La victoria sobre Hitler, con el inmenso sacrificio de 27 millones de ciudadanos soviéticos muertos en la contienda, salvó al género humano de la barbarie fascista. Eso es una realidad y, sin duda, muy brillante.

Los millones de trabajadores que admiraban a Stalin en los años treinta, ¿estaban completamente manipulados y padecían una profunda ignorancia? ¿Alguien con un poco de sentido común puede creer que los habitantes de la URSS vivían aterrorizados y trabajaban únicamente por temor a la policía política? ¿Los comunistas gobernaban exclusivamente por la fuerza? Estas patrañas urdidas en su momento por Robert Conquest, difundidas con el generoso apoyo económico de la CIA por fundaciones pretendidamente culturales y repetidas en nuestro país por cuentistas como César Vidal, Pío Moa y Ricardo de la Cierva, sin olvidar a catedráticos con pedigrí académico, como Antonio Elorza, no solo pretenden difamar la figura de Stalin. Detrás de la satanización de Stalin hay un objetivo más ambicioso: la criminalización del comunismo. La burguesía libra una incasable guerra ideológica cuyo objetivo es desarmar política e ideológicamente a la clase obrera y apartarla de las posiciones revolucionarias, sembrando la confusión y la desorientación entre los trabajadores. Elementos fundamentales de esa estrategia son la identificación entre fascismo y comunismo y la representación de Stalin como un dictador sangriento.

Hoy se emplea habitualmente el término estalinista como un insulto, pero conviene no olvidar que esos estalinistas hoy tan denostados se enfrentaron al fascismo en los años treinta, defendieron Madrid ante las tropas de Franco, lucharon en la resistencia contra la ocupación nazi, vencieron en Stalingrado y llegaron a Berlín en 1945. Lo que la burguesía no perdona a Stalin es haber elevado a la URSS al rango de potencia mundial y haber demostrado que el socialismo no es una utopía. Los comunistas nos sentimos orgullosos de esos hechos. No entendemos a aquellos que se pretenden comunistas y repudian a Stalin. El antiestalinismo es sencillamente una forma de anticomunismo, por más que se disfrace con ropajes “progres” y pretenda distinguir entre comunistas puros, pero ingenuamente idealistas, y el malvado Stalin. No es una casualidad que los abanderados del antiestalinismo hayan terminado en su inmensa mayoría en las filas de la derecha más rancia y reaccionaria. En el quincuagésimo séptimo aniversario de su muerte, nosotros asumimos la obra de Stalin y su legado como parte fundamental de la historia del comunismo y del movimiento obrero mundial, y defendemos públicamente su inmensa talla de estadista y revolucionario.
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Dibujo: Stalin visto por Picasso

miércoles, 6 de enero de 2010

Manuel M. Navarrete: Para un debate contra el sectarismo (*)

Trotsky no existe

por Manuel M. Navarrete

(Publicamos este artículo tomado de http://www.insurgente.org/ porque nos ha parecido de lo más interesante que hemos leído hasta hoy acerca de la ceguera de los sectarismos; ya hace años se lo oímos a un zapatero de Zamora que nos dijo que nunca entendió las diferencias entre el trotskismo y los comunista del PCE; y en un libro de Manuel Blanco Chivite, Diario de Etiopía, hablando con un marxista-leninista de un país europeo, notó que el otro expresaba las diferencias con otros comunistas como en debate escolástico medieval entre variopintas escuelas católicas; esas que discutían, por ejemplo, acerca de qué habría hecho Jesús si hubiera nacido mono; esto le cabreó a Blanco Chivite)

Introducción

Si en este planeta existen recursos para todos pero muchos mueren de hambre, y eso es consecuencia directa del capitalismo, y sólo podemos destruir el capitalismo organizándonos, entonces se hace imprescindible pasar revista al panorama de la izquierda organizada, es decir, de la única oposición existente al capitalismo y el hambre. Pasando revista, lo primero que nos llamará la atención será la infinita división y subdivisión de estas fuerzas, en ciertas ocasiones motivada por bases programáticas (por ejemplo, la división que existe entre Izquierda Unida y la izquierda extraparlamentaria), pero en otras debida a prejuicios mutuos o, peor si cabe, a distintas lecturas de hechos históricos del pasado (como en el caso de dicha izquierda extraparlamentaria, que se encuentra fraccionada hasta la impotencia política).
¿Recuerdan aquella escena de La vida de Brian? Brian le pregunta a unos hombres si son del Frente Judaico Popular y estos le contestan:
-“¡Vete a la mierda! ¿Frente Judaico Popular? Somos del Frente Popular de Judea” (http://www.youtube.com/watch?v=hMvcjzEKTMw).
Pues así se siente uno muchas veces, como en una película de los Monty Python, como si estuviéramos insensibilizados contra el hecho de que no se nos puede tomar en serio; y todo por confundir, como decía Galeano hace unos días, unidad con unanimidad, política con religión, divergencia con herejía.
Es curioso rastrear el origen del enfrentamiento que, en el seno del islam, se desarrolla entre sunnitas y chiitas. Resulta que Mahoma no dejó un sucesor oficial, así que, a su muerte, sus seguidores Alí y Muawiya se enfrentaron entre ellos, siendo derrotado el primero. Mas de mil años después, sus partidarios continúan divididos, y a partir de una simple pelea sucesoria han inventado imbricadas teorías por las que enfrentarse. Algo parecido sucede hoy día con el enfrentamiento que, en el seno del marxismo-leninismo, separa a trotskistas y estalinistas. Resulta que los comunistas nos encontramos insensatamente divididos por el enfrentamiento (en muchos sentidos personal) que tuvieron dos hombres hace 80 años, en una mera pelea sucesoria a la muerte de Lenin.
Por supuesto, si el propósito de este trabajo fuera otro, debería ahondar en el estudio de los condicionantes históricos que rellenan de contenido una pelea sucesoria, como codificación histórica de los conflictos sociales. Sin embargo, sería una simplificación ingenua del marxismo decir que Alí y Muawiya se enfrentaron para defender sus respectivos ideales. ¿Es que para el marxismo no existen la ambición personal entre las motivaciones de los personajes históricos? ¿Es idealismo aludir a un enfrentamiento personal? Puestos a hacer metáforas forzadas al estilo del marxismo dogmático y vulgar, ¿por qué no ver en el supuesto enfrentamiento político una superestructura, cuya base fuera una lucha por el poder tras la muerte de Lenin? Podemos analizar, por ejemplo, qué factores materiales han motivado que en unos países el trotskismo haya tenido arraigo a posteriori y en otros no (o incluso analizar factores como la psicología de masas, la necesidad de una figura “diferente” a lo que realmente se alcanzó en la URSS y la insatisfacción consecuente). Pero eso sigue sin explicar lo acontecido en el Partido Bolchevique durante los años 20 del siglo XX.

Una superación dialéctica

Hoy en día, y menos por evolución que por desaparición política, quedan pocos estalinistas (al menos “estalinistas” que se reconozcan en dicha denominación y que den culto a la imagen del personaje histórico); en cambio, podemos encontrar bastantes activistas y partidos que se reconocen como “trotskistas” y, en función de ello, se dividen de otros partidos (e incluso entre sí, celosos por ver quién efectúa la exégesis más ortodoxa de los textos del profeta armado y luego desarmado).
Sin embargo, Trotsky no existe, ni Stalin tampoco. Y no sólo porque ambos hayan muerto y no puedan venir, por tanto, aquí a “hacernos” la revolución; sino porque de hecho nunca existieron (en las versiones icónicas que sus respectivos seguidores nos han legado). Ni Stalin fue el glorioso padre infalible de la revolución, ni Trotsky el adalid antiburocrático y antirrepresivo que se nos quiere vender.
No se trata de negar el destacado papel de Trotsky durante la Revolución Rusa, ni su destreza como teórico y escritor; tampoco se trata de justificar las falacias vertidas contra él durante los Procesos de Moscú de 1936-38, su cruel asesinato (o el de sus hijos) u otros crímenes cometidos. Para mí no se trata de jugar a “trotskistas” y “estalinistas”. Si algún día esto pudo significar algo y la gente pudo morir por ello, hoy no es más que una pelea de bar que divide nuestras propias fuerzas. De lo que se trata es de hacer una modesta reflexión, escrita por un compañero más de los que está cansado de ciertos clichés que ya sólo sirven para perder credibilidad, en eternos debates que no afectan a la vida de (ni interesan a) nadie. Porque un estudio serio y sosegado de la historia acaba por desacreditar el maniqueísmo. Y porque nuestra táctica ahora debe ser el reagrupamiento de las fuerzas anticapitalistas que no se hayan integrado en el sistema.
¿Realmente tenemos un objetivo diferente? A nivel de propuestas concretas y dentro de la izquierda extraparlamentaria, ¿hay tanta diferencia entre los partidos “trotskistas” y los “estalinistas”? ¿No abogan ambos por la construcción de una sociedad lo más democrática posible, que evite repetir los errores de la experiencia soviética, pero que emule sus logros? Si la única diferencia es a nivel de interpretación del pasado histórico (es más, a nivel de conceptualización de dicho juicio: “defectuoso pero aceptable por ser mejor” versus “mejor pero defectuoso e inaceptable”), ¿vale la pena dividirse por ello? Entonces, se me dirá, ¿para qué tratar este tema, por qué hablar de ello? Porque para mí no se trata de callarlo, ni de olvidarlo, ni de “sustituirlo” por otra cosa. Para mí no se trata de matarlos a todos, sino de tragárselos vivos, es decir, de efectuar una superación dialéctica y crítica de ambas tendencias. Como diría Apollinaire, no podemos llevar a todos sitios el cadáver de nuestro padre, pero como diría Gabriel Aresti, de lo que se trata es de que la casa de nuestro padre siga en pie.

La inexistencia de Trotsky

En 1919 Trotsky promulgó el Decreto de Rehenes, ordenando secuestrar a la familia de todo oficial que desertara del ejército. Indignado por el hecho de que no se cumpliera su orden, en telegrama al Consejo Militar Revolucionario de Serpujov, Trotsky insistiría: “la mala conducta o la traición provocará el arresto de sus familias” (aún en 1939, poco antes de ser asesinado, Trotsky seguirá defendiendo el sistema de rehenes en el artículo Su moral y la nuestra). En marzo de 1921 lanzó a 50.000 soldados del Ejército Rojo contra los obreros de Kronstadt, después de que estos se sublevaran contra el Estado socialista al que acusaban, paradojas de la historia, de “burocratismo” (entre sus reivindicaciones estaban la libertad de palabra y de prensa para todos los partidos obreros o anarquistas, la liberación de los prisioneros políticos socialistas, la reactivación de los soviets sin injerencias del Partido, etc.) La represión de Kronstadt se saldaría con centenares de fusilamientos. En el X Congreso de los bolcheviques, celebrado también en 1921, Trotsky propuso la total subordinación de los sindicatos al Estado, el Partido y el Ejército. Es más, ya en su documento Tesis sobre la transición entre la guerra y la paz, había propuesto Trotsky el llamado “comunismo de guerra”, es decir, una militarización total de la población, de modo que el Estado decidiera dónde debía trabajar cada persona, del mismo modo que el Ejército Rojo decidía dónde debía ubicarse cada soldado. En contra de dicha propuesta se creó la Plataforma de los Diez, compuesta, entre otros, por Lenin y Stalin. La propuesta de Trotsky fue rechazada por el congreso, por 336 votos contra 50. En este X Congreso, además, Trotsky votó a favor de la prohibición de las fracciones dentro del Partido Bolchevique.
Los ejemplos podrían ser innumerables. ¿Trotsky antiburocrático? Pero, es más, ¿Lenin antiburocrático? ¿Y cómo se hacía la política entonces? Por ejemplo, cuando se decide firmar la Paz de Brest-Litovsk, ¿se convoca un referéndum para que las masas populares decidan democráticamente? ¿O la realidad es que se reúnen en una mesa siete líderes del Partido y allí lo deciden? Como denunciaron los consejistas (duramente criticados por Lenin, que les atribuía una “enfermedad infantil”), el control obrero sólo tuvo una existencia efectiva en Rusia durante apenas unos meses. Ya en diciembre de 1917 se crea el Vesenkha (Consejo Supremo de la Economía Nacional), compuesto de comisarios políticos y expertos nombrados por el Partido. Un decreto del 3 de marzo establece que en las empresas nacionalizadas se someterán “todas las declaraciones y decisiones del comité de fábrica o de taller, o de la comisión de control, a la aprobación del consejo económico administrativo”. Lenin lo escribirá claramente: “hemos pasado del control obrero a la creación del Vesenkha”. También en marzo de 1918 se promulga la Constitución Soviética, que centraliza el poder en detrimento de los soviets (consejos obreros). Y en el VIII Congreso (1919) Lenin dirá: “los soviets que, según el programa, son órganos de gobierno por los trabajadores, son en realidad órganos de gobierno para los trabajadores, ejercido por la capa avanzada del proletariado y no por las masas trabajadoras”. Como escribió John Reed, “A pesar de la autonomía local, los decretos del comité Central Ejecutivo y las órdenes de los delegados son válidos para todo el país”. Por lo que respecta al pluripartidismo, todavía en marzo de 1922, Lenin escribía en el Informe político del Comité Central al undécimo congreso del Partido que “las manifestaciones públicas de menchevismo son penadas con la muerte por nuestros tribunales” (por no hablar de la represión contra los anarquistas, que puede consultarse en Vsevolod Volin). Rosa Luxemburgo fue muy critica con la recién acontecida Revolución Rusa, escribiendo que “esta dictadura debe ser obra de la clase y no de una pequeña minoría que dirige en nombre de la clase”, porque “ahogando la vida política en todo el país, es inevitable que la vida en los soviets mismos esté cada vez más paralizada. Sin elecciones generales, sin libertad ilimitada de prensa y de reunión, sin lucha libre entre las opiniones, la vida se muere en todas las instituciones públicas, se convierte en una vida aparente donde la burocracia es el único elemento activo”. Vale la pena recordar que Rosa Luxemburgo murió en enero de 1919, es decir, casi una década antes del acceso de Stalin al poder. Una línea parecida defendería por esas mismas fechas la Oposición Obrera, encabezada por Alexandra Kollontai. ¿Y qué hay de la disolución de la Asamblea Constituyente Rusa, en enero de 1918, tras haberse convocado unas elecciones el 12 de noviembre anterior que perdieron los bolcheviques (Socialistas Revolucionarios, 17.100.000 votos y 380 diputados; Bolcheviques, 9.800.000 y 168 diputados)?
Desde luego, todas estas medidas han de verse en su contexto. Es más, probablemente la mayoría de ellas fueran decisiones acertadas y, por desgracia, necesarias. Pero una cosa es decir que quizá fueran necesarias, y otra muy distinta decir que eran buenas en sí mismas. Lo que no se puede hacer es manipular la historia, como si antes de 1924 (fecha de la muerte de Lenin) la Unión Soviética fuera un paraíso y desde entonces un infierno. De hecho, en todas las líneas de fuerza lo que existe es continuidad, tanto en las luces como en las sombras, y el mito del “corte de 1924” es una completa arbitrariedad carente de rigor. Es probable que mis palabras dejen estupefactos a aquellos que se han acostumbrado a cierta manera de razonar (de no razonar, quiero decir), según la cual si eres partidario de un régimen, debes justificar todas y cada una de sus acciones, negando todos aquellos aspectos que sean negativos o incluso cuestionables. También puede ser que otros se estén dando cuenta de cosas que jamás se habían planteado. No es una cuestión de inteligencia; ni siquiera de erudición. Sencillamente se trata de promover que, en nuestras organizaciones, los militantes piensen por sí mismos, en lugar de enseñarles una retahíla que han de repetir como borregos. Por lo demás, admito estar haciéndole el debate a los sectores atrasados de estos movimientos, que (nadie lo niega) cuentan con teóricos de altura, pero ¿para qué debatir en las alturas, mientras la formación media de los militantes perpetúa el estilo de cliché, el divisionismo y los falsos debates, imposibilitando, como decimos, la generación de una alternativa que a la gente de la calle le suene creíble?

Otros mitos sorprendentes

Hay más mitos: por ejemplo, el mito de la identidad entre Lenin y Trotsky. La realidad, avalada por toda la historiografía solvente sobre el periodo, es que Lenin y Trotsky mantuvieron un fortísimo antagonismo político durante años. En Nuestras tareas políticas (1904) Trotsky rechazó la concepción del partido que propugnara por Lenin en su obra de 1902 Qué hacer. Para Trotsky, Lenin era “el dirigente del ala reaccionaria de nuestro partido” y su concepción del partido suponía un “sistema de sustitución política” de la clase obrera. No en vano Trotsky era en aquella época un dirigente de los mencheviques. No estoy, además, descontextualizando ninguna frase, porque esa obra entera, al igual que el Informe de la delegación siberiana (también de 1904), son furibundos ataques contra la política de Lenin. Pero todavía en febrero de 1917, Lenin afirmaba, en carta a Inés Armand, lo siguiente: “¡Así es Trotsky! Siempre fiel a si mismo, se revuelve, hace trampas, finge ser izquierdista y ayuda a la derecha cuando puede”. Y en la última carta al congreso de Lenin, que se ha venido considerando su “testamento político” (a pesar de que Trotsky estuvo tan interesado como Stalin en que no saliera a la luz), Lenin (que ante todo -y deberían tomar nota nuestros particulares “chiitas y sunnitas”- trataba de evitar una escisión en el partido) afirmaba que Trotsky estaba “demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos”. Paradójico en quien se ha considerado a sí mismo el paladín de la lucha antiburocrática; aunque no tanto si consideramos, como Otto Rühle, que “Trotsky no quiere reconocer que él fue uno de los fundadores de la burocracia rusa”. Lo que queda claro en ese “testamento” es que, para Lenin, ninguno de sus sucesores está a la altura de las circunstancias. Eso por no hablar de las agrias diferencias entre Lenin y Trotsky acerca de la Paz de Brest-Litovsk, que Trotsky se negaba a firmar (a pesar de la promesa de los bolcheviques a las masas: darles “paz y pan”).
También es un mito que realmente existieran diferencias políticas entre Trotsky y Stalin durante los años 20. La crítica literaria actual considera que la tradicional (por ejemplo Menéndez Pelayo) se equivocaba al considerar que el culteranismo de Góngora y el conceptismo de Quevedo eran dos tendencias opuestas; como aclara Blecua, en realidad estamos ante una falsa dicotomía, porque, aunque sus cabecillas se odiaran mutuamente, son movimientos afines y con raíces compartidas. Algo similar ocurre con el trotskismo y el estalinismo. La escenificación de una supuesta polémica entre “socialismo en un solo país” y “revolución permanente” no resiste un análisis crítico. Dada la derrota de la revolución alemana, no existían más que dos posibilidades: o acometer la construcción del socialismo en la URSS, o enviar al Ejército Rojo a imponer el socialismo pisoteando Europa. Si Trotsky no proponía esto segundo, ¿era sencillamente un derrotista? Es sorprendente que nadie conteste nunca a esta sencilla pregunta, pero obviamente se trata de una falsa dicotomía: se puede compatibilizar perfectamente la construcción del socialismo con una política internacionalista y revolucionaria.
Más tarde, Trotsky compilará sus ideas en La revolución permanente (1930), afirmando, por ejemplo, lo siguiente: “Un país colonial o semicolonial, cuyo proletariado resulte aún insuficientemente preparado para agrupar en torno suyo a los campesinos y conquistar el poder, se halla por ello mismo imposibilitado para llevar hasta el fin la revolución democrática”. No sólo es una frase derrotista, dogmática y etapista (¿no culpaban a Stalin de eso?), sino que, además, si esta es la teoría de la revolución permanente, la misma historia del siglo XX le quita la razón. De hecho, todas las revoluciones, no ya democráticas sino en muchos casos incluso socialistas, que se han producido desde la escritura de este texto hasta la actualidad se han dado en países coloniales o semicoloniales (Yugoslavia y Albania, 1945; Corea del Norte, 1948; China, 1949; Bolivia, 1952; Cuba, 1959; Argelia, 1962; Vietnam, 1975; Nicaragua, 1979... y podríamos incluir el Chile de Allende y la Venezuela de Chávez), siendo protagonizadas no por el proletariado industrial (inexistente o insignificante en esos países, y en la mayoría de los países del mundo), sino por el campesinado (con frecuencia organizado en guerrillas). Si como Marx en la Crítica del programa de Gotha pensamos que “cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas”, ¿a quién creer, a nuestros ojos, o a un libro escrito hace 8 décadas?

Separar la paja del grano

Sin embargo, así nos va. La historia se analiza ad hoc, porque cada cual intenta justificar a su personaje histórico favorito. Si Stalin (en lugar de Lenin) hubiera propuesto la NEP, el trotskismo diría que las concesiones al capitalismo de la NEP suponían una traición a la revolución. Como fue al contrario; como lo que hizo Stalin fue detener la NEP para colectivizar y planificar toda la economía, se quejan de que esta colectivización fuera forzosa. Por activa o por pasiva, la conclusión ha de ser siempre la misma, porque está prefabricada. Sin embargo, Trotsky proponía exactamente lo mismo: colectivizar, sin haber especificado en ninguna parte que dicha colectivización debiera hacerse de manera sólo voluntaria. Por tanto, las acciones de Trotsky, aunque fueran extremadamente represivas o burocráticas, se justifican como necesidades impuestas por las durísimas circunstancias (la guerra civil, por ejemplo); y no les falta razón al hacerlo. Sin embargo, se actúa como si las circunstancias de la época de Stalin fueran una especie de idilio, a pesar de que estas circunstancias supusieran la mayor colectivización de toda la historia humana y una de las mayores invasiones también de toda la historia (que acabaría provocando 25 millones de bajas soviéticas). Sin el menor rigor metodológico, se afirma que todo lo bueno es gracias a la economía planificada, y todo lo malo por culpa de Stalin. A pesar de que el burocratismo existía antes y existiría después de Stalin, se denomina a este fenómeno “estalinismo”, término del que, además, se abusa de manera simplista para referirse a todos aquellos comunistas que no sean trotskistas. De hecho, cuando cae la URSS en 1991, se corona a Trotsky como el profeta o futurólogo que supo preverlo. ¿No se equivocaba por un siglo entero de revoluciones encabezadas por el campesinado de países semicoloniales, pero acierta cuando la URSS cae en el 91?
Lo peor de esta manera de enfocar las cosas, de este marxismo anquilosado, es que impide separar la paja del grano, e imposibilita hacer la crítica seria que en efecto necesitamos y que, aun reivindicando con orgullo los logros del socialismo, debe hablar del cambio de paradigma que no se dio en la Unión Soviética y que en el futuro sólo podrá darse tomando ejemplo lo que los revolucionarios latinoamericanos denominan Poder Popular.

Contra la cita descontextualizada

Hasta aquí he hablado de la forma de entender el marxismo que considero inoperante y estéril. Trataré ahora de oponer una alternativa, exponiendo qué es lo que yo defiendo.
Esta forma de entender el marxismo mitifica y rehúye el análisis concreto de la circunstancia concreta, apostando por repetir fórmulas del pasado y hacer un calco mimético de la experiencia rusa, incluso aunque estemos ante circunstancias históricas o geográficas completamente diferentes. Algo así como ponerse un abrigo de pieles en pleno verano sevillano porque, de estar en Rusia, sería necesario. Como diría Salvador Allende, cada país tiene su propia vía al socialismo. Pero la izquierda del Estado español, quizá excluyendo a la izquierda abertzale (véanse para ello los análisis de Euskal Herriko Komunistak), sigue teniendo cierta tendencia a la escolástica.
Cada secta esgrime su cita descontextualizada para justificar su política. Pero todo el mundo sabe que con un poco de tiempo y habilidad pueden buscarse citas al uso de Marx o Lenin para justificar algo o lo contrario. Si estás a favor del Frente Popular, acudes a La lucha de clases en Francia, donde Marx defiende la posibilidad de una alianza del proletariado con sectores de la burguesía, para derrotar a la aristocracia alemana. Si estás en contra, encontrarás, y además en la misma obra, que Marx rechaza toda alianza de clase cuando habla de Francia, porque allí ya se ha hecho la revolución burguesa. Si quieres justificar la apuesta por Comisiones Obreras, descontextualizas La enfemerdad infantil del izquierdismo en el comunismo, de Lenin; si te opones a ella puedes aludir al análisis sindical del II Congreso de la III Internacional Socialista (o a la misma creación de Comisiones Obreras, en detrimento del sindicato vertical OSE). Falta siempre un conocimiento operativo de las obras de Marx, Lenin y otros, que implica asimismo el conocimiento exacto de las coyunturas políticas concretas en que dichas obras fueron concebidas, así como la consideración del marco desde el que partimos nosotros. Todo esto se sustituye por el fetichismo de la cita descontextualizada que preside análisis y textos, en una batalla de frases infantil y paternalista que no invita a pensar por uno mismo.

Cambiar lo que deba ser cambiado

En mi opinión, debemos tomar de cada autor lo que nos interese: de Trotsky, de Stalin, de Mao, de Althusser, de Mandel, de Gramsci, de Mariátegui, de Rosa Luxemburgo, del Che Guevara (e incluso de autores anarquistas, como Malatesta)... O los aceptamos a todos, o buscamos figuras más incluyentes, que no dejen fuera a la mitad de los comunistas. No se puede predicar “la unidad de los comunistas” de otro modo. Debemos aprender de todos ellos y de muchos más, pero siempre enfrentándonos a nuestra realidad concreta. Sobre todo, debemos efectuar una reapropiación crítica del marxismo, con el objetivo irrenunciable de la colectivización de los medios de producción. No es eso lo que hay que superar; sin embargo, cada uno de los líderes de cada una de las revoluciones socialistas han efectuado una reapropiación crítica de sus predecesores.
Superar es adaptar las tesis fundamentales del marxismo a las nuevas circunstancias. De no haber superado a Marx (o, al menos, a la lectura de Marx que efectuaba su tiempo), Lenin no habría podido hacer ninguna revolución en Rusia; habría adoptado la tesis del introductor del marxismo en Rusia, Georgi Plejanov, según la cual había que esperar a que se produjera un desarrollo capitalista, a que surgieran las “condiciones objetivas” (un proletariado industrial moderno), etc. Tomando las obras más divulgadas, esa era efectivamente la tesis más marxiana, la más apegada a la doctrina del barbudo alemán (aunque en rigor, el propio Marx de la vejez, por ejemplo en 1882, fecha de su prefacio a la edición rusa del Manifiesto comunista, ha superado ya al joven Marx, economicista y etapista, de 1848; y admite, ahora sí, la posibilidad de una revolución en Rusia antes que en los países industriales). Más allá de Plejanov, Lenin le dio la vuelta a determinados aspectos de este primer marxismo economicista en El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899), donde expuso la “teoría del eslabón más débil”, que trataba de demostrar la probabilidad de que la cadena del imperialismo se rompiera no por Alemania, sino por el eslabón más débil: Rusia. También matiza de manera importante la tesis marxiana de la “autoemancipación del proletariado”, arguyendo en el ya aludido Qué hacer lo siguiente: “Los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde fuera. (...) La clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos”, si bien años más tarde aclarará que exageró esta postura porque la polémica con los economicistas le obligaba a hacer excesiva fuerza en esa dirección, como para enderezar un bastón torcido. Tal vez el concepto de autoemancipación en Marx sólo pueda comprenderse correctamente como una afirmación a una escala histórica, superior; con todo, es innegable que el leninismo refuerza la importancia del factor subjetivo.

El marxismo como creación heroica

Si Lenin supera a Marx (o a “cierto” Marx), nosotros debemos superar a Lenin y superarlos a todos, como ya hemos dicho. Marx defendía que la ideología está condicionada por los límites de cada época. Aplicando la metadialéctica, el propio Marx está condicionado por su época: el siglo XIX, la época del positivismo. Marx comete un craso error: el eurocentrismo. Como recordaba en un artículo reciente el comandante de las FARC-EP Jesús Santrich, comentando el libro de Nestor Kohan Marx en su (tercer) mundo, Marx hizo un análisis muy deficiente de la figura de Simón Bolívar, atacando al Libertador por haber emancipado a Latinoamérica del imperialismo... un imperialismo que habría acelerado la llegada de la etapa capitalista, la creación de un proletariado industrial y, por tanto, el socialismo. Por no hablar de Engels, que festejó así la conquista de California por parte de EE UU: “Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. (…) ¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían que hacer con ella?”
Hay que ser dialécticos, hay que renovar el marxismo constantemente; el marxismo no puede sonar a una cosa muy vieja llena de polvo. El comunismo debe ser un movimiento teórico-práctico en constante cuestionamiento de sí mismo. Como dijo Mariátegui, “el socialismo latinoamericano no debe ser calco ni copia, sino creación heroica”. El europeo tampoco, añadiríamos nosotros. Hay que superar el eurocentrismo, el dogmatismo, la deshistorización, la pedagogía de la repetición, el sectarismo, la cita mecánica, la extrapolación de experiencias... Para ello, propongo leer a aquellos autores renovadores del marxismo, que practican un marxismo abierto, antidogmático, adaptado al mundo actual, como Nestor Kohan, Carlos Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero, Santiago Alba Rico, Slovaj Zizek, Terry Eagleton, Marta Harnecker (que ha sabido evolucionar desde el DIAMAT hacia el marxismo abierto), James Petras, Carlo Frabetti, Iñaki Gil de San Vicente... Podemos diferir en muchas cosas; aprovechar otras; pero, al menos, estaremos creando, estaremos pensando nuestra propia realidad... en lugar de repetir fórmulas del pasado.

Contra el monoazulismo quijotesco y la vanguardia

Sin este enfoque renovador, antidogmático; sin este comunismo del siglo XXI es imposible comprender experiencias como la Revolución Bolivariana de Venezuela o el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, sencillamente porque son espacios antiimperialistas que permiten crecer y acumular fuerzas para la lucha por el socialismo; procesos de integración que nos interesa que avancen, aun con sus contradicciones o peculiaridades. De ahí que los sectores más ortodoxos del trotskismo y el estalinismo no comprendan la necesidad de apoyar estos procesos sociales.
El marxismo anquilosado nos lleva al obrerismo monoazulista (calco quijotesco de Marx; enfoque que, en el mundo actual, deviene irreal y que, además, pasa por alto que casi todas las revoluciones socialistas han sido campesinas) y al vanguardismo (calco no menos quijotesco de Lenin, que lleva a las organizaciones comunistas a disputarse la dirección de los movimientos, dinámica que acaba por destruirlos). Debemos, por un lado, participar en los movimientos sociales, no sólo en el movimiento obrero; y, por otro, poner nuestras organizaciones, su capacidad logística y su experiencia organizativa al servicio de las luchas, en lugar de intentar liderarlas.
Por otra parte, ceñirse a un solo autor, dividirnos por matices, puede ser una necesidad en otras circunstancias históricas; pero en una situación de extremo repliegue, de subsunción real en el capital, sólo nos lleva a la ridícula sopa de letras que describimos al inicio de este escrito, situación más propia de los Monty Python que de la realidad misma.

Conclusión

No se trata, en suma, de unirse con quien sea y para lo que sea. Se trata de identificar la verdadera brecha, que no es entre trotskistas y estalinistas, sino entre los que deciden pactar con el sistema y entre quienes deciden (quienes decidimos) romper toda colaboración con el mismo. Se trata, además, de saber identificar cuál es nuestro papel aquí y ahora, lo que supone una superación dialéctica, crítica y creativa del legado teórico de los clásicos del marxismo. Se trata, por último, de renunciar a la jerga, a todo ese caudal de terminología decimonónica que sólo consigue espantar y que jamás podrá encajar en el mundo subjetivo del ciudadano medio. Sólo así, y en el seno del movimiento obrero y de los movimientos sociales, podremos reconstruir unos hábitos de actuación política que dejen de dar la impresión de una disputa extraña, sectaria y marginal; que resulten creíbles para cualquiera, para la gente de a pie. De lo contrario, nos arriesgamos a que el comunismo se convierta en algo parecido a lo que el Macbeth de William Shakespeare afirmaba acerca de la vida: “it is a tale, told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing”.

(*) El título es nuestro