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viernes, 14 de septiembre de 2012

Una cita de R. Chandler. A propósito de Eurovegas.


De su novela 'El Largo adiós'.

En la cita el gran escritor de novela negra califica ese mundo de Las Vegas y Reno de corrupto que solo sirve para una cosa, para robar a la gente mas sencilla. 'El gran robo a gran escala -dice- empieza  por monedas de 10 (diez), de 25 (veinticinco), de 50 (cincuenta) centavos y, de cuando en cuando, billetes de 1 (un) dolar o incluso de 5 (cinco). 




Esto es lo que el gobierno del PP en Madrid, con la E. Aguirre al frente, quiere para España: el robo a gran escala.


"Aborrezco a los jugadores -dijo con voz ronca-. Tanto como a los camellos. Propician una enfermedad que corrompe tanto como la droga. ¿Piensas que esos lujosos edificios de Reno y Las Vegas sólo son sitios de diversión inocente? Ni hablar; están pensados para la gente insignificante, el pardillo que da algo sin recibir nada a cambio, el muchacho que se presenta con el sobre del sueldo y se queda sin el dinero para pagar la compra del fin de semana en el supermercado. El jugador rico pierde 40 de los grandes, se lo toma a broma y vuelve a por mas. Pero el jugador rico no es el que da dinero de verdad. El robo a gran escala empieza  por monedas de 10 (diez), de 25 (veinticinco), de 50 (cincuenta) centavos y, de cuando en cuando, billetes de 1 (un) dolar o incluso de 5 (cinco). El dinero del tinglado del juego llega como entra el agua por la cañería de tu cuarto de baño, un flujo constante que no cesa. Siempre que alguien quiere acabar con un jugador profesional, me ofrezco yo. Me gusta. Y cada vez que las autoridades de un estado aceptan dinero procedente del juego y lo llaman impuesto, esas autoridades están ayudando a perpetuar mafiosos. El barbero o la chica del salón de belleza apuestan exactamente 2 (dos) dólares. Eso va a parar al sindicato (*), eso es lo que de verdad produce beneficios. La gente quiere un cuerpo de policía que sea honrado, ¿no  es eso? ¿Para qué? En este estado tenemos hipódromos legales que funcionan todo el año. Funcionan con seriedad y el estado se lleva su parte, y por cada 1 (dolar) apostado legalmente hay 50 (cincuenta) que van a las apuestas clandestinas. Hay 8 o 9 carreras en un boleto de apuestas y en la mitad, las poco importantes en las que nadie se fija, el tongo es posible en cualquier momento en que alguien lo decida. Solo hay una manera de que un jinete gane una carrera, pero hay muchas maneras de perderla, aunque haya comisarios por toda la pista encargados de vigilar, porque no pueden hacer absolutamente nada si el jinete es un experto. Eso es juego legal, hermano, un negocio limpio  y honrado, con todas las bendiciones oficiales. ¿Está bien entonces? No, de acuerdo con mis reglas. Porque es juego y engendra jugadores, y cuando lo sumas todo solo hay una clase de juego, la mala."
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Fotos: Raymond Chandler
(*) Se entiende sindicato del crimen

viernes, 17 de febrero de 2012

José Mª Amigo: Cazando letras cobro 'Onitsha' de Le Clezio

Título: Onitsha
Autor: J.M.G. Le Clezio
Tusquets Editores
Barcelona, 2008


El libro que acabo de leer es de J.M.G. Le Clezio, Premio Nobel de 2008 al cual no había leído. Es mas, ¡qué vergüenza!, ni había oído hablar de él.

Sin embargo, un camarada de anhelos y esperanzas de allende los mares, me lo ha dado a conocer. Desde su blog 'Cazando letras' (http://letrasyespacios.blogcindario.com/) hizo una reseña de una de sus obras y me interesó.

Este camarada es siempre muy alentador en los juicios sobre mis escritos. Le pasa lo mismo que a otro amigo, también creo que de anhelos y esperanzas, natural de mi pueblo, Antonio Tejedor (http://lagartosquebrada.blogspot.com/) que, así mismo, es muy generoso con las redacciones que hago. Tienen mucho en común ambos: son profesores. Buenos pedagogos que siempre encuentran algo positivo en el alumno. 

Seguro que si se conocieran llegarían a ser amigos. Como mínimo.

El libro se titula 'Onitsha'. Onitsha es una población nigeriana. Es decir trata, en buena parte de la novela, sobre ese rincón africano. Por eso la he leído. Por eso me interesó el personaje. Por su imbricación con Africa. No por ser Premio Nobel. En modo alguno por el oropel. Es mas: me tiran para atrás todos esos galardonados. Debe ser envidia cochina.

Pero vuelvo a 'Onitsha'. Para eso tengo que embarcarme con Fintan Allen y su  madre, la italiana Maou, en un navío que parte de Burdeos y atravesando el estuario de la Gironda se adentra en el mar rumbo a Africa. Tengo que descubrir mis miedos y esperanzas. Contemplo la vida que bulle en torno del barco y dentro de él. Por mis ojos el mar se adueña de todo y se traga la tierra gala. Van apareciendo las islas Azores, las islas Canarias, Dakar (visitamos la isla Goree y nos angustiamos con los esclavos aherrojados en mazmorras hacinados en el fuerte de esta isla senegalesa), Freetown, Monrovia, Takoradi, Cotonú... Hasta que, remontando la desembocadura del río Niger, se llega a Onitsha. Allí nos recibe Geofroy Allen padre de Fintan y esposo de Maou, la italiana. Es un inglés que trabaja en la United Africa a quien el hijo, que se resiste a llamarlo padre, no conoce aun. Y su esposa ha tenido cierto trato, pero no ha convivido con él, maritalmente, mas que algunos días de vacaciones.

El África que encontramos, que se nos ofrece a la vista, no es el continente que imaginábamos, o que se ofrece al común de los mortales, con elefantes, ciervos, chacales, leones o cebras... pastando en la sabana, sino un campo sembrado de ñames y otro cultivos. La vida transcurre sin misterios entre el río, la pesca, las termitas con sus altos termiteros, el estudio en casa, las reuniones en el club; el club de los blancos, donde los hombres hablan mal de los negros y las mujeres se quejan de sus criadas negras. Y todo ello sin conocer a los habitantes de Onitsha, sin saber de sus anhelos, de sus esperanzas, solo tienen ante si el ordeno y mando. Y eso choca en la italiana Maou. Se comprende esa resistencia de ella a seguir con las costumbres de esa minoría. No ha tenido tiempo para aborregarse y tirar por tierra su sentido común, su humanidad universal. No ha sido domeñada. 

Y se enfrenta al maltrato a los negros. Una escena: se desarrolla en el club cuando unos negros, encadenados, están construyéndole una piscina a uno de los jefes blancos. 

"De pronto, Maou se levantó, y con un temblor de cólera en la voz, con el cómico acento franco-italiano que le salía en inglés, dijo:
-¡Hay que darles de comer y beber!; miren a esa pobre gente, ¡tienen hambre y sed! -Dijo 'fellow', como en pidgin.
Se hizo un silencio estupefacto durante un interminable minuto, la miraban, vueltas hacia ella, todas las caras de los invitados, y comprobó que el mismo Geoffroy la consideraba con estupor, ruborizado, con las comisuras de los labios alicaidas y los puños crispados encima de la mesa.
Gerald Simpson fue el primero en volver de su asombro, y se limitó a decir con aplomo:
-Ah si, muy cierto, supongo...
Llamó al boy y le trasmitió unas órdenes. En un instante, los guardias pusieron a los forzados fuera del alcance de la vista, detrás de la casa. . el D.O. añadió, mirando a Maou con ironía:
-Bueno, así está mejor, ¿no es cierto? Hacían un condenado ruido, ahora podremos estar todos un poco mas tranquilos."

Por esta y otras roceduras Geoffroy no vuelve a llevar a su mujer al club. Ella se vierte en otros conocimientos, como son: el de los habitantes del pueblo, los comerciantes del mercadillo, su hijo, la criada negra, la observación de la atmósfera... 

Su marido, aunque le molestó las salida de tono de su esposa, lo olvida pues su mente está ocupada en fantasiosos deseos de viajar a Egipto y Sudán en pos de las huellas de Meroe, el último reino negro del Nilo. 

(Por cierto, no es una elucubración del escritor sino que recoge las interpretaciones de numerosos historiadores que sostienen que las civilizaciones del Oeste africano proceden de la época faraónica. El senegalés Cheikh Anta Diop indagó y ahondó en este terreno. El escritor no lo cita, cosa que hace con otros africanistas: Leo Frobenius, Amaury Talbot, Nachtingal, Bart o Hasan Ibn Mohamed a-Wasan al-Fasi, mas conocido por Leon El Africano. Me informo por ahí de que J.M.G. Le Clezio -parece que es su estilo- suele engarzar con temas históricos sus relatos. Aquí se descubren tres: el Egipto Antiguo, el final del Imperio Británico y la Guerra de Biafra)

Decía que la esposa diversifica sus amistades y Fintan por su parte, como un niño cualquiera, se mete pronto en el ambiente, logrando hacerse amigo de los niños del pueblo, sobre todo de Bony. Y así, madre e hijo, poco a poco, se incorporan al entorno y llegan a quererlo. Geoffroy Allen se va separando del club y de la minoría blanca lo que concita enemistades. Los blancos presionan a la compañía para que lo echen. Y lo consiguen. Por lo que tenemos que abandonar Africa y regresar a Europa.

El libro, que tiene mucho de experiencia personal (leer biografía:  http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Marie_Gustave_Le_Cl%C3%A9zio) consta de cuatro capítulos: 1. Un largo viaje; 2. Onitsha; 3 Aro Chuku; 4. Lejos de Onitsha; y dentro de ella hay un relato de las ensoñaciones de Geoffrey, del que ya he hablado, sobre el último reino negro de Meroe, cuya páginas aparecen en columnas mas estrechas, una especia de narración dentro de la narración, técnica que se utiliza a veces y que, por ejemplo, la incorporó -que recordemos- Conrad en la famosísima novela 'El corazón de las tinieblas'. El desarrollo de la obra viene a mostrarnos el presente con ligeras incursiones al pasado que muestran al lector los puntos ignorados de la biografía de los personajes. Estas rememoraciones se colocan en la narración aprovechando cualquier acontecimiento que las suscita. Es decir: como nos viene a la memoria a cualquiera de nosotros: real como la vida misma; como me llegan a mi recuerdos de mi niñez leyendo las correrías de Fintan.

En las 254 páginas y con letra que no es pequeña se tratan varios temas: recuerdos de la infancia, opresión colonial del imperialismo, racismo,  explotación y maltrato de los negros, los inicios de la sublevación y el final del imperio. Principalmente. Los asuntos mas políticos e históricos aparecen sin apenas relieve, para mostrar que, en el día a día, los personajes no tienen conciencia de lo que representan, de las consecuencias políticas o históricas de lo que hacen; y menos de intuir la imparable desaparición imperial. Todos, menos el personaje de Sabine Rodes que posee conciencia clara de los hechos o posturas que perjudican el dominio del imperio británico sobre los paises coloniales africanos y vislumbra el final. 

A Maou le dice:

-Somos colonizadores, no bienhechores de la humanidad. ¿Se le ha ocurrido pensar lo que pasaría si los ingleses, a los que tan abiertamente desprecia, retiraran sus cañones y sus fusiles?

Al final de la novela se revela que es "oficial de la Orden del Imperio Británico". Y precisamente con estas palabras termina el libro de Le Clezio.  

viernes, 27 de enero de 2012

Davos, los ricos y la montaña de Thomas Mann

Hace pocos días, por fin, después de dos o tres intentos, fallidos, a lo largo de mi existencia, emprendí la subida. A la montaña. Hoy la he coronado. Con éxito. Y acabo de abandonarla. Me refiero a la 'Montañaa mágica' de Thomas Mann. Otros han vuelto. Allí siguen. En Davos. Se trata de la reunión de los ricos y poderosos del mundo. A los que se les ha unido China. Según dicen.

Como en la novela del alemán son ricos y enfermos. De poder, en este caso. Desde allí, desde la montaña, desde Davos, supongo, nos contemplarán a nosotros, 'los pobres comedores de manzanas' (que así nos define el poeta chileno), cual enanos u hormigas. Harán planes. Nos aplástarán. Si nos dejamos y nos dejaremos. De momento. 


Nos aplastarán y para ellos, los ricos del mundo y poderosos, no habrán mas que aplastado enanitos y hormiguitas. No a todos, claro, aplastarán de igual manera, porque sino quien trabajaría... Alguien tiene que sustentarlos. Lo saben. Por eso primero estarán asegurando su rico y suculento condumio y el potaje de sus hortelanos y cocineros. 


Mas tarde, lo que quede, si queda (siempre sobran algunas migajas) se las tiran al resto, a las masas de hambrientos, para que se rompan la crisma riñendo por las sobras. Esto es Davos. Este es su significado. Su sustancia profunda. Es decir: ricos albergados, conspirando, en la residencia de la montaña mágica de Davos.

Naturalmente, como en la novela de Mann, allí, en este instante, también hay diferencias, clases: unos pueden mas que otros. Aunque a todos les une una cosa: son explotadores.

Con el tiempo, esas diferencias, esas gradaciones, entre ricos del mundo, se agudizarán. Y si los que estamos en la 'llanura' (palabra de Thomas Mann), los de abajo, sabemos atizarlos se darán de hostias entre ellos. Como en la novela los Wiedemann y los Sonneschein. O se descerrajarán un tiro en la nuca. Como el personaje denominado Nahta, el 'terrorista' como lo define la novela.

Pero esto... no sucederá... de momento. 

O si. 

Quien sabe.

martes, 17 de mayo de 2011

Max Aub (*): Tres palabras y una sola verdadera: ¡me cago en Dios! (1)


Reconozco que hay escritores que nunca he leído a pesar de fama y elogios. Uno de ellos, Max Aub. Antes, en la época franquista, porque apenas se hablaba de él. Y luego, mas tarde, porque la llamada 'transición democrática', en buena medida llevada por los franquistas, tampoco se habló en exceso. Ahora, la colección 'Biblioteca de la República' que ha lanzado el diario 'Público', ha sacado, primero un libro que es un diario sobre un viaje que hizo a España desde Méxijo, donde estuvo exiliado y dos tomos de un ciclo de novelas dedicadas a la Guerra Civil que denominó 'El laberinto español'. Estos 2 tomos, rotulados 'Campo de sangre', me han atraido muchísimo. Es una escritura de frases cortas y cortantes, con un lenguaje en el que incluye palabras que, quizás, no sean del todo muy castellanas, pero que le dan una gracia, una chispa, que poco a poco engancha. Digo esto de que no son muy castellanas, porque hay escritores que se les nota que no han mamado ese lenguaje sino que es una segunda lengua. Algo de esto me decía el escritor Eusebio García Luengo de Camilo José Cela o de Valle Inclán. Ambos gallegos y cuyo castellano parece que a los que hemos nacido en Castilla nos raspa en un principio. Luego llegan a dominarla y ¡caray! salen unos escritos magníficos como los de Valle Inclán o estos de Max Aub. Max Aub, de origen judío, llegó a España ya siendo casi adolescente viviendo por la zona del levante español. De modo que su castellano es un poco catalán y otro poco exótico a veces. Pero llegó a amar a España, a lo español y al español que lo que escribe llena de chispazos la pupila del lector. Todo a pesar de esas palabras que nunca había oído, por ejemplo: toroso, bamboche, vedijoso, majagranzas, jaharro, dedea, aljofifa, aproches, poliorcética, mandilandines, sahorno, etc., etc., etc,. 

He escogido este diálogo del primer tomo de 'Campo de sangre' como muestra de esa chispa de que hablo:

"A Paulino Cuartero le duelen, físicamente, las extralimitaciones verbales.

-Déjate de historias.

-Si no estuviese Cuartero hubieras dicho: déjate de puñetas -comenta Rivadavia.

-Nada, hombre: los ojos forman el buen decir. En lo grosero está la sal del lenguaje. Indican vitalidad, plantación honda, raíces. Yo no sé ni francés, pero por lo que dicen en ninguna lengua hay reniegos tan bárbaros como los nuestros.

-Reniegos, sí los hay. Dicen que los húngaros, que los griegos... Lo nuestro, no es tanto el blasfemar, como el tener los divinos atributos en la boca, aun en la conversación mas insulsa -contesta Rivadavia.

-¿Es ser malhablado hablar como se habla?

-¿Si se cuelga tu vecino, te ahorcarás tú? Se blasfema por pereza -dice Cuartero.

-Es un atajo -habla Sancho.

-Calla, babión, bocón, boconero -dice Rivadavia-. Hace unas noches vino a verme Arístides. Mi soberbio, mi magnífico Arístides: 'Je sais l'espagnol', me suelta. ¡Ah!, digo yo. 'En trois jours.'

-El español en tres días o las veladas de la Granja -dice Cuartero, que ha todo saca título.

- La lengua universal. 'Los hombres -prosiguió Arístides- tienen que expresar tres clases de sentimientos: los pasados, los presentes, los futuros: la sorpresa, la duda, la esperanza, la admiración, el saludo, la despedida. En español -sigue-, estos nueve estados se traducen en tres palabras, según el orden: ¡coño!, ¡hombre!, ¡mañana! Tres palabras y una sola verdadera: ¡me cago en Dios!, que las recoge e integra'. Venía Walter con él, tuvieron una discusión, en alemán, acerca de: ¡'tu madre'!, que el germano quería incluir a toda costa en el Walhalla. Le pudo Arístides, que le demostró que 'tu madre' no tendría nunca significación de futuro.

-A esa nos ha conducido Churriguera -Dice Cuartero-. El problema está en saber cómo un novelista puede hacer hablar a sus personajes sin emplear estas expresiones clave.

-Donde los franceses dicen mierda, nosotros cojones. Diferencia esencial -hace notar Rivadavia-. Cada época tiene sus palabrotas, cada país sus blasfemias. No sé de nadie que las haya estudiado y es lástima.

-Un  idioma sin blasfemias no es lenguaje. Una palabrota bien plantada, en su sitio, en su tierra, a su tiempo, es insustituible. El reniego asienta y clava el idioma en tierra, contra los cielos. Si los españoles no pudiésemos emplear interjeciones soeces nos íbamos a ver negros. Si no, ¿para qué hacemos la guerra? Para que no se prohiba la blasfemia."

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(*) http://es.wikipedia.org/wiki/Max_Aub

(1) Título nuestro. Max Aub en 'Campo de sangre', volumen I, páginas 90, 91, y 92; edita Diario Público, Barcelona, 2011

jueves, 2 de diciembre de 2010

José Mª Amigo Zamorano: Ben Okri entre esperanza y desesperanción

De nuevo otra relectura. En este caso la novela del nigeriano Ben Okri ‘La carretera hambrienta’, editada por Espasa Calpe en 1994. Traducción de José Luis López Muñoz. La obra obtuvo el prestigioso premio de las letras británicas Booker.

¿De qué trata esta narración? De la vida de un abiku. Y más de uno preguntaréis, ¿qué es un abiku?: En las leyendas africanas los abikus son niños-espíritus que, al parirlos sus madres, no han roto por completo sus vínculos con el mundo idílico de donde se cree que proceden y ansían retornar a él. Los progenitores, por tanto, viven en una continua zozobra ante el peligro de perderlos de nuevo.

En este caso, es la lucha del niño abiku Azaro entre los cantos de sirena del mundo inmaterial y paradisíaco original y el mundo real de sus padres con sus alegrías y tristezas. Más tristezas que alegrías, más penalidades, necesidades, hambrunas, violencias, brutalidades… que regocijos. Ese combate se mantiene entre el anhelo de huir de lo que le rodea como calor insoportable, inundaciones, lluvias torrenciales, destrucción de bosques, trabajos mal remunerados, insectos picadores, cucarachas, serpientes, matonismo político, egoísmos, hedores, basuras y demás fealdades y la realidad de los sacrificios que por él realizan sus padres con su riada de fiestas, ternuras, abrazos, amor, amistad, belleza, regalos… En esa lid lo último citado puede más que esos manantiales de aguas puras, esas músicas celestiales, esos oasis donde reina eterna la primavera cubierta de perfumes, señuelos todos con que quieren obligarlo a irse de sus padres, del mundo de los vivos. Triunfa por tanto la tierra, el hombre, frente a los dioses.

La novela está narrada desde el punto de vista del niño, del abiku, quien, como tal, ve más que las personas del mundo de los vivos y se introduce en el espíritu de otros seres que, aunque se disfracen de mil formas humanas, él descubre que son de otro espacio y tiempo. Así, según bailan en el bar de Madame Koto (un personaje de la obra que comentamos) diferencia claramente a los humanos de los otros pues ve que, debajo de sus máscaras, por ejemplo de los pies, hay en realidad pezuñas de caballo o de yegua, uñas de gato, garras de tigre, ojos de víboras, patas de gallo…

A veces, esos seres tiene un poder de atracción tal que le llevan hasta el centro de sus maldades en sueños que son pesadillas horribles y de las que solo sale liberado por el recuerdo o caricia de sus padres.

La novela narra, sin duda, en muchas de esas pesadillas o sueños, leyendas africanas. Nosotros, que no somos especialistas en leyendas africanas, hemos hallado alguna de ellas que ya aparece, por ejemplo, en ‘El bebedor de vino de palma’ del también nigeriano Amos Tutuola. Por cierto, se bebe mucho más vino de palma en esta novela que en la de Tutuola.

Pero aparte del relato, y ya para terminar, el autor nos viene a dar una visión de Nigeria, de África, del mundo, como un abiku que nace y muere continuamente. Y aun doliéndose con el sufrimiento de los hombres, del Hombre con mayúscula en general, y de los más humildes en particular, tiene que dejar que la vida continúe. No le queda más remedio, si quiere reflejar la verdad de lo que ve. De todas las maneras la vida seguirá fluyendo. Y continuará así eternamente entre esperanza y desesperación, en un fatal tira y afloja. Según hemos querido desprender de su relectura. Alá, Dios o Jehová nos perdone si nuestro desprendimiento es erróneo.

 

jueves, 8 de julio de 2010

José Mª Amigo Zamorano: Sobre 'Kanikosen. El pesquero' y 'Los Hermanos de la Costa'



Frente a mi tengo las portadas de dos libros: 'Kanikosen. El pesquero' de Takiji Kobayashi y 'Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe' de Bernardo Fuster. Tienen de común denominador el color negro. El primero absolutamente negro y el segundo negro y gris. Resumiendo así los editores el contenido de los libros.
Aunque el uno es novela y el otro es un relato histórico, ambos  tienen algunas semejanzas: el mar, el robo, la esclavitud, la rebeldía... Los autores no tiene, personalmente, nada en común: ni son coetáneos, ni de la misma tierra, ni hablan la misma lengua, ni... destino vital parecido o semejante: el uno fue asesinado por la policía del Imperio del Sol Naciente y el otro... vive y come, suponemos que felizmente, por los madriles. Tal vez si se hubieran conocido... No sé. El caso es que... los tengo aquí. Y los he leído.
'Vamos hacia el infierno', comienza diciendo el primero. Y el otro viene a decir que camina hacia el paraiso.
El que se apresta a ir al averno y el que se dirige al edén tienen ambos su ración de desdichas y placeres porque todo no es uniforme en la vida. Ella tiene sus altibajos.
Me explicaré: 'Kanikosen. El pesquero'  trata de la tripulación de un barco que faena en busca de cangrejos. Allí se han enrolado, atraidos por grilletes de ilusión, alegres y esperanzados porque se ven caminando hacia un edén, mineros, campesinos, estudiantes, huyendo de bajos salarios, labores ruinosas del campo, vida miserable en tierra... para terminar aherrojados en el mar por jornadas agotadoras e interminables, frío, escasez de comida y bebida... en las faenas de esa pesca. Ya han entrado en el infierno. 
Tan infernal es su vida que hasta los marcan con hierro candente si no rinden lo que los patronos quieren. Y tanto los exprimen, los explotan, y los desprecian, y los maltratan... y tanto les cubre la mierda o les comen los piojos, tanto les pisan los cojones... que se rebelan como un solo hombre. Fin. 
Se dice pronto: fin; pero el calvario se ha notado, se ha sentido, se ha olido; lo mismo que su disgusto, su desesperación, su angustia...; en la portada, abajo, se le compara a esta novela con 'Las uvas de la Ira'; se me ocurre que si aquella de Steinbeck era 'uvas de la ira' esta de Tobayashi es 'cangrejos del odio' puestos a punto para clavar sus pinzas en el sistema capitalista e imperialista japonés. 
La suerte perra de los trabajadores, transformados en esclavos, se va metiendo en el lector; esclavos, digo, porque en poco se diferencian, estos trabajadores japoneses que aparecen en la novela, de los esclavos africanos que conducían los negreros en el Pasaje Medio hacia América. 
Del otro libro, 'Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe', se puede decir que describe un movimiento similar; movimiento histórico por el que hace que surjan los piratas del Caribe: la huida de la opresión de las monarquías, de la férula de la iglesia católica, de las hogueras inquisitoriales... de modo que una serie de individuos de distintas procedencias, de variadas religiones o de pensamientos dispares, converjan, rebeldes, en la isla de la Tortuga y alrededores, donde van formando una comunidad sin dios, sin patria y sin rey. Lema de rabiosa actualidad en medio de meapilas de distintas civilizaciones. 
Al decir del autor, es la primera experiencia libertaria del mundo; que duraría unos 60 años del siglo XVII. El libro es el relato de los orígenes y desarrollo de estos primeros 'anarquistas' hasta su desaparición. Si bien el entusiasmo del autor por esa forma de vida es innegable lo que le aporta su punto positivo y negativo para algunos: el sentimiento y la subjetividad; subjetividad que José Bergamín elogiaba diciendo aquelllo de que no somos objetos sino sujetos.
La obra acaba con poemas sobre piratas de poetas románticos muy conocidos como Lord Byron, Espronceda o Victor Hugo y letra de algunas canciones de piratas. Por cierto, el libro viene acompañado de un disco (CD) con canciones.
Físicamente, los párrafos del libro están separados desigualmente, sin uniformidad, ya que es mas ancha en unos que en otros. La única explicación a esto (se me ocurre) es que el autor haya escrito todo el 'libelo' (así lo llama) a golpes, como si fueran apuntes o reflexiones a lo largo de su indagador interés por la piratería y que los dejara así, como independientes, para un posible engarce más concienzudo en un tiempo posterior. Todo puede ser. 
Me he acercado a él, al libro, para saber qué influencia pudieron tener los negros cimarrones en esa colectividad 'ácrata'. Me he quedado con las ganas porque de eso apenas trata. Solo alguna frase que otra. No obstante lo comprendo: es un estudio inicial, primeras pinceladas, quizás pionero en el tema, y solo traza, a grandes rasgos, el devenir histórico. 
Sobre los autores: 
1º. Takiji Kobayashi escribió esta novela allá por 1930 y el Imperio Japonés lo premió asesinándolo tras horribles torturas. Antes lo habían expulsado del banco donde trabajaba, por su labor en pro de los trabajadores. Fue detenido varias veces por su lucha sindical. Era comunista. Y con eso bastaba para la monarquía japonesa. 
2º. Bernado Fuster, que ha escrito este relato histórico, es músico; autor de  canciones como la famosa 'La puerta de Alcalá' y otras de éxito; fundador de Suburbano, vive y come en la España actual, monárquica heredera del franquismo, aunque no sabemos que hubiera hecho la dictadura franquista, con él, de haberlo apresado cuando militaba en el FRAP y componía canciones antifascistas. Pero no fue así. Mejor para él.
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Ficha de los libros comentados:
Título: Kanikosen. El Pesquero
Autor: Takiji Kobayashi
Editorial: Ático de los libros
Primera edición: marzo de 2010
Número de páginas: 146
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Título: Los Hermanos de la Costa. Piratería libertaria en el Caribe
Autor. Bernardo Fuster
Editorial: El Garaje Ediciones SL
Primera edición: enero de 2009
Número de páginas: 259

viernes, 11 de junio de 2010

'Kanikosen. El Pesquero' o ya no hay trabajos fijos en Japón (*)

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lunes 7 de junio de 2010: Kanikosen. El Pesquero - Takiji Kobayashi

"Kanikosen ha conseguido ser cuarenta años después de su publicación original un bestseller en su país de origen. Algo que va más allá de la anécdota puesto que su contenido y lo acontecido a su autor poco tiempo después de editarlo sólo ha podido ser juzgado con la perspectiva de las décadas transcurridas. De hecho a Kobayashi le costó la vida escribir esta novela como muestra de la persecución anticomunista emprendida por el gobierno nipón quien focalizó en el escritor y sus compañeros de ideología los males del país. Kanikosen fue uno de los detonantes de esa persecución que era vista como un acto de traición al imperio. 

Kobayashi logra grano a grano transformar las artes y oficios de un barco factoría de pesca de altura partiendo de una descripción fría y documental hasta convertirlo en un gulag o un campo de concentración sobre el mar al final.

Por acumulación vamos conociendo a los tiranos encarnados en el patrón, el capitán y la fragata de escolta. En el capitán confluyen todos los males y horrores que un ser abyecto pueda cometer tanto dentro como fuera del barco. Lentamente el infierno hacia el que indica la primera frase que viajan se convertirá en realidad sobre la nave. Hambre, enfermedades, robos, torturas, violaciones serán el día a día de aquellos que preferirán morir a seguir vivos.

El germen comunista de la rebelión suscitado por el contacto con los rusos les espoleará hasta encontrar la ocasión de hacerlo. Sin embargo las consecuencias que el lector deberá descubrir por sí mismo no serán en un principio ideales.

Influido por el realismo socialista y muy cercano a Gorki, Kobayashi escribe esta crónica denuncia que no dejará indiferente al lector sino que le golpeará en su corazón como un martillo inmenso y le conmoverá hasta un grado sumo. Seguramente ese sea el atractivo de Kanikosen para los pudientes jóvenes japoneses de hoy día.

Ático de los libros edita este primer libro suyo sabiendo que ha escogido la mejor manera de comenzar en el mundo editorial que es atizando nuestras conciencias y haciéndonos reflexionar tanto sobre nuestras vidas como sobre el compromiso social que todavía mantienen los escritores."


SINOPSIS

Vamos hacia el infierno”: esta lúcida frase es el punto de arranque de una pesadilla real. Kanikosen es la crónica de la brutalidad del capital contra los trabajadores, o de la angustiosa travesía de un buque factoría en las gélidas aguas de Kamchatka.

Los obreros y pescadores viven y trabajan como autómatas y en peores condiciones que si fueran animales. Sin descanso, faenan en las peligrosas aguas de Kamchatka, enlatando los cangrejos para empresarios que viven cómodamente a millas de ahí. La tripulación no tiene identidad: los hombres no son más que cuerpos sin nombre ni dignidad, obligados a rendir hasta la extenuación, vejados y presionados para conseguir la producción deseada, y el enriquecimiento de unos pocos. Sin apenas dormir, maltratados sistemáticamente y torturados con crueldad despiadada, aún enfermos, los pescadores malviven como fantasmas. Paulatinamente y casi sin darse cuenta, la injusticia de su situación, el descontento y la puesta en común de sus terribles experiencias (que son las mismas en toda la clase proletaria de Japón) les conducirán a una sorda revolución.

El poder tiránico del patrón del buque, escoltado por un destructor de la armada japonesa, comienza a ser cuestionado. En ese momento, un grupo de pescadores que ha naufragado entra en contacto con unos marineros rusos. Con ellos descubren que otro mundo debe ser posible, gracias a la reivindicación de sus derechos como trabajadores. De vuelta al barco, los pescadores han hecho suyo el espíritu de protesta que hasta ahora la autoridad había sofocado.

Pronto, la unión de los hombres hará que las cosas empiecen a cambiar.
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(*) El título es nuestro
Ficha del Libro:
Título: Kanikosen. El Pesquero
Autor:Takiji Kobayashi
Editorial: Ático de los libros
Traducción de Jordi Juste y Shizuko Ono
Páginas 152
Precio 15€ 

viernes, 20 de noviembre de 2009

Iswe Letu: Okonkwo, arquetipo de una época

Iswe Letu: Okonkwo, un arquetipo de una época


Para comentar la novela del nigeriano Chinua Achebe, rotulada 'Things fall apart' (Todo se derrumba) de 1958 y editada por Ediciones Alfaguara en 1986, hoy, que estamos a finales de noviembre del 2009, día soleado y con una temperatura tan cálida que es impropia de estas fechas tan avanzadas del otoño, es quizás un momento muy conveniente.
Lo decimos porque si el cambio climático, del que tanto se comenta, se confirmara, el sistema de vida que llevamos se derrumbaría y muy probablemente la búsqueda de agua sería una ocupación cotidiana y angustiosa; los conflictos por la tenencia de manantiales ocuparían las primeras planas de los diarios; y los debates en los medios de comunión de masas y en el parlamento de la España monárquica, heredera de una dictadura fascista, se llevarían una parte importante del tiempo, siendo los representantes políticos de los aguatenientes los que llevarían la voz cantante.
Ante ese hipotético derrumbe en esta parte del mundo, los hados no lo quieran, los seres humanos se verían concernidos a tomar posturas ante los nuevos retos que esta situación les enfrentaría y no todos acertarían en el remedio.
En 'Todo se derrumba' el cambio de clima es político ante la invasión de los colonialistas. A veces, muchas veces, esa invasión es incruenta al principio y se nota sólo en la presencia de la vanguardia de esos imperialistas: las religiones foráneas cristianas. Su labor encuentra resistencias, en ocasiones difíciles de salvar; en otras halla terreno abonado por las injusticias que se dan en el lugar donde penetran. Cuando descubren estas organizaciones reaccionarias un terreno propicio lo cultivan con esmero, lo miman. Porque las iglesias, como toda organización humana, explora el terreno antes para averiguar los fallos, las grietas, el punto débil del lugar, atacando por consiguiente por ese flanco. Si no lo encuentran, se retiran.
Al principio su táctica es de mansedumbre, cual mosquitas muertas se muestran, como... si estuvieran sin estar. Luego, ya establecidas, se vuelven intolerantes, injuriosas, dictatoriales.
Así, en esta novela, de una manera casi impercetible (de ahí la maestría del autor) le van segando la hierba a las creencias paganas de las aldeas de Nigeria. Y más tarde, cuando ciertos habitantes quieren rebelarse contra imposiciones e injusticias el clan ya no responde como un solo hombre. ¿Por qué? Pues porque hay individuos que se han pasado al invasor con armas y bagajes. Y si, es cierto, son aun mayoría. Todavía. Incluso se levantan y luchan, pero se dan cuenta, enseguida, sufriéndolo en propias carnes, que la tal religión mansa, tierna, comprensiva... de la que se rieron al principio consintiendo, como lo consintieron, que edificara sus casas no dándole importancia, tiene detrás sus cancerberos que guardan sus espaldas: tropas, leyes, jueces... que reprimen, apalean, juzgan y encarcelan. O, simplemente, los ahorcan sin mas. O incluso entran en una aldea y matan a todos los habitantes en represalia por algo. Son así de brutales los invasores.
Estos hechos enfurecen a los ancestros, que se agitan alarmados en las tumbas. Los dioses de las aldeas están intranquilos y los dioses personales, con la rabia en su ser, no dejan dormir tranquilos a los hombres. Los incitan. Los azuzan...
Hay que plantar cara al invasor. Se exige una respuesta contundente que... solo el personaje la lleva a cabo. Se encuentra aislado. Ni los amigos lo siguen. Y menos el clan, claro. Todo se le ha derrumbado. Ya no tiene nada que hacer en este mundo.
El autor, con una visión autóctona de Nigeria y no con el sello unilateral del intelectual colonialista, se da cuenta de que la acción del invasor inglés, su política, su ideología, sus religiones, han hecho mella, desgraciadamente, en una parte de la sociedad africana, concretamente en Nigeria (*), e influye, no cabe duda, en los comportamientos de las gentes. Ya no es el clan todo. Han calado esa creencias foráneas.
Sin embargo, aquí, de lo que se trata, sobre todo, es de resaltar la impotencia de la sociedad, representada en el personaje principal, Okonkwo, ante este cúmulo de situaciones nuevas, ante estas cataratas de injusticias que comete el invasor. De modo que, como decíamos más arriba, es un inútil ante ese estado de cosas.
Si decimos que es una pequeña obra maestra, es como si no dijéramos nada. Pero, efectivamente, en pocas páginas (no llega a 200) retrata a todo un personaje con su radical machismo propio de una sociedad rural, elevándolo a arquetipo de una época, analiza las creencias paganas y las compara con las del invasor, sin que salgan muy bien paradas ambas.
Para captar todos sus matices habría que leerla. Hagan ustedes lo que quieran.
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(*) El padre de Wole Soyinka, Premio Nobel de Literatura de Nigeria, por ejemplo, era pastor protestante

miércoles, 12 de agosto de 2009

Buchi Emecheta: Kehinde

Título: Kehinde
Autora: Buchi Emecheta
Editorial: Ediciones del Bronce

(Ahora ha sido reeditada por la editorial Belacqua)

Pensando en el final de Kehinde nos acordamos de un poema muy muy cortito del poeta vasco Karmelo Iribarren: 'Llegar al fin / hasta la puerta / de tu casa, / entrar, / echar todas las cerraduras, / y, como quien saborea / el sabor de la venganza, / decirlo: "ahí / os quedáis, / hijosdeputa". Una respuesta sin duda hacia las hijoputeces del mundo.
Así Kehinde, la protagonista de esta novela, quien tras casi 20 años de estancia en Londres tiene que volver a Lagos (Nigeria), de donde es oriunda, pues su marido, también nigeriano, regresó antes que ella y apenas le dice nada de lo que hace allí.

Lo que encuentra en su tierra natal es una situación que, siendo normal, a ella le resulta ya difícil de aguantar. Empezando por el insoportable olor de las basuras. Y siguiendo porque su esposo se ha hecho polígamo, tiene un nuevo hijo y va del segundo con una nueva mujer. Esto último la enfurece, acordándose de que él, precisamente, la empujó a abortar en la capital inglesa cuando quedó preñada del tercer hijo. Y ahora lleva camino de dos...
Su pareja se le vuelve un desconocido.
Para más inri la marginan, la desprecian, tanto que hasta es menospreciada por la sirvienta; para agravar más su situación... se aburre de no hacer nada y para colmo de males no encuentra trabajo en Lagos.

De modo que se ve abocada a volver a la ciudad del Támesis. Afortunadamente tiene su casa que no vendió. Allí rehace su vida. Estudia sociología. Y, cuando uno de sus dos hijos viene de Lagos a visitarla, la sorprende jodiendo con uno de los inquilinos. Se lo reprocha diciéndole a su madre que debe echar a ese novio de casa. Le contesta al hijo que en su morada está quien ella quiere, que su padre tiene una nueva mujer y el hijo no le ha dicho nada. El vástago, su vástago, le echa en cara que no se acuerde de su marido que está allí, en Lagos, sin trabajo; él, si él, su padre, que lo ha enviado para que se haga cargo de la casa, la ponga a su nombre, estudie y defienda a su madre.
Kehinde mira a su hijo, alaba su intención de defenderla, añadiéndole, sin embargo, que ella sabe defenderse sola; en cuanto a la casa... ¡ah la casa!... es suya, ella paga la hipoteca y, algún día, quizás, sea de su hijo.
Este se marcha enfadado, mientras ella bebe te con fruicción y sonríe como diciendo para su coleto: 'ahí os quedáís olores nauseabundos, poligamias, desprecios, corrupción, machismo...'
Y es que, con 40 años, en Nigeria, sería una vieja; en Inglaterra tiene, aun, mucha vida por delante.

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Como se ve, en el choque de culturas triunfa la europea en ella, en él la africana. La novela trata de más cuestiones, pero ésta es la principal. Creemos que está un poco escorada hacia lo politicamente correcto: marginación de la mujer en Africa y una Europa engalanada con todo un rosario de derechos.
¡Ojo! No queremos decir que no sea cierto, pero también lo es que, Nigeria, es muy grande y ¡no digamos Africa!
No se entienda que negamos una realidad. En el caso de la escritora se da esa realidad. Es difícil no ver que la propia escritora, Buchi Emecheta, estudió sociología como la protagonista de la novela, que tuvo 5 o 6 hijos a los que cuidar y mantener. Y abandonada o separada del marido. Lo que intentamos expresar -otra cosa es que lo logremos- que el desarrollo de la trama nos ha parecido demasiado líneal la toma de conciencia de ella como individuo singular que debe caminar con paso propio. Parece, como diría un médico de una operación fácil, de libro.

En el relato, eso si, intercala asuntos interesantes, como, por ejemplo, las creencias arraigadas en torno a los gemelos; o acerca de dioses particulares o cri; o la visión, ciertamente enriquecedora para los que hemos vivido en un marco judeo cristiano, de padres y madres que no es necesario que sean dos, sino que ese rol puede llevarlo a cabo toda una comunidad, con lo que el protagonismo de los engendradores pierde fuelle.
Ante todo ello emerge el esquema de mujer occidentalizada.
Habría que ver en qué zonas la mujer está inferiorizada y sumisa, porque Nigeria, ya lo hemos dicho, es enorme.
Muchas veces depende de la religión. Suponemos que aquí, en este caso, la influencia de la religión es determinante tanto si es cristiana como musulmana.

Más cosas: la parte del aborto en el relato, es casi un grito contra el aborto; la liberación de la mujer es, cómo decirlo, la libertad de una mujer, no una cuestión social; el divorcio no es un derecho de dos, sino la obligada separación impulsada por uno: el marido, el hombre.

Por último decir que de todo lo que trata lo hace muy comedidamente. Incluso el sexo. Que, nos atrevemos a decir, nunca, jamás, es comedido. Y si muy bestial. En todas las razas. Ya lo dice el refrán (brutal, por cierto): 'cuando las ganas de joder aprieta, ni a los vivos, ni a las muertos, se respeta'.

En fin, merece que esta obra la lean, sobre todo, mujeres, pues mujer es la escritora y mujer la protagonista. Y tal vez saquen otra visión que la nuestra. De machos.

A pesar de todo, a pesar de alguna parte inverosímil (como la del jeque árabe y la limpiadora) nos ha gustado. Y más: nos ha enseñado.

jueves, 25 de junio de 2009

'El nicho de la vergüenza' de Kadaré

Cuando leímos hace años 'El nicho de la vergüenza' de Ismail Kadaré -escritor albanés que ahora ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de Las Letras- copiamos el siguiente párrafo no sabemos el por qué:


"Fue tras la visita a su palacio de un poeta George Byron (*), cuando le habló por primera vez de la inmortalidad. Ese fue el primero y único hombre con el que ella lo traicionó. No obstante fue una traición informe, sin ojos, palabras, ni carne. Era como un crepúsculo de luna. Él era hermoso y cojeaba y tenía casi su misma edad. Era bajá en su país (allí a los bajás los llaman lores) y escribía versos como Haxhi Serret. Permaneció dos días en el castillo de Topelana y al tercero, al anochecer, partió por el camino que conduce a Grecia".







Enhorabuena a Ismail Kadaré del que también hemos leído 'El general del ejército muerto', 'El gran invierno', publicadas por VOSA (editorial ya desaparecida) y 'Los tambores de la lluvia' que quizás fue la primera novela traducida al español aunque no recordamos ahora la editorial, aunque nos viene al cerebro la editorial Destino. Quizás.


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(*) Alude al poeta romántico inglés Lord Byron, quien en su lucha por la libertad de Grecia visitó Albania.

domingo, 28 de enero de 2007

Pramoedya Ananta Toer: De Putas y de Pintores (*)


"--Te acuerdas de Maiko, la prostituta japonesa.

--Por supuesto, Jean. Aquella pequeña y frágil mujer.

--Servía a la gente nada más que para ganarse la vida. Yo no soy diferente a Maiko. Me avergüenzo.

--La comparación es extrema.

--Piénsalo.: a mi me pagan por complacer (pintando) a la gente que no tiene relación espiritual o emocional conmigo. En arte, eso se llama prostitución. Tu eres afortunado por escribir lo que sientes. Yo no puedo (hacerlo pintando)."


(cita de la novela de Pramoedya Ananta Toer, 'Hijo de Todos los Pueblos', página 68. Editorial Txalaparrta. Tafalla, marzo 1996)

(*) El título se lo hemos añadido