Mostrando entradas con la etiqueta Colonialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colonialismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de febrero de 2012

José Mª Amigo: Cazando letras cobro 'Onitsha' de Le Clezio

Título: Onitsha
Autor: J.M.G. Le Clezio
Tusquets Editores
Barcelona, 2008


El libro que acabo de leer es de J.M.G. Le Clezio, Premio Nobel de 2008 al cual no había leído. Es mas, ¡qué vergüenza!, ni había oído hablar de él.

Sin embargo, un camarada de anhelos y esperanzas de allende los mares, me lo ha dado a conocer. Desde su blog 'Cazando letras' (http://letrasyespacios.blogcindario.com/) hizo una reseña de una de sus obras y me interesó.

Este camarada es siempre muy alentador en los juicios sobre mis escritos. Le pasa lo mismo que a otro amigo, también creo que de anhelos y esperanzas, natural de mi pueblo, Antonio Tejedor (http://lagartosquebrada.blogspot.com/) que, así mismo, es muy generoso con las redacciones que hago. Tienen mucho en común ambos: son profesores. Buenos pedagogos que siempre encuentran algo positivo en el alumno. 

Seguro que si se conocieran llegarían a ser amigos. Como mínimo.

El libro se titula 'Onitsha'. Onitsha es una población nigeriana. Es decir trata, en buena parte de la novela, sobre ese rincón africano. Por eso la he leído. Por eso me interesó el personaje. Por su imbricación con Africa. No por ser Premio Nobel. En modo alguno por el oropel. Es mas: me tiran para atrás todos esos galardonados. Debe ser envidia cochina.

Pero vuelvo a 'Onitsha'. Para eso tengo que embarcarme con Fintan Allen y su  madre, la italiana Maou, en un navío que parte de Burdeos y atravesando el estuario de la Gironda se adentra en el mar rumbo a Africa. Tengo que descubrir mis miedos y esperanzas. Contemplo la vida que bulle en torno del barco y dentro de él. Por mis ojos el mar se adueña de todo y se traga la tierra gala. Van apareciendo las islas Azores, las islas Canarias, Dakar (visitamos la isla Goree y nos angustiamos con los esclavos aherrojados en mazmorras hacinados en el fuerte de esta isla senegalesa), Freetown, Monrovia, Takoradi, Cotonú... Hasta que, remontando la desembocadura del río Niger, se llega a Onitsha. Allí nos recibe Geofroy Allen padre de Fintan y esposo de Maou, la italiana. Es un inglés que trabaja en la United Africa a quien el hijo, que se resiste a llamarlo padre, no conoce aun. Y su esposa ha tenido cierto trato, pero no ha convivido con él, maritalmente, mas que algunos días de vacaciones.

El África que encontramos, que se nos ofrece a la vista, no es el continente que imaginábamos, o que se ofrece al común de los mortales, con elefantes, ciervos, chacales, leones o cebras... pastando en la sabana, sino un campo sembrado de ñames y otro cultivos. La vida transcurre sin misterios entre el río, la pesca, las termitas con sus altos termiteros, el estudio en casa, las reuniones en el club; el club de los blancos, donde los hombres hablan mal de los negros y las mujeres se quejan de sus criadas negras. Y todo ello sin conocer a los habitantes de Onitsha, sin saber de sus anhelos, de sus esperanzas, solo tienen ante si el ordeno y mando. Y eso choca en la italiana Maou. Se comprende esa resistencia de ella a seguir con las costumbres de esa minoría. No ha tenido tiempo para aborregarse y tirar por tierra su sentido común, su humanidad universal. No ha sido domeñada. 

Y se enfrenta al maltrato a los negros. Una escena: se desarrolla en el club cuando unos negros, encadenados, están construyéndole una piscina a uno de los jefes blancos. 

"De pronto, Maou se levantó, y con un temblor de cólera en la voz, con el cómico acento franco-italiano que le salía en inglés, dijo:
-¡Hay que darles de comer y beber!; miren a esa pobre gente, ¡tienen hambre y sed! -Dijo 'fellow', como en pidgin.
Se hizo un silencio estupefacto durante un interminable minuto, la miraban, vueltas hacia ella, todas las caras de los invitados, y comprobó que el mismo Geoffroy la consideraba con estupor, ruborizado, con las comisuras de los labios alicaidas y los puños crispados encima de la mesa.
Gerald Simpson fue el primero en volver de su asombro, y se limitó a decir con aplomo:
-Ah si, muy cierto, supongo...
Llamó al boy y le trasmitió unas órdenes. En un instante, los guardias pusieron a los forzados fuera del alcance de la vista, detrás de la casa. . el D.O. añadió, mirando a Maou con ironía:
-Bueno, así está mejor, ¿no es cierto? Hacían un condenado ruido, ahora podremos estar todos un poco mas tranquilos."

Por esta y otras roceduras Geoffroy no vuelve a llevar a su mujer al club. Ella se vierte en otros conocimientos, como son: el de los habitantes del pueblo, los comerciantes del mercadillo, su hijo, la criada negra, la observación de la atmósfera... 

Su marido, aunque le molestó las salida de tono de su esposa, lo olvida pues su mente está ocupada en fantasiosos deseos de viajar a Egipto y Sudán en pos de las huellas de Meroe, el último reino negro del Nilo. 

(Por cierto, no es una elucubración del escritor sino que recoge las interpretaciones de numerosos historiadores que sostienen que las civilizaciones del Oeste africano proceden de la época faraónica. El senegalés Cheikh Anta Diop indagó y ahondó en este terreno. El escritor no lo cita, cosa que hace con otros africanistas: Leo Frobenius, Amaury Talbot, Nachtingal, Bart o Hasan Ibn Mohamed a-Wasan al-Fasi, mas conocido por Leon El Africano. Me informo por ahí de que J.M.G. Le Clezio -parece que es su estilo- suele engarzar con temas históricos sus relatos. Aquí se descubren tres: el Egipto Antiguo, el final del Imperio Británico y la Guerra de Biafra)

Decía que la esposa diversifica sus amistades y Fintan por su parte, como un niño cualquiera, se mete pronto en el ambiente, logrando hacerse amigo de los niños del pueblo, sobre todo de Bony. Y así, madre e hijo, poco a poco, se incorporan al entorno y llegan a quererlo. Geoffroy Allen se va separando del club y de la minoría blanca lo que concita enemistades. Los blancos presionan a la compañía para que lo echen. Y lo consiguen. Por lo que tenemos que abandonar Africa y regresar a Europa.

El libro, que tiene mucho de experiencia personal (leer biografía:  http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Marie_Gustave_Le_Cl%C3%A9zio) consta de cuatro capítulos: 1. Un largo viaje; 2. Onitsha; 3 Aro Chuku; 4. Lejos de Onitsha; y dentro de ella hay un relato de las ensoñaciones de Geoffrey, del que ya he hablado, sobre el último reino negro de Meroe, cuya páginas aparecen en columnas mas estrechas, una especia de narración dentro de la narración, técnica que se utiliza a veces y que, por ejemplo, la incorporó -que recordemos- Conrad en la famosísima novela 'El corazón de las tinieblas'. El desarrollo de la obra viene a mostrarnos el presente con ligeras incursiones al pasado que muestran al lector los puntos ignorados de la biografía de los personajes. Estas rememoraciones se colocan en la narración aprovechando cualquier acontecimiento que las suscita. Es decir: como nos viene a la memoria a cualquiera de nosotros: real como la vida misma; como me llegan a mi recuerdos de mi niñez leyendo las correrías de Fintan.

En las 254 páginas y con letra que no es pequeña se tratan varios temas: recuerdos de la infancia, opresión colonial del imperialismo, racismo,  explotación y maltrato de los negros, los inicios de la sublevación y el final del imperio. Principalmente. Los asuntos mas políticos e históricos aparecen sin apenas relieve, para mostrar que, en el día a día, los personajes no tienen conciencia de lo que representan, de las consecuencias políticas o históricas de lo que hacen; y menos de intuir la imparable desaparición imperial. Todos, menos el personaje de Sabine Rodes que posee conciencia clara de los hechos o posturas que perjudican el dominio del imperio británico sobre los paises coloniales africanos y vislumbra el final. 

A Maou le dice:

-Somos colonizadores, no bienhechores de la humanidad. ¿Se le ha ocurrido pensar lo que pasaría si los ingleses, a los que tan abiertamente desprecia, retiraran sus cañones y sus fusiles?

Al final de la novela se revela que es "oficial de la Orden del Imperio Británico". Y precisamente con estas palabras termina el libro de Le Clezio.  

martes, 13 de diciembre de 2011

SONIA DAYAN-HERZBRURN: La visión emancipadora de Frantz Fanon


OPINIÓN

SONIA DAYAN-HERZBRURN (Profesora Emérita de la Universidad Paris Diderot-Paris 707/12/2011)


Este 6 de diciembre se cumplieron 50 años de la muerte de Frantz Fanon, psiquiatra, filósofo y escritor nacido en 1925 en Martinica (Francia) y gran inspirador de numerosos movimientos de liberación anticolonial. Desde GuinGuinBali queremos contribuir con un pequeño homenaje con este texto de la profesora Sonia Dayan-Herzbrurn y rescatando algunos textos de nuestro colaborador Juan Montero referidos a Fanon.

En el mundo entero, son numerosos los países que en este año 2011 conmemoran el cincuentenario de la desaparición física de Frantz Fanon. Nacido en Martinica en 1925, Frantz Fanon se encontraba en Argelia durante la guerra de independencia de ese país. Estando allí, en el ejercicio de su profesión como siquiatra, decidió unirse al Frente Argelino de Liberación Nacional. Ya había publicado su primer libro, Peau noire, masques blancs, que lo identificaba como pensador y escritor de alto nivel. Nacido en el Caribe y después de concluir su misión en África como embajador itinerante del gobierno provisional de la República Argelina, eligió Cuba para proseguir su carrera. La enfermedad que lo llevaría a la muerte se lo impidió. Ese deseo manifiesto marcó, no obstante, sus lazos con Cuba.

La vida y obra de Fanon son de especial actualidad en este momento en que las revoluciones en curso en el mundo árabe hacen renacer las esperanzas de emancipación que fueron las suyas. Para él, esta emancipación debía ser la de toda la humanidad, como lo escribiera con algunos años de intervalo, en las conclusiones de sus dos libros mayores, Peau noire, masques blancs y Les damnés de la terre. El conocimiento y el compromiso están estrechamente unidos: «Qu’il me soit permis de découvrir et de vouloir l’homme, où qu’il se trouve» («Que se me permita descubrir al hombre y sólo creer en él, dondequiera que se encuentre»), escribió en las páginas finales de Peau noire, masques blancs. Así, al releer a Fanon, es posible renovar el pensamiento y la práctica del humanismo, ratificando solidaridades múltiples entre pueblos y diferentes culturas, y, como él nos invita aquí, ir pensando este humanismo, no ya a partir de un único centro occidental, macho y blanco, sino a partir de una diversidad de sujetos, todos igualmente dignos y plenamente humanos.

La trayectoria misma de Fanon, tan corta como fue su vida, desarrollada entre varios continentes -las Américas, Europa, África-, varias disciplinas (la medicina, la filosofía, la antropología, la literatura), y diversas vocaciones (medicina, intelectualidad, militancia política), muestra claramente cuánta energía ponía en hacer caer las máscaras y atravesar todas las fronteras aquel que decía, como lo cuenta Simone de Beauvoir en sus Mémoires (“Memorias”), «je déteste les gens qui s’économisent» (“detesto a la gente que escatima sus esfuerzos”). Fanon utiliza todo lo adquirido a través de su experiencia y su cultura para facilitar la comprensión del mundo que nos rodea, y para permitir a mujeres y hombres ejercer toda su influencia sobre él. De la misma forma, se servía de Freud, Hegel o Lacan, para analizar, por ejemplo, el sufrimiento del antillano o de la antillana que, como él, se descubría «negro», y que en Francia experimentaba el racismo. Al mismo tiempo, no se encierra en ningún dogmatismo donde con frecuencia quisieron relegarlo.

Fanon escribe, por lo tanto, como hombre de color, contra toda referencia al color o a la raza; como descendiente de esclavo que se niega a ser «prisonnier de l’Histoire» (Peau noire masques blancs) (“prisionero de la Historia”) al militar en un movimiento de liberación nacional; contra todo enclaustramiento o limitación nacionalista en que se perderían los valores universales. Pero lo universal, tal como él lo concibe, no tiene ya como centro y origen a Europa. La descolonización hacia la cual él llama no es solamente la de los pueblos, sino también la del conocimiento y la cultura. Es por eso que el pensamiento de Fanon es totalmente emancipador y nos concierne a todos más que nunca.

Traducción del francés. Sra. Emilia Capote, Embajada de Francia en Cuba.

domingo, 12 de junio de 2011

Aimé Cesaire: Recordando el asesinato del general Maurepas (*)


En la marcha del pueblo haitiano hacia su liberación, hacia su independencia, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, hubo un momento de peligro cuando el Consulado con Napoleón a la cabeza quiso volver a poner a los negros en la esclavitud. Para ello envió un ejército de 20.000 hombres al mando de su cuñado Leclerc. Aimé Césaire, en su obra 'Toussaint Louverture. La Revolución Francesa y el problema colonial',  recuerda a uno de los generales de Louverture, el general Maurepas. Dice así:

"El 12 mesidor, Leclerc, obligado a rendirse ante la evidencia ordenaba el estado de sitio en la colonia. Pero entonces se abatieron sobre él otros infortunios en cascada: las defecciones de generales indígenas. Una acción particularmente bárbara de las tropas francesas, que indignó las conciencias, dio el ejemplo al movimiento. El general Maurepas había sostenido con éxito el asalto de los franceses en las Trois-Rivières. Aliado a los franceses no le perdonaron este hecho de armas. Leclerc le escribió a Port-de Paix, donde se había retirado, y lo comprometió a venir al Cap cuyo mando le prometía. De hecho Maurepas, como Toussaint Louverture, debía de caer en la trampa.

Una vez a bordo del barco que lo debía de llevar al Cap, se apoderaron de él. Los marineros lo amarran al palo mayor, le clavan sus charreteras en los hombros y el sombrero en la cabeza; después, ante su vista, lanzan al mar a su mujer y a sus hijos. Y solo cuando cuando sus verdugos se sacian con este suplicio, echan al agua al infortunado general Maurepas.

Este ejemplo acabó de obrar sobre los oficiales negros y mulatos.

Uno tras otro entraron en la clandestinidad.

Dio el ejemplo el mulato Clervaux que ocupaba el Haut du Cap, con el jefe de brigada Pétion. Después fue Christophe y Paul Louverture. 

Leclerc se consolaba conservando a Dessalines, pero poco tiempo después, éste, con la mayor tranquilidad del mundo, y después de una verdadera conferencia de estado mayor con Pétion, se unió a las filas de los rebeldes.

En adelante, todos los haitianos se unirían a la rebelión."

___________
(*) Título nuestro. Texto de Aimé Césaire en su obra 'Toussaint Louverture. La Revolución Francesa y el problema colonial'. Ensayos. Instituto del Libro, La Habana, 1967

jueves, 9 de junio de 2011

Mirabeau (*): Los negros, ¿son hombres o bestias de carga? (1)


Cuando se produjo la Revolución Francesa, representantes de las colonias de ultramar, acudieron a la Asamblea Nacional de los revolucionarios, en París, con la pretensión de ser diputados y ellos mismos determinaron el número de ellos que debía figurar en la tal asamblea. Sobre la cantidad se originó una controversia y entre los oradores que tomaron parte del litigio intervino Mirabeau. Las siguientes palabras, pronunciadas por Mirabeau, que copiamos, con una nota, aparecen en el libro de Aimé Césaire 'Toussaint Louverture. La Revolución Francesa y el problema colonial' (2):


"Me limitaré al único asunto que debemos examinar, quiero decir la determinación del número de diputados de Santo Domingo. Hago observar que, ante todo, hubiéramos debido examinar, y antes de juzgarla, la cuestión de saber si se debía admitir a los representantes de las colonias. Sobre esta cuestión puedo decir: nunca las colonias han asistido por representantes a los estados generales, por lo tanto no debían de haber aparecido en ellos, sino convocados por el rey. Ahora bien, sus diputados aparecen contra esa convocación y a pesar de las órdenes del rey.
Sin duda no es esa razón para excluirlos,  pero hay una invencible para que no puedan ser admitidos, sino en virtud de un acta del poder legislativo, el cual requiere, incontestablemente, la sanción real.
...
Hago además que observen que se ha hecho caso omiso de esta segunda e importante cuestión:
-¿La elección de diputados es válida?, ¿Sus poderes están en la debida forma?
...
En fin, ni siquiera se ha tratado de explicar por qué los hombres de color libres, propietarios, que cooperan en los cargos públicos, no habían sido electores y no estaban representados.
...
Ante todo pediré se me explique en qué principio se basan para esta proporción de la diputación de las colonias. Los colonos pretenden que la cantidad de sus representantes debe ser en razón de los habitantes de la isla, de las riquezas que ésta produce y de sus relaciones comerciales. Pero, en primer lugar, recuerdo este dilema irrefutable: ¿pretenden las colonias situar sus negros y su gente de color en la clase de los hombres o en la de las bestias de carga? Pero la gente de color es libre, propietaria y contribuyente y sin embargo, no han podido ser electores. Si los colonos quieren que los negros, y la gente de color, sean hombres, que liberten a los primeros; que todos sean electores, que todos puedan ser elegidos. En caso contrario, les haremos observar que al proporcionar el número de diputados de la población de Francia, no hemos tomado en consideración la cantidad de nuestros caballos, ni de nuestros mulos, que, por tanto, la pretensión de las colonias de tener veinte representantes es absolutamente irrisoria.
A tenor seguido hago ver que se han atenido a generalidades desprovistas de principio y de sentido, a ensalzar lo que nos reporta Santo Domingo por su balanza comercial, los seiscientos millones puestos en circulación por ella, los quinientos barcos y los veinte mil marineros que ella ocupa.
Es así que ni siquiera se han dignado acordarse que, hoy, está demostrado que los resultados de las pretendidas balanzas comerciales son, por entero, falsas e insignificantes; que las colonias, aunque fuesen de una utilidad tan innegable como lo han negado y lo niegan los menores espíritus, las cabezas mas calificadas que se hayan ocupado de estas materias, es imposible concebir por qué reclamarían otros principios de la proporción de sus representantes que los que han servido para la fijación de esta proporción en todas las provincias del reino. En efecto, suplico a los disertos señores que han pregonado los seiscientos millones puestos en circulación por el comercio de esta colonia, les suplico  que me digan si han calculaddo la cantidad de millones que, por ejemplo, pone en circulación la manufactura llamada labranza y por qué, de acuerdo con su principio, no reclaman para los labradores un número de representantes proporcional a esta circulación.
...
El número de diputados de las colonias debe estar en proporción con el número de electores y colonos elegibles, siendo así que este último número es tal que en mi opinión el de los diputados debe ser reducido a cuatro."
___________
(*) Mirabeau conocía muy bien la cuestión colonial. Su tío, el bailío (3), a quien admiraba mucho, había sido gobernador de Guadalupe en 1753 cuando no era mas que caballero. Este proconsulado antillano le había hecho sentir un profundo desprecio de los criollos, en tanto que fortificó su simpatía por los negros: 'No puede negarse', escribe el 10 de enero de 1755, 'que el negro es un hombre, y un filósofo que considere la humanidad a sangre fría en este país le daría, quizás, la preferencia al negro. Sé cuantos reprochen se han hecho a las gentes  de este color, pero cuando voy al fondo de las cosas no veo, yo que soy confesor de todo el mundo, mas que el crimen de los blancos'. El 7 de abril de 1757, el padre del tribuno, el marqués de Mirabeau, respondía lo siguiente: 'La esclavitud y el cristianismo no pueden llegar a una conciliación... Estoy seguro de que si mañana fuera yo ministro de la Marina, emitiría un edicto que le concediera la libertad a todo negro al recibir el bautismo y al incorporarse a una porción de la gleba por la que pagaría una renta proporcionada, según los lugares, al antiguo propietario, si lo tenía, o al estado si se trataba de un terreno que se concedía por primera vez' (cf. Louis de Loménie, 'Los Mirabeau, 1889). Es decir, que al intervenir contra los colonos y al estigmatizar el espíritu de casta de estos, Mirabeau hablaba con previo conocimiento de la causa.
(1) Título nuestro
(2) Ensayos. Instituto del Libro, La Habana, 1967. Impreso en la UNIDAD PRODUCTORA 08. Benjumeda 407. INSITUTO DEL LIBRO. 15 de diciembre de 1967. La Habana, Cuba. Edición de 10.000 ejemplares.
(3) Bailío: oficial real que, en Francia, administraba justicia en nombre del rey o de un señor.  (N. del T.)

jueves, 4 de febrero de 2010

Haití: recluir la peste (*)

.
Tomado de: http://www.monde-diplomatique.es/isum/Main?ISUM_Portal=1

Febrero 2010. Numero 172

Ignacio Ramonet: Aprender de Haití

Por muy "natural" que parezca, ninguna catástrofe es natural. Un seísmo de intensidad idéntica causa más víctimas en un país empobrecido que en otro rico e industrializado. Ejemplo: el terremoto de Haití, de magnitud 7,0 en la escala de Richter, ha ocasionado más de cien mil muertos, mientras que el de Honshu (Japón), de idéntica fuerza (7,1), acaecido hace seis meses, apenas provocó un muerto y un herido.
"Los países más pobres y los que tienen problemas de gobernabilidad están más expuestos a riesgos que los otros", confirma un reciente informe de la ONU (1). En una misma ciudad, el impacto humano de una calamidad puede ser muy distinto según las características de los barrios. En Puerto Príncipe, el seísmo se ensañó con las desvencijadas barriadas populares del centro. En cambio, los distritos privilegiados de la burguesía mulata comerciante apenas padecieron estragos.
Tampoco son iguales los pobres ante la adversidad. La Federación Internacional de la Cruz Roja sostiene que, en caso de desastre, "las mujeres, los discapacitados, los ancianos y las minorías étnicas o religiosas, víctimas habituales de la discriminación, son más castigados que los demás" (2).
Por otra parte, aunque un país no sea rico, si se dota de una política eficaz de prevención de catástrofes puede salvar muchas vidas. En agosto de 2008, el ciclón Gustav , el más violento de los últimos cincuenta años, azotó el Caribe con vientos de 340 kilómetros por hora. En Haití mató a 66 personas. Sin embargo, en Cuba no causó ninguna víctima mortal...
¿Es Haití un país pobre? En verdad, no hay países pobres; sólo existen "países empobrecidos". No es lo mismo. En el último tercio del siglo XVIII, Haití era la Perla de las Antillas y producía el 60% del café y el 75% del azúcar que se consumía en Europa. Pero, de su gran riqueza sólo se beneficiaban unos 50.000 colonos blancos, y no los 500.000 esclavos negros que la producían.
Invocando los nobles ideales de la Revolución Francesa, esos esclavos se sublevaron en 1791 al mando de Toussaint Louverture, el Espartaco negro. La guerra duró trece años. Napoleón envíó una expedición de 43.000 veteranos. Triunfaron los insurrectos. Fue la primera guerra racial anticolonial y la única rebelión de esclavos que desembocó en un Estado soberano.
El 1 de enero de 1804, se proclamó la independencia. Sonó como un aldabonazo en el continente americano. Los esclavos negros demostraban que, por su propia lucha, sin la ayuda de nadie, podían conquistar la libertad. Afro-América emergía en la escena política internacional.
Pero el "mal ejemplo" de Haití -así lo calificó el Presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson- aterrorizó a las potencias que seguían practicando la esclavitud. No se le perdonó. Y nadie reconoció, ni ayudó a la nueva república negra, pesadilla del colonialismo blanco. Aún hoy, el viejo terror no ha desaparecido. Pat Robertson, telepredicador estadounidense, ¿no acaba acaso de afirmar: "Miles de hatianos han muerto en el seísmo porque los esclavos de Haití hicieron un pacto con el diablo para obtener su libertad" (3)?
El nuevo Estado independiente fue boicoteado durante decenios con la idea de "recluir la peste" en ese país. Haití cayó en guerras civiles que arrasaron su territorio. Se perdió la necesaria etapa de construcción de un Estado-nación. Institucionalmente, a pesar de la gran calidad de sus numerosos intelectuales, el país quedó estancado.
Después vino el tiempo de la ocupación por Estados Unidos que duró de 1915 a 1934. Y de la guerra de resistencia. El héroe de la rebelión, Charlemagne Péralte, fue crucificado por los marines, clavado en la puerta de una iglesia... Washington acabó por ceder Haití a nuevos dictadores, entre ellos: Papa Doc Duvalier, uno de los más despóticos.
En los años 1970, aún gozaba Haití de soberanía alimentaria, sus agricultores producían el 90% de los alimentos que consumía la población. Pero el Plan Reagan-Bush, impuesto por Washington, obligó a suprimir los aranceles sobre la importación de arroz, producto básico del cultivo local. El arroz estadounidense, más barato porque estaba subvencionado, inundó el mercado local y arruinó a miles de campesinos que emigraron en masa a la capital, donde el seísmo los ha atrapado...
La única experiencia de gobierno realmente democrático, fue la de Jean-Bertrand Aristide, dos veces Presidente (1994-1996 y 2001-2004). Pero sus propios errores y la presión de Washington lo empujaron al exilio. Desde entonces, de hecho, Haití se halla bajo tutela de la ONU y de un conglomerado de ONGs internacionales. El Gobierno de René Préval ha sido sistemáticamente privado de medios de acción. Por eso resulta absurdo reprocharle su inoperancia ante los efectos del seísmo. Hace tiempo que el sector público fue desmantelado y sus principales actividades transferidas, si eran rentables, al sector privado, o a las ONGs cuando no lo eran. Antes de convertirse en el Ground Zero del planeta, Haití ya era el primer caso de "colonialismo humanitario". La tragedia reforzará la dependencia. Y por consiguiente las resistencias. El "capitalismo de choque", descrito por Naomi Klein, hallará una nueva ocasión de reclamar -en nombre de la eficacia- la privatización integral de todas las actividades económicas y comerciales ligadas a la reconstrucción.
Estados Unidos está en primera línea, con sus Fuerzas Armadas desplegadas en una ofensiva humanitaria de gran envergadura. Resultado sin duda de un generoso deseo de socorrer. Pero también de indiscutibles intereses geopolíticos. Washington prefiere invadir Haití de ayuda que ver invadidas sus costas por decenas de miles de boat people haitianos. En el fondo, se trata de la misma vieja obsesión: "recluir la peste"...

__________
Notas:
(*) El título es nuestro
(1) Riesgo y pobreza en un clima cambiante. Invertir hoy para un mañana más seguro , Naciones Unidas, Nueva York, mayo de 2009.
(2) Informe Mundial sobre los desastres 2009 , Cruz Roja Internacional, Ginebra, julio de 2009.
(3) Christian Broadcasting Network, 14 de enero de 2010.

viernes, 22 de enero de 2010

José Mª Amigo Zamorano: Haití, el ejemplo de los ancestros


Ha tenido que pasar, desgraciadamente, un seismo (sismo dicen en Latinoameríca) para que Haití se levante de entre los postrados de la Tierra. Ella, que está hecha escombros, nos muestra su ejemplo histórico de lucha: se puede vencer al Imperio desde el mismo Infierno de la esclavitud. Y con ella se levantan de sus tumbas sus héroes: Louverture, Dessalines, Petion, Christopher... para mostrarnos el camino de la rebelión contra la tiranía, la opresión, la explotación, a los pueblos del mundo.

Y ese miedo al ejemplo de los muertos en los vivos es lo que llevan en la punta de sus armas los marines estadunidenses. El miedo a los rebeldes que aterrorizó, antaño, a las clases dominantes en Usa y Europa. El miedo a que el ejemplo de Haití cundiera en los campos de esclavos del Imperio. Ese miedo está latente aun en Usa y lo ha recordado hace pocos días un reaccionario televangelista. Ese miedo es el que ha animado a los helicopteros, aviones y barcos de guerra yanquis a invadir Haití. Un miedo ancestral. Un miedo de los ancestros esclavistas en la política de Yanquilandia. Eso es lo que llevan sus tropas.

Miedo y no otra cosa porque Haití ya no es 'La perla de las Antillas' de la que hablaban los franceses y que abastecía de azucar Europa, endulzando los gaznates de burgueses y aristócratas. Ya no es esa Haití que tenía 793 trapiches, 3150 añilerías, 789 algodonerías, 317 cafetales, 182 destilerías de aguardiente de caña, 50 cacaotales y tenerías, tejares, caleras... trabajadas por esclavos que se sublevaron venciendo al poderosísimo ejécito de Napoleon. Su artífice: Toussaint Louverture. Quien atraído con engaños, fue preso, llevado a Francia en la fragata Heros en la noche del 7 al 8 de junio de 1802. Encarcelado en una mazmorra, húmeda y fría, del fuerte Fort de Joux, murió, poco después, el 17 Germinal del año XI (7 de abril de 1803) Es decir, fue asesinado, lentamente, por orden de Napoleón, a cuyas tropas había derrotado, en toda regla, utilizando la misma táctica de guerrillas que los españoles.

Neruda tiene, en su 'Canto general', un poema dedicado a este 'Libertador'. El gran poeta de la negritud, Aimé Cesaire, escribió un ensayo titulado 'Toussaint Louverture. La Revolución francesa y el problema colonial'. Una traducción, al castellano, del mismo, se publicó en La Habana en 1967. Muchos han tratado, en diversos libros, a este personaje. Pero, en fin, habría que destacar, al cubano Alejo Carpentier -que ya trató en su novela 'El siglo de las Luces' la influencia de la Revolución Francesa en el Caribe- con su 'realismo mágico' en la novelita 'El reino de este mundo'.

Haití ya no tiene, hoy, esa importancia y esa riqueza de que hablábamos más arriba. Lo que tiene es su historia de lucha emancipatoria que esos esclavos, transformados en 'jacobinos negros', escribieron con sangre en los anales de la Historia de la Humanidad.

Ese ejemplo es el que las tropas del imperialismo Usa quieren abolir.

Estos días hemos podido leer en numerosísimos artículos las tropelías de las clases dominantes de Francia, Alemania o EE.UU. contra el pueblo haitiano al que, en venganza por su insumisión, han hundido en la miseria, pero sin poder borrar su gesta de rebelión.

También hemos podido darnos cuenta de que otros escritos han escondido esas canalladas imperialistas haciendo hincapie, sin embargo, en el desorden haitiano, la falta de gobierno haitiano, el pillaje haitiano, los robos haitianos... Narraciones que iban, sin duda, preparando el terreno para la invasión de ese ejército de mercenarios venidos de Yanquilandia con el objetivo no de ayudar a la reconstrucción de Haití, sino de impedir que el pueblo haitiano se autodetermine. Autodeterminación que bien pudiera conducir a decantarse por una alianza con la política de los paises del ALBA (Venezuela, Ecuador, Cuba...) Eso quieren cortarlo en agraz porque engrosaría la filas de los pueblos rebeldes.

De modo que esa es la misión de ese ejército: impedir la independencia de los hijos de los esclavos.

Ha tenido que ocurrir ese terremoto para que vuelva a nosotros la primera gesta antiesclavista vencedora de la Historia lograda por los haitianos para, además, alcanzar otra victoria en estos momentos quitándonos una venda un poco tonta: la vana ilusión en un Obama.

En Haití muchas cosas pueden suceder. Pero lo que no puede pasar es su ejemplo. El ejemplo de los ancestros.
_________
FOTO AP, La Jornada (México)

miércoles, 20 de enero de 2010

Eduardo Galeano: Los marines regresan a Haiti, siempre, como la gripe (*)


Eduardo Galeano: Haití: la maldición Blanca - 01:30h. del Martes, 19 de enero

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.
Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.
Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.
Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.
De la maldición blanca, no se habló.
La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:

—¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

—El anterior.

—Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.
Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.
A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.
En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.
En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.
Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.
Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.
Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.
En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.
En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

Eduardo Galeano

(*) EL título es nuestro

miércoles, 7 de octubre de 2009

Héroes o piratas

A perro flaco, todo son pulgas.





Si vienen a una casa a robar y el dueño o dueña de ella se defiende con uñas y dientes, tal acción de defensa se ve como normal, se le elogia, se le aplaude y lo llaman héroe. Aquí, en la civilización occidental.











Mas si un somalí hace lo propio cuando alguien acude a la suya a robar, por ejemplo cuando llegan a saquear sus caladeros de pesca, se le reprime, se le abronca y se le moteja de pirata. Aquí en occidente.






Y es que, lo dicho al principio, a perro flaco todo son pulgas.

viernes, 28 de noviembre de 2008

C. Marx: Opresión inglesa de la India en 5 trozos (y V)

Carlos Marx
Dominación británica de la India

Bajo este título escribió Marx un artículo que nosotros lo hemos dividido en cinco partes:1. Una Italia de proporciones asiáticas; 2. La organización de las obras públicas; 3. Laisez faire, laisez aller; 4. Destrucción de la organización social; 5. Base del despotismo feudal.
Lo ponemos aquí, en el blog, porque sirve para comprender lo que los estados coloniales, los estados imperialistas y otros de menor cuantía, hicieron en África, muy semejante al saqueo al que sometiron a la India. Y al mismo tiempo nos puede valer para librarnos de ese concepto de que lo primitivo está tocado con un aura de bondad, de pureza, de ingenuidad... y por ende ponernos a llorar añorando lo pasado como plañideras, como lloricas reaccionario
s.
Está bien constatar las salvajadas y brutalidades de imperio inglés, anotar todo lo que arrasó por el simple afán de lucro. Pero conviene también dejar constancia de lo que la sociedad anterior tenía de malsano. De modo que así, de ese modo, se puede uno acercar a la verdad objetiva. Eso hace Marx en Londres un viernes, 10 de junio de 1935.
El que quiera tenerlo para él sin mezcla aguna, le quita los títulos y tendrá el original mondo y lirondo.

Y V. Bases del despotismo feudal


Sin embargo, por muy lamentable que sea desde un punto de vista humano ver cómo se desorganizan y descomponen en sus unidades integrantes esas decenas de miles de organizaciones sociales laboriosas, patriarcales e inofensivas; por triste que sea verlas sumidas en un mar de dolor, contemplar cómo cada uno de sus miembros va perdiendo a la vez sus viejas formas de civilización y sus medios hereditarios de subsistencia, no debemos olvidar al mismo tiempo que esas idílicas comunidades rurales, por inofensivas que pareciesen, constituyeron siempre una sólida base para el despotismo oriental; que restringieron el intelecto humano a los límites más estrechos, convirtiéndolo en un instrumento sumiso de la superstición, sometiéndolo a la esclavitud de reglas tradicionales y privándolo de toda grandeza y de toda iniciativa histórica. No debemos olvidar el bárbaro egoísmo que, concentrado en un mísero pedazo de tierra, contemplaba tranquilamente la ruina de imperios enteros, la perpetración de crueldades indecibles, el aniquilamiento de la población de grandes ciudades, sin prestar a todo esto más atención que a los fenómenos de la naturaleza, y convirtiéndose a su vez en presa fácil para cualquier agresor que se dignase fijar en él su atención. No debemos olvidar que esa vida sin dignidad, estática y vegetativa, que esa forma pasiva de existencia despertaba, de otra parte y por oposición, unas fuerzas destructivas salvajes, ciegas y desenfrenadas que convirtieron incluso el asesinato en un rito religioso en el Indostán. No debemos olvidar que esas pequeñas comunidades estaban contaminadas por las diferencias de casta y por la esclavitud, que sometían al hombre a las circunstancias exteriores en lugar de hacerle soberano de dichas circunstancias, que convirtieron su estado social que se desarrollaba por sí solo en un destino natural e inmutable, creando así un culto embrutecedor a la naturaleza, cuya degradación salta a la vista en el hecho de que el hombre, el soberano de la naturaleza, cayese de rodillas, adorando al mono Hanumán y a la vaca Sabbala.


Bien es verdad que al realizar una revolución social en el Indostán, Inglaterra actuaba bajo el impulso de los intereses más mezquinos, dando pruebas de verdadera estupidez en la forma de imponer esos intereses. Pero no se trata de eso. De lo que se trata es de saber si la humanidad puede cumplir su misión sin una revolución a fondo en el estado social de Asia. Si no puede, entonces, y a pesar de todos sus crímenes, Inglaterra fue el instrumento inconsciente de la historia al realizar dicha revolución. En tal caso, por penoso que sea para nuestros sentimientos personales el espectáculo de un viejo mundo que se derrumba, desde el punto de vista de la historia tenemos pleno derecho a exclamar con Goethe:

"Sollte diese Qual uns quälen
Da sie unsre Lust vermehrt,
Hat nicht Myriaden Seelen
Timur's Herrschaft aufgezehrt? " [*]


(traducido del inglés)
/
Escrito: Por Marx el 10 de junio de 1853.
Primera edición: Publicado en el The New York Daily Tribune, núm. 3804, del 25 de junio de 1853.
Fuente: C. Marx & F. Engels, Obras Escogidas, en dos tomos, Editorial Progreso, Moscú, 1971; t. I.
/
__________
[*] ¿Quién lamenta los estragos
Si los frutos son placeres?
¿No aplastó miles de seres
Tamerlán en su reinado?

(De la poesía de Goethe "A Suleika" del Diván occidental-oriental)

jueves, 27 de noviembre de 2008

Carlos Marx: Opresión inglesa de la India en 5 trozos (IV)

Carlos Marx
Dominación británica de la India

Bajo este título escribió Marx un artículo que nosotros lo hemos dividido en cinco partes:1. Una Italia de proporciones asiáticas; 2. La organización de las obras públicas; 3. Laisez faire, laisez aller; 4. Destrucción de la organización social; 5. Base del despotismo feudal.
Lo ponemos aquí, en el blog, porque sirve para comprender lo que los estados coloniales, los estados imperialistas y otros de menor cuantía, hicieron en África, muy semejante al saqueo al que sometiron a la India. Y al mismo tiempo nos puede valer para librarnos de ese concepto de que lo primitivo está tocado con un aura de bondad, de pureza, de ingenuidad... y por ende ponernos a llorar añorando lo pasado como plañideras, como lloricas reaccionarios.
Está bien constatar las salvajadas y brutalidades de imperio inglés, anotar todo lo que arrasó por el simple afán de lucro. Pero conviene también dejar constancia de lo que la sociedad anterior tenía de malsano. De modo que así, de ese modo, se puede uno acercar a la verdad objetiva. Eso hace Marx en Londres un viernes, 10 de junio de 1935.
El que quiera tenerlo para él sin mezcla aguna, le quita los títulos y tendrá el original mondo y lirondo.

IV. Destrucción de la organización social

Estas dos circunstancias -de una parte, el que los hindúes, al igual que todos los pueblos orientales, dejasen en manos del Gobierno central el cuidado de las grandes obras públicas, condición básica de su agricultura y de su comercio, y de otra, el que los hindúes, diseminados por todo el territorio del país, se concentrasen a la vez en pequeños centros en virtud de la unión patriarcal entre la agricultura y la artesanía- originaron desde tiempos muy remotos un sistema social de características muy particulares: el llamado villaje system (sistema de comunidades rurales). Este sistema era el que daba a cada una de estas pequeñas agrupaciones su organización autónoma y su vida distinta. Podemos juzgar de las características de este sistema por la siguiente descripción que figura en un antiguo informe oficial sobre los asuntos de la India, presentado en la Cámara de los Comunes:


"Considerado geográficamente, un poblado es un espacio de unos cientos o miles de acres de tierras cultivadas e incultas; desde el punto de vista político parece una corporación o un municipio. Por lo común suele tener los siguientes funcionarios y servidores: un potail o jefe, que es, generalmente, el encargado de dirigir los asuntos del poblado, resuelve las disputas que surgen entre sus habitantes, posee poder policíaco y desempeña dentro del poblado las funciones de recaudador de contribuciones, para lo cual es la persona más indicada, por su influencia personal y su perfecto conocimiento de la situación y los asuntos de la gente. El kurnum lleva las cuentas de las labores agrícolas y registra todo lo relacionado con ellas. Siguen el tallier y el totie: las obligaciones del primero consisten en recoger informes sobre los delitos o las infracciones que se cometan, y acompañar y proteger a las personas que se trasladen de un poblado a otro; las obligaciones del segundo parecen circunscribirse más a los límites del poblado y consisten, entre otras, en guardar las cosechas y ayudar a medirlas. El guardafrontera cuida los lindes del poblado y testifica acerca de ellos en caso de disputa. El vigilante de los depósitos de agua y de los canales es el encargado de distribuir el agua para las necesidades de la agricultura. El brahmín que vela por el culto. El maestro de escuela, a quien se puede ver enseñando a los niños del poblado a leer y a escribir sobre la arena. El brahmín encargado del calendario, o astrólogo, y otros. Todos estos funcionarios y servidores constituyen la administración del poblado, que en ciertos lugares del país es más reducida, pues algunos de los deberes y funciones que se han descrito se refunden y desempeñan por una misma persona; en otros lugares su número es mayor. Los habitantes del campo han vivido bajo esta forma primitiva de gobierno municipal desde tiempos inmemoriales. Los límites de los poblados cambiaban muy raramente, y aunque en ocasiones los poblados sufrían grandes daños e incluso eran devastados por la guerra, el hambre o las enfermedades, el mismo nombre, los mismos límites, los mismos intereses y hasta las mismas familias perduraban durante siglos enteros. A los habitantes de esos poblados no les preocupaba en absoluto la desaparición o las divisiones de los reinos; mientras su poblado siguiese intacto, les tenía sin cuidado la potencia a cuyas manos habían pasado o el soberano a que habían sido sometidos, pues su economía interior permanecía inmutable. El potail seguía siendo el jefe y seguía actuando como juez o magistrado y recaudador de contribuciones".


Estas pequeñas formas estereotipadas de organismo social han sido destruidas en su mayor parte y están desapareciendo, no tanto por culpa de la brutal intromisión del recaudador británico de contribuciones o del soldado británico, como por la acción del vapor inglés y de la libertad de comercio inglesa. Estas comunidades de tipo familiar tenían por base la industria doméstica, esa combinación peculiar de tejido a mano, hilado a mano y laboreo a mano, que les permitía bastarse a sí mismas. La intromisión inglesa, que colocó al hilador en Lancashire y al tejedor en Bengala, o que barrió tanto al hilador hindú como al tejedor hindú, disolvió esas pequeñas comunidades semibárbaras y semicivilizadas, al hacer saltar su base económica, produciendo así la más grande, y, para decir la verdad, la única revolución social que jamás se ha visto en Asia.



martes, 25 de noviembre de 2008

Carlos Marx: Opresión inglesa de la India en 5 trozos (III)


Carlos Marx
Dominación británica de la India[1]

Bajo este título escribió Marx un artículo que nosotros lo hemos dividido en cinco partes:1. Una Italia de proporciones asiáticas; 2. La organización de las obras públicas; 3. Laisez faire, laisez aller; 4. Destrucción de la organización social; 5. Base del despotismo feudal.
Lo ponemos aquí, en el blog 'Africano' porque sirve para comprender lo que los estados coloniales, los estados imperialistas y otros de menor cuantía, hicieron en África, muy semejante al saqueo al que sometiron a la India. Y al mismo tiempo nos puede valer para librarnos de ese concepto de que lo primitivo está tocado con un aura de bondad, de pureza, de ingenuidad... y por ende ponernos a llorar añorando
lo pasado como plañideras, como lloricas reaccionarios.

III. Laisez faire, laisez aller

Pues bien, los británicos de las Indias Orientales tomaron de sus predecesores el ramo de las finanzas y el de la guerra, pero descuidaron por completo el de las obras públicas. De aquí la decadencia de una agricultura que era incapaz de seguir el principio inglés de la libre concurrencia, el principio del laissez faire, laissez aller (*). Sin embargo, estamos acostumbrados a ver que en los imperios asiáticos la agricultura decae bajo un gobierno y resurge bajo otro. Aquí la cosecha depende tanto de un gobierno bueno o malo como en Europa del buen o mal tiempo. Por eso, por graves que hayan sido las consecuencias de la opresión y del abandono de la agricultura, no podemos considerar que éste haya sido el golpe de gracia asestado por el invasor británico a la sociedad hindú, si todo ello no hubiera sido acompañado de una circunstancia mucho más importante, que constituye una novedad en los anales de todo el mundo asiático. Por importantes que hubiesen sido los cambios políticos experimentados en el pasado por la India, sus condiciones sociales permanecieron intactas desde los tiempos más remotos hasta el primer decenio del siglo XIX. El telar de mano y el torno de hilar, origen de un ejército incontable de tejedores e hiladores, eran los pivotes centrales de la estructura social de la India. Desde tiempos inmemoriales, Europa había recibido las magníficas telas elaboradas por los hindúes, enviando a cambio sus metales preciosos, con lo que proporcionaba la materia prima necesaria para los orífices, miembros indispensables de la sociedad hindú, cuya afición por los aderezos es tan grande que hasta los individuos de clases más bajas, que andan casi desnudos, suelen tener un par de pendientes de oro o algún adorno de oro alrededor del cuello. Era casi general la costumbre de llevar anillos en los dedos de las manos y de los pies. Las mujeres y los niños se adornaban frecuentemente los tobillos y los brazos con aros macizos de oro o de plata, y las estatuillas de oro o plata, representando a las divinidades, eran un atributo del hogar. El invasor británico acabó con el telar de mano indio y destrozó el torno de hilar. Inglaterra comenzó por desalojar de los mercados europeos a los tejidos de algodón de la India; después llevó el hilo torzal a la India y terminó por invadir la patria del algodón con tejidos de algodón. Entre 1818 y 1836, la exportación de hilo torzal de Inglaterra a la India aumentó en proporción de 1 a 5.200. En 1824, la India apenas importó 1.000.000 de yardas de muselina inglesa, mientras que en 1837 la importación subió ya a más de 64.000.000 de yardas. Pero durante ese mismo período la población de Dacca se redujo de 150.000 habitantes a 20.000. Esta decadencia de ciudades de la India, que habían sido célebres por sus tejidos, no puede ser considerada, ni mucho menos, como la peor consecuencia de la dominación inglesa. El vapor británico y la ciencia británica destruyeron en todo el Indostán la unión entre la agricultura y la industria artesana.

__________
(*) Dejad hacer, dejad pasar: fórmula de los economistas burgueses librecambistas que defendían la libertad de comercio y la no ingerencia del Estado en el dominio de las relaciones económicas.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Carlos Marx: Opresión inglesa de la India en 5 trozos (II)

II. La organización de las obras públicas

Carlos Marx
Dominación británica de la India


Bajo este título escribió Marx un artículo que nosotros lo hemos dividido en cinco partes:1. Una Italia de proporciones asiáticas; 2. La organización de las obras públicas; 3. Laisez faire, laisez aller; 4. Destrucción de la organización social; 5. Base del despotismo feudal.


Lo ponemos aquí, en el blog 'Africano' porque sirve para comprender lo que los estados coloniales, los estados imperialistas y otros de menor cuantía, hicieron en África, muy semejante al saqueo al que sometiron a la India. Y al mismo tiempo nos puede valer para librarnos de ese concepto de que lo primitivo está tocado con un aura de bondad, de pureza, de ingenuidad... y por ende ponernos a llorar añorando lo pasado como plañideras, como lloricas reaccionarios.


Está bien constatar las salvajadas y brutalidades de imperio inglés, anotar todo lo que arrasó por el simple afán de lucro. Pero conviene también dejar constancia de lo que la sociedad anterior tenía de malsano. De modo que así, de ese modo, se puede uno acercar a la verdad objetiva. Eso hace Marx en Londres un viernes, 10 de junio de 1935.


El que quiera tenerlo para él sin mezcla aguna, le quita los títulos y tendrá el original mondo y lirondo.


Guerras civiles, invasiones, revoluciones, conquistas, años de hambre: por extraordinariamente complejas, rápidas y destructoras que pudieran parecer todas estas calamidades sucesivas, su efecto sobre el Indostán no pasó de ser superficial. Inglaterra, en cambio, destrozó todo el entramado de la sociedad hindú, sin haber manifestado hasta ahora el menor intento de reconstitución. Esta pérdida de su viejo mundo, sin conquistar otro nuevo, imprime un sello de particular abatimiento a la miseria del hindú y desvincula al Indostán gobernado por la Gran Bretaña de todas sus viejas tradiciones y de toda su historia pasada.


Desde tiempos inmemoriales, en Asia no existían, por regla general, más que tres ramos de la hacienda pública: el de las finanzas, o del pillaje interior; el de la guerra, o pillaje exterior, y, por último, el de obras públicas. El clima y las condiciones del suelo, particularmente en los vastos espacios desérticos que se extienden desde el Sahara, a través de Arabia, Persia, la India y Tartaria, hasta las regiones más elevadas de la meseta asiática, convirtieron el sistema de irrigación artificial por medio de canales y otras obras de riego en la base de la agricultura oriental. Al igual que en Egipto y en la India, las inundaciones son utilizadas para fertilizar el suelo en Mesopotamia, Persia y otros lugares: el alto nivel de las aguas sirve para llenar los canales de riego. Esta necesidad elemental de un uso económico y común del agua, que en Occidente hizo que los empresarios privados se agrupasen en asociaciones voluntarias, como ocurrió en Flandes y en Italia, impuso en Oriente, donde el nivel de la civilización era demasiado bajo, y los territorios demasiado vastos para impedir que surgiesen asociaciones voluntarias, la intervención del Poder centralizador del Gobierno. De aquí que todos los gobiernos asiáticos tuviesen que desempeñar esa función económica: la organización de las obras públicas. Esta fertilización artificial del suelo, función de un gobierno central, y en decadencia inmediata cada vez que éste descuida las obras de riego y avenamiento, explica el hecho, de otro modo inexplicable, de que encontremos ahora territorios enteros estériles y desérticos que antes habían sido excelentemente cultivados, como Palmira, Petra, las ruinas que se encuentran en el Yemen y grandes provincias de Egipto, Persia y el Indostán. Así se explica también el que una sola guerra devastadora fuese capaz de despoblar un país durante siglos enteros y destruir toda su civilización.

(seguiráGuiño