sábado, 27 de octubre de 2012

Nicolás González Varela: 'Negro brasileño leproso', sueño político-filosófico de Spinoza -B-


Nicolás González Varela: 'Negro brasileño leproso', sueño político-filosófico de Spinoza -B

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“Los hombres son enemigos por naturaleza.

Pues, para mí, el máximo enemigo
 es aquel que tengo más que temer
y del que debo guardarme más.
(Baruch Spinoza, ‘Tractatus politicus’, 1677)

No hay nada más terrible
que un Estamento bárbaro de esclavos
que haya aprendido a considerar
su existencia como una injusticia.
(Friedrich Nietzsche, ‘Die Geburt die Trägedie’, XVIII, 1872)

Los pueblos modernos de Europa no han hecho más
que encubrir la Esclavitud en sus propios países
y la han impuesto en el Nuevo Mundo.”
(Karl Marx, ‘Misère de la philosophie’, 1846)

El Sueño es absolutamente egocéntrico.”
(Sigmund Freud, ‘Die Traumdeutung’, 1900)
“Sirva de ejemplo la ciudad de Amsterdam, la cual experimenta los frutos de esta libertas en su gran progreso y en la admiración de todas las naciones. Pues en este Estado tan floreciente (florentissima Republica) y en esta ciudad tan distinguida (urbe praestantissima) viven en la máxima concordia todos los hombres de cualquier nación y secta: y para que confíen a otro sus bienes, sólo procuran averiguar si es rico o pobre, y si acostumbra a actuar de buena fe o con engaño…”[1] La utopía concretada, la única libera Republica es para Spinoza exclusivamente  Amsterdam, amada y venerada metrópoli, la nueva Atenas de Occidente. El alma burguesa de la Republiek der Zeven Verenigde Nederlanden,[2] era en la mitad del siglo XVII la sede estratégica mundial del negocio de trata de esclavos, los viles contratos mercantiles de venta y entrega de esclavos africanos se elaboraban en ella y en ella tenían sus oficinas la mayor parte de las nuevas multinacionales esclavistas europeas.[3] Además de ser el gran centro del Capital, del transporte marítimo moderno y de la primera banca pública capitalista,[4] Amsterdam fue la gran factoría de Europa occidental; a ella llegaban todos los productos necesarios gracias al intercambio combinado y desigual generado por el comercio de esclavos: telas y paños de muchas naciones, oro, armas, perlas, cobre, hierro, brandy, tabaco y muchas otras materias primas. Amsterdam, era la principal ciudad de las Provincias Unidas, una “Federación muy descentralizada de siete miniestados-provincias, que a su vez eran federaciones descentralizadas de ciudades y pueblos.”[5] Los barcos de esclavos procedentes de países extranjeros, sobre todo de Inglaterra, ponían como fin de travesía Amsterdam con el fin de adquirir mercancías para el comercio africano. Era una Mecca del nuevo Republicanismo comercial. Unos años antes, su maestro Descartes se había sorprendido del extendido materialismo y el fervor por la ganancia, el nuevo Esprit capitalista que imperaba en la ciudad: “En esta gran ciudad (Amsterdam) en que me encuentro, como todo el mundo está ocupado en el comercio excepto yo, cada cual se halla tan atento a su provecho que bien podría permanecer aquí toda mi vida sin ser jamás visto por nadie.”[6]  Spinoza le recordaba a sus lectores la enorme suerte de hallarse en una ciudad-estado como Amsterdam en plena libertas integra; tanto él como sus contemporáneos poseían “la rara dicha de vivir en una República, donde se concede a todo el mundo plena libertad para opinar y rendir culto a Dios según su propio juicio, y donde la libertas es lo más apreciado y lo más dulce (dulcius)…”.[7] Nos resulta extraño que la libertad que se goza en la mercantilista Amsterdam le resulte a Spinoza dulcius, dulce, pero veremos que es una exacta concordancia ideológica con la visión del primer Liberalismo, el llamado Doux Commerce. Viviendo en ella, Spinoza ha tenido una pesadilla, que le ha conmovido de tal manera que se la confiesa a uno de sus corresponsales y compañero de militancia liberal, el comerciante Peter Balling. Una imagen queda retenida, por la fuerza de la imaginación, en su retina: cujusdam nigri et scabiosi Brasiliani quem nunquam antea videram, la de un negro y leproso brasileño que jamás había visto antes. Lexicográficamente en el lenguaje culto spinoziano (utiliza sintomáticamente no el holandés vulgar sino el latín de las elites burguesas) primero es un miembro de una raza: “Negro” (nigri); en segundo lugar la aparición tiene una nacionalidad definida o al menos una territorialidad concreta, es “brasileño” (Brasiliani); en tercer lugar es un esclavo decadente, ¿qué otra cosa podría imaginarse de un negro, sea esclavo, sea liberto, en territorio de un Brasil colonial?, identificable con un enfermedad repugnante: la Lepra (scabiosi). ¿A quién remite este fantasma spinoziano? Se podría identificar al nigri et scabiosi Brasiliani con el enemigo público número uno de Holanda (y del futuro comercial de la WIC en la América portuguesa conquistada) en aquella coyuntura: el esclavo negro rebelde liberto Henrique Dias, Herói da Restauração de Pernambuco, líder de una revuelta contra los holandeses en la ciudad de Pernambuco, Brasil, entre 1645 y 1648, una guerra defensiva llamada paradójicamente Guerra da Luz Divina, liderada por los dueños de las plantaciones, católicos, a los que inmediatamente apoyó Portugal.[8] Dias es, con más de ciento cincuenta años de anticipación, un líder negro popular con la capacidad política y militar de un Toussaint L’Ouverture, el liberador de Haití. Dias fue comentado en la prensa holandesa de la época, ya que era la primera vez que aparecía en el campo de batalla una ejército formado por ¡negros! (esclavos y libertos) y que un general ¡de color!, iletrado y sin formación militar, derrotaba a dos exitosos comandantes holandeses, entre ellos el mítico Count Maurice of Nassau y luego el Count Sigismond, entrenados en las mejores escuelas militares europeas y que habían doblegado a expediciones militares de España y Francia en Flandes. Dias tenía el título popular de “Governador dos crioulos, pretos e mulatos do Brasil”, es decir de la base popular trabajadora y esclavista de la colonia, os pretos e pardos. Hasta qué  punto era una guerra intercolonial, racial y social, que los regimientos militares de Dias eran llamados por la administración portuguesa Terço da Gente Preta, tercios de la gente negra.
Finalmente gracias a tropas como las de Dias, los portugueses reocuparon la región en 1654, expulsando a todos los holandeses incluidos los hebreos dedicados al comercio colonial (controlaban el 50% del comercio de azúcar y el ignominioso tráfico de esclavos como accionistas en la WIC). Ya un viajero holandés, Johan Nieuhoff, veterano empleado de la WIC, señalaba que “entre los habitantes libres de Brasil en 1640, los judios fueron los más considerable en el número, sobresalen en el control del tráfico comercial por sobre los demás; adquirieron ingenios de azúcar, y construyeron casas señoriales en la ciudad de Recife.”[9] La zona industrial de Pernambuco podía considerarse, en el comercio mundial de azúcar de la época, su principal polo productor, que contaba con más de 160 enormes plantaciones-ingenios.[10] Los holandeses además habían acelerado a través de reformas logísticas, inversión e innovación tecnológica, el tejido productivo de los antiguos amos portugueses.[11] Todas las Provincias Unidas, en especial Holanda, quedaron conmovidas por esta guerra colonial perdida, pero en especial Amsterdam (cuyo papel fue central en la explotación del norte de Brasil). Spinoza quedó doblemente afectado y confundido: por los negocios de su padre y tío en la sucursal que tenían en Pernambuco y por la expulsión de Brasil de su antiguo maestro de doctrina judía, el rabino cabalista Isaac Aboab de Fonseca. Paradójicamente Fonseca luego se transformaría en el enemigo número uno de Spinoza y será el que leerá en público el Cherem que lo expulsaba de la congregación judía de Amsterdam. Dias era de alguna manera, un enemigo de su enemigo, enemigo de los hebreos (un símbolo odioso de una Portugal católica y papista), enemigo de los intereses de la propia familia de Spinoza y enemigo de su elogiada Amsterdam (su Oceana utópica); era la condensación perfecta del fantasmagórico cujusdam nigri & scabiosi Brasiliani. Después de la catástrofe de 1654 los judíos holandeses que fueron expulsados por los portugueses se instalaron o bien en el Caribe inglés, como Gabriel, el hermano de Spinoza en Jamaica, o su hermana Rebecca en Curaçao, o bien en una nueva ciudad llamada New Amsterdam (la futura New York). Extrañamente, la involución no era una dinámica puramente europea: Brasil sería, luego de su independencia, la última nación en América en abolir la Esclavitud en 1888. Para cerrar la larga y amarga derrota económica, algunos destacados comerciantes y empresarios judíos, muy conocidos en el milieu comercial de Amsterdam, capturados en la reconquista de Brasil, fueron quemados públicamente en la misma Lisboa en un auto da fe en 1647.[12]
Es interesante la afirmación de Spinoza que “jamás había visto con anterioridad” al negro brasileño de su delirium tremens. Eso significa que Spinoza ya había visto en Holanda esclavos negros africanos llegados de Brasil, pero no a ese individuo de color en particular. Cosa nada sorprendente. Los esclavos negros, llamados despectivamente Zwarten, Negers o incluso Moren (moros), no eran para nada ajenos o extraños al ambiente doméstico holandés de la época. Además de los datos comerciales, económicos y financieros relacionados con la Esclavitud, el Arte holandés de la época, la cultura visual flamenca, la imaginería popular, nos provee claras evidencias de los esclavos en la vida cotidiana en la época de Spinoza. Por otro lado fue en Holanda, en especial en Amberes, donde nació el primer mercado capitalista de arte: los muebles de diseño y los cuadros eran un modelo prometedor para la inversión y su posterior reventa; en otras palabras, la especulación con obras de arte y más específicamente con la pintura salió a la luz por primera vez en la época dorada de la república comercial holandesa.[13] La pintura para decorar los hogares burgueses se hizo por primera vez popular, así como sus temas y tópoi. Son evidentes en la estética del doux commerce los puntos de vista calvinistas que se expresan en pocas palabras: sobriedad, austeridad y moderación. El lujo exagerado, ya sea en forma de joyas, telas exóticas o algún objeto de costosa fabricación, conducía a la impureza del Alma. Daremos algunos ejemplos del período. La pintura nacional también, como la Filosofía de Spinoza, tendía hacía el Naturalismo realista; si aquel atacaba a los filósofos “que no conciben a los hombres tal como son, sino como le gustarían que fuesen”,[14] el Arte en un asombroso paralelismo, en fraternal emulación de metas y medios de expresión, repitió la fórmula. Como en su Etica, los pintores plasman las acciones y los apetitos humanos “como si estuviesen considerando líneas, planos o cuerpos.”[15] El realismo práctico y la Natura son los temas del Arte y las formas imaginadas por el artista no salen de su propia mente, sino permanecen unidas a la Naturaleza.
Podemos empezar por el pintor Peter Paul Rubens y su estudio al óleo de un esclavo negro titulado Estudio sobre la cabeza de un hombre negro (1640), donde en unos maravillosos sketchs se retrata en cuatro posiciones diversas la figura de un esclavo negro vestido a la europea. Otro ejemplo es el cuadro Cabeza de un hombrenegro (¿1620?) del pintor Anthony van Dyck, en el cual aparece un esclavo negro, ataviado para el trabajo, con su lengua afuera, un aro en la oreja, pareciendo extenuado o agitado. Incluso en el cuadro Silenio borracho ayudado porlos sátiros (1620), uno de los sátiros, a la derecha de la tela, es claramente el torso de un negro con rasgos africanos, muy similar al del estudio anterior.  Van Dyck hizo el retrato de una dama de clase alta muy significativo, Henrietta de Lorraine (1634), en el cual la distinguida mujer descansa su mano derecha sobre un niño-esclavo negro, vestido de sirviente, que le ofrece una fuente de frutas exóticas. El pintor Peter Lely tiene un retrato muy similar, seguramente estaba de moda el formato entre las clases pudientes holandesas, titulado Elizabeth Murray, condesa de Dysart (1651), en la cual esta vez el joven esclavo negro, vestido de siervo y con pendiente, le ofrece una fuente con ofrendas frutales, en papel cortesano y sumiso. Hay una pintura al óleo de Frans Hals “El Viejo”, Retrato de una familia holandesa (1648),[16] quien además pintó el mejor retrato que existe de Descartes,[17] donde se plasma a un joven esclavo negro, como parte del bucólico universo de una familia feliz y opulenta, con un paisaje flamenco naturalista típico de fondo. Otro destacado pintor de la época, hablamos nada menos que de Harmenszoon van Rijn Rembrandt, pintó el óleo titulado Dosnegros (1659), considerada por los expertos uno de sus mejores trabajos, en el cual aparecen dos esclavos usados de sirvientes, por sus ropas, en actitud de sumisión. Para finalizar un cuadro, que aunque más tardío, nos acerca a nuestro tema: se trata de un retrato homónimo del comerciante Jan Pranger retratado por Frans van der Mijn en 1742. Pranger está vestido con una chaqueta llamativa, de color rojo brillante, con mangas muy anchas con puños bordados y un chaleco largo que lleva el mismo motivo; en su cabeza un sombrero de tres picos; su peluca empolvada –rastros de polvo pueden ser vistos en su chaqueta– tiene una larga trenza, y una espada de empuñadura de oro a su izquierda; se encuentra de pie con seguridad junto a una mesa que está cubierta con una tela verde que lleva unas raras iniciales: GWC (Geoctrooieerde Westindische Compagnie). Detrás, un joven esclavo negro, vestido como sirviente, en actitud de sumisión permanece expectante. Pranger es el director general de la multinacional holandesa en Ghana, África, la ignominiosa “Compañía de las Indias Occidentales”, que comerciaba y cotizaba principalmente en azúcar, oro y esclavos. El período en el que el comercio de esclavos representaba la mayor parte de la riqueza y el poder holandés en el Atlántico dio lugar a la producción de la mayor categoría de pinturas con negros como complementos a pintorescos retratos de grupos e individuos de las familias burguesas holandesas. Según Blakely, este tipo de arte, en el que se enmarca el retrato luminoso de un aristócrata o un comerciante con el trasfondo sombrío de un negro, se produjo en los Países Bajos, más que en cualquier otra parte de Europa. Estos retratos fueron pensados principalmente “para proyectar el Poder y el prestigio provocado por el nuevo Comercio”,  el doux commerce de Montesquieu, Steuart y Adam Smith, para celebrar los logros y dejar un registro duradero para la posteridad. Elegantes damas de las altas clases holandesas, acompañadas de sus títulos nobiliarios, posaban espléndidas  con su corderito, su perro, o su exótico esclavo negro como mascota de moda.[18] Y lo mismo puede decirse de la presencia del esclavo negro en la cultura popular holandesa: desde el folklore pasando por la heráldica hasta las fiestas religiosas.
Es interesante la específica mención de Spinoza, un poco más adelante en la misma carta, ya que utiliza el sinónimo de “Etíope” (Æthiopis) para describir el negro brasileño de su ensoñación. Spinoza le ha sumado al color racial, a la territorialidad y a la enfermedad (Sarna) un lugar natal es decir: una genealogía que queda negada ad eternum en el Contrato esclavista. ¿Por qué etíope?[19] En su diario de viajero colonialista Itinerario (1596) el rico comerciante holandés Jan Huyghen Van Linschoten, llamado el “Marco Polo holandés”, contemporáneo de Spinoza, comenta que los esclavos del África oriental, vagamente la zona de la Etiopía actual, tenían una gran demanda entre los europeos “porque son los más fuertes, y hacen el trabajo más sucio y duro, [parece que este tipo de africanos] existen sólo para que se los utilice.”[20] Esta percepción podría haberse intensificado por el uso de esclavos africanos por los colonos portugueses en el siglo XVI, que valoraban los autóctonos de esa región por sobre el resto. Los esclavos procedentes de Etiopía eran los más buscados y valorados, tanto por su fuerza como por su estatura, y ellos fueron los más demandados tanto por los portugueses (que fueron aliados de los reinos etíopes cristianos que pelaban contra los musulmanes) como por los holandeses en sus explotaciones de azúcar en Brasil. La esclavitud era normal en Etiopía, tanto para el trabajo forzoso en las minas de oro, en el ámbito doméstico como en el trueque con mercaderes islámicos u occidentales. Los esclavos pasaban de Etiopía a la costa oeste de África, un “Asiento de Negros”[21] en Angola, Guinea o Kaffraria (Sud-África) les embarcaba rumbo al norte de Brasil o al Caribe, es decir: el tipo de esclavo negro, ideal, fuerte pero peligroso era el denominado genéricamente como “etíope”, desde la época de los romanos. ¿Spinoza conocía las subjerarquías raciales que conformaban la racionalidad esclavista holandesa? Hay otra referencia inquietante en el delirio spinoziano: al esclavo negro (clasificación racial por color), brasileño (nacionalidad enemiga), etíope (subjerarquía intra-racial) se le suma el que está poseído por una enfermedad terrible: scabiosi, o sea la Lepra. Las costras en la piel negra hacen hincapié en la fealdad absoluta y la enfermedad mortal de la persona, que aparece para recordarle un fracaso individual y nacional. Conocida por sus lesiones cutáneas desfigurantes desde la Antigüedad (la forma más severa produce grandes nódulos desfigurantes, o bultos) y un debilitante daño a los centros nervios, la Lepra, denominada en sus inicios “Elefanciasis” y en la medicina moderna “Enfermedad de Hansen”. Es una enfermedad infecciosa de nula transmisibilidad cuando está debidamente tratada. No tiene nada de extraordinario que se extendiera, desde su origen epidémico en el Este de África, como una plaga por el mundo conocido gracias al intenso comercio de esclavos, al Colonialismo. Documentos históricos y médicos escritos entre el siglo XVI y XVII demuestran que la Lepra, llamada por los esclavistas con los simpáticos términos de Coca-Bay, Lazarino, Joint Evil o King’s Evil, era altamente prevalente en los esclavos africanos en las Indias Occidentales holandesas, y también en el breve período de ocupación del norte de Brasil. El concepto social-racista de la Lepra se reconstruyó alejándolo de la Teología, pero considerándosela por los europeos como una “Aflicción” exclusiva de gente considerada inferior, Untermenschen, específicamente de la población negra que vivía en las colonias europeas. El Racismo médico llegó a sostener “científicamente” que los blancos eran inmunes a la Lepra, o sea que las “Sub-personas” tenían enfermedades infecciosas exclusivas de su raza inferior, de su insuperable Ontología.[22] La Lepra fue históricamente incurable, mutilante y vergonzosa. Se establecieron leyes represivas, se prohibió la presencia en público de esclavos leprosos, se les perseguía y secuestraba para internarlos en establecimientos terroríficos (o naves aisladas), y además se le cobraba una fuerte multa a sus amos si se les descubría ante un público europeo.[23] Es decir que la Lepra era considerada desde el siglo XV como “la” enfermedad de los esclavos negros.[24] Además, en el contexto de un pensador como Spinoza, gran hermeneuta de las escrituras teológicas tanto judías como cristianas, la Lepra tiene evidentes connotaciones religiosas y resonancias bíblicas, ya que se consideraba un justo castigo divino.[25] 
Aquí finaliza lo que podemos exhaustivamente deducir del sueño de Spinoza y las condiciones existenciales, “egocéntricas”, de las que puede interpretarse tanto su significado como el material pasivo que lo generó. El sueño, la figura de la mediación del negro brasileño leproso, como veremos, es perfectamente coherente, y tiene una connexio lógica con la propia filosofía política spinoziana, incluso con la madura, con su Tractatus politicus. Lo cierto es que llama la atención esta curiosa paradoja materialista: que los liberales holandeses del siglo XVI-XVII tuvieran como un gran orgullo nacional el conseguir la máxima libertas para su pueblo y llegar un clima de tolerancia en la Patria sin igual en Europa, mientras que al mismo tiempo forzaban al trabajo a cientos de miles de esclavos negros y asiáticos en sus dominios de ultramar, a miles de nigri et scabiosi sclavus. La “Maxon-Dixon Line”[26] en Holanda estaba trazada en algún punto del Océano Atlántico, no en su propio territorio, pero también profundamente perfilada en la entraña de la teoría política del naciente Republicanismo comercial. ¿Las contradicciones irresueltas al nivel de la Teoría finalmente reaparecerán como restos diurnos a un nivel más profundo del delirio, la fantasía, la imaginación y en la escritura de Spinoza?
La Filosofía política liberal clásica (Hobbes, Grocio, Pufendorf, Spinoza, Locke, Rousseau, Kant) nace, como una Minerva, armada con la idea de Pacto y de Contrato (o sea: suma de voluntades, obligación, consentimiento y representación). La idea es muy intuitiva y sencilla. Todos somos conscientes de la idea de un “contrato”, un acuerdo entre dos o más personas para hacer algo. El “Contrato social” simplemente extiende esta idea del Derecho privado. Spinoza define así la ficción constitucional: “si consideramos que los humanos sin mutua ayuda viven en la mayor de las miserias y sin posibilidad de cultivar su razón... veremos con toda claridad que, para vivir en seguridad y de la mejor manera posible, tuvieron que ponerse de acuerdo de mancomún, y, en consecuencia, llevar a efecto, el que el derecho que cada uno por naturaleza tenía a todo, lo tuviesen ahora colectivamente, y que en adelante ya no se determinase (ese derecho) por la fuerza y la codicia de cada cual, sino conjuntamente por el Poder y la Voluntad de todos. Éste, sin embargo, hubiera sido un intento inútil si no hubieran querido seguir más que lo que el apetito les dictase, y de esa manera tuvieron que estatuir un Pacto (pactum) entre sí con toda firmeza el dirigirse en todos los asuntos por el dictamen exclusivo de la Razón...”[27] La gran virtud (ideológica) de la teoría tradicional del Communi Consenso[28] fue la de proporcionar respuestas aparentemente sencillas, tanto a cuestiones de hecho sobre los orígenes y el funcionamiento del Estado, como sobre cuestiones normativas acerca de la justificación de las estructuras socioeconómicas y la obligación con respecto a las instituciones políticas. Por otra parte, el Contrat era muy versátil, dependiendo de cómo los teóricos de diferentes puntos de vista sobre el estado de naturaleza, la motivación humana, las personas, los derechos y las libertades (original y devenida), los detalles particulares del contrato y el carácter del gobierno (obligaciones y derechos) que resulta de todo ello. Si pensamos en los seres humanos, partiendo de un hipotético (no-histórico) “Estado de Naturaleza”, sugiere que, a continuación, podemos decidir la creación de la sociedad civil y de la sociedad política (Res publica, Estado).
Para Grocio, Pufendorf y Spinoza, el “Estado de Naturaleza” (Status naturae), ya sea histórico o hipotético, es una condición social regulada por la Ley moral de Dios. El holandés Grocio es enfático en que el Contrat, que establece la sociedad civil, constituye una comunidad jurídica en consonancia con la sociabilidad natural del hombre, en la que coincide Spinoza, en consonancia con el reconocimiento mutuo y la protección de sus derechos morales. La obligación de mantener los acuerdos (como subraya Spinoza) no es una consecuencia automática de vivir en la sociedad civil, sino más bien el corolario necesario en virtud de la Ley natural de nuestra racionalidad y  sociabilidad: “El Hombre es una animal social” dirá Spinoza siguiendo a Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y Francisco Suárez.[29] Tanto en Grocio, Pufendorf y Spinoza se identifican dos obligaciones naturales que nos predisponen a instituir una sociedad política y la soberanía unitaria. Tenemos en primer término un deber-servicio para con Dios en virtud de la Ley natural de auto-preservación (conatus) y (en la medida en que sea compatible con esto), la preservación de los demás, los otros. Son importantes, en el contexto spinoziano, las controversias religiosas del siglo XVI que dieron lugar a numerosos tratados por los hugonotes, como Hotman, Beza y Mornay, y el radical calvinista Buchanan, en los cuales básicamente el consentimiento y el contrato en relación con la comunidad y su gobernante se invocan en diversos grados para reclamar la libertad de opinión y de culto religioso (libertas academica, libertas philosophandi, libertas docendi),[30] slogans comerciales-liberales que se hicieron famosos en Europa gracias a Descartes (quién los acuñó conceptualmente). Spinoza, cartesiano crítico, coincide en todos estos puntos en común señalando que “la Libertad de filosofar y de decir lo que pensamos, que quiero defenderla por todos los medios, pues por aquí, en razón de la excesiva autoridad e insolencia de los predicadores, se elimina sin más y se establecen teorías de la resistencia y la desobediencia civil basadas en gran medida a partir de un Derecho contractual implícito con Dios.”[31] No es que estos teóricos eruditos hayan ignorado por completo la historia de opresión social y racial (servidumbre oriental, expropiación nativos americanos, la esclavitud africana, trabajo infantil, etc), sino que la han conceptualizado de una manera engañosa, que deja intacta la Weltanschauung de la corriente dominante de la ideología política. El trabajo forzado, el Racismo y el Esclavismo no son considerados problemáticamente al nivel teórico y político de la nueva ideología del republicanismo comercial, sino como “prejuicios precapitalistas”, la resaca pre-moderna, sub-productos accidentales. Es posible y de manera racional, representar como una democracia más o menos liberal, más o menos igualitaria a una nación en el que la mayor parte de su población (no solo los de color sino los trabajadores manuales, los pobres y los extranjeros) estaba excluida y subordinada, ya sea esclavizada, expropiada, segregada, marginada o privada de la igualdad de oportunidades socio-económicas. Es decir: se trata de silenciar que la mayoría de la sociedad civil sufría una “Muerte Social”. Y lo que hace que esta hazaña de evasión ideológica sea posible es, pero en una mínima parte, el desconocimiento de los hechos, pero la clave es el mapa del terreno conceptual dominante, compartido y venerado, en el cual los hechos están privados de su propio significado. Esta historia de la dominación no se enmarca, como debiera ser, en el cuadro general de un sistema de supremacía del europeo propietario, en el que muchos ciudadanos son superiores a otros. Y a su vez, las creencias que justifican y sostienen estas reglas de dominación, que se filtran en la propia Filosofía, no se ven como una ideología de la dominación burguesa, sino son subestimadas  y degradas a la condición de “accidente”, “prejuicio”, “irracionalidad” o “desviaciones”. La exclusión basada en Raza, Sexo y Clase no representa una lacunae, una “laguna teórica” en una Filosofía política liberal correcta, ni las inclusiones privilegiadas de ciertos ciudadanos por su propiedad y riqueza simplemente “contradicciones externas” del credo democrático. Esta lógica de inclusión y exclusión del Capitalismo forma una figura inseparable, interdependiente y el trasfondo mismo de la institución del Esclavismo. El Racismo en sus múltiples variantes es la tradición dominante en el Capitalismo, ayer y hoy, y el Classical republicanism, Republicanismo comercial, el igualitarismo liberal, como vemos, ha tenido una inflexión teórica racial-clasista desde su nacimiento histórico. El contexto material para el Racismo es el expansionismo europeo moderno, o sea: la aparición del fenómeno del Imperialismo. El Liberalismo es “contemporáneo” con el Colonialism, a pesar que esta relación intrínseca y necesaria apenas ha sido considerada por los teóricos políticos modernos o la industria académica. En realidad estos aspectos han sido denegados o silenciados, y mientras que el Liberalismo se autointerpreta como una teoría de la auto-conciencia universalista y cosmopolita “transhistórica-transcultural-transracial”, en realidad ha estado sellada de manera indeleble, de manera exotérica o esotérica, explícita o implícita, por la exclusión política sistemática y sostenida de diversos grupos y tipos de personas, por la “Muerte Social”. La auténtica historia política de Europa en el siglo XVII no se encuentra tanto en Europa, como en América, África y Asia. [32]
Lo que tenemos, entonces, es una teoría que fundamenta el gobierno aparentemente en el consentimiento popular de las personas tomadas como iguales. Pero el contrato material y real, efectivo, aunque basado en la tradición del contrato social que ha sido central en la teoría política occidental, no es un contrato entre todo el mundo (“Nosotros el Pueblo”, como rezan los proemios constitucionales), sino sólo entre las personas que cuentan, las personas que realmente son personas, las personas que pueden considerarse libres (“Nosotros los europeos propietarios”, por ejemplo). Por lo tanto, es un contrato excluyente, excepcionalista, discriminatorio y eminentemente clasista-racial. La igualdad formal final asegura y enmascara una desigualdad real y material. La Filosofía práctica del Liberalismo se asienta sobre un no-Contrato, o un pseudo-Contrato, que funge como relación entre realidades segregadas. El Iluminismo nace con esa fuerte dicotomización, lleva la marca estratégica de este doble vínculo normativo, que lentamente reemplaza a la inservible dicotomía religiosa (cristianos-infieles) de la Edad Media cuyas desventajas eran  evidentes a nivel ideológico. Raza y propiedad (Clase) empiezan a ser los marcadores formales que indican categorías de Untermenschen, Sub-personas, Nicht-Genien[33] o Humanoides, entidades o mónadas ya no totalmente humanas, muchas identificadas con la definición racial, pero no exclusivamente. En la idea de Untermenschen se fusionaba de manera generalizada clase, raza, religión, nacionalidad: un “Nosotros" (equivalente a blanco-europeo-libre qua propietario) y “Ellos” (negro, no-europeo-pagano-esclavo no libre qua propietario). Esto se logra de una manera única en la relación esclavista-excluyente: la definición como una persona socialmente muerta. Alejados de todos los “Derechos del Hombre” dejan de pertenecer por motu propio a cualquier orden social legítimo. Todos los esclavos (directos e indirectos) experimentan una auténtica excomunión laica, un Cherem burgués. El objetivo de esta distinción ontológica “Nosotros-Ellos” era en un principio clasista y religioso, más adelante racial. La Esclavitud fue el cautiverio para muchos de los perdedores en una suerte de concurso de Poder. Los esclavos eran ya infieles, ya paganos. La marca distintiva del estado de Esclavitud no es la pérdida de la libertad formal (política o civil), como en el caso de los no-propietarios, mujeres y extranjeros en la Europa del siglo XVII, como veremos, sino la perpetuidad y el carácter casi absoluto de esa pérdida, ya sea voluntaria o involuntaria. Una exclusión durante vita. El salvajismo y la aparente extrañeza de los negros africanos, auténticos alienus, reforzadas por las actitudes tradicionales y el contexto de los primeros contactos, fueron los componentes más importantes en el sentido de la différance (en cuanto a posponer el reconocimiento y al mismo tiempo diferenciar), que proporcionó el margen mental, absolutamente necesario para la colocación de los europeos en la cubierta del barco de esclavos y al negro con grilletes en la bodega. La misma différance que se incorporó como presupuesto no explícito en la alta teoría política como referencia a la alteridad. Si la mano de obra nacional era de alguna manera una casta de Outsiders, foránea, extranjera e invisible, el esclavo lo era pero dos veces. El Liberalismo clásico desarrollará, aparte del Contrat clásico y paradigmático  para su espacio vital interior, un Contrato expropiador para su espacio imperial,  un Contrato colonial y finalmente un Contrato esclavista. Todos ellos presuponen como norma fundamental la absoluta legitimación de la subordinación y la “muerte social” de amplias mayorías, todos ellos se afirman sobre la injusticia “natural” de enteras categorías de personas.
El contrato social clásico es, ante todo, una hipótesis ético-política en su naturaleza, pero también es eminentemente materialista, plena de un pragmatismo cínico, económica en el sentido de sus fundamentos últimos, al punto que el “Estado de Naturaleza” es el molde para asegurar un entorno estable para la apropiación industriosa y racional del mundo, para generar cadenas de propiedad, con seguridad y estabilidad. Europa, sin embargo, no fue el único espacio político-económico en asociar Cultura, Civilización y  Esclavitud. El surgimiento del Islam fue posible gracias a la institución de la Esclavitud, pues sin ella las primeras elites árabes simplemente no habrían sido capaces de explotar la mano de obra calificada y no calificada, que es esencial para su supervivencia y expansión militar. Aún más que los estados occidentales, el mundo islámico dependía de esclavos para la realización de importantes funciones administrativas, militares y culturales. Las sociedades orientales son inusuales desde este punto de vista histórico, ya que en comparación con Europa tiene una ratio relativamente baja entre períodos históricos de alta civilización y el surgimiento del trabajo esclavo forzado. En el mundo europeo (el de Spinoza, el del Iluminismo) la paradoja de los Untermenschen se complica por otro enigma histórico. La Esclavitud no sólo se asocia con el desarrollo de las economías avanzadas, en nuestro caso las Provincias Unidas, sino también con la aparición de altos ideales y creencias más profundamente apreciados y unánimes en la tradición occidental. La idea de la Libertad y el concepto de Propiedad surgen íntimamente ligados con el auge de la Esclavitud, su némesis, su antítesis. Los grandes pensadores, nuestras vacas sagradas (con notables y sintomáticas excepciones) no sólo daban por natural y asentada la institución de la Esclavitud sans phrase, sino que subrayaban su necesidad como forma de vida. Al hacerlo, ellos no eran culpables de algún desliz insondable de la Lógica filosófica, sino mostraban un  candor admirable desde nuestro cinismo posmoderno. Marx decía como cuestión del método materialista, practicando la Ideologiekritik a los economistas vulgares, que el pensamiento en torno a las forma de la vida humana (ergo: el análisis científico de las mismas), “toma un camino opuesto al seguido por el desarrollo real”, histórico y material. Comienza siempre post festum, después del acontecimiento y, por ende, disponiendo ya de los resultados últimos del proceso de desarrollo. Las formas poseen ya “la fijeza propia de las formas naturales de la vida social (Festigkeit von Naturformen), antes de que los hombres procuren dilucidar, no el carácter histórico de esas formas (que ya cuentan para ellos como algo inmutable) sino su contenido.” Marx las llama “formas dementes” (verrückten Form) que se presentan tanto en la Economía Política como en la Filosofía política como categorías (Kategorien).
La Esclavitud puede considerarse desde el perspectivismo burgués, aunque suene escandaloso, una categoría socioeconómica como otra cualquiera; lo mismo que los medios de producción, las máquinas, el crédito, etc. La Esclavitud directa (en especial de los negros africanos) fue históricamente el pivot de la gran industria burguesa.[34] Marx decía que la Esclavitud de los negros africanos, la ignominiosa Negersklaverei, era un tipo de esclavitud “puramente industrial”, que paradójicamente “desaparece” sin más y que aparentemente es incompatible con el desarrollo normal de la sociedad burguesa, pero que, al mismo tiempo, “presupone la existencia de la sociedad burguesa: si junto a esa esclavitud no existieran otros estados ‘libres’ con trabajo asalariado, todas las condiciones sociales en los estados esclavistas asumirían formas precivilizadas.”[35] Mutatis mutandis, este principio puede aplicarse a la superestructura ideológica de la época, tanto al Absolutismo ilustrado como al Liberalismo comercial. La exclusión y el colonialismo se encuentran en el corazón mismo del Liberalismo occidental y del surgimiento del capitalismo moderno. Básicamente, y de manera brutal, esta norma no escrita declaraba que los únicos libres y humanos sobre la Tierra eran los europeos (no todos, sino determinados propietarios). El Liberalismo nacía como una ideología política de las democracias Übermensch und Herrenvolks.[36] No hay anomalía ideológica en el Liberalismo, sino simbiosis entre Liberalismo, Clasismo y Racismo. Clasismo, Etnocentrismo y Sexismo no son una suerte de caprichos académicos que surgen en la población filosófica como tomar mucho café, utilizar términos griegos o usar pajarita: en realidad son sub-teorías sofisticadas, articuladas y muy elaboradas, que sostienen y empujan creencias en la Cultura y en la experiencia personal que nos rodea, con una forma y estructura lógica que les permite desarrollarse y transmitirse, garantizando que siempre, en todo tiempo y lugar, sea así. En lugar de ver estos componentes ideológicos como contradicciones superables o “anécdotas políticas” separadas/externas de un determinado corpus filosófico, en realidad debemos reconocerlas como formando una Totalidad complementaria.[37]
El Background clásico del Liberalismo exige ciudadanos propietarios con valores burgueses, el cemento de la “democracia basada en el comercio” (Montesquieu), de la república del doux commerce. Se habla mucho en los ideólogos y propagandistas antiaristocráticos a partir del siglo XVII de la doucer (dulzura, suavidad, sensatez, cultura) del Comercio, como antónimo de la violencia y la conquista: donde hay comercio hay paz y amabilidad; donde hay paz y amabilidad hay comercio. “Comercio” tendrá un sentido “no-comercial”, de intercambio justo y racional, interrelación sin trabas ni privilegios, de redes basadas en la honestidad, la previsión y la libertas.[38] Encarnando esta ideología del naciente capitalismo, existía un proverbio holandés de la época de Spinoza muy popular que rezaba: “Jesucristo es bueno, pero comerciar es mejor”.[39]
El doux commerce, desde Maquiavelo, se basaba en un mix ideológico de pasiones compensadoras (ciudadano, sociedad política, ragione di stato) y la doctrina del interés (burgués, economía, interesse), donde el comercio y el intercambio mercantil tienen un aspecto curativo, equilibrante, positivo: el universo moral estaría gobernado por las leyes del (auto) interés. Es casi una regla general, dirá Montesquieu, que “donde hay costumbres apacibles existe Comercio, y que allí donde hay Comercio hay costumbres apacibles.”, o en otra fórmula magistral: “el Comercio… pule y suaviza (adoucit) los modos bárbaros…”. El efecto natural del doux  commerce es la paz y la tolerancia, y genera en los hombres “una justicia estricta”, además guarda una relación estrecha con la Constitución y sólo es posible su despliegue histórico en una república o un “gobierno de varios”. Ya está aquí, con todas sus consecuencias, la escisión entre bourgeois y citoyen, entre política y economía que caracterizará como signo distintivo al Capitalismo histórico. Spinoza coincide totalmente con esta idea de la naturaleza humana innata: el interés, en el sentido del “amor a sí mismo”, el interesse de Maquiavelo, el Interest van Holland de sus admirados De la Court,[40] el inalterable sum utile spinoziano, razonable, calculable, previsible, puede igualar y sofocar las pasiones, la irracional Libido: “Todos los hombres buscan sin duda su propia ventaja (suum utile), pero raras veces lo hacen de acuerdo con los dictados de la Razón sensata (sanae rationis dictamine); en la mayoría de los casos el Apetito (libidine) es su única guía, y en sus deseos y juicios sobre lo benéfico se ven arrastrados por el placer y sus Pasiones (animi affectibus), y no toman en cuenta el futuro ni ninguna otra cosa. Ninguna sociedad puede subsistir sin autoridad, y por tanto, sin leyes (absque imperio, et vi, et consequenter legibus) que moderen y controlen el ansia de placer y los impulsos desenfrenados.”[41] La creencia en  que el interés, la “Afección interesada” (Hume), podría constituir una motivación motivante y realista en el comportamiento humano para modelar estados eficaces y modernos, significaba que se había descubierto una base materialista (científica) para un orden social superador del teológico-absolutista: el burgués. Una forma estado donde el sum utile pudiera verse con claridad, ser transparente y alejado de la superstitio heroico o religiosa, alejado de las utopías socialistas o comunistas, que Spinoza ridiculiza, a través de una potencia extrapolítica (comercio y libertad de opinión); una forma estado que estableciera el perfecto equilibrio entre el imperio del interés (constante, universal, obstinado) y el teatro de las pasiones (como le llamaba Bossuet) sería muy deseable y estratégico para cualquier nación. Los hombres, para Spinoza, no buscan otra cosa, por Natura, que la utilidad mutua (verum hominum utile intendunt). El paradigma de la sum utile es la acumulación, como lo reconocía Montesquieu, el imperio de la Ley de la utilidad marginal decreciente.[42] Los políticos podrían planificar la obligación política cooperativamente con moderación, constancia y posibilidad de previsión (el futurible spinoziano). Al ciudadano propietario el interés no le mentirá, ni le engañará. Y al perseguir racionalmente (es decir, anulando el animi affectibus) nuestro interés, se genera virtud pública, es decir, ganancia mutua en el intercambio político (equilibrio de poderes). Ejes cardinales del doux commerce que se apoyaban en una naturaleza humana uniforme e innata: la sociedad comercial cura los prejuicios destructores (directa e indirectamente). Un tercer elemento que surge como subproducto no intencional de esta forma estado del doux commerce es la duración y la estabilidad, una vieja obsesión de Maquiavelo, subrayada sin cesar por Spinoza bajo la categoría de societas securior: “Los (estados) moderados son estables (moderata durant).”, y la sociedad más segura y estable, y la menos expuesta a los embates de la Fortuna, será “aquella que esté fundada y dirigida, en mayor proporción, por hombres  sabios y vigilantes (hominibus prudentibus, et vigilantibus).”[43] (Continuará)
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[1] En: Spinoza, Baruch; Tractatus theologicus politicus, CAPUT XX, “Ostenditur, in libera Republica unicuique et sentire, quae velit, et quae sentiat, dicere licere”, edición Gerbhardt; en español: Tratado teológico político, Madrid, Alianza, 2003, Cap. XX, “Se demuestra que en un Estado libre está permitido que cada uno piense lo que quiera y diga lo que piense.”, p. 422.
[2] En el siglo XVII no se utilizaba el término “República Holandesa” ni el de “Holanda”, sino indistintamente los términos Vereenighde Nederlantsche Provintien (Provincias Unidas de los Países Bajos), Vereenighde Nederlanden (Países Bajos Unidos) o Geunieerde Provincien (Provincias Unidas) para la unión de las siete provincias independizadas de España por el Tratado de Utrecht (1579); véase: Kossmann, E.H.; “Freedom in seventeenth-century Dutch though and practice”, en: Israel, Jonathan I. (ed.); The Anglo-Dutch Moment: Essays on the Glorious Revolution and its World Impact, Cambridge University Press, Cambridge, 2003, p. 288.
[3] Entre otras funcionaban con centro en Amsterdam hacia 1620: la Danish West India Company, la Swedish African Company, y la Brandenburg African Company (prusiana); una famosa casa comercial, Coymans, de Amsterdam casi monopolizaba la titularidad de “Asientos” para la exclusiva trata de esclavos con España y sus colonias; véase el trabajo de la historiadora Violet Barbour: Capitalism in Amsterdam in the 17th Century, Ann Arbor, Michigan 1963.
[4] El Banco de Amsterdam se fundó en 1609 en respuesta a una petición de comerciantes importadores de telas y paños como herramienta agresiva comercial, pero además se buscaba la unificación de la acuñación de moneda y la sustitución del metálico por papel moneda; su rol fue tan innovador y creativo que lo citaba como ejemplo Adam Smith y su modelo institucional fue imitado en toda Europa; véase: Kindleberger, Charles, P.; Historia financiera de Europa, Crítica, Barcelona, 1988, p. 66 y ss.
[5] Entre 1585 y 1622 la población de la ciudad aumentó de 30.000 a 105.000; sus pueblos políglotas contaba con una amplia gama de experiencia, habilidades y tecnología, con una población estimada en 130.000 habitantes, era una de las ciudades más grandes de Europa en la época; Nadler, Steven: Rembrandt's Jews; University of Chicago Press, Chicago, 2003, pp. 17-18.
[6]  Carta escrita a su amigo el poeta Jean-Louis Guez de Balzac, 5 de mayo de 1631; en: Descartes, René; Oeuvres et lettres, Bibliothèque de la Pléiade, Paris, 1953, Carta XXXIII, p. 203.
[7] En: Tractatus theologicus politicus; PRAEFATIO; en español: Tratado teológico político, Madrid, Alianza, 2003, “Prefacio”, p.65.
[8] De Varnhagen, Francisco Adolfo; Historia das lutas com os Hollandezes no Brazil desde 1624 a 1654, Finsterbeck, Viena, 1871, p. 64 y ss.; véase la voz: “Henrique Dias. Ex-slave who broke the power of Holland (1605-1662)”; en: Rogers, Joel Augustus: World's Great Men of Color, Volumen 2, Simon and Schuster, New York, 1996, p. 171-177.
[9] Vivió nueve años en Brasil bajo el dominio holandés; según censo de la época, en Pernambuco de casi 3000 colonos holandeses, 1450 eran judíos o nuevos cristianos, de ellos 350 sirvieron en el cuerpo militar colonial de la ciudad, véase: Nieuhof of Johan, Joan; Gedenkweerdige Brasiliaense Zee-en Lant-Reise und Zee-en Lant-Reize door verscheide Gewesten van Oostindien., de Weduwe van Jacob van Meurs, Amsterdam, 1682; en portugués: Nieuhof, Joan; Memorável viagem maritima e terrestre ao Brasil, Livrara Martins, Sao Paulo, 1942; y la obra de Nachman Falbel: Judeus no Brasil: estudos e notas, Editora Humanitas, São Paulo, 2008, p. 109 y ss.
[10] “Breve discurso sobre o estado das quatro capitanias conquistadas de Pernambuco, Itamaracá, Paraíba e Rio Grande, situadas na parte setentrional do Brasil, escrito por João Maurício de Nassau, Adriaen van der Dussen e M. van Ceullen. (1638)”, en: FHBH, vol. I, pp. 77-129; y “Relatório sobre o estado das quatro capitanias conquistadas no Brasil, apresentado pelo Senhor Adriaen van der Dussen ao Conselho dos XIX na Câmara de Amsterdam, em 4 de abril de 1640. (1639)”, en: FHBH, vol. l, pp. 137-232.
[11] Véase el trabajo general de Schwartz, Stuart; Segredos Internos: engenhos e escravos na sociedade colonial 1550-1835, São Paulo, Cia das Letras, 1999.
[12] Arbell, Mordehay; The Jewish Nation of the Caribbean: The Spanish-Portuguese Jewish Settlements in the Caribbean and the Guianas, Gefen Publishing House, Jerusalem, 2002, p. 17.
[13] Por ejemplo, la ciudad de Scheldt se dedicaba a la producción en serie para la exportación de pinturas y grabados; véase: Larsen, Erik (with the collaboration of Jane P. Davidson); Calvinistic Economy and 17th Century Dutch Art, University of Kansas Publications, Lawrence, 1979 p. 38 y ss.
[14] Spinoza, Baruch; Tractatus politicus; “CAPUT I. Introductio”; en español: Tratado político, Alianza, Madrid, 1986, p. 78.
[15] Spinoza, Baruch; Etica, Pars III, “DE ORIGINE ET NATURA AFFECTUUM. PRAEFATIO”.
[16] Puede verse en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Nos ofrece una evidencia visual de la presencia de esclavos negros y mulatos en la Holanda del 1600, el libro de Allison Blakely: Blacks in the Dutch World: The Evolution of Racial Imagery in a Modern Society, Indiana University Press, Bloomington, 2001.
[17] Titulado: “Portrait of René Descartes”, un óleo que se encuentra en el Louvre; representa al filósofo probablemente menos de un año antes de su muerte, o a los cincuenta y tres años de su edad.
[18] Existe escasa evidencia que sugiere la presencia de los esclavos africanos y asiáticos como fuerza de trabajo forzada en los Países Bajos desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII, su presencia era más notoria en los monstruos comerciales de Amberes y Amsterdam, puertos mundiales con fuertes conexiones con las colonias de ultramar. Nuestra comprensión de esta “esclavitud metropolitana” sigue siendo pobre, en parte debido a la escasez de materiales documentales, los números no pueden haber sido importantes, en parte porque la línea divisoria entre esclavo-siervo aparece bastante difusa, aquí, si no de jure entonces, ciertamente, de facto. Los esclavos se trajeron en los viajes de retorno de las colonias, generalmente se considera una práctica ilegal. Se los colocaba bajo “Manumisión” a menudo a su inmediato desembarco en los Países Bajos y se convertían en sirvientes personales ad hoc, aunque sus tareas diarias sin duda difieren muy poco de aquellos que sirven como esclavos domésticos en las colonias. Como un tema cultural, los esclavos-niños, ocuparon un lugar destacado en las primeras obras modernas de los burgueses ricos como puede verse en la historia de la pintura nacional holandesa.
[19] Sobre el rol de Etiopía en el tráfico de esclavos entre 1400 y 1600, véase: Lovejoy, Paul, E.: Transformations in Slavery: A History of Slavery in Africa, Cambridge, Cambridge University Press, 2011, p. 90 y ss. En Etiopía católica la única prohibición era la de esclavizar… a cristianos.
[20] El título completo era: Itinerario, voyage ofte schipvaert, van Ian Huygen van Linschoten naer de Oost ofte Portugaels Indien, inhoudende een corte beschrijvinghe der selver landen ende zeecusten...,; ahora en: Terpstra, H. (ed,), Itinerario: Voyage ofte schipvaert van Jan Huygen van Linschoten naer Oost ofte Portugaels Indien, 1579-1592, Martinus Nijhoff, The Hague, 1955, p. 25 y ss.
[21] Monopolio sobre la caza de esclavos de África y la América hispana que otorgaba el reino de España. La separación de Portugal de la Corona de Castilla interrumpió el comercio de esclavizados africanos hacia América. La guerra entre España y Portugal fue aprovechada por los holandeses quienes dominaron el comercio que anteriormente controlaban los portugueses, asumiendo en parte sus preferencias y conctactos. A pesar de que la Corona española firmó “Asientos” con los holandeses, este período se caracterizó por el incremento de la introducción de esclavos de contrabando a Cartagena de Indias usando la isla de Curaçao como base de operaciones.
[22] Véase: Gussow, Zachary: Leprosy, Racism and Public Health, social policy in chronic disease control, Westview Press, San Francisco and London, 1989.
[23] Rod Edmond, Leprosy And Empire: A Medical And Cultural History, Cambridge University Press, Cambridge-New York, 2006, p. 28 y ss.
[24] Kiple, Kenneth F.; The Caribbean Slave: A Biological History, Cambridge University Press, Cambridge-New York, 2002, p. 136 y ss.
[25] Por ejemplo, en Deuteronomio, libro bíblico del Antiguo Testamento y del Tanaj hebreo, en el cual el discurso con el cual Moisés se despide de su pueblo en los llanos de Moab: en 32.39 o en 24.8: “Cuídate de una infección de Lepra, para que observes diligentemente y hagas conforme a todo lo que los sacerdotes Levitas les enseñen. Como les he ordenado, así cuidarán de hacer.”
[26] En lenguaje popular, y especialmente desde el llamado “Compromiso de Missouri” de 1820, se usaba la línea Mason-Dixon simbólicamente como una frontera sociocultural que dividía el norte de Estados Unidos con el sur esclavista. Sobre la creación de un doble borde espacio-temporal entre Europa y el resto del Mundo, y un dúplice mercado de trabajo, véase: Davis, Kathleen; “Sovereign Subjects, Feudal Law, and the Writing of History,” Journal of Medieval and Early Modern Studies 36:2 (2006), pp. 223–261.
[27] En: Tractatus theologicus politicus, Caput XVI, “De reipublicae fundamentis; de jure uniuscujusque naturali et civili, deque summarum potestatum jure”; en español: Tratado teológico-político; Alianza, Madrid, 2003, p. 337-338.
[28] Es el término que utiliza Spinoza para explicar la idea de Contrato en su obra más madura; Tractatus politicus, II, #17.
[29] En Tractatus politicus, II, #15.
[30] Por otro lado, motto de la principal obra de Spinoza, el Tractatus theologicus-politicus; véase el artículo de Robert B. Sutton: “The Phrase ‘Libertas Philosophandi’”; en: Journal of the History of Ideas, Vol. 14, No. 2, Apr., 1953, pp. 310-316.
[31] Carta a H. Oldenburg, septiembre de 1665, Ep. LXXIX.
[32] Mehta, Uday Singh; Liberalism and Empire: A Study in Nineteenth-Century British Liberal Thought, University of Chicago Press, Chicago, 1999, pp. 4-5.
[33] O como les llama el gran reaccionario Nietzsche en su exquisita retórica: Überflussen, los superfluos, o Nicht-Genien, los No-Genios; véase nuestro trabajo sobre el Racismo sofisticado de la filosofía práctica nietzscheana: González Varela, Nicolás; Nietzsche contra la Democracia. El pensamiento político de Friedrich Nietzsche 1862-1872; Montesinos, Mataró, 2010, p.
[34] Textualmente: “Die direkte Sklaverei ist der Angelpunkt der bürgerlichen Industrie”; en: Marx, Karl; Das Elend der Philosophie. Antwort auf Proudhons ‘Philosophie des Elends’; en: Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 4, Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1972, p. 132; en español:
[35] Marx, Karl, “Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (rohentwurf) 1857-1858”; en:  Marx, Karl/ Engels, Friedrich; Werke, Band 42; Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1953, p. 167; en español: Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política 1857-1858 (Grundrisse); Siglo XXI, México, 1986, T-I, p. 159.
[36] O sea: de los Superhombres y Pueblos superiores, base dicotómica esencial; sobre la idea véase a Pierre L. Van der Berghe en su obra ya clásica: Race and racism: a comparative perspective, Wiley, New York, 1967, p. 18 y ss.
[37] Sobre el tema, véase el trabajo de Catherine Wilson: “Introduction. Social Inequality: Rousseau in Retrospect”, en: Wilson Catherine (ed.); Civilization and Oppression, Canadian Journal of Philosophy Supplementary Volume 25, University of Calgary Press, Calgary, 1999, p. 18 y ss.
[38] Sobre el tema de la argumentación político-filosófica del Capitalismo ex ante de su hegemonía completa, véase la extraordinaria visión de economista-filósofo de Albert Hirschman en su clásica obra: Las pasiones y los intereses. Argumentos políticos en  favor del capitalismo antes de su triunfo; FCE, México, 1978, y su respuesta a los críticos: “Opiniones contrapuestas sobre la Sociedad de Mercado”, en: Enfoques alternativos sobre la Sociedad de Mercado y otros ensayos recientes, FCE, México, 1989, p. 107-141.
[39] Emmer, P.C.; “Jesus Christ Was Good but Trade was Better: An Overview of the Transit Trade in the Dutch Antilles, 1634–1795,”; en: Engermann, Stanley, L./ Paquette, Robert L. (Ed.) The Lesser Antilles in the Age of European Expansion, University Press of Florida, Gainesville, 1996, pp. 206–222.
[40] La obra de se titulaba: Interest van Holland ofte gronden van Hollands welvaren (Los intereses de Holanda o los fundamentos de la Riqueza holandesa), fue publicada en 1662. Véase el trabajo de Arthur Weststeijn: Commercial Republicanism in the Dutch Golden Age. The Political Thought of Johan & Pieter de la Court, Brill, Leiden-Boston, 2012; sobre la relación entre Spinoza y los hermanos De la Court: Blom, Hans W.; Spinoza en De la Court. Politieke wetenschap in de zeventiende eeuw, Mededelingen vanwege het Spinozahuis, Nr. 42, Brill, Leiden, 1981. Spinoza poseía en su biblioteca las dos obras principales de los hermanos De la Court, de Johan su Consideratien van Staat, ofte Politike Weeg-schaal, de 1661, y de Pieter su Politike Discoursen, handelende in Ses onderscheide Boeken van Steeden, Landen, Oorlogen, Kerken, Regeeringen en Zeeden, de 1662.
[41] Spinoza, Baruch; Tractatus theologicus politicus, CAPUT V, “De ratione, cur caeremoniae institutae fuerint, et de fide historiarum, nempe, qua ratione, et quibus ea necessaria sit”; en español: Tratado teológico-político; Alianza, Madrid, 2003, pp. 158-159.
[42] Esprit des lois; Vol. XX, p. 4; en español: Montesquieu, Barón de; Del espíritu de las leyes, T. I, Libro XX, Cap. III, Ediciones Orbis, Buenos Aires, 1984, p. 275-276.
[43] Spinoza, Baruch; ibidem; p. 159.; una obsesión que comparte no solo con Maquiavelo, sino con el Nietzsche más político y su concepto de Stabilität, condición que no cumple el estado del doux commerce ni el bismarckiano; véase el aforismo “Veredelung durch Entartung. 224”, en: Friedrich Nietzsche; Menschliches, Allzumenschliches I. Ein Buch für freie Geister de 1878.
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Nicolás González Varela: 'Negro brasileño leproso', sueño político-filosófico de Spinoza (1) (*) -A-


Nicolás González Varela: 'Negro brasileño leproso', sueño político-filosófico de Spinoza (1) (*) -A-

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Estos negros –dicen los holandeses– son feroces,
pérfidos, infieles a los tratados, e irreconciliables.”
(Barón de Bessner, ‘Mémoire sur les negres fugitifs de Surinam’, 1777)
Spinoza, el primer judío liberal.”
(Carl Schmitt, ‘Der Leviathan in der Staatslehre des Thomas Hobbes’, 1934)
Las contradicciones de un autor son significativas
porque contienen problemas que, ciertamente
no resuelve, pero que revela contradiciéndose.
(Karl Marx, ‘Theorien über den Mehrwert’, 1861–1863)
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Spinoza, el “hombre ebrio de Dios”, el “marrano de la Razón”, el “judío subversivo”, aquel que el filósofo cortesano Leibniz describió como “un hombre de tinte oliváceo y algo de español en su semblante”, fue sin dudas un pensador radical para su época, ligado a los ríos, a los canales y al océano. Su corta pero profunda reflexión se encuentra indeleblemente marcada por el surgimiento del nuevo imperialismo, la emigración, la persecución, la precariedad, las travesías inciertas, el riesgo mercantil de la desafiante burguesía y el cosmopolitismo más moderno.[1] Impresiona su dimensión total, al mejor estilo de un hombre del Renacimiento: metafísico y moralista, pensador religioso y filósofo político, exégeta crítico de la Biblia, crítico social, pulidor experto de lentes, comerciante multinacional, físico y cosmólogo, hereje hasta el final de sus días. Podríamos decir que era español, ya que la familia de Spinoza, como su nombre lo indica, provenía de la ciudad castellana de Espinosa de los Monteros, provincia de Burgos, en el límite cantábrico, y porque era costumbre en los judíos sefaradíes portugueses el hablar portugués pero escribir en español;  hispano-portugués, porque sus padres fueron emigrantes forzosos de formación católica no-judía, los Anusim, o “marranos” (los antepasados judíos de Spinoza vivían ya en España en tiempos de Cartago y Roma); era judío, porque fue recibido en la comunidad de Abraham y recibió estudios tradicionales talmúdicos, y contribuyó económicamente con su sinagoga; era portugués, ya que esa fue durante toda su vida su lengua materna y primigenia (los poetas ibéricos eran sus preferidos, tanto que firmaba con naturalidad con un “D’Espiñoza”); era holandés, porque nació en Amsterdam, en un barrio que se encontraba entre el Río Amstel y el puerto, Vlooienburg (hoy se llama Waterlooplein), en una casa espaciosa alquilada, y porque murió en La Haya, porque estaba ligado a Rembrandt por la misma cultura, pero por destino Spinoza seguirá siendo un outsider, un intempestivo, un hombre póstumo, un inactual.
Su situación es excepcional, generará una filosofía imposible de reducir a una religión, imposible de cooptar por la peste nacionalista, pero al mismo tiempo bien anclada en las relaciones materiales de su tiempo y atenta a la tradición política. Pero a pesar de sus esfuerzos, la Ideología holandesa de la burguesía vivirá a su pesar enroscada entre líneas, incluso entre sus sueños. Fueron varios los motivos de la emigración masiva de judíos de España y Portugal, y no fueron exclusivamente religiosos: el anacrónico imperio español (al que Marx calificaba de ser una forma tardía de “despotismo asiático”) estaba en decadencia económicamente desde su nacimiento, con unas relaciones de producción basadas en la conquista territorial, el privilegio fiscal y el monopolio real, mientras que Holanda ofrecía el inicio de una nueva forma de imperialismo militar&comercial centrado en el espíritu del capitalismo gracias a la mediación ideológica del Protestantismo (Calvinismo). Holanda fue el primer pueblo en toda Europa que realizó con éxito una revolución burguesa, al emanciparse del despotismo español. El Calvinismo, con toda su filosofía política liberal, es aquí el creador de una nueva forma de estado. La comunidad portuguesa en Amsterdam y en Rotterdam, unida por el idioma y el terruño, se consideraba a sí misma una nación exiliada, constituida por una élite comerciante e industrial, para quienes la religión no es una realidad sino un problema. Aquí entre los Sefardim no domina, como en el caso de los judíos del Este (Ashkenazíes) los dogmas absolutos, la intolerancia étnica y la Cábala, sino la gran tradición humanista del judaísmo ibérico: Crescas, Gebirol, Halevy, Hebreo, Herrera, Ezra y el gran Maimónides. La comunidad no lo tuvo fácil en su nueva patria: periódicamente los sectores más conservadores de la alta sociedad holandesa, los Predikanten, pedían la expulsión de los “mercaderes portugueses”.[2] En primer lugar, sería un grave error suponer que antes de finales de siglo XVIII las ideasmodernas acerca de la Igualdad entre razas había echado raíces en los Países Bajos. La Tolerancia, muy famosa en los Países Bajos, no se basa en los principios modernos, sino en consideracionescrematísticas&prácticas, que permitan a una población que era (y sigue siendo), profundamente escindida sobre asuntos religiosos,a convivir juntas. Las minorías religiosas, católicas y judías,fueron discriminadas y excluidas de los cargos públicos. Spinoza mismo se vio obligado a firmar su obra más política de manera anónima, tuvo que falsificar la ciudad de edición y temía por su vida, sus obras fueron prohibidas en 1674, junto con el Leviathande Hobbes.[3]
Hay una exquisita anécdota sobre este falso climax tolerante narrada, muchos años después, por un destacado médico y profesor universitario holandés,  Herman Boerhaave: en 1693 en su período estudiantil, mientras viajaba a bordo de un barco de pasajeros, escuchó un animado debate entre unos pasajeros acerca de Spinoza. Las opiniones expresadas eran la mayoría vehementemente negativas, entonces se acercó y le preguntó a uno de los críticos si en realidad había leído alguna obra de Spinoza, porque lo que afirmaba era falso; otro pasajero le preguntó su nombre, al que anotó, con el resultado que al llegar a puerto fue denunciado en Leiden como “spinozista” y perdió, aunque no le interesaba, toda oportunidad de hacer una carrera en la Iglesia pública.[4] En Holanda se persiguió, en ansias de una obsesión purificadora, a homosexuales, gitanos, mendigos y prostitutas. No existía dentro de Holanda un sistema de trabajos forzosos para los “otros”, como sucedió en otros lugares (Francia, España, Portugal, Gran Bretaña) pero este excepcionalismo carcelario no estaba basado en una cierta actitud indulgente y anti-racista, como sostiene la fable convenue, sino en el simple hecho de que el mercado de trabajo en los Países Bajos estabafuertemente impulsado por la oferta, como una constante afluencia de trabajadores inmigrantes de países vecinos, es decir: una fuerza de trabajo multinacional. Tal vez deberíamos concluir que los holandeses eran racistas como todo el mundo en ese momento, pero que tenían menos necesidad para practicarlo en su pequeña patria (circa 1650 su población no excedía los 2 millones de personas). No es casualidad que en Holanda el fuerte movimiento abolicionista europeo no tuviera ninguna relevancia, y es más: se abolió la Esclavitud en las colonias holandesas por presiones de Gran Bretaña. ¿Un déficit moral colectivo, una enorme bancarrota ética que pasó desapercibida en su filosofía práctica?
El padre del filósofo, Miguel D’Espinosa, entró de socio en el establecimiento comercial de su hermano Abraham, que parece haber sido muy importante según se deduce de los movimientos financieros registrados en el banco de Amsterdam. La empresa llevaba el nombre de fantasía portugués de “Manuel Rodrigues”, importaba frutas exóticas y frutos secos, hacia préstamos de dinero a comerciantes de armas, incluso el contrabando desde Málaga, y parece que fue una de las empresas más renombradas de la ciudad en la época. Casualidad o no, el padre de Spinoza morirá en 1654, poco después que los portugueses con nativos brasileños retomaran la ciudad de Recife y expulsaran a los holandeses definitivamente, una derrota que se tradujo en una enorme pérdida financiera para la comunidad Sefardim de Amsterdam y para los negocios de la familia Spinoza. Existe una fable convenuecon respecto a la vida de Spinoza, cuyos dos mitos principales son su extrema soledad y su pobreza sempiterna, pero ambas no se corresponden con la verdad. Spinoza proviene de una familia de alto rango en la estructura de clases de la Holanda de la época.[5]Por supuesto, puede considerarse un intelectual relativamente pobre si lo comparamos, en el otro extremo de la balanza, con el filósofo-cortesano derrochador de Leibniz.
¿Soledad? ¿Eremita? ¿Un Diógenes moderno? “Spinoza había vivido en la esotérica quietud del individuo aislado”, dice el jurista nazi-católico Carl Schmitt, siguiendo el mito historiográfico.[6] ¿Individuo aislado? Spinoza estaba en contacto con toda la cúpula liberal de Holanda, los dirigentes claves que conducían al nuevo estado, y era amigo íntimo del Pericles de la Historia de Holanda, el principal estadista republicano de la época: Jan de Witt. ¡Act est fabula! Pero existe otra dimensión de la fable convenue sobre Spinoza poco analizada, reprimida como en otros filósofos de la época del naciente Capitalismo europeo: la flagrante discrepancia entre pensamiento y práctica, entre teoría y praxis, que marcó a fuego el período de transformación de la forma mercantil del Capital en su forma cuasi moderna, protoindustrial y financiera. Es decir: ¿presenta Spinoza en la forma de una quimera delirante, la paradoja entre el discurso de la libertad y la democracia absoluta con la práctica de la esclavitud? Como dice Williams en su importante obra sobre el Capitalismo y el Esclavismo,[7] la institución de la Esclavitud, promovida y organizada por los europeos en el hemisferio occidental entre los siglos XVI y el XIX, no fue un hecho “accidental”, ni un dérapage en la historia económica moderna. La Esclavitud fue, antes bien, una pieza crucial en los primeros momentos de la formación del capitalismo mundial y del arranque particular de la acumulación primitiva en Holanda. No se puede explicar el surgimiento del Capitalismo a partir del año 1500 sin los esclavos como fuerza de trabajo y sin el floreciente comercio de los esclavos en el Atlántico: hacia 1900 se calcula que por cada europeo llegado a las Américas le correspondían tres esclavos africanos. Se ha calculado que en la cuenta final llegaron vivos a las Américas 12 millones de africanos para trabajos forzosos, solo entre 1500 y 1640 788.000 esclavos. El trabajo forzado y casi gratuito impulsó lo que podríamos llamar la primera agricultura de exportación capitalista: el cultivo del azúcar, pero también del tabaco y del algodón.[8]
Holanda es el ejemplo más temprano a tener en cuenta, su esplendor desde el siglo XVI al XVII fue gracias a una política militar de agresión y al dominio del tráfico de esclavos,[9] de hecho fueron los holandeses los primeros en trasladar mano de obra esclava de África al estado de Virginia en 1619 y a la isla de Manhattan en 1624, la futura New York. Incluso entre 1657 y 1663 cuatro barcos holandeses llegaron al puerto de Buenos Aires (un punto clave del contrabandismo continental de la época) repletos de esclavos, que fueron inmediatamente comprados por españoles y criollos.[10] A partir de 1630 los holandeses comenzaron a suplantar en las plantaciones de azúcar a los indios Tupani por africanos (aunque los portugueses ya habían comenzado con el comercio de esclavos con anterioridad, y antes que ellos los reinos islámicos) por razones que ya habían descubierto los españoles: un negro productivamente valía como cuatro indios. La historia de “Brasil holandés”, muy relacionado con la familia Spinoza, se pueden dividir en tres actos: en primer lugar, conquista y la consolidación de un territorio importantepara el cultivo de azúcar, seguido por una década de relativa paz y prosperidad bajo el gobierno ilustrado de Johan Maurits van Nassau, y, finalmente, la guerra interimperialista con los colonosportugueses locales y libertos brasileños que conducen a larendición final de la colonia en 1654. Hasta ese año barcos bajo la bandera holandesa transportaron 23.000 esclavos de África a Brasil y de las seis colonias de ultramar que llegó a tener Holanda en su cénit como potencia mundial, cinco eran sociedades esclavistas, y en tres de ellas eran mayoritarios los esclavos de origen africano en los trabajos forzados.[11] No es raro que nada menos que el padre del Constitucionalismo burgués, Montesquieu señalara que “El Azúcar sería demasiado caro si no se obligase a los Negros a cultivar la caña.” Porque el Azúcar era y es esencialmente una empresa capitalista compleja, que implica no sólo operaciones agrícolas sino también las etapas primarias del refinado final. La razón era crematística y económica, no racial; no tenía nada que ver con el color del trabajador, sino con los bajos costes de la reproducción de su fuerza de trabajo y la posibilidad de una explotación extensiva e intensiva. Comparado con el trabajo de los indios, el del esclavo negro era eminentemente superior desde la nueva óptica capitalista. Fue durante éste período en el que Spinoza se encarnó como su pensador más destacado y paradigmático. Pero veremos como su propia Filosofía práctica tiene el semblante bifronte de Jano, ya que como el legendario rey de Lacio, tiene el don de encarnar tanto el pasado que no termina de cancelarse como el porvenir que todavía no se cristaliza. En Spinoza flota un doble silencio filosófico, tanto en la cuestión del Racismo como con en el de la Esclavitud.
Nuestro pensador recibe la formación típica de un joven marrano de familia pudiente, con un destino prefijado: la profesión mercantil para heredar la empresa de su padre. Por supuesto, esto no excluía la formación religiosa talmúdica, ya que para los judíos el estudio religioso equivale a servir a Dios; como tampoco la humanista radical: en la biblioteca erudita que dejó a su muerte están, además de gramáticas, diccionarios y varias ediciones de la Biblia, casi todos los clásicos españoles (Góngora, Montalván, Quevedo, Cervantes), griegos, latinos y de la filosofía neoescolástica y moderna de la época: Diofanto, Josefo, Aristóteles, Hipócrates, Epítecto, Arriano, Luciano, Homero, Euclides, de los latinos Tácito, Tito Livio, Petronio, Virgilio, Julio César, Séneca, Salustio, Marcial, Plinio, Ovidio, Curcio, Plauto, Cicerón, por supuesto Moro, Petrarca, Calvino, Bacon, Maquiavelo, Grocio, Hobbes y Descartes.[12] Spinoza, contra la opinión corriente de muchos comentaristas, tuvo la iniciativa de hacerse expulsar de su sinagoga con un escrito Apología para justificar una ruptura con la Sinagoga, que escribió… ¡en español!: la sinagoga no tuvo más remedio que aplicarle una rabiosa excomunión (Cherem), ratificaba su condición de “ateo”, algo que siempre le disgustó, y finalizaba con una exhortación violenta a su asilamiento por la comunidad hebrea. En el mismo momento de la excomunión, año 1656, tuvo lugar un cambio decisivo en su posición social, en su conciencia de clase: hereda con su hermano Isaac el floreciente negocio de exportación&importación y de intermediación financiera y bancaria de su padre. Ya por esa fecha firmaba las letras comerciales y pagarés de su puño y letra como “Bento D’Espiñoza”, en los documentos notariales Bento es descripto como “mercader portugués residente en Amsterdam”. Ya empezaba a verse las desastrosas consecuencias comerciales que tendría para el negocio familiar la guerra interimperialista entre Holanda e Inglaterra y entre Holanda y Francia. Porque Holanda está vuelta y de manera desafiante al Mundo, a su porción colonial, a la integración militar y comercial de áreas no-capitalistas, a la conquista del mercado mundial, a cumplir el destino del ciclo lógico del capital. Como señala Toni Negri, en las Provincias Unidas se conjugan en el espacio-tiempo “el orden capitalista del beneficio y la aventura salvaje de la acumulación en el mar, la fantasía constructiva que los comercios producen y el asombro que todo ello produce en la Filosofía”. Pero este asombro filosófico ignoró el mayor crimen de Holanda: los esclavos y el trabajo forzado. El eje sobre el que giraba el milagro capitalista holandés –curiosamente Negri no lo señala– era la práctica general de la Esclavitud, incluso el uso y abuso doméstico de esclavos africanos.
Los principales puestos de comercio de esclavos, los famosos “Asientos”,[13] tanto en América como en África, estaban bajo bandera portuguesa, holandesa, francesa, inglesa, danesa o de Branderburg. Se calcula que Holanda (a través de la WIC, que fue la empresa esclavista privada más grande de la Historia)[14]envió a América (desde la zona de Angola y el Congo) más de 100.000 esclavos hasta 1730. Amsterdam sería la capital europea del tráfico de esclavos, en la provincia de Zeeland (Middelburg y Vilssingen) sus puertos eran los más importantes y eficaces en el mecanismo esclavista. Los holandeses hasta innovaron en las herramientas; diseñaron un exitoso galeón superápido, denominado Fluyt (“Barco volador”) que con una bodega amplia, poco calado y tripulación reducida, se transformó en el barco tipo ideal para el transporte de esclavos.[15] Cuando la conquista de parte de Brasil abrió nuevas oportunidades económicas los escrúpulos morales protestantes (y judíos) se desvanecieron rápidamente. De manera similar, la simpatía por los sufrimientos de los indígenas americanos a manos de los españoles, parte de la “Leyenda Negra”, no sobrevivió mucho tiempo al contacto real, más que ideal, con los indios en la Nueva Holanda. Es indudable que existía un Common Sense racista que debía necesariamente participar como trasfondo ideológico para anular toda implicancia moral o discrepancia ética; someter a los europeos a la Esclavitud era impensable (en esa época), pero a los africanos y negros sans phrase ya era un asunto ontológicamente diferente. El Racismo no creó el comercio y tráfico de esclavos obviamente con las que se benefició Holanda, pero colaboró: le dio a los europeos una superestructura lógico-moral para participar y tomar parte en él. O sea: los europeos (incluidos los holandeses) eran racistas mucho antes de que se involucraran en el comercio de esclavos en el Atlántico. El papel atlántico de los holandeses fue importante: jugaron un rol decisivo en la combinación de la tecnología de producción del primer sistema del Atlántico (Norte) con el capitalismo del llamado segundo sistema del Atlántico. Y dentro de este mecanismo, los judíos holandeses tuvieron un rol crucial.[16] Como resultado, las principales zonas productoras de cultivos tropicales de Brasil cambiaron hacia el Caribe y las regiones meridionales de América del Norte. La Esclavitud era la única fuente de trabajo en los dos sistemas, ya que el suministro de mano de obra era insuficiente tanto por parte de los emigrantes disponibles en el Nuevo Mundo como los ofrecidos por los amerindios o por los colonos nuevos. La oferta de mano de obra africana era relativamente elástica, y esta elasticidad forzada es uno de los elementos clave en la orientación distintiva del segundo sistema de Atlántico hacia el mercado internacional. Era obvio que la ideología holandesa de mediados del siglo XVI presentaba dos niveles de la conciencia moral en la sociedad civil: un conjunto de valores no racistas para su uso en el hogar (y entre los europeos), y otro, racista, únicamente para su uso en el mundo exterior (no-europeo). El “doble standard” ético se podía constatar materialmente: la diferencia entre la fuerza de trabajo muy libre y móvil en la República Holandesa y simultáneamente la ausencia de una fuerza de trabajo clásica en la mayoría de las colonias holandesas en el extranjero. En especial los holandeses judíos tuvieron un papel destacado en este mecanismo: poseían la titularidad de 59 plantaciones de azúcar en el Brasil recién conquistado por Holanda y se estima que manejaban un 20% de la producción.[17] En cuanto a la ética comercial, los holandeses no se limitaban a la raza negra: esclavizaron a portugueses capturados en el mar, a indonesios en el Índico e incluso japoneses. ¿Pudo trascender este contradictorio horizonte liberal Spinoza?
De la crisis interior y exterior que transformó al “marrano de la Razón” Spinoza de un comerciante multinacional de frutos secos, joyas y operador en la Bolsa en un solitario filósofo en busca de Dios quedan rastros indirectos, indelebles pero significativos. La decisión fundamental de Spinoza sucede en el mismo momento en que la empresa familiar se derrumba económicamente, producto de la crisis en Brasil y del bloqueo en el Atlántico de Inglaterra. Además se acumulan deudas no canceladas de su padre. El filósofo nacerá de las ruinas de un emprendimiento comercial y del rechazo violento y público a la religión de sus padres. En un escrito crítico sobre la Filosofía de Descartes, Spinoza expuso en una rara confesión cómo había superado la mera conciencia burguesa, la forma de mediación mercantilista, el espíritu del capitalismo plasmado tanto en el Judaísmo más prosaico como en el novísimo Calvinismo holandés: “Después que la experiencia me hubo enseñado que todo lo que ocurre en la vida ordinaria es vano y fútil; después de haber visto que todo lo que para mí era objeto o motivo de temor no contenía nada bueno ni malo en sí, fuera de los efecto que ejercía sobre mi Alma, me decidí finalmente a investigar si no habría algo que no fuese un bien verdadero, posible de alcanzar y al cual sólo se pudiera entregarse el Alma una vez rechazadas todas las demás cosas… Veía, por cierto las ventajas que nos procuran los honores y las riquezas y veía, asimismo, que era necesario renunciar a ellas si quería entregarme seriamente a este otro nuevo propósito. Llegué a la conclusión de que aun cuando la Felicidad suprema consistiera en los honores y las riquezas, tendría que privarme de ello… comprendí que la adquisición del Dinero, de la Sensualidad y la Gloria sólo constituyen obstáculos cuando son buscados por sí mismos y no como medios para otros fines…”[18] Un conflicto moral que aparentemente desgarraba a Spinoza: la escisión entre su vida diurna, exotérica, de comerciante (incluso indirectamente enriqueciéndose del trabajo forzado de esclavos) y su vida del espíritu nocturna, esotérica. Spinoza considera que llevar una vida de comerciante es un “gran obstáculo”, ya que el Dinero era un bien incierto (falso) “por su propia naturaleza”. Sigue ad verbatim aquella sentencia de su admirado Demócrito: “Quien quiera gozar de la paz del Alma no debe ocuparse en muchos asuntos privados o públicos”.[19] El texto no implica que Spinoza confiese una aversión al comercio per se, en absoluto, sino que la disposición hacia la Filosofía es un impedimento a la práctica del comercio como tal, como se lo relata a través de las historia de Tales de Mileto a su amigo Jarig Jelles, comerciante en especies. Primero describía “la mísera condición de los que persiguen Honores y Riquezas… los estados deben perecer y, de hecho, perecen, por el deseo ilimitado de Honores y Riquezas…”, para más adelante contarle una anécdota filosófica de la Antigüedad: “No hay más que atender a este razonamiento de Tales de Mileto: todo –decía– es común entre amigos, los Sabios son amigos de los Dioses y todo pertenece a los Dioses; ergo: todo pertenece a los Sabios. Así con una palabra, aquel gran Sabio se hizo riquísimo, más por despreciar noblemente las riquezas que por buscarlas sórdidamente… los Sabios carecen de riquezas, no porque no las puedan obtener, sino porque no las quieren.”[20]
Esta ruptura existencial y social con la nueva “Sociedad Comercial” (como le llamaba al feroz capitalismo naciente Adam Smith) se produce en el período que va de 1656 a 1660. Precisamente nuestra historia parte de una carta que Spinoza recibe en 1664 de su amigo Peter Balling, cuando Spinoza es ya otro hombre, un pensador que puede vivir sin apuros gracias a la renta vitalicia otorgada por un admirador, pero en el que todavía resuenan las lastres ideológicos del capitalismo mercantil y el colonialismo holandés transoceánico. Desde el verano europeo de 1663 Spinoza se encuentra trabajando en su obra más importante, la futura Etica, libro que el denomina Philosophia, que aunque es un escrito eminentemente de corte metafísico, tiene numerosos desarrollos de filosofía política fundamentales. La carta es curiosa por muchos motivos, Spinoza es un pensador muy reservado en sus textos exotéricos y públicos, en los cuales poco puede atisbarse de su vida íntima o de su círculo más privado: es una de las pocas cartas en las cuales Spinoza evoca una experiencia íntima. En segundo lugar, esta carta en particular fue elegida por el joven Marx en la composición de su cuaderno sobre el pensamiento de Spinoza, en el que resumió extractos del famosoTractatus Theologico-Politicus y de sesenta cartas del pensador holandés.[21] Peter Balling, joven comerciante amigo de Spinoza, miembro de los famosos “Colegiantes” (ex Mennonitas, ex Remonstrans, quáqueros disidentes, heréticos de distinto pelaje y otros Chrétiens sans église) de Rijnsburg, muy culto y conocedor del griego y el latín, autor de un manifiesto de esta secta político-religiosa, Het licht op den Kandelaar (Luz sobre el candelabro) de 1662, donde defiende una fe interior cuyo fundamento es la “luz divina” presente en cada uno de nosotros. Parece que podía expresarse en español (representaba en Amsterdam a comerciantes importantes de España) y eso lo había acercado más a Spinoza. En 1664 tradujo al holandés la versión spinozista de los Principia de Descartes; Spinoza lo califica en sus cartas de “muy culto y prudente”. En la carta susodicha, Balling, al que se la había muerto un hijo de corta edad hacía poco tiempo, relata que tuvo presentimientos y augurios del fallecimiento con agüeros en forma de quejidos, que anunciaban el fatal desenlace. Spinoza le responde lo siguiente:
 “Lo que yo digo, que no es un caso diferente, ya que puedo confirmar que me ocurrió algo similar el invierno pasado en Rijnsburg[22], se lo explicaré. Cuando una mañana despertaba de un sueño muy pesado, aclarándose ya el cielo, las imágenes que se me representaron en dicho sueño las podía ver nítidamente ante mí como si fueran cosas reales, en particular la aparición de cierto negro brasileño leproso,[23] que jamás había visto con anterioridad. Esta imagen desaparecía casi por completo cuando, para distraerme con algo y mantenerme ocupado, mi mirada se fijaba en un libro o en otra cosa; en cuanto yo apartaba la mirada de ese objeto y ya no fijaba mi atención en nada en especial, por momentos reaparecía la imagen del etíope (Æthiopis),[24] con igual intensidad anterior, hasta que de a poco se iba desvaneciendo hasta desaparecer. Esto mismo que acaeció en mis sentidos internos os debió de ocurrir con vuestro oído.”
En pocos lugares pierde Spinoza la compostura y el férreo control de la argumentación como en esta carta.[25] Es además la única referencia explícita en toda la obra de Spinoza a la generalizada institución de la Esclavitud y a la esclavitud de los negros en particular. La figura de un amenazante brasileño era para un patricio medio e informado de Amsterdam, más para comerciante transatlántico como Balling, algo que no necesitaba de ninguna explicación suplementaria. Recordemos que Spinoza llega a la conclusión de que la alucinación auditiva de los gemidos del hijo de su amigo Balling era, de hecho,  un presagio de la enfermedad inminente, porque se basa en un conocimiento íntimo del niño, mientras que su sueño del negro sarnoso brasileño no podía ser, en cambio, el producto de una enfermedad física o el delirio. Spinoza explica el significado del delirio auditivo de Balling, mientras no puede ser plenamente consciente de su sueño. Es claro que además Spinoza le agrega el adjetivo negro,nigri. Para los lectores posmodernos de Spinoza parece no representar ningún problema: por ejemplo Hardt&Negri señalan, para justificarlo, que nada menos que Kant y Hegel también hablaban de “negros” en sus textos.[26] Analizar una forma de comunicación invariablemente distorsionada, en este caso un sueño delirante, es por tanto revelar de qué manera sus lagunas,imagos, repeticiones, omisiones y equívocos son por sí mismos significativos y apuntan a lo reprimido, a lo innombrable, a lo excluído. Si podemos revelar las condiciones que compelen a un discurso particular (narración de la intensa aparición de un negro esclavo enfermo) a incurrir en ciertos engaños y disfraces, igualmente podemos examinar los restos diurnos generados por las condiciones materiales de una época y lugar, que introducen información (“contenido manifiesto” según Freud) en el texto de un sueño. Como señala Eagleton, lo que se produce (sea un sueño diurno o una compleja producción ideológica) debe entenderse en términos de sus condiciones de producción. Permítanme sugerirles que Spinoza llegó a la conclusión equivocada acerca de su propio sueño: él poseía íntimamente los pertrechos ideológicos necesarios para engendrar la alucinación, el fantasma del esclavo rabioso, la imago nigri. La causa inmediata del sueño puede haber sido alguna forma de delirio, pero el contenido del sueño -es decir, la imagen aterradora de una colonia nativa de esclavos y braceros en rebelión contra sus amos europeos- no podía ser explicado por causas puramente físicas, sino más bien por la confusa conciencia mental de Spinoza del capitalismo holandés, de la empresa colonial en sí misma, del sueño imperial de una Nederlands-Brazilië, de una gran Nieuw-Holland y las representaciones de esa empresa en su cultura, la calvinista y liberal, en el núcleo más duro pero más reprimido de la Ideología holandesa.
 El Esclavismo como realidad material atravesaba transversalmente la vida de los Spinoza, era el Business as normal, en una ciudad como Amsterdam, donde los mercaderes judíos controlaban alrededor del 20% del comercio hacia el año 1630.[27] Incluso un hermano de Spinoza, Gabriel, había emigrado a la colonia de Barbados, donde tenía inversiones en plantaciones de azúcar y era propietario de esclavos; otra media hermana, Rebecca, emigró con dos hijos a Curaçao, una isla que no tenía economía de plantación importante en sí, pero que se utilizaba como un depósito central, un enorme slave Entrepôt, y parada de clasificación de los esclavos africanos con destino a la comercialización en las colonias inglesas y españolas.[28] El sistema esclavista era una presencia natural y cotidiana entre la comunidad de ricos comerciantes de la potente provincia de Holanda. El llamado plan geopolítico Groot Desseyn (Gran Diseño), en el que colaboraba codo a codo la WIC con el Estado General de las Provincias Unidas, pretendía establecer una gran colonia holandesa ex novo, a costa de territorios de Portugal en Angola y Brasil, explotar el adictivo azúcar a través del tráfico de esclavos africanos en una única zona económica, plan que comenzó a materializarse con la primera expedición militar en 1624 para conquistar Bahía.[29] ¿Spinoza delira con el fracaso del Groot Desseyn? Lo reprimido en la alta Teoría no puede borrarse sin más, re-aparece como resto diurno claro y simple en un delirio persecutorio. Su narración de este sueño obsesivo y a ojos abiertos ha sido debatido por algunos especialistas. En diciembre de 1640 Portugal se separa de España y la comunidad portuguesa de Amsterdam vuelve a re-establecer vínculos comerciales con la nueva nación y sus colonias en todo el Mundo, en especial con la extensa Brasil, y los Spinoza comienzan a importar frutas y nueces del Algarves portugués. Las nuevas relaciones permiten hacer lobby a favor de los mercaderes judíos holandeses que se han establecido en el norte de Brasil, en especial en Recife. Holanda habían invadido los territorios del norte de Brasil en varias etapas desde 1624, apoyados financieramente por la WIC, la Geoctroyeerde West-Indische Compagnie, la famosa y primera multinacional de la historia del Capitalismo: la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales con sede en Amsterdam. Precisamente el órgano político de Holanda, el Estado general, donde había muchos amigos y admiradores de Spinoza, le otorgó una concesión monopólica sobre el tráfico comercial y comercio de esclavos sobre América y África durante veinticuatro años. Incluso Holanda designó a un virrey para gobernar sus nuevas conquistas: Johan Maurits van Nassau-Siegen, un administrador moderno, liberal que colaboró con la instalación de la comunidad judía en Recife y Pernambuco. Es sintomático que el templo judío de Recife, ciudad que se la rebautizará como Mauritsstad, la Kahal Zur Israel, será la primera sinagoga construida en todas las Américas. Con el Tratado de Münster, en la primavera de 1648, llega la paz entre el reino de España y las Provincias Unidas, que le permitirá reanudar relaciones comerciales tanto con el reino como con sus colonias, abriéndose a Holanda todos los puertos bajo dominio español, período que se conoce como la “Edad de Oro” de los judíos portugueses en Amsterdam, aunque un decreto de Felipe IV obligaba a todo judío confeso a tener como agente intermediario a un agente católico o protestante, que se quedaba con un 20%. La práctica económica capitalista de la Esclavitud (sistemática, altamente sofisticada, extensiva e intensiva, con un Profit que podía llegar al 300%) de los pueblos no-europeos como fuerza de trabajo en las colonias, era de tal magnitud que a mediados del siglo XVII todo el sistema económico de Occidente, y su correspondiente acumulación primitiva, estaba basada en ella.[30] Inmediatamente Holanda debe enfrentarse a otro imperialismo competitivo: Inglaterra, quién, a través de unaNavigation Act de 1651, impedía que buques holandeses que partieran de Europa anclaran en sus aguas y prohibía el comercio con sus colonias, la primera guerra anglo-holandesa se desatará finalmente en 1652. No es causalidad que más tarde Kant en su escrito de 1795 Zum ewigen Frieden. Ein philosophischer Entwurf criticara esta geopolítica esclavista, explotadora, violenta y racista del nuevo capitalismo europeo acusando a “la conducta hostil de los Estados civilizados de nuestro continente, en especial de los estados comerciales” y remarcando “la injusticia que exhiben al visitar a pueblos y países extranjeros (que en su caso es lo mismo que conquistarlos)”, para finalizar diciendo que “América, los países negros, las islas de las especies, el Cabo, etc., eran para ellos, al descubrirlos, países que no pertenecían a nadie, pues a sus habitantes no los tenían en cuenta para nada. En las Indias orientales (Indostán) introdujeron tropas extranjeras, bajo el pretexto de establecimientos comerciales, y con las tropas introdujeron la opresión de los nativos, la incitación de sus distintos Estados a grandes guerras, hambres, rebelión, perfidia y la letanía de todos los males que afligen al género humano.”[31]
Entre el siglo XV y XVI la Esclavitud como topoi retórico (aunque su origen es también histórico) se había convertido en la metáfora principal de la Filosofía política occidental, para connotar todo lo nefasto, perverso y negativo de las relaciones de poder absolutistas (europeas, no europeas y clásicas). Sin embargo, la metáfora política se condensó en ideología oficial del naciente Iluminismo cuando la práctica económica de la Esclavitud se incrementaba cualitativa y cuantitativamente. La tópica en la ideología funciona con un depósito de provisiones, de manera sistemática y normativa, en ella se pueden encontrar las ideas más generales, ad usum delphini, listas para citarse en todos los escritos y discursos, que fungen como un tipo especial de discurso demostrativo. Los topoi que se usan en el Iluminismo –la metáfora esclavista es uno de ellos– son testimonio de una nueva “actitud espiritual” relacionada con el ascenso de la burguesía comercial y propietaria. La discrepancia escandalosa entreTheoria y Praxis, entre Ser y Mundo, entre pensamiento y práctica, la escansión sin resolver, puede adoptar muchas veces la forma del silencio cuando no se la perciba o cuando se bloquea el aparato conceptual. O bien silenciarla y fundamentarla al mismo tiempo, como es el caso de Spinoza y de sus contemporáneos. Esta doble visión, este mirar bizco hacia dos direcciones, era bastante común en los filósofos del 1500 y 1600. ¿Qué pasaba en la Ideología holandesa? ¿Era una auténtica anomalía salvaje? ¿O en realidad una simbiosis paralizante del conflicto burgués? Los pensadores del Iluminismo continental, incluso los más radicales, utilizaban con generosidad la figura retórica de la Esclavitud como argumento para enfrentar al Absolutismo, en especial el católico y el español, se indignaban contra la Esclavitud qua teoría, mientras que ignoraban&reprimían soberanamente la práctica concreta, el oficio terrestre y los frutos crematísticos de la Esclavitud. La cuna del Racismo moderno (y sus variantes) se cristalizó en Occidente durante el período que va de 1500 al 1700,[32] pero la mayoría de los filósofos de la Enlightement (incluso del ala más radical) aceptaban como “natural” la explotación forzada de millones de trabajadores esclavos, los Untermenschen de la Modernidad, en las colonias, los mismos que proclamaban que la Libertad era el estado natural del Hombre y un Derecho inalienable e intransferible. Untermenschen, o sea: “Sub-hombres”, es un término generalmente útil, pero tiene que ser subdividido so pena de comprenderse mal la complejidad ideológica o reducir el Racismo a una caricatura, un perro de paja. Tradicionalmente se han producido jerarquías raciales dentro de los grupos subordinados al Capital, por ejemplo, con los “Bárbaros” que se distinguen de los simples “Salvajes”; los “Orientales” o “Asiáticos” (eslavos, indios, chinos), por ejemplo, de forma standard, se sitúan siempre por encima de la mayoría de los nativos americanos, africanos y aborígenes australianos. Por otra parte, debido a la variedad de los marcos teóricos racistas que se utilizan para justificarla Esclavitud y el trabajo forzado, habrá una amplia gama de concepciones que a veces se oponen y entran en pugna: “Racismo teológico”[33] versus “Racismo científico”; “Poligénesis” versus “Monogénesis”; “Ambientalistas” versus “Biologicistas”, etc.; por no hablar de las variedades internas dentro de cada una de ellas. Uno podría ser inferior a causa de ser un animal no-humano, por ser una entidad intermedia entre los animales no humanos y los seres humanos (“Eslabón perdido”), por ser seres humanos de una génesis diferente inferior evolutivamente, por ser seres humanos de la misma génesis pero marcado por un retraso evolutivo irreversible, y así sucesivamente. El concepto de Untermenschen era un concepto dirigido a “simplificar” el seguimiento de esta situación de inferioridad moral, dar legalidad a la “muerte social” de poblaciones completas, haciendo una suspensión del juicio en relación a otras diferenciaciones. Pero una vez que se dictamina, habrá un enorme número de formas en las que uno puede ser unUntermenschen, una Sub-persona desde la perspectiva de Occidente y la naciente ideología burguesa: el Liberalismo.(Continuará)



[1] Para las noticias sobre la vida de Spinoza es insustituible el libro todavía vigente de Carl Gebhardt, autor de la editio definitiva en los 1920’s de su obra completa: Spinoza, Losada, Buenos Aires, 1940; también los soberbios trabajos de Steven Nadler: Spinoza. A Life, Cambridge University Press, Cambridge, 1999; Spinoza’s Heresy. Immortality and the Jewish Mind, Oxford University Press, New York, 2001, y A Book Forged in Hell. Spinoza’s Scandalous Treatise and the Birth of the Secular Age,Princeton University Press, Princenton, 2011.
[2] Un temprano estudioso de Spinoza como Feuer, describe a la comunidad judía de Amsterdam como “a virtually autonomous socio-economic Entity.”; véase: Feuer, Lewis, Spinoza and the Rise of Liberalism, Beacon Press, Boston, 1958, p. 5.
[3] Y en 1678 se prohibió hasta realizar traducciones en otros idiomas o publicar extractos del libro. Israel, Jonhattan: “The Banning of Spinoza’s Works in the Dutch Republic (1670-1678)”; en: Van Bunge, W./ Klever, W. (eds.); Disguised and Overt Spinozism around 1700, Brill, Leiden, 1996, pp. 3-14. Lo mismo puede decirse de la situación de emigrado de Descartes, siempre bajo acecho de expulsión y censura, y otros intelectuales destacados holandeses como Ericus Walten o artistas como De Hooghe.
[4] La anécdota del llamado padre de la Medicina moderna en Holanda en: Lindeboom, Gerrit Arie; Herman Boerhaave: the man and his work, Methuen, London, 1968, p. 46 y ss.
[5] Véase: Vaz Dias, A.M. / Van Der Tak, W.G.; Spinoza, Mercator et Autodidactas, Nijhoff, La Haya, 1932; se trata de una importante colección de documentos privados y comerciales de la familia Spinoza.
[6] Schmitt, Carl; Der Leviathan in der Staatslehre des Thomas Hobbes: Sinn und Fehlschlag eines politischen Symbols, Hohenheim Verlag, Colonia/Lövenich, 1938.
[7] Williams, Eric; Capitalismo y Esclavitud, Traficantes de Sueños, Madrid, 2011.
[8] Las cifras en: Eltis, David; The Rise of African Slavery in the Americas, Cambridge University Press, Cambridge, 2000, p. 9, Table I-I.
[9] Los daneses fueron los primeros en poner fin a la trata de esclavos en 1804; Gran Bretaña aboliría la Esclavitud en 1831; Francia en 1848; Rusia y los Estados Unidos recién en 1861, pero la tolerante Holanda aboliría el comercio de esclavos recién en 1863, siendo una de las últimas naciones europeas en hacerlo.
[10] Zacarías, Moutoukias; Contrabando y control colonial en el siglo XVII: Buenos Aires, el Atlántico y el espacio Peruano, Centro Editor de America Latina, Buenos Aires, 1988, pp. 143-47.
[11] Blakely, Allison: Blacks in the Dutch World: The Evolution of Racial Imagery in a Modern Society, Indiana University Press, Bloomington, 2001, p. 8. Véase la completa base de datos del comercio esclavista, ahora on-line:  “Trans-Atlantic Slave Trade Database” (TSTD2),www.slavevoyages.org
[12] Spinoza tenía al morir una biblioteca de alrededor de 160 volúmenes: Van Rooijen, A. J. Servaas, Inventaire des livres formant la bibliothèque de Bénédict Spinoza, The Hague: W. C. Tengeler, 1888; Vulliaud, Paul; Spinoza d'après les livres de sa bibliothèque, Chacornac, Paris, 1934; Pannier, J.; Les Livres protestants chez Spinoza, Etudes religieuses et théologiques, Montpellier, 1935; AA.VV.; Catalogus van de Bibliotheek der Vereeniging Het Spinozahuis te Rijnsburg, E. J. Brill, Leyden, 1965.
[13] España fue siempre, hasta el siglo XIX, dependiente de extranjeros en lo que concernía a sus esclavos, ya fuese porque se adhería al arbitraje papal que la excluía de África (se le había otorgado a Portugal), o porque carecía del capital y de las técnicas necesarias para el tráfico de esclavos. El suculento negocio de proporcionar esclavos al imperio español, denominado eufemísticamente Asiento de negros, se convirtió en uno de los trofeos más codiciados y amargamente disputados de la diplomacia y el comercio internacional.
[14] Alrededor del 7% de las acciones de la WIC pertenecían a judíos holandeses.
[15] Sobre el tema, véase el trabajo de Emmer, Pieter, C.; The Dutch Slave Trade 1500-1850, Berghahn Books, Oxford, 2005.
[16] Hacia 1644 los comerciantes judío-holandeses adquirían el 63% de las compras on-shore de esclavos del tráfico de la WIC hacia Brasil. Véase: “Jews and New Christians in the Atlantic Slave Trade”, en: The Jews and the Expansion of Europe to the West, 1400-1800, Paolo Bernardini (Ed.), Berghahn Books, 2004, p. 450. El rol de los judíos en el tráfico de esclavos del Atlántico, a pesar de la leyenda antisemita propagada por el historiador Werner Sombart, fue en general muy localizado y de corta duración, y acotado al nuevo colonialismo holandés.
[17] Ibidem, Drescher, Seymour, p. 475  y ss.
[18] Spinoza, Benedictus; Opera, ii, Winter, Heildelberg, 1925, p. 5 y 6; en español: Spinoza, Baruch; Tratado de la reforma del Entendimiento. Principios de Filosofía de Descartes. Pensamientos metafísicos; Alianza, Madrid, 1988, p. 75 y ss.
[19] Demócrito, en: D i e l s/ K r a n z , Die Fragmente der Vorsokratiker, II, p. 12, frag. 3. Esta sentencia había sido apropiada por los epicúreos.
[20] Carta XLIV, 17 de febrero, 1671; en: Spinoza, Baruch de;Correspondencia Completa; Hiperión, Madrid, 1988, p. 133-134.
[21] Remitimos al lector a la primera edición en español del trabajo del joven Marx sobre Spinoza,  con estudio preliminar y traducción de nuestra autoría: Marx, Karl Heinrich; Cuaderno Spinoza, Montesinos, Mataró, 2012.
[22] ¿Visitó Spinoza a los colegiantes rebeldes de Rijnsburg en el invierno 1663-1664 para enseñar sus ideas? Recordemos que Spinoza se mudó a Voorburg en abril de 1663.
[23] Textualmente: “…et praesertim cujusdam nigri et scabiosi Brasiliani quem nunquam antea videram…”  Algunos textos en español lo traducen como “sarnoso”; otros como “hirsuto” (¡!), en la época se confundían los síntomas del parásito de la Sarna con las úlceras leprosas, por otra parte, algunos tipos de infecciones por Sarna, se encuentran con frecuencia en pacientes que sufren Lepra.
[24] La mayoría de las ediciones al español (e incluso en inglés) traducen la palabra como “negro”.
[25] El extraño sueño de Spinoza ha sido tema de debate por especialistas e intérpretes, desde el pionero trabajo de enfoque psicoanalítico de Feuer: Feuer; Lewis, S.; “The Dream of Benedict Spinoza”, en: American Imago, XIV, 1967, pp. 225-242: Bertrand, M.; Spinoza et l’immaginaire, Presse Universitaire de France, Paris, 1983; Rosenthal, Michael A.; “The Black, scabby Brazilian.Some Thoughts on Race en Early Modern Philosophy”, en:Philosophy&Social Criticism, 31, 2005, pp. 211-221; Montag, Warren; Bodies, Masses, Power. Spinoza and his Contemporaries;Verso. London-New York, 1999, p. 84 y ss., en español: Cuerpos, masas, poder: Spinoza y sus contemporáneos, Tierra de Nadie ediciones, Madrid, 2005; “Chi ha paura della moltitudine?”, en:Quaderni Materialisti, 2003, pp. 63-79. En el influyente libro de Toni Negri, el sueño de Spinoza es diluído, sin analizar en sus contenidos y su connexio con la Ideología holandesa, como mera introducción formal e ilustración filosófica al poder constitutivo de la imaginación en lo Real: véase: Negri, Antonio; La anomalía salvaje. Ensayo sobre Poder y Potencia en Spinoza; Anthropos, Madrid, 1993, pp. 157-159.
[26] Lo que es exacto pero no en un contexto clasista-racista como el de Spinoza. Una pésima comparación, mutatio controversiae, en especial en el caso de Hegel, del cual no pueden citar ni un ejemplo. La fantasmagórica imagen del esclavo negro es subsumida en el símbolo creativo de Calibán, el poder creativo ¡de la imaginación!; véase: Hardt, Michael/ Negri, Antonio;Commonwealth, Belknap Press, Harvard, 2009, p. 99 y ss.; en español: Commonwealth: El proyecto de una revolución del común, Akal, Madrid, 2011, p. 112; y un tema que ya había desarrollado, a la sombra del negro sarnoso brasileño, en su obra clásica: La anomalía salvaje. Ensayo sobre Poder y Potencia en Spinoza; Anthropos, Madrid, 1993.
[27] El dato en: Steven Nadler: Spinoza. A Life, Cambridge University Press, Cambridge, 1999, p. 22.
[28] Por la época se estimaban que llegaban cada semana a Curaçao entre 1000 y 2000 esclavos.
[29] Israel, Jonathan I.; The Dutch Republic: Its Rise, Greatness and Fall, 1477-1806, Oxford University Press, Oxford-New York, 1995.
[30] Véase: Emmer, Pieter, C.: “The Dutch and the Making of the Second Atlantic System”; en: Solow, Barbara L. (ed.), Slavery and the Rise of the Atlantic System, Cambridge University Press, Cambridge, 1991), pp. 75–96.
[31] En español: Kant, Immanuel; Sobre la paz perpetua; Tecnos; Madrid, 1998. Algunos investigadores han sostenido que Kant es el creador del concepto moderno de Raza, no del Racismo per se, como Emmanuel Eze, “The Color of Reason: The Idea of 'Race' in Kant's Anthropology”; en Eze, E. (ed.), Postcolonial African Philosophy: A Critical Reader, Blackwell, Cambridge, 1997, pp. 103-40; debate la tesis de Eze, Charles W. Mills: “Kant's Untermenschen”: en: Valls, Andrew (ed.); Race and Racism in Modern Philosophy, Cornell University Press, Ithaca, 2005, pp. 169-93.
[32] Véase la historia general de Georg L. Mosse: Toward the Final Solution: A History of European Racism, University of Wisconsin Press, Madison, 1985.
[33] Los tres principales grupos raciales reconocidos en la Modernidad, blancos, amarillos y negros, en tanto descendientes de los tres hijos de Noé: Jafet, Sem y Cam, tal como lo creía, por ejemplo, el almirante Cristóbal Colón cuando encontró los primeros indígenas en el Caribe.
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