martes, 8 de noviembre de 2011

Katherine Mansfield (*): ¡Qué corta es la vida! (1)

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"-A mi me sigue pareciendo lo mismo de imbécil y de dañino tener que retornar al despacho el lunes -declaró. Siempre me lo ha parecido y no creo que nunca consiga cambiar de opinión. 

¡Echar a perder los mejores años de nuestra vida sentados en una silla desde las 9 hasta las 5 haciendo números en los libros de contabilidad de cualquier empresa! 

-Me parece un modo sorprendente de pasar... la vida, la única que tenemos, ¿no crees? ¿O te parece que estoy soñando?

Se movió media vuelta sobre la hierba y se quedó mirando a Linda-:

-Dime, ¿qué diferencia hay entre mi vida y la de un recluso? 

La única diferencia que soy capaz de percibir es que yo me meto, porque quiero, tras las rejas y que nadie me va a liberar: lo cual hace que la situación sea aun mas insostenible que la de un penado. Porque si me hubiesen llevado a la fuerza, si me hubieran obligado, en contra de mi voluntad, pataleando incluso, en cuanto se hubiese cerrado la la puerta, o al menos al cabo de 5 o 6 años, tal vez acabara por aceptar la situación y empezaría a interesarme por los revoloteos de las moscas o contaría los pasos del carcelero, prestando especial cuidado a sus variaciones de ritmo y cosas parecidas. Pero en mi estado actual, soy una especie de insecto que se ha introducido en una habitación por su propia cuenta y riesgo. Me estrello contra las paredes, contra las ventanas, me doy contra el techo, hago todo lo hecho y por hacer en esta santísima tierra menos, por supuesto, volver a volar al exterior, Y, mientras tanto, voy cabilando, como piensa la falena, o la mariposa. o vete tu a saber: 

-'¡Qué corta es la vida'! '¡Qué corta!'. 

Solo vivo una noche, o un día, y ahí está ese enorme y peligroso jardín, esperándome, todo él sin explorar, para ser descubierto.

-Pero, si tu te sientes así, ¿por qué...? -comenzó a decir Linda rápidamente.
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(1) Katherine Mansfield en 'En la bahía'. El título es nuestro