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domingo, 3 de junio de 2012

¡Adelante, leve general!


-¡Adelante! -grita entusiasmado el leve general de los ejércítos de tierra, mar y aire.

 Es todo eso y mucho mas. 

Cuadrándose, marcial, avanza unos pasos. Abre decidido la ventana. Besa, untuoso, rayos ausentes. Pronto adquirirán una realidad casi tangible. Desgraciadamente. Aproxima el dedo...

¡Ay, de los encerrados si contemplaran lo que puede hacer solo! ¡Ay, de los que solo vieron al hombre de barriga prominente, cara atomatada y boca con  labio belfo de monarca de la baba! ¡Ay de ellos si por fin se decide! Este leve general se convertirá en un ser sin piedad. Habrá sin duda una carnicería nunca vista. Nadie osará entonces reirse de su descomunal panza, ni se atreverá siquiera a que en sus labios asome el apelativo de cebón, cerdo grasiento, porque nadie tendrá ya ni boca.

Aprieta el botón y el paisaje se despliega para la batalla: bosques, desiertos, ciudades, pueblos, alquerías... ignoran lo que se le viene encima. Duermen. Aman. Sueñan. Cuando despierten y, asomándose a la puerta de sus casas se dirijan al trabajo cotidiano (los que tenga trabajo), él y sus tropas comenzarán la cacería. 

-¡Ya! -ordena.

Antes ha tenido unas leves dubitaciones al pensar en daños colaterales; pero imbuido, como está, por profunda religiosidad ha saltado ese escollo moral con el apoyo de Dios. Si él es justo y poderoso, y lo es,  salvará de la muerte a niños que sean inocentes cuando lance, por poner un ejemplo, la famosa lazy dog (“lazy dog”, perro perezoso) ese recipiente que contiene diez mil dardos de acero, afilados como cuchillas de afeitar. Cada dardo, lo sabe él, posee auto-propulsión y mata todo lo que se halla en un radio de 273 metros. Lo hace picadillo. Pero si el infante es inocente (hay algunos que no lo son) quedarán vivitos y coleando. Es Dios y no él, por tanto, quien escoge a sus víctimas.

-¡Ya! -había dicho.

Unas primeras ráfagas de metralleta aquí, unas explosiones allá. El espanto se apodera del común de las personas. Corren, saltan, se atropellan, se esconden. Nada. No hay escapatoria. Sus leales, cuando no él mismo leve general, los encuentran. Se metan donde se metieren. Ya sean mujeres, hombres, niños, ancianos achacosos... son alcanzados. Resbala la sangre por  calzadas hasta sumirse por las alcantarillas. Tiñe ríos, arroyos, regatos, manantiales y fontanas. 

El leve general respira hondo. Se congratula del horror. El regocijo inunda el semblante. Ojos inyectados en sangre corroboran su estado sentimental. Tiene que ponerse una mano en el pecho por temor a que el corazón desbocado salga de su recinto corpóreo. A ratos se sujeta su abdomen voluminoso, quien, incontrolable, se esparce en ondan a cada risotada. No quiere ver sus tripas desparramadas por el suelo. 

Cesa. Se aquieta. Se sosiega. Reflexiona ante los hechos: ha entrado en la Historia; está poniendo un granito de arena en la tarea de superar la crisis; ha eliminado miles y miles de parados, pobres, mendigos, emigrantes... ¡Muchos como él tendría que haber! Esponja pecho y barriga.

Por fin, el leve general, cuadrándose, marcial, lamiendo rayos ausentes, ahito de sudor, sangre y llantos, se lleva la mano a la frente, da un taconazo y girándose 180 grados, avanza, panza en vanguardia, hacia un lugar de su casa, gritando:

-¡Hijo, te he ganado en puntos! Son 1.000.000 de seres vivos liquidados. En la pantalla está la cifra.

-¡Papa! Eso no es nada. Los banqueros lo triplican todos los días. Cada 3 segundos matan a un niño.

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Fuente: la palabra algebra.

A: adelante
L: leve
G: general, grita
E: entusiasta
B: besa
R: rayos
A: ausente

Frase: ¡Adelante, leve general! -grita entusiasmado. Y besa rayos ausentes.
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Fotografía: bombas lazy dog. El interesado puede encontrar información sobre ella en la red.

viernes, 9 de marzo de 2012

José Mª Amigo: De la borrachera... al camino (relato)


A Jesús, con 26 años de edad, se le ha muerto su madre hace pocos días. Fue un duro golpe. La quería muchísimo. No solo porque fuera su madre, sino porque al morir su padre en accidente de tráfico, cuando él tenía 6 años, siempre la tuvo a su lado casi como una amiga. 

Además, ayer lo expulsaron del trabajo. Le quedan dos años, escasos, de subsidio de paro. Vive en una casa de alquiler con una chica que tampoco tiene trabajo. De modo que, mas allá de sus narices, lo ve todo muy negro.

Durante varios años creyó que aun le quedaban tres miembros de su familia: sus abuelos maternos Roque y María y su tío Tomás. Si bien, de esos gajos familiares, el de su tío se rompió en el momento en que comenzó a trabajar para él y el de su abuelo Roque -su abuela no cuenta, hace lo que le dice el marido- se quebró hace dos horas, cuando le ha negado el aval para un crédito. Negativa acompañada por un discursito:

-A partir de ahora puedes venir a comer cuando quieras a esta casa. Un cacho de pan nunca te faltará. Pero... que yo te de dinero o te avale... ni hablar. Ya eres mayorcito para salir adelante tu solo.

Se acordó de lo que le hizo a Lázaro el ciego aquel estrellando su cabeza contra la piedra. Y de la lección que en ese instante extrajo el lazarillo de cuidarse de si mismo, de lo contrario nadie lo haría por él. Tenía un parecido Lazaro de Tormes con su situación: se halló solo ante el mundo. ¿Le pasarían las mismas penalidades que al salmantino?...

En la puerta del banco se queda quieto. Inmóvil. Tieso. Mira al frente y no ve mas que sus entrañas. Lo demás, el mundo exterior, es un telón de frialdad e indiferencia. Tiene miedo de dar un paso y que se rasgue el decorado sin que tras él no haya mas que un agujero sin fondo.

-Sin un aval no podemos proporcionarle un crédito. Lo sentimos. El banco no puede arriesgar...

El empleado del banco, de baja estatura, joven y ya calvo, con gafas de montura dorada, hablaba sin parar. Manaba palabras. Repetía como un lorito lo que incontables veces decía a jóvenes, y no tan jóvenes, como Jesús. En ese momento se había sentido hermanado en la desgracia con millones de personas. Y, sin duda, el mismo impulso de agarrar al chupatintas por la chaqueta y... Había dejado de mirarlo porque conociéndose, cono se conocía a él mismo, es muy probable que la ira se habría desbordado sin control. Recuerda que se levantó del asiento y lo dejó con la palabra en la boca.

Por la calle, una calle estrecha, no pasaba nadie. En la sucursal no había ningún cliente. A la izquierda de la calle, en la acera de enfrente, tres o cuatro casas mas abajo, había un bar del que salían las notas de una canción. Y su sonido fue como un bálsamo de fatalismo. De repente le dio igual todo, preparando, así, su espíritu, con un mullido de protección, para que los golpes no le afecten o lo hagan con el menor impacto. 


El empleado del banco, que le había atendido, se levantó de su asiento y desapareció en algún despacho. El cajero, por su parte, se puso a leer un periódico. 


La sucursal estaba muy bien iluminada y calentita. 

Entre la puerta de entrada de la entidad bancaria y la de la calle hay un espacio, como un zaguan, sin iluminar, casi en penumbra. A la izquierda hay un rinconcito con un cajero automático. Jesús siente una ganas incontenibles de cagar. Mira alrededor. No hay retrete. Podía acercarse al bar pero poseido por la venganza, por la irritación, por su mala leche producida por el abuelo, el tió, el chupatintas y acorazado por ese bálsamo de fatalidad, se acerca al rincón y sin importarle nada ni nadie, arropado por la penumbra y el silencio deposita sus heces. Luego, indiferente, se sube luego los pantalones y, sin mirar a atrás, se encamina al bar citado a tomar unos vinos.
-
Desde hace varios años, todos los viernes cena en la Sociedad Gastronómica P. del barrio  de S. E. Y ese día acude a ella con la seguridad de que no volverá. A no ser que ocurra un milagro y halle trabajo. Así podría pagar la cuota...

El local está a oscuras. Aun no ha llegado nadie. Al encender las luces, los reflejos del acero brillante y pulido de la encimera de la cocina, de las cazuelas colgadas, de las botellas de las estanterías, le pegan en sus ojos y eso dolor luminoso es un saludo de bienvenida. Que agradece. Se halla a gusto allí. Es parte de él. Con sus colegas y amigos la construyó. Se acerca al casillero y examina las cuentas. Pronto la cuadrilla va entrando incorporándose cada uno a su tarea. Antes saludos, bromas, un trago de vino. La cocina se enciende. Las chuletas se doran... La cena está preparada.

En la charla de sobremesa sale el tema del paro. Y su amigo Abilio cuenta lo que le sucedió en el hospital donde se recuperaba de una dolencia. Tenía por compañero de habitación un corredor de apuestas del Pais Vasco; este era de Cestona, pueblo del Valle del Urola en la provincia de Guipuzcoa; Abilio le dice que lo acaban de echar del trabajo, despues de varios años de haberlo explotado; y está inquieto, claro, por el porvenir; el otro le contesta que no se preocupe que a él, antaño, le sucedió algo parecido: estuvo en una clínica curándose de un accidente de trabajo por el que perdió dos dedos; 'y me enseñó la mano'; un fin de semana fueron a verle dos compañeros de trabajo; eran comunistas; militaban; querían atraerlo a su partido y le dejaron, para que se entretuviera leyendo, el 'Manifiesto del Partido Comunista'; 'y si que lo leí'; de todas las ideas que contenía el libro se quedó con la  de que a los obreros los explotaban los patronos; 'es decir, que a mi me explotaban; osea, dicho de otra forma, me robaban'; cerró el libro concluyendo: 'a mi no me vuelven a robar'; luego, cuando se curó y se acercó al taller, le dieron el finiquito; lo cual le agradó porque así no tuvo que enfrentarse a los patronos diciéndoles que se iba; -'Y aquí me ves: corredor de apuestas; ganando dinero sin peligro de que una maquina me corte la mano; y solo por vocear: ¡ogeita bi, ogeita iru, ogeita lau etc!; haz tu lo mismo'. Abilio le contesta que por estos lares no hay incautos aficionados a la pelota que se jueguen los cuartos. 'Siempre hay algo. Búscalo' -le cortó rotundo el vasco.

Abilio, al terminar de contar esto, añade a su amigo Jesús:

-Pues eso: teníamos que indagar el modo del vivir del cuento.

-Es muy fácil decirlo.

-¿Crees que no podemos abrirnos camino? Yo creo, como decía el corredor de apuestas, que algo siempre hay. Y si no acuérdate de ti y de mi con el búlgaro cuando quisimos comprarnos una moto...

-Habla mas bajo.

-Vale... -y se puso a hablar bajito- digo que cuando desvalijamos la joyería con Dimitri...

-Que hables mas bajo, ¡joder!... Si. ¿Y qué? Él se fue con las joyas y nosotros nos quedamos a dos velas como unos gilipollas. ¡Vaya ejemplo que pones! Además... eso pasó porque éramos unos críos. Y no sé yo si es buen camino... 

-Peligroso si que lo es. Entonces... lo que podemos hacer es montar una fábrica de pompas de jabón.

Y los dos amigos se echaron a reir.
-
Después de la cena acostumbraban a ir a tomar unas copas a varios pubs. Jesús no quiso seguir la juerga con Abilio y los otros de la sociedad. Se despidió a la salida del local y marchó directo a su casa. No había nadie. La chica con la que vivía le dijo por la mañana que se iba con sus padres. Reharía su vida. Y es que tenían pensado abrir un bar pero, al no concederle el crédito el banco, ese proyecto se desvaneció. No le importó. La idea era de ella: un bar de comidas con estritis: distraer los bocados con tetas al aire: hasta estaba dispuesta a desnudarse. A Jesús, francamente, no le entusiasma la idea. Aunque se da cuenta que puede funcionar. Y el tiempo de estrecheces en el que la sociedad se hunde no está para despreciar salidas de emergencia. Mas el camino seudo erótico se cegó. Adios a la carne.

Sentado en el sofá del salón se pone a reflexionar sobre lo que ha hablado con su amigo Abilio. El atraco en la joyería fue una chiquillada. Eran muy jóvenes. No pensaron en las consecuencias. Tampoco, es cierto, sabían hasta que punto el Dimitri era tan violento. Parece talmente que lo ve entra en la joyería, mientras ellos, Abilio y él, esperan con el coche en marcha. Desde la calle no pueden saber lo que Dimitri y el empleado hablan pero si ven que el búlgaron le atiza un puñetazo y que el empleado cae para atrás. Acto seguido el atracador sale de la tienda y les dice que todo ha salido mal y que lancen el coche a toda velocidad. Se enteran, por la prensa, que el empleado ha quedado paralítico, ya que, al caerse, se da en la sien con la esquina de un armario. El búlgaro huye y -otra sorpresa- con algunas joyas de valor considerable.

Cada vez que lo piensa, como ahora, se le queda la cara estúpida. Le dan ganas de llorar al pensar en el empleado, trabajador como él, al que ayudó a quedarse paralítico. Y, ¡qué vergüenza!, ve muchas veces como lo pasea su madre por la calle en la silla de ruedas...

La policía hizo indagaciones por el barrio, pero nunca se acercaron a interrogarle. Dimitri tenía muchos conocidos y, pensaría la poli, era demasiado trabajo interrogar a tantos para tan poca cosa.

El búlgaro era un lider, inteligente, simpático, de labia fácil y, se le ocurre de pronto, posiblemente estuviera unido a alguna red mafiosa para la que trabajara. De hecho no se volvió a saber nada de él. Como si le hubiera tragado la tierra. ¿Que quería decir esto? Que alguien lo ocultó. La organización. No le cabe duda.

Tiene sus ventajas eso de estar organizado. Si se lanza una mirada en torno se ve por doquier organización en todas partes: en partidos, en clubs, en escuelas, en ayuntamientos, en empresas... 

¿Quería Jesús estar organizado? Lo que quería era trabajar, divertirse, ir los fines de semana a la Sociedad con los colegas, follar de vez en cuando, ver alguna película, charlar en los bares con los amigos... Pero no le dejaban vivir tranquilo: su madre se le muere, su abuelo le niega ayuda, lo expulsan del trabajo... su tío, su propio tío, el hermano de su madre, lo echa del trabajo.

-Ahí tenéis la carta de despido. Con harto dolor tengo que cerrar la empresa. Llevo varios meses, como sabéis, con pérdidas y...

-¡Cabrón! -pensó para si- y antes, cuando entraban los euros a raudales en tu bolsillo, ¿por qué no repartiste las ganancias? No, todo para ti. Con lo que nos has explotado tendrás las sacas bien llenas. Ahora te retiras. Y a los demás que nos den por el culo. ¡Cabrón! ¡Ojalá revientes!

Empero, lo reconocía, su tío en algo tenía razón: no había trabajo; se pasaban el día sin hacer casi nada; alguna chapuza de vez en cuando; poca cosa.
-
¿Por qué? ¿Por qué ha ocurrido esto?, se interrogaba. Por mas que exprimía sus sesos no lo entendía. Antes, hace tan solo dos o tres años, fluían los euros. Un albañil se llevaba a casa tres mil euros todos los meses. Él mismo ganaba dos mil y pico. Ahora, todo se ha desvanecido. Hasta lo han dejado sin trabajo. Era cosa misteriosa, de magia. De repente, la mayor parte de los currantes no tiene un duro. Sin embargo, las tiendas están llenas de cosas que nadie compra. O compra solo lo necesario. Miles de casas vacías y a muchas personas las desahucian por no pagar la hipoteca y las echan de sus hogares. Bares llenos de botellas, pero vacíos. Pocos consumen. De un estado de locura compradora, hemos pasado a una quietud del mírame y no me toques. 

Jesús vuelve a hacerse la misma pregunta: ¿por qué? Bueno, la respuesta, en parte, es obvia: nadie tiene un duro; aunque nadie, lo que se dice nadie, no es la palabra adecuada: el 1% tiene muchos duros; y no quiere desprenderse de ellos; habría que robárselos... ¡Me cagüen...!

-¡Qué hostias digo! -exclamó- Si yo no...

Miró en derredor. Los objetos del salón lo miraban como riéndose de él. 

-¡Qué cojones miráis!

Estaba un poco bebido. Y solo. Se levanta del sofá. Pasea por él salón. 


A lo largo de una de las paredes había colocado botellas vacías de vino. Hacían bonito. O eso creía. Vio en una revista que algunas casas las decoraban así. Piensa que si estrella una botella contra otra dándole un puntapié producirá un sonido agradable... Sería como meter un gol. Lo deshecha y sigue andando. Luego se rie por lo bajo insistiendo en el pensamiento anterior. Se para y pregunta:

-¿Y por qué no?

Y dicho y hecho: rompe de una patada una botella contra otra. Y luego otra y otra... Entró en un frenesí iracundo rompiendo botellas, pegando patadas a paredes, sillas y sillones, tirando ceniceros, revistas, libros, cuadros... Y a cada acción grita como un poseso:

-¡Malditos seais abuelos, tíos y banqueros miserables!

Después de una orgía de golpes, ya cansado, se sienta en el sofá. Al poco ronca. Cuando despierta por la mañana contempla el salón asustado. Parece un campo de batalla. Hasta hay cristales incrustados en las paredes. Tras un momento de incertidumbre levanta sillas, coloca ceniceros, tapetes, cuadros. Los pocos libros los coloca en las estanterías. Entre ellos -se fija-  están el Lararillo de Tormes que tanto le gusta; el Manifiesto del Partido Comunista; de este se acuerda por el corredor de apuestas vasco: Jesús lo había leído antaño, obligado por un profesor del instituto.

Se pone a barrer. Lo hace maquinalmente mientras su pensamieno volaba hasta el Manifiesto Comunista y el corredor de apuestas de Cestona. Según le contó Abilio, el trabajo del vasco le metía buenos euros en el bolsillo; él, solito, se había resuelto la vida... Se pregunta Jesús al respecto:

-¿El solo? ¿Seguro? ¿No estará ligado a alguna empresa como Asegarce? Porque Asegarce y Aspe, piensa, manejan todo el cotarro de la pelota. ¿Los corredores no pertenecen a ese mundo?...
-
Desayuna e iba a sentarse a leer, picado por la curiosidad, el Manifiesto Comunista, pero se acuerda que es sábado y ha quedado con su amigo Abilio a las 12 para ir a la manifestación contra la Ley de la Reforma Laboral. Los muy cabrones, quienes la hayan hecho -pensó- le han dejado tan solo 20 días por año trabajado de los 45 que le correspondían. Se lo dijeron en el sindicato cuando fue a consultarles. De eso se aprovechó su tío miserable, 'miserable, si', para dar de baja a la plantilla de trabajadores. Había que hacer una huelga y machacar a todos los tíos miserables, 'me cago en la madre que los parió', del mundo. 


Algo parecido decía  León Felipe en Good bye Panamá. Lo leyó en el instituto. 

Abilio y Jesús caminan hacía el lugar de donde partirá la manifestación. Y como ellos, cientos de personas. Hasta niños con sus padres. Al fondo, ondean banderas. Se oyen por los megáfonos distintas consignas. Los dos amigos se meten entre el gentío. Se colocan, a indicación de Jesús, donde flamean numerosas banderas republicanas. El motivo es que se acuerda en ese momento de su madre que le contó algunas veces sobre la fe republicana de su progenitor. Comienza a moverse la gente y comienzan a gritarse distintas consignas. Abilio le da con el codo a su amigo señalando a dos jóvenes:

-Mira, ¿que hacen Pedro y Said aquí?

-Lo de siempre: pasando maría -contesta Jesús al ver como el tal Said le da un papelito blanco a una persona y esta le entrega unos billetes y se va para atrás. 

-Esos si se lo han sabido montar sin dar palo al agua en su vida. ¿No te parece?

Su interlocutor no le contesta porque en ese momento grita una consigna que le parece de perlas: '¡Obrero despedido, patrón colgado!' La única que le llena.

-¿Qué me decías?... ¡Ah!... Si... Venden costo y nos observan como nosotros a ellos -y los saluda con la mano-. Luego le chivan a la policía lo que han visto.

-¿Por qué? No hacemos nada mal.

-No me refiero a nosotros. ¿O si? Depende de lo que le interese a la poli.

-¿Nos han visto?

-Claro. Puede que la secreta le pregunte por gente de este bloque. Por lo que veo nos hemos colocado en uno de los mas radicales.

Mientras avanzan, Jesús y Abilio recuerdan sus días de adolescentes en la cuadrilla del barrio. Llegaron a ser cerca de treinta. Dimitri, Pedro y Said entre ellos. Luego, pasada la adolescencia, se fue disgregando porque unos pasaron a la universidad, otros comenzaron a trabajar, en la construcción sobre todo, varios se trasladaron con sus familias a otros barrios. Se comentó que algunos de estos destacan en asambleas de 'Indignados'. Hubo quien se alisté en el ejercito o se hizo poli o guardia civil. De todo hubo. Jesús y Abilio se fueron a la universidad. A mitad de curso Jesús se puso a trabajar con su tío Tomás en la construcción y luego, a petición de Abilio, consiguió que su amigo trabajara con él. Dimitri desapare, como ya se ha dicho. Pedro y Said continuan en el barrio, parados. Con el tiempo se supo que se han hecho camellos. Cada cual buscó su salida. 

Y ahora, él, engordaba el paro. Y engrosaba esta masa de manifestantes que, al paso, se dirigen a no se sabe donde. Está deshubicado. Se ha paralizado como la vida laboral. Ignorando el camino a seguir. A su amigo Abilio le pasaba algo similar. 

Sin embargo, conocía a numerosos que el destino lo tenían claro. Saben lo que quieren. Y hacia ese objetivo encauzan sus actos. Hasta a su expareja los sueños le alimentaban. Está convencido que desnudándose o no alcanzará sus metas. 
-
Lo que ve en esta manifestación le hace pensar. Está clara su preparación concienzuda. Las pancartas, banderas, pegatinas, octavillas... no salen de la nada: alguien las hace. Tiene sus fines: ir contra la Ley de la Reforma laboral. Los que fueran estaban organizados. Era él el que no estaba ubicado. No pertenecía a nada. Se había sumado, si, pero no había hecho nada. Si supo de esa manifestación es porque la vio anunciada en un cartel a la puerta del sindicato. Había ido a consultar sobre su despido al sindicato... 


Y, por cierto, que le afirmaron corresponderle cerca de 10.000 euros y no los 3.000 que le ofreció el abogado de su tío. Que si no lo denunciaba, ya, se quedaría sin la pasta. 

-¡Joder, qué cabrón! -murmura mientras uno a su lado grita '¡Manos arriba, esto es un atraco'! y todo el mundo lo repite. -¡Qué tío mas miserable!

Su pariente también estaba organizado en la patronal. Y organizó el despido. La patronal organizaba. El estado organizaba. El sindicato organizaba. La Iglesia organizaba... ¿Y él? Bebía, comía, cagaba, pensaba, se desesperaba...

Cabreado se sale de la manifestación. Cabreado consigo mismo. Lo hace en el mismo momento que la policía, también organizada, iniciaba una carga. Le aporrean en una esquina. Cerca del banco que le negó el crédito. Uno de los polis, se fijó y lo conoció, era uno de los de su cuadrilla quien optó por esa forma de salvarse de la crisis. El poli lo aporrea y sonríe. 

-Será hijoputa -pensaba, mientras se defendía obillándose e intentando taparse la cabeza y otras partes. 

Eran tres sacudiéndole y se desmayó. Herido lo dejan en el suelo. Manifestantes, organizados, lo recogen trasladándolo a una ambulancia. Se lo llevan. Nada. Una brecha en la cabeza. Mucha sangre. Puntos de sutura y... para casa.

Come algo. Se sienta en el sofá a descansar. Llaman a la puerta. Eran Said y Pedro. Se enteraron de lo que le había pasado y pasaron a verlo. Hablan con él un poco. Se ofrecen para lo que sea y se van. Luego llega Abilio.

-¿Qué hacían esos aquí?

-Han venido a verme. O... vete tu a saber.

También Abilio se fue al poco rato.

Agradeció la visita de su amigo. Y la de Pedro y Said. Vinieran a lo que viniesen.

Sentado allí, en el sofá, estira los brazos y chocan, sus manos, con libros de la estantería. 


Coge el Lararillo de Tormes y el Manifiesto del Partido Comunista. Abre el primero y lee hasta donde quería recordar: 

"E assi me fuy para mi amo, que esperandome estaua.
Salimos de Salamanca y, llegando a la puente, está a la entrada della vn animal de piedra que casi tiene forma de toro, y el ciego mandome que llegasse cerca del animal e, alli puesto, me dixo:
-Lázaro, llega el oydo a este toro e oyrás ruydo dentro dél.
Yo simplemente llegué, creyendo ser ansi. Y, como sintió la cabeça par de la piedra, afirmó rezio la mano y diome vuna gran calabaçada en el diablo del toro, que mas de tres días me duró el dolor de la cornada y dixome:
-Necio, aprende: que el moço del ciego vn punto ha de ser mas que el diablo.
Y rió mucho la burla.
Paresciomme que en aquel instante  desperté de la simpleza en que como niño dormido estaua.
Dixe entre mi:
-Verdad dize éste, que me cumple abiuar el ojo y auisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer."

Luego comienza el otro. Las páginas le parecen que hablan de él. Y del tiempo que está pasando. A pesar de haberse redactado hace casi 200 años.

Se le quedó grabado eso de: 'Ante nuestros ojos se está produciendo un movimiento similar'. Y describía la crisis que de forma periódica cuestiona la existencia de todo el sistema. Durante ella, leyó, se destruyen productos elaborados y las mismas fuerzas productivas... Como lo querían destruir a él entre su tío, su abuelo, y el banco... Y lo hacen en el momento absurdo en que hay de todo. Es la 'epidemia de la superproducción'. Así lo llama el libro. Y conduce todo el sistema a un callejón sin  salida para los trabajadores asalariados, porque la burguesía... (es decir: todos los tíos, abuelos y banqueros miserables)... quiere salvarse preparando crisis mas extensas y violentas... De modo que, dentro del sistema de tios, abuelos y banqueros miserables, no hay salida. 

-La salida está en mi -piensa Jesús.

Lo cree, porque el libro afirma que todo el tinglado en el que vive produce 'las armas que le darán muerte' y 'los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios'. Y él es un obrero.

-Habría que encontrar esas armas. Yo no las tengo. Tendré que pensar en esto.

Pero, sobre todo, el libro le da una lección de vida práctica. Al menos eso es lo que saca en conclusión. Así lee lo siguiente: 'todo lo estamental se evapora': es decir: la familia, con todos sus tíos y abuelos miserables (nunca se cansará de repetir esa palabra); la iglesia, que se ha unido a la patronal aprobando esta reforma asquerosa; la cuadrilla, que desaparece deshecha; la policía, con su antiguo colega apaleándole... Y al fin, agrega el libro, la persona, forzada, tiene que contemplar el mundo con mirada fría, y fijar una posición ante la vida, con el fin de que nuestros actos tengan sentido.

Cierra el libro, como si hubiera hallado la salida a sus problemas. E, igual que hizo aquel corredor de apuestas vasco natural de Cestona, exclama:

-¡Juro que no me volverán a explotar!

Llama a su amigo Abilio. Se corren una juerga mayestática. 


Y cuando por la mañana despierta de la borrachera ya sabe el camino que tomará en la vida.

martes, 24 de enero de 2012

El Padre de Husein o... (segunda parte) - y H -


H)

El Padre de Husein, herido en la cara al resbalarse de la helada piedra, miró en derredor. La niebla lo envolvía todo por el aire. En la tierra la nieve cubre cada metro a los que la vista alcanzaba. Se puso a andar sin ninguna orientación. A veces tropezaba y caía y se volvía a levantar porque si. La niebla y la nieve lo cubren por fuera y por dentro. Camina sendero abajo. Quizás por inercia. Pero podría haberlo hecho sendero arriba. Como un zombi. Sin que nada entorpezca ese caminar porque en su mente nada impresiona. Es todo blanco. O grisáceo. No camina nadie. Tan solo un ser sin serlo. Sombra entre la niebla y la nieve. Es un decir. 

Y así hubiera seguido eternamente hasta que, salidas unas imágenes de no se sabe donde, se ve acompañado de un antiguo amigo muerto y otro amigo músico; salen de una escuela coránica; se dirigen hasta un bar que está cerrado; por lo que él propone sustituirlo por el Bar La Plaza; de su pueblo; mas el amigo muerto no está de acuerdo y apunta hacia el Bar Leon que está cerca de la medina pero lejos de donde se hallan; por cierto, el citado bar se ve a lo lejos, entre negrillos; hay que pasar unos arroyos; están helados; y el campo alrededor nevado; no le gusta al Padre de Husein ese local porque es de gitanos; de hecho, entre una chopera, se podía distinguir, al lado del bar, una carabana... 

En fin su animadversión no convence a los otros y allí se fueron; en su mano lleva, como algo muy valioso, un vaso lleno de vinagre, para purificar el ambiente; cubre la boca del vaso un cendal que tenía escrito un poema; uno de los arroyos forma, en esa parte de su curso, un lago; mas allá se ve al arroyo hundirse en una cascada; de la caida del agua se forma una niebla que lo cubre todo; el lago claro está helado; en la orilla cogieron una barca; reman sus compañeros; la verdad es que con solo tocar el hielo con los remos el barco se desliza; mientras él les recita el poema del cendal; llegan a la otra orilla; sus compañeros le dicen que espere allí; ellos irán a ver si es un establecimiento respetable.

Al poco una niña gitana le viene a comunicar que puede pasar al bar; está lleno de gente; sobre todo niños; lo trataron muy bien; el local tiene el suelo de barro; un niño se le acercó; un niño conocido al que saluda llamándolo por su nombre; esto le extraña a él mismo, a sus compañeros y todos los presentes que lo miran asombrados; pues nunca se acuerda de los nombres; están en una mesa bebiendo; se acerca otro conocido; muerto hacia tiempo; había sido director de una banda; lo saluda y le presenta al amigo muerto y al amigo músico; el director de la banda y el músico se pusieron a tararear una canción que conocían; y disputaron sobre una nota musical; uno decía que era sol y el otro que no, que era mi.

Llega en esto el final del recreo de la escuela coránica y tienen que marcharse; el Padre de Husein busca su vaso de vinagre -por cierto no lo necesita pues de cuando en cuando riegan el suelo con vinagre para tener el local limpio y aseado-  y no  lo encuentra; lo que le parece normal estando, como están, en un bar de gitanos; los compañeron se han ido; fue a salir detrás de ellos cuando ve el vaso de vinagre que está donde lo había dejado: en la mesa en la que se sentaron; el camino de regreso en barco fue muy alegre y ya en la orilla, antes de emprender la vuelta al pueblo, le dice a sus compañeros que esperen un poco; nada mas que unos segundos; iba a realizar la ceremonia de despedida; consiste en rociar el barquito con vinagre de su vaso, colocar el vaso de cristal en el centro de navío, taparlo con el cendal del poema impreso en hermosa letra arábiga y empujar la embarcación hacia la cascada mientras recita el poema otra vez; tan bien calcula el tiempo que el barco está llegando a la cascada cuando recita la última estrofa:

-Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día... en que levamos anclas para jamás volver... Un día en que...
  
Se interrumpen de golpe las palabras y las imágenes huyen espantadas por una intromisión. 

Alguien decía:

-Papá, ¿qué haces por estos andurriales? ¿Te habías perdido?
-El barco se va...
-Y tu, papá, te vienes conmigo. Es la hora de comer.
-Si. A comer. ¿Tú quién eres?
-Husein, tu hijo -le contestó riéndose.
-¿Husein?
-Si, soy yo, Husein -siguió riéndose- ¿No me conoce?
-¿Y quien es Husein?

Epiloguillo

Pasado un tiempo llegaron los padres del novio de Axxia. Se llevaron a la novia y al Padre de Husein. Tenían que preparar la boda. Husein se quedó. Siguió trabajando de panadero, aunque cuando se casó su hermana fue a la boda. 

Por él sabemos que su padre, al principio de llegar a su aldea marroquí, pareció mejorar de su alzeimer. Iba por el campo y volvía alegre a casa. Se quedaba contemplando su casa a medio hacer. 

Luego su enfermedad se agravó. Y un día por la mañana, que desgracia, un día soleado de primavera, se fue de casa y no volvió. Lo encontraron por casualidad tiempo después a orillas de un arroyo. Había muerto. Tenía una mano dentro del agua. Y parecía sonreir.

Fin

El Padre de Husein o... (segunda parte) - G -


---Viene del anterior post

G)

Axxia, al llegar las dos de la tarde, se inquieta por su padre. La niebla se cierne por todo el pueblo. Temía que algo le hubiera ocurrido. Lo presentía. Se puso el pañuelo, el abrigo y abrie la puerta con intención de ir a buscarlo. Pero en ese momento llega su hermano Husein. Y le vierte sus inquietudes. 

Husein avisado por su hermana de donde podía estar su padre corre hasta el parque. Una señora le dijo que lo había visto subir al risco. Casi la deja con la palabra en la boca dirigiéndose con prisa hasta el montículo.

Emprende la subida. A mitad del sendero, al cerrar el portón de la empalizada, el golpe, su sonido metálico, aumentado en el silencio de la nevada, espanta a unos buitres que, a la izquierda del risco, están comiéndose algo. Él se dirige hasta allí, hundiéndose en la nieve, temiendo lo peor. Se veía algo oscuro tumbado en la nieve. Si bien con la niebla no se aprecia claramente que podía ser eso oscuro. A cada paso que da en la nieve aumenta mas la sensación de hallarse ante una tragedia, la de su padre muerto. Y que el sueño que tuvo fuese premonitorio. Camina alzando bien las piernas para poder avanzar, ya que la nieve acumulada impide que la velocidad sea mayor que la que él desea. Su angustia es seguida por el lamento o suspiro continuo y regular procedente del convento  que apenas se distingue entre la niebla. Y le aumenta la pena.

Aun quedaba un buitre hundiendo su pico en el bulto oscuro. 

Desesperado urga en la nieve para encontrar cantos o piedras para lanzarlas contra el pajarraco. Y las tira con rabia dando voces. Hasta que consigue espantarlo. Lo hace mientras se acerca hasta el ser vivo tumbado en la nieve. Bueno, eso de ser vivo lo piensa porque entre las ropas, o lo que fuera esa masa oscura, se ve con cierta nitidez manchas rojizas. 

Sangre... ¡Sangre!... ¡Alá lo proteja!... ¡Su padre!... Ciego de horror y pena salta desde donde está hasta el bulto. Sin pensar en el peligro de romperse la cabeza o una pierna con alguna piedra escondida por la capa de nieve. Cae cerca dando, eso si, con la cabeza en tierra, amortiguando el porrazo la nieve. 

Se levanta con rapidez aunque algo atontado. Con las manos se quita la nieve de los ojos. Los abre y se asombra incrédulo: era una cabra; muerta; despeñada; desorientada por la nevada; al parecer. 

Dio un suspiro de alivio y continúa enseguida hasta arriba del Risco San Tuno. La niebla lo tapa. En la cumbre mira desesperado por todas partes. Su padre no estaba. 

Como desandar lo andado no tenía ninguna razón de ser, trastumba la cima y sigue el sendero por la parte de atrás por ver si, acaso, quizás, tal vez... Palabras de ambiguo significado que le acompañan encogiéndole el corazón y acolchando con neblinosa esperanza su angustia.

(seguirá) ---

El Padre de Husein o... (segunda parte) - F -


...Viene del post anterior

F)

Pero ya antes de que la señora Rosario se cruzara con él, su  mente se quedó vacía. Fue nada mas avanzar unos pasos, tras despedirse de Mohamed. Posiblemente le ocurrió algo parecido a lo que un día de niebla, allá en su tierra, le había acaecido cavando en torno a las cepas de una viña: de repente se preguntó quien era, dónde estaba... se le borró todo recuerdo. Fue poco tiempo pero le ocurrió. De modo que, cuando la señora Rosario le saludó, estaba en el limbo del olvido. 

No le sentó, por cierto, nada bien a esta señora y según se marchaba el Padre de Husein mascaba todo un rosario de las mas lindas frases: 

-'Moro de mierda', 'muerto de hambre', 'piojoso'... 'a la mar, de donde viniste, te tendrían que echar', 'te vas tu a enterar de quien soy yo cuando te suba el alquiler, ¡jilipollas!'... 

Debió estar en el limbo del olvido decimos. Y en ese estado debió de andar y andar perdido entre calles y callejas. Lo decimos porque todas las referencias de la señora Rosario indican que no era esa la dirección hacia el Risco San Tuno, que está en el este, sino rumbo al sur y al suroeste. 

Hasta que, suponemos, de la misma forma que le vino el hueco se le iría esa vaciedad de la mente y se le llenaría de recuerdos, hasta encontrarse a si mismo volviendo a la idea original de ir a encontrarse con el Padre de Husein; a quien había visto morir despeñado y devorado por los buitres. Debió ocurrir eso a la 1 o 1'15, pues a esa hora lo vieron dirigirse presuroso al parque, saltar la valla, beber en la fuente y subir el sendero cuya meta era la cima del Risco San Tuno.

La inclinación de la cuesta se hace en el último repecho mas pronunciada, teniendo que apoyarse, seguimos suponiendo, en el cayado de punta de acero. Al llegar arriba subió al peñasco, el mismo donde se había subido el Padre de Husein. Incluso extendió los brazos, miró abajo, a la valla del parque: desde arriba no se distinguía apenas, pues la nieve, posándose en los hierros durante la noche, los escondó en la blancura de la nevada. Solamente la fuente se erguía con un penacho de blancura, con un gorro de nieve en su cima y unos carámbanos de hielo se deslizaban del gorro como hebras de plata brillando al sol. 

Iba a lanzar el grito de 'Alá es grande' pero su boca se movió mecánicamente y le salieron las tres palabras apenas audibles, como si en la mitad de su recorrido se hubieran extraviado por intrincados dédalos, perdiendo en el trayecto su contenido y su fuerza. Sus ojos quedaron prendidos de lo que le rodeaba, todo blancura, sin poder aferrarse a algo conocido. La tierra había desaparecido. Ya ni siquiera se preguntaba quien era. Ni tan siquiera podía angustiarse, como cuando cavaba alrededor de las cepas, ante la ignorancia de quien era, ni donde estaba, ni por qué manejaba la azada alrededor del arbolito. Ni eso: su mente se hallaba en blanco como la nieve. Incluso es muy posible que se estuviera volviendo gris, como la niebla que estaba sustituyendo al sol aceleradamente. Bajó del peñasco y subió lentamente a otro sin ningún sentido de la orientación y abrió los brazos sin saber la razón. Como un muñeco sin alma. Y al subir los brazos se resbaló. Las piedras estaban heladas.

(seguirá) ---

El Padre de Husein o ...(segunda parte) - E -


...Viene del post anterior

E)

La mañana había salido soleada como el día anterior, si bien durante la noche nevó en abundancia.  Cuando el Padre de Husein salió de casa, sin embargo, las calles ya estaban limpias de nieve en su mayor parte. Miró hacia la marquesina de los autobuses. No había nadie. Por lo que su mente adquirió conciencia clara de que no podía encontrarse con el padre de Husein por ser él mismo. De lo contrario en la marquesina tendría que estar el mencionado padre dándose de cabezazos. No obstante se encaminó hasta donde él creyó haber visto, ayer, al Padre de Husein, muerto. Que no podía ser de ninguna manera él porque estaba vivo... 

Se estaba haciendo un lío de mil demonios. 

Siguió cuesta arriba. Poco mas allá Mohamed lo saludó, lo que vino a confirmar su identidad. Al principio la conversación giró en torno de la aldea de ambos, de sus recuerdos, de sus parientes y amigos. El Padre de Husein derramaba recuerdos y planes de futuro a raudales. A continuación Mohamed desgranó su cosecha de palabras sin cesar, en cascada permanente. 

Mohamed hablaba y hablaba... de lo bien que le iba a en la vida, de lo mucho que ganaba su hijo, de lo feliz que era con su mujer, de la casa que se estaba haciendo en el pueblo... 

Tanto y tanto manaba la boca del hablante que su mente se extravió en el laberinto de las palabras. 

Quedósele mirando alelado preguntándose, para si, qué hacia allí y quien era ese que delante de él no cesaba en su interminable algarabía. 

Mohamed se percató de que algo le pasaba a su contertulio. Quizás lo estaba aburriendo.

-Bueno, amigo... -se despidió Mohamed- Me voy. He quedado en la esquina con Alí y Yusuf. ¿Tu, dónde vas?

-Yo. No sé... A encontrarme con el Padre de Husein.

El otro lo miró y se sonrió. Lo conocía demasiado. Sabía de sus disparatadas invenciones.

(seguirá) ---

lunes, 23 de enero de 2012

El Padre de Husein o... (segunda parte) - D -


---Viene del post anterior

D)

Al día siguiente, por la mañana, cuando iba a salir al mercadillo de la plaza del pueblo a comprar, Axxia se puso el pañuelo en la cabeza, y se asomó al salón a despedirse de su padre que estaba sentado en el sillón de siempre leyendo unas suras del Corán.

-Papá, me marcho a la calle. ¿No sales hoy a pasear? Hace sol y se está muy bien en la calle aunque haya nevado.

-Si, en cuanto lea un poco mas saldré a encontrarme con el Padre de Husein.

Y se puso a reir. Eso animó a Axxia pues vio reflejado en su padre al bromista de toda la vida.

Si Axxia, efectivamente, salió al mercadillo, como nos dijo, hacia las 10 de la mañana, su padre debió permanecer leyendo el Corán hasta las 11'30; o sentado en el sillón; o mirando por la ventana tratando de acordarse de la razón por la que había ido al water porque de repente se le olvidó; él lo achacó a que el cambio de temperatura entre la cocina y el salón por una parte, que era agradable y los pasillos y el water, que estaban mas fríos, por otra, le había producido como un ligero mareo... bueno, no llegó a mareo: simplemente se ladeó para un lado al llegar al water; miró dentro y no supo a qué demonios se asomaba. 

Esta es una imaginación nuestra. Basada, eso si, en comportamientos que su hija observó a lo largo de días cercanos a los acontecimientos que tratamos de dilucidar y que nos trasladó a nosotros.

En fin... en todo ello debió de entretenerse; o eso es lo que nosotros pensamos. 

Lo cierto es que a esa hora de las 11'30 una vecina lo vio subir, derecho, por una calle que hay frente a la casa donde vivían. Hacia las 12 horas, aproximadamente, Mohamed, un compatriota marroquí, estuvo charlando con él un rato. En el curso de la conversación, recuerda, le dijo, entre otras cosas, que iba a encontrarse con el Padre de Husein en el Risco San Tuno, cosa que le rechinó en su cerebro pero que, como siempre estaba con sus bromas, no le dijo nada. 

Poco después la señora Rosario, dueña del piso en el que estaban de alquiler, contó que pasó a su lado sin decirle nada y como le llamara la atención la miró ausente contestándole con voz muy débil que quién era ella y que siguió su paseo. Luego hasta la 1 o la 1'15 pudimos averiguar poco de por donde estuvo. A esa hora lo vieron pasar por una calle cuesta arriba que da al parque de la fuente. Ya saben: el parque que hace de rotonda entre el castillo de Mas Gallo, el convento de San Tunante y el Risco San Tuno, de los que ya hemos hablado. Parece ser que saltó la cerca del parque, se acercó a la fuente a beber y continuó recto hacia el sendero que lleva a la pingorota del risco. Todo lo que a continuación les vamos a narrar son conjeturas, verosímiles pero conjeturas.

(seguirá) ---

El Padre de Husein o... (segunda parte) - C -


---Viene del anterior post

C)

Axxia, cuando su hermano cerró la puerta, se puso a fregar mientras pensaba en lo que su hermano le había respondido. Era muy inteligente. Lo había demostrado en sus estudios sacando notas brillantísimas. Estudios que tuvo que dejar cuando su padre fue expulsado del trabajo. Y ahora, ya un hombre asalariado, seguía demostrando su valía en diversos trabajos. El último, de panadero. Y no solo en los estudios y en el trabajo, en el deporte era un campeón. No había quien le ganara en casi nada. Por eso, porque era sobresaliente en lo que participaba y porque además tenía encanto, simpatía, generosidad y don de gentes, era tan popular en el pueblo que, al padre, le citaban por el nombre del hijo:  Padre de Husein.

Pero Husein no estaba en casa mas que unas pocas horas, no convivía el tiempo suficiente para atisbar cambios que ella comenzaba a vislumbrar en su padre. La relación se reducía a las comidas y cenas. Mas comidas que cenas porque Husein llegaba por la tarde, cansado, daba un paseo por la calle con los amigos, paseo cortico, cenaba y se acostaba pronto ya que la panadería abría muy de madrugada. Por eso las apreciaciones de su hermano, para Axxia, eran un tanto superficiales; o si no superficiales les faltaban los datos de un roce continuado con el padre para tener valor de consuelo consistente o para considerarlas parte de un abecedario; y aun teniéndolas en cuenta, porque, de verdad, Axxia se quedó con las palabras de su hermano... Pero... Pero no pensaba que tuvieran peso como para desechar sus temores. 

Tenemos que decir que Axxia no había dejado los estudios por asuntos propios de la economía familiar, no. Lo hizo de una forma natural. Las mujeres no estudiaban, generalmente, en el ambiente en el que ella se desarrolló. Su madre tampoco lo hizo. Por eso, cuando su progenitora, por desgracia, murió cuando ella tenía apenas catorce años la sustituyó, enseguida, automáticamente, dedicándose a cuidar a su padre y a su hermano. 

Si un tiempo soñó con trabajar o estudiar o hacer algo como mujer independiente o autónoma, fue algo que pasó como esas tormentas de verano en el valle de sus padres que duran unos instantes y pasan a otros valles. 

Luego la prometieron a un mozo de su pueblo. En principio estuvo angustiada, si, temiendo que la emparejaran con algún vejestorio. Hubiera sido una lástima pues era una moza de buen ver: ojos azules, labios ligeramente carnosos, cara ovalada y pelo negro azabache, de mediana estatura, piernas firmes y cadera un tanto pronunciada. No se cumplieron sus temores: el elegido fue un primo suyo con el que había jugado de niña; e incluso, ya adulta, en las vacaciones de verano, habló con él varias veces. Si bien, aunque nunca lo pensó como marido, le gustaba. Era un buen mozo. 

Sus pensamiento iban por esos derroteros y algunas otras variantes casi de lo mismo; por ejemplo: en cómo sería su vida, allá, en Marruecos, cuidando de sus hijos, de su marido y de los animales domésticos. Iba a ser duro pero estaba ilusionada. 

Y estos cambios de su padre, o lo que ella creía que eran desviaciones del proceder ordinario de su progenitor, la inquietaban. Sospechaba que podían trastocar sus planes de futuro. Tenía ese runrun aun sin saber hasta que punto podían variar o perjudicarla, ni si lo que observada tenía un poso objetivo o eran meras apreciaciones subjetivas.

(seguirá) ---

El Padre de Husein o... (segunda parte) - B -


---Viene del post anterior

B)

Durante la comida no hizo mas que mirar de reojo a su padre sin que le notara nada extraño. Habló de Marruecos. Recordó acontecimientos de la aldea donde nació, se interesó por el trabajo de Husein y recordó a Axxia que pronto vendrían los padres de su novio para hablar de la boda y concretar los preparativos de la misma. Como Husein le preguntara a su hermana sobre cuanto dinero les quedaba después de pagar el alquiler, los hermanos se centraron en las dificultades del día a día pues el padre, en paro, y la hermana, sin llevar un sueldo a la bolsa familiar, eran tres bocas para un solo sueldo. Las estaban pasando canutas. Pero Husein confiaba en ganar, para las fiestas de la localidad, dos premios: el de la carrera ciclista y el maratón. 

Su padre que parecía ausente y que no había intervenido en la conversación de sus vástagos los miró y habló del siguiente modo:

-Yo no tengo dinero, hijos, pero he pensado en colocar nidos en el Risco San Tuno para palomas mensajeras. Cuando las crías se hagan adultas nos podrán llevar a Marruecos y así no nos costará nada el viaje. O si no... mejor... montaré una fábrica de pompas de jabón. Nos metemos en ellas y el viento nos llevará a la aldea. Cuando estemos encima de nuestro pueblo pinchamos la pompa con una alfiler y caemos como en paracaidas. ¡Lo alegres que se pondrán vuestros abuelos!

Ellos no parecieron extrañarse. Él les sonrió. Luego, se fue al salón, se sentó en el sillón y se durmió. 

Axxia, aprovechando la hora y media que su hermano tenía de asueto, le expuso las inquietudes que la embargaban sobre el comportamiento de su padre. Para terminar contándole lo del 'suicidio del Padre de Husein'. Su hermano la escuchó atentamente sin compartir sus temores. Quitole importancia a las salidas de tono de su padre, arguyendo que siempre había sido así de chocante en sus invenciones. Y le recordó varias de ellas. 

-Por otra parte -decía- todo eso que me has contado, ese sueño, lo único que representa, creo yo, es su inquietud por llevar parado varios años. Pero eso lo superará en cuanto encuentre algo que hacer. Me tengo que ir al trabajo. Tranquila. Son imaginaciones tuyas.

(seguirá) ---

El Padre de Husein o... (segunda parte) - A -


2ª Parte

A)

Axxia, en la cocina, sacaba platos y cubiertos para poner la mesa. Ya tenía la comida preparada y nada mas que llegara su hermano Husein del trabajo la serviría. La calle se llenaba con la algarabía de los niños saliendo de la escuela. Son las dos del mediodía de una mañana soleada. Los rayos penetran por la ventana e inundan toda la estancia. Daba gusto estar allí sin la tiritona de otros inviernos. 

El frío pasado en estas tierras extrañas le hizo recordar que no tardaría en trasladarse a su país. Para siempre. Iba a casarse. Pronto. Si los proyectos no se torcían. Estaba deseando que llegase el día. Tener a él de marido. Volver a vivir otros encuentros como el que les ocurrió en el huerto del abuelo. Entre mediodía. Así llamaban al tiempo de la siesta. Cuando el sol arrecia. Ella lo esperó allí. Sentada debajo del peral. Apoyando la espalda contra el tronco. Le hacían cosquillas las hierbas en las nalgas. Entre sus piernas también le picaba. Y se arrascó. Amapolas reales lucián sus colores en el huerto. Las abejas y avispas libaban. Él abrió la puerta del huerto. Guapo. Encendido...

Por estos andurriales andaban sus pensamientos cuando oyó un grito. A su padre le pasaba algo. Acude al salón. Su progenitor, quien dormitaba en el sillón, abre los ojos a las palabras alarmadas de la hija  acerca de su estado y por la causa de su grito. La mira con pena:

-Axxia, hija mía, el padre de Husein ha muerto. Se ha suicidado. Lo acabo de ver con mis propios ojos. ¡Qué desgracia!

Y le contó lo que, según él, acababa de presenciar. Axxia lo escucha entre divertida e inquieta. 

Era su padre. Siempre bromeando. Pero últimamente sus bromas son muy extrañas y no deja de desconcertarla. Sin ir mas lejos, ayer le dijo que había dormido con Fátima. Pero Fátima, esposa y madre de Axxia, murió hace años. Y sonriendo Axxia le recombina: '-Papá, tus salidas no hacen gracia. Mamá murió. -¡Mira esta! Ahora le da por decir que Fátima está muerta -dice el padre dirigiéndose a Husein- Me lo vas a decir a mi que duermo junto a ella todas las noches... -Bueno, lo que tu quieras papá.' 

Así terminó la conversación. Tampoco le dio mucha importancia, la verdad. Porque, efectivamente, su padre ha estado bromeando toda la vida. Pero ahora salía con eso de que: 'el Padre de Husein había muerto', que lo acababa de ver él, precisamente él, en persona. Lo decía tan serio que a veces dudaba de si seguía con sus invenciones o se estaba volviendo majara. Porque,  ¿cómo podía haberlo presenciado si él era el Padre de Husein?... A no ser que se refiriera a otro Husein... Y además ¡que coños, que no! si estaba sentado en el sillón, había estado toda la mañana... Ella era testigo... Además, lo que le había contado tenía todas las trazas de ser un sueño... Bueno, mas que sueño pesadilla.

-Papá, ¿vas a salir a pasear por la tarde?

-No. Ya he paseado por hoy. Estoy cansado. Mañana saldré.

Axxia mirando su padre no sabía si reir o llorar. Se dio la vuelta y fue a la cocina. Pronto vendría su hermano Husein del trabajo y tenía que poner la mesa.

(seguirá) ---

jueves, 19 de enero de 2012

El Padre de Husein o la inmersión en el olvido (8)


---Viene del post anterior

H)

El Padre de Husein se veía, si, pero a lo lejos, subiendo la cuesta que llegaba al Risco de San Tuno. Entonces se percató de que había sido él quien había cerrado el portón de golpe. El ayuntamiento rodeó ese risco con una empalizada y tenía varios portones a lo largo de la misma. Los cuales portones tenían un muelle potente que cerraba de golpe las entradas, produciendo un sonido metálico al ser la puerta de metal. 

Contempló la subida del hombre sendero arriba, mientras se recuperaba de su cansancio por la carrera, por el miedo padecido y, por qué no decirlo, de su sonrojo... avergonzado por su irracional comportamiento. 


Si, ¡qué vergüenza!, ¡qué vergüenza de hombre! Había sido dominado por el terror... Por nada... Por él mismo. Pues cuando el roce de los pantalones al caminar sonaba amenazante en sus oídos era su propio roce. Cuando le parecía la respiración acelerada del perseguidor acercarse a su nuca su propia respiración era la que lo perseguía. 


¿Para que tenía el cayado?... ¿Le servía para algo?... Se le encendió la cólera y la pagó con su propio garrote intentando romperlo golpeándolo con el el hierro de la valla del parque. Inútil. No se quebró. Solo algunas marcas aparecieron. Furioso, cabreado, lo arrojó al suelo. 


Su miedo anterior se asemejó, ¡que bochorno!, al de un gato capón que en lugar de sacar sus uñas, aprestándose a la defensa, echa a correr ocultándose en cualquier rincón de la casa. O algo similar. Las ratas podrían hurgar en todos los rincones, comerse lo que encontraran a mano y reírse en sus propias narices. No podría volver a soñar pues los sueños se los zamparían las ratas...  Esas que su miedo agrandaba... 


Se sublevó contra su propio miedo... Las ratas que... ¡Joder!, siempre las ratas nos... Poco podía hacer él solo, es cierto, contra todas las ratas del mundo pero... pero una por una... Se fue aquietando por momentos. Se agachó a recoger el cayado. 


Luego sus ojos retornaron hacia el sendero por el cual subía el Padre de Husein. Casi trepaba ahora por la cuesta, ya que esta se empinaba mas y mas a medida que llegaba a la cumbre del risco.

El Padre de Husein arriba a los primeros peñascos del risco. Sube a uno de ellos y poniendo los brazos en cruz grita:

-¡Ala es grande! ¡Alá es Misericordioso!

Luego gatea a las rocas mas altas. Coloca como antes los brazos en cruz y grita:

-¡Ala es grande! ¡Todo Bondad y Misericordia!... ¡Sabrá perdonarme!

Y se lanza por el terraplén abajo botando como un muñeco. Salieron volando aterrorizados de entre las peñas los grajos hiriendo el silencio con la batida de sus alas y los graznidos. Y el que contempla la escena se mueve primero para atrás como si un resorte lo hubiera empujado y acto seguido, cuando los buitres se lanzan en picado a cebarse en el cuerpo del Padre de Husein, corre hacia adelante gritando:

-¡Noooooo!

Grito que quiso ser un alarido de dolor prolongado, pero que se cortó en secó.

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Fin de la primera parte

(Seguirá)---