jueves, 22 de febrero de 2007

José Mª Amigo Zamorano: CAGASANGRE (7)



7) Andarivel



Hacia ese paraíso, siniestro a sus ojos, que se elevaba en la cumbre de la montaña como un dios decadente y ajado pero todavía poderoso, se dirigían, siendo niños, mitad polluelos timoratos y mitad gallitos bizarros, a trepar por las paredes, agarrándose a los salientes y apoyando los pies en las grietas y agujeros que el tiempo ha ido agrandando, para coger los huevos en los nidos de los pardales, cernícalos y otras aves y comérselos crudos.
El hambre vencía al miedo alegrando sus estómagos vacíos.
Si bien, siempre se cuidó, él, de ir acompañado de otros niños -entre ellos "Neme"- pues el griterío de todos ellos espantaba el canguelo del cuerpo que corría a refugiarse entre los paredones del castillo; sin que esto quiera decir que desapareciera por completo.

No, en absoluto, no se iba del todo; acudía presuroso envuelto en cualquier golpe, chillido o ruido extraño que el eco multiplicaba agrandándolo y distorsionándolo; entonces era el momento en que les amordazaba la boca y les taponaba, con un nudo, la garganta; y, cuando el recinto hundíase en el silencio, los fantasmas aparecían y desaparecían sin rubor, acojonándolos; fantasmas que se materializaban, se hacían mas reales aún, si les acompañaba el grito de uno de ellos, "¡Un fantasma!", saliendo de su boca, violentamente, como un salivazo venenoso; marchaban corriendo, frenéticamente, y no paraban hasta hallarse por completo fuera y lejos, muy lejos, de él; en ese preciso momento, solo en ese, se paraban, daban la vuelta, miraban al castillo y retornaban al pueblo a buen paso, riéndose, sobre todo Neme, que era siempre el último en salir del castillo.

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