lunes, 19 de enero de 2009

José Mª Amigo Zamorano: El 'Cantar de las dos Torres' de Agustín García Calvo

Pintada en la Ermita del Cristo de la población
de las Navas del Marqués (Ávila) donde pasa
temporadas el escritor D. Agustín García Calvo (1)
Hace unas horas, como quien dice, en diciembre de 2008, publicó García Calvo (D. Agustín) el 'Cantar de las dos Torres'. Un librito de poesías compuesto de diecisiete poemas a modo de capítulos, ordenados con numeración romana y sin título. Versificados con lo que llaman versos de arte mayor; de una extensión, cada poema, aproximada a los treinta versos.

"Breve epopeya entre risueña y tremebunda" -se dice en la contraportada- aprovechando el hecho, cierto, que todos vimos, del derrumbe de las conocidas 'Torres Gemelas' de la Ciudad Imperial de Nueva York; desmoronamiento ocasionado por el choque, intencionado, de dos aviones contra ambas torres.

En la breve y tremebunda epopeya, El Maestro, ¿Agustín García Calvo?, (lo ponemos en interrogación porque así aparece en la portada) relata, imaginándolo, dónde se urdió el plan del derrumbe ("al pie de las lindes de los Edenes" en una tienda) los jefes que se reunieron, los que hablaron, ("Rey de Rosas", "Nueve de Moras"...) las razones de su acción ("nuestro petróleo bebían y nos chupaban la sangre") y la Fe que los movía ("¡Bendito el que vuestras bocas por Él ha hecho que hablen"). Oraron, claro, a Dios para que los llevara triunfantes al objetivo.

Igualmente se imagina otra reunión de otros adalides, el lugar ("allende el vasto Océano" en un 'salón del Blanco Palacio'), los que se juntaron, aquellos que tomaron la palabra ("Uno de Gansos", "Cinco de Grajos"...) y luego, como señores del orbe, deciden realizar acciones guerreras ("Nuestros contigentes dispuestos están por el mapa del Orbe") contra los que potencialmente pudieran enfrentárseles. Rezaron, naturalmente a Dios ("oración cotidiana con que al Señor del Espacio pedían ispiración"-'sic'*-) para que los salvara de cualquier asechanza . Es decir: dos bandos y una Fe.

García Calvo (D. Agustín)
, El Maestro, escoge, con la maestría de otras veces, el tono, el timbre y la intensidad de la narración. Y como de epopeya se trata, la elección nos suena al oído a música de verso homérico. Alejandro Gonzáles, licenciado en Filología Clásica, admirador y seguidor de García Calvo dice en su blog 'Campos de Fresa': "El tema bélico pide el hexámetro, y el maestro nos lo sirve en una depurada parodia de Homero que recuerda por momentos aquélla de la Lucha de los Ratones y las Ranas (Batracomiomaquia). La influencia de su propia versión de la Ilíada se aprecia en el verso elegido: hexamétrico, sí, pero arromanzado, con ecos del Poema de Mio Cid". Eso dice el señor licenciado. De todas formas, oigan y juzguen por su propio oído:

"Canta, diosa, la Fe de los hombres hijos de muerte,
Fe que alzaba a los cielos altivas torres a veces
y a veces las arrumbaba por tierra, y di de qué suerte,
siendo una y misma Fe, guerreaban como si fuesen
una con otra. Y ¿cuán era, dí, aunque sea el de siempre,
..."
.

En estos primeros cinco versos está el meollo del librito: la guerra contra la Fe de 'hombres hijos de muerte' que 'siendo una y misma la Fe' 'guerreaban como si fuesen una con otra'.

La guerra del Maestro contra esas Fes que son una y misma y que conducen a llenar de sangre y llanto, a regar de cadáveres, calles y campos, como estamos viendo ahora mismo en la martirizada Franja de Gaza.

Una guerra, una lucha, un empeño, que Agustín García Calvo, 'desde lo común', intenta abarcarnos, involucrándonos a nosotros, con su dedicatoria. Y lo logra. Con gusto nos metemos en esa guerra desde abajo. Desde el común de 'pobres comedores de manzanas' que decía el poeta chileno. Nos metemos. Nosotros. Nosotros que no servimos ni a Alá, ni a Yavé, ni al dios de los cristianos. Nosotros que no obedecemos ni al 'Consejo de Imanes', ni al de Rabinos y tampoco al 'Sumo Conglomerado'. Pero que desde el común servimos y obedecemos, casi ciégamente (escribimos 'casi' porque sino sería muy exagerado) en esta guerra contra el Absurdo de rezar a Dios 'el mismo dos veces' para que les bendiga a ambos ejércitos enfrentados.

Curiosas y monstruosas cosas tiene la Fe que ya pusiera de manifiesto el famoso conde francés en 'Las ruinas de Palmira'. Lo que si tiene de novedoso ¿Agustín García Calvo? es mostrar en pentagrama moderno y de rabiosa actualidad eso que de muy antiguo grita el común de las gentes, del pueblo, y por debajo: ¡que con su pan sangriento se lo coman!

Alguno podría pensar, y lo hará, que en estos momentos, precisamente en estos, es una postura muy equidistante, fríamente objetiva, excesivamente neutral, ante la matanza, el desgarramiento de cuerpos, el llanto, la impotencia, del común de las gentes que huye a una lluvia de bombas y avasallador avance del ejército mataniños de Israel.

Pero esa equidistancia no le impide mostrar las diferencias entre unos y otros en cuanto a fortaleza; y, si unos tienen Fe airada de razones, los otros tienen motivos de Fe ardientes; unos son pocos los mandamases, dado su desarrollo mas bien pequeño; los otros, ante la extensión y complejidad de sus dominios, que es el Orbe, necesitan tener más jefes para controlarlo. Tantos, que incluso tienen un Nuncio de Tratos Interculturales y un Jefe de Ocio y Noticias (Cuatro de Buitres) que, unidos al Uno de Gansos, Cinco de Grajos (Promotor Mayor), Ocho de Loros, Uno de Ocas, Fusta de Ejércitos (Once de Cóndores), Seis de Cornejas, suman ocho jerifaltes, por cuatro de los del bando de Mahoma. Sobran explicaciones.

No sabemos que opinará El Maestro al respecto, pero por los poemas finales de este 'Cantar de las dos Torres' dedicados al lamento de viudas de suicidas conductores de los aviones ("¿Adónde te has ido, cruel, dejándome moribunda?", "¿Tan triste era ya la casa, tan dura la tierra te era?", "¿Qué he de llorar, si dentro las lágrimas se me pudren?"), nos atrevemos a decir que de lo que se trata es de mostrar y demostrar con claridad meridiana el resultado de esa Fe: muerte, dolor, odio, soledad, resentimiento...

De modo que esa equidistancia, objetividad, neutralidad, distanciamiento, no es mas, creemos, que un repudio, una condena implícita, socavando, con mucha eficacia literaria, el origen, que es la Fe.

O una declaración de principios que suele formularse ordinariamente con una frase muy común 'Conmigo no contéis para eso'.

O dicho como el poeta donostiarra, Karmelo Iribarren, de una forma brutal, que también sale muchas veces del común, y que él tituló 'Momentos que no tienen precio': 'Llegar al fin / hasta la puerta / de tu casa, / entrar, / echar todas las cerraduras, / y, como quien saborea / el sabor de la venganza, / decirlo: "ahí / os quedáis, / hijosdeputa".

Pues eso: así os muráis... de muerte antinatural... hijos de...



Fdo: José Mª Amigo Zamorano
__________
Autor: ¿Agustín García Calvo?
Título: Cantar de las dos Torres
Editorial: Lucina
Mes y año: diciembre del 2008

(*) Ortografía del autor
(1) Foto tomada de la página web 'El Naviero'

2 comentarios:

Ángela dijo...

El próximo día que vaya a Zamora, compraré el libro.

Un beso, Talín.

Editorial Lucina dijo...

No sabe el hombre que los hombres lo cuentan. salú y gracias por la entrada