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viernes, 25 de junio de 2010

El brazo, arrancado de cuajo

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-¡Arrancaron de cuajo el brazo del Señor!
-¡Arrancaron de cuajo el brazo del Señor!

Los que escuchaban al hablante no habían vivido aquel suceso (1) que corrió de boca en boca. Y por lo tanto no comprendían dicha exclamación. Pero lo cierto fue, aunque parezca cosa de bobos, que la radio se hizo eco de él, la prensa lo señaló en titulares destacados y la televisión mostró imágenes: gente llorando por acontecimiento tan descarnado, mohina como si sintiera el dolor, mustia como árbol al que le han desgajado una de sus ramas y la savia se derramara por el tronco abajo...

-¡Arrancaron de cuajo el brazo del Señor!

Repitió la exclamación con voz compungida, dolorosa, quebrándosele al salir de los labios. Luego pareció serenarse. Miró a los que le escuchaban dudando de que pudieran entender las diferentes inflexiones vocales. Ellos, 'como los tontos del pueblo' (sic más o menos de Machado), semejaban mirar con la boca abierta. Quizás exageraba su representación. Quizás. Y no había allí director de cine o teatro que pudiera aleccionarle.

No obstante prosiguió:

--Arrancaron de cuajo el brazo del Señor...

El traductor trasladó por cuarta vez la frase a los turistas. Sus caras estaban espectantes. Las bocas se abrieron aun más en la temida esperanza de alguna desgracia o hecho tremebundo.

--... Jesús del Gran Poder. Y siempre que lo señalo me cubro de profunda emoción... Vean, veanlo ustedes mismos. (2)

Y señaló una talla de nazareno con la cruz a cuestas que allí estaba, la cara dolorida, coronada de abundantes espinas, embadurnada con colorete marrón, y churretes por la superficie facial a modo de sudor, sangre y lágrimas, las manos llenas de cascarrías... y manca, claro.

Los turistas vieron tan lamentable figura, se miraron entre ellos y estallaron en sonoras carcajadas, mientras se decían unos a otros:

-¡Arrancaron de cuajo el brazo del Señor! ¡Arrancaron de cuajo el brazo del Señor! -sin poderse contener de la risa.

El guía del museo no por eso se sintió corrido porque los entendía y, además, ya había contemplado en otras ocasiones esa demostración de burla jubilosa. Se rió él también para sí. 'Y no se crea nadie que soy un cínico sino que de algo hay que vivir y más en estos tiempos de crisis', se dijo.

En ese punto siempre se acordaba de lo que le aconteció de niño al muralista mexicano Diego Rivera cuando fue con su padre a Guadalupe y, sorprendido, viendo postradas a unas mujeres ante una imagen, extrañado, subió al altar y les dijo a voces:

--¡Que haceis ahí, viejas pendejas, arrodilladas ante ese monigote que es una talla del maestro carpintero Fernández, amigo de mi padre!

Fue la risueña exclamación de la inocencia infantil. Si, pero casi lo linchan por ello.
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(1) http://noticias.lainformacion.com/interes-humano/sociedad/detenido-tras-arrancar-un-brazo-al-jesus-del-gran-poder_ljdpf9JHHcuhQepYJrQ9s4/

(2) http://es.wikipedia.org/wiki/Jesús_del_Gran_Poder


martes, 18 de mayo de 2010

Cristina Barros / Marco Buenrostro: Cuaumóchitl

2010 Año Internacional de la Biodiversidad

Cuaumóchitl, por Cristina Barros y Marco Buenrostro

Tomado de: http://www.jornada.unam.mx/2010/05/18/index.php?section=opinion&article=a08o1cul

El guamúchil, presente en buena parte del territorio nacional, tiene como nombre técnico Pithecellobium dulce; pertenece al género Pithecellobium, es de la familia de las leguminosas y de la subfamilia de las mimosas, como bien apunta Leonardo Martínez Torres, dato que le agradecemos.

La tendencia indígena de aprovechar de manera integral las plantas también se manifiesta en este caso; del guamúchil se utilizan la madera, los renuevos de las hojas, las hojas, las vainas, los arilos y las semillas.

Por su follaje, el guamúchil se siembra para dar sombra al ganado, que además puede alimentarse de las hojas, pues son ricas en proteína. Por su resistencia, con la madera se construyen cercas y postes; también se utiliza como combustible. De la corteza se extrae un tinte amarillo rico en taninos que sirve para curtir pieles; por esta misma cualidad se usa en la medicina tradicional como astringente.

Fray Juan Navarro en su Historia natural o Jardín americano da cuenta de las propiedades medicinales de la corteza de la raíz; la considera fría y astringente, cura las cámaras y los flujos de sangre. Su cocimiento sana las llagas y las encarna.

Francisco Hernández escribe en su Historia natural de Nueva España (1571) que el cuaumóchitl, árbol del fruto parecido al maíz reventón, es un árbol espinoso con hojas como de granado, pero de punta un poco más obtusa; con capítulos como los de epítimo, pero mayores, en la punta de las ramillas, y vainas de color púrpura y rojo llenas de semilla negra, la cual, aunque es comestible y de sabor agradable, inficiona el aliento con un mal olor!.

En cuanto a los usos medicinales registra que la corteza contiene las disente-rías y demás flujos. “Las hojas con sal y pimiento curan el empacho…” En algunos lugares se prepara un cocimiento con las hojas para paliar la tos.

De la corteza emana una goma transparente; se trata de un mucílago de viscosidad intermedia entre la del tamarindo y la goma arábiga. Como el árbol es alto, muchas veces se utiliza un palo largo con gancho para bajar las vainas, aunque éstas caen cuando maduran.

Como parte de las actividades del Año de la Biodiversidad, el 21, 22 y 23 de mayo la Universidad Nacional Autónoma de México estará de fiesta, pues este fin de semana habrá conferencias, tianguis, proyecciones y degustaciones vinculadas al tema La milpa, baluarte de nuestra biodiversidad biológica y cultura. Tendrá lugar en la explanada de la Biblioteca Central, y en distintas escuelas e institutos, tanto en CU como en otros espacios universitarios.

El programa puede consultarse en la página electrónica http://www.milpa.unam.mx/.

Entrada libre.

marcri44@yahoo.com.mx

lunes, 1 de marzo de 2010

Muerte prematura de Carlos Montemayor


La muerte prematura de Carlos Montemayor, acaecida la madrugada de ayer en esta capital, trasciende el ámbito de lo personal: se trata de una grave pérdida para el país en varias de sus dimensiones, y deja una ausencia irremediable en uno de los peores momentos de México.
Al ensayista, tenor, literato, traductor, investigador, lingüista, articulista, promotor cultural y luchador por la justicia social, los derechos humanos y las culturas indígenas, se le echará de menos en los terrenos correspondientes, en todos los cuales dejó obra trascendente. Fue, a su manera, un espíritu renacentista actuante entre los siglos XX y XXI.

Destacan, en particular, su labor de rescate, difusión y fortalecimiento de la literatura en lenguas indígenas; su fusión de virtudes académicas y narrativas, que cuajó en la novela Guerra en el paraíso–en la que plasmó parte de la historia de las organizaciones político-militares que, en los años 70 del siglo pasado, pretendieron transformar la realidad nacional por medio de las armas–, y su papel en la disuelta Comisión de Intermediación entre el gobierno federal y el Ejército Popular Revolucionario (EPR), al lado de Miguel Ángel Granados Chapa, Samuel Ruiz, Juan de Dios Hernández Monge, Enrique González Ruiz, Rosario Ibarra de Piedra y Gilberto López y Rivas.

Montemayor, además de investigador, erudito, creador literario e intérprete operístico, era un hombre consciente de las lacerantes injusticias que padecen desde siempre las mayorías depauperadas y que se han profundizado y extendido en forma alarmante en las tres más recientes décadas, como resultado de la implantación del modelo económico neoliberal y de la pérdida de rumbo por el grupo que detenta el poder público. Esa conciencia lo hizo mantenerse en contacto inmediato con las luchas sociales que han sido la expresión de las mayorías depredadas y las minorías oprimidas ante el avance de los intereses privatizadores, la descomposición institucional y los amagos autoritarios y antidemocráticos.

El Montemayor articulista honró estas páginas con sus escritos. Para La Jornada, su muerte es la pérdida irreparable de un amigo y de un colaborador excepcional, y este diario expresa solidaridad y afecto a sus familiares.

En el México de hoy, el poder político en todos sus niveles se ejerce con ineptitud, faccionalismo y patrimonialismo en grados nunca vistos, y se hace presente el riesgo de que este proceder termine por generar estallidos sociales e ingobernabilidad. En esta circunstancia, la comprensión y la acción de Carlos Montemayor resultaban agudamente necesarias. Al país va a hacerle mucha falta su pasión social y su rigor analítico, su creatividad y su serenidad, su independencia y su compromiso. Se nos ha muerto un imprescindible.
 
Foto: Carlos Montemayor