lunes, 20 de noviembre de 2006

José Mª Amigo Zamorano: La Tímida Interina (Relato Erótico) II




2º Alborozo

Era hija única; pequeña de estatura; cara redonda; mirada a veces miedosa, a veces huidiza, sobre todo ante unos ojos masculinos que la miraran descarados; ojos castaños; pómulos ligeramente salientes; tez morena y pelo lacio; su padre que trabajaba de albañil y su madre que fregaba escaleras todos los días por las tardes, habían venido de un pueblo, recién casados, a trabajar a la ciudad; los primeros años fueron muy duros, hasta que pagaron todas las letras del piso; luego comenzaron a ahorrar algunos durillos; durillos que se incrementaban, todos los años, con el dinero del arriendo de las tierras del pueblo; poco era, pero ayudaba; esto les permitió pagar los estudios de la única hija; "ya que nosotros no hemos podido estudiar, que lo haga ella", se dijeron.
Llegaban cansados a casa, pues a nadie dan el pan por dormir, y no tenían tiempo para hablar casi ni entre ellos, cuanto más con la "niña"; niña que, inadvertidamente, había ido modelando su cuerpo, hasta adquirir curvas propias de zagala; de manera que hablaban poco; con lo necesario bastaba.
"Rosarito tienes que estudiar mucho, para ser una mujer de provecho", era la frase favorita y casi única de sus padres; así, la hija, fue creciendo en una atmósfera, agradable, cordial, pero silenciosa; sus inquietudes, sus interrogaciones, se las tenía que contestar ella misma; y si avanzaba, lo hacía con verdadero esfuerzo; los escollos alzaban por doquier su barricada inexpugnable, indiferentes a la mirada del viajero que impotente se detenía ante ellos..
De las "cosas de la vida", ¡ah, las cosas de la vida!, no tuvo oportunidad de intercambiar ideas con los seres más queridos y allegados: los padres; y, por desgracia, hermanos que le iluminaran el camino, no había querido, Alá El Misericordioso, darle alguno.

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