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jueves, 10 de marzo de 2011

'59 Segundos' para mujeres canallas


Recordábamos anoche, viendo el programa de televisión '59 Segundos', aquello que nos contara nuestro viejo amigo, el escritor Eusebio García Luengo (que en paz descanse) sobre una delegación de mujeres republicanas que yendo a pedir clemencia, a esposas de militares franquistas, por sus hombres encarcelados y a punto de morir fusilados, asesinados, regresaban exclamando:

-¡Esas mujeres son peores que ellos!

Lo recordábamos porque, eso mismo, nos pareció a nosotros que eran esas mujeres que hablaban en la tele. Esa noche estaban solo hembras ya que el día anterior fue el Internacional de la Mujer Trabajadora. Un guiño a la mujer. Así. En general. Haciendo tabla rasa de diferencias. Pero las hay: mujeres y mujeres. Una perogrullada. Aunque tiene su miga. Su sentido común. No son lo mismo las mujeres del pueblo llano que las encumbradas en el sistema.

Trataron, estas televisivas personalidades femeninas, de la posible huelga de los trabajadores de los aeropuertos. Que ven peligrar su puesto de trabajo. Y desde esas pingorotas, desde esas cumbres, desde esas alturas en las que están instaladas como comentaristas, no encontraron razón alguna para la huelga. Y les dijeron de todo menos bonito a los trabajadores: que qué se habían creido ellos... amenazar con paros porque 'alomejor' (y lo entrecomillaban) perdían sus puestos de trabajo... 'alomejor'... que otros (4.000.000) ya lo habían perdido y esos, si, tenían razones para protestar... vosotros os jodéis... que eran secuestradores de las vacaciones del pueblo español... que el Ejecutivo tenía que ser firme y no temblarle la mano a la hora de castigar a los que no fuesen a trabajar... que por su culpa iban a perder buenos dineros los negocios de hostelería y... y a eso no había derecho alguno... que estaban impidiendo, obstaculizando, que otros pudieran obtener trabajo... que ya era hora de regular la huelga para que se vayan enterando de lo que vale un peine... esos sindicalistas...

Ninguna se puso en lugar del que se ve en paro, de aquel que siente cómo la hipoteca le va apretando el cuello hasta casi ahogarle, que ve peligrar su piso, y ser expulsado del hogar con orden de embargo y a sus hijos en la calle... Ninguna se mostró ni una pizca de comprensiva con la única arma que los trabajadores esgrimen para defender su comida... Ninguna tuvo clemencia con esos asalariados que tiemblan de miedo al despido... A ninguna les importó un comino que los 4.000.000 millones de parados fueran incrementados con algunos más salidos de la privatización de los aeropuertos... A ellas solo le preocupaban las vacaciones y los negocios hoteleros. Lo demás... ¡mano dura a los huelguistas, a los sindicalistas!

Pero, ¿por qué esa dureza con unos simples trabajadores? La explicación viene de que miran a los demás como enanitos desde sus cimas; hasta ellas no llegan las zozobras, penalidades, inquietudes, angustias... de los currantes a los que critican; se consideran encastilladas, amuralladas, defendidas por el foso de la llamada libertad de expresión atestado de hambrientos cocodrilos que impiden que otros lleguen a tumbar sus argumentos ejerciendo ese mismo derecho. Es su torre de marfil. Allí se encuentran a gusto.


Y además porque, valga la paradoja, ven peligrar, ellas, su 'mantenencia', su sustento, sus vacaciones, y para asegurse bien en el puesto, pegadas como lapas al sistema, tienen que demostrar ser más duras que los empleadores para los que trabajan o las contratan: los banqueros, los dueños de las empresas, los patronos de los diarios, revistas, televisiones, radios; es decir: la patronal, el generalato del sistema. Del sistema capitalista.

Todo ello en torno al Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y todo ello cuando se ha homenajeado con una película a esa diputada olvidada, Clara Campoamor, que tanto luchó por el derecho al voto para la mujer. En la II República. Y eso está muy bien. Y ya pueden votar y ser diputadas y senadoras y concejalas y alcaldesas y... ¿Y qué? ¿Ha cambiado el sistema? ¿Ya todos somos iguales? ¿No hay explotación del hombre por el hombre? ¿O de la mujer por la mujer? No, no, no. Aunque, si, es cierto, la burguesía, en eso, ha salvado su contradicción de sexo. Está más vertebrada que antes. La burguesía ya tiene dirigentes machos y hembras.

Pero... ¿y entre la clase obrera?  La situación ha cambiado mucho menos. Siguen estando bastante inferiorizadas. Las mujeres. 


No hay una mujer en general, sino mujeres de distintas clases: las burguesas y las proletarias. Las unas defiende el sistema y las otras deberían de luchar contra él.

Y cuando, entre el pueblo, oímos, muy a menudo, decir a alguna mujer:

-Tenemos que hacer una candidatura de mujeres.

Esa proposición no es una igualación de las mujeres del mundo, no, es una rebeldía contra cosas mal hechas por los hombres. O eso creen ellas. Porque entre hombres y mujeres del pueblo hay enfrentamientos, luchas, contradicciones. Empero son, como decía Mao, contradicciones en el seno del pueblo que hay que resolver. Porque no son irresolubles, no son antagónicas.

Mas existen, como ya hemos dicho, las otras, las burguesas, que cuando llega la hora de defender al sistema en que se hallan encuadradas se vuelven inmisericordes, duras, asperas, híspidas, cuando no crueles contra los enemigos de clase, como los obreros, que se aprestan a conmover los cimientos de su estatus de encumbradas matronas con huelgas y otras formas de protestar. 


Y eso, ¡no! ¡Ni hablar! ¡Por ahí no pasan! Lo vimos y oímos ayer en la televisión. Por la noche. En el programa '59 Segundos'


Y fue lo que nos hizo recordar aquello que nos contara, antaño, Eusebio García Luengo, de una junta de mujeres republicanas que fueron a hablar con esposas de militares franquistas a las que consideraban más asequibles y comprensivas que sus maridos y que exclamaron de vuelta de su misión:

-¡Esas hembras son peores que sus machos!



Fdo: José Mª Amigo Zamorano

martes, 8 de febrero de 2011

José Mª Amigo Zamorano: Eusebio García Luengo (*) en 'La gallina ciega'


'La gallina ciega', si, 'La gallina ciega'. Así se llama una obra de Max Aub (1). Tiene 429 páginas en la reedición que acaba de sacar a luz el diario Público.

Pues bien, llevaba leyendo 331 y no había encontrado aun su nombre escrito. Tentado estuve de cerrarlo, cuando al pasar la página lo hallé: allí estaba Eusebio García Luengo citado en la siguiente pregunta: '¿Por qué García Luengo v. gr., no me dijo: soy Eusebio? No lo comprendo'. Y nada más, dentro de un corto apartado o capítulo (si puede llamarse así) de la 'La gallina ciega' que luego reproduciré (2).

He leído esta obra solamente por ver si lo que Eusebio me había comentado era cierto.

Eusebio García Luengo, para los que no hayan oído hablar de él que serán la inmensa mayoría, fue un escritor nacido en Puebla de Alcocer (Badajoz) pero que vivió la mayor parte de su vida en Madrid. Republicano, estuvo muy cercano a los comunistas y sobre todo amigo del escritor comunista palentino César M. Arconada. Según Eusebio su marxismo era de 'impregnación de ambiente'. Conoció a practicamente todos los escritores de la República. Hasta vivió cerca de Azaña pues tuvo unas relaciones estrechas con el cuñado del presidente de la República, Cipriano de Rivas Cherif. Ambos eran muy aficionados al teatro.

Citar los amigos y conocidos a los que trató sería interminable: ya en esta monarquía heredada del franquismo el Presidente del Tribunal Consttitucional fue amigo suyo Garcia Pelayo se llamaba, Elena Soriano, Cela lo invitó a su boda, Gerardo Diego, Carlos Gúrmendez, González Figueroa... Y antes Arconada, Wifredo Lam, Neruda, Sender, Machado...

Eusebio veraneaba en Las Navas del Marqués. Allí lo conocí por los años 90 del siglo pasado, entablé amistad con él y nos pasamos durante varios años charlando... Bueno, hablaba él solo. Y daba gusto oirle.

Creo que fue a raíz del discurso que tienen que leer los nuevos académicos para entrar en la Real Academia Española cuando me habló de Max Aub. Un nuevo académico entró en la citada institución y versó su discurso sobre Max Aub. No recuerdo el nombre de ese académico. Pero es un escritor muy connotado que ha escrito numerosas novelas. Algunas de peso, en páginas, considerable. Escritor al que no he leído. Un pecado que debo confesar. Aunque me condene al infierno. Este escritor, según los entendidos en los vericuetos de su novelería, es de un izquierdismo muy sospechoso, tanto que -siempre al decir de estos sabios en su escritura- tiene unas posturas de revisionismo histórico poniendo en el mismo nivel a los republicanos y a los fascistas que se sublevaron, arma en mano, contra el gobierno legal, legítimo, elegido en las urnas, de la República. En fin... eso dicen... de este literato que cogió la llave de Max Aub para penetrar en el recinto académico.

El ver resucitado a Max Aub no le sorprendió a Eusebio García Luengo. A pesar de ser un desconocido para la inmensa mayoría de los españoles. Como lo era el propio Eusebio. ¿Por qué no se asombró? Por dos cosas: una porque la vida da muchas vueltas y en literatura también y lo que hoy parece entoñado para siempre resurge, nuevo y luminoso, con las mismas galas de su juventud más joven; y segundo porque escribe muy bien. Esas fueron las razones de D. Eusebio.

Le dije que había leído algunas obras de Max Aub. Pocas. Que el FRAP lo había citado con admiración y respeto. Quizás por ser escritor valenciano. El FRAP tenía militantes valencianos relevantes. Quizás por eso... Sabía, eso si, que regresó del exilio a España -estaba refugiado en México- para dar una vuelta de pocos días y que se marchó diciendo que lo que mas le había gustado de la televisión española fueron las cartas de ajuste.

-No me extraña que dijera eso viniendo de él. No tenía pelos en la lengua. Si, efectivamente, a finales de los sesenta pasó por España. Yo asistí a la presentación de uno de sus libros.

-¿Lo conocías?

-¿Y quién no conocía a Max Aub?... Lo conocí y lo traté. Creo que llegamos a ser amigos.

-Pero no fuiste a saludarlo.

-No. No lo hice.

-Un poco desleal por tu parte.

-Bueno... Verás... Estuvo siempre rodeado de gente. Personas que ni lo habían conociddo, ni tratado, ni cristo que lo fundó. Y yo atrás, mirando. Con mi timidez incorregible. No me atreví. Me dio corte. El orgullo me pudo. Los tímidos somos muy orgullosos. Y eso nos paraliza.

-No te preocupes. Él tampoco se acordó de ti.

-Al contrario. Me cita en 'La gallina ciega'. Un familiar, que la ha leído, me ha dicho que me nombra reprochándome que no fuera a saludarlo. Yo no la he leído. Mi vista ya no me permite acceder a las letras. ¡Qué le vamos a hacer!

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El texto del apartado o capítulo o trozo o como quiera llmarse es el siguiente:

(2) "A firmar ejemplares de No que saca hoy Cuadernos para el Diálogo, en una librería (Cult-Art, ¡hazme el favor! Me recuerda el Pul-Mex de Puebla. Prefiero el segundo -una pulquería tal como su primera sílaba indica) de la calle Bravo Murillo, en el sótano, como debe ser. Parece que han repartido muchas invitaciones. Llegamos, bajamos, cien personas, ni tiempo tengo de quitarme la gabardina; me siento y me pongo a firmar ejemplares. Ni siquiera pregunto el nombre, me lo dan, añado 'sinceramente', 'con amistad', 'agradecido' etc., firmo. Otro. Otro. Otro. Ni siquiera levanto lacabeza para ver a quien le toca el ejemplar. Uno, otro, otro, otro.
Hasta que llega alguno que me toca de cerca: Gloria Fuertes -a quien hice avisar-. Luego, Luis Rosales: me quedo estupefacto, me levanto, flash, foto, abrazo.

-Gracias.

-¿Había sido conocido mío alguna vez?

Luego me enteré que allí había viejos amigos que 'no se atrevieron a acercarse'. Me doy a los demonios. ¿Cómo querían que los reconociera? ¿Por qué García Luengo v. gr., no me dijo: soy Eusebio? No lo comprendo.
A las dos horas no puedo con mi alma. Algún periodista -de los periódicos que ya se cansan de tanto ver hablar de mi- dirá. mas o menos: 'Un anciano medio calvo firma sin fijarse, como si no le importara'.
Si, sí me importa. Pero no puedo levantarme a hacer un discurso.
Todos, muy amables. Lo que quiero es meterme en la cama. Me duele la mano, la cabeza, los hombros, el alma. Pero estamos metidos en un engranaje."

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¿La obra? Bueno, es lo que es: impresiones de una visita. Impresiones que son muchas veces chispazos agudos, atinados, de la realidad de los años 70 del siglo pasado y de lo que ha venido a ser en el futuro. Una visión pesimista de los españoles, también. Entrevistas con numerosos escritores y editores. Merece leerse. No ha perdido gracia. Si actualidad, claro. Es necesario un comentario más pormenorizado que no es lo que yo quiero resaltar ahora.

Max Aub en 'La gallina ciega' páginas 331, 332; Diario Público, colección Voces Críticas, Barcelona 2010
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lunes, 10 de septiembre de 2007

Pepe Renau en el recuerdo


Este año se cumple el centenario del nacimiento de Pepe Renau. Si no hubiera sido un rebelde, seguro, segurísimo, que a este grandísimo artista le hubieran hecho homenajes por todos los lados. Hubieran inundado de propaganda, sobre su vida y milagros, prensa, radio y televisión. Pero, claro, fue un rebelde, un luchador por la igualdad, por la justicia, por la República, por la libertad, por la paz entre los pueblos del mundo... un comunista de los pies a la cabeza. Y se paga. Eso se paga. La reacción lo odia. A muerte. Y no digamos el imperialismo yanqui... Mas, aunque intentan silenciarlo... no pueden. En el corazón del pueblo ha quedado prendido para siempre su recuerdo. Nosotros, aquí, rendimos este humilde recordatorio reproduciendo algunos de sus carteles. Y acompañamos uno de ellos con un artículo (le viene de perlas porque fue publicado en Nueva Cultura, revista que él dirigió y trata de lo mismo que el cartel que reproducimos) de Eusebio García Luengo, un escritor republicano, amigo nuestro, recientemente fallecido, que tanto nos habló de él.

Símbolo y exaltación históricos del comisario

cartel de Josep Renau
por Eusebio García Luengo
(Valencia, Nueva Cultura, nº 3 - IIº año)

Si buscáramos un tipo representativo, el arquetipo humano de esta época, no sería otro que el comi­sario. Ni el político, ni el soldado. Pues el comisario participa de ambos, en un tiempo en que todos los hombres son políticos o guerreros.
O, mejor dicho, ambas cosas a la vez, pues ya sabemos que no hay más que soldados políticos, ni existe político que no sea militante, que es casi decir ya miliciano...
Por todo ello, el comisario sintetiza cuantas actitudes y aptitudes humanas se cifran en el hombre. Síntesis de humanidad de nuestro tiempo.
La nueva significación de la política él la representa asimismo. En vez de la política secretera y esté­ril, o de la chabacana; o de la sacristanesca y aviesa, él viene a decirnos, a decir al combatiente que hay una clara política de la verdad humana, inherente a cada hombre por el hecho de ser tal, asequible a todos, im­pulso de las más sencillas acciones, motor del progreso humano.
Y el sentido de la guerra civil él lo expresa también. A diferencia de las guerras imperialistas o de rapiña, el soldado necesita saber que su misma vida y su porvenir, su causa entera, se compromete en la lu­cha. Que combate por él mismo.
El comisario político se lo dice, porque es la vinculación al ideal y al hondo motivo humano, social, histórico de la lucha. Las guerras imperialistas dejan siempre amargura y odio. La incomprensión angustiosa es la tónica general. Veámoslo en la literatura de la Gran Guerra, lo mismo de vencedores que de vencidos: En las guerras de liberación nacional, al contrario: Ahí está la optimista y vitalísima producción soviética de la guerra civil. Es porque hay guerras en las que el hombre halla su causa total y se identifica con ella. Tal iden­tificación la representa el comisario.
La honda unidad entre Estado, Nación, Gobierno y hombre la ha de revelar el comisario. En este enlace de los poderes rectores a la masa, el comisario precisa sentirse tan solidario de la masa como del po­der constituido.
Y ha de centrar en él, en magnífico equilibrio, el instinto y la espontaneidad y la iniciativa creadora populares, con la madurez, la reflexión y la serenidad de una grave conciencia cultivada...
En la fusión nacional y humana que por vez primera acaso en la Historia de España se realiza con esta guerra, el comisario tiene la misión de aglutinante. Para llevarlo a cabo, toda cualidad es útil: valor, cul­tura, conciencia, responsabilidad. Abarcará todas las disciplinas -y la disciplina, en primer lu
gar- y tendrá el más radiante concepto del momento histórico.
Si el ingeniero, por ejemplo, en un momento de la Historia -aquel del ascenso de la técnica, que ahora pasa a manos del pueblo- es el arquetipo social, hoy lo es, bien legítimamente, el comisario.
El enemigo no necesita comisarios. Para él el soldado es un instrumento mecánico al servicio de sus fines explotadores. Para nosotros es el hombre en la más completa acepción dotado con cuanto la Historia va enriqueciéndole... Y como cúspide de este tipo humano, el comisario.
Si aspiramos a que el hombre se realice plenamente, tal como lo andan buscando los intelectuales atentos a los problemas de nuestro tiempo, el comisario lo realiza en esta hora. Porque ha de estar versado principalmente en humanidad y nuevas humanidades, las que ahora se van creando.
Es fusión, crisol, síntesis.

E. GARCIA LUENGO
...................................
El que quiera saber más de Renau, no tiene más que mirarlo en la red. http://www.nodo50.org/foroporlamemoria/memoria_dela_cultura/josep_renau.htm
http://www.loquesomos.org/candilejas/arteodesarte/Renau/Renau.htm
Y ecétera

lunes, 19 de febrero de 2007

José Mª Amigo Zamorano: CAGASANGRE (4)


4) Cable


Prosiguió, costanilla arriba, dando traspiés de cuando en cuando.
A poco se paró para izar la vista y se asustó, como un niño, de la casa que se elevaba frente a él.
Aún retiene en su memoria que tuvo que mendigar por las casas, "una limosnita por amor de Dios", durante días y días. Y a su remembranza acuden ciertas casonas, como esta, en cuyas fachadas imágenes feísimas le miraban burlonas sacándole la lengua, o le amenazaban con los ojos saltones y la boca abierta a punto de hincar los dientes, y le daban miedo, mucho miedo; hasta el extremo de acercarse, temblándole las piernas, con muchísimo cuidado, con suma cautela, al portalón mientras prendía sus ojos de aquellas gárgolas y, antes de tocar el picaporte, se santiguaba varias veces con prisa; en una de ellas -evocó- se asoma a la puerta un niño que desaparece asustado exclamando:
-- ¡Mamá, mamá!, ¡unos gitanos¡ ¡tengo miedo¡
Y poco después salió la dueña de la mansión:
-- ¿Qué quieren?
-- Ama, por amor de Dios, un mendrugo o corrusco de pan, que el Señor se lo pagará.
-- Dios le ampare, buena mujer - contestó y no les dio nada.
Conciencias piadosas les proporcionaron -a cambio de ciertos favores, como la recogida de cagajones por las calles- un cuchitril medio en ruinas en el que el frío, la lluvia y el viento se colaban, sin permiso ni adulación graciosa, inmisericordes, por grietas y oquedades de techos, paredes y puertas.
Allí su padre se puso a trabajar en lo que sabía: de zapatero remendón.

sábado, 17 de febrero de 2007

José Mª Amigo Zamorano: CAGASANGRE (3)


3) lía

Se alejó, fija la mirada en el suelo, arropado o desguarnecido, según como se mire, por la luz de esa hora entre dos luces; esa hora era su hora; gustanle las horas y tiempos ambiguos, turbios, oscuros; momentos y ambientes en que parece el universo realmente ilusorio, engañoso por demás; así, por ejemplo, le cautivaba el otoño cuando el brumazón, la boira, coloca una mascarilla grisácea a los seres y a las cosas: cendal que se cierne, se abalanza, cubre campos y metrópolis y, hasta lo mas sólido, lo mas compacto, lo duro, se convierte en delicado.
Movía los labios sin que se hicieran audibles las palabras que emitía impedidas por el golpeteo continuado de la fragua en su molondra. Cuando este se para, repite: "no soy como él, no soy como él, no soy como él", como por inercia siguiendo el ritmo de los pasos indecisos, vacilantes. A ratos levantaba la vista y miraba receloso - no hay nadie, puertas atrancadas, postigos cerrados, silencio, mucho silencio- unos momentos para volver a mirarse las entrañas que adornaba de amargura por haberse visto sin atributos: venía desde la eternidad a compartir una corona de espinas -una corona inútil- rematado su trajín de vida.
Proponía un pulso interior e inmediatamente temía a una mano y a un brazo, hasta cierto punto, mágicos; algo así como taumatúrgicos herreros africanos, ibos o bobos; y es que, como se aprecia, era él, el mejor expedidor de incertidumbres: recogía internamente moluscos selváticos, dientes de cocodrilo machacados, veneno de alacranes, y, en frondas rojas, ponía amapolas atolondradas por ensueños para terminar depositando una torre de canela en evacuatorio cimero: "no soy como él, no soy como él, no soy como el Neme", repite acompañando los martillazos que lo acobardaban y enloquecían; al tiempo que, apretándose las sienes con las manos, lloraba.

viernes, 16 de febrero de 2007

José Mª Amigo Zamorano: CAGASANGRE (2)


2.) bramante

Casi amanecía en Puebla de Alcocer.

Despertó de repente quedándose sentado en la cama, como si acabase de salir del útero materno mirando alelado, como el tonto machadiano que mira con la boca.
La ventana, abierta de par en par, dejaba pasar, confundiéndolo, la tenue y burlona luz seminal del incierto amanecer, coloreando blanquecinamente las sábanas del lecho.
Fuera, donde las calles empinadas parecían tomarse a chirigota su varonía, el cántico de los grillos, última retaguardia del verano, contrastaba con el silencio de la habitación solo interrumpido por el respirar sosegado de la hembra que dormía en su cama.
Frotó los ojos con las manos y sacudió repetidamente la cabeza; y vibró, vibró como el golpe del martillo sobre el yunque con una nota dolorosa de sorpresa en las palabras por ella pronunciadas: "Por lo que se ve no te pareces a Neme en nada; pero en nada."
Miró largo rato a la mujer con el sonido de la frase metido aun en los sesos.
Con gusto yacería con ella, se encamaría con ella, se revolcaría con ella, desesperadamente, inclusive fue a tocar con la mano el hombro que sobresalía desnudo de la sobrecama; se para en mitad de la acción: los reproches, como martillazos, le machacaban la cabeza; retiró las sábanas con el mayor cuidado de que era capaz y descendió del lecho; hizo equilibrios de borracho -aún le duraban los vapores etílicos- para no caerse; se vistió a oscuras, en medio de la habitación, sin dejar de mirar a la hembra que dormía a pierna suelta en su cama.
Caminó hacia la puerta con paso inseguro; la abrió; y mirando a la cama, nuevamente, se fue; la puerta cerró no con la suavidad que él hubiera deseado, lo que le obligó a mirar hacia atrás con un cierto temor; luego se encogió de hombros diciendo para sí:
-- "¡A la mierda!: Me importa un bledo si se despierta".
En la calle se hizo aún más perceptible, mucho mas patente, esa iluminación equívoca, difusa, vaga, que, momentos antes, penetraba, con descarada desvergüenza, en la alcoba, iluminando el tálamo esponsalicio.
Su cuerpo, -que no alcanzaba la mediana estatura, cúrvase como una ce que los brazos caídos en desmayo convierten casi en un macaco-, se estremeció erizándosele el pelo negruzco; su rostro ovalado, se escaroló, obligando a cegar sus ojos negros, bovinos, que antes se movían de izquierda a derecha encerrados en sus celdas; mas, los abre enseguida, obligado por una vivísima impresión, casi real, de que le arrancan primero los testículos, y colocándolos sobre el yunque, se los machacan saliendo disparados los restos a estrellarse en las paredes de la fragua; después hacen lo mismo con la cabeza que se le quiebra, ¡crac!, como una nuez, esparciéndose los huesos por el suelo grisáceo, casi negro, del local mientras la masa cerebral resbala a ambos lados del yunque.
Se curva aún más, y con movimientos espasmódicos, cada vez más continuados, de su barriga, vomita; la cabeza le da vueltas; todo le da vueltas a su alrededor; las calles empinadas se tornan empinadísimas como un cipote emporrado.
Vuelve a sacudir la cabeza y la golpea con las manos, emprendiendo la marcha con un cierto titubeo, por la primera callejuela empinada que se le abría a su derecha.

José Mª Amigo Zamorano: El Cagasangre(1)

Castillo de Puebla de Alcocer


El Cagasangre

"- ¿Se sabe alguna otra cosa de su conducta aquella noche?
- El novio sudaba mucho y parecía enfermo.
No conozco exactamente sus reacciones y demostraciones.
(...)
- ¿Y qué conjeturas se hicieron?
- Claro está que se habló de impotencia."

(De la novela "No sé" de Eusebio García Luengo; Editorial Anthropos; capítulo X; páginas 58, 59 y 60; Colección: Memoria rota 'Exilios y heterodoxias')




1) Corbata

Fue en septiembre.

"Virgo y Balanza se reparten este mes y, en correspondencia mitológica, Astrea hija de Zeus y Themis, hermana de Pudor, trajo a los hombres sentimientos de justicia y de equidad en la Edad de Oro, y marchó al Olimpo cuando aquellos se convirtieron en criminales"*.

Segismundo Amoroso, que no sacó conclusiones del entorno carnívoro donde desenvolvió su existencia gris, casi opaca, que conservó la inmaculada inocencia de su medrosa niñez, se mantuvo interiormente en desacuerdo y lucha permanente con sus deseos como si eso fuera tan trascendental, tan sumamente importante, que todos, absolutamente todos, los seres humanos estuvieran pendientes de su boxeo espiritual. Y, por mas que se sepa, a ciencia cierta, la inocuidad de tal conflicto en el ámbito mundial, nacional y provincial, e incluso que esa inoperancia, obviamente, tampoco iba a trastocar, lo más mínimo, al capullito de Puebla de Alcocer, no se puede esconder ese litigio, esa discrepancia entre lo que hizo y lo que pensó, ya que él era así; y porque no debe darse al olvido un desenlace que conmovió a mas de uno aunque no fuera más que el instante de un batir de párpado.
Segismundo era una contradicción plena, y, con respecto a sus anhelos más escondidos, más íntimos, más recónditos, semejante a las líneas paralelas que por mucho que se alargan nunca se juntan; caminaba partido y equidistante hacia la escisión final, hacia la desintegración fatal.
Así como dos imanes enfrentados por polos de distinto signo se juntan conformando uno solo -lo que para él podía ser evidente: madera de cajón de tabla de encina- para la realidad objetiva del mundo exterior, encarnada en sus convecinos, tal personalidad, íntimamente dividida en dos polaridades, aparecía como una sola, inconfundible e indivisible denominada, Segismundo Amoroso -- "Segis" para los exiguos amigos -- sin mas.
El desacoplamiento, no obstante, tenía que manifestarse por cojudo, por macho, ya que cuando a uno le aguijonean en su ego, salta como un muelle mostrando el poder que tiene esa esfera particular, individualísima, por demás importante, ya que no hay otra: los otros no existen llegado el momento de máxima carga eléctrica; y "Segis" saltó, sin duda: dio un brinco definitivo y se deshizo en mil pedazos.

viernes, 12 de enero de 2007

José Mª Amigo Zamorano: En una casa de putas

Cuando Ismael y Raul me invitaron a que escribiera algunas reseñas de libros para el fanzine que pensaban editar, pensé ¿qué libros reseño? Porque, vamos a ver, qué puede importarle a uno lo que otro lea... Yo creo que nada. O tal vez si, pero poco. Si acaso pueden interesar aquellos libros que ayuden a comprender la realidad del mundo que nos rodea. Pero lo que es interesarse, interesarse, por algún libro de poesía o de novela o de carpintería, es un decir, que uno haya podido leer, pues nada. Sin embargo, desde el otro punto de vista, de entender lo que pasa en el mundo, tal vez, porque a veces nos va la vida en ello. Y tal y como está el mundo la vida se juega en cada esquina y hay que saberse desenvolver.

Efectivamente, vemos, en la otrora rica Argentina, a los argentinos aporrear las puertas de los bancos para que les devuelvan sus dineros, no los del vecino, ahorrados con tanto duro trabajo. No querían los banqueros devolverlo. Vemos igualmente a unos ejércitos invadir un país, como se ha demostrado, sin mas ni mas, por el solo interés de la rapiña, de coger lo que no es suyo. Morir periodistas por el simple hecho de trabajar con una cámara con el único objetivo de informarnos. O aquí, mar cerca, en Madrid, anular una elecciones porque a dos diputados les dio por cambiar de chaqueta.

Pensando en esta dirección recordé el libro de Ezequiel Martínez Estrada, Radiografía de la Pampa; en este ensayo, magnífico por muchos puntos de vista, tiene un capítulo que trata del cuchillo “que va entre las carnes y la ropa interior; algo que pertenece al fuero privado” y que “sólo se exhibe en los momentos supremos como el insulto”. Cuchillos que han relucido en Argentina y en Irak. Cuchillos de muchas formas; de bala, por ejemplo, como la que mató a Couso, el camarógrafo. Por cierto que Pérez-Reverte, que antes de novelista fue periodista de guerra, escribió un librito, ya clásico, sobre este mismo asunto de los camarógrafos, cuando la guerra de Bosnia; Territorio comanche con un lenguaje agil, descarnado, desnudo de artificios, como la misma muerte.

Pérez-Reverte recordaba, hace poco, un estudio realizado por varias universidades europeas, entre ellas la de Málaga, en que atribuía al dinero negro el auge inmobiliario en la Costa del Sol; en ese mismo estudio se alertaba sobre el peligro de que grupos de mafiosos controlaran la política; y Pérez-Reverte lo mencionaba a propósito de lo ocurrido en la Asamblea de Madrid. Cosa que ya denunciara James M. Cain, (el celebrado autor de El cartero siempre llama dos veces) en su novela “Ligeramente escarlata”, allá por los 30. Y es que del imperio USA nos ha llegado lo peor y lo mejor.

Y en otro orden de cosas, ajeno (aunque no del todo) a la política merecería leerse “Autorretrato sin retoques”, un libro de Jesús Pardo, cuyo contenido nos pilla a los curiosos un poco más a mano. Por él cruzan escritores que han sido algo en literatura (algunos amigos como es el caso de Eusebio García Luengo), Camilo José Cela, José García Nieto...

Insólito libro de memorias en el que el escritor maneja la pluma como un cuchillo. Y da cuchilladas a diestro y siniestro. Sin ningún respeto. Allí no se salva nadie, ni el padre del escritor.

El libro comienza en Santander y termina en Madrid pasando por Londres donde estuvo de corresponsal. Y de Madrid el literario que estaba casi reducido en la posguerra al Café Gijón.

Ya para terminar habría que decir que la pluma de Pardo como el cuchillo argentino de Radiografía de la Pampa “cercena hasta la columna vertebral, que es la proeza en el arte del degüello”; así de García Nieto, muerto hace poco, y que le dieron el premio Cervantes, poco antes de fenecer, dice: “pesaron los versos // de José García Nieto // treinta kilos, peso bruto // cuatro gramos, peso neto.” De don Eusebio García Luengo, mi amigo, dice que era “vago mandibular” y que aunque estaba separado de su mujer la actriz Amparo Reyes iba de vez en cuando a “echarle barrocos polvos”. De Cela dice que ra un “pesetero y snow como el solo”, añadiendo que Blanco Tobío lo había definido como un “Jaimito con ínfulas de Hemingway”.

Y para subrayar que Cela aparentaba ser otra cosa, escribe el diálogo que una vez tuvo con él en una casa de putas:

Cela.- ¿Pero que haces tú aquí, Jesusín, yo te hacía maricón?

Pardo.- No, no lo soy, pero no lo digas por ahí.

Cela.- Vaya, te vas pareciendo a mi.


miércoles, 6 de diciembre de 2006

Iswe Letu: EXILIO INTERIOR

Así definen al lugar donde muchos escritores que, terminada la guerra del 36-39, no pudiendo o no queriendo exiliarse de su patria, se refugiaron en ellos mismos. Desde allí, desde el exilio interior, produjeron sus obras. Yo conocí a uno de ellos: Eusebio García Luengo. Carlos Gurméndez, el filósofo, colocó su novela 'No sé' en la colección que dirigía y que titulaba de 'Exiliados, Heterodoxos? o algo así en la editorial 'Anthropos'.

Luego han sido clasificados tipos de lo más heterogéneo y de una manera bastante arbitraria por motivos muy turbios. Así el escritor Jiménez Lozano, abulense nacido en el pueblo de Langa. Escritor archirreaccionario que estuvo en los aledaños del poder franquista. Incluso dirigió el diario vallisoletano 'El Norte de Castilla'. Católico, apostólico y romano, pesetero a más no poder, meapilas de toda la vida... A este, ¡increible!, lo han colocado dentro de ese exilio interior. Bueno, por bobadas que no quede.


lunes, 4 de diciembre de 2006

José Mª Amigo Zamorano: HA MUERTO EUSEBIO GARCÍA LUENGO




(TOMADO DE ARGENPRESS. Fecha publicación:24/12/2003)

El sábado 21 de diciembre de 2003 murió el escritor extremeño Eusebio García Luengo a sus 94 años. Republicano, comenzó su andadura literaria de mano de su amigo el escritor comunista palentino Cesar M. Arconada.

Eusebio García Luengo nació en Puebla de Alcocer (Badajoz) en 1909. Desde los trece años vivió en Madrid, en cuya universidad se matriculó en algunos cursos de Derecho y Filosofía y Letras. Su afición juvenil al teatro le llevó a unas breves pruebas como actor. En 1934 contrae matrimonio con la actriz Amparo Reyes de la que algún tiempo estuvo separada y con la que, de vez en cuando, según dice el escritor Jesús Pardo en su obra 'Autoretrato sin retoques', iba a echar 'barrocos polvos' ('¡qué sabrá él! --decía D. Eusebio al leer esto-- pero claro así llena páginas páginas con semejantes bobadas'). Pasó la guerra en la zona republicana entre Madrid y Valencia; en esa ciudad, de donde era su mujer, fue cronista de guerra estando a las órdenes de García Pelayo el que, luego, fuera primer Presidente del Tribunal Constitucional de la historia más reciente de España y con el que tuvo una gran amistad. Fue amigo del escritor comunista palentino Cesar M. Arconada, colaboró en la revista 'Nueva Cultura' y con la Asociación de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura. Allí trabó amistad con los Gaos y Max Aub; conociendo a Machado y León Felipe entre otros.

Juan Fernández Figueroa, extremeño como él pero de 'extremaduras muy distantes y distintas', le da trabajo en la revista 'Índice' y le publica 'Las supervivientes', drama donde la pasión amorosa se analiza matizadamente.

En las páginas de la revista 'Índice' publicó comentarios sobre libros y obras teatrales. Como crítico participó de jurado en la concesión de los Premios de la Crítica que entonces se daban en Zaragoza. En una ocasión, votó en contra de la novela de Cela, 'La Catira' (novela que este escritor había escrito, como todo el mundo sabe, por encargo del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez); pues bien, Cela se enteró y le escribió al director de Índice una carta con el objetivo de que su dueño y director expulsara del trabajo ¡que barbaridad! a D. Eusebio; Figueroa, no solo no lo echó sino que, además, le contó la putada que le quería hacer el siniestro Cela. En otras diversas publicaciones (Proel, Corcel, La Estafeta Literaria, Almotamid, Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos etc, etc, etc) colabora con ensayos de diferente género, preferentemente dramático.

Entre sus obras teatrales cabe citar 'El celoso por infiel' (representada por el SEU), 'El pozo y la angustia', 'Entre esas cuatro paredes', 'Por primera vez en la vida', 'El retrato'. Es autor de las novelas 'El malogrado' donde recoge ambientes y tipos de una cierta bohemia literaria de los años 20-30; 'No sé' y la 'La primera actriz' (ésta premio Café Gijón de novela corta de 1950, es decir en la primera convocatoria)

Las agencias de España han difundido una biografía en la que, cuidadosamente, han omitido sus años de lucha por la República y por un mundo mejor, sin clases; y por supuesto no han citado sus obras de aquel tiempo y sus amistades con personalidades revolucionarias.

Se había vuelto muy observador de la vida cotidiana pues, no pudiendo leer los periódicos, que fue su vicio, lo sustituyó observando a las gentes ('al personal como dicen en Madrid') y oyendo la radio que fue su descubrimiento, un poco tardío según él. Tenía un gran sentido del humor que no expresaba con carcajadas ni risas, sino con fina ironía; así, contaba: que solía pasear por los bulevares que hay por la calle Ibiza (Madrid) donde vivía y de vez en cuando se sentaba en los bancos de esos bulevares; había observado a una señora que durante unos días pasaba por donde estaba sentado y lo miraba; un día se acercó y le preguntó que si estaba solo, que si no tenía familia y otras cosas (muy compasiva y cariñosa la señora); D. Eusebio le contestó que no estaba solo, ni abandonado, que vivía con un hijo y que además en la misma calle, un poco más arriba, otro vástago moraba; pero que salía de casa porque padecía de claustrofobia; la mujer lo miró al oír la palabra claustrofobia; se separó de él asustada y... ' 'Juyó, juyó --decía D. Eusebio, imitando a los extremeños de su pueblo-- como alma que lleva el diablo. A saber lo que pensaría la señora que era claustrofobia'.

Otra vez, atravesando un paso de peatones, D. Eusebio iba oyendo: 'Ay cariño; no te asustes; tranquilo cariño; mi vida; pasa, pasa' Al llegar a la otra acera D. Eusebio se vuelve, curioso. Ve a una señora que aprieta contra su pecho a un perro y sigue acera adelante diciendo: 'Ves, cariño, si no pasa nada; ¡Ay, mi chiquitín; tranquilo, mami te protegerá siempre'.