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domingo, 12 de junio de 2011

Aimé Cesaire: Recordando el asesinato del general Maurepas (*)


En la marcha del pueblo haitiano hacia su liberación, hacia su independencia, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, hubo un momento de peligro cuando el Consulado con Napoleón a la cabeza quiso volver a poner a los negros en la esclavitud. Para ello envió un ejército de 20.000 hombres al mando de su cuñado Leclerc. Aimé Césaire, en su obra 'Toussaint Louverture. La Revolución Francesa y el problema colonial',  recuerda a uno de los generales de Louverture, el general Maurepas. Dice así:

"El 12 mesidor, Leclerc, obligado a rendirse ante la evidencia ordenaba el estado de sitio en la colonia. Pero entonces se abatieron sobre él otros infortunios en cascada: las defecciones de generales indígenas. Una acción particularmente bárbara de las tropas francesas, que indignó las conciencias, dio el ejemplo al movimiento. El general Maurepas había sostenido con éxito el asalto de los franceses en las Trois-Rivières. Aliado a los franceses no le perdonaron este hecho de armas. Leclerc le escribió a Port-de Paix, donde se había retirado, y lo comprometió a venir al Cap cuyo mando le prometía. De hecho Maurepas, como Toussaint Louverture, debía de caer en la trampa.

Una vez a bordo del barco que lo debía de llevar al Cap, se apoderaron de él. Los marineros lo amarran al palo mayor, le clavan sus charreteras en los hombros y el sombrero en la cabeza; después, ante su vista, lanzan al mar a su mujer y a sus hijos. Y solo cuando cuando sus verdugos se sacian con este suplicio, echan al agua al infortunado general Maurepas.

Este ejemplo acabó de obrar sobre los oficiales negros y mulatos.

Uno tras otro entraron en la clandestinidad.

Dio el ejemplo el mulato Clervaux que ocupaba el Haut du Cap, con el jefe de brigada Pétion. Después fue Christophe y Paul Louverture

Leclerc se consolaba conservando a Dessalines, pero poco tiempo después, éste, con la mayor tranquilidad del mundo, y después de una verdadera conferencia de estado mayor con Pétion, se unió a las filas de los rebeldes.

En adelante, todos los haitianos se unirían a la rebelión."

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(*) Título nuestro. Texto de Aimé Césaire en su obra 'Toussaint Louverture. La Revolución Francesa y el problema colonial'. Ensayos. Instituto del Libro, La Habana, 1967

jueves, 9 de junio de 2011

Mirabeau (*): Los negros, ¿son hombres o bestias de carga? (1)


Cuando se produjo la Revolución Francesa, representantes de las colonias de ultramar, acudieron a la Asamblea Nacional de los revolucionarios, en París, con la pretensión de ser diputados y ellos mismos determinaron el número de ellos que debía figurar en la tal asamblea. Sobre la cantidad se originó una controversia y entre los oradores que tomaron parte del litigio intervino Mirabeau. Las siguientes palabras, pronunciadas por Mirabeau, que copiamos, con una nota, aparecen en el libro de Aimé Césaire 'Toussaint Louverture. La Revolución Francesa y el problema colonial' (2):


"Me limitaré al único asunto que debemos examinar, quiero decir la determinación del número de diputados de Santo Domingo. Hago observar que, ante todo, hubiéramos debido examinar, y antes de juzgarla, la cuestión de saber si se debía admitir a los representantes de las colonias. Sobre esta cuestión puedo decir: nunca las colonias han asistido por representantes a los estados generales, por lo tanto no debían de haber aparecido en ellos, sino convocados por el rey. Ahora bien, sus diputados aparecen contra esa convocación y a pesar de las órdenes del rey.
Sin duda no es esa razón para excluirlos,  pero hay una invencible para que no puedan ser admitidos, sino en virtud de un acta del poder legislativo, el cual requiere, incontestablemente, la sanción real.
...
Hago además que observen que se ha hecho caso omiso de esta segunda e importante cuestión:
-¿La elección de diputados es válida?, ¿Sus poderes están en la debida forma?
...
En fin, ni siquiera se ha tratado de explicar por qué los hombres de color libres, propietarios, que cooperan en los cargos públicos, no habían sido electores y no estaban representados.
...
Ante todo pediré se me explique en qué principio se basan para esta proporción de la diputación de las colonias. Los colonos pretenden que la cantidad de sus representantes debe ser en razón de los habitantes de la isla, de las riquezas que ésta produce y de sus relaciones comerciales. Pero, en primer lugar, recuerdo este dilema irrefutable: ¿pretenden las colonias situar sus negros y su gente de color en la clase de los hombres o en la de las bestias de carga? Pero la gente de color es libre, propietaria y contribuyente y sin embargo, no han podido ser electores. Si los colonos quieren que los negros, y la gente de color, sean hombres, que liberten a los primeros; que todos sean electores, que todos puedan ser elegidos. En caso contrario, les haremos observar que al proporcionar el número de diputados de la población de Francia, no hemos tomado en consideración la cantidad de nuestros caballos, ni de nuestros mulos, que, por tanto, la pretensión de las colonias de tener veinte representantes es absolutamente irrisoria.
A tenor seguido hago ver que se han atenido a generalidades desprovistas de principio y de sentido, a ensalzar lo que nos reporta Santo Domingo por su balanza comercial, los seiscientos millones puestos en circulación por ella, los quinientos barcos y los veinte mil marineros que ella ocupa.
Es así que ni siquiera se han dignado acordarse que, hoy, está demostrado que los resultados de las pretendidas balanzas comerciales son, por entero, falsas e insignificantes; que las colonias, aunque fuesen de una utilidad tan innegable como lo han negado y lo niegan los menores espíritus, las cabezas mas calificadas que se hayan ocupado de estas materias, es imposible concebir por qué reclamarían otros principios de la proporción de sus representantes que los que han servido para la fijación de esta proporción en todas las provincias del reino. En efecto, suplico a los disertos señores que han pregonado los seiscientos millones puestos en circulación por el comercio de esta colonia, les suplico  que me digan si han calculaddo la cantidad de millones que, por ejemplo, pone en circulación la manufactura llamada labranza y por qué, de acuerdo con su principio, no reclaman para los labradores un número de representantes proporcional a esta circulación.
...
El número de diputados de las colonias debe estar en proporción con el número de electores y colonos elegibles, siendo así que este último número es tal que en mi opinión el de los diputados debe ser reducido a cuatro."
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(*) Mirabeau conocía muy bien la cuestión colonial. Su tío, el bailío (3), a quien admiraba mucho, había sido gobernador de Guadalupe en 1753 cuando no era mas que caballero. Este proconsulado antillano le había hecho sentir un profundo desprecio de los criollos, en tanto que fortificó su simpatía por los negros: 'No puede negarse', escribe el 10 de enero de 1755, 'que el negro es un hombre, y un filósofo que considere la humanidad a sangre fría en este país le daría, quizás, la preferencia al negro. Sé cuantos reprochen se han hecho a las gentes  de este color, pero cuando voy al fondo de las cosas no veo, yo que soy confesor de todo el mundo, mas que el crimen de los blancos'. El 7 de abril de 1757, el padre del tribuno, el marqués de Mirabeau, respondía lo siguiente: 'La esclavitud y el cristianismo no pueden llegar a una conciliación... Estoy seguro de que si mañana fuera yo ministro de la Marina, emitiría un edicto que le concediera la libertad a todo negro al recibir el bautismo y al incorporarse a una porción de la gleba por la que pagaría una renta proporcionada, según los lugares, al antiguo propietario, si lo tenía, o al estado si se trataba de un terreno que se concedía por primera vez' (cf. Louis de Loménie, 'Los Mirabeau, 1889). Es decir, que al intervenir contra los colonos y al estigmatizar el espíritu de casta de estos, Mirabeau hablaba con previo conocimiento de la causa.
(1) Título nuestro
(2) Ensayos. Instituto del Libro, La Habana, 1967. Impreso en la UNIDAD PRODUCTORA 08. Benjumeda 407. INSITUTO DEL LIBRO. 15 de diciembre de 1967. La Habana, Cuba. Edición de 10.000 ejemplares.
(3) Bailío: oficial real que, en Francia, administraba justicia en nombre del rey o de un señor.  (N. del T.)

domingo, 14 de noviembre de 2010

Edwidge Danticat: Hijos de la Mar

Cuentan que más allá de las montañas hay otras montañas. Lo cuentan pero en este mismo instante yo sé que es verdad. Sé asi mismo que hay aguas eternas, mares infinitos, y mucha gente cuyo nombre a nadie importa. Miro hacia el cielo y te veo allí. Te veo llorar como un caracol aplastado, como lloraste cuando te ayudé a arrancar tu primer diente. Sí, te quería entonces. No sé por qué, cuando te miraba pensaba en hormigas rojas, ardientes. Quería que me clavaras las uñas y me dejaras sin sangre.

No sé cuánto tiempo estaremos en el mar. En este pequeño barco hay conmigo otras treinta y seis almas desertoras. Llevamos como velas unas sábanas que ondean llenas de manchas de un rojo brillante.

Cuando subí a bordo, me pareció poder oler todavía el semen y la inocencia perdida de aquellas sábanas. Levanto los ojos y pienso en ti y en cuantas veces te resististe. A veces parecía que lo desearas, pero siempre supe que querías que te respetase. Pensabas que te estaba poniendo a prueba, cuando lo único que yo deseaba era estar cerca de ti. Pero tal vez tengas tú razón. Fantaseo demasiado. Me temo que voy a tener pesadillas cuando nos adentremos en el mar. Odio de veras tener todo el día el sol en la cara. Si volvemos a encontrarnos, verás lo moreno que estoy.
Ahora que me he ido, seguro que tu padre te casa con alguien. Hagas lo que hagas, no te cases con un soldado, por favor. Casi no son humanos.



haiti est comme tu l’as laissé. sí, exactamente igual a como lo dejaste. balas día y noche. el mismo agujero. todo igual. estoy cansada de todo esto, me irrita y me pone de mal humor. paso las horas persiguiendo cucarachas por la casa. las aplasto con el talón. me vuelven loca, todo me vuelve loca, estoy encerrada el día entero. cerraron las escuelas cuando el ejército tomó el control. nadie menciona el nombre del antiguo presidente. papá quemó los carteles y las viejas insignias de la campaña. mamá enterró sus insignias en un agujero, detrás de la casa. ella cree que quizás vuelva, dice que entonces las desenterrará. nadie sale de su casa. nadie. papá quiere que tire las cintas de tu programa de radio. rompí algunas cintas de música, pero todavía tengo tu voz, doy gracias a dios de que te marcharas a tiempo. los otros jóvenes de la federación han desaparecido. nadie ha oído nada de ellos, creo que deben de estar en la cárcel. tal vez estén todos muertos. papá se preocupa un poco por ti. no te odia tanto como tú crees. el otro día le oí preguntarle a mamá, ¿crees que el chico está muerto? mamá dijo que no lo sabía. creo que él siente haberse portado tan mal contigo. ya no dibujo mis mariposas porque ni siquiera me apetece ver el sol. en cambio, mamá dice que las mariposas pueden traer noticias, las de colores claros traen buenas noticias y las negras nos avisan de la muerte. nosotros tenemos toda la vida por delante. solías decirlo, ¿recuerdas?, pero entonces las cosas eran muy distintas.



Hay una chica embarazada a bordo. Debe de tener nuestra misma edad. Diecinueve o veinte años. Tiene el rostro cubierto por unas cicatrices que parecen heridas de navaja. Es bajita y habla con un sonsonete que me recuerda a los aldeanos del norte. La mayor parte de la gente del barco es mucho mayor que yo. He oído decir que muchos de estos barcos llevan a bordo niños pequeños. Me alegro de que éste no. Creo que me rompería el corazón ver todos los días a un niño o a una niña en mitad de este mar, recordándome con su cara inexpresiva el desesperado futuro de nuestro país. Bastante duro es ya para los adultos. Bastante duro es para mí.

Antes de tener que estudiar tanto para los exámenes de la universidad, solía leer mucho sobre América. Estoy intentando recordar si leí algo sobre Miami. Hace sol. Allí no nieva como en otras partes de América. No puedo decir con exactitud a qué distancia estamos. No creo que estemos muy lejos de nuestra costa. En el mar no hay fronteras. Todo parece una misma cosa. Ni siquiera puedo decir si vamos a caer por el borde de la tierra. Tal vez el mundo sea plano y nosotros vayamos a descubrirlo. Como los navegantes de antaño. No soy muy religioso, ya lo sabes. A pesar de ello rezo todas las noches para que no nos encontremos con una tormenta. Cuando consigo dormir, sueño que un huracán nos atrapa, y luego otro, y otro. Sueño que viene un viento del cielo y nos reclama el mar. Y nos hundimos en él y nadie vuelve a saber nunca de nosotros.
Ahora acepto mejor la idea de morir. No es que la haya aceptado por completo, pero soy consciente de que puede suceder. No me interpretes mal. No quiero ser un mártir. Un muerto no sirve para nada. Pero si la muerte viene, sé que no puedo gritarle y decirle que se vaya.
Espero que otro grupo de jóvenes pueda hacer el programa de radio. Durante mucho tiempo ese programa fue toda mi vida. Estuvo muy bien tener una radio como aquélla, donde podíamos hablar de lo que queríamos del gobierno, de lo que queríamos para el futuro de nuestro país.
Hay muchos protestantes en este barco. Muchos de ellos creen ser Job o los Hijos de Israel. Parece como si esperaran que alguien bajara del cielo y abriera el mar para nosotros. Dicen que el Señor es quien da y que el Señor es quien quita. Nunca me ha sido dado mucho. ¿Qué podrían quitarme?



si pudiera matar. si supiera magia wanga, los borraría de la faz de la tierra, hoy han disparado a un grupo de estudiantes delante de la cárcel de fort dimanche. se estaban manifestando por los cuerpos de los seis de la radio. así es como os llaman, los seis de la radio, tenéis un nombre. tenéis una reputación. mucha gente cree que estáis muertos como los otros. quieren que les devuelvan los cuerpos a las familias, esta tarde, el ejército dio por fin algunos cuerpos. les dijeron a las familias que fueran a buscarlos a las salas de indigentes del depósito. nuestra vecina la señora roger volvió a casa con poco más que la cabeza de su hijo. en realidad, sólo con su cabeza. en el depósito le dijeron que un coche le había atropellado y había arrancado la cabeza del cuerpo. cuando la señora roger fue al depósito, le dieron la cabeza. antes de que la viéramos nosotros, había estado paseando la cabeza por todo port-au-prince. sólo para mostrar lo que le habían hecho a su hijo. los macoutes se reían de ella desde las casas. le preguntaron si aquello era su cena. hicieron falta diez personas para evitar que saltara sobre ellos, la hubieran matado, los muy perros. nunca más saldré de casa. ni siquiera al patio para respirar. siempre te están vigilando, como buitres. por las noches no puedo dormir. cuento las balas en la oscuridad, me pregunto si es verdad. ¿pudiste realmente marcharte? me gustaría que hubiera algún modo de estar segura de ello. sí, lo haré. seguiré escribiéndote tal como te prometí. lo odio, pero seguiré escribiendo. sigue haciéndolo tú también, ¿vale?, y cuando nos volvamos a ver, parecerá que no hayamos perdido el tiempo.



Hoy ha sido, en verdad, nuestro primer día en el mar. Todo el mundo vomitaba con cada balanceo del barco. Las caras que me rodean tienen ya ese color tostado por el sol. «Ahora no nos confundirán con los cubanos», dijo un hombre. Pero algunos cubanos también son negros. El hombre dijo que él estuvo una vez en un barco con un grupo de cubanos. Su barco se había detenido para recoger a los cubanos en una isla cerca de las Bahamas. Cuando los guardacostas se toparon con ellos, llevaron a los cubanos a Miami y a él lo mandaron de vuelta a Haití. Esta vez se había embarcado con papeles y documentos que mostraban que era perseguido por la policía de Haití. Además, por si quedaba alguna duda, tenía una pierna rota.

Una señora mayor tuvo una insolación y se desmayó. La reanimé mojándole los labios con agua salada. Durante el día llega a hacer mucho calor. Por la noche, hace mucho frío. Como no hay espejos, nos miramos las caras los unos a los otros para ver lo débiles y enfermos que empezamos a estar.
Algunas de las mujeres cantan y cuentan historias a los demás para evitar los vómitos. Entre tanto, yo miro el mar. Por la noche, el cielo y el mar se unen. Las estrellas parecen inmensas y cercanas. Se reflejan y brillan en el mar. A veces creo que puedo alargar la mano y coger una del cielo, como si fuera un fruto del árbol del pan o una calabaza o cualquier cosa que nos pudiera servir en este viaje.
Cuando cantamos Querido Haití, no hay otro lugar como tú. Tuve que dejarte antes de poder entenderte, algunas de las mujeres lloran. A veces, quisiera detener la canción y ponerme a llorar yo también. Para esconder las lágrimas simulo tener náuseas, por el olor del mar. Ahora ya no canto nunca con ellos.
Probablemente tú no sepas mucho de esto, porque tu padre siempre te ha vigilado de cerca, en tu casa tan protegida con tu gentilísima madre. No, no me río de ti por ello. Si algo siento, es envidia. De haber sido chica, tal vez me hubiera quedado en casa en lugar de salir a politiquear y a meterme en problemas. Cuando llevas un par de días en el mar, huele como todo el pescado que te has comido, todos los cangrejos que has cazado, todas las medusas que te han picado las piernas. Estoy harto de este olor. También estoy harto de cómo empieza a oler la gente del barco. No sé cómo lo soporta Célianne, la chica embarazada. Está todo el tiempo con la mirada perdida en la distancia, frotándose la barriga.
Nunca la he visto comer. A veces las otras mujeres le ofrecen un pedazo de pan y lo coge, porque ella no tiene comida. No puedo evitar pensar que el niño nacerá en cuanto ella no pueda resistir el hambre.
La otra noche nos despertó con sus gritos. Creí que le dolía el estómago. Empezó a entrar agua en el barco por un agujero que estaba donde ella dormía. Hay una grieta a popa que parece que vaya a romper el barco en dos si crece. El capitán nos apartó y tapó el agujero con brea. Todos empezaron a preguntarle si todo iba bien, si todo acabaría bien. Él dijo que esperaba que los guardacostas nos encontraran pronto.
Uno no puede irse a dormir después de esto. Así que todos nos pusimos a mirar la brea a la luz de la luna. Estuvimos así hasta que amaneció. No puedo evitar preguntarme cuánto tiempo va a resistir la brea.



papá encontró tus cintas, empezó a gritarme y a preguntarme si estaba loca, sólo espera que levanten la prohibición de la gasolina para marcharnos de la ciudad, estos días no deja de molestarme porque no puede salir y conducir su furgoneta. todas las fábricas norteamericanas están cerradas. siguió gritándome por lo de las cintas. me llamó egoísta y me preguntó si había visto u oído lo que les había pasado a las putas busconas como yo. le respondí que yo no era una puta. no tenía ningún derecho a decirme eso. me empujó contra la pared por haberle faltado al respeto, me escupió en la cara. me gustaría que los macoutes le mataran. me gustaría que le alcanzara una bala, para que viéramos lo asustado que en realidad está. yo no eché a tu estúpido alborotador. me eché a gritar, sí, fuiste tú. fuiste tú, cerdo inmundo, no sé por qué dije esto. me dio una bofetada y siguió golpeándome hasta que llegó mamá y me apartó de él. me gustaría que una de esas balas me diera a mí.



La brea aguanta bien por el momento. Han pasado dos días y no hay escapes. Sí, definitivamente soy africano. Ya soy más oscuro que tu padre. Quise comprarle un sombrero de paja a una de las señoras, pero no me lo quiso vender por las dos últimas gourdes que tenía sueltas. ¿Crees que tu dinero sirve para algo aquí?, me preguntó. A veces olvido dónde estoy. Si sigo tan abstraído, acabaré saliendo del barco como quien va a dar un paseo.

La otra noche soñé que moría e iba al cielo. Aquel cielo no era como yo lo imaginaba. Estaba en el fondo del mar. Había estrellas marinas y sirenas a mi alrededor. Las sirenas bailaban y cantaban en latín, como los curas en la catedral durante la misa. Tú estabas allí conmigo, en el fondo del mar. Estabas con tu familia, a un lado. Tu padre se comportaba como si estuviera mejor que nadie y se ponía en la entrada de una cueva, delante de ti, para que yo no pudiera verte. Yo intentaba hablarte, pero cada vez que abría la boca no salían de ella más que burbujas. Ningún sonido.



ahora se dedican a esto. si entran en una casa y encuentran a una madre y a su hijo, les apuntan con una pistola a la cabeza y hacen que el hijo se acueste con su madre. si se trata de una hija y su padre, hacen lo mismo. algunas noches papá duerme en casa de su hermano, el tío pressoir. el tío pressoir duerme en nuestra casa, por si acaso llegan, así papá no tendría que acostarse conmigo. sino que sería el tío pressoir quien lo hiciera, y eso no sería tan malo, conocemos a una chica que tuvo un hijo de su propio padre, y esto es lo que papá no quiere que ocurra, aunque le cueste la vida. todavía no se puede comprar gasolina. si no, ya estaríamos en ville rose. papá tiene un amigo que va a conseguirle gasolina de un soldado, tan pronto como tengamos gasolina, cogeremos la furgoneta y nos dirigiremos rápidamente hacia la civilización, así es como papá lo dice, civilización. dice que las cosas no van tan mal en las provincias. yo todavía no le dirijo la palabra. no creo que vuelva a hacerlo nunca. mamá dice que no es culpa suya. que está tratando de protegernos. él no puede protegernos, sólo dios puede protegernos. los soldados pueden venir y hacer con nosotros lo que quieran. esto hace que papá se sienta débil, dice mamá. se enfada cuando se siente débil. ¿por qué iba a estar enfadado conmigo? yo no soy uno de esos cerdos de las pistolas. mamá me preguntó qué te había pasado. dijo que vio a tus padres antes de que se fueran a las provincias, no le quisieron decir nada. yo le dije que te habías ido en barco después de que asaltaran la emisora de radio. habías escapado y te habías embarcado hacia dios sabe dónde. ese chico será un buen hombre, dijo, listo como el hambre. pasó los exámenes de la universidad un año antes que cualquiera de los de aquí. mamá respeta a la gente ambiciosa. dijo que papá no te quería para mí porque no parecía que pudieras ofrecerme algo que ellos no me pudieran dar. quiere que encuentre un hombre que me sea de provecho, alguien que vaya a darme más de lo que ahora tengo. a una chica ya no le basta ser bonita. no tenemos buenos contactos con la alta sociedad. el tipo de hombre que papá quiere para mí no tiene nada que ver conmigo. todo lo que uno puede esperar es un poco de amor, dice mamá, tan poco como una gota en un vaso si te conformas con ello, o una catarata, un río, si es eso lo que necesitas. no tenemos contactos con la alta sociedad, dice, pero tú eres una chica con estudios. lo que ella llama tener estudios no es mucho, de todos modos. van a anunciar los resultados de los exámenes de la universidad por la radio la semana que viene. entonces sabré si has aprobado. escucharé tu nombre.



Pasamos el día de ayer contando cuentos. Uno dice ¿Krik?, y tú respondes ¡Krak! Podría contarte muchas historias, te dicen, y luego te las cuentan, pero más que nada las cuentan para sí mismos. A veces parece que hayamos pasado más años en el mar que en tierra. El sol sale y se pone. Así es como sabemos que ha pasado un día. Siento como si estuviéramos navegando hacia África. Quizás iremos a Guinin, a vivir con los espíritus, con aquellos que vivieron y murieron antes que nosotros. Seguramente nos expulsarían de allí también. Alguien tiene un transistor y a veces escuchamos la radio de las Bahamas. En las Bahamas tratan a los haitianos como a los perros, dice una mujer. Para ellos, no somos humanos. A pesar de que su música suena como la nuestra. De que se parecen a nosotros. A pesar de que nuestros padres son los mismos africanos que cruzaron juntos este mismo mar.

¿Quieres saber cómo va la gente al baño en este barco? Seguramente, del mismo modo en que lo hacían en aquellos barcos de esclavos hace muchos años. Hay un rincón reservado para ello. Cuando tengo que orinar, me la saco, me apoyo en la baranda y lo hago rápidamente. Cuando tengo que hacer lo otro, cojo un trozo cualquiera de papel, me agacho y tiro los restos al mar. Siempre me siento incómodo por el olor. Es muy humillante tener que agacharse delante de tanta gente. La gente se gira, pero no siempre. De vez en cuando me pregunto si realmente hay tierra al otro lado del mar. Quizás este mar es infinito. Como mi amor por ti.



la noche pasada fueron a casa de la señora roger. papá se metió dentro en cuanto la señora roger empezó a gritar, los soldados estaban buscando a su hijo. la señora roger gritaba: le habéis matado. hemos enterrado su cabeza. no podéis matarle dos veces, los soldados daban voces, ¿perteneces a la federación juvenil de esos maleantes que estaban en la radio? ella gritaba: acaso os parezco joven? ¿puedes identificar a los amigos de tu hijo? le preguntaron. papá nos había sacado de la casa de puntillas y fuimos a la letrina de atrás. desde allí podíamos oírlo todo. creí que me iba a ahogar con el olor de heces podridas. ellos seguían gritándole a la señora roger, ¿pertenecía tu hijo a la federación juvenil? ¿no estaba en la radio hablando de la policía? ¿no dijo abajo con los tonton macoutes? ¿no dijo abajo con el ejército? dijo que los militares tenían que irse; ¿no escribió eslóganes? fue a reuniones ¿verdad? se manifestó en la calle. deberías haberle aconsejado mejor. ella maldijo las tumbas de sus madres. simplemente dijo gritando, ¡espero que vuestras madres nunca descansen en sus malditas tumbas! ella seguía chillando, ¡ya le habéis matado una vez! ¿queréis matarme a mí también? adelante. ya no me importa, ya estoy muerta. ya me habéis hecho lo peor que podíais hacerme. habéis matado mi alma. ellos insistían y seguían levantando la voz y preguntándole: ¿era tu hijo un traidor? dime los nombres de todos sus amigos que eran traidores como él. la señora roger al final grita, sí, ¡era un traidor! pertenecía a ese grupo. estaba en la radio. estaba en las calles manifestándose. os odiaba como os odio yo, criminales, le matasteis. empiezan a golpearla. se oye. se pueden oír los culatazos de las pistolas en su cabeza. suena como si le estuvieran rompiendo todos los huesos del cuerpo. no puedes dejar que la maten, le susurra mamá a papá. ve y dales dinero como hiciste con tu hija. el único dinero que me queda es para irnos de aquí mañana, dice papá. no podemos quedarnos aquí mientras la matan, susurra mamá. mamá empieza a moverse como si fuera a salir por la puerta. papá la coge por el cuello y la aprieta contra la pared de la letrina, mañana nos vamos a ville rose, dice. no lo echarás a perder, no pondrás a tu familia en esa situación, no harás que nos maten. salir allí sería como pedir la muerte. todavía no está muerta, dice mamá, quizás podamos ayudarla. te quedarás aquí, le dice papá. mi madre esconde la cara en la pared de la letrina. empieza a llorar, se puede oír gritar a la señora roger. la están golpeando, machacándola hasta que no se oye nada. no puedes dejar que maten a alguien sólo porque tienes miedo, le dice mamá a papá. sí, sí puedes dejar que maten a alguien porque tienes miedo. ellos son la ley. están en su derecho. simplemente nos estamos comportando como buenos ciudadanos, respetando la ley de este país. esto ha estado ocurriendo por todas partes, y esta noche ocurrirá de nuevo y no hay nada que nosotros podamos hacer.



Célianne se ha pasado la noche gimiendo. Durante un rato ha parecido que estaba a punto, pero quizás el niño sea muy testarudo. Ella gritó que estaba sangrando. Hay una mujer vieja que parece haber tenido muchos hijos. Dice que Célianne no pierde sangre. Ha roto aguas.

Los únicos recién nacidos que he visto en mi vida eran pequeños ratones. Su piel parece apenas un delgado velo. Pueden verse todas sus venas y todos sus órganos. Siempre he deseado hurgar en ellos para ver si mi dedo atravesaba su piel.
Me he ido a la otra punta del barco para no tener que mirar dentro de Célianne. La gente está observando. El capitán le ha pedido a la comadrona que mantenga tranquila a Célianne, para que el barco no se balancee y se abran más brechas. Ahora hay ya tres agujeros cubiertos con brea. Siento miedo al pensar qué ocurriría si tuviéramos que elegir entre nosotros quién se quedaría en el barco y quién moriría. Si llegara ese punto, todos nos comportaríamos como buitres, yo incluido.
El sol se pondrá pronto. Alguien dice que este niño no será más que otra boca hambrienta. Por lo menos tendrá los pechos de su madre, dice un viejo. Hoy vamos a comer los últimos restos de comida que nos quedan.



corre el rumor de que el antiguo presidente va a volver. hay mucha gente que va a ir al aeropuerto a recibirle. papá dice que no nos vamos a quedar en port-au-prince para ver si es verdad o si es mentira. ya vuelven a vender gasolina en el mercado. las comparsas de carnaval han tomado la calle. nosotros vamos en dirección contraria, a ville rose. quizás allí sea capaz de dormir por las noches. las cosas no se resolverán con el regreso del antiguo presidente, dice mamá ahora. la gente está demasiado esperanzada, y a veces la esperanza es el arma más peligrosa que se puede usar contra nosotros. la gente cree cualquier cosa. la gente diría haber visto de nuevo a cristo marchando con la cruz si tuviera suficiente fe para ello. mamá le dijo a papá que tú embarcaste. papá me dijo esta mañana, antes de que nos fuéramos, que era un mal padre por todo lo que había pasado. dice que un padre tendría que ser capaz de hablar a sus hijos como un hombre civilizado. toda esta locura le ha hecho sentir que no puede hacer nada. lo único que quiere es vivir. papá y mamá no se han dirigido la palabra desde que salimos de la letrina. sé que papá no nos odia, o que no lo hace de la manera en que yo odio a esos soldados, esos macoutes, y toda esa gente que dispara sus pistolas. en el camino hacia ville rose, vimos a unos perros lamiendo las caras de dos muertos. uno de ellos era un niño pequeño que estaba tirado al lado de la carretera con el sol dándole en los ojos abiertos y sin vida. vimos a un soldado sacando por la fuerza de una cabaña a una mujer, llamándola puta. el soldado le estaba afeitando la cabeza, pero evidentemente no nos paramos. papá no quiso ir a casa de la señora roger para ver cómo había acabado aquello, pensaba que los soldados podían estar allí todavía. papá conducía muy aprisa. creí que iba a matarnos. paramos en un mercado del camino. mamá compró un poco de ropa negra para ella y para mí. la cortó en dos pedazos y nos tapamos con ellos la cabeza para guardar luto por la señora roger. cuando me acostumbre a ville rose, tal vez dibuje para ti algunas mariposas, depende de las noticias que me traigan.



Célianne ha tenido una niña. La mujer que ha ejercido de comadrona coge al bebé como si lo mostrara a la luna y susurra oraciones... Dios, a esta niña que Tú has creado, guíala, por favor, según tu voluntad durante todos sus días en esta tierra. La niña no ha llorado.

Tuvimos que arrojar algunas cosas al mar, porque el agua está empezando a entrar lentamente.
El barco debe perder peso. He tenido que echar por la borda mis dos gourdes como ofrenda a Agwé, el espíritu de las aguas. Ayer oí murmurar al capitán que habría que hacer algo con algunas de las personas que no se recuperan de los mareos y las náuseas. Temo que pronto me van a pedir que tire este cuaderno. Quizás tendremos que desnudarnos todos hasta quedar como cuando nacimos, para no ahogarnos.
La niña de Célianne es una niña preciosa. La llaman Swiss, porque esta palabra estaba escrita en la navaja con la que cortaron el cordón umbilical. Si fuera mi hija, la llamaría soleil, sol, luna o estrella, los nombres de los elementos. Todavía no ha llorado. Circulan rumores sobre cómo quedó Célianne embarazada. Algunos dicen que tuvo una aventura con un hombre casado y que sus padres la echaron de casa. Los rumores proliferan aquí, como en cualquier otra parte.
¿Te acuerdas de nuestros absurdos sueños? Pasar los exámenes de la universidad y trabajar duro para llegar hasta el final, tan lejos como pudiéramos en los estudios. Sé que tu padre nunca me hubiera aceptado. Yo hubiera intentado ganármelo. Tendría que haberme arrancado el corazón si quería que dejara de quererte. Espero que estés escribiendo tal y como prometiste. ¡Jesús, María y José! Todo el mundo huele fatal. Discuten entre sí. «Es culpa de la mala suerte que yo esté metido aquí con un indigente como tú», se dicen. Piensa en ello. Pelean porque se creen superiores unos a otros, cuando podemos hundirnos todos como el plomo.
Hay un viejo desdentado, que intenta ver lo que estoy escribiendo. Chupa la punta de una vieja pipa de madera que no ha visto el fuego en mucho tiempo. Parece un cuadro. Bien mirado, se podría llenar un museo con las imágenes que hay aquí. Sigo sintiéndome un cobarde por haber huido. ¿Has oído algo de mis padres? La última vez que los vi, en la playa, mi madre tuvo un kriz. Se desmayó en la arena. La vi volver en sí cuando zarpamos. Pero evidentemente no sé cómo debe de estar ahora.
El agua se está empezando a acumular en el barco. Nos turnamos para intentar sacarla con una palangana. No sé qué es lo que impide que el barco se parta en dos. Swiss no llora. Siguen dándole palmadas, pero no llora.



evidentemente el antiguo presidente no vino. arrestaron a mucha gente en el aeropuerto, y mataron a muchos de ellos. lo oí por la radio. esta noche, mientras cenábamos, le dije a papá que te quiero. no sé si esto cambia las cosas. sólo quiero que sepa que he amado a alguien en la vida, en caso de que nos ocurriera algo a uno de los dos, creo que él debe saber esto de mí, debe saber que en mi vida he amado a alguien aparte de él y de mi madre. sé que lo entiendes. tú eres el de los gestos nobles. sólo quería que supiera que soy capaz de querer a alguien. me miró directamente a los ojos y no dijo nada. te quiero tanto que se me ponen los pelos de punta con sólo pensar que podría pasarte algo. papá giró la cara como si me despreciara desde el día en que nací. te estoy escribiendo bajo el baniano del patio de nuestra nueva casa. sólo hay dos habitaciones y el techo es de lata y hace música cuando llueve, sobre todo cuando graniza. entonces parece que caigan encolerizadas lágrimas del cielo, hay un arroyo al pie de la colina en la que está la casa, un arroyo tan poco profundo que ni siquiera podría ahogarme en él. mamá y yo pasamos mucho tiempo hablando bajo el baniano. hoy me ha dicho que a veces hay que elegir entre el hombre al que amas y tu padre. toda su familia se oponía a que se casara con papá porque él era un jardinero de ville rose y ellos eran de la ciudad, algunos incluso universitarios. me lo ha dicho todo en el patio, bajo el baniano, en voz muy baja para no herir los sentimientos de papá. yo le veía mirarnos fijamente desde la casa. le oí carraspear como si nos hubiera oído, como si por el mero hecho de estar juntas le hubiéramos herido profundamente.



Célianne está tumbada con la cabeza apoyada en la barandilla del barco. La niña todavía no llora. Ambas parecen muy tranquilas en medio de este caos. Célianne abraza a su hija contra su pecho. No parece que vaya a poder lanzarla al mar. Le he preguntado por el padre del bebé. Ella sigue repitiendo la historia, ahora con los ojos cerrados y sin apenas mover los labios.

Una noche ella estaba en casa con su madre y su hermano Lionel, cuando irrumpieron violentamente diez o doce soldados. Los soldados le pusieron una pistola en la cabeza a Lionel y le obligaron a acostarse con su madre. Lionel se negó. Su madre le dijo que les obedeciera, porque tenía miedo de que le mataran allí mismo si seguía resistiéndose. Lionel hizo lo que su madre le dijo. Lloraba mientras los soldados se reían de él y le apretaban cada vez más fuerte el cañón de la pistola en el cuello.
Después, los soldados ataron a Lionel y a su madre, y violaron, uno tras otro, a Célianne. Cuando terminaron, arrestaron a Lionel por crímenes morales. Célianne nunca supo nada más de él.
Aquella misma noche, Célianne se cortó la cara con una cuchilla para que nadie pudiera reconocerla. Mientras las cicatrices sanaban, empezó a tener vómitos y le salieron erupciones en la piel. Después se dio cuenta de que estaba engordando. Se enteró de la existencia de este barco y se embarcó. Tiene quince años.



hoy, mamá me ha contado toda la historia bajo el baniano. los muy bastardos iban a por mí. iban a arrestarme. me vinculaban con la federación juvenil y querían llevárseme. papá se enteró de ello, fue al cuartel y les dio dinero, todo el dinero que tenía. nuestra casa en port-au-prince y todas las tierras que su padre le había dejado. se lo dio todo para salvar mi vida, por eso estaba tan furioso, mamá me lo ha contado esta noche bajo el baniano. no tengo palabras para agradecérselo a papá. no sé cómo hacerlo. debes amarle por esto, dice mamá, debes hacerlo. nunca podrás olvidar el sacrificio que ha hecho. no sé cómo hacer para darle las gracias. ahora es más que mi padre. es un hombre que dio todo lo que tenía para salvar mi vida. esta noche han leído en la radio los nombres de los que han aprobado los exámenes de la universidad. has aprobado.



Estamos más tranquilos respecto a las vías de agua. El capitán ha puesto en las brechas toda la brea que le quedaba y parece que el agua no va a entrar durante un tiempo. Mucha gente se ha ofrecido voluntaria para tirar a la hija de Célianne por la borda. Ella no les deja. Están esperando a que se duerma para hacerlo, pero ella no duerme. No sabía que los niños muertos fueran de color morado. Los labios sobre todo, porque la niña es muy negra. Morada como el mar cuando se ha puesto el sol.

Célianne se va durmiendo poco a poco. Debe de estar cansada después del parto. No quiero tocar a la niña. Si alguien va a tirarla al mar, creo que debería ser ella. Han tirado todo lo que salió del cuerpo de la madre después de la niña. Ahora van a lanzar al bebé muerto. Pienso si todo esto no atraerá a los tiburones.
Célianne tiene las uñas hundidas en la espalda desnuda de su hija. El viejo de la pipa me ha preguntado: «Kompé, ¿qué escribes?». «Mi testamento», le he contestado.



me estoy acostumbrando a ville rose. aquí hay muchas mariposas, muchísimas. hasta ahora ninguna se ha posado en mi mano, lo que significa que no tienen noticias para mí. a veces no puedo bañarme en el arroyo contiguo a la casa, porque el agua está helada. sólo al mediodía está bien, pero entonces podría verme mucha gente. lo que hago es coger un cubo de agua por la mañana y dejarlo al sol para bañarme por la noche bajo el baniano. ahora el baniano es mi amigo más fiel. dicen que los banianos pueden vivir cientos de años. y que las ramas que caen al suelo pueden convertirse a su vez en árboles. si le dieran la oportunidad, dice mamá, un baniano podría convertirse en un bosque. desde este lugar, bajo el árbol, veo montañas, y, detrás de ellas, más montañas. infinidad de montañas peladas. es como si todas estas montañas me estuvieran alejando cada vez más de ti.



La ha tirado por la borda. Me fijé en su cara contraída antes de que soltara al bebé. Éste cayó ruidosamente al agua, flotó un rato y después se hundió. Y poco después ella saltó también. En el mismo momento en que se hundía la cabeza de la niña, se hundió la de ella. Desaparecieron juntas como dos botellas en una catarata. Todo sucedió muy aprisa. No hubo ocasión de intentar salvarla. Era imposible. El mar en este lugar es como los tiburones que lo habitan. No tiene piedad.

Dicen que tengo que tirar mi cuaderno. El viejo tiene que tirar la pipa y el sombrero. El agua entra otra vez y están intentando achicarla. He pedido un momento para escribir esta última página y he prometido lanzarlo después. Sé que nunca lo leerás, pero ha estado bien imaginar que te tenía aquí hablando conmigo.
Espero que mis padres estén vivos. Le he pedido al viejo que, si algún día llega a tierra, les cuente lo que ha sido de mí. Me ha pedido que escriba su nombre en «mi libro». Le he preguntado cuál es su nombre completo. Se llama Justin Moise André Nozius Joseph Frank Osnac Maximilien. Lo dice de una manera que uno podría pensar que es un rey. «Sé que se acerca un barco de los guardacostas. Lo he soñado», dice el viejo. Señala una mancha lejana en el horizonte. Miro hacia donde señala y no veo nada. Aquí, ver un barco debe de ser como ver un espejismo en el desierto.
Ahora debo tirar mi libro. Se va a hundir con ellas, con Célianne y su hija y con todos esos hijos del mar que tal vez pronto me reclamen.
Voy hacia ellos ahora como si ese fuera mi destino, como si el mismo día de mi nacimiento mi madre hubiera elegido para mí una vida eterna entre los hijos del azul y profundo mar, aquellos que han escapado de las cadenas de la esclavitud para crear un mundo debajo de los cielos y de esa tierra sanguinolenta en la que vives.
Tal vez fui elegido desde el principio de los tiempos para vivir en el fondo del mar con Agwé. Quizás por eso soñé en la estrella marina y en las sirenas y en la misa católica submarina. Tal vez era una invitación para que yo acudiera. En cualquier caso, sé que te seguiré recordando aunque me convierta en un hijo del mar.



hoy he dicho gracias. he dicho gracias, papá, por salvarme la vida. él sólo rezongó un poco y me puso una mano en el hombro. la quitó enseguida, como una mariposa. y después allí estaba, la mariposa negra volando a nuestro alrededor. empecé a correr y a correr para que no se posara en mí, pero de hecho ya había traído las noticias. sé lo que debe de haber ocurrido. esta noche he escuchado bajo el baniano el transistor de mamá. en la radio sólo hablan de más asesinatos en port-au-prince. esos cerdos se niegan a parar. no sé qué va a ocurrir, pero no me imagino viviendo aquí para siempre. te escribo debajo del baniano. mamá dice que los banianos son sagrados y que a veces, si llamamos a los dioses bajo sus ramas, oyen nuestras voces con más claridad. ahora siempre hay mariposas a mi alrededor, mariposas negras a las que hurto mi mano para que no se posen en ella. les tiro piedras, pero vuelan demasiado aprisa. anoche en la radio oí que otro barco se había hundido en la costa de las bahamas. no puedo imaginarte allí, entre las olas. se me ponen los pelos de punta. desde aquí no puedo ni siquiera ver el mar. más allá de estas montañas hay más montañas y más mariposas negras y un mar infinito como mi amor por ti.

jueves, 4 de febrero de 2010

Haití: recluir la peste (*)

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Tomado de: http://www.monde-diplomatique.es/isum/Main?ISUM_Portal=1

Febrero 2010. Numero 172

Ignacio Ramonet: Aprender de Haití

Por muy "natural" que parezca, ninguna catástrofe es natural. Un seísmo de intensidad idéntica causa más víctimas en un país empobrecido que en otro rico e industrializado. Ejemplo: el terremoto de Haití, de magnitud 7,0 en la escala de Richter, ha ocasionado más de cien mil muertos, mientras que el de Honshu (Japón), de idéntica fuerza (7,1), acaecido hace seis meses, apenas provocó un muerto y un herido.
"Los países más pobres y los que tienen problemas de gobernabilidad están más expuestos a riesgos que los otros", confirma un reciente informe de la ONU (1). En una misma ciudad, el impacto humano de una calamidad puede ser muy distinto según las características de los barrios. En Puerto Príncipe, el seísmo se ensañó con las desvencijadas barriadas populares del centro. En cambio, los distritos privilegiados de la burguesía mulata comerciante apenas padecieron estragos.
Tampoco son iguales los pobres ante la adversidad. La Federación Internacional de la Cruz Roja sostiene que, en caso de desastre, "las mujeres, los discapacitados, los ancianos y las minorías étnicas o religiosas, víctimas habituales de la discriminación, son más castigados que los demás" (2).
Por otra parte, aunque un país no sea rico, si se dota de una política eficaz de prevención de catástrofes puede salvar muchas vidas. En agosto de 2008, el ciclón Gustav , el más violento de los últimos cincuenta años, azotó el Caribe con vientos de 340 kilómetros por hora. En Haití mató a 66 personas. Sin embargo, en Cuba no causó ninguna víctima mortal...
¿Es Haití un país pobre? En verdad, no hay países pobres; sólo existen "países empobrecidos". No es lo mismo. En el último tercio del siglo XVIII, Haití era la Perla de las Antillas y producía el 60% del café y el 75% del azúcar que se consumía en Europa. Pero, de su gran riqueza sólo se beneficiaban unos 50.000 colonos blancos, y no los 500.000 esclavos negros que la producían.
Invocando los nobles ideales de la Revolución Francesa, esos esclavos se sublevaron en 1791 al mando de Toussaint Louverture, el Espartaco negro. La guerra duró trece años. Napoleón envíó una expedición de 43.000 veteranos. Triunfaron los insurrectos. Fue la primera guerra racial anticolonial y la única rebelión de esclavos que desembocó en un Estado soberano.
El 1 de enero de 1804, se proclamó la independencia. Sonó como un aldabonazo en el continente americano. Los esclavos negros demostraban que, por su propia lucha, sin la ayuda de nadie, podían conquistar la libertad. Afro-América emergía en la escena política internacional.
Pero el "mal ejemplo" de Haití -así lo calificó el Presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson- aterrorizó a las potencias que seguían practicando la esclavitud. No se le perdonó. Y nadie reconoció, ni ayudó a la nueva república negra, pesadilla del colonialismo blanco. Aún hoy, el viejo terror no ha desaparecido. Pat Robertson, telepredicador estadounidense, ¿no acaba acaso de afirmar: "Miles de hatianos han muerto en el seísmo porque los esclavos de Haití hicieron un pacto con el diablo para obtener su libertad" (3)?
El nuevo Estado independiente fue boicoteado durante decenios con la idea de "recluir la peste" en ese país. Haití cayó en guerras civiles que arrasaron su territorio. Se perdió la necesaria etapa de construcción de un Estado-nación. Institucionalmente, a pesar de la gran calidad de sus numerosos intelectuales, el país quedó estancado.
Después vino el tiempo de la ocupación por Estados Unidos que duró de 1915 a 1934. Y de la guerra de resistencia. El héroe de la rebelión, Charlemagne Péralte, fue crucificado por los marines, clavado en la puerta de una iglesia... Washington acabó por ceder Haití a nuevos dictadores, entre ellos: Papa Doc Duvalier, uno de los más despóticos.
En los años 1970, aún gozaba Haití de soberanía alimentaria, sus agricultores producían el 90% de los alimentos que consumía la población. Pero el Plan Reagan-Bush, impuesto por Washington, obligó a suprimir los aranceles sobre la importación de arroz, producto básico del cultivo local. El arroz estadounidense, más barato porque estaba subvencionado, inundó el mercado local y arruinó a miles de campesinos que emigraron en masa a la capital, donde el seísmo los ha atrapado...
La única experiencia de gobierno realmente democrático, fue la de Jean-Bertrand Aristide, dos veces Presidente (1994-1996 y 2001-2004). Pero sus propios errores y la presión de Washington lo empujaron al exilio. Desde entonces, de hecho, Haití se halla bajo tutela de la ONU y de un conglomerado de ONGs internacionales. El Gobierno de René Préval ha sido sistemáticamente privado de medios de acción. Por eso resulta absurdo reprocharle su inoperancia ante los efectos del seísmo. Hace tiempo que el sector público fue desmantelado y sus principales actividades transferidas, si eran rentables, al sector privado, o a las ONGs cuando no lo eran. Antes de convertirse en el Ground Zero del planeta, Haití ya era el primer caso de "colonialismo humanitario". La tragedia reforzará la dependencia. Y por consiguiente las resistencias. El "capitalismo de choque", descrito por Naomi Klein, hallará una nueva ocasión de reclamar -en nombre de la eficacia- la privatización integral de todas las actividades económicas y comerciales ligadas a la reconstrucción.
Estados Unidos está en primera línea, con sus Fuerzas Armadas desplegadas en una ofensiva humanitaria de gran envergadura. Resultado sin duda de un generoso deseo de socorrer. Pero también de indiscutibles intereses geopolíticos. Washington prefiere invadir Haití de ayuda que ver invadidas sus costas por decenas de miles de boat people haitianos. En el fondo, se trata de la misma vieja obsesión: "recluir la peste"...

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Notas:
(*) El título es nuestro
(1) Riesgo y pobreza en un clima cambiante. Invertir hoy para un mañana más seguro , Naciones Unidas, Nueva York, mayo de 2009.
(2) Informe Mundial sobre los desastres 2009 , Cruz Roja Internacional, Ginebra, julio de 2009.
(3) Christian Broadcasting Network, 14 de enero de 2010.

martes, 26 de enero de 2010

Recordando a Haití en sus poetas (*)


http://trovadorsinsuerte.blogspot.com/2010/01/poesia-en-haiti.html

Quién no duda ante el esfuerzo por cumplir

ante la ostentación de un mundo por construir o reconstruir
cuando la podredumbre febril lo roe hasta su síntesis
hasta su profundo desdoblamiento.

No basta tener sed para hacer brotar la fuente.
Es necesario escarbar la tierra hasta lo más profundo
de sus entrañas, y con los propios dedos.

Tres veces cantó el gallo
Pedro no traicionó:
se hizo diplomático.

Tengo la angustia de las tinieblas en mi nuca
Tengo el calor de los golpes
ignorado bajo mi piel.
Que se levante al fin el sol
y ahuyente mi miedo.

Rony Lescouflair, poeta Haitiano

Oh país mío, tan triste es la estación
Que ha llegado el tiempo de hablarse en señas.

Todo un pueblo agobiado de silencio
Se desplaza en el mutismo arcilloso de los abismos
e inscribiéndose en las retinas
el movimiento verbalista reemplaza al verbo
Dondequiera la vida se queda en suspenso.

Anthony Phelps, poeta Haitiano


No escribiré sobre el dolor en Haití, a raiz del cataclismo reciente. Su dolor tiene larga data, de país bloqueado, invadido y saqueado por las mismas potencias que ahora llenan de aviones cargados de víveres su aeropuerto en ruinas, a la vez que pueblan el país de marines, o asilan tiranos sanguinarios como "Baby Doc" Duvalier, que sigue disfrutando de sus sucios millones en París.

Tampoco colocaré imágenes de muertos a la intemperie, como si fuera periodista sensacionalista que antes del terremoto viajaba a Cancún o Punta Cana, pero jamás a Puerto Príncipe, ciudad de eternas hambrunas biafreñas.

Prefiero colocar la voz del pueblo haitiano, reflejada en dos poetas de distinta y a la vez aciaga suerte: Lescouflair murió en las mazmorras de "Papa Doc", Phelps pudo exiliarse. Ambos lucharon contra dictaduras con esa arma cargada de futuro que es la poesía comprometida.

Y ese pueblo haitiano renacerá de sus cenizas y escombros: solo necesita que el mundo no le dé la espalda después de pasada la euforia de la caridad, ni lo explote con deudas externas impagables o TLC abusivo, mucho menos derrocar presidentes como Aristide, cuyo único pecado fue querer un Haití justo, sin desigualdades extremas ni fuerzas ocupantes.
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(*) El título es nuestro, todo lo demás es del blog citado

viernes, 22 de enero de 2010

José Mª Amigo Zamorano: Haití, el ejemplo de los ancestros


Ha tenido que pasar, desgraciadamente, un seismo (sismo dicen en Latinoameríca) para que Haití se levante de entre los postrados de la Tierra. Ella, que está hecha escombros, nos muestra su ejemplo histórico de lucha: se puede vencer al Imperio desde el mismo Infierno de la esclavitud. Y con ella se levantan de sus tumbas sus héroes: Louverture, Dessalines, Petion, Christopher... para mostrarnos el camino de la rebelión contra la tiranía, la opresión, la explotación, a los pueblos del mundo.

Y ese miedo al ejemplo de los muertos en los vivos es lo que llevan en la punta de sus armas los marines estadunidenses. El miedo a los rebeldes que aterrorizó, antaño, a las clases dominantes en Usa y Europa. El miedo a que el ejemplo de Haití cundiera en los campos de esclavos del Imperio. Ese miedo está latente aun en Usa y lo ha recordado hace pocos días un reaccionario televangelista. Ese miedo es el que ha animado a los helicopteros, aviones y barcos de guerra yanquis a invadir Haití. Un miedo ancestral. Un miedo de los ancestros esclavistas en la política de Yanquilandia. Eso es lo que llevan sus tropas.

Miedo y no otra cosa porque Haití ya no es 'La perla de las Antillas' de la que hablaban los franceses y que abastecía de azucar Europa, endulzando los gaznates de burgueses y aristócratas. Ya no es esa Haití que tenía 793 trapiches, 3150 añilerías, 789 algodonerías, 317 cafetales, 182 destilerías de aguardiente de caña, 50 cacaotales y tenerías, tejares, caleras... trabajadas por esclavos que se sublevaron venciendo al poderosísimo ejécito de Napoleon. Su artífice: Toussaint Louverture. Quien atraído con engaños, fue preso, llevado a Francia en la fragata Heros en la noche del 7 al 8 de junio de 1802. Encarcelado en una mazmorra, húmeda y fría, del fuerte Fort de Joux, murió, poco después, el 17 Germinal del año XI (7 de abril de 1803) Es decir, fue asesinado, lentamente, por orden de Napoleón, a cuyas tropas había derrotado, en toda regla, utilizando la misma táctica de guerrillas que los españoles.

Neruda tiene, en su 'Canto general', un poema dedicado a este 'Libertador'. El gran poeta de la negritud, Aimé Cesaire, escribió un ensayo titulado 'Toussaint Louverture. La Revolución francesa y el problema colonial'. Una traducción, al castellano, del mismo, se publicó en La Habana en 1967. Muchos han tratado, en diversos libros, a este personaje. Pero, en fin, habría que destacar, al cubano Alejo Carpentier -que ya trató en su novela 'El siglo de las Luces' la influencia de la Revolución Francesa en el Caribe- con su 'realismo mágico' en la novelita 'El reino de este mundo'.

Haití ya no tiene, hoy, esa importancia y esa riqueza de que hablábamos más arriba. Lo que tiene es su historia de lucha emancipatoria que esos esclavos, transformados en 'jacobinos negros', escribieron con sangre en los anales de la Historia de la Humanidad.

Ese ejemplo es el que las tropas del imperialismo Usa quieren abolir.

Estos días hemos podido leer en numerosísimos artículos las tropelías de las clases dominantes de Francia, Alemania o EE.UU. contra el pueblo haitiano al que, en venganza por su insumisión, han hundido en la miseria, pero sin poder borrar su gesta de rebelión.

También hemos podido darnos cuenta de que otros escritos han escondido esas canalladas imperialistas haciendo hincapie, sin embargo, en el desorden haitiano, la falta de gobierno haitiano, el pillaje haitiano, los robos haitianos... Narraciones que iban, sin duda, preparando el terreno para la invasión de ese ejército de mercenarios venidos de Yanquilandia con el objetivo no de ayudar a la reconstrucción de Haití, sino de impedir que el pueblo haitiano se autodetermine. Autodeterminación que bien pudiera conducir a decantarse por una alianza con la política de los paises del ALBA (Venezuela, Ecuador, Cuba...) Eso quieren cortarlo en agraz porque engrosaría la filas de los pueblos rebeldes.

De modo que esa es la misión de ese ejército: impedir la independencia de los hijos de los esclavos.

Ha tenido que ocurrir ese terremoto para que vuelva a nosotros la primera gesta antiesclavista vencedora de la Historia lograda por los haitianos para, además, alcanzar otra victoria en estos momentos quitándonos una venda un poco tonta: la vana ilusión en un Obama.

En Haití muchas cosas pueden suceder. Pero lo que no puede pasar es su ejemplo. El ejemplo de los ancestros.
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FOTO AP, La Jornada (México)

miércoles, 20 de enero de 2010

Eduardo Galeano: Los marines regresan a Haiti, siempre, como la gripe (*)


Eduardo Galeano: Haití: la maldición Blanca - 01:30h. del Martes, 19 de enero

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.
Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.
Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.
Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.
De la maldición blanca, no se habló.
La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:

—¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

—El anterior.

—Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.
Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.
A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.
En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.
En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.
Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.
Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.
Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.
En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.
En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

Eduardo Galeano

(*) EL título es nuestro