lunes, 20 de noviembre de 2006

Manifestándose contra la tala



El promotor de la macrourbanización "La Ciudad del Golf" con la connivencia del Ayuntamiento de Navas del Marques y ante la pasividad de la Junta de Castilla y León, hace caso omiso de la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León e inicia la tala de pinos.

Iswe Letu: Un alcalde en la cuerda floja

Este es Gerardo Pérez, alcalde Las Navas del Marqués. Pueblo que fue actualidad hace mes y medio, porque él consintió que comenzaran a talar un pinar en contra de la sentencia de un juez. Luego salieron cientos de casos como el de este pueblo que está situado a medio camino entre Madrid y Avila. Si no os acordáis mirad la página de la asociación ecologista 'Centaurea'. Tiene un dossier completo.

Bueno, ahora ha vuelto a ser noticia pues varias asociaciones ecologistas lo han denunciado por varias trapacerías: prevaricación, tráfico de influencias, falsificación de documento público, contra la protección de la fauna, malversación de caudales y bienes públicos, fraude público... No extraña nada a los vecinos estas acusaciones sabiendo como saben que este individuo era un ganadero que no tenía donde caerse muerto y ahora se ha construido una casa, un chalet para un hijo, una carnicería para otro, compra un audi... Suya es esta frase genial: "Queríamos vender golf y pinos. El golf es bueno para el monte. La urbanización favorecía el medio ambiente porque el golf es zona verde". Puede ir a chirona o hundirse en la miseria (y yo me alegraré al no gustarme nada los chorizos, solamente me gustan los de la matanza) pero esto que no cree a nadie ilusiones ¡los grandes ladrones pocas veces acaban en la cárcel!

José Mª Amigo Zamorano: Fin de una feminista radical



Fin de una feminista radical

Es una mañana tibia de septiembre. El llanto de la vejez brilla con nostálgica otoñada. A la verde ladera le han brotado florecillas morado amarillentas. Por la cercana autopista raudos pasan los coches. Pero él, acostumbrado, como está, a su trajín, no les presta la menor atención.

El sol calienta su cuerpo. Se estira. Gira la cabeza poligonal y se interna decidido entre el follaje. Ha salido a pasear para demostrar y demostrarse que es el centro del universo. Está en la cumbre de la vida. De cuando en cuando se para a ver el movimiento del entorno: el balanceo de la hierba, el brinco de los saltamontes, el vuelo de la mariposa...

Luego sigue un sendero sin parar y se desvía sorteando una hilera de hormigas.

Sabe por instinto que, aunque pequeñas, son peligrosas. Mas adelante el agua que corre le envía su cántico. Se detiene. Escucha arrebatado su murmullo. La necesidad de contemplar su fluir para emborracharse de permanencia y beber un poco de caducidad le impulsa a su encuentro; no para humedecerse de humildad, falsa humildad por otra parte; no, sabe que va a vivir eternamente; impulso que le brota a modo de burla hacia los que se van y no vuelven pues no saben asirse a su ego; pero para acercarse hasta el arroyo tiene que atravesar una extensión de hierbas elevadas que en este momento rugen amenazadoras movidas por el viento; por una ráfaga de viento que le sale al paso desafiándolo.

Mas él es joven y le tienta la aventura; le llama clamoroso el peligro a su regazo; y presto acude. Se interna en la espesura orientándose por el ruido del agua cada vez mas bronco. Las hierbas que el viento azota le precipitan de un lado a otro como si fuera una brizna de paja.

Pero él sigue avanzando a trancas y barrancas.

Una abrigada del terreno le invita a descansar. El viento se calma. Las hierbas se apaciguan. La serenidad, el sosiego, la paz reinan al parecer eternamente

El silencio solo es violado por el profundo caminar del agua que pasa, ya muy cerca de él; su sonido, sin embargo, le arropa, le oculta, le envuelve, le enerva: se siente tierno, voluptuoso: es otra manifestación del yo que...

Alguien le mira.

Gira su cabeza triangular: Es una hembra: Una hermosa hembra que conmueve todo su ser. La sigue. Caminan hasta el regato.

Y a la vera del agua transparente, con cuidado, con sumo cuidado, casi con primorosa delicadeza, se le aproxima.

Y con sumo cuidado, con esa exquisita delicadeza, la tienta, la acaricia, la encabalga y la cubre; sin importarle, lo mas mínimo, la ruidosa algarabía de los niños que salen al recreo de una escuela cercana y que, barrunta, se le pueden echar encima.

No le importa la vergüenza, no conoce la vergüenza, porque no tiene vergüenza.

Y no le afecta ya nada, absolutamente nada, porque la hembra, la hermosa hembra, desalmada, le ha seccionado la cabeza; y lo que experimenta, eso si, es como una cuchillada agudísima, un dolor horrible y velocísimo que desciende desde la cabeza -- que ya no tiene y rueda por el suelo verdeciéndolo -- por todo el abdomen, hasta sus órganos genitales que se sublevan latiendo sin control, enfurecidamente, casi con igual bestialidad, con parecida saña conque le ha cercenado la cabeza triangular su amada; por el contrario ella nota un fuego que le corre con deleite, con gozo, con regalo, con satisfacción infinita, por todo el abdomen hasta la cabeza y saliéndole por los ojos en una explosión arcoirisada, al multiplicar él su reciedumbre sexual en los estertores de la muerte.

Goce que le dura un instante, un breve instante, un efímero instante, pues los niños, los infantes, pasan corriendo y saltando --sin entender de cubrimientos amorosos, ayuntamientos carnales, ni cópulas generatrices-- y han pisado despanzurrando, desconsideradamente, a Santateresa; enviando sus restos al agua que los lleva corriente abajo para fecundar la vida.

José Mª Amigo Zamorano: ¡Adelante, mariposa zapatista!




Adelante, mariposa zapatista


A priori:


Está dividida su personalidad entre el sueño de querer y la realidad de no poder. El espacio, separando ambos hemisferios individuales, es un muro que posibilita la independencia al uno del otro; de modo que se ignoran; o como mucho llegan tan solo a conocerse de vista sin saber lo que hace uno del otro; desconocimiento que le salva la vida; si fuera consciente de la rotura le explotaría el cerebro en los morros con lo que la capacidad o posibilidad de supervivencia sería nula; a no ser que se transformara en un cínico

¡Cosas mas increíbles se han visto! Entonces ...

Alguno, pocos, piensan, y lo dicen, que es un resentido y que está loco. Apreciación superficial. Su estado natural es el sueño; su cosmos, cosmos suavísimo, está edificado de labil mayólica. Por eso, cuando se le fracture, si es que no se le ha fracturado ya, no les va a pillar de sorpresa a los demás.

Él, sin embargo, no entiende del todo la situación objetiva.Ve, eso si, fantasmas que le acechan en torno. Enemigos que le tienden trampas por doquier. Eso es todo.

-- No hay cordialidad -- exclama.

Y se maravilla, se asombra, se empequeñece, tiene miedo del finísimo y sibilino movimiento que cree percibir a su alrededor.

-- Hacen como que cantan, ¡hipócritas!; pero su voz es acerada y cruel -- se expresa íntimamente enfurecido.

-- Pero a mi no me engañan aunque me creen estúpido porque no pienso como ellos -- es la conclusión que extrae mirando a diestra y siniestra.

Y envía disimuladas anacondas a los quebrantadores sin un mandato rotundo ni una dirección precisa. Luego, claro, se le enroscan al cuello echándole la culpa a los demás del bumerán que le maltrata.

Se defiende preparando la venganza. La justifica engalanándola con angustiosas guirnaldas: es su recinto, espacio íntimo donde las doladeras aguardan afiladas y relucientes el gozo infinito de hender o rasgar en carne viva: ¡qué regocijo, qué júbilo contemplar los ojos brillantes empañarse poco a poco entre dolores de agonía!.

Sufre continuas rachas amargas que paga el que está por debajo, el mas débil, arrinconándolo contra las cuerdas y arremetiendo contra él. Construye, edifica, con ingrediente etéreo, sus anhelos a la manera de todo lepidóptero -- mariposa u otra materia volandera -- que, como él, está fraguado de ensueños. Y, por qué no, abrigado de concupiscencia.

-- ¡Oh, mariposas!: escarpada libertad -- suele prorrumpir, engrandeciéndose, cuando nadie le oye.

Es su recóndita filosofía: volar montado a lomos de hermosos lepidóptero; ser libre como las mariposas.

-- ¡Adelante, mariposa zapatista!: te seguiré; quebraremos las corrupciones con el ...

Ha paralizado su vuelo un bocinazo:

-- ¡José Luis! ¡Venga inmediatamente a mi despacho!

Vuelto brutalmente de la Selva Lacandona a la realidad vulgar de la oficina del ministerio donde trabaja, las alas se le desprenden de inmediato, siendo disueltas en el aire viciado por el humo y los sudores de los numerosos funcionarios que, a esa hora, están soñando ya con el plato de comida y la tarde libre.

-- Dígame Ilmo. Sr. Subsecretario.

-- ¿Ha preparado el pliego de cargos?

-- Si señor; está ya hecho.

-- ¿Y ...?

-- Falta grave al rebelde: un mes sin sueldo y ...

-- Bien; le felicito. En estos momentos hay que ser enérgicos con los disidentes, ¿no? ... Puede retirarse.

Ha sido un instante esclavo. Pero nadie, absolutamente nadie, piense que, aunque cierra la puerta del despacho con al cabeza baja, ha renunciado a volar libre como las mariposas. En absoluto: pronto se interna decidido en la naturaleza indomeñable de sus sueños: la guerrilla le espera.


A posteriori:


Nota 1: el carburante esconde un singular y primoroso destino.

Nota 2: renacerá del plebiscitario viento democrático: las elecciones se acercan.

Nota 3: cuando esté en el puesto del Ilmo. Sr. Subsecretario desplegará aún más soberano sus majestuosas alas .

Iswe Letu: ¡A la mierda! Escatologías varias



Rubor

Es estremecimiento y denuncia y no tiene el mas mínimo poder para imponer su ley, ajena a la marcha que otros le dictan.

Va a remolque, incluso frenando, cuando es posible hacerlo.

No sabe si esa es la expresión justa, quizás si; pero su voluntad no es frenar el vehículo sino mandarlo al precipicio; para ser mas preciso: enviarlo a la mierda que es donde debería estar.

Está atado a la madera corrompida, como la herrumbre al clavo y no puede liberarse a si mismo, aunque lo intenta, sin irse él al basurero y traicionar su esencia: al que le huele en el culo lo tiene. Tampoco esa es la explicación cabal... Es su servidumbre y ... su grandeza. Es demasiado grande decir grandeza, valga la redundancia. Redundar suena a abundancia. Abundancia no es la palabra adecuada pues es mas pobre que las ratas.

Se perdería el contraste que produce, en el paredón, el rebelde y el pelotón de ejecución; o dicho de manera pedante: la mierda y la escatología que la estudia, disecciona, vive de ella y por lo tanto la oculta justificándola.

Justificar no es palabra que concuerde con la mierda. La mierda no necesita justificación es una entelequia ... relativa, pues, por lo general, huele.

No existe como tal singularidad. Ya lo decía Goethe "la teoría es gris y el árbol de la vida es verde y mucho mas rico"; así de la mierda: la escatología la define marrón pero la torre de canela de la vida es mucho mas variopinta.

Vivimos tiempos plurales; nos alimentamos de pluralidad; de manera que la escatología no puede reducir de manera escolástica las heces a un solo excremento.

Tal vez puede hablarse de la defecación a la variopinto zurullo que, según el alimento engullido o el individuo que lo produce, se expulsa por el antifonario; es decir: se defeca.

Se evacua, la expulsan, los individuos singulares: por eso es plural.

Pero no vamos a dejarnos embaucar, a saber: no es lo mismo, caca, suciedad, porquería, asquerosidad, guarrería, basura, que chorizo, zurrete, excremento, o truño; ni cagada, cagajón, cagalita, cagarruta; o meconio, zurullo, alhorre, deyección, defecación, boñiga, sirle; inmundicia, deposición, bosta, mugre, cochambre, fiemo, estiércol, desperdicios, despojos, sobras, restos, escombros, escoria, roña, sirria...

No, no es lo mismo.

Ni tampoco Somalia o Alemania, son el vino o el mal.

En conclusión:

es excremento porque es estremecimiento, denuncia y reflexión;
reflexión que debe ser reflexiva y recíprocamente impecable:
el dos en uno que es la suma porquería: la divinidad creadora;
¡ah, Dios mío! basta ya de mierdas que huelen que apestan.

José Mª Amigo Zamorano: La Tímida Interina (Relato Erótico) y VI - FIN



6º Orgasmo


Separó sus brazos cruzados. Paseó los dedos de las manos por los pechos tersos y finísimos. Sus pezones se elevaron puntiagudos como palos mayores de la nave. Se bajó las bragas, suavemente, como quien quita lastre inútil que estorba el navegar. Cerró y abrió sus piernas en actitud de ofrenda a las estrellas. Estiró todo su cuerpo, al tiempo que tocaba con las manos, la parte interna de sus acantilados muslos, subiéndolas hasta la rosada superficie de su piragua. Rozó sus partes; los costados de la nave, humedecidos, latían sin control; se movió a derecha e izquierda, sin saber como ponerse para que el remolino del mar, no la llevara hasta el fondo del abismo; acarició, retorció, aplastó, una y otra vez, el mascarón de proa clitoriano que dirigía la nave a la deriva; volvió a acariciarse los costados navales, labios vaginales azotados por las olas; intentó taponar la nave con un dedo para que no se fuera a lo hondo; y el agujero resultó demasiado ancho y de nada le sirvió; abrió y cerró otra vez sus piernas, donde Caribdis y Escila, protegían la nave de las inclemencias del tiempo, como acantilados protectores. Por fin metió la mano en su nave vaginal, que había aumentado de tamaño, repitiendo el mismo movimiento de ofrenda con sus acantiladas piernas; las paredes vaginales parecían tener ventosas como pulpos y se adherían a su mano.

El mundo le daba vueltas; los ojos le daban vueltas; todo le daba vueltas.

Y los pájaros le picaban y las mariposas querían comerla.

Y se retorció en espasmos.

Gritó, gimió, lloró...

Agotada del esfuerzo entregó su alma a Morfeo, pensando:

--"¡Qué hermoso joven y además ya propietario"!.

-- "¡Pobre Rosario!", pensaría, para él, el joven maestro si la oyera.

-- "La tengo dominada", concluiría, un poco sorprendido del cambio milagroso.

Aquella noche, cambió mucho, la maestra interina.

Rosario vio por primera vez la luz, abandonando, para siempre, la oscuridad de sus dieciocho años. Rosario se adueñó de los colores que contiene la luz blanca.

El joven alfabetizador se vanaglorió, ante los mozos del pueblo, diciendo:

-- "La tengo dominada. Lo que le pida. Hago, con ella, lo que quiero".

Pero eso... eso es otro cantar; y falta, naturalmente, la timbrada voz de Rosarito.


José Mª Amigo Zamorano: La Tímida Interina (Relato Erótico) I




1º Gozo

Rosario, con dieciocho años, aún no estaba segura de como había venido al mundo. Y como quién se ve acorralada por las sombras e inquieta manotea hasta intentar horadarla, abrirles una brecha, pequeña aunque sea, así intentaba hallar una luz la joven y tímida moza. Las amigas se lo habían dicho, pero en su cabeza no cabía (nunca mejor dicho) que hubiera emergido al mundo por ese diminuto y rosado agujero.

Se lo había mirado varias veces:

--"Nada, que no; que por ahí no puede ser: ¡Imposible!", exclamaba siempre.

Ellas se reían diciéndole:

-- Que si, mujer; no seas inocente; anda, vuélvete a mirar el coñito.

Esta vez se miró la vagina en un espejo que reflejó una forma piraguada y rosada en agua negra; con mascarón de proa dirigiendo el rumbo en ese oscuro y proceloso mar. Separó las manos como para abarcar el volumen de un recién nacido y las fue acercando a su órgano genital para comparar medidas y ajustar volúmenes; después metió el dedo en el conducto vaginal, que entró a duras penas no sin cierto dolor; al sacarlo se lo quedó mirando con gesto dubitativo, y suma incredulidad.

No les volvió a comentar nada en absoluto, para que les condujera a la conclusión de que, por fin, había aceptada su vulgar e increíble explicación, ante el temor de sufrir las bromas de todas ellas. Bromas crueles que empujaban las valvas de su tímida actitud a cerrarse aún más, ante esa vida de relación interpersonal que la mortificaba.

No lo entendió, o lo entendió a medias.