miércoles, 7 de marzo de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Siguiendo a Omar Khayyam (1)



Siguiendo el hilo
de las Rubayatas de Omar Khayyam

(Rubaiyat of Omar Khayyam)



1.
Amigo, que vagas por ahí, inquieto, dudando de todo, sin rumbo, sin manantial y sin oriente; si, por fin, encuentras una vereda, una senda, algún camino, me alegraría mucho que fuera el de la bodega o el de la taberna; si te fías de mi, digo, no debes aspirar a otra cosa que no sea la de disfrutar de este instante fugitivo que es la vida, charlando y bebiendo con los camaradas y amigos, esos tragos de buen vino, servidos en copas de arcilla, copas que el alfarero ha modelado con sumo respeto, al saber, como sabía, que la masa que tenía entre sus manos había sido antes, en otro tiempo, sin duda, un ser humano, como él o como tu o como yo, que antaño caminaba desconcertado por los intrincados vericuetos del mundo; luego, digo, dirígete a hacer el amor con la mujer querida, que te está esperando anhelante ya hace tiempo; y termina el día escuchando con deleite la otra sustancia, divina como el vino, que es la música.

Con la copa en la mano y la bota cargada a la espalda colmada de ese néctar divino, bebe, bebe y canta, querido; después recógete y acuéstate en el silencio, por los siglos de los siglos, amén.

Pero antes...

lunes, 5 de marzo de 2007

Se llama Daniel Aldaya


Tenía que ocurrir. Estaba cantado. Algún día alguien escribiría en el lenguaje de los Sms. Aquí está. Se llama Daniel Aldaya. Es pamplonika. Os dejamos una muestra:

Kriño,
ben sabs
q no alknzo la altura
d l adosado cn vistas al mar,
xo prometo
adosarm xa siempre
a tu metro setnta d ojos oceanicos

Cariño,
bien sabes
que no alcanzo la altura
de un adosado con vistas al mar,
pero prometo
adosarme para siempre
a tu metro setenta de ojos oceánicos.

Tierra en los ojos


Tierra en los ojos

Pensaron los príncipes: "el virtuoso no merece compasión, sino que le arrojen tierra en los ojos”; pero los muy zorros se callaron como mudos

--Como a muerto me echasteis tierra en los ojos, cuando la aurora, aun en ciernes, perfumaba ya, no obstante, desde los árboles fragantes

Le echaron tierra en los ojos y lo rodearon de silencio, pero, en las tinieblas cegadoras, los deseos estallaron en él como violentísimo grisú

Le echaron tierra en los ojos y se callaron, pero las flores de la madre, como vampiros iracundos...

chuparon con furor, con rabia, las venas de la noche, hasta extinguirla en una explosión arcoirisada

--Como a muerto me echasteis tierra en los ojos... Para que no me extraviara en complicaciones fructuosas --me dijisteis.

--Cuando era una maravilla ver la dádiva alegre de las manzanas dulces para los hambrientos pájaros de la enramada

--¡Imbécil! -pensaron los príncipes- No merece compasión, sino que le arrojen tierra en los ojos, por aliarse y admirarse de la luz y los colores

Pero, por si acaso, se callaron; eso si, como muertos...

jueves, 1 de marzo de 2007

Lo contaron una tarde


Lo contaron una tarde

Es lo que una tarde, ilusión de una bodega, nos contaron las ráfagas del viento en las tascas del exilio:

Unos se rinden y de esos... ni se habla; otros... se resisten; permaneciendo siempre presentes en la memoria nuestra

Se resisten a llenar con ecos, el sitio vacío del amor; algunas de las cosas de este mundo, dicen, son vanas y mas falsas que reata de mulas: escuela de lisonjas y de engaños.

Sus corazones libres no pueden responder con ecos al canto, amoroso y virginal, de los pájaros del alba: le parece un ultraje.

Tienen rotas las paces, deshechos sus amores y caminarán en soledad hasta encontrar un bosque ameno donde cobijarse...

Principio, no obstante, de migraciones, navegando muchas veces, viento en popa de naufragios, hacia las bodegas del exilio.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Madre rejuvenecida


La madre antigua rejuvenece esperando su llegada.

Remos lentos y melodiosos, goteando estrellas fugitivas, avanzan a su encuentro.

Espera ver pronto su semblante en medio de la charla y floración de los pañuelos.

Y, por lo demás, solo pide un instante de dicha, un instante de calma, para su sufrimiento infernal.

Sufrimiento, absolutamente libre de esperanzas.

Pero hoy brilla rojo, generosamente rojo, el sol. Rojo como es costumbre en el sol de África.

La esperanza también enrojece: la esperanza siempre enrojece... hasta el último momento.

Por lo que espera verla pronto aparecer y florecer entre la muchedumbre de sonrisas y pañuelos.

Remos lentos y melodiosos, generando estrellas en huida fulgurante, avanzan a su encuentro.

Asoma en lo alto de cubierta. Baja: la bajan del barco. A su hija. Lentamente. Con muchísimo cuidado.

La ven: confirmada su hermosura. Reafirmada la belleza de su cara oscura... Pura... pálida... y helada...

Tras el cristal del ataúd.

Y tampoco lo que parece

El ha de morir y ya se acaba el día

No se trata del kapo, ni la traba, ni el tonel... ni, tan siquiera, del bozal puesto en la boca como a un perro, no...

Ni de esclavos, atados, a lo largo de los eslabones del ancla, en racimo, como las uvas, y luego sumergidos hasta ahogarlos en la mar, no...

Es que la savia, imaginada en el deslizamiento de su lengua, por los labios resecos, no sube hasta sus ramas quietas...

La única, la que es alegría pascual para los otros, la perciben, sobre todo, adivinándola, por medio de sus párpados voraces...

Para la esperanza del hambriento, el plato es palabra tan fuerte como alcohol de mijo; se desliza, garganta abajo, como víbora, silbando de contento.

Pero no, no es eso, tan solo barcas rotas y ratas deslizándose cubren mis despojos, adictos ya al arrojo desesperado de la hambre viva

He de morir y ya llegó mi día