¡Una palabra!
Siempre la misma, siempre
otra palabra.
Las sirenas del aire
la cantaban.
El que la oyó
sobre el quebrar del alba,
tarde escapó del llano,
tarde podrá olvidarla.
Agustín García calvo
('Del tren'. La Gaya Ciencia, Barcelona, 1976)
viernes, 20 de abril de 2007
jueves, 19 de abril de 2007
Chester Himes: 'Un Ciego con una Pistola'
'... y por último pensé que toda violencia desorganizada
es como un ciego con una pistola'
(de la novela 'Un ciego con una pistola')
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Para una selección literaria con el racismo
miércoles, 18 de abril de 2007
Chester Himes: 'Un Ciego con una Pistola'
Párrafo con el racismo
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Chester Himes
*Supongo que han descubierto quién empezó el desorden -dijo Andersen.
*Siempre supimos quién fue -dijo Grave Digger.
*Pero no podemos hacer nada -agregó Coffin Ed.
*¿Y por que no?
*Está muerto -contestó Coffin Ed.
*¿Quién?
*Lincoln -replicó Grave Digger.
*No debió liberarnos si no quería darnos de comer -opinó Coffin Ed- Cualquiera pudo habérselo dicho.
*...
*Muy bien, muy bien, ¿quién es el culpable esta noche, aquí, en Harlem?, ¿quién incita a esta gente a la anarquía insensata?
*La piel -dijo Grave Digger.
Chester Himes
('Un Ciego con una Pistola', pag. 158. Ed. Bruguera, 1978)
domingo, 15 de abril de 2007
La Fosa Común
Texto tomado del blog 'Algo que declarar'
del poeta asturiano David González:
"Esta mañana estuve en una Fosa. En una Fosa Común. Que, en realidad, son cuatro. Cuatro Fosas Comunes. En ellas están enterradas las víctimas de la represión franquista. Un poco más allá está el paredón donde a muchas de dichas víctimas las fusilaron. Cuando yo llegué a la Fosa, junto a Luís Pascual (presidente del Ateneo Obrero de Gijón) para preparar el equipo de sonido para el acto en homenaje a dichas víctimas así como también en homenaje al 76 aniversario de la II República Española que tendría lugar a eso del mediodía, aún había poca gente. Sin embargo, ante la Fosa Común 3 había una anciana (que había venido desde Santander) que le estaba hablando a alguien enterrado en la Fosa Común 3. Le estaba diciendo, su voz empañada por la emoción, sus ojos a punto de empezar a disparar lágrimas, le estaba diciendo: ¡Cómo te mataron, amor mío! ¡Cómo te mataron, amor, a ti, con lo bueno que eras!...Después de la ofrenda floral, cuando me llegó el turno de leer un poema, leí el poema de mi abuelo, Tinta, y mientras lo estaba leyendo pensaba en la mujer de Santander: ¡Cómo te mataron, amor mío, con lo bueno que tú eras!...y comprendí, como luego dije (aunque más brevemente) al terminar de leer el poema, comprendí que ahora sí que mi abuelo y todas las víctimas enterradas en las 4 Fosas Comunes y todas las que aún siguen enterradas en Fosas Desconocidas, todos ellos se habían convertido finalmente en tinta, pero en tinta de la buena, la tinta con la que se escribe la historia de la gente buena, sencilla y trabajadora, la tinta de la historia y la tinta de la literatura, una tinta que permanece y permanecerá indeleble en nuestra memoria para siempre, y luego añadí: que ellos, los asesinos, los represores, también se habían convertido en tinta, más bien en un borrón, en una mancha que ensuciaría ya para siempre una de las páginas recientes de la historia de este país, y que ellos, los represores, los asesinos, siempre serían recordados como eso, como lo que fueron: como unos asesinos...Y ahora que no estoy en el cementerio, sino aquí en casa, me gustaría darle más intensidad a la última frase, que quedaría así: y que ellos, los represores, los asesinos, siempre serían recordados como eso, como lo que fueron: como unos asesinos, como unos putos cobardes asesinos de mierda.
Luego sonó el Himno de la República (el mismo que sonó durante el Open de Australia de tenis de hace unos años en representación de los tenistas españoles) y después de cantar la Internacional frente al paredón donde fusilaron a tanta gente que ni se sabe, unos cuantos nos acercamos hasta la tumba de la escritora Rosario Acuña. Es una tumba hermosa. En la tierra. Rodeada de hierba bien cuidada. Pero lo mejor: a sus pies, de la tierra, crecían tres plantas, plantas con claveles (creo que eran claveles), cada planta con claveles de un color, pero todos juntos, todos los colores juntos, los tres colores, dispuestos de la forma en que brotaban de la tierra configuraban una bandera: LA BANDERA REPUBLICANA."

del poeta asturiano David González:
"Esta mañana estuve en una Fosa. En una Fosa Común. Que, en realidad, son cuatro. Cuatro Fosas Comunes. En ellas están enterradas las víctimas de la represión franquista. Un poco más allá está el paredón donde a muchas de dichas víctimas las fusilaron. Cuando yo llegué a la Fosa, junto a Luís Pascual (presidente del Ateneo Obrero de Gijón) para preparar el equipo de sonido para el acto en homenaje a dichas víctimas así como también en homenaje al 76 aniversario de la II República Española que tendría lugar a eso del mediodía, aún había poca gente. Sin embargo, ante la Fosa Común 3 había una anciana (que había venido desde Santander) que le estaba hablando a alguien enterrado en la Fosa Común 3. Le estaba diciendo, su voz empañada por la emoción, sus ojos a punto de empezar a disparar lágrimas, le estaba diciendo: ¡Cómo te mataron, amor mío! ¡Cómo te mataron, amor, a ti, con lo bueno que eras!...Después de la ofrenda floral, cuando me llegó el turno de leer un poema, leí el poema de mi abuelo, Tinta, y mientras lo estaba leyendo pensaba en la mujer de Santander: ¡Cómo te mataron, amor mío, con lo bueno que tú eras!...y comprendí, como luego dije (aunque más brevemente) al terminar de leer el poema, comprendí que ahora sí que mi abuelo y todas las víctimas enterradas en las 4 Fosas Comunes y todas las que aún siguen enterradas en Fosas Desconocidas, todos ellos se habían convertido finalmente en tinta, pero en tinta de la buena, la tinta con la que se escribe la historia de la gente buena, sencilla y trabajadora, la tinta de la historia y la tinta de la literatura, una tinta que permanece y permanecerá indeleble en nuestra memoria para siempre, y luego añadí: que ellos, los asesinos, los represores, también se habían convertido en tinta, más bien en un borrón, en una mancha que ensuciaría ya para siempre una de las páginas recientes de la historia de este país, y que ellos, los represores, los asesinos, siempre serían recordados como eso, como lo que fueron: como unos asesinos...Y ahora que no estoy en el cementerio, sino aquí en casa, me gustaría darle más intensidad a la última frase, que quedaría así: y que ellos, los represores, los asesinos, siempre serían recordados como eso, como lo que fueron: como unos asesinos, como unos putos cobardes asesinos de mierda.
Luego sonó el Himno de la República (el mismo que sonó durante el Open de Australia de tenis de hace unos años en representación de los tenistas españoles) y después de cantar la Internacional frente al paredón donde fusilaron a tanta gente que ni se sabe, unos cuantos nos acercamos hasta la tumba de la escritora Rosario Acuña. Es una tumba hermosa. En la tierra. Rodeada de hierba bien cuidada. Pero lo mejor: a sus pies, de la tierra, crecían tres plantas, plantas con claveles (creo que eran claveles), cada planta con claveles de un color, pero todos juntos, todos los colores juntos, los tres colores, dispuestos de la forma en que brotaban de la tierra configuraban una bandera: LA BANDERA REPUBLICANA."
YO AQUÍ NO PUEDO TRAER LAS FLORES QUE CITA EL POETA DAVID GONZÁLEZ DE LA TUMBA DE LA ESCRITORA, PERO PUDE PONERLE ESTA FOTO CON ESTA NIÑA SÍMBOLO DE UNA NUEVA PRIMAVERA QUE VENDRÁ RADIANTE Y REPUBLICANA

viernes, 13 de abril de 2007
14 de Abril: ¡Viva la Repúblika!
– 14 de Abril de 2007-
Manifestación de Cibeles a Sol
A las seis de la tarde
¡España, mañana, será republikana!
miércoles, 11 de abril de 2007
José Mª Amigo Zamorano: Siguiendo a Omar Khayyam 35: FIN... por ahora
35. FIN... por ahora

El color violáceo del vino, su olor, el marrón de la jarra, los grados del vino, que se le habían subido a la cabeza, y las palabras de Omar invitándoles a rezar en nombre del amor, consiguieron secuestrar a Rusten de la bodega y encerrarlo en la celda de sus recuerdos.
Bebía como ausente.
La parte más espiritual de él estaba en otra parte. Las manos pasaban una y otra vez desde la boca hasta el asiento de la jarra.
Y suspiraba viéndola ahí, presente, cerca de él, en la orilla del arroyo, cerca del prado donde pastaban las vacas; jugaba con ella; le había escondido un pañuelo y él lo buscaba en el cuerpo de ella; le agarraba por detrás los hombros y bajaba sus manos a lo largo de los brazos de ella; suaves como la seda; temblaban como campanas sonoras; y temblando abrió sus manos dejando caer el pañuelo y reía azorada...
Levanta la vista de la jarra posándola como un orate en sus amigos; mirando sin ver. Ellos siguen hablando, si bien no dejan de percatarse que algo le pasa...
Retornan sus ojos al vino de la jarra y se contempla reflejado en él; la mesa se mueve; tiembla la jarra; el líquido desfigura su rostro; y, cuando reaparece, es ella quien lo mira moribunda en el muladar; rostro violáceo, labios violáceos, ojos violáceos; tiembla de frío, de pena, de horror, de asco, de nostalgia; musitan los labios; lo oye:
--"¡Ay, Rustem, Rustem, ¿por qué te he abandonado?"
Los ojos manan lagrimas que siembran todo el muladar de violetas; aprieta las violetas como quien lleva un ramo de ofrenda; las acerca a olerlas; el fuerte olor del vino joven le hace recobrar un poco la conciencia; dice en voz alta:
--Lo mismo que yo me hallo ahora, ensombrecido el rostro por preocupaciones amorosas, pensando en esa mujer de la que está esclavizado mi pensamiento... así, antaño, este jarro, modelado en la arcilla por las manos del sensible alfarero -y pasa el dedo por la superficie de la jarra- fue un triste amante prendido de la cabellera de una dama.
Me diréis que por qué digo esto: mirad, mirad, contemplad su asa; ¿¡la veis!?... ese asa, ha sido, sin duda, el brazo que rodeó y acarició mil veces el blanquísimo cuello de una mujer, para él la más querida.
Bebió todo el contenido de la jarra. La abrazó. Colocó su cabeza junto a la jarra y se puso a dormir la mona.
José Mª Amigo Zamorano: Siguiendo a Omar Khayyam 34

34.
Y Omar Khayyam dijo y estas son sus palabras:
--¡Ah, si fuese posible vivir en el reposo! ¡Si con solo alargar la mano obtuviéramos el fruto de la vid! ¡Si tomáramos las uvas sin esfuerzo alguno! ¡Ah, si existiese un final conocido, gratificante, placentero, en esta larga ruta, en este prolongado y ancho camino! ¡Si después de mil años le fuera dable al hombre resurgir de la tierra, igual que nace el césped! ¡Ah, si esto fuera posible!...
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