jueves, 23 de agosto de 2007

Relación de Quinto para una Fiesta del Gallo en Fuentespreadas (Zamora)




Relación de Quinto del 44 para una Supuesta
Fiesta del Gallo en Fuentespreadas (Zamora)


Mercado Romano en Fuentespreadas



Despedida del héroe

El héroe cantó ante el gallo tutelar.
El viento agavilló algunas estrofas.

(quiere decirse que no todas están aquí escritas y varias de ellas el viento no guardó un recuerdo fidedigno)
"Pido a todos los presentes
que presten gran atención
a esta humilde relación
que del corazón me brota
como dolorida nota,
como cencida canción.




Es mi Pueblo, es mi Tribu,
como siempre es de rigor
para todo buen cantor
que se precie de castado,
el primer ser saludado
por ser el gran luchador.




Membraré a la Autoridad
que el Pueblo nombre regente
del Pasado y del Presente
como dos fogatas puras,
aheladas aunque duras,(*)
del recuerdo consecuente.




¿Qué puedo de decir de ustedes
sacerdotes y maleros
de la magia pregoneros?
No, no os amo y os lo digo.(*)
En mi mente no concibo
serpiente sin agujero.




Es mineral y fue alondra,
fue ruiseñor y es ya nada:
fue mi madre, fue mi amada.
Anhelada, mas ya muerta.
Viva siempre aunque yerta:
mariposa renovada.




Y hasta el viento conoce
que donde lanzo mis ojos
con dulceza los recojo
prendidos de otra mirada
del mismo huego brasada
ferida por cruel abrojo.




Los abrojos que rasguñan
a mi también me arañaron:
mi corazón desolaron
con tan grande crueldad
que maldigo la maldad
que los dioses me enviaron.




Maldigo hambrusia y helaje,
la emigración y su brillo,
soledad y su martillo,
el harmatan, el siroco,
la holganza de unos pocos,
las guerras con su cuchillo.




Maldigo la fuerza escura
que impulsa nuestro destino
en pos de un amargo sino
ya lejos de nuestra tierra
que nos ama y que nos cierra
vereda de cierzas y vino.




Dadme ánimos. Dadme vida.
Dadme vino de palma
que, en la carne, alegra el alma.
Corónide. A la orquesta
le pido: ¡empiece la fiesta!.
Reclamo las notas del alma:




Tocad la Internacional.
Gaya viva, que no muerta.
Esperanza. Alba. Puerta
abierta que al pueblo acorre.
Mientras, mi caballo, corre
veloz, una veredita cierta...



hacia la Muerte"


(*) Aquí el viento olvidó las notas y se han colocado otras.
Las palabras destacadas en rojo están en desuso.



Tomado de: http://senocri.blogcindario.com/2007/08/00067-relacion-de-quinto-en-fiesta-del-gallo-de-fuentespreadas-zamora.html

miércoles, 22 de agosto de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Corrida del Gallo, Añacea del Gallo


Por J. Mª Amigo Z.

Corrida del Gallo, Añacea del Gallo en Guarrate(*) (Zamora)
La, así denominada, ‘Corrida del Gallo’ o ‘Fiesta del Gallo’ es digna de ser estudiada por esos que indagan en las tradiciones y costumbres de los pueblos, como hicieron el antropólogos inglés Bronislav Kasper Malinowski o el español Julio Caro Baroja y otros. Ahora, más urgente el estudio si cabe porque está desapareciendo, obligada por la disminución alarmante de comunidades campesinas en el mundo entero.

Siempre nos ha obsesionado este festejo de algunos pueblos de la provincia de Zamora (España) que, creemos, es una preparación o introducción al mundo adulto. Pareciéndonos, quizás nos confundamos, a ceremonias iniciáticas; teniendo puntos de contacto con las que celebran numerosas aldeas africanas que se rodean de ritos secretos, o semisecretos, algunos dolorosos o sangrientos: recordamos la extirpación del clítoris en las niñas que terminan la pubertad. Aquí, ya se ha perdido esa aureola secreta, misteriosa (si es que la tuvo alguna vez), pero guarda un cierto sabor añejo a sangre derramada.

Nosotros, como puede leerse, la hemos rebautizado con una palabra en desuso ‘Añacea’ para darle más antigüedad al asunto: en vez de ‘corrida’ o ‘fiesta’, añacea.

Si no nos falla la memoria, creemos recordar que se celebra, o celebraba, en invierno, apellidándola ‘del gallo’ por ser este animal un elemento esencial de la ceremonia, al que todos miran, del que todos hablan y al que todos se dirigen, no en vano anuncia el amanecer con su kikirikí; es decir: la apertura de un nuevo día y el fin de las tinieblas que hunde al mundo en la oscuridad, escondiendo la podredumbre que por doquier se alza; y donde se fraguan, también, las más siniestras canalladas. Lo llevan a las afueras del pueblo. Y, atado por las patas, lo cuelgan de una cuerda que une dos vigas, colocadas a ambos lados de un camino cualquiera. Hacia allá se encaminan, a la caída de la tarde invernal, los habitantes de la comunidad. Luego, acuden los quintos. Todos los de la quinta de ese año. Lo hacen a caballo, vestidos de militares y con espada al cinto.

La fiesta, en si, no comienza hasta que el capitán (el mayor de los jóvenes que entran en quinta) presenta, dirigiéndose al gallo tutelar, desde su caballo, al resto de sus compañeros. Lo hace en verso. A veces, son solo ripios. Pero eso, es lo de menos. Luego de terminada la presentación, le pide a la orquesta (siempre hay, o había, una orquesta que eran unos pocos músicos colocados al lado del camino) que interprete una pieza mientras ellos galopan un buen trecho del camino. De regreso de la primera cabalgada, uno tras otro, los componentes de la quintada, todos a caballo y con espada al cinto, van recitando unas composiciones poéticas llamadas ‘Relaciones’ pidiéndole, cada uno, a los músicos que toquen algo mientras invitan a sus caballos, espoleándolos, a una nueva galopada.

(Por cierto, así nombra, 'relación', su monumental poema, Martín Fierro, el poeta argentino José Hernández: “Y atiendan la relación / que hace un gaucho perseguido, / que padre y marido ha sido / empeñoso y diligente, / y sin embargo la gente / lo tiene por un bandido”)

El último en declamar su ‘relación’ es el capitán.

La forma de estas ‘relaciones’ se ajusta a cánones predeterminados: en primer lugar se enumera (hace una relación) la vida del mozo que, éste, quiere destacar; y se reparte el gallo a trozos, simbólicamente, pues el ave sigue vivito y coleando en la cuerda, a pesar de los intentos de cortarle el cuello que, con las espadas, hacen los caballistas; espadas que no saben manejar. En el reparto, las partes mejores se la llevan la madre, el padre y la novia (si la tiene): el corazón (generalmente para la madre), los muslos (al padre)...; y las partes peores se las entregan, imaginariamente, a las personas más detestadas: patas, tripas, plumas...

Las composiciones serán mejores o peores dependiendo del bardo que las escriba. Porque hay, o había, ciertos campesinos a los que se les daba muy bien eso de componer coplas, tanto que muchos mozos acudían, de varios pueblos a la redonda, para solicitar sus servicios poéticos.

Si, a pesar de la escasa natalidad, ha pervivido esta tradicional justa poético/caballeresca, se debe a la incorporación de la mujer a la Fiesta del Gallo, a la Corrida del Gallo: cuando escaseó el número de mozos, las mozas cubrieron el hueco. Y es que, en este terreno, como en otros, la mujer ha metido la cabeza para no volverla a sacar. Se venían de los más alejados núcleos de población, hasta el pueblo de sus padres, para participar en este festejo de origen iniciático. Con todo, hay que decirlo, el abandono del campo sigue goteando, es continuo el derrame; hay años que no se puede realizar esta celebración porque tan solo hay un mozo o una moza o nadie... Por eso decimos que es urgente que se recojan en libros estas fiestas... Que se publique el mayor número de ‘relaciones’... Para ello hay que hurgar en la memoria de las gentes... A lo mejor, tal vez, ya se ha hecho... Nosotros lo ignoramos...

Eso sí, en otro post, lo prometemos, escribiremos una relación hecha por nosotros en octavas reales como lo hizo José Hernández en su Martín Fierro.

Del texto: José María Amigo Zamorano


Podéis consultar la página de Guarrate sobre la Fiesta del Gallo en: http://www.fuentelap.com/la%20villa/pueblos/guarrate/hojas/gallos.htm

martes, 21 de agosto de 2007

Literatura antirracista: 'Emmanuel Bundzeki Dongola'


Oración y arrepentimiento
de un pequeño cristiano

Señor,
¿por qué has hecho esta mañana
tan gris, tan triste?
¿Acaso porque pequé
anoche?
¿Hasta ese punto estás enfadado,
Señor?



Ni siquiera el arrogante gallo
cantó su kikirikí esta mañana.
Ni aún los pequeños gorriones
abandonaron bajo el techo su nido.


Señor, Señor,
pequé, lo confieso.
Pero no es mía toda la culpa
cuando hundí mi mirada en el fondo de sus ojos.
(Oh, Señor, esos ojos

hubieran podido obligarme a hacer cualquier cosa,
hubieran podido obligarme a comer carne el Veirnes Santo,
hubieran podido obligarme a abandonar mi cruz,
hubieran podido obligarme a faltar al respeto del Santo Padre-el-Papa)
La besé y olvidé la hora del catecismo.



Señor, Señor,
pequé, lo confieso.
Confieso
que encontré las largas trenzas de su negra cabellera
más hermosas que las de la Santa-Virgen-María.
(Oh, Señor, me avergüenzo de mi mismo)
Hazme sufrir el castigo de los pecadores,

no tengas piedad de mi.
Reconozco mi irreparable, mi imperdonable, mi mortal
pecado.



Pero, Señor,
ten piedad de mi tío, que desea una buena cosecha de vino de palma para su dote;
ten piedad de mamá, que necesita una extraordinaria cosecha de maíz y yuca;
ten piedad de esa esmirriada hormiga negra, que carga su pesada cruz de paja.


Señor,
reconozco mi irreparable, mi imperdonable, mi mortal
pecado.
Pero, a ellos, Señor, a todos los que no hicieron nada,
devuélveles ese sol resplandeciente que hace la alegría de sus vidas;

devuélveles ese cielo azul purísimo que les hace embriagarse de amor
y dale a mamá el sol que tanto desea para su cosecha de maíz y yuca.


Pero, a mí, no me dejes vivir
porque falté a la clase de catecismo el domingo.

Emmanuel Bundzeki Dongola



(El poema 'Oración y arrepentimiento de un pequeño cristiano' está tomado del libro 'Diwan africano. Poetas de expresión francesa', de Rogelio Martínez Furé. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1988. Nosotros le hemos puesto signos de puntuación y hemos cambiado algunas palabras. Pocas. Lo demás, es de Rogelio Martínez Furé, incluso su traducción al castellano. Mas, si uno quiere leerlo tal y como venía en el 'Diwan' con que le quite los signos y las mayúsculas, lo tiene logrado)

lunes, 20 de agosto de 2007

Jean-Joseph Rabearivelo: 'Amanecer'




Camaradas, amigos, una pregunta tan solo:
¿No habéis visto ya a la aurora dirigirse,
como una coqueta, al paraíso de la noche?
Pues contemplazla ahora mismo, que retorna
por los anchos senderos del cardinal Este
invadidos, llenos, de gladiolos floreados:
toda ella embadurnada, maculada, de leche
como una niña criada antaño por terneras:
sus manos, que sostienen una antorcha,
están negras y azules cual labios infantiles
hartos de masticar las moras de las zarzas.



La anteceden, se escapan, alzando el vuelo,
los pájaros que, en la celada, ella encerró.



Jean-Joseph Rabearivelo

('Amanecer', versión libre, muy libre, por José Mª Amigo, de este poema del libro 'Presque-Songes', 1934)

domingo, 19 de agosto de 2007

José Mª Amigo Zamorano: El África zamorana

Texto contra el racismo

Oíd una verdad aún no proclamada:

Los arenales de la Tierra del Vino

fueron traídos en sacos desde Tumbuctú.

Y los cardos, picos y espinos

son la flora africana de Zamora.

Firmedumbre, para quien sepa oír,

difundida por los tam tam al viento

y recogida por los ruiseñores y jigueros

de nuestras choperas, negrilleras y alamedas.

Esto, claro está, llena de carraña

al vigía chupacirios europeo.

Y en frémito deyecto asobará

venganza, promoverá desbarradas

que tarde o temprano terminarán

por incendiar nuestros oasis

si antes no lo amaromamos.

Y esta es otra verdad que nadie

se ha atrevido a proclamar aún.


Fdo: José Mª Amigo Zamorano



sábado, 11 de agosto de 2007

Iswe Letu: Una Dama en la Cumbre


Salió a pasear su ociosidad. Mas, antes de seguir su sendero, quería dejar constancia que le hubiera gustado tenderse en prado de fina yerba, al lado de una piscina hecha para él solo.

Ya antes de comenzar la cuesta, la vio en su cama o en su casa o en su nido, que todo viene a ser lo mismo donde uno descansa.

Salió, como digo, a dar una vuelta por el pueblo; a ver, cómo, la vida corría sin necesidad de su concurso; a comprobar, una vez más, que el fluir de la existencia sigue imparable sin importarle que, garbanzo o un pimiento, más o menos, entre en la cocedura.

Con esta amarga conciencia, de realismo extremo, caminaba calle arriba oyendo el rodar y rozar de coches sobre el asfalto mojado. Con el calor que hacía, seguro que saltaba de contento ante el doble despilfarro de agua. Doble porque, por una parte, el agua venía saltando tapias de jardines privados y, por otra, tenía su origen en el desbordamiento de setos, por donde pasaba la tubería de goma, del llamado riego por goteo, que los empleados del ayuntamiento hacen pasar al lado de las plantas que el ayuntamiento puso hace años o de los alcorques de árboles plantados en la calle.

Árboles y plantas, adornaban de manera irregular todo lo largo de la calle. Adorno irregular, si, pues, puestos, como lo fueron, hace años, que ya he dicho, no habían sido cuidados con el debido esmero y, claro, numerosos se secaron, quedando de planta a planta, claros demasiado patentes, lo que hacía de esta irregularidad, para qué negarlo, un verdadero adefesio.
Pero bueno, irregular o no, las fincas, con sus casonas a ambos lados de la carretera, lo agradecían. O, por lo menos, seguro que su precio se había incrementado un poco más. A los dueños, posiblemente, les importaría, un bledo, unas plantas mas o menos; ya, de por sí, sus jardines estaban de flora a rebosar. Y, por cierto, bien protegidos, por muros de considerable altura, impidiendo que su intimidad fuera violada por miradas impertinentes. De modo que, los setos y árboles callejeros, ni los veían.

Había salido a pasear.

Dicen los higienistas que es muy bueno para la salud…
Y él decía, porque tenía su opinión al respecto, que, igualmente bueno para la salud… ¿igualmente bueno?... ¡no!, mucho más, era tumbarse en una hamaca bajo palmeras rumorosas y ruborosas de playas caribeñas, por ejemplo, como las de Cuba; o tirado en arena suave y blanquísima de paraíso tropical cualquiera (para qué discriminar a nadie) con olas de movimiento cansado mecidas por brisa con aromas de jazmines (u otros aromas cualesquiera, buena gana de relegar a unos por otros) Agua casi en calma chicha…

Bueno, sí -lo reconocía- es verdad la bondad del pasear, sin necesidad que higienistas u otros ‘istas’ lo digan; pero siempre en unas determinadas condiciones… "porque, pienso yo -se decía- el solo pasear, sin más ni más, no vale… porque, vamos a ver, ¿alguno ha tenido en cuenta el efecto malsano que puede tener el cabreo que produce, en el caminante, como yo, la cara insultante de las mansiones citadas, exhibiendo, obscenas, su riqueza?…" No. No lo han tenido en cuenta. "Son científicos de andar por casa, de tres al cuarto, de pacotilla, o... me callo porque sino… la lío".

"Pero… -y se paraba- no, no, yo lo voy a decir… Voy a decir lo que hago frente a esas putas casas: aprieto los puños, arrugo el ceño y sigo adelante, ya de mala leche, todo el camino. No me queda otro remedio. Aunque bien quisiera asaltarlas, nacionalizarlas, municipalizarlas, comunizarlas… Pero sigo el paseo. Y eso que estoy convencido de que estaría mejor junto a una piscina echado a la bartola. O zambulléndome en el agua sin que nadie pudiera atisbar ni un pelo de mi poblada piel de mono hecho hombre. ¡Ah, qué gozo, qué placer!... sería tirarme en la yerba todo lo largo que soy… ser acariciado por el aire y el suave y húmedo césped…".

Sin ir mas lejos como esa que se veía ahí arriba. Y que la había atisbado nada más emprender el camino calle arriba. En ese rascacielos verde. Como un abeto, grandísimo. Exhibiendo su veraneo en la cúspide. En la cima. En lo más alto. Y en medio de la finca. De esa mansión. "Para envidia de los que vamos a ras de suelo", pensó.

La miró fijamente: allí estaba con su colorido binario: como una gran dama: de blanco y negro: en actitud lánguida: desmadejada: suelta: toda tumbada, como a él le hubiera gustado hallarse, en lugar de pasear respirando el humo, la mierda que despiden por los tubos de escape, a veces, casi a chorros negros y otras, en suaves humos de un gris blanquecino, los automóviles que pasan continuamente.

Respirando muerte lenta, pero muerte.

Y además, para mas INRI, contemplados, desde los ventanales de los palacetes, porque algunos lo eran, por ricachones que, a esas horas, se levantarán de sus camas o poltronas. O permanecen en ellas riéndose de los que, como él, observan con envidia, no sólo porque quisiéran poseer la casa, sino yacer con su matrona y, si fuera posible, en el propio tálamo.

"Pero no tenemos otra alternativa -se dice para si- que seguir zambulléndonos en el aire viciado, ya que no podemos hacerlo en la propia piscina, por el humo de los coches. Muchos conducidos por hijos, sobrinos o nietos de esos mismos gandules que, sin haber dado un palo al agua, tienen todo el agua que quieren, piscinas enteras… ¡hostias!"

Se paró en mitad de la cuesta. Miró hacia atrás. La volvió a ver. En el abeto rascacielos. El negro de su vestimenta se disimula un poco con el verde oscuro del rascacielos, pero el blanco, ¡ah el blanco!, cae hacia un lado. Como escurriéndose. Una demostración palpable… "¡Alto ahí! -exclama para sus adentros- Más que palpable, que más quisiera yo, visible... de cómo se deja acariciar por el viento de la altura. De esa altura donde goza del verano, sin importarle lo más mínimo lo que puedan murmurar, para murmurar ya lo hace ella, los mirones como yo, que la contemplo alelado."

Su equilibrio sobre el abismo da hasta miedo; y envidia y rencor por no poder estar donde ella se halla.

No se puede aguantar más y coge los prismáticos. Como un viejo verde. Como un voyerista. Es un placer que se puedo permitir. Ese sí. Un instrumento que le hace volar de nido, de ventana en ventana. Ahora lo ve perfectamente. No es lo que pensaba. Ni por asomo. ¡Pobre! La cigüeña está muerta en el abeto centenario. Su cuello y su pico caen de un lado, nido abajo. Eso es lo que semejaba una postura desmayada, desmadejada, tumbada…

"Los del chalé, por lo que se ve, se han cansado de oír el machaqueo del ajo de la cigüeña. Y, como está en su finca, la mataron. ¡Malditos! ¡Ricos tendrían que ser para ser buenos! Una república les bajaría..."



jueves, 9 de agosto de 2007

Iswe Letu: La Llama

La mía. La llama. Ilumina mi noche. Si, si, la que me ilumina.
 
Esa que ilumina mi noche como una radiante columna.
Pues esa, radiante columna, se derrumba por el día.
Si, si. Se apaga. Nada más ver a mis semejantes.
A la masa de los míos. Con caras duras. Como las rocas.
Con caras, duras como las rocas. Mis semejantes. Los míos.
Endurecidos. Caraduras. Mis semejantes. Los míos. Mis iguales.