viernes, 4 de julio de 2008

José Mª Amigo Zamorano: El Parecer y El Ser


El rastro era visible. Pero no estaba seguro de que fuera precisamente de ella. No obstante lo seguí. La dificultad radicaba en que, a veces, se perdía toda señal y entonces me desesperaba. Para distraerme de la búsqueda, hasta ahora infructuosa, contemplaba el paisaje. Me recreaba mirando las lomas y laderas de los montes cuajadas de flores amarillas. De la primavera, muy lluviosa, se había pasado, casi de sopetón, al verano. Y el calor del sol ha acelerado la floración de las plantas. El olor a tomillo y romero lo impregnaba todo. Yo dejaba que el aroma me acariciara. Llenaba mis pulmones de aire puro y seguía caminando sin olvidarme de ella. No quería que se extraviara. Mis padres menos. Mi padre fue tajante, clarísimo, en su mandato:

-Vete a buscarla y encuéntrala. No podemos perderla.

No podía defraudarle.

A esa hora de la mañana los insectos comenzaban a salir al sol. Siguiendo una de las señales dejadas por ella, subí hasta un risco por ver si, desde lo alto, podía divisarla. Me tropecé con una piedrecilla y, al mirar al suelo, descubrí que entre las hierbecillas volaban cientos de insectos. Era un fenómeno que no se veía a simple vista. Sin duda era el mimetismo de esos seres confundiéndose con el color verde oscuro, casi ceniciento, de las hierbas lo que hacía casi imperceptible su trajín mañanero. De modo que, no sé por qué, me alegré del descubrimiento. También los animales diminutos tenían armas para defenderse...

Me acordé de un escrito, a propósito de Darwin y la lucha por la vida, que trataba de unas mariposas blancas cuya defensa estaba en posarse en los troncos blanquecinos de los árboles del entorno porque así descansaban y se confundían con él, pero con la contaminación, el humo de las fabricas y de las minas, ennegreció los troncos y con el tiempo desaparecieron; es decir: las mariposas, fácilmente localizables en el tronco negruzco de los árboles, fueron presa fácil de las aves.

Sin duda ella también podría esconderse en algún lugar. Mimetizarse. Había muchos rincones donde poderse cobijar, esconder... Me paré un momento mirando en derredor, pero... nada, nada de ella. Por parte alguna. En la pingorota del risco descansé un rato sentado en una piedra. El cielo estaba cada vez más diáfano. De un azul pálido. Las moscas, como el sol apretaba, estaban ya rabiosas. Las espanté con la gorra que me había quitado de la cabeza.

No podía pararme más tiempo porque, luego, hacía mediodía, el sol haría imposible el paseo y, por tanto, tenía que encontrarla antes de que él, el sol, el poderoso astro, lanzara sus llamas más ardientes y nos achicharrara. Tenía necesidad de encontrarla antes de que eso ocurriera.

Seguí mi andadura. El fondo de montes, lomas, laderas y riscos, como ya dije, estaba teñido del amarillo chillón de arbustos: escobón morisco, la retama, la carquesa o el piorno. Pero, a mis pies, los colores que enseñoreaban la tierra eran el blanco, el amarillo y el morado: el blanco de las margaritas, el amarillo de los botones de oro o el morado del brezo, del cantueso o del romero. Acá y allá pastaban rebaños de vacas y ovejas. De cuando en cuando algún becerro llamaba a su madre. O el potente vozarrón del toro se oía rebotando de risco en risco y llenándolo todo.

Tras un recodo del camino volvieron a aparecer señales evidentes, y recientes, del paso de ella por aquellas andurriales. La esperanza retornó a mi descorazonado ánimo. Apreté el paso. En mi camino ya no solo se cruzaban moscas, también algún tábano que otro intentaba hincarme el aguijón. Me era urgente hallarla, si no mi padre... se iba a poner como una furia. Trastumbar una cuestecilla la vi. Allí estaba. Caminando tan pancha. A ratos agachaba la testa. Otras miraba a derecha e izquierda. Ella, también, como yo, espantaba las moscas como podía. Me dio rabia, coraje, su cachaza, su pachorra. Me enfurecí. Y a pesar de que le tenía cariño, cogí un palo, eché a correr y le pegué. Con fuerza. No dijo nada. Eso si, echó a correr camino adelante.

En ese momento, precisamente en ese, hacia la izquierda, tras unos arbustos, apareció un becerro quien, bramando, llamaba a su madre. Entonces, si, miró en esa dirección, lanzó un bramido, y echó a correr, cagando de alegría, hacia su hijo.

La manada estaba cerca. El calor arreciaba. Por fin podía irme a casa. A comer. Y decirle a mi padre con orgullo:

-Encontré la vaca y la devolví al rebaño.

Y es que, en estos tiempos de crisis, no se puede dejar perder una res. Hay que seguirle el rastro. Por leve que sea. Y siendo pobres, más aun. Así es la vida. Y su lucha por sobrevivir.

martes, 24 de junio de 2008

Iswe Letu: La Venganza del Kapital Bodeguero

Cuando uno bebe un baso de vino del 'Señorío de Noséque', o del 'Conde de Nosecual', o tal vez del 'Palacio de Mengano', quizás del 'Marqués del Tiosabido' o a lo mejor de la 'Abadía de Perengano'... el vino adquiere siempre, intrinsecamente, un poder revolucionario en nosotros: entra en el estómago, ayuda a triturar el alimento más pesado y se disuelve entre nuestra carne elevándonos.


En realidad es nuestra intención de liquidar señoríos, condesados, marquesados, abadías... desde la mesa.

La verdad sea dicha, es que solo logramos embriagarnos, encurdelarnos, un poco unas veces y un mucho otras. Y de paso olvidarnos de que, tal poder subversivo, mezclado con el vino se va barriga abajo hasta el retrete.

Luego, hecha la digestión y expulsados los últimos vapores etílicos con sonoros eructos, la realidad se impone, el espíritu reaccionario vuelve, los opresores reaparecen en los rótulos de botellas y en los frontispicios de las bodegas, desde donde, esos señores de horca y cuchillo, sambenito y hoguera, se reencarnan en los nuevos ricos, en la burguesía de principios del s. XXI quien, no siendo capaz, en su momento, de cortar cabezas nobles y eclesiásticas y manteniéndose sumisa a iglesias y castillos, hoy rinde culto, tributo, pleitesía..., a las orgías y borracheras que, sus antepasados, pobres de solemnidad, no pudieron realizar, contentándose con unas solas pinticas en la bota.

Y, hoy, lo hacen rotulando sus negocios alcohólicos con letras de humillantes reminiscencias: Señorío de la Verguenza, Monje de los Lenocinio, Marqués del Berraco, Real del Ansia, Conde de Donsimplón, o Abadía de la Borrachera.

Además, es la venganza del Kapital bodeguero porque, cuando bebíamos, el vino adquirió un tinte de revuelta evasiva empinando el codo. Y, para más inri, nos incrementa el vino con el iva. ¡Qué cabrones!


miércoles, 18 de junio de 2008

Iswe Letu: Contra el racismo: Los olvidos de las 'Memorias de África'

Escribíamos en el anterior post que el libro de Karen Blixen (Isak Dinesen) 'Memorias de África' famoso, magníficamente escrito, y la película del mismo título basada en él, han escondido orgías, robos, adulterios, opresión, lujuria, desenfreno, maltrato, alcoholismo, drogas, asesinatos... de la alta alcurnia, de la nobleza británica, en Kenia, incluida la corona pues de ello participaba hasta el Príncipe de Gales.

Bien, para terminar estos escritos sobre 'Memorias de África', veamos, mediante el texto que irá a continuación, en qué se entretenían estos parásitos, tomado de libro 'Pasiones en Kenia' (1) que también hemos citado. Es todo un ejemplo de la praxis de estos acérrimos defensores de la familia, la moral cristiana y los valores occidentales; y, por cierto, nada original el añejo y orgiástico juego:

"De vez en cuando organizaba juegos después de cenar, como el que consistía en hacer volar una pluma soplando por encima de una sábana sostenida sobre la mesa de los invitados. Era un juego frenético ideado para dar lugar a un estado próximo a la histeria; cuando la pluma caía, todos los ojos se posaban en Idina (*), quien, como una gran sacerdotisa presidiendo un ritual sagrado, adivinaba y luego anunciaba quien había de dormir con quién.

Los dormitorios estaban cerrados con llave e Idina disponía de juegos duplicados que colocaba sobre la mesa para proceder a la elección de los compañeros de cama mediante otro juego de azar, o algo que se le parecía. 'Siempre llamábamos a la cama de Idina el campo de batalla -decía un superviviente-, y todos íbamos a parar allí en un momento u otro del día o de la noche'."



Por lo que podemos ver, nada de eso refleja la idílica foto de la película 'Memorias de África'. Fiel al libro citado. Nada.

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(*) Lady Idina, de soltera Sackville, n. 1893. Hija del earl De La Warr. Cambió de nombre seis veces en los 5 matrimonios: Gordon, Wallace, Hay, Erroll, Haldeman y Soltau. En 1924 se casó con Josslyn Hay, luego earl de Erroll. Se divolció en 1930. Su casa, Clouds, situada cerca de Gilgil, era en centro del Happy Valley. Murió en 1955.

(1) Pasiones en Kenia. Editorial Anagrama 1988. Autor: James Fox

martes, 17 de junio de 2008

Iswe Letu: Exquisiteces de la nobleza en Kenia

Luchando contra el racismo
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La autora de 'Memorias de África', Isak Dinesen (Karen Blixen), y de la que ya nos hemos referimos en la anterior actualización, en sus 'Letters From Africa 1914-1931' (Windenfeld & Nicholson, 1981), en una carta a su hermana decía (y es una muestra de los modales groseros, vulgares, chabacanos, pedestres... de la alta alcurnia, de la nobleza de sangre, defensora del exquisito comportamiento, de los normas de urbanidad, de las buenas costumbres, en la civilización occidental):


"Lady Delamere (*) se comportó escandalosamente durante la cena, a mi modo de ver. Bombardeó al príncipe de Gales con trozos de pan, y a mí, que me sentaba junto a él, me alcanzó uno en el ojo, de modo que ahora lo tengo morado, y terminó arremetiendo contra el príncipe, derribándole de su silla y revolcándole por el suelo. Yo esas cosas no las encuentro nada graciosas, y es una estupidez hacerlas en un club. En conjunto, ella no resulta especialmente agradable, con su aspecto estrambótico igual que una muñeca de madera pintada."

(*) De nombre Gwladys (pronúnciese Gladys) viuda de Hugh Delamere, de soltera Beckett, nació en 1898. Se casó en 1920 con sir Charles Markham; en 1928 con el citado Hugh, tercer barón de Delamere. En 1938 fue nombrada alcaldesa de Nairobi. Murió en 1943.


(DE LA FOTO: en el centro y vestida de negra la susodicha Lady Delamere, de soltera Beckett)

Iswe Letu: Memorias de África... suavizadas II

Literatura contra el racismo

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Memorias de África... suavizadas II

Memorias de África... suavizadas II








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ISAK
ISAK
ISAK
ISAK
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Isak Dinesen (Karen Blixen), autora de 'Memorias de África' y de la que ya nos hemos referimos en la anterior actualización, en sus 'Letters From Africa 1914-1931' (Windenfeld & Nicholson, 1981), en una carta a su hermana, decía (y es una muestra de los modales groseros, vulgares, chabacanos... de la alta alcurnia):

"Lady Delamere (*) se comportó escandalosamente durante la cena, a mi modo de ver. Bombardeó al príncipe de Gales con trozos de pan, y a mí, que me sentaba junto a él, me alcanzó uno en el ojo, de modo que ahora lo tengo morado, y terminó arremetiendo contra el príncipe, derribándole de su silla y revolcándole por el suelo. Yo esas cosas no las encuentro nada graciosas, y es una estupidez hacerlas en un club. En conjunto, ella no resulta especialmente agradable, con su aspecto estrambótico igual que una muñeca de medera pintada."

(*) De nombre Gwladys (pronúnciese Gladys) viuda de Hugh Delamere, fue alcaldesa de Nairobi.



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Nairobi
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(EN LA FOTO, EN EL CENTRO, SENTADA, VESTIDA DE NEGRO, 'GLADYS' O LADY DELAMERE)






lunes, 16 de junio de 2008

Contra el racismo: 'Pasiones en Kenia' o 'Memorias de África'

"Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. El ecuador atravesaba aquellas tierras a un centenar de millas al norte, y la granja se asentaba a una altura de unos seis mil pies".


Este es el sencillo comienzo del libro 'Out of África' ('Memorias de África') de Isak Dinesen (Karen Blixen) luego llevado al cine con tanto éxito. El director a muerto hace poco.



Sin embargo, su magnífica prosa escondió cuidadosamente la opresión a los pueblos de Kenia como los massai y los kikuyo; este último, luego, mediante la organización del Mau Mau, le crearía problemas hasta conseguir la independencia.



Como tampoco aparecen las atrocidades cometidas por los blancos, que la escritora conoció personalmente, en lo que se llamó el 'Happy Valley', una zona de la 'White Highlands' donde vivían de puta madre, valga la frase, sin dar palo al agua.



Hace años la editorial Anagrama publicó un libro, que guardamos, 'Pasiones en Kenia', acerc
a del asesinato de un colono inglés Lord Errol, jefe político de los blancos, al que conoció la escritora danesa, en el que se puede leer todo un catálogo de 'heroicidades' de esa aristocracia británica trasplantada al Africa: orgías, robos de tierras a los nativos, drogas, alcohol, palizas y humillaciones a sirvientes, encornamientos, lujuria, libertinaje, matanzas de animales llamadas cacerías, adulterios...


Para muestra, este botón delicioso escrito por una dama de alta alcurnia:


"... No es posible, por ejemplo, aplicar la experiencia adquirida en Inglaterra para saber cuándo es el momento de mandar azotar a un criado por frotar una bandeja de plata contra la grava para limpiarla..."


Lady Cranworth, 1912

FOTOS: Con sombrero la escritora danesa Karen Blixen (Isak Dinesen) autora de 'Memorias de África'.
La otra foto: represión de las rebeliones negras.


miércoles, 11 de junio de 2008

Iswe Letu: 'Pasiones en Kenia y Sudáfrica'

Luchando contra el racismo
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A raíz de los incidentes sangrientos en Sudáfrica en los que unos pobres emigrantes negros fueron asesinados por las gentes más pobres del lugar, nos dio por releer 'Pasiones en Kenia'. Por eso de que los blancos dominaron ?? Sudáfrica y blancos mandaron en Kenia.

Para el que no lo sepa, este libro, publicado por Anagrama, es una investigación o crónica del asesinato, no de un pobre sino de un rico blanco, Lord Errol. Lo hicieron muchos años después de su muerte los escritores Cyril Connolly, ya consagrado escritor inglés y otro más novato, James Fox.

El caso es que parece una novela negra, más bien negrísima, pero con hecho y personajes reales de la más alta alcurnia. Ocurrió en Kenia cuando era colonia inglesa. Allí vivían, de puta madre, sin dar palo al agua, unos aristócratas, en lo que se llamó el 'Happy Valley', una zona de la 'White Highlands' que describiera, magnífica y muy amablemente, la danesa Karen Blixen. Y que, luego, se ha llevado a las pantallas de cine con el nombre que le pusiera a sus memorias la escritora, 'Memorias de África', con gran éxito.

Pues bien, el 24 de enero de 1941 se halló el cadáver de Josslyn Hay, ear de Errol, jefe político de los colonos y un nombre de la más pingorotada aristocracia. Se acusó del asesinato, tenía muchos enemigos, a un colono, a quien, tras ser juzgado, lo absolvieron.

El asesinato y el juicio fue muy sonado en su tiempo. Al escritor Cyril Connolly siempre le intrigó este crimen. De modo que, como ya hemos escrito, muchos años después, ayudado por un joven escritor, emprendió una investigación minuciosa sobre el caso.

Este libro, 'Pasiones en Kenia', es el resultado de sus pesquisas que firmó el joven James Fox porque Cyril Connolly, desgraciadamente, las diñó. Su lectura, aparte de la investigación policíaca y judicial, es como repasar un catálogo de heroicidades de la minoría blanca en tierras africanas: orgías, robos de tierras a los nativos, drogas, alcohol, palizas y humillaciones a los sirvientes, encornamientos, lujuria, libertinaje, matanzas de animales llamadas cacerías, adulterios... Brillante paso por África de la aristocracia británica cuyo corazón era fascista (el asesinado fue durante un tiempo miembro del partido fascista inglés) que ha dejado huella memorable de sus juergas y borracheras en el famoso Club Muthaiga. Corrupta sociedad cuya visión atemperó o tapó Isak Dinesen, la baronesa Blixen, en sus magníficos escritos; de la misma forma, la película, fiel a su literatura, ocultó tras una hermosa y brillante luz romántica.

Ese ocultamiento de las miserias, que los dioses nos perdonen, se ha llevado a cabo tras el triunfo del Congreso Nacional Africano en Sudáfrica. Y la figura de Nelson Mandela ha contribuido con su egregia aureola de encarcelado a velar la verdad. Las caras negras de diputados y ministros tapan el dominio sobre los resortes del poder de la minoría blanca. Ocultan el lujo insultante en el que se mantienen los blancos de siempre frente a la sociedad envuelta en paro, pobreza, hambre, miseria, sida. Es decir: los legítimos dueños de las riquezas se mueren de pobres.

Sudáfrica es otro valle feliz para un puñado de ladrones de raza blanca, racistas hasta la médula, que, pese al triunfo de la mayoría africana, mantiene intacto su poder tras arrojar el lastre inútil del Aparheit.

Valle feliz atrincherado, parapetado, tras las figuras de marioneta de diputados y ministros del Congreso Nacional Africano y la de heroica figura de Nelson Mandela. Triste papel para un héroe.

Lo que no han podido ocultar estos negros y sus amos blancos (y les hubiera gustado) es la marginación, el paro, el sida, la ignorancia, la violencia, la miseria, la pobreza, los bajos salarios... de buena parte de la población a la que se dicen representar.

Lamentablemente, desorientado como está, el pueblo sudafricano dirige sus cóleras, no contra el poder real que los mantiene en la miseria, los patronos, sino contra el emigrante; ese emigrante que acude a la tierra de promisión sudafricana huyendo del hambre o la represión de sus países. En esto se parecen mucho a los sentimientos racistas de la Europa, de esta civilización occidental.

Los vimos hace pocos días persiguiendo a pobres emigrantes de Zimbabue, de Madagascar... Incendiando sus casas. Matándolos. Con una crueldad inaudita que, eso si, por aquí es difícil ver, de momento. Aunque, tampoco hay que llamarse a engaño, por estos lares de la gran civilización occidental, incendios y asesinatos de emigrantes también los hemos visto.

En fin, de momento los propietarios sudafricanos pueden seguir viviendo en su valle feliz como antaño lo hicieron los blancos en Kenia. Lo decimos porque las masas utilizan su cólera, su rebeldía, su protesta, su violencia como ciegos con una pistola: sin diana verdadera.