martes, 6 de marzo de 2007
lunes, 5 de marzo de 2007
Se llama Daniel Aldaya

Tenía que ocurrir. Estaba cantado. Algún día alguien escribiría en el lenguaje de los Sms. Aquí está. Se llama Daniel Aldaya. Es pamplonika. Os dejamos una muestra:
Kriño,
ben sabs
q no alknzo la altura
d l adosado cn vistas al mar,
xo prometo
adosarm xa siempre
a tu metro setnta d ojos oceanicos
Cariño,
bien sabes
que no alcanzo la altura
de un adosado con vistas al mar,
pero prometo
adosarme para siempre
a tu metro setenta de ojos oceánicos.
Tierra en los ojos

Tierra en los ojos
Pensaron los príncipes: "el virtuoso no merece compasión, sino que le arrojen tierra en los ojos”; pero los muy zorros se callaron como mudos
--Como a muerto me echasteis tierra en los ojos, cuando la aurora, aun en ciernes, perfumaba ya, no obstante, desde los árboles fragantes
Le echaron tierra en los ojos y lo rodearon de silencio, pero, en las tinieblas cegadoras, los deseos estallaron en él como violentísimo grisú
Le echaron tierra en los ojos y se callaron, pero las flores de la madre, como vampiros iracundos...
chuparon con furor, con rabia, las venas de la noche, hasta extinguirla en una explosión arcoirisada
--Como a muerto me echasteis tierra en los ojos... Para que no me extraviara en complicaciones fructuosas --me dijisteis.
--Cuando era una maravilla ver la dádiva alegre de las manzanas dulces para los hambrientos pájaros de la enramada
--¡Imbécil! -pensaron los príncipes- No merece compasión, sino que le arrojen tierra en los ojos, por aliarse y admirarse de la luz y los colores
Pero, por si acaso, se callaron; eso si, como muertos...
Pensaron los príncipes: "el virtuoso no merece compasión, sino que le arrojen tierra en los ojos”; pero los muy zorros se callaron como mudos
--Como a muerto me echasteis tierra en los ojos, cuando la aurora, aun en ciernes, perfumaba ya, no obstante, desde los árboles fragantes
Le echaron tierra en los ojos y lo rodearon de silencio, pero, en las tinieblas cegadoras, los deseos estallaron en él como violentísimo grisú
Le echaron tierra en los ojos y se callaron, pero las flores de la madre, como vampiros iracundos...
chuparon con furor, con rabia, las venas de la noche, hasta extinguirla en una explosión arcoirisada
--Como a muerto me echasteis tierra en los ojos... Para que no me extraviara en complicaciones fructuosas --me dijisteis.
--Cuando era una maravilla ver la dádiva alegre de las manzanas dulces para los hambrientos pájaros de la enramada
--¡Imbécil! -pensaron los príncipes- No merece compasión, sino que le arrojen tierra en los ojos, por aliarse y admirarse de la luz y los colores
Pero, por si acaso, se callaron; eso si, como muertos...
jueves, 1 de marzo de 2007
Lo contaron una tarde

Lo contaron una tarde
Es lo que una tarde, ilusión de una bodega, nos contaron las ráfagas del viento en las tascas del exilio:
Unos se rinden y de esos... ni se habla; otros... se resisten; permaneciendo siempre presentes en la memoria nuestra
Se resisten a llenar con ecos, el sitio vacío del amor; algunas de las cosas de este mundo, dicen, son vanas y mas falsas que reata de mulas: escuela de lisonjas y de engaños.
Sus corazones libres no pueden responder con ecos al canto, amoroso y virginal, de los pájaros del alba: le parece un ultraje.
Tienen rotas las paces, deshechos sus amores y caminarán en soledad hasta encontrar un bosque ameno donde cobijarse...
Principio, no obstante, de migraciones, navegando muchas veces, viento en popa de naufragios, hacia las bodegas del exilio.
Es lo que una tarde, ilusión de una bodega, nos contaron las ráfagas del viento en las tascas del exilio:
Unos se rinden y de esos... ni se habla; otros... se resisten; permaneciendo siempre presentes en la memoria nuestra
Se resisten a llenar con ecos, el sitio vacío del amor; algunas de las cosas de este mundo, dicen, son vanas y mas falsas que reata de mulas: escuela de lisonjas y de engaños.
Sus corazones libres no pueden responder con ecos al canto, amoroso y virginal, de los pájaros del alba: le parece un ultraje.
Tienen rotas las paces, deshechos sus amores y caminarán en soledad hasta encontrar un bosque ameno donde cobijarse...
Principio, no obstante, de migraciones, navegando muchas veces, viento en popa de naufragios, hacia las bodegas del exilio.
miércoles, 28 de febrero de 2007
Madre rejuvenecida

La madre antigua rejuvenece esperando su llegada.
Remos lentos y melodiosos, goteando estrellas fugitivas, avanzan a su encuentro.
Espera ver pronto su semblante en medio de la charla y floración de los pañuelos.
Y, por lo demás, solo pide un instante de dicha, un instante de calma, para su sufrimiento infernal.
Sufrimiento, absolutamente libre de esperanzas.
Pero hoy brilla rojo, generosamente rojo, el sol. Rojo como es costumbre en el sol de África.
La esperanza también enrojece: la esperanza siempre enrojece... hasta el último momento.
Por lo que espera verla pronto aparecer y florecer entre la muchedumbre de sonrisas y pañuelos.
Remos lentos y melodiosos, generando estrellas en huida fulgurante, avanzan a su encuentro.
Asoma en lo alto de cubierta. Baja: la bajan del barco. A su hija. Lentamente. Con muchísimo cuidado.
La ven: confirmada su hermosura. Reafirmada la belleza de su cara oscura... Pura... pálida... y helada...
Tras el cristal del ataúd.
Remos lentos y melodiosos, goteando estrellas fugitivas, avanzan a su encuentro.
Espera ver pronto su semblante en medio de la charla y floración de los pañuelos.
Y, por lo demás, solo pide un instante de dicha, un instante de calma, para su sufrimiento infernal.
Sufrimiento, absolutamente libre de esperanzas.
Pero hoy brilla rojo, generosamente rojo, el sol. Rojo como es costumbre en el sol de África.
La esperanza también enrojece: la esperanza siempre enrojece... hasta el último momento.
Por lo que espera verla pronto aparecer y florecer entre la muchedumbre de sonrisas y pañuelos.
Remos lentos y melodiosos, generando estrellas en huida fulgurante, avanzan a su encuentro.
Asoma en lo alto de cubierta. Baja: la bajan del barco. A su hija. Lentamente. Con muchísimo cuidado.
La ven: confirmada su hermosura. Reafirmada la belleza de su cara oscura... Pura... pálida... y helada...
Tras el cristal del ataúd.
Y tampoco lo que parece
El ha de morir y ya se acaba el día
No se trata del kapo, ni la traba, ni el tonel... ni, tan siquiera, del bozal puesto en la boca como a un perro, no...
Ni de esclavos, atados, a lo largo de los eslabones del ancla, en racimo, como las uvas, y luego sumergidos hasta ahogarlos en la mar, no...
Es que la savia, imaginada en el deslizamiento de su lengua, por los labios resecos, no sube hasta sus ramas quietas...
La única, la que es alegría pascual para los otros, la perciben, sobre todo, adivinándola, por medio de sus párpados voraces...
Para la esperanza del hambriento, el plato es palabra tan fuerte como alcohol de mijo; se desliza, garganta abajo, como víbora, silbando de contento.
Pero no, no es eso, tan solo barcas rotas y ratas deslizándose cubren mis despojos, adictos ya al arrojo desesperado de la hambre viva
He de morir y ya llegó mi día
No se trata del kapo, ni la traba, ni el tonel... ni, tan siquiera, del bozal puesto en la boca como a un perro, no...
Ni de esclavos, atados, a lo largo de los eslabones del ancla, en racimo, como las uvas, y luego sumergidos hasta ahogarlos en la mar, no...
Es que la savia, imaginada en el deslizamiento de su lengua, por los labios resecos, no sube hasta sus ramas quietas...
La única, la que es alegría pascual para los otros, la perciben, sobre todo, adivinándola, por medio de sus párpados voraces...
Para la esperanza del hambriento, el plato es palabra tan fuerte como alcohol de mijo; se desliza, garganta abajo, como víbora, silbando de contento.
Pero no, no es eso, tan solo barcas rotas y ratas deslizándose cubren mis despojos, adictos ya al arrojo desesperado de la hambre viva
He de morir y ya llegó mi día
lunes, 26 de febrero de 2007
A la muerte de Lina Odena

Diecinueve años tenía
al morir la miliciana.
Diecinueve años tenía:
Lina Odena se llamaba.
La vio nacer Cataluña
y la vio morir Granada;
pero la han de ver los siglos
ardiendo como una llama
de resplandores eternos
de ejemplos y de enseñanzas.
Diecinueve años tenía...
Lina Odena se llamaba.
-¿Adónde vas, compañera?
¿Adónde vas, miliciana?
- Voy a mirar los perfiles
de las torres de la Alhambra,
recortarse sobre un cielo
cuajado de estrellas altas.
-¡No avances más, miliciana!
que el moro te está acechando
hambriento de carne blanca;
que hasta las bestias desean
morder rosas perfumadas.
Llevo al cinto mi pistola
y el peine lleno de balas.
Dejadme ver los perfiles
Dejadme ver los perfiles
de las torres de la Alhambra!
¡Corre! ¡Corre, compañera!
¡Corre! ¡Corre, miliciana!
que ya te están asaeteando
pupilas desorbitadas.
Que sobre tu cabellera
hay manos que parecen garras,
y un aliento venenoso
te quema la nuca blanca,
-¡No temas! ¡Para mi frente
me queda la última bala!
Cuatro sátiros de bronce
con alfanje y con chilaba
se llevaron el cadáver
de Lina Odena a Granada.
Los ojos muertos no vieron
los perfiles de la Alhambra
remontarse sobre un cielo
cuajado de estrellas altas.
Si te lloró Cataluña
también te llora Granada.
¡Ya tienen una flor nueva
los jardines de la Alhambra!
(Alcázar Fernández)
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