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domingo, 14 de marzo de 2010

Stalin, a los cincuenta y siete años de su muerte

Tomado de: http://www.pceml.info/

http://www.pceml.info/2010/03/14/57%c2%ba-stalin/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+pceml%2Fgeneral+%28PCE+%28m-l%29+-+%C3%9Altimas+Noticias%29
El 5 de marzo de 1953 murió Iosif Visariónovich Dzhugashvili, conocido mundialmente con el sobrenombre de Stalin. Su persona y su gestión política entre 1929, año en que se impuso sobre sus adversarios políticos, y el año de su fallecimiento, han merecido los peores calificativos. No ha quedado ni una sola parcela de su gobierno que no haya sido juzgada con los términos más duros y la más absoluta de las descalificaciones. Desde la ayuda a la España republicana durante la Guerra Civil hasta el Pacto Germano-Soviético, pasando por los planes quinquenales y la colectivización de la agricultura, todo es considerado como una política pérfida y criminal fruto de una personalidad sádica y paranoica. Desde la extrema derecha hasta el anarquismo, pasando por socialistas, trotskistas y liberales, difícilmente se encontrará un personaje histórico que concite el odio de sectores políticos tan diversos, unidos todos ellos en identificar a Hitler y Stalin bajo la etiqueta del totalitarismo, absurdo concepto teórico que sirve para amalgamar el fascismo y el comunismo y condenar al unísono dos sistemas políticos, económicos y sociales absolutamente antagónicos.

Convertidos en jueces, la mayoría de historiadores académicos, acompañados de la historiografía militante trotskista, interpretan la política de Stalin como una sucesión de crímenes, abominables represiones y traiciones al movimiento obrero, repitiendo libro tras libro las mismas cantinelas forjadas en los años de la Guerra Fría, ajenos a las aportaciones de historiadores como Grover Furr, Ludo Martens o Víctor Zemskov y a la documentación de los archivos soviéticos, que rebajan drásticamente las cifras de la represión de 1936-1938 y desmienten las elucubraciones fantásticas sobre la hambruna de Ucrania. Escribiendo al dictado de la burguesía y plagiándose unos a otros, estos historiadores con anteojeras son la antítesis de lo que debe ser un científico social, cuya primera obligación es atenerse a los datos objetivos

El estudio de cualquier período histórico nunca puede darse por cerrado; por el contrario, el análisis de nuevas fuentes documentales o el desarrollo de novedosos enfoques interpretativos cambia necesariamente nuestra visión del pasado, volviendo obsoletas o simplemente erróneas las interpretaciones sustentadas hasta ese momento. Un historiador que ignore los hechos objetivos para seguir manteniendo modelos que encajen con sus prejuicios ideológicos, deja de ser historiador para convertirse en un historietógrafo o, sencillamente, en un panfletista al estilo de Pío Moa o César Vidal.

Disponemos ya de un material lo suficientemente sólido que permite replantear la mayoría de juicios emitidos sobre Stalin e iniciar una nueva aproximación a su personalidad y a su acción política. La figura de Stalin no necesita hagiografías absurdas ni alabanzas desmesuradas. Se trata de algo tan sencillo como hacer historia de forma rigurosa y científica. Sin negar los errores, su política de planificación económica y colectivización agraria convirtió a la URSS en diez años en la segunda potencia industrial del mundo, erradicó el analfabetismo, y puso la base técnica y científica que permitió a la Unión Soviética vencer a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. La victoria sobre Hitler, con el inmenso sacrificio de 27 millones de ciudadanos soviéticos muertos en la contienda, salvó al género humano de la barbarie fascista. Eso es una realidad y, sin duda, muy brillante.

Los millones de trabajadores que admiraban a Stalin en los años treinta, ¿estaban completamente manipulados y padecían una profunda ignorancia? ¿Alguien con un poco de sentido común puede creer que los habitantes de la URSS vivían aterrorizados y trabajaban únicamente por temor a la policía política? ¿Los comunistas gobernaban exclusivamente por la fuerza? Estas patrañas urdidas en su momento por Robert Conquest, difundidas con el generoso apoyo económico de la CIA por fundaciones pretendidamente culturales y repetidas en nuestro país por cuentistas como César Vidal, Pío Moa y Ricardo de la Cierva, sin olvidar a catedráticos con pedigrí académico, como Antonio Elorza, no solo pretenden difamar la figura de Stalin. Detrás de la satanización de Stalin hay un objetivo más ambicioso: la criminalización del comunismo. La burguesía libra una incasable guerra ideológica cuyo objetivo es desarmar política e ideológicamente a la clase obrera y apartarla de las posiciones revolucionarias, sembrando la confusión y la desorientación entre los trabajadores. Elementos fundamentales de esa estrategia son la identificación entre fascismo y comunismo y la representación de Stalin como un dictador sangriento.

Hoy se emplea habitualmente el término estalinista como un insulto, pero conviene no olvidar que esos estalinistas hoy tan denostados se enfrentaron al fascismo en los años treinta, defendieron Madrid ante las tropas de Franco, lucharon en la resistencia contra la ocupación nazi, vencieron en Stalingrado y llegaron a Berlín en 1945. Lo que la burguesía no perdona a Stalin es haber elevado a la URSS al rango de potencia mundial y haber demostrado que el socialismo no es una utopía. Los comunistas nos sentimos orgullosos de esos hechos. No entendemos a aquellos que se pretenden comunistas y repudian a Stalin. El antiestalinismo es sencillamente una forma de anticomunismo, por más que se disfrace con ropajes “progres” y pretenda distinguir entre comunistas puros, pero ingenuamente idealistas, y el malvado Stalin. No es una casualidad que los abanderados del antiestalinismo hayan terminado en su inmensa mayoría en las filas de la derecha más rancia y reaccionaria. En el quincuagésimo séptimo aniversario de su muerte, nosotros asumimos la obra de Stalin y su legado como parte fundamental de la historia del comunismo y del movimiento obrero mundial, y defendemos públicamente su inmensa talla de estadista y revolucionario.
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Dibujo: Stalin visto por Picasso

lunes, 5 de febrero de 2007

ADIVINA ADIVINANZA: ¿De quién estamos hablando?



Aunque existe, porque subsiste en el recuerdo de numerosos españoles y extranjeros, está ya fiambre: extinto: fallecido completamente.
Ciertamente yerto: incuestionable.
Conviene subrayarlo pues pudiera parecer que, el personaje en cuestión, podría salir a saludarnos en mitad de la calle y darnos un fuerte abrazo: no, no es eso, ni mucho menos ¡qué exageración!.
Dicen de Él (lo ponemos con mayúscula no porque sea un dios o un diablo cualquiera, sino porque sobresale la mierda acumulada sobre él en cantidades industriales) palabras-ano y palabras-pedo, con las cuales podría hacerse un nuevo tratado de escatología.
Sobrecogimiento y miedo y pedo riman en el culo; todos sabemos la intima relación que existe entre el cuerpo y el alma y viceversa; y cuando el miedo aprieta, como cuando las ganas de joder aprietan, no se respeta nada: se suelen abrir las válvulas del orificio trasero: los esfínteres cedo.
Palabras-caca, dicen las gallinitas.
Dicen las "pitas", ¡oídles cacarear!:
--<< -Su 'stilo' es tala, no porque tale para acumular la leña precisa para calentarnos al amor de la lumbre, no; el objetivo de su trabajo de bosque es la tala u hoguera inquisitorial. También calificamos de 'stilo' 'stala' ('stablo' o caballería): queremos aludir a la bestia, como modelo impuesto en su entorno: contaminó, inficionó, todos los poros de la sociedad; en este punto concluimos que su 'stilo' 'stalla': efectivamente 'stalló' en nuestras narices->>.
Continuando con la matraca que han emitido las gallinitas, y siguen emitiendo, la tralla y metralla son otros dos conceptos fundamentales añadidos a la figura del extinto personaje que se fue sin haberse ido del todo: A) la tralla como concepto carnicero; B) y la metralla como visión carnicera en alto grado.
Se pasa por alto el concepto "tralla" burdísimo y fácil de entender.
B) la metralla pudiera tomarse como símbolo guerrero; pero en este caso, y para que no se les vaya de la mano, matizan que no es, en modo alguno, la nobleza guerrera la singularidad del personaje, no, sino la bajeza, ruindad, vileza, indignidad; la metralla como representación de la masacre carnicera y no como victoriosa fuerza de un contrincante. Quieren resaltar este matiz para que no se les confunda con simples pacifistas que no lo son.
Es por lo tanto trilla y abaleo. Desconsuelo, tristura, llanto y tortura. Hace trizas todo lo que toca; ¡perdón!, lo que tocó.
Estas palabras y muchas mas.
Adivina: <<-'Stilo' "talaencatín": espuela y esquela; ambas palabras no han sido escogidas, al azar, por su rítmica y fácil sonoridad, no; responden a un objetivo claro de reunir, como en una copa de acibarado veneno, lo que luego resultó mortal alucinación que terminó, como no podía acabar de otro modo, en simas sangrientas; por una parte alucinaciones que desembocaron en acicates inocentes, movimientos confiados, obediencias ciegas. De nada sirve ahora, tras lo ocurrido, declarar, porque es muy fácil decirlo a modo de pregunta "¡¿te tirarías a un pozo si te lo dice él?!", no; no, no sirve esa exclamativa interrogación, al encontrarse, los que podrían responder, muertos y bien muertos por ese ser espurio (bastardo, falso, contrahecho). Y por otra parte 'stertor' y 'stiércol', en tanto en cuanto son materia corrompida ya->>
Si es 'stigma' (señal de infamia): sin duda es señal de espanto. Espanto que siempre congela: 'stantío' (detenido o 'stancado') por tanto. Y 'stupro' no querido: desgarro: espolio: esputo (esgarro): escupitajo. Responsable de todos los males pasados, presentes, ausentes e imaginados: el que le huele en el culo lo tiene, permanentemente.
Asesino polifacético: ético, y rápido, y quíntuple, y múltiple. Y aún mas carnicero que todo lo anterior: millonario. A este paso, a esta zancada, habrá matado a padres, madres, abuelos, tatarabuelos; a los nietos y biznietos; a la tribu original; y hasta al totem ‑ mono, su ancestro.
'Stilo' 'stala'; y tala; y escoba y cubo; y cola y culo, culo, culo. Mierda, mierda, mierda. Mucha mierda: un millón de toneladas mierda: toda la mierda del mundo.
De Él decían romances encomiásticos, (cascajos casi siempre), lo empleamos en pretérito pues en contemporáneo le lengüetearon un poco el culo; decían, seguimos con el pasado, cosas tan peregrinas, perlas como las que se brindan a continuación; por modelo (es un ejemplo; un solo patrón no más); es un paradigma, por ejemplo, que desde Haití, la antillana, que fue emporio del azúcar cuando enmelaba los tragaderos, los finísimos gaznates, de la nauseabunda burguesía; Rene Depestre decía, ¡oid lo que este decía!, mas o menos:
"Cantamos al mas puro cristal sacado en nuestro tiempo; a un hombre transparente, sin carantamaulas; a un macho sin costuras, ni remiendos; a un varón entero, de una sola pieza, con dos cojones; materia recogida por la segur de la historia y moldeada a golpes de macillo en el yunque de los desheredados de la tierra; de una substancia como un virote o gorguz de luz incandescente dirigida hacia los hogares proletarios donde reina el frío, la oscuridad y el hambre.
Cantamos al río tumultuoso de este personaje sin tacha, no porque sea representación del desorden, algarada sin norte, antes bien, lo cantamos pues levanta tumultos de indignación con el fin de escacharrar los fundamento indignos e injustos que los concitan; persona sin rodeos: desde su nacimiento al océano que lo acoge en su interior como una madre generosa.
Cantamos su agua abundante y encorajinada (según y como se interprete la historia del momento; ya se sabe que cada uno cuenta y canta la historia en abierta, y no cerrada, concordancia con las peripecias que sobrevienen en ella) dimanante de las celliscas de las montañas; y que, gota a gota, va transformando nuestros millones de corazones desarrollados, en pimpollos, productos y semillas de una nueva madrugada.
Cantamos su intransigencia, su acero puro, en la cual se 'strellarán' aquellos que pretenden descaminar el recorrido de la historia del hombre liberado de ataduras".
Esto decía, mas o menos, -mas menos que mas-, que en esto nuestra memoria puede fallar. Por lo tanto que no se nos enfade Depestre; y si no lo plasmaba con estas palabras exactas, seguro que el contenido es el mismo...
¿Qué opinará ahora que ha ganado premios literarios en Francia?: ¡ah!, eso no lo sabemos; habría que írselo a preguntar; pero nos tememos muy mucho, por lo que le hemos leído en su novela ganadora, que donde he dicho diego ... ya no lo he dicho.
Decían (pasado); decían que ... ; y por lo tanto ... ya que ... besaban ... su culo.
Ahora 'storba' porque no turba a los presentes que en vida lo elevaron hasta las mas ridículas alturas: tabernáculos de unos templos que combatiéndolos los desenmascaró sin concesiones; y los combatió por reaccionarios; y en todo caso por inútiles para los entendimiento cándidamente honrados.
Ahora 'storba' pues aún les turba y conturba.
Perturba porque es turba; turba necesaria, digan lo que quieran, para millones de corazones que saben "porque beben el vino de las tabernas" en los inviernos crudos y duros del ahora y de los tiempos venideros; dureza que puede paliarse si fabricamos toldos o tolvas.
Y en lo mas alto, no por altar sino para derribar los altares, está una 'strella' polar, indicadora nada mas y nada menos... Y 'stela'... tela, tela tela!.
Su amor 'stalla': 'stalló' su amor en España cuando tenía que hacerlo. Y fue espuma... 'stilo' que 'stalló' en España... en el 36... ¡Cagüend... y en las pitas gallinitas! ¡Cagüen todos los dioses! ¡Cagüen el dios St....! ¡Viva el camarada Sta... que, aunque muerto, vive aún en el recuerdo!.
Pierre Vilar, el historiador amigo de España, lo dijo muy clarito: "la historia me ha enseñado que Stal.. no es Hitler, lo que le agradezco a la historia verídica."
Cierto, cierto: muy cierto

sábado, 23 de diciembre de 2006

Iswe Letu: Estalin, el hijo del albañil ecuatoriano

Marco Esparza es un albañil ecuatoriano al que le ha tocado la lotería en España. Tiene dos hijos: uno se llama Fabricio y el otro Estalin. Estalin, dijo a la prensa (no Fabricio) que había visto el número por televisión. Tal vez fuera Fabricio el que lo viera, pero la prensa cita a Estalin porque le interesa más. No todos los días se ve a un joven al que han puesto por nombre Estalin. Dice el periodista 'que así se llama' y añade 'con 17 años'. Y es que, para el periodista, no puede tener un nombre más políticamente incorrecto. ¡Llamarse Estalin!, ¡un totalitario! pensará el periodista, ¡sólo a un ecuatoriano podría ocurrírsele!... Además, ¡de la montaña!, que no de la vera del mar, ¡que tienen un vivo gracejo! ¡Nada, que estos emigrantes nos van a traer la influencia marxista-leninista! Y es que, a este periodista y a otras muchas personas, no les cabe en la cabeza que, por el mundo, la influencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre siga viva; y, a Estalin, por ejemplo, haya gente, de entre esas masas de hispanos, qeu no lo vean como un ogro, sino como un gran dirigente de la clase obrera, durante un período de la Historia de la Humanidad. Y sientan orgullo en bautizar a su hijo con el nombre de Estalin. De una manera natural. Porque, seguro seguro que, Estalin, es solo un joven, hijo de un albañil ecuatoriano. Tal vez, el día de mañana, sea un luchador obrero, como Estalin el georgiano, pero hoy por hoy, no os alborotéis, solo es un joven de 17 años. De modo que, dormid tranquilos, tranquilos, ya tendréis tiempo de matarlo si sigue la senda de Estalin. Si se deja, claro.