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martes, 2 de febrero de 2010

Leemos y nos leen


He estado leyendo dos blogs que sigo asiduamente y algunos blogs más cuyas ligas encuentro en los primeros. Uno se titula "Africano" y el otro "Iswe Letu". Desde la roca marina en la que remo encuentro de pronto muchos compañeros que bogan con el mismo rumbo y mi roca se convierte en barca. Y la soledad en que me sentía se va llenando de esforzados remeros que me tienden lazos, sin que ellos mismos lo sepan.
"No estás solo" me dicen sus escritos. "Da otro golpe de remo que, aunque lo haces con tu estilo propio y desde el otro lado del Atlántico, el impulso es en la misma dirección".
Me animan así sin ellos saberlo.
Y mi mente afiebrada y mis cansados brazos renuevan su esfuerzo.
Yo, como un imbécil atolondrado por los golpes propagandísticos del capitalismo, pensé tontamente que era el único marxista que quedaba en la tierra. Era así el único comunista sobre el orbe. La idea era tan absurda que la sabía absolutamente falsa, pero el sentimiento de soledad ahí seguía.
De pronto encontré acá, en México, un grupo de marxistas que me dio esperanzas, pero demasiado pronto descubrí que no son sino marxólogos que sin aplicar el método marxista de análisis de la realidad pretenden catalogar a ésta como si todavía fuera la misma en que vivieron Marx y Lenin. Llegaron así a la aberración de descalificar a quienes, sabiéndolo o sin saberlo, lo mismo da, son un grupo que pensando desde su realidad y su cultura y con cabeza propia, han dado desde hace más de quince años el paso fundamental que Marx y Lenin señalan para vencer al capitalismo: Han convertido en propiedad colectiva, propiedad social, el principal medio de producción con que cuentan: la tierra. Son campesinos y el grupo de "marxistas" al que me refiero al inicio de este párrafo, por no ser obreros quienes se levantaron en armas y no haber podido expropiar fábricas que no existen en los territorios en que habitan y de los que viven, clasificaron como "pequeñoburgueses" a los rebeldes del sureste de mi patria.
Otra vez el sentimiento de soledad se instaló en mi ánimo. Quienes se levantaron en armas y al hacerlo se apoderaron de los latifundios que los mantenían excluidos y los hicieron propiedad social y sobre esa propiedad social, sobre esa estructura no capitalista, están reconstruyendo su sociedad y su política, están muy lejos geográfica y culturalmente de mí. Son, aquí en mi patria, mi ejemplo y mis hermanos mayores. Quisiera imitarlos pero no encuentro ni cómo ni con quién y sé que no es sano huir de mi realidad para refugiarme en la de ellos, aparte que también sé que no necesitan mi ayuda allá.
Poco a poco descubro los blogs que nombro al principio de este escrito y sus últimas entradas son una explosión de luz y compañía: desde el otro lado del Atlántico sus autores y colaboradores me dicen: "Cuidado con el sectarismo y el dogmatismo" (Iswe Letu: "Para un debate contra el sectarismo). Afirman también: aprendamos de Haití, primer país en el mundo que abolió la esclavitud y que por ello ha sido tan castigado (4 entradas en "Iswe Letu" de Guillermo Fernández Ampié, Eduardo Galeano, José Mª Amigo Zamorano y poesía "como arma cargada de futuro" y once entradas sobre Haití en "Africano") y sobre todo logran que sienta la compañía de muchos que piensan como yo: si en el mundo de los blogs encuentro a tantos compañeros, muchos más son los que caminan por las calles sin manifestar su ideas por medio de un teclado. Cuando logremos unirnos, capitalismos y monarquías se derrumbarán estrepitosamente.

miércoles, 6 de enero de 2010

Manuel M. Navarrete: Para un debate contra el sectarismo (*)

Trotsky no existe

por Manuel M. Navarrete

(Publicamos este artículo tomado de http://www.insurgente.org/ porque nos ha parecido de lo más interesante que hemos leído hasta hoy acerca de la ceguera de los sectarismos; ya hace años se lo oímos a un zapatero de Zamora que nos dijo que nunca entendió las diferencias entre el trotskismo y los comunista del PCE; y en un libro de Manuel Blanco Chivite, Diario de Etiopía, hablando con un marxista-leninista de un país europeo, notó que el otro expresaba las diferencias con otros comunistas como en debate escolástico medieval entre variopintas escuelas católicas; esas que discutían, por ejemplo, acerca de qué habría hecho Jesús si hubiera nacido mono; esto le cabreó a Blanco Chivite)

Introducción

Si en este planeta existen recursos para todos pero muchos mueren de hambre, y eso es consecuencia directa del capitalismo, y sólo podemos destruir el capitalismo organizándonos, entonces se hace imprescindible pasar revista al panorama de la izquierda organizada, es decir, de la única oposición existente al capitalismo y el hambre. Pasando revista, lo primero que nos llamará la atención será la infinita división y subdivisión de estas fuerzas, en ciertas ocasiones motivada por bases programáticas (por ejemplo, la división que existe entre Izquierda Unida y la izquierda extraparlamentaria), pero en otras debida a prejuicios mutuos o, peor si cabe, a distintas lecturas de hechos históricos del pasado (como en el caso de dicha izquierda extraparlamentaria, que se encuentra fraccionada hasta la impotencia política).
¿Recuerdan aquella escena de La vida de Brian? Brian le pregunta a unos hombres si son del Frente Judaico Popular y estos le contestan:
-“¡Vete a la mierda! ¿Frente Judaico Popular? Somos del Frente Popular de Judea (http://www.youtube.com/watch?v=hMvcjzEKTMw).
Pues así se siente uno muchas veces, como en una película de los Monty Python, como si estuviéramos insensibilizados contra el hecho de que no se nos puede tomar en serio; y todo por confundir, como decía Galeano hace unos días, unidad con unanimidad, política con religión, divergencia con herejía.
Es curioso rastrear el origen del enfrentamiento que, en el seno del islam, se desarrolla entre sunnitas y chiitas. Resulta que Mahoma no dejó un sucesor oficial, así que, a su muerte, sus seguidores Alí y Muawiya se enfrentaron entre ellos, siendo derrotado el primero. Mas de mil años después, sus partidarios continúan divididos, y a partir de una simple pelea sucesoria han inventado imbricadas teorías por las que enfrentarse. Algo parecido sucede hoy día con el enfrentamiento que, en el seno del marxismo-leninismo, separa a trotskistas y estalinistas. Resulta que los comunistas nos encontramos insensatamente divididos por el enfrentamiento (en muchos sentidos personal) que tuvieron dos hombres hace 80 años, en una mera pelea sucesoria a la muerte de Lenin.
Por supuesto, si el propósito de este trabajo fuera otro, debería ahondar en el estudio de los condicionantes históricos que rellenan de contenido una pelea sucesoria, como codificación histórica de los conflictos sociales. Sin embargo, sería una simplificación ingenua del marxismo decir que Alí y Muawiya se enfrentaron para defender sus respectivos ideales. ¿Es que para el marxismo no existen la ambición personal entre las motivaciones de los personajes históricos? ¿Es idealismo aludir a un enfrentamiento personal? Puestos a hacer metáforas forzadas al estilo del marxismo dogmático y vulgar, ¿por qué no ver en el supuesto enfrentamiento político una superestructura, cuya base fuera una lucha por el poder tras la muerte de Lenin? Podemos analizar, por ejemplo, qué factores materiales han motivado que en unos países el trotskismo haya tenido arraigo a posteriori y en otros no (o incluso analizar factores como la psicología de masas, la necesidad de una figura “diferente” a lo que realmente se alcanzó en la URSS y la insatisfacción consecuente). Pero eso sigue sin explicar lo acontecido en el Partido Bolchevique durante los años 20 del siglo XX.

Una superación dialéctica

Hoy en día, y menos por evolución que por desaparición política, quedan pocos estalinistas (al menos “estalinistas” que se reconozcan en dicha denominación y que den culto a la imagen del personaje histórico); en cambio, podemos encontrar bastantes activistas y partidos que se reconocen como “trotskistas” y, en función de ello, se dividen de otros partidos (e incluso entre sí, celosos por ver quién efectúa la exégesis más ortodoxa de los textos del profeta armado y luego desarmado).
Sin embargo, Trotsky no existe, ni Stalin tampoco. Y no sólo porque ambos hayan muerto y no puedan venir, por tanto, aquí a “hacernos” la revolución; sino porque de hecho nunca existieron (en las versiones icónicas que sus respectivos seguidores nos han legado). Ni Stalin fue el glorioso padre infalible de la revolución, ni Trotsky el adalid antiburocrático y antirrepresivo que se nos quiere vender.
No se trata de negar el destacado papel de Trotsky durante la Revolución Rusa, ni su destreza como teórico y escritor; tampoco se trata de justificar las falacias vertidas contra él durante los Procesos de Moscú de 1936-38, su cruel asesinato (o el de sus hijos) u otros crímenes cometidos. Para mí no se trata de jugar a “trotskistas” y “estalinistas”. Si algún día esto pudo significar algo y la gente pudo morir por ello, hoy no es más que una pelea de bar que divide nuestras propias fuerzas. De lo que se trata es de hacer una modesta reflexión, escrita por un compañero más de los que está cansado de ciertos clichés que ya sólo sirven para perder credibilidad, en eternos debates que no afectan a la vida de (ni interesan a) nadie. Porque un estudio serio y sosegado de la historia acaba por desacreditar el maniqueísmo. Y porque nuestra táctica ahora debe ser el reagrupamiento de las fuerzas anticapitalistas que no se hayan integrado en el sistema.
¿Realmente tenemos un objetivo diferente? A nivel de propuestas concretas y dentro de la izquierda extraparlamentaria, ¿hay tanta diferencia entre los partidos “trotskistas” y los “estalinistas”? ¿No abogan ambos por la construcción de una sociedad lo más democrática posible, que evite repetir los errores de la experiencia soviética, pero que emule sus logros? Si la única diferencia es a nivel de interpretación del pasado histórico (es más, a nivel de conceptualización de dicho juicio: “defectuoso pero aceptable por ser mejor” versus “mejor pero defectuoso e inaceptable”), ¿vale la pena dividirse por ello? Entonces, se me dirá, ¿para qué tratar este tema, por qué hablar de ello? Porque para mí no se trata de callarlo, ni de olvidarlo, ni de “sustituirlo” por otra cosa. Para mí no se trata de matarlos a todos, sino de tragárselos vivos, es decir, de efectuar una superación dialéctica y crítica de ambas tendencias. Como diría Apollinaire, no podemos llevar a todos sitios el cadáver de nuestro padre, pero como diría Gabriel Aresti, de lo que se trata es de que la casa de nuestro padre siga en pie.

La inexistencia de Trotsky

En 1919 Trotsky promulgó el Decreto de Rehenes, ordenando secuestrar a la familia de todo oficial que desertara del ejército. Indignado por el hecho de que no se cumpliera su orden, en telegrama al Consejo Militar Revolucionario de Serpujov, Trotsky insistiría: “la mala conducta o la traición provocará el arresto de sus familias” (aún en 1939, poco antes de ser asesinado, Trotsky seguirá defendiendo el sistema de rehenes en el artículo Su moral y la nuestra). En marzo de 1921 lanzó a 50.000 soldados del Ejército Rojo contra los obreros de Kronstadt, después de que estos se sublevaran contra el Estado socialista al que acusaban, paradojas de la historia, de “burocratismo” (entre sus reivindicaciones estaban la libertad de palabra y de prensa para todos los partidos obreros o anarquistas, la liberación de los prisioneros políticos socialistas, la reactivación de los soviets sin injerencias del Partido, etc.) La represión de Kronstadt se saldaría con centenares de fusilamientos. En el X Congreso de los bolcheviques, celebrado también en 1921, Trotsky propuso la total subordinación de los sindicatos al Estado, el Partido y el Ejército. Es más, ya en su documento Tesis sobre la transición entre la guerra y la paz, había propuesto Trotsky el llamado “comunismo de guerra”, es decir, una militarización total de la población, de modo que el Estado decidiera dónde debía trabajar cada persona, del mismo modo que el Ejército Rojo decidía dónde debía ubicarse cada soldado. En contra de dicha propuesta se creó la Plataforma de los Diez, compuesta, entre otros, por Lenin y Stalin. La propuesta de Trotsky fue rechazada por el congreso, por 336 votos contra 50. En este X Congreso, además, Trotsky votó a favor de la prohibición de las fracciones dentro del Partido Bolchevique.
Los ejemplos podrían ser innumerables. ¿Trotsky antiburocrático? Pero, es más, ¿Lenin antiburocrático? ¿Y cómo se hacía la política entonces? Por ejemplo, cuando se decide firmar la Paz de Brest-Litovsk, ¿se convoca un referéndum para que las masas populares decidan democráticamente? ¿O la realidad es que se reúnen en una mesa siete líderes del Partido y allí lo deciden? Como denunciaron los consejistas (duramente criticados por Lenin, que les atribuía una “enfermedad infantil”), el control obrero sólo tuvo una existencia efectiva en Rusia durante apenas unos meses. Ya en diciembre de 1917 se crea el Vesenkha (Consejo Supremo de la Economía Nacional), compuesto de comisarios políticos y expertos nombrados por el Partido. Un decreto del 3 de marzo establece que en las empresas nacionalizadas se someterán “todas las declaraciones y decisiones del comité de fábrica o de taller, o de la comisión de control, a la aprobación del consejo económico administrativo”. Lenin lo escribirá claramente: “hemos pasado del control obrero a la creación del Vesenkha”. También en marzo de 1918 se promulga la Constitución Soviética, que centraliza el poder en detrimento de los soviets (consejos obreros). Y en el VIII Congreso (1919) Lenin dirá: “los soviets que, según el programa, son órganos de gobierno por los trabajadores, son en realidad órganos de gobierno para los trabajadores, ejercido por la capa avanzada del proletariado y no por las masas trabajadoras”. Como escribió John Reed, “A pesar de la autonomía local, los decretos del comité Central Ejecutivo y las órdenes de los delegados son válidos para todo el país”. Por lo que respecta al pluripartidismo, todavía en marzo de 1922, Lenin escribía en el Informe político del Comité Central al undécimo congreso del Partido que “las manifestaciones públicas de menchevismo son penadas con la muerte por nuestros tribunales” (por no hablar de la represión contra los anarquistas, que puede consultarse en Vsevolod Volin). Rosa Luxemburgo fue muy critica con la recién acontecida Revolución Rusa, escribiendo que “esta dictadura debe ser obra de la clase y no de una pequeña minoría que dirige en nombre de la clase”, porque “ahogando la vida política en todo el país, es inevitable que la vida en los soviets mismos esté cada vez más paralizada. Sin elecciones generales, sin libertad ilimitada de prensa y de reunión, sin lucha libre entre las opiniones, la vida se muere en todas las instituciones públicas, se convierte en una vida aparente donde la burocracia es el único elemento activo”. Vale la pena recordar que Rosa Luxemburgo murió en enero de 1919, es decir, casi una década antes del acceso de Stalin al poder. Una línea parecida defendería por esas mismas fechas la Oposición Obrera, encabezada por Alexandra Kollontai. ¿Y qué hay de la disolución de la Asamblea Constituyente Rusa, en enero de 1918, tras haberse convocado unas elecciones el 12 de noviembre anterior que perdieron los bolcheviques (Socialistas Revolucionarios, 17.100.000 votos y 380 diputados; Bolcheviques, 9.800.000 y 168 diputados)?
Desde luego, todas estas medidas han de verse en su contexto. Es más, probablemente la mayoría de ellas fueran decisiones acertadas y, por desgracia, necesarias. Pero una cosa es decir que quizá fueran necesarias, y otra muy distinta decir que eran buenas en sí mismas. Lo que no se puede hacer es manipular la historia, como si antes de 1924 (fecha de la muerte de Lenin) la Unión Soviética fuera un paraíso y desde entonces un infierno. De hecho, en todas las líneas de fuerza lo que existe es continuidad, tanto en las luces como en las sombras, y el mito del “corte de 1924” es una completa arbitrariedad carente de rigor. Es probable que mis palabras dejen estupefactos a aquellos que se han acostumbrado a cierta manera de razonar (de no razonar, quiero decir), según la cual si eres partidario de un régimen, debes justificar todas y cada una de sus acciones, negando todos aquellos aspectos que sean negativos o incluso cuestionables. También puede ser que otros se estén dando cuenta de cosas que jamás se habían planteado. No es una cuestión de inteligencia; ni siquiera de erudición. Sencillamente se trata de promover que, en nuestras organizaciones, los militantes piensen por sí mismos, en lugar de enseñarles una retahíla que han de repetir como borregos. Por lo demás, admito estar haciéndole el debate a los sectores atrasados de estos movimientos, que (nadie lo niega) cuentan con teóricos de altura, pero ¿para qué debatir en las alturas, mientras la formación media de los militantes perpetúa el estilo de cliché, el divisionismo y los falsos debates, imposibilitando, como decimos, la generación de una alternativa que a la gente de la calle le suene creíble?

Otros mitos sorprendentes

Hay más mitos: por ejemplo, el mito de la identidad entre Lenin y Trotsky. La realidad, avalada por toda la historiografía solvente sobre el periodo, es que Lenin y Trotsky mantuvieron un fortísimo antagonismo político durante años. En Nuestras tareas políticas (1904) Trotsky rechazó la concepción del partido que propugnara por Lenin en su obra de 1902 Qué hacer. Para Trotsky, Lenin era “el dirigente del ala reaccionaria de nuestro partido” y su concepción del partido suponía un “sistema de sustitución política” de la clase obrera. No en vano Trotsky era en aquella época un dirigente de los mencheviques. No estoy, además, descontextualizando ninguna frase, porque esa obra entera, al igual que el Informe de la delegación siberiana (también de 1904), son furibundos ataques contra la política de Lenin. Pero todavía en febrero de 1917, Lenin afirmaba, en carta a Inés Armand, lo siguiente: “¡Así es Trotsky! Siempre fiel a si mismo, se revuelve, hace trampas, finge ser izquierdista y ayuda a la derecha cuando puede”. Y en la última carta al congreso de Lenin, que se ha venido considerando su “testamento político” (a pesar de que Trotsky estuvo tan interesado como Stalin en que no saliera a la luz), Lenin (que ante todo -y deberían tomar nota nuestros particulares “chiitas y sunnitas”- trataba de evitar una escisión en el partido) afirmaba que Trotsky estaba “demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos”. Paradójico en quien se ha considerado a sí mismo el paladín de la lucha antiburocrática; aunque no tanto si consideramos, como Otto Rühle, que “Trotsky no quiere reconocer que él fue uno de los fundadores de la burocracia rusa”. Lo que queda claro en ese “testamento” es que, para Lenin, ninguno de sus sucesores está a la altura de las circunstancias. Eso por no hablar de las agrias diferencias entre Lenin y Trotsky acerca de la Paz de Brest-Litovsk, que Trotsky se negaba a firmar (a pesar de la promesa de los bolcheviques a las masas: darles “paz y pan”).
También es un mito que realmente existieran diferencias políticas entre Trotsky y Stalin durante los años 20. La crítica literaria actual considera que la tradicional (por ejemplo Menéndez Pelayo) se equivocaba al considerar que el culteranismo de Góngora y el conceptismo de Quevedo eran dos tendencias opuestas; como aclara Blecua, en realidad estamos ante una falsa dicotomía, porque, aunque sus cabecillas se odiaran mutuamente, son movimientos afines y con raíces compartidas. Algo similar ocurre con el trotskismo y el estalinismo. La escenificación de una supuesta polémica entre “socialismo en un solo país” y “revolución permanente” no resiste un análisis crítico. Dada la derrota de la revolución alemana, no existían más que dos posibilidades: o acometer la construcción del socialismo en la URSS, o enviar al Ejército Rojo a imponer el socialismo pisoteando Europa. Si Trotsky no proponía esto segundo, ¿era sencillamente un derrotista? Es sorprendente que nadie conteste nunca a esta sencilla pregunta, pero obviamente se trata de una falsa dicotomía: se puede compatibilizar perfectamente la construcción del socialismo con una política internacionalista y revolucionaria.
Más tarde, Trotsky compilará sus ideas en La revolución permanente (1930), afirmando, por ejemplo, lo siguiente: “Un país colonial o semicolonial, cuyo proletariado resulte aún insuficientemente preparado para agrupar en torno suyo a los campesinos y conquistar el poder, se halla por ello mismo imposibilitado para llevar hasta el fin la revolución democrática”. No sólo es una frase derrotista, dogmática y etapista (¿no culpaban a Stalin de eso?), sino que, además, si esta es la teoría de la revolución permanente, la misma historia del siglo XX le quita la razón. De hecho, todas las revoluciones, no ya democráticas sino en muchos casos incluso socialistas, que se han producido desde la escritura de este texto hasta la actualidad se han dado en países coloniales o semicoloniales (Yugoslavia y Albania, 1945; Corea del Norte, 1948; China, 1949; Bolivia, 1952; Cuba, 1959; Argelia, 1962; Vietnam, 1975; Nicaragua, 1979... y podríamos incluir el Chile de Allende y la Venezuela de Chávez), siendo protagonizadas no por el proletariado industrial (inexistente o insignificante en esos países, y en la mayoría de los países del mundo), sino por el campesinado (con frecuencia organizado en guerrillas). Si como Marx en la Crítica del programa de Gotha pensamos que “cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas”, ¿a quién creer, a nuestros ojos, o a un libro escrito hace 8 décadas?

Separar la paja del grano

Sin embargo, así nos va. La historia se analiza ad hoc, porque cada cual intenta justificar a su personaje histórico favorito. Si Stalin (en lugar de Lenin) hubiera propuesto la NEP, el trotskismo diría que las concesiones al capitalismo de la NEP suponían una traición a la revolución. Como fue al contrario; como lo que hizo Stalin fue detener la NEP para colectivizar y planificar toda la economía, se quejan de que esta colectivización fuera forzosa. Por activa o por pasiva, la conclusión ha de ser siempre la misma, porque está prefabricada. Sin embargo, Trotsky proponía exactamente lo mismo: colectivizar, sin haber especificado en ninguna parte que dicha colectivización debiera hacerse de manera sólo voluntaria. Por tanto, las acciones de Trotsky, aunque fueran extremadamente represivas o burocráticas, se justifican como necesidades impuestas por las durísimas circunstancias (la guerra civil, por ejemplo); y no les falta razón al hacerlo. Sin embargo, se actúa como si las circunstancias de la época de Stalin fueran una especie de idilio, a pesar de que estas circunstancias supusieran la mayor colectivización de toda la historia humana y una de las mayores invasiones también de toda la historia (que acabaría provocando 25 millones de bajas soviéticas). Sin el menor rigor metodológico, se afirma que todo lo bueno es gracias a la economía planificada, y todo lo malo por culpa de Stalin. A pesar de que el burocratismo existía antes y existiría después de Stalin, se denomina a este fenómeno “estalinismo”, término del que, además, se abusa de manera simplista para referirse a todos aquellos comunistas que no sean trotskistas. De hecho, cuando cae la URSS en 1991, se corona a Trotsky como el profeta o futurólogo que supo preverlo. ¿No se equivocaba por un siglo entero de revoluciones encabezadas por el campesinado de países semicoloniales, pero acierta cuando la URSS cae en el 91?
Lo peor de esta manera de enfocar las cosas, de este marxismo anquilosado, es que impide separar la paja del grano, e imposibilita hacer la crítica seria que en efecto necesitamos y que, aun reivindicando con orgullo los logros del socialismo, debe hablar del cambio de paradigma que no se dio en la Unión Soviética y que en el futuro sólo podrá darse tomando ejemplo lo que los revolucionarios latinoamericanos denominan Poder Popular.

Contra la cita descontextualizada

Hasta aquí he hablado de la forma de entender el marxismo que considero inoperante y estéril. Trataré ahora de oponer una alternativa, exponiendo qué es lo que yo defiendo.
Esta forma de entender el marxismo mitifica y rehúye el análisis concreto de la circunstancia concreta, apostando por repetir fórmulas del pasado y hacer un calco mimético de la experiencia rusa, incluso aunque estemos ante circunstancias históricas o geográficas completamente diferentes. Algo así como ponerse un abrigo de pieles en pleno verano sevillano porque, de estar en Rusia, sería necesario. Como diría Salvador Allende, cada país tiene su propia vía al socialismo. Pero la izquierda del Estado español, quizá excluyendo a la izquierda abertzale (véanse para ello los análisis de Euskal Herriko Komunistak), sigue teniendo cierta tendencia a la escolástica.
Cada secta esgrime su cita descontextualizada para justificar su política. Pero todo el mundo sabe que con un poco de tiempo y habilidad pueden buscarse citas al uso de Marx o Lenin para justificar algo o lo contrario. Si estás a favor del Frente Popular, acudes a La lucha de clases en Francia, donde Marx defiende la posibilidad de una alianza del proletariado con sectores de la burguesía, para derrotar a la aristocracia alemana. Si estás en contra, encontrarás, y además en la misma obra, que Marx rechaza toda alianza de clase cuando habla de Francia, porque allí ya se ha hecho la revolución burguesa. Si quieres justificar la apuesta por Comisiones Obreras, descontextualizas La enfemerdad infantil del izquierdismo en el comunismo, de Lenin; si te opones a ella puedes aludir al análisis sindical del II Congreso de la III Internacional Socialista (o a la misma creación de Comisiones Obreras, en detrimento del sindicato vertical OSE). Falta siempre un conocimiento operativo de las obras de Marx, Lenin y otros, que implica asimismo el conocimiento exacto de las coyunturas políticas concretas en que dichas obras fueron concebidas, así como la consideración del marco desde el que partimos nosotros. Todo esto se sustituye por el fetichismo de la cita descontextualizada que preside análisis y textos, en una batalla de frases infantil y paternalista que no invita a pensar por uno mismo.

Cambiar lo que deba ser cambiado

En mi opinión, debemos tomar de cada autor lo que nos interese: de Trotsky, de Stalin, de Mao, de Althusser, de Mandel, de Gramsci, de Mariátegui, de Rosa Luxemburgo, del Che Guevara (e incluso de autores anarquistas, como Malatesta)... O los aceptamos a todos, o buscamos figuras más incluyentes, que no dejen fuera a la mitad de los comunistas. No se puede predicar “la unidad de los comunistas” de otro modo. Debemos aprender de todos ellos y de muchos más, pero siempre enfrentándonos a nuestra realidad concreta. Sobre todo, debemos efectuar una reapropiación crítica del marxismo, con el objetivo irrenunciable de la colectivización de los medios de producción. No es eso lo que hay que superar; sin embargo, cada uno de los líderes de cada una de las revoluciones socialistas han efectuado una reapropiación crítica de sus predecesores.
Superar es adaptar las tesis fundamentales del marxismo a las nuevas circunstancias. De no haber superado a Marx (o, al menos, a la lectura de Marx que efectuaba su tiempo), Lenin no habría podido hacer ninguna revolución en Rusia; habría adoptado la tesis del introductor del marxismo en Rusia, Georgi Plejanov, según la cual había que esperar a que se produjera un desarrollo capitalista, a que surgieran las “condiciones objetivas” (un proletariado industrial moderno), etc. Tomando las obras más divulgadas, esa era efectivamente la tesis más marxiana, la más apegada a la doctrina del barbudo alemán (aunque en rigor, el propio Marx de la vejez, por ejemplo en 1882, fecha de su prefacio a la edición rusa del Manifiesto comunista, ha superado ya al joven Marx, economicista y etapista, de 1848; y admite, ahora sí, la posibilidad de una revolución en Rusia antes que en los países industriales). Más allá de Plejanov, Lenin le dio la vuelta a determinados aspectos de este primer marxismo economicista en El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899), donde expuso la “teoría del eslabón más débil”, que trataba de demostrar la probabilidad de que la cadena del imperialismo se rompiera no por Alemania, sino por el eslabón más débil: Rusia. También matiza de manera importante la tesis marxiana de la “autoemancipación del proletariado”, arguyendo en el ya aludido Qué hacer lo siguiente: “Los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde fuera. (...) La clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos”, si bien años más tarde aclarará que exageró esta postura porque la polémica con los economicistas le obligaba a hacer excesiva fuerza en esa dirección, como para enderezar un bastón torcido. Tal vez el concepto de autoemancipación en Marx sólo pueda comprenderse correctamente como una afirmación a una escala histórica, superior; con todo, es innegable que el leninismo refuerza la importancia del factor subjetivo.

El marxismo como creación heroica

Si Lenin supera a Marx (o a “cierto” Marx), nosotros debemos superar a Lenin y superarlos a todos, como ya hemos dicho. Marx defendía que la ideología está condicionada por los límites de cada época. Aplicando la metadialéctica, el propio Marx está condicionado por su época: el siglo XIX, la época del positivismo. Marx comete un craso error: el eurocentrismo. Como recordaba en un artículo reciente el comandante de las FARC-EP Jesús Santrich, comentando el libro de Nestor Kohan Marx en su (tercer) mundo, Marx hizo un análisis muy deficiente de la figura de Simón Bolívar, atacando al Libertador por haber emancipado a Latinoamérica del imperialismo... un imperialismo que habría acelerado la llegada de la etapa capitalista, la creación de un proletariado industrial y, por tanto, el socialismo. Por no hablar de Engels, que festejó así la conquista de California por parte de EE UU: “Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. (…) ¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían que hacer con ella?”
Hay que ser dialécticos, hay que renovar el marxismo constantemente; el marxismo no puede sonar a una cosa muy vieja llena de polvo. El comunismo debe ser un movimiento teórico-práctico en constante cuestionamiento de sí mismo. Como dijo Mariátegui, “el socialismo latinoamericano no debe ser calco ni copia, sino creación heroica”. El europeo tampoco, añadiríamos nosotros. Hay que superar el eurocentrismo, el dogmatismo, la deshistorización, la pedagogía de la repetición, el sectarismo, la cita mecánica, la extrapolación de experiencias... Para ello, propongo leer a aquellos autores renovadores del marxismo, que practican un marxismo abierto, antidogmático, adaptado al mundo actual, como Nestor Kohan, Carlos Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero, Santiago Alba Rico, Slovaj Zizek, Terry Eagleton, Marta Harnecker (que ha sabido evolucionar desde el DIAMAT hacia el marxismo abierto), James Petras, Carlo Frabetti, Iñaki Gil de San Vicente... Podemos diferir en muchas cosas; aprovechar otras; pero, al menos, estaremos creando, estaremos pensando nuestra propia realidad... en lugar de repetir fórmulas del pasado.

Contra el monoazulismo quijotesco y la vanguardia

Sin este enfoque renovador, antidogmático; sin este comunismo del siglo XXI es imposible comprender experiencias como la Revolución Bolivariana de Venezuela o el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, sencillamente porque son espacios antiimperialistas que permiten crecer y acumular fuerzas para la lucha por el socialismo; procesos de integración que nos interesa que avancen, aun con sus contradicciones o peculiaridades. De ahí que los sectores más ortodoxos del trotskismo y el estalinismo no comprendan la necesidad de apoyar estos procesos sociales.
El marxismo anquilosado nos lleva al obrerismo monoazulista (calco quijotesco de Marx; enfoque que, en el mundo actual, deviene irreal y que, además, pasa por alto que casi todas las revoluciones socialistas han sido campesinas) y al vanguardismo (calco no menos quijotesco de Lenin, que lleva a las organizaciones comunistas a disputarse la dirección de los movimientos, dinámica que acaba por destruirlos). Debemos, por un lado, participar en los movimientos sociales, no sólo en el movimiento obrero; y, por otro, poner nuestras organizaciones, su capacidad logística y su experiencia organizativa al servicio de las luchas, en lugar de intentar liderarlas.
Por otra parte, ceñirse a un solo autor, dividirnos por matices, puede ser una necesidad en otras circunstancias históricas; pero en una situación de extremo repliegue, de subsunción real en el capital, sólo nos lleva a la ridícula sopa de letras que describimos al inicio de este escrito, situación más propia de los Monty Python que de la realidad misma.

Conclusión

No se trata, en suma, de unirse con quien sea y para lo que sea. Se trata de identificar la verdadera brecha, que no es entre trotskistas y estalinistas, sino entre los que deciden pactar con el sistema y entre quienes deciden (quienes decidimos) romper toda colaboración con el mismo. Se trata, además, de saber identificar cuál es nuestro papel aquí y ahora, lo que supone una superación dialéctica, crítica y creativa del legado teórico de los clásicos del marxismo. Se trata, por último, de renunciar a la jerga, a todo ese caudal de terminología decimonónica que sólo consigue espantar y que jamás podrá encajar en el mundo subjetivo del ciudadano medio. Sólo así, y en el seno del movimiento obrero y de los movimientos sociales, podremos reconstruir unos hábitos de actuación política que dejen de dar la impresión de una disputa extraña, sectaria y marginal; que resulten creíbles para cualquiera, para la gente de a pie. De lo contrario, nos arriesgamos a que el comunismo se convierta en algo parecido a lo que el Macbeth de William Shakespeare afirmaba acerca de la vida: “it is a tale, told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing”.

(*) El título es nuestro

lunes, 17 de noviembre de 2008

Socialismo conservador o burgués

En la parte III del Manifiesto del Partido Comunista (ese 'panfleto genial' al decir de un columnista del diario 'El País') hay un capítulo dedicado a lo que llaman Marx y Engels 'socialismo conservador o burgués'. Conviene reflexionar, en estos tiempos de crisis, sobre las palabras de estos pensadores. Lo decimos porque, en parte, es una postura que mantienen hoy en día muchos de los admiradores del Obama y de los burgueses que esperan algo (ilusorio creemos) de la reunión que acaba de realizar el grupo de los 20 a la ha asistido el presidente Zapatero.

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EL SOCIALISMO CONSERVADOR O BURGUÉS

Una parte de la burguesía desea remediar los males sociales con el fin de consolidar la sociedad burguesa.

A esta categoría pertenecen los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que pretenden mejorar la suerte de las clases trabajadoras, los organizadores de la beneficencia, los protectores de animales, los fundadores de las sociedades de templanza, los reformadores domésticos de toda suerte. Y hasta se ha llegado a elaborar este socialismo burgués en sistemas completos.

Citemos como ejemplo la "Filosofía de la Misería" (*), de Proudhon.

Los burgueses socialistas quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna, pero sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas. Quieren perpetuar la sociedad actual, pero sin los elementos que la revolucionan y descomponen. Quieren la burguesía sin el proletariado. La burguesía, como es natural, se representa el mundo en que ella domina como el mejor de los mundos. El socialismo burgués elabora en un sistema más o menos completo esta representación consoladora. Cuando invita al proletariado a realizar su sistema y a entrar en la nueva Jerusalén, no hace otra cosa, en el fondo, que inducirle a continuar en la sociedad actual, pero despojándose de la concepción odiosa que se ha formado de ella.

Otra forma de este socialismo, menos sistemática, pero más práctica, intenta apartar a los obreros de todo movimiento revolucionario, demostrándoles que no es tal o cual cambio político el que podrá beneficiarles, sino solamente una transformación de las condiciones materiales de vida, de las relaciones económicas. Pero, por transformación de las condiciones materiales de vida, este socialismo no entiende, en modo alguno, la abolición de las relaciones de producción burguesas -lo que no es posible más que por vía revolucionaria-, sino únicamente reformas administrativas realizadas sobre la base de las mismas relaciones de producción burguesas, y que, por tanto, no afectan a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo únicamente, en el mejor de los casos, para reducirle a la burguesía los gastos que requiere su dominio y para simplificarle la administración de su Estado.

El socialismo burgués no alcanza su expresión adecuada sino cuando se convierte en simple figura retórica.

¡Libre cambio, en interés de la clase obrera!. ¡Aranceles protectores, en interés de la clase obrera! ¡Prisiones celulares, en interés de la clase obrera! He ahí la última palabra del socialismo burgués, la única que ha dicho seriamente.

El socialismo burgués se resume precisamente en esta afirmación: los burgueses son burgueses en interés de la clase obrera.

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(*) Marx llegó a escribir un libro titulado 'Miseria de la filosofía' refutando estos conceptos

martes, 21 de octubre de 2008

Marx y Engels salvando al Capital

Leído por ahí esto:

Las arenas movedizas de las 'subprime' se tragaron el imperio.
Ignacio Escolar
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Y han recordado a Marx y Engels:

"Así que después de todo, Marx tenía razón cuando afirmaba en aquel genial panfleto que fue su Manifiesto del Partido Comunista (1): 'El Gobierno del Estado moderno no es más que el comité de administración de los negocios comunes de toda la clase burguesa'. Todos los conceptos de esta frase escrita hace más de siglo y medio han recuperado su brillo a la luz de los recientes acontecimientos. Gobierno del Estado moderno/comité de administración/ negocios comunes/clase burguesa: nada falta, nada sobra. Ahí se encierra buena parte de la sabiduría política de nuestro tiempo. Lástima que la hayamos olvidado.
Santos Juliá
*
¿Se habrá vuelto este historiador un socialista revolucionario, un marxista leninista?...
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Todos los síntomas apuntan a un desplome económico que será feo, brutal y largo.
Paul Krugman, premio nobrel de economía
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La posibilidad de que este frenazo se supere pronto son virtualmente nulas.
Idem
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La injusta omisión parece haber condenado sin remisión la africanía o patrimonio cultural afroiberoamericano no ya a su invisibilidad sino nada menos que a su supuesta inexistencia.
Luis Beltrán
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La política franco-colombiana sostuvo por activa y por pasiva que es firme partidaria (Ingrid Betancourt) de dialogar con los terroristas (FARC) para favorecer una salida negociada a su actividad violenta. No lo dijo solo con respecto al caso concreto de Colombia sino en general. Es más: terminado su discurso, aclaró, de manera explícita y por si cabían dudas, que su criterio abarcaba también a España, a Euskadi y a ETA.
Javier Ortiz
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No me fio de Obama. Es árabe.
Mujer en un mitin de McCain
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Después de Lázaro, mi resurrección es la más espectacular de la Historia, declaró, con respecto al éxito de su partido en la elecciones austriacas, el lider neonazi Jorg Haider. Luego se mató con su coche, quizás con la esperanza de una nueva resurrección.
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El cartero de la historia pasa factura. Del neoliberalismo que defendían, pasando por la sumisión incondicional a Bush que practicaban (los del PP) no quedan ni las raspas. La Casa Blanca se les ha caído encima.
López Agudín
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La banca sigue ganando más pese a la crisis. Sus beneficios han llegado a 22.400 millones de euros en 9 meses. Y ahora por si acaso el estado le inyecta más dinero. La política la hacen ellos. Para eso pueden. Los demás, somos paganos espectadores.
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Una fotografía:
La habrán visto por ahí. Eran los actores activos de la crisis. Los mediáticos. Los banqueros. Reunidos con el presidente Zapatero. Repantingados en sillones y sofás. Bajo sus pies moqueta bien mullida. Para amortiguar sus dolorosas inquietudes y zozobras. Luz clarísima. Indirecta. Al fondo el arte los contempla desde las paredes. Parecen decir: ¡Pobrecitos! ¡La que les viene encima!
¿Faltaban algunos actores de la crisis? Si. Los parados y otros paganos. Pero esos... no cuentas para la cuenta de resultados.
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Hemos leído sobre 'el modelo intervencionista' que, dicen, es temporal y subsidiario. Queremos entender que será permanente; es decir: cuando los ricos se vean con la soga al cuello acudirán (lease a robar) a las arcas publicas para salvarse.
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Y luego también leímos: "el dogma de la contención en el gasto público se hace ahora elástico para financiar los planes de rescate".
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Y ha vuelto a citar a Marx Santos Juliá:

"la decadencia de la República Imperial, que algunos vaticinaban como un eslabón más de la inexorable ley del auge y la caída de los imperios, tiene su origen en el olvido de la regla de oro del capitalismo enunciada por Marx: el Gobierno del Estado como comité de gestión de los negocios comunes"

Como podemos apreciar, Santos Juliá no se ha vuelto socialista revolucionario, ni marxista, ni leninista, se acuerda de Marx y de su Manifiesto Comunista, ese panfleto genial como el dice, simplemente para salvar al capitalismo, para mostrarle la manera de salvar su crisis, no para destruirlo, como Marx y Engels enseñaban a la clase obrera (2).

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(1)Escrito por C. Marx y F. Engels

(2)Porque el Manifiesto del Partido Comunista termina así:

En resumen, los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente.
En todos los movimientos ponen en primer término, como cuestión fundamental del movimiento, la cuestión de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos desarrollada que ésta revista.
En fin, los comunistas trabajan en todas partes por la unión y el acuerdo entre los partidos democráticos de todos los países.
Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente.
Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista.
Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.

¡ PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIOS !

jueves, 2 de octubre de 2008

Iswe Letu: Ante la crisis, nos tienta la Revolución

Nos tienta la Revolución.

Somos millones. Asistimos de espectadores a una de las crisis periódicas del capitalismo, que ya mentara Marx (D. Carlos), que no hemos provocado. Así mismo, fuimos testigos, hace pocos años, de una guerra que, obviamente, no originamos. Y hasta la encontramos hermosa, con sus fuegos de artificio y todo. Eso si, nos ocultaron los cadáveres y los heridos, el dolor y el llanto. Como ahora apartan las angustias de la crisis en millones de personas que no llegan (no llegamos), apenas. a fin de mes con los dineros, que sudan (que sudamos) la gota gorda y negra para pagar las hipotecas de casa, coche, muebles... Y, encima, tienen (tenemos) que comer todos los días.

Hemos dicho que somos espectadores, porque lo somos, de las idas y venidas de los culpables de esta crisis, de los cierres o quiebras de bancos, de como unos se engullen a otros, oímos las alternativas para evitar esos sobresaltos, escuchamos, atónitos, como maniobran, descaradamente, para sacarnos (robarnos) el dinero de nuestros bolsillos, ya de por si, estilizados y exíguos, con el fin de salvarse ellos (los ricos del mundo) de una crisis que han parido. Y nos quedamos parados ante esa monumental rapiña.

Si, somos espectadores. Estamos paralizados. Y nos gustaría deciros, y decirnos, con palabras del gran poeta Aimé Cesaire: "Guardaos de cruzar los brazos en actitud del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar de dolores no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza".

Nos tienta la Acción (por eso escribimos), porque, efectivamente, la crisis y su cortejo de angustias, dolores, gritos, no es una escena circense; más, para ser actores de esa Acción, necesitamos un bagaje ideológico, organización, un programa, armas... que no tenemos; aun así, lo repetimos, nos tienta la Acción, nos atrae la Revolución, nos concita la Rebelión, nos zarandea la Protesta...

De momento, solo poseemos la Rabia. Y algunas alternativas o soluciones, ante lo que se avecina, como por ejemplo: nacionalización de los bancos y grandes empresas para que, así, sus depósitos sirvan a pequeñas y medianas empresas, a los trabajadores asalariados, al pueblo en general; pero no nos quedamos ahí, sino que abogamos porque los culpables sean juzgados y castigados con cárcel, y allí se pudran.

Tenemos que reconocer, eso si, que, esto, huele a 'rancio' socialismo revolucionario, a comunismo. Pues si, abogamos por ese 'rancio' socialismo y comunismo. Rancio, claro, para ellos, para los mandamases del orbe que manejan el cotarro a su servicio y que, seguramente, agitarían estas alternativas como si se fuera cernir sobre los trabajadores el fantasma de la expropiación de toda propiedad; nada más cierto: de lo que se trataría es de que, este socialismo o comunismo, revolucionarios, les quitaría esas angustias de finales de mes, del miedo al paro, al hambre, viéndose libres de la coyunda del capital.

En fin, ha habido algunas tímidas manifestaciones de protesta en contra de ese enorme ladronicio que quieren perpetrarnos. Poca cosa. Por ahora. Tal vez, quizás, a lo mejor, se vaya extendiendo, por la aldea global (de la que nos hablan), esa tendencia revolucionaria, esa inclinación a la rebelión, esa protesta contra el poder establecido... que ahora nos tienta a nosotros.

De momento, solo somos espectadores dolientes ante esas idas y venidas de los provocadores de esta crisis. Millones de espectadores los miramos. Miles de millones. Por el contrario, ellos son unos pocos. Algo es algo. Alguna conclusión sacaremos.

miércoles, 1 de octubre de 2008

La editorial VOSA, se cierra. La Vanguardia... se va.

Un titular muy significativo


Leemos por ahí que la editorial VOSA (Vanguardia Obrera, SA) clausura sus actividades, es decir: deja de publicar. Debe de ser la crisis que la ha derrotado. Pensábamos que la vanguardia era inmune a esas contingencias. Pues no, la otrora Vanguardia Obrera hecha de acero bolchevique se ha derretido como mantequilla.

Ahora, precisadamente ahora, cuando más caminos había que alumbrar, veredas que señalar o atajos que desbrozar, se va. Cierra. Fin.

Mientras arroja la toalla, todos los los ricos del mundo, unidos, toman la consignan de Marz y Engels, esa del Manifiesto Comunista y remedándola gritan: ¡Ricos de todos los países del mundo, uníos ante la merma de vuestros caudales! Y ahí los vemos uniéndose con el objetivo de robar de las exíguas arcas públicas del pueblo trabajador para reponer sus abundantes baúles privados. Están utilizando las instituciones descaradamente a su servicio; más que nada por caridad, porque la caridad bien entendida comienza por uno mismo, es decir: por ellos, por los banqueros...

Bien, pues en este momento de rapiña de los señorones del orbe con los pobres del mundo es cuando la editorial VOSA (Vanguardia Obrera, SA) da por finalizadas sus publicaciones.

En el momento en que, en España, la clase obrera (¿existe aún?) y otras capas pobres comienzan a sufrir los arañazos de la crisis; cuando, además, la justicia, la democracia, la libertad (para mayor gloria de la monarquía herededa del franquismo) empieza a ausentarse brillando en su lugar la ausencia, su vacío, se va nuestra vanguardia; veamos un ejemplo, un solo ejemplo: se ilegaliza Acción Nacionalista Vasca (ANV), Gestoras Pro-Amnistía, Partido Comunista de las Tierras Vascas... lo que quiere decir que se deja sin derecho a voto a decenas de miles (si no cientos de miles) de vascos y vascas... ¡ANV ilegalizado!... ¡Un partido histórico de la lucha antifascista!... Por el contrario están legalizados partidos y organizaciones verdaderamente nazis... ¿El mundo al revés?... No, porque, si al frente del estado tenemos una institución heredada del fascismo, la monarquía, es natural que esos partidos e instituciones estén en paridad con ella y a ella no le molesta.

Es de risa, sino diera pena.

Efectivamente, es de risa sino nos diera pena que cuando más se necesitan las armas se destruyan.

Para los que no lo sepan, habría que decirles que Vanguardia Obrera, SA (VOSA) surgió como editorial en el seno del Partido Comunista de España (marxista-leninista) 'PCE (m-l)', partido, como reza su nombre, de ideología marxista y leninista que fue miembro del FRAP, ese Frente Revolucionario Antifastista y Patriota, surgido en España en la decada de 1960-1970 del siglo pasado, quien, en la medida de sus posibilidades, fue la única organización política que se atrevió a desmantelar, con sus acciones, el estado franquista, según escribió el historiador Pierre Vilar. De ahí el odio que mostraba la prensa que se publicaba en los últimos años del régimen de Franco hacia esa organización; recordamos el titular de una revista, rotulada 'Cambio16', muy importante en esos tiempos: ¡Guerra al FRAP!

Luego, si, la represión dejó titulares, cogió los fusiles y asesinó a cinco militantes antifascistas el 27 de septiembre de 1975. Tres de ellos eran del FRAP.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Hasta la derrota del Capital siempre

Compañero Fidel, hasta la victoria siempre!
Néstor Kohan



Sentimos un poquito de tristeza, ¿por qué no admitirlo? Sin embargo, como alguna vez dijo Julio Antonio Mella, todo tiempo futuro tiene que ser mejor. Las luchas más profundas, las más radicales, las más decididas, todavía no han empezado. O mejor dicho, recién comienzan.

Fidel está enfermo y renuncia. Decisión lúcida y sabia, como siempre. No huye en helicóptero, como el patético presidente argentino De la Rua, derribado por su pueblo en rebelión en diciembre del 2001. No se tiene que ir acusado de corrupción, enriquecido y millonario pero escupido por el pueblo, como tantos otros. No termina escapando en lo oscuro de la noche como los dictadores latinoamericanos, protegidos por el Pentágono y la CIA, con el traje manchado de sangre y los bolsillos llenos de dólares.

Fidel no se rinde. No se arrodilla. No implora clemencia. No se degrada ni se deteriora. Simplemente toma la decisión de renunciar por limitaciones de salud, pero conservando intacto su prestigio político, el cariño y el consenso de su pueblo y la admiración de numerosos pueblos del mundo. Sin el gigante soviético en la espalda, pero rodeado de muchos pueblos del tercer mundo que lo siguen tomando como guía. No es casual que cada nuevo revolucionario, cada nuevo rebelde o cada nuevo presidente que aspira a enfrentar al gigante monstruoso del norte, el de Washington, Virginia y Wall Street, viaja a La Habana para verlo y pedirle consejo. Fidel, ya canoso y entrado en años, es el viejo maestro de las nuevas generaciones de rebeldes.

Desde ese lugar, ganado en la lucha, aconseja, guía, opina y provoca debates incluso generando opiniones que discuten con el maestro o problematizan algunas de sus decisiones. Esa es, precisamente, la misión pedagógica de un buen revolucionario. No fabricar dócil y sumisa apologética ni repetición burocrática de fórmulas sino discusión, reflexión y elaboración colectiva. Nunca calco ni copia. Esa es una de las mejores enseñanzas de Fidel como pedagogo popular (¿Qué han sido sus largos discursos de todos estos años sino pedagogía popular?).

Si tuviéramos que sintetizar el núcleo de su pensamiento político creemos no equivocarnos si lo ubicamos en la ética. El marxismo de Fidel —como el de su entrañable hermano argentino, Ernesto Che Guevara— ha sido y es un marxismo eticista y culturalista. La clave de la historia humana no está en el desarrollo de las fuerzas productivas sino en los valores y la cultura. En todo caso, las principales fuerzas productivas de la historia han sido las fuerzas morales. La Revolución Cubana no se derrumbó, aún sin comida, dinero ni petróleo, debido a los valores, la ética y la cultura.

La “batalla de las ideas” con la que insiste Fidel es otro nombre para lo que Antonio Gramsci ha denominado la lucha por la hegemonía. Todo el pensamiento político de Fidel, su práctica revolucionaria al frente de Cuba durante tanto tiempo, sus discursos y sus escritos, han sido una prolongada y larga marcha por la hegemonía socialista. En esa batalla de las ideas y los valores, la ética ha jugado un papel fundamental. Ya de jovencito, muchos años antes de iniciar la guerra revolucionaria en Cuba, el joven Fidel lo había resumido con una sentencia fenomenal: “el verdadero ser humano no pregunta de qué lado se vive mejor sino de qué lado está el deber”.

Ese es, a nuestro juicio, el núcleo de fuego que ha recorrido como un hilo rojo todo el pensamiento de Fidel a lo largo de décadas, de coyuntura en coyuntura, desde los tiempos de la clandestinidad y la guerrilla hasta los tiempos de estadista, desde la época encendida de la OLAS hasta la alianza coyuntural con la Unión Soviética, desde las guerras de liberación en África y Vietnam hasta la escasez material del período especial.

El deber. No el cálculo mezquino del dinero y el bienestar individual sino el deber. Pero no el deber en abstracto —aquel imperativo categórico de origen protestante, estricto, vacío, ahistórico y genérico, que puede ser llenado con cualquier cosa— sino el deber con un contenido sumamente preciso: la justicia, la rebelión contra el capitalismo, los poderosos y los explotadores, el patriotismo, el internacionalismo, el antiimperialismo, la autoestima popular. ¿Cuál es entonces nuestro deber? Pues...“El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, nos aconseja Fidel.

¿Fue distinto el marxismo del Che? ¿Guevara no planteó que la mayor satisfacción posible para una persona revolucionaria no reside jamás en la búsqueda de dinero sino en sentirse pleno y feliz por haber cumplido con el deber social? ¿Quién influyó a quien? ¿El Che a Fidel o Fidel al Che? Probablemente haya habido una influencia mutua y recíproca. Y en el medio de ambos, la ética de José Martí, el rechazo al “hombre mediocre” de José Ingenieros, el humanismo socialista, todos entretejidos en la perspectiva revolucionaria del viejo barbudo Carlitos Marx y su joven continuador con calva, nuestro amigo Lenin. Eso ha sido Fidel. Ese es Fidel.

Quienes nos hemos considerado y nos continuamos considerando fidelistas (“castristas” nos llaman despectivamente nuestros enemigos), guevaristas y mariateguianos, es decir, marxistas latinoamericanos, vemos a Fidel como un maestro. Aprendemos de su historia y de su ejemplo. Llegó a lograr lo que logró no por haberse sometido a la geoestrategia diplomática circunstancial de un Estado sino por haber confiado en las fuerzas de su pueblo y en sus propias fuerzas. Para triunfar en la Revolución Cubana Fidel no sigue las “directivas” de ningún Estado. Privilegia siempre las necesidades de su propio movimiento popular, con una mirada profundamente latinoamericana e internacionalista. Ese es el camino. Esa es la enseñanza de Fidel que nos guía. Ese es nuestro futuro.

La mejor manera de ayudar hoy a la Revolución Cubana es luchar por la revolución antiimperialista y anticapitalista en nuestros propios países. ¡Cuántos le rindieron aplausos una vez que Fidel triunfó pero lo habían insultado cuando sólo era un insurgente y un guerrillero! ¡Cuántos asisten a cócteles y cenas en nombre de Cuba pero en su momento llamaron a Fidel “aventurero”, “putchista”, “foquista”, “militarista” y muchos otros adjetivos destinados a desprestigiar y combatir las herejías revolucionarias!

No tiene sentido cantar loas apologéticas a las glorias del pasado cuando se visita La Habana (o el sol y la playa de Varadero...) mientras en el país propio se defiende a los empresarios y a los banqueros. Resulta insostenible y esquizofrénico emocionarse frente a un retrato de Fidel o con las canciones de Silvio Rodríguez cuando se demoniza, se insulta y se desprecia a los jóvenes rebeldes que actualmente enfrentan a la policía y a los militares.

La mejor solidaridad con Cuba, con su pueblo, con el futuro del socialismo y con Fidel, sigue siendo la lucha popular. Una lucha contra el capitalismo y por el socialismo que no tiene fronteras.

El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Esa es la enseñanza que nos deja Fidel con su ejemplo de vida. ¡Una vida entera dedicada a la revolución! Cuánta razón tenía también Fidel cuando nos dijo: “nuestro campo de batalla abarca todo el mundo”. ¡Qué impactante actualidad!

Fidel renuncia. Todo el mundo habla y opinará de eso. Los poderosos del imperio continuarán denostándolo desde sus multimedios monopólicos mientras los pueblos seguirán queriéndolo y admirándolo. Aunque su voz no aparezca en los noticieros comprados de la televisión. Pero a la larga, esa noticia dejará de ocupar la atención. Lo que permanecerá, a largo plazo, son las enseñanzas de Fidel. Las banderas de su pensamiento político rebelde y su ética revolucionaria inquebrantable. Esa misma que le permitió mantenerse de pie, sin trastabillar, durante medio siglo frente a la potencia más poderosa de la tierra y de la historia.

Continuar, hoy y en el futuro, las enseñanzas de Fidel y del Che. Ese es el gran desafío para las nuevas generaciones. Dentro de Cuba, poniendo toda la fuerza en profundizar la perspectiva socialista y en combatir el regreso al capitalismo. ¡Pero también fuera de Cuba, en las nuevas batallas que vendrán por un mundo más justo y solidario, el mundo socialista!

Fidel tenía razón. Nuestro campo de batalla abarca todo el mundo y nuestro deber es hacer la revolución. ¿Sabremos estar a la altura de ese deber?

Querido comandante, compañero, maestro y hermano Fidel

¡Hasta la victoria siempre!

Néstor Kohan

(Coordinador de la «Cátedra Che Guevara – Colectivo Amauta» de Argentina y autor del libro Fidel para principiantes)

sábado, 23 de diciembre de 2006

Iswe Letu: Estalin, el hijo del albañil ecuatoriano

Marco Esparza es un albañil ecuatoriano al que le ha tocado la lotería en España. Tiene dos hijos: uno se llama Fabricio y el otro Estalin. Estalin, dijo a la prensa (no Fabricio) que había visto el número por televisión. Tal vez fuera Fabricio el que lo viera, pero la prensa cita a Estalin porque le interesa más. No todos los días se ve a un joven al que han puesto por nombre Estalin. Dice el periodista 'que así se llama' y añade 'con 17 años'. Y es que, para el periodista, no puede tener un nombre más políticamente incorrecto. ¡Llamarse Estalin!, ¡un totalitario! pensará el periodista, ¡sólo a un ecuatoriano podría ocurrírsele!... Además, ¡de la montaña!, que no de la vera del mar, ¡que tienen un vivo gracejo! ¡Nada, que estos emigrantes nos van a traer la influencia marxista-leninista! Y es que, a este periodista y a otras muchas personas, no les cabe en la cabeza que, por el mundo, la influencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre siga viva; y, a Estalin, por ejemplo, haya gente, de entre esas masas de hispanos, qeu no lo vean como un ogro, sino como un gran dirigente de la clase obrera, durante un período de la Historia de la Humanidad. Y sientan orgullo en bautizar a su hijo con el nombre de Estalin. De una manera natural. Porque, seguro seguro que, Estalin, es solo un joven, hijo de un albañil ecuatoriano. Tal vez, el día de mañana, sea un luchador obrero, como Estalin el georgiano, pero hoy por hoy, no os alborotéis, solo es un joven de 17 años. De modo que, dormid tranquilos, tranquilos, ya tendréis tiempo de matarlo si sigue la senda de Estalin. Si se deja, claro.




viernes, 15 de diciembre de 2006

José Mª Amigo Zamorano: 'Los Jacobinos Negros'




Los jacobinos negros:Toussaint Louverture y la revolución de Haití


José Mª Amigo Zamorano (Copiado de la página Web 'Rebelión')


Al ver las imágenes de Sadam Hussein por televisión, convertido, casi, en un mendigo harapiento en aquel zaquizamí, recordé el triste final de Toussaint Louverture y el libro, editado en junio, de C. L. R. James, 'Los jacobinos negros', que lo recuerda. Y siguiendo esta estela de desgraciados gobernantes, caídos en desgracia, recordé a Milosevic. No quiero, yo, meter en el mismo saco a ambos con Louverture. Aunque, puntos de contactos, tienen algunos, en cuanto a sus más y a sus menos con los distintos imperialismos imperantes.

T. Louverture fue en esclavo negro haitiano que, ya con más de cuarenta años, se unió a la rebelión de los esclavos de las plantaciones de Santo Domingo, quienes, a finales del S. XVIII, se sublevaron contra la esclavitud y su inmenso sufrimiento, llegando a ser su jefe indiscutible. Puso, además, las bases para la independencia, como primer estado dirigido por esclavos negros, de Haití; estado que, este año, ha cumplido, precisamente, los 200, en medio de protestas, sangrientas, contra el tirano de turno, Arístides. Toussaint Louverture, atraído con engaños, fue preso, llevado a Francia en la fragata Heros en la noche del 7 al 8 de junio de 1802. Encarcelado en una mazmorra, húmeda y fría, del fuerte Fort de Joux, murió, poco después, el 17 Germinal del año XI (7 de abril de 1803) Es decir, fue asesinado, lentamente, por orden de Napoleón, a cuyas tropas había derrotado, en toda regla, utilizando la misma táctica de guerrillas que los españoles.


Neruda tiene, en su 'Canto general', un poema dedicado a este 'Libertador'. El gran poeta de la negritud, Aimé Cesaire, escribió un ensayo titulado 'Toussaint Louverture. La Revolución francesa y el problema colonial'. Una traducción, al castellano, del mismo, se publicó en La Habana en 1967. Muchos han tratado, en diversos libros, a este personaje. Pero, en fin, habría que destacar, porque estamos en su año y por su cercanía geográfica al cubano Alejo Carpentier -que ya trató en su novela 'El siglo de las Luces' la influencia de la Revolución Francesa en el Caribe- con su 'realismo mágico' en la novelita 'El reino de este mundo'.


Ahora, las editoriales 'Turner' y 'Fondo de Cultura Económica', han reeditado este clásico, 'Los jacobinos negros. Toussaint Louverture y la Revolución de Haití'. Cuando se publicó, en 1938, no podía imaginar nadie, ni siquiera su autor, que se convertiría en un libro de obligada consulta. Como el subtítulo reza, se trata de analizar este personaje dentro de su entorno, Haití y sus luchas contra los esclavistas e imperialistas de aquel tiempo: el Imperialismo Francés, Británico e incluso el Español que dominaba la otra parte de la isla, ya de capa caída.


Pero, ¿por qué, tenían, tanto interés, las superpotencias, en Santo Domingo, que no es una isla muy grande que digamos? : Santo Domingo (hoy Haití), para Inglaterra era dominar el Caribe, sus riquezas y controlar a los EE.UU. nacientes; y para Francia ¡ah, para Francia! ¡era la joya de la corona francesa!; difícil de entender hoy día, habría que decir que "Santo Domingo es, a la economía francesa del S. XVIII, más que toda Africa a la economía francesa del S. XX" (sic Aimé Cesaire ensayo citado) Veámoslo con números: 793 trapiches, 3150 añilerías, 789 algodonerías, 317 cafetales, 182 destilerías de aguardiente de caña, 50 cacaotales y además sus tenerías, tejares, caleras... Aunque tiene otra importancia supletoria: las riquezas que procura a la metrópoli y la influencia en su agricultura y en su comercio. Para mover todo este emporio de riqueza los blancos tenían, sobre todo, a las gentes de color. Gentes que estaban divididas entre: por una parte, los esclavos negros, propiamente dichos; y, por otra, los mulatos, de piel más clara, libres, propietarios muchos de ellos, pero sin derechos políticos. El resto de la población era blanca. Los blancos, a su vez, se dividían entre: grandes blancos (los colonos propietarios de las plantaciones) y pequeños blancos (funcionarios, comerciantes, abogados y otros) No paraban ahí las diferencias: entre las gentes de color, además de negros y mulatos, había toda una gradación: cuarterones, mestizos, marabús, mamelucos, grifos, sacatrás... Hay que decir que, entre los negros esclavos, los del servicio doméstico cocineros, criadas, niñeras, cocheros... constituían un grupo aparte, mucho mejor tratado, que los que trabajaban en las plantaciones. Todo esto, unido a las refriegas de los colonos con la metrópoli; de los colonos con los blancos pobres; de los colonos contra los industriales de Burdeos, Nantes, Marsella; de todos ellos, contra las gentes de color; y de las luchas internas de las gentes de color, da una idea de lo complicado de la situación. Sin embargo, C. L. R. James desentraña el complejo cuadro de rivalidades, a los que se le unía un embrollo mayor: las luchas políticas en la propia Francia y su repercusión en la isla. La burguesía revolucionaria francesa se debatía, dramáticamente, entre los principios de su revolución, inscritos en la Declaración de Derecho del Hombre, y la posible derogación de la esclavitud que le haría daño al bolsillo.

Todo esto, relatado de manera apasionante.

Una obra, que une la extensa información histórica con una visión, de conjunto, propia de una novela en el que Louverture es casi como un personaje de ficción novelesca. El autor, recuerda, al principio, algunas de las tortuosas salvajadas sufridas por los esclavos: hierros en las manos, maderos en los pies, máscaras de latón en la cara para que no pudieran chupar ni una pizca de azúcar, mutilación de piernas, genitales, oídos..., o lanzarles cera o azúcar hirviendo hasta matarlos, o enterrarlos, vivos, en tierra, hasta la cabeza y untarla con melaza para que acudieran los insectos, o colocarlos, de la misma manera, pero cerca de hormigueros, colmenas...

De modo que el lector, curado de espanto, no se sorprende de las salvajes matanzas de blancos en cada revuelta de esclavos. En fin, un libro, excelente, que nos va narrando como sortea Louverture los obstáculos derivados de situación tan compleja, como salva las múltiples complicaciones que le surgen, como se orienta dentro de esa selva de intereses, como barrunta, en sus tratos con el imperialismo, sus tretas y sus trampas, cuáles fueron sus errores, sus debilidades... todo ello lo describe admirablemente, C. L. R. James, alumbrado, sin duda, por los métodos marxistas. Hay que decir, por si alguien no lo sabe, que el autor es considerado, también él, como un clásico: un clásico del marxismo. Esa pugna de intereses, en torno a una colonia, descrita en 'Los jacobinos negros', nos puede servir de marco de referencia para lo que pueda estar sucediendo, hoy, en Iraq o en otros países. Incluso, nos puede servir, a nosotros, en España, para vislumbrar los potenciales conflictos, si antes no lo superamos, entre los aborígenes y los emigrantes que están llegando a España. Luchas entre trabajadores que, intereses inconfesables, pueden fomentar. Allí, Haití, un pueblo pobre y esclavo, demostró, que se puede resistir, e incluso vencer, al imperialismo; de parecida manera, vemos, hoy, en Iraq, que la Resistencia nos está demostrando, a los pueblos del mundo, que, el imperialismo, puede tener los pies de barro.


miércoles, 22 de noviembre de 2006

Pepe Bergamín: Un Señuelo Republicano




Señuelo republicano


Los carrillistas, los carrillistas
se quieren legalizar
porque no tienen, porque le faltan
cojones para luchar.


(José Bergamín en la revista Sábado Gráfico)


Hace unos días ojee, un momento, el órgano del Partido Comunista de España (PCE) quien, como antaño, lleva por rótulo 'Mundo Obrero'. Hacía tiempo que no tenía uno entre mis manos. Ni falta que me hacía. Tiene un elemento nuevo, creo recordar, entre las palabras mundo y obrero: una bandera republicana. ¡Tiene cojones!... después de haber aprobado la Monarquía, después de haber cambiado la bandera republicana por la monárquica, después de esa vergonzosa transición, transición suena a traición... después del pasteleo, como se ven en la cuneta, están buscando votos desesperadamente... Me acordé de un comentario que hacía un internauta, en una página web, debido a la adhesión de este partido a una manifestación por la III República:

--"Después de su traición... ahora nos vienen con estas... ¡qué jeta, se apuntan a todas las movidas!".

Pero lo malo, para él, para el tal PCE, es que nada se va sin dejar huella. Creo que podía terminar con remedo de grito, como en las manifestaciones antifascistas: ¡PCE, carotas, nosotros no olvidamos!

Sobre el artículo de 'Libertad Siete' que se refiere al PCE(m-l)


El anterior artículo sobre la reconstrucción del PCE(m-l) lo comparto casi... todo. Por eso lo he publicado. Hay, sin embargo, un algo con lo que no me siento identificado: el tono de algunas frases. Puedo confundirme. Lo han escrito, según dicen, en la redacción. Es decir, entre varios. Y dos ojos ven más que uno. Citan una farse de Marx que, creo, se refería a acontecimientos de mayor cuantía. Yo no sé si este PCE(m-l) terminará en farsa. Todo puede ser. Ya veremos. Ese algo, tono despreciativo al que me refería antes, se refleja en la frase esa de 'Ese pecé no sé cuántos es la farsa'; 'pecé no sé cuantos', estilo muy del tal Kevin Vázquez, se refiere a este PCE(m-l); y así, de este modo, quieren despreciarlo; pero de puertas adentro no lo desprecian porque sino no hubieran escrito nada sobre él. No se hubieran molestado tanto. Se refieren también a que, los autores de la reconstrucción de este partido, no han leído (en estos 15 años transcurridos sin partido) ni tan siquiera han abierto un libro de Marx. Quieren decir con esto que en 15 años no han aprendido nada. En pocas palabras: están desfasados. Puede ser. Pero se les olvida a los autores del artículo que ellos disolvieron el tal partido (yo, para qué negarlo, ayudé un poco a esa disolución) con la idea de que surgiera otra cosa (no sabíamos qué) a partir de la revista 'Libertad siete'. A los pocos, poquísimos años la 'Libertad esa no sé cuántas' si disolvió en la sociedad 'monarco-fascista' como un azucarillo en agua. Y no hemos construido nada. De modo que ellos y yo mismo tampoco hemos aprendido nada. En cambio 'RM' (iniciales con las que citan a Raul Marco) que era el anterior responsable del PCE(m-l) ha reconstruido su partido. ¿Qué terminará en farsa el tinglado? Muy probablemente. Pero para ser honrados, a cada uno su mérito. O como solía decir el interfecto: cada palo que aguante su vela. Amén.


martes, 21 de noviembre de 2006

La reconstrucción del PCE(m-l)



Comentario previo de la "redacción" recordando aquella frase de Marx tan apropiada: la historia se repite, primero como tragedia, después como farsa. Ese pecé no sé cuántos es la farsa. Quince años después, quince años más tontos, quince años sin abrir un libro (y menos de Marx), quince años sin abrir los ojos.


Firma por la redacción Jesús el Liviano, ya sabeis, el que anduvo sobre las aguas.


Coincidiendo con el trigésimo aniversario de la muerte del camarada Mao Tse-tung ha tenido lugar el congreso de reconstrucción del PCE(m-l).

En la foto oficial de las exequias del camarada Mao se contempla al Comité Central alineado frente al difunto, de cuerpo presente. Si nos fijamos atentamente hay cuatro huecos en blanco. Corresponden a: Wang Jung-wen, Yao Wen-yuan, Chiang Ching (su mujer) y Chang Chun-chiao. La banda de los cuatro. Fueron borrados sin más explicaciones de la foto oficial.

En el escudo del PCE(m-l) ha desaparecido uno de los mancos, el del fusil, por el mismo procedimiento: Borrado sin mas explicaciones. Han dejado al manco del martillo, al de la hoz, la bola del planeta y la estrella de cinco puntas. Rodeando todo el conjunto queda la aureola del patronímico completo: PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA (marxista – leninista).

Bajo el punto de vista de la estética es aceptable, por aligerar un escudo sobrecargado en demasía. Pero no creo que sea esta la causa de su desaparición. La falta de explicaciones tampoco creo que deba interpretarse como: Que cada uno piense lo que quiera. Ni tampoco: Reflexionad y preguntad, yo os contestaré. Más bien: Simplemente no está. Y punto. Como la banda de los cuatro.

En todo caso uno puede preguntarse: ¿Quiere decir que se renuncia a la lucha armada? ¿No habrá conquista del poder por la revolución violenta? ¿Se renuncia a la violencia revolucionaria? ¿El Mauser 98 ha quedado en desuso?

A primera vista, la lectura del Extracto del Discurso de Clausura de RM, te retrotrae a la juventud, de cuando uno tenía veinte años. Es como si no hubiera pasado el tiempo ni las circunstancias que conlleva el paso del tiempo. Ninguna arruga, ningún achaque (ese dolor de espalda), la melena al viento, la trenca, el macuto…

Pero…

Leyendo detenidamente el extracto, y los artículos que lo acompañan, te das cuenta de que hay importantes novedades:

1) Ya hay otros partidos y grupos marxistas – leninistas en el estado español. Estos se encuentran: O bien dispersos o en otras organizaciones y grupos (sic). Esto es una novedad frente al anterior PCE(m-l) que era el único ungido portaestandarte del marxismo – leninismo.

2) Se arenga a la tarea, nada fácil (sic), de construir un solo partido comunista para todo el Estado. Eso sí: Sin bajar la guardia. Porque por doquier se encuentran socialdemócratas y fuerzas oportunistas, (sin dejar de lado a los trotskistas y ácratas) (sic). La novedad consiste en que, de entre todos los demonios, han desaparecido los revisionistas, que antes venían enumerados por su afiliación doctrinal. Así: Carrillistas, pro rusos, titistas, maoístas, castristas, guevaristas,… Eso sí: Los enemigos son muchos, abiertos unos, camuflados otros (sic). Queda claro que el PCE(m-l) no es el único partido comunista… Ya no es lo que era.

3) Se rehabilita a nuestros camaradas (sic): Pasionaria, Lister, Modesto, Uribe... Me imagino al representante del PCPE dando un suspiro de alivio. Y se rehabilita a Joan Comorera. Me imagino el suspiro de alivio de algún grupo de catalanes en la sala (¿Unidad Proletaria?)

4) Se reivindica al FRAP de pasada y en pasado y a nuestros tres cs fusilados en septiembre del 75 (sic), sin sus nombres y perdido su carisma de héroes del pueblo.

El resto del informe os lo sabéis todos de memoria. Desde luego Elena lo hacía bastante mejor.

La insistencia en la construcción del partido comunista, la rehabilitación del revisionismo más clásico y un articulo de Fernández sobre la unidad de los comunistas, me inclina a pensar que lo que este pretende es simplemente colocarse en un espacio más amplio, y con este fin negociar mejor con una sigla completa que con una pamplina. (Luego, parece, que esas siglas son un obstáculo en las negociaciones).

Me remito a la autobiografía de Vicente López Tovar, militante del PCE y creo que del PCE(m-l) (estuvo en su II Congreso), o al menos de Convención Republicana, para la mejor comprensión de la transformación del PCE una vez finalizada la II Guerra Mundial, año 1944. En resumen:

-Se piensa que las potencias occidentales apoyarán un restablecimiento de la Republica en España y el PCE, con la UNE, promueve una gran invasión de las fuerzas guerrilleras por el Pirineo, estimadas en 30.000 o 40.000 guerrilleros. Tovar es coronel de la XV División, la que invade el Valle de Aran. Fracaso total. Las potencias occidentales reconocen a Franco, veladamente primero.

-El cambio de la situación política, lucha armada por lucha política, obliga al PCE a cambiar sus estructuras organizativas: Militares por políticos. Esto que en principio parece correcto, se hizo mediante el aniquilamiento de todas sus estructuras militares: Cuadros, mandos, guerrilleros,… Tovar fue apartado, muchos asesinados. Lister y Modesto, dos buenos militares nada políticos, fueron finalmente apartados. Tanto Tovar como el mismo Lister reconocen que en principio se barajó su liquidación, por orden de Stalin.???

-Los dirección del partido que trabaja en el interior es aniquilada: En una primera etapa Monzón(detenido y expulsado) y Trilla (asesinado por el PCE). En una segunda etapa Semprún (expulsado) y Sánchez Montero (detenido)

-Pasionaria, a todo esto la Secretaria General tras el suicidio? De José Díaz, configura paso a paso la dirección en el exilio que todos conocemos: Claudín (su mano derecha, organizador con ella de las MAOC) y Carrillo, fundamentalmente. La dirección del PCE queda en manos exclusivas del exilio.

Todo esto antes del Revisionista XX Congreso del PCUS. Que todos por cierto aclaman: Pasionaria, Lister, Uribe, Mije, Delicado, Claudín, Carrillo, Semprún,…

A la vejez todos calvos.

Eusebio.

(COPIA DEL BLOG 'Libertad Siete')