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viernes, 10 de febrero de 2012

José Mª Amigo: Descubriendo a Nancy Morejón


Libro: Peñalver 51
Autora: Nancy Morajón
Editorial: Fundación Sinsonte
Zamora, 2009

Peñalver 51. Así se titula este libro de Nancy Morejón. Poetisa cubana. Supimos de esta escritora por una revista que, en tiempos de la llamada Revolución Sandinista, publicaba el Ministerio de Cultura, por aquel entonces comandado por el gran poeta Ernesto Cardenal. Revista cuyo papel aspero y un tanto arrugado parecía ese que se dice de estraza. Llevaba una cuerdecilla para sujetar las páginas. Revista que nos regaló un amigo, un camarada, quien, con una delegación del partido en el que antaño militábamos, acudió a solidarizarse con aquel gobierno revolucionario. 'Poesía Libre' se rotulaba. Revista entrañable. Algunos de cuyos números aun conservamos. El tema de la poesía de Nancy, que mencionábamos mas arriba, era la esclavitud.

Bueno, pues mira por donde, hace poco tiempo, la editorial zamorana Fundación Sinsonte ha publicado este librito. 2009 fue el año. Lo hemos leido varias veces, pues no es facil hacerse con el decir poético de otras latitudes así de repente. No, no es fácil hallarse a gusto con un nuevo estilo. Uno se hace a unas sonoridades y cuando otros acordes arriban al oído a veces raspa el timpano. Ocurre muy a menudo. Pasa como con el vino: se hace a uno y luego cuando nos dan de otras viñas no nos gusta. Contaba un antiguo camarada que, estando en la cárcel condenado por la dictadura franquista, fue a la biblioteca y allí tenían el libro de Marcel Proust 'En busca del tiempo perdido'. De él le habían dicho que no había quien se lo tragara. Efectivamente, comenzó a leerlo y varias veces estuvo a punto de abandonarlo. Pero siguió erre que erre y antes de la mitad del libro consiguió hacerse a su modo de decir terminando por gustarle. Recordamos nosotros a un compañero que era tan aficionado al chiquiteo, es decir a tomar vinos por las tabernas en cuandrilla, y tanto se hizo al vino peleón que cuando, por un azar, alguien pedía un buen vino de Rioja o de Toro o de Ribera del Duero prefería el vino corriente de los bares. Así nos pasó a nosotros con la poetisa cubana: tardamos en cogerle el gusto.

En Peñalver 51 viene un currticulum y una foto de la escritora. Por la foto comprendimos el porqué del tema de la esclavitud. Es negra. Y la inmensa mayoría de los escritores de esta raza tiene a eso, a la esclavitud, quemándole, doliéndole. Lo expresó en verso uno de ellos así: 'Como astilla en la herida'. En Nancy Morejón, sin embargo, le inquietan muchos temas. No es monocorde. Y este libro, muestrario breve de su quehacer, es un ejemplo. La Universidad de Salamanca ha publicado buena parte de sus creaciones. Y es amplia: mas de 20 títulos. Entre ellos: 'Where the Island Sleeps Like Wing (antología bilingüe, 1985); Piedra pulida (1986); Botella al mar (antología, 1997) Elogio y paisaje (1997); Richard trajo su flauta y otros poemas (2000); La Quinta de los molinos (2000); Cuerda veloz (2002); Looking Within / Mirar adentro (2003); Antología poética 1962/2000 (2006). Es Premio Nacional de Literatura 2001, miembro del jurado del Premio Carbet del Caribe, miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua. Así mismo  premio La Corona de Oro de Macedonia, premio Rafael Alberti y la condición de Escritora Gallega Universal. La Universidad Cergy-Pontoise de París le otorgó el doctorado Honoris Causa.

Por lo que nosotros hemos podido sacar, este poemario Peñalver 51 nos deja ver o entrever la humanidad de la cubana. En los primeros poemas (que son los últimos escritos) asoman, sin cendales, las protestas como gritos iracundos contra la guerra de Irak, contra los invasores. Los pájaros heridos, sucios, muertos, las alfombras raidas, la indignación por las muertes de inmigrantes ahogados en el mar cuando, embarcados en pateras, iban a trabajar a un mundo que creían mas justo, son sus imágenes. Y todo se le vuelve negro. Negrísimo. Mas se contraresta con la alabanza y celebración de los logros de la Revolución Cubana. Luego poemas intimistas... Pero mejor que nosotros lo dice la misma autora:

"Peñalver 51 no tiene explicación como no la tiene tampoco un solo poema ni la poesía. Sin ser devota de Lautreamont, digo que la poesía no nos pertenece. Escribo poemas en cualquier circunstancia. Luego los agrupo en familias sin que me importe la marca del tiempo, puesto que en una familia conviven diversas generaciones. Los que quisieron integrar este poemario son tan entrañables como lo es para mi todavía la memoria de mis padres y el espacio de mi primera infancia en el corazón de La Habana... Hay poemas del siglo XXI, de los noventa, de los ochenta y setenta, mientras que el último data de 1964. Como el amor es la flecha que recorre mi vida este poema pone fin a una suerte de cancionaro capitalino, cubano y mío hasta la saciedad".

Para terminar queremos mostrarles un poema. Sin que ello quiera decir que tenga símbolo de preeminencia. 'Momento perpetuo' se titula:

Una mañana de pronto es una noche.
La madera del bosque es de pronto una hoja de papel.
El arroyuelo entre los valles es poco a poco
un océano profundo y azulado.
Una fragua de fuego es mañana, de noche,
una brillante fuente de cristal.

Sobre cualquier desierto grávido
sólo encuentras arenas
únicamente removidas por el viento ligero de los aires.

¿Quién te asegura que no llegará un día
el próspero aguacero?
Tanto se mueven las cosas a tu alrededor.
Hasta tu país cambió. Lo has cambiado tu misma.
No es ya la Isla en el Golfo
reverberando entre cañas
sino reverberando entre fusiles.
El Tiburón, con su espantosa lágrima,
fue arponeado para siempre en la Isla
y la Sardina acude al funeral.

La tierra de la tembladera
no es solo barro contrahecho
sino que continúa su curso,
devoradora de todo lo animado.

Ayer, a pleno sol, el hueso de la muerta
engendró yerbabuena.
Para su ensoñación mejor,
el buey apacentado
lame el estiercol de los gorriones.

Qué fría la luna.
Qué sol fosforesente.

Y el alma, ¿cambiará?
Has de cambiarla tú.
¿Será inhóspito el tránsito?
¿Habrá de ser palpable,
sin una gota de violencia?
Mientras sea la de hoy
siendo con creces la de ayer,
serás la de mañana.
Serás la misma y serás siempre,
al mismo tiempo, otra
la que vive y que muere
para vivir así.

(págians 61, 62 y 63 de 'Peñalver 51')

miércoles, 5 de octubre de 2011

Ramiro Gairín Muñoz, el amor y los pájaros


Gairín Muños, Ramiro
Que caiga el favorito /Ramiro Gairín Muñoz. - Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza, 2011
56 p.: 19 cm. - (La gruta de las palabras; 74)
ISBN: 978 - 84 - 15274 - 10 - 0
821.134.2-1<<19>>
__________
Así, como acaban de leer, viene este librito de poemas. Así de cuidado en el detalle ha visto la luz el poemario de Ramiro Gairín Muñoz. Hasta con ficha bibliográfica y todo. Los bibliotecarios lo agradecerán.

Nos vino por intermediación del amigo Antonio Tejedor. Él nos ha dado a conocer este poemario y a este poeta aragonés. Aunque aun no lo hemos tratado, pero quien sabe...

El librito lo hemos leído varias veces. Se tardan pocos minutos en hacerlo. Empero son necesarias segundas lecturas. Al menos a nosotros que somos de otra generación. Educados en otros gustos. Marcados y conformados por ellos. Gustos que nos rodean como una capa. Pero que no queremos que sea impermeable. Incomunicativa. Queremos empaparnos de otras poéticas para romper esa línea divisoria entre generaciones. Estas palabras son de acercamiento. De diálogo. Hasta con nosotros mismos. Palabras cordiales. Sinceras.

Nuestra intención es hablar, valga el verbo, de un amigo al que acabamos de conocer. No  descubrir y presentar a un poeta genial o mostrar una joya. No. Ni estamos preparados para ello, ni creemos que nadie sepa lo que es eso. Algunos, es cierto, no apean de sus labios eso de 'criterios literarios' cuando son unos sectarios de su peña, grupo o capilla. Pero ni estos sabidillos, ni el resto, puede saber, menos hoy en día, quien destaca o no, cuando hay cientos de poetas que escriben... qué digo cientos... ¡miles! No hay mas que echar una ojeada por la Red. 

Y sin tener estos achiperres para navegar, que los tenemos, en nuestra vida particular hemos conocido a numerosos poetas y tratado a algunos de ellos. Pondremos unos ejemplos: en Euskadi, en la década de los 80 del siglo pasado, conseguimos reunir en una antología a cerca de 80. De esos tuvimos cierto trato con Jorge Oteiza (gran escultor pera también poeta), Luis Mari Mújika, Carlos Aurtenetxe, URKO (cantante y poeta), Julia Ochoa, Juan Kruz Igerabide, Ricardo Ugarte (escultor y poeta), José Agustín Arrieta, Felipe Juaristi. Mas tarde, en Avila, conocimos a Luis Felipe Comendador, un notable poeta salmantino que editaba una revista y sabía de muchísimos con sus direcciones y teléfonos. Un nutrido grupo de ellos se reunieron en Avila para formar una antología, 'Feroces, radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española', edición de Isla Correyeroque editó DVD. De ese entorno conocimos, y tratamos, a José Luis Morante que, además de poeta, es crítico connotado. Tenía una revista en Rivas Vaciamadrid. 'Prima Littera' se rotulaba. Y allí publicó a numerosos poetas. José Luis Morante, profesor de literatura, se ha dedicado en cuerpo y alma a la poesía. Es un pozo de sabiduría en esa parcela. 

Él y Comendador nos hablaron de Antonio Orihuela como muy buen poeta. Otros, así mismo, nos lo han alabado. Desgraciadamente, ni lo hemos tratado ni hemos leído nada de él. Pecado que confesamos. Pero de esa onda, eso tenemos entendido, son 'david gonzáles' (así, con minúsculas se firma, si bien a nosotros nos parece mayúsculo) y Karmelo Iribarren. Y, tirando del hilo, la lista se fue incrementando peligrosamente.

Por aquel entonces leímos en la revista 'Claves de la razón practica' unas cartas entre un miembro de el grupo, secta, peña o capilla poética 'Poesía de la experiencia' luego de la 'Nueva sentimentalidad' (o al revés) y un miembro de otro grupo, corro, banda, secta o capilla 'Poetas de la libertad', o algo así (porque se reunieron en un bar de la calle Libertad de Madrid), sevillano (si mal no recordamos) y ambos se tiraban a la yugular... literariamente hablando... de premios, dinero, fiestas, comidas, becas, viajes pagados, turismo... Solo quedaba proporcionarles un arma para que corriera la sangre envuelta en juergas, cócteles, islas caribeñas, wiskis, putas... Los primeros editaron una antología, '1917 versos' se tituló (si la memoria no nos falla) Jugaban con la fecha histórica de la Gran Revolución de Octubre en Rusia. Eran comunistas o marxistas (no sé, eso decían) y tenían por capitán a Alberti. Y la leímos. Mejor, o peor, para nosotros, pues conocimos a Benjamín Prado, Egea, Salvago... Y siguiendo siguiendo se tejería una hermosa ristra de poetas. Otra. Sin ir mas lejos, en esta 'Gruta de las palabras', donde han sacado el librito que aludimos, hay 74. En ella aparece un nombre, Juan Carlos Elijas al que, en su día, le publicamos algunos poemas y +. Elijas era (o es) del grupo, capilla, cuadrilla, o secta, bautizada Mediona. Cenáculo poetil de Tarragona del que, seguro seguro, podría salir otro porrón de poetas. Si lo unimos a nuestro gusto por poetas revolucionarios latinoamericanos y o poetas africanos y de la 'Negritud'; + los poetas de la revista 'Zurgai' (Bilbao), + la 'Galleta del Norte' + la desaparecida 'Kantil' de Donosti, + 'Aullido', del Sur de Andalucía, de Uberto Stabile (escribimos de memoria y nos podemos engañar) poeta y editor independiente, + 'El Cobaya' de Avila, + la colección de poetas en torno a Juan Gonper, +, cuando homenajeamos a Vicente Aleixandre, los poetas que giraban en su torno: Concha Zardoya, Leopoldo de Luis, José Hierro, Carmina Casala, Antonio Quintana, Antonio Casares, Alejandro Duque Amusco, Pere Ginferrer... innumerables como los mártires de Zaragoza... saldrá de todo estos un bosque de poetas, solo en nuestro terreno particular, personal. Si extendemos la mirada y agregamos los de las lenguas vernáculas de las comunidades 'históricas', + los que han surgido en el resto de las comunidades, + los que escriben para su propio solaz y el de sus amigos, + ... esto se convierte en una selva de vegetación enmarañada en la que nos perdemos como en un laberinto.

De modo que, en este bosque o selva o laberinto, querer hallar joyas y presentarlas, en este escrito, como si fuera notas brillante en pentagrama de oro, sería muy pretencioso por nuestra parte. Y siendo, como somos, aficionadillos, mas estúpido aun. Solo el tiempo podrá a cada uno en su sitio. O el viento, 'excelente cosechero', según León Felipe.

Por lo que, al escribir esto,  solo pretendemos dar la bienvenida a nuestra casa a un nuevo amigo. Desearle que el viento le proporcione un buen vino. Y hablarle de nosotros. Del aire fresco que representa su librito. Mas necesario, si cabe, cuando necesitábamos orear nuestra casa.

Y si, hemos escuchamos con sumo interés lo que nos dice 'Que caiga el favorito'. Quien, con sinceridad, nos habla de su amor, de la mujer amada a la que presenta como 'fresca costumbre de ser simple tormenta, rama tierna' en cita de Octavio Paz. Ella, nos viene a decir, es quien sostiene el vuelo. Y, siendo así, se sorprende de que él haya sido elegido para ocupar su corazón. Se sorprende, porque no va por el mundo, precisamente, destacando, no llega a las casa tocando tambores, ni va por ahí con alharacas, sino que es callado, sencillo, pardo como gato pardo en la noche, uno mas de los 'pobres comedores de manzanas' como nos apodaba Neruda. Pero, en fin, ha tenido la suerte de ser amado. Y lo proclama lleno de gozo. Nos lo dice. Y a los cuatro puntos cardinales de la ciudad para llenarla 'de este amor con el que nos esperamos'. Lo que le inquieta, le da algo de miedo, es que que pueda apagarse, que 'el estar lejos no estés aquí', que deje de arder, como hoy, en el cristal del tiempo. Porque del futuro nada sabemos lo que puede depararnos, excepto que habrá 'viento en contra y cerezas'. Por eso todo lo que se haga aquí y ahora importa. Este amor importa. 

En este punto el poeta puede que se de cuenta, aunque no nos lo cuenta, que este cuento, esta historia, este amor, dentro de los miles de amores, historias o cuentos que cuentan los miles de poetas... cuenta mas bien poco. Entonces, ¿qué hacer?... ¿callarse?... No. Seguir en la vereda, porque si te callas 'el silencio es un bosque poco a poco sin luz' y 'te deja sin pájaros'. 


Si esto ocurriera, nos preguntaríamos -lo hacemos porque el poeta deja espacio en los poemas para ello-, ¿quién tendría la tentación de vuelo, quién?... ¿quién nos anunciaría la primavera, quién?... ¿quién llevaría la alegría hasta los parques, quién?... ¿quién le infundiría esperanza al desahuciado, al que no puede pagar la letra de la luz, del agua, del banco, o no puede adquirir alimentos o medicinas en las multinacionales, quién?... O ¿quién volaría hasta los barrotes del prisionero anunciándole cada día el albor y transportándole en sus alas el olor de las rojas amapolas, los botones de oro o los lirios morados de mayo, quién?... 

Sin voz, ¿quién cantará y contará las hazañas de los pueblos, quién?... ¿Quién le dirá a ese o a esa que también fueron el centro del mundo, quién?... Y sin voz, ¿cómo le dice el poeta a su amada que una noche de haikus la llama del portátil la tiznaría de azul, cómo?... 


Y sin voz ¿cómo podríamos levantar el tono de voz exclamando ¡Que caiga el favorito!, cómo?... ¿Cómo podríamos abominar de las guerras desde el silencio, cómo?... Porque a veces, en su tarea, el poeta  tiene que renegar de coserse los labios porque 'la chica tiene marcas de heridas en los pies'. Y hay que decirlo. Como hay que cantarle las cuarenta a las compañías eléctricas, a los bancos y a las multinacionales... Pero eso es otra historia.

Ante todas estas cosas mira para la puerta y la ve a ella. La ve salir. Y dirigiéndose a su amada le habla: 'Me hace gracia porque dices por qué sonríes sonriendo'. Fin.

Hasta aquí este breve poemario. Este aire fresco. Joven. 

Gracias a su autor y al amigo Antonio Tejedor.

Ahora bien, tenemos que ponerle un pero. Nobleza obliga. Nos hubiera gustado (es subjetivo) una mayor acidez con el sistema. Con esta mierda de sociedad. No un panfleto, no. Aunque tampoco despreciamos los panfletos poéticos. Los poemas de lucha. Si tienen arte, pueden hacer hervir la sangre e incitar 'a moverse los unos hacia los otros'. Un Ejemplo el guatemalteco Julio Fausto Aguilera
"Con un verso/  es verdad/ no votas a un tirano.
Con un verso no llevas pan y techo / al niño vagabundono llevas medicinas / al campesino enfermo.
Sobre todo, no puedes / hacerlo ahora mismo.
Pero... Vamos a ver:
Un verso / bien nacido y vigorosoy otro más encendidoy otro más desveloy otro verso más fuerte y más verazle dan vida / a un sueño que recogieron tiernoy ese sueño de muchos, ya nutridose vuelve una concienciay esa conciencia, una pasión, un ansia...
Hasta que un díatodo -sueño,  conciencia, anhelo-, compacto se organiza... y entonces viene el gritoy el puñoy la conquista...
En la efigie de la conquista brilla una diadema: el verso."
Le hemos leído por ahí, sin saber el por qué, que no le gusta hacer poesía social. Le parece un panfleto. Aunque lo entendemos. Viniéndonos, al respecto, el recuerdo de lo que le ocurrió a Gil de Biedma con el poema 'Pandémica y Celeste' al reescribirlo colocándole palabras como joder, polla, coño y alguna otra de ese matiz sexual. No lo aguantó. Le pareció malsonante. Feo. Y es que, según Ramón Irigoyen, tenía en el cerebro metido el catecismo católico del Padre Astete. Quería decir que tanto nos han lavado el coco que no sabemos salir de los cánones marcados. 

Puede que al poeta aragonés le ocurra algo parecido. O no. Tantas toneladas de ideología conteniendo las palabras tolerancia, respeto, diálogo, perdón, olvido... Muy bonitas pero en una sola dirección. Tanto machacar en esa dirección que, por ejemplo, las palabras ricos y pobres, amos y criados, explotadores y explotados, proletarios y capitalistas, lucha de clases, opresión, rebeldía, protesta, huelga... nos suenan mal en un poema. Poema malsonante. ¡Bah, un panfleto! 


Cuando se rueda una película de lucha popular, de lucha de clases, pobres contra ricos (a veces ocurre en la historia, no lo hemos inventado) se dice que es una película política, demagógica, violenta, intolerante... ¡Bah, panfletaria! Eso dicen, por ejemplo, de los films de Ken Loach. Pero películas de ese jaez nos las echan todos los días y a todas las horas (los yanquis sobre todo) y nadie dice nada. ¿No será que tienen, o tenemos, en el coco, gravado, el catecismo burgués del Capital?

José Mª Amigo Zamorano

__________
Destacamos algunos poemas:

Un silencio es un bosque
poco a poco sin luz


se escucha el movimiento
de animales nocturnos
las tramas de los árboles


se presiente algo malo
que casi nunca ocurre


y te deja sin pájaros.

(Zaragoza, octubre de 2009)

---

Te han encarnado
en mi sueño los álamos
desnuda y ávida


noche de haikus
la llama del portátil
te tizna azul.

(Zaragoza, febrero de 2010)

---

Me pasa como a Truffaut


detesto las películas de guerra


solo salvo el momento
en que saco tu foto del bolsillo
y me pongo a mirarla en la trichera


con los pies en el barro


y dejan de escucharse los disparos.

(Zaragoza, mayo de 2010)

lunes, 17 de enero de 2011

El 'Nunca se sabe' de Isabel Escudero, por J. Mª Amigo

Con fecha de octubre del 2010, la prestigiosa editorial valenciana Pre-Textos ha editado la obra de Isabel Escudero 'Nunca se sabe', título sugerente y juego de palabras muy usado por el común de las personas de habla castellana. Consta de 12 partes, a saber: 'Harapos I, II y III; 'Flor de vejez'; 'Ceniza de rosas'; 'Farolillos y candiles'; 'Poca cosa'; 'Ropa tendía'; 'Tu y yo'; 'Aullidos'; 'Coplas libertarias'; y 'Adivinanzas'; además un epílogo de rótulo 'De las mujeres'.

Poemario compuesto, generalmente, con poemas que denominan de arte menor; es decir: de pocos versos: coplas, proverbios, canciones, acertijos que, como la autora escribe, 'imitan al pueblo (que, al no ser nadie, es el solo dueño de la lengua viva) en los juegos de sabia polimetría, asonancias y otros trucos'. 'Y, en cualquier caso, -seguimos leyendo la introducción de Isabel Escudero- poco pueden parecerse a lo que hoy día se produce y se vende como poesía, ¡qué se le va a hacer!'.

Pero la raíz, el origen de estas composiciones, no está solo en el pueblo sino que, en numerosos casos, son expresión de los sentimientos que embargan a la creadora y otras, las menos, emanan de haikus o josrasani japoneses de Abbas Kiarostani, Taneda Santôka e Issa Kobayasi.

 (Este último tiene el mismo apellido que Takiji, escritor comunista japones nacido en 1903 y muerto, tras brutal tortura por la policía secreta, el 20 de febrero de 1933; su novela 'Kanikosen, el pesquero', en el que se reflejan los jóvenes japoneses sin empleo o con empleo precario, ha estado en el primer puesto de ventas en Japón y traducida y editada en España en marzo de 2010)

Otras influencias tiene la poesía de Isabel: la lírica tradicional, Antonio Machado, los cantaores andaluces, y sabemos, por otros poemarios, de José Bergamín. En este, nosotros hemos creido hallar influencias del poeta yanqui Robert Mezey: juicio aventurado pues, tal vez, no lo haya leído en su vida. Decimos aventurado, ya que nosotros no somos expertos en este tipo de poesía y puede que el arte menor toque, en otros paises, los que en el nuestro.

Las tres primeras partes y la siguiente (con poemas más largos que destacan del resto del libro), creemos nosotros, son las más líricas. Las tres primeras estás dedicadas a la memoria de Miguel Angel Velasco, poeta balear muy querido por Isabel Escudero y Agustín García Calvo. 'Harapos I' es, a nuestro juicio, un tenebroso vaivén, un ácido transcurrir de versos que reflejan el recuerdo doloroso del joven muerto y de la certidumbre en la caducidad de la vida, pero no de la vida en general, que se sabe desde que uno nace y es una sabiduría que resbala pues los muertos son los otros, sino la propia, la personal, la particular en cuanto que se ve acercarse peligrosamente.

Pondremos algún ejemplo. Y que la poetisa y la editorial nos perdonen ya que nuestra intención es dar a conocer la obra.

¿Qué pasa?:
lo mismo, lo de siempre,:
tu sombra, el agua,
el viento que aulla,
para nada.
---
Sin dejar huella:
vivir es verlas caer,
hojas y almas revuelas.
---
Entre dos muertes ando:
esa que ha de venir
y esta que va pasando.
---
Escalofrío:
sola en mi lecho,
me ha besado la noche,
blando murciélago.

Pero poco a poco, a lo largo de los tres 'Harapos', la tristeza, o la amargura, o el mal sabor de boca, se va atemperando casi hasta desaparecer. 'Los muertos mueren y las sombras pasas; lleva quien deja y vive el que ha vivido, yunques sonad, enmudeced campanas', aconsejaba Machado. Luego, aparecen de cuando en cuando: son rachas o ráfagas que llegan y pasan. El epílogo es como una explosión de alegría y es una gozada de los sentidos leer por ejemplo: 'Guirnalda de flores y frutos'. Los temas de estos poemillas titulados 'Nunca se sabe' ocupan, prácticamente, todo el arcoiris de las preocupaciones del Hombre: religión, política, economía, vida, muerte, amor, odio, celos...

Solo hay que dejar mecerse, llevarse, por la música y el ritmo de la palabra, de las palabras, sumergirnos y bañarnos en los recuerdos, que nos suscita la poeta extremeña, de la niñez o juventud, de pájaros, flores y plantas, de aromas... y volar, volar...

Al cerrar el libro podemos exclamar, pero no irónicamente como lo hacía el poeta, yanqui cómo no, Mark Strand:

La tinta chorrea de la comisura de mis labios. 
No hay alegría como la mía.
He estado comiendo poesía.

lunes, 18 de octubre de 2010

Armando Orozco Echeverri: Romance del negro minero

 Mueve negro la batea /
raspa con tu almocafre /
que de la playa minera
arrancará tu miseria 
el ínfimo grano esquivo
del rubio metal, ¡tan hondo!
Raspa, raspa, mueve negro,
dale a tu mazamorreo,
bajo ese sol implacable
que es de tu cabeza un hierro.
Arroja el cascajo inútil
deja la arena y la jagua,
ceba y busca si en el fondo
pinta el metal codiciado.
No importa que estés cansado
ni que el sudor ilumine
el ébano de tu cara
dura y lisa como chonta.
Si las piedras de la playa
queman y arden como brasas
tú tienes callo en las plantas
que hace que nada las sienta.

Quiebra tu cuerpo en la orilla,
hunde en el agua tus piernas,
Y entre tus manos nudosas
remueve la tibia arena,
para que cuando el bujío
llore su primer lamento
a lo lejos, entre el monte
en lo más alto de un cedro
haya en tu mente siquiera
un poco del rico polvo
premio para tu cansancio.
Suda, negro, suda, suda,
que se te alborote el grajo;
el metal está muy hondo,
tú tienes fuerza en los brazos
y allá en el rancho tu negra
te espera con la merienda.
¿No ves que por el bojeo
Vienen subiendo las dragas?
son gringos de piel rosada
que sin sufrir tu cansancio
roban a tu tierra el oro,
sin tener callo en las plantas,
sin sufrir del sol el hierro
que tu cargas en la espalda.
¡Verdad que el negro es de malas!
¡tanto sufrir para nada!
Tanto sufrir todo el día
buscando el maldito grano
que el gringo con un mordisco
de su voraz maquinaria
recogerá sin trabajo
llenando los canalones
del monstruo que no se cansa.
De ese monstruo que no sólo
te roba el metal preciado
sino también el sustento
quebrando los platanares
que en la otra orilla del río
sembraras con la menguante.
Ahora, duerme, negro, duerme
estírate en la damagua;
a tu lado está tu negra
para refrescar tus ansias;
tus brazos están cansados
de tanto mazamorreo.
Tienes dolor en el cuerpo,
Y la chitra que no deja
siquiera dormir un rato.
Duerme y sueña que en el mundo
se levanta un solo grito
de negros que como tú
trabajan como animales.
Buscando el metal maldito
¡siempre tan hondo: tan hondo!
que armados con almocafres,
rompan y asalten las dragas;
que tu sudor en la playa
es lava que arde y abrasa
todo lo que el gringo malo
le roban a tu ignorancia.
Sueña que entre tus maizales
la roja mazorca canta.
Y que la yuca en la tierra
se retuerce poderosa.
Que el oro que antes buscabas
Con tanta y tanta constancia,
pero que siempre cobarde,
sobre la orilla se esparce
Y flor de arena cual juaga.
Y que de tu sueño, negro,
surja con furia la guerra
contra todo aquel trate
de mancillar tus derechos,
robando el oro y la tierra
que el negro sudor esclavo
de tus padres fecundara.
Que tus manos cual bejucos
se anuden a la garganta
del invasor mercenario.
Que en tus orillas se plante
y que con tus pechos fuertes
De tus hermanos en raza,
firme muralla se alce
negra y dura como roca:
para defender la tierra
¡que toda te pertenece!

Armando Orozco Echeverri, poeta colombiano (Quibdó,1915-Bogotá,2002

miércoles, 30 de junio de 2010

Osvaldo Gallone: Un posmoderno se ensaña con Miguel Hernández

» Le Monde Diplomatique; Año IV, Numero 37 Junio 2010


Poeta por encima de toda sospecha - Mie, 06/16/2010 - por Osvaldo Gallone

Un posmoderno se ensaña con Miguel Hernández - Osvaldo Gallone

Dos estremecimientos complementarios parecen signar la dinámica de la posmodernidad (concepto tan lábil como lábiles son las bases que lo sustentan): la laboriosa reivindicación de la ramplonería y la no menos laboriosa demolición de lo legítimamente consagrado; ambos estremecimientos alimentados por el pan de la pretendida relatividad de los valores (cuando si hay algo que caracteriza a los valores es su carácter absoluto).
Ejemplo de lo primero –para no remitirse más que a un nivel estrictamente local– es la curiosa revalorización de los filmes perpetrados por Armando Bo y protagonizados por la señora Isabel Sarli (hace unos meses se exhibió una retrospectiva fílmica de la pareja en el espacio cultural Malba) definiéndolos como consumados paradigmas de pornografía ingenua sostenidos en una estética adelantada a su tiempo. A riesgo de precipitarse en la injusticia crítica, cabe señalar que en las remotas fechas de su estreno (las décadas de 1960 y 1970) las películas de Bo-Sarli resultaban grotescas; vistas hoy, no han hecho más que acentuar su impecable estolidez. Ejemplo de lo segundo –con sus más y sus menos, sus idas y vueltas, sus matices y atenuaciones– es la biografía, aún no difundida en Argentina, de Miguel Hernández, con motivo de la conmemoración del centenario de su nacimiento, escrita por Eutimio Martín, licenciado en Filología Románica y catedrático emérito de la Universidad de Aix-en-Provence (1).

El erotismo desbocado

En El oficio de poeta, Eutimio Martín concluye: “El final fue tan digno que está por encima de las pequeñas concesiones que hizo en su vida”. Huelga decir que el biógrafo se ocupa con escrupuloso énfasis “de las pequeñas concesiones”.
Resulta indiscutible que Hernández encarnó como pocos la esencia constitutiva de la causa republicana: la conquista de la libertad personal contra la opresión económica y la asfixiante hegemonía clerical. No es menos evidente, como define Martín de modo impecable, que su muerte fue un “asesinato a fuego lento” (como el propio poeta declara en carta clandestina desde prisión: “Se me cura a fuerza de tirones y todo es desidia, ignorancia, despreocupación…”) y que la Iglesia católica no sólo pudo haber evitado la muerte y el abyecto periplo carcelario al que fue sometido, sino que también podría haber mediado para que fuera trasladado a un sanatorio para tuberculosos.
Pero el biógrafo se detiene, entre otras cosas, en la presunta precariedad de la situación económica de Hernández. No fue tal, advierte: Hernández era capaz de mentir “con apabullante desfachatez sobre su situación material” a fin de construir una imagen tan conmovedora como propicia para la previsible acuñación del mito personal; es decir, agrega, que lo que Hernández trató de cultivar fue lo que hoy se denominaría un look propagandístico. El lector familiarizado con los datos biográficos del poeta podría sorprenderse: al fin y al cabo, puede pensar, se ha probado hasta el hartazgo que Hernández era pastor de cabras. Pero Martín investiga a fondo, cala hasta el hueso y revela la impostura: sí, pastor de cabras, pero de las cabras de su padre. Aun aceptando como insospechable el descubrimiento de Martín, cabría aclarar que este dato no convierte a Hernández en un capitalista salvaje o –dispénsese en este punto la utilización de una jerga setentista– un chancho burgués: en una aldea española de principios del siglo XX (que no otra cosa era Orihuela, tierra natal de Hernández) o en cualquier otra aldea de similares características, ser propietario de una veintena de cabras no aseguraba, necesariamente, un porvenir venturoso para el poseedor y sus generaciones futuras.
Martín pone el acento en un rasgo que resulta, cuanto menos, sorprendente, en especial porque no queda claro si lo censura con cierta acritud o meramente lo enuncia: Hernández no sólo era un hombre apasionado, sino que estaba dotado de una sensibilidad “erótica muy intensa”. Intuye con acierto el saber popular cuando declara que “lo que abunda, no daña”. Pero puntualmente en el aspecto que señala Martín, nunca más sensato aquello de que más vale que sobre y no que falte. Parecería injusto imputarle a Hernández una sensibilidad “erótica muy intensa”.
Pero precisamente a causa de la bendita sensibilidad erótica, se abre cauce en la biografía una figura que termina por ser blanco privilegiado de los dardos del biógrafo: Josefina Manresa, la esposa del poeta. A estar por la poesía de Hernández, a la que algún crédito habría que darle, Josefina Manresa es aquella que le inspira algunos de los poemas de amor más conmovedores de la lírica castellana: desde “Te me mueres de casta y de sencilla” hasta “Canción del esposo soldado” pasando por “Hijo de la luz y de la sombra”. A estar por Eutimio Martín, más le hubiera valido a Hernández un celibato a cal y canto que la unión con Josefina. Dios sabrá qué documentación habrá manejado el biógrafo para indicar sin ambages ni sombra de duda que Josefina, “víctima de una educación religiosa”, jamás estuvo a la altura de la intensa sensibilidad erótica del poeta. Como para terminar de convertirla en la Jantipa de Sócrates, Martín añade que nunca fue a visitarlo en la cárcel, salvo cuando Hernández estaba en Orihuela. Valdría la pena situar el texto en contexto: entre 1939 y 1941, Hernández pasa por las prisiones de Huelva, Sevilla, Madrid, Palencia, Ocaña y Alicante, donde muere en 1942, a la edad de treinta y un años. Por esas fechas, el segundo hijo de Manresa y Hernández (el primero había muerto prematuramente) contaba con dos años, un padre en la cárcel y una madre en absoluta soledad; ¿se le podía pedir a Manresa, en tales circunstancias, que se trasladara por media España siguiendo el itinerario de su marido y con un bebé en brazos?
El imperativo de un biógrafo es investigar, pero también y fundamentalmente la biografía es un ejercicio de honda comprensión humana: del biografiado, de su entorno y de sus circunstancias.

Un artista mayor

Resulta esencial no perder de vista que Hernández no es memorable por su más o menos intensa pulsión libidinal, por el número de cabras que tenía y ni siquiera por haberse constituido en un símbolo de la resistencia republicana durante la Guerra Civil Española, sino por ser, lisa y llanamente, uno de los más grandes poetas del siglo XX en lengua castellana.
Perito en lunas (1933), Imagen de tu huella y El silbo vulnerado (ambos de 1934) muestran a un Hernández de una notable ductilidad para la rima y la metáfora, pero también notoriamente influido por el neogongorismo y las resonancias cultistas, de las que se irá desprendiendo a medida que encuentre su estilo, vale decir, su modo de respirar (que no otra cosa es el estilo: la respiración personal e intransferible de un escritor). Con todo, en esos tres primeros libros no se pueden obviar dos temas que serán relevantes en su obra posterior: el tratamiento del amor sensual (plano en el que Hernández halla una perfecta y rara confluencia de dos tonos: virilidad y ternura) y un misticismo cuyo carácter y desarrollo lo emparienta íntimamente con lo sagrado (concepto que se distingue con claridad de lo religioso: Hernández se aboca a un panteísmo elevado al terreno de la sacralidad y expurgado de capillas y artículos de fe).
El rayo que no cesa (1935), donde incluye la demoledora “Elegía” dedicada a su amigo Ramón Sijé, supone para el poeta el reconocimiento unánime de sus pares, y hasta Ortega y Gasset, el meridiano por donde pasa la cultura española de la época, le solicita colaboraciones para Revista de Occidente. En El rayo que no cesa ya hay un Hernández de un equilibrio estilístico notable en cuya poesía se plasma el maridaje entre aliento lírico y reflexión intelectual, tal y como ocurre en la obra de uno de sus poetas más admirados, Jorge Guillén.
En Viento del pueblo (1937), El hombre acecha (1939) y Cancionero y romancero de ausencias (1941) ya se constituye el Hernández militante y poeta, nocturno y luminoso, que dejaría escritos de una vez y para siempre un puñado de poemas que se niegan tenazmente al olvido: “Vientos del pueblo me llevan”, “Aceituneros”, “El hambre”, “Menos tu vientre” o “El niño yuntero”, entre otros.
Hernández, como queda dicho, muere en 1942; hicieron falta treinta años para que gran parte del mundo hispano supiera que había vivido. En 1972, Serrat musicaliza y difunde diez poemas de Miguel Hernández y lo sitúa en el centro de la atención popular. Más allá de la bizantina discusión acerca de la legitimidad de musicalizar un poema, resulta imposible dejar de reconocer el indiscutible acierto del cantautor catalán al popularizar a Hernández, resucitar su lírica y alcanzar el fin más alto que se pueda desear: que la poesía se convierta en pan cotidiano. Con motivo del centenario del nacimiento de Hernández, Serrat ha editado en estos días otro trabajo con los poemas de Hernández, Hijo de la luz y de la sombra. El poema que da título al disco y “Canción del esposo soldado”, por mencionar sólo dos, son soberbias versiones musicales. Por fortuna, nuevamente Serrat le ha hecho justicia a Hernández; justicia poética.

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*Escritor y crítico literario. Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.