jueves, 12 de julio de 2007

Antologías poéticas de homenaje a las víctimas del franquismo


Por cierto, hemos escrito algunas cosillas referentes al Homenaje a las Víctimas del Franquismo: Mitín Fiesta en el templo de Debod, exposiciones de pinturas, y antologías poéticas. Algún poema hemos reproducido. Bien, pues para el que tenga algún interés, hora porque le guste la poesía, o porque quiera tener una especie de recordatorio histórico-literario, hay dos antologías: una se hizo a nivel de toda España y se tituló 'La Memoria y La Sangre. Antología poética: F. García Lorca y otros'; la otra que quedó restringida a Euskadi titulada 'Antología Poética Vasca (Edición bilingüe ilustrada) Esteban Urkiaga "Lauaxeta" y otros'. Se pueden encontrar en Ediciones Vosa. No son caras. A nuestro modesto entender es mejor la antología de Euskadi. Ambas tienen un valor añadido: son una reliquia por el tiempo transcurrido.

Incluso se puede comprar por Internet pinchando aquí: http://www.nodo50.org/edicionesvosa/

Lo juramos: ¡no tenemos acciones en esa editorial!

sábado, 7 de julio de 2007

Víspera del fusilamiento: 27 de septiembre de 1975

Blanco Chivite

Los últimos asesinatos del franquismo fueron el 27 de septiembre de 1975. "El gobierno se ha dado por enterado de la pena capital impuesta a Ángel Otaegui Echevarría, José Humberto Baena Alonso, Ramón García Sanz, José Luis Bravo Solla y Juan Paredes Manot". Dos de Eta; Paredes Manot y Otaegui Echevarría y tres del Frap: Baena Alonso, García Sanz y Bravo Solla. Así de frío y escueto era el comunicado oficial. Al resto, le conmutaron la pena de muerte por cárcel. Uno de ellos fue el periodista Manuel Antonio Blanco Chivite quien escribió en la noche del 26 al 27, estando en prisión, un recordatorio de su camarada Daniel (1) en forma de poema (2) que alguien, hace años, puso música:





Víspera del Fusilamiento
(escrito en la noche del 26 al 27 de septiembre de 1975)



Hoy velaré toda la noche
solo y en silencio.
Hoy velaré toda la noche.
Mañana, matarán a Daniel
mi camarada.

Por eso quiero
que mis ojos no se cierren
que mis oídos estén alerta
que mi cuerpo esté despierto.

Acompañándote en silencio, camarada,
respirando contigo estas
últimas horas.
Adivinándote sereno,
seguro y dispuesto.

Mis ojos, Daniel, están secos
sé que no quieres lágrimas.
Mis puños están cerrados.
Tu ya sabes por qué.
Tu ejemplo es mi bandera de lucha
y tus motivos, los míos.

En mi mano
hay una pistola cargada de odio
para tus asesinos
Daniel, mi camarada.

Manuel Antonio Blanco Chivite

(1) Daniel era el nombre que, para la organización, tenía José Humberto Baena Alonso.
(2) En la Antología Poética de Homenaje a las Víctimas del Franquismo, hubo intentos de incluir este escrito en ella y el autor se negó en redondo, diciendo que él no era poeta.

viernes, 6 de julio de 2007

Homenaje a las Víctimas del Franquismo


Hace unos 'post' (que mal nos suena la palabreja) prometimos poner los poemas de Txabi Etxebarrieta que el gran escultor vasco y español universal, Jorge Oteiza, envió para la antología de 'Homenaje a Las Víctimas del Franquismo'. Entonces escribimos, y ahora repetimos, nuestra ignorancia acerca de los derechos que el escultor tenía sobre los escritos de Txabi Etxebarrieta y que sepamos no tenía ningún parentesco. Txabi Etxebarrieta murió en un tiroteo con la policía franquista, según la enciclopedia Wikipedia. Dice, también, que fue, junto a un hermano y otros, fundador de ETA. Nosotros, aquí, queremos recordar a una víctima del franquismo, pues, para los internacionalistas, ETA no merece que se la elogie. Algunos hacen diferencia entre una Eta de antes y otra de ahora. Nosotros creemos sin embargo, aunque el atentado de Hipercor efectivamente marco una inflexión, que una organización nacionalista, tarde o temprano, deja ver su ideología desnuda: egoismo, exclusivismo, estrechez de miras... en pos de una raza o nación en lugar de dirigir su lucha a favor del hombre y, sobre todo, hacia los hombres más explotados y oprimidos de cualquier lugar del mundo. Y eso a ETA se la suda... pero dejemos que el Txabi poeta se exprese:


Homenaje

El cielo se extiende
desde el mar,
presentida superficie
que, rebosante de luz,
se centuplica.
Más allá también de las montañas
el cielo
es el centauro inagotable
de la segura presencia:
Así está amaneciendo en Bilbao.
Sin duda.

Te estás marchando

Bilbao es la azul circunferencia
del amanecer más temprano
La bóveda de esculpidas nubes
retiene mi corazón que, sin ti,
está desparramado...

Txabi Etxebarrieta, 1964

jueves, 5 de julio de 2007

Aimé Césaire: La Belleza

La Amante

-¿Qué es la belleza sino ese peso completo de amenazas que fascina y seduce a la impotencia el batir desarmado de un párpado?

El Rebelde

-¿Qué es la belleza sino el cartel lacerado de una sonrisa sobre la puerta abatida de un rostro? ¿Qué es morir sino la faz pedregosa del descubrimiento, el viaje feura de la semana y del color en el revés del sol?

El Rebelde

-Mi corte, un montón de osamentas; mi trono, carnes podridas; mi corona, un círculo de excrementos.

... es inútil que pinten de blanco el pie del árbol, la fuerza de la corteza desde abajo grita...

El Rebelde
-No soy un corazón árido. No soy un corazón sin piedad.
Soy un hombre de buena sed que circula alrededor de charcas envenenadas.


Mi apellido: Ofendido; mi nombre: Humillado; mi estado: Sublevado; mi edad: La Edad de Piedra.


Aimé Cesaire

miércoles, 4 de julio de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Calidad de Vida, relato: 4) Ahorcamiento

Se cuidaría mucho de confiar demasiado en sus fuerzas; la enfermedad le había dado pruebas sobradas de que aún no podía brincar como un potrillo.

Al llegar a ese punto se felicitó de que su mente comenzara a dar muestras de buen funcionamiento: acababa de unir hechos y sacar conclusiones del primer paseo por las cercanías del hospital: A) estaba aún débil; B) comenzaba a recuperarse.

La conclusión primera, (A), surgió de sus tropiezos y despistes; la segunda, (B), a causa del renacimiento del macho, desaparecido, durante días, entre las paredes hospitalarias, entre esos vejestorios en fase terminal; pero... se había conmovido solo de pensar en las hembras... ¡Dios y qué hermosas que estaban!; sin ir mas lejos la que acababa de recibirlo en sus brazos o....

O la que veía caminar frente a él por uno de esos senderos semicirculares: joven, de mirada tímida, que por los pasillos del hospital le había sonreído varias veces; estaba claro, para él, que quería guerra; aunque, lo reconocía, él no hubiera podido enarbolar el fusil: a partir de ahora ya sería harina de otro costal.

Se dispuso a atravesar la calzada por el paso de cebra.

Mira a la derecha: a lo lejos, se veían venir algunos automóviles. Luego a la izquierda: nada.

Adelanta un pie y avanza, lentamente, erguida la cabeza e hinchado el pecho.

La joven lo mira y él muy digno desvía la vista a ambos lados: un coche se le acerca.

Aviva el paso. A un tiempo oye gritos de gente y pitidos de coche casi desesperados.

Un vehículo le pasa rozando.

El cerebro, a pleno rendimiento, aprovecha la confusión para ordenar un traspiés y abrazarse a la joven.

--¡Viejo de mierda! -escupe la moza y se lo quita de encima.

La exclamación, "¡Viejo de mierda¡" "¡Viejo de mierda!", suena y resuena en su oído como si hubiera chocado en alguna pared haciendo eco y multiplicándola.

-Viejo, ¿por qué?... Eso lo puede decir el escritor Eusebio García Luengo con noventa y un años con los orgullo; pero yo que no he llegado a los ochenta... ¿por qué viejo?.

Mira hacia atrás: la joven se aleja indiferente por la acera.

--¡Bah!... ¡Qué entenderá una burra cuando es día de fiesta! -se dice- Lo que tengo que hacer otra vez después de tomar el desayuno es ...

Una monja le sale al encuentro.

-- Pero... no le había dicho el doctor que podía dar una vuelta por el jardín como todos los del psiquiátrico. ¿Por qué ha salido fuera?

Como no quiere discutir con ella -sería inútil, pensó para si- inicia un corte de mangas y casi sin mirarla se adentra en...

sábado, 30 de junio de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Calidad de Vida, relato: 3) Nudo Corredizo


Tropieza en el bordillo y se tambalea. Sin duda hubiera caído y dado con sus huesos en tierra a no ser por una dama que lo sostuvo.

Se indigna consigo mismo y comienza a patalear de rabia.

--Tranquilícese usted y no se enfade; eso le ocurre a cualquiera.

--Señora, es que me encorajina mi torpeza. Ya sé que las enfermedades debilitan, pero, que a mi edad me ocurra esto, es para cabrear al mas tranquilo.

--Bueno, bueno: ande y vaya con cuidado.

--Lo haré pero es que parece mentira, ¡coño! ...

--Ale, ale; ya se ve, ya se ve; está usted muy bien para su edad.

Piensa que su interlocutora le debe echar más años de los que tiene; en el espejo vio, cuando se adecentaba, la palidez del rostro y las arrugas pronunciadísimas.

Y con todo y con eso la señora le ha dicho que está muy bien.

--"Y ella también. ¡Caray con la señora! ¡Qué pechera tan hermosa tenía!".

Suspira y regresa poco a poco al hospital que se veía a doscientos metros.

El hospital era una casa de dos plantas que destacaba de las construcciones que lo rodeaban -modernas, de ladrillo rojo de cara vista y mucho mas altas- por el tipo de materiales utilizados en su edificación como las piedras y el granito, por la pintura en algunas zonas del exterior de un amarillo pálido y por estar circundada de jardines y árboles frutales y rodeada por una tapia. La entrada, que daba acceso a la finca, tenía a la izquierda un escudo de cemento con el águila imperial, reliquia de la dictadura franquista. Para llegar a la puerta del vestíbulo, donde estaba la portería, había que atravesar un jardincillo cruzado por dos senderos semicirculares contrapuestos que bordeaban setos bien recortados pero ya un tanto entrados en años; en medio del circulo el busto de un hombre, es de suponer ilustre, mostraba señales claras del paso del tiempo sin que el esculpido personaje, ensimismado como estaba, se diera cuenta de ello.

Por esos senderos entraban y salían hombres y mujeres con un denominador común: todos caminaban con desgana, como cansados de vivir.

Por allí salió él y por allí entraría dentro de poco: ciento cincuenta metros de acera y cincuenta entre paso de peatones y sendero hasta el portalón de entrada y ya estaba otra vez en el recinto hospitalario. Y otra vez a oler ese insoportable olor a desinfectante, insecticida, detergente o... ¡sabe dios que potingues!. Pero pronto saldría.

(continuará)

viernes, 29 de junio de 2007

José Mª Amigo Zamorano: Calidad de Vida, relato: 2) Soga



Reconoce que se había distraído un poco pensando en las hembras.

Y quién no: solo los ambiguos, esos que ahora llamaban homosexuales; ¡homosexuales!, le dio gracia la palabreja al considerar que el vocablo escondía a la palabra más antigua, la que todo el mundo conocía: "¡maricones! ¡mariconazos!", subraya; no, en eso él no podía ser moderno; y no podía serlo porque nunca ha comulgado con la hipocresía: si uno es maricón, es maricón y punto, "¿o no?"...

--Perdón señor ¿me decía algo?

--¿Qué? ... O no, no, disculpe. Deme el diario.

Y se da la vuelta, avergonzado, pensando que tal vez ha estado hablando solo por la calle. Si así fuera no se lo perdonaría nunca. ¡Qué vergüenza! ¡Qué eso lo hiciera un viejo pellejo o un tarado, se le podía perdonar!
¡Y se le perdonaba!

Y es que la Humanidad, el Hombre -quería recalcar lo de Hombre; sin que con eso se quieran sacar conclusiones machistas: él no era de esos machistas; era un macho, eso sí, ¡y muy macho!, de eso no cabía la menor duda; si usaba Hombre era en razón del uso tradicional referente a todos los seres humanos; tampoco en eso podía ser moderno; tampoco en eso podía ser hipócrita; lo sentía- la Humanidad, el Hombre, decía, son comprensivos con una parte de los seres humanos que nacieron con taras congénitas: maricones, locos, pervertidos ...; o perdona las anormalidades que los viejos puedan causar; lo que no perdona son las transgresiones que sus iguales hacen, sin motivo aparente, a las normas establecidas; un ejemplo claro: el automovilista que le insultó por su distracción y con razón.

Una razón, claro, relativa: él -el automovilista- no podía saber, no sabía, que había estado varios días en el hospital, deshidratado y con suero intravenoso; y las enfermedades queman, ¡vaya si queman! que se lo digan a él que había perdido una cierta velocidad de movimiento, de reflejos, de fuerza...

(continuará poco mas)