lunes, 19 de mayo de 2008

José Mª Amigo Zamorano: Sereno declive del tiempo en Fiat Umbra

Amigo Zamorano: sereno declinar en 'Fiat umbra'

Con el rostro iluminado por una sonrisa nos comunicó Isabel Escudero la salida de un nuevo libro de poesías, suyo, titulado 'Fiat Umbra', que la Editorial Pre-Textos acababa de sacar al mercado. Estaba muy alegre. Y con razón: no a todos le publica una editorial tan prestigiosa.

Conocemos, un poco, a Isabel Escudero. Su poesía. Su empeño poético. Su laborar cantando. 'Coser y cantar' se rotuló uno de sus libros. Su lucha por la lectura en voz alta de la poesía. De modo que nos hemos dejado llevar por la caricia de las palabras. Por su rima. Su ritmo. Su cadencia. Por su música: 'Traca de trinos / trizan / la copa del pino'. Pasamos la vista por sus versos leves, ligeros, como lo hacemos, caminando, con las florecillas del sendero, dejándonos llevar por la belleza de su colorido. Sin detenernos a meditar en cada copla. Sin preocuparnos por los detalles. Sin pormenorizar su contenido. En una primera lectura.

Igualmente dejamos que nuestro oído capte los trinos, deleitándonos con la música sin pararnos a meditar en las diferencias de uno y otro canto. Que solo la música nos lleve. Sin importarnos saber el pico que modula esa canción que acompaña nuestro alegre caminar: 'Canta la alondra; / quien la escuche, a ella / ¡qué le importa!'. Henchidos de gozo por todo lo que existe.

Aun 'No sé si debo / hacer ver a los otros / lo que yo veo'. Duda Isabel y con razón, dándose cuenta de que cada uno tiene su 'cadaunada' que le nace, que le brota, de lo que ha vivido, de su historia personal, pequeña pero historia al fin y al cabo. Y es suya y es nuestra. Hay quien le emociona la vista del oleaje de los campos de trigos, cebadas y avenas, enrojecidos de amapolas, ondulados por el viento. Pero a otros no les dice nada, acostumbrados, como están, a las oleadas de vehículos ritmadas por el sonidos de los cláxones, cogidos de la mano de su abuelo por las tascas del barrio de su urbe. 'En el espejo / la verdad se mira: / Si me parezco mentira'. Podemos preguntarnos: ¿Verdad o mentira? Y eso... qué mas da. Para unos es verdad absoluta porque es su vida y la reivindica. Y nadie, ni nada, va a distorsionar su poética leve, alegre, firme, su andar erecto por la vida. Y si algo le sale al paso con afán agresivo o feo lo neutraliza embelleciéndolo: 'Hermosura: / el sol sacando diamantes / de la basura'.


Muchos de los que lean el 'Fiat umbra' de Isabel Escudero, sentirán, como hemos sentido nosotros, una inundación de luz, claridad y alegría. Y, a pesar del título, sentirán un rejuvenecimiento. Ahora y en la hora de sus muertes. Notarán la primavera, aunque sea en el otoño o en el ocaso de sus vidas. Ahora y en la hora. Presente. La muerte. La muerte siempre presente. Pero no en danza macabra, en fúnebre cortejo, como en las 'Coplas a la muerte de su padre' de Jorge Manrique, sino con una cierta serenidad y con sonrisa, con la risa irónica de Pepe Bergamín, de quién cita unos versos de su último libro titulado, no por casualidad, 'Esperando la mano de nieve': 'Me estoy muriendo cada día / desde hace muchísimo tiempo; / no sé si desde que nací / soy un muerto de nacimiento'.


Esa reflexión irónica, casi a las puertas de la muerte, ilumina la vida y la muerte de los demás. Es como un bálsamo. Tranquiliza: 'Aquel aro de mi niñez / me va llevando / tras él'. Como tranquiliza la aceptación de la muerte como algo natural. Sin traumas. Para ello hay que irse preparando poco a poco: 'Cae la nieve / sobre el anciano: / cuando todo está escrito, / página en blanco'. Nombrándola. Citándola como cita el torero al toro. Mirándose al espejo de los ojos del toro. E ir contando de cuando en cuando las arrugas que el tiempo marca: 'A mis sesenta / aquí frente al mar: / olas que vienen y van'. Son como las llamadas de atención de la fugacidad del tiempo. De que él se va, primero con pasos de plomo y luego con pasos de pluma. De todo ello tratan también los versos de la poetisa de Quintana de la Serena (Badajoz)


Las citas nos indican, ya de paso, que la autora no ha variado su poesía; sigue siendo el proverbio, la copla, los haikus... estrofas de pocos versos... fogonazos, chispazos, bocaditos, pasteles pequeños... Cita a Machado (D. Antonio), muy admirado por la poetisa, a Bergamín (D. José), a Chicho Sánchez Ferlosio, o poetas japoneses cultivadores del haiku como Yosa Buson y Hobayashi Issa.


En las 190 páginas del libro, efectivamente, los deslumbramientos de esos chispazos o fogonazos son continuos desde el primero: 'Guadaña de luna / tiembla en el agua: / ¿de qué duda?' hasta el último: Mas por más atrás que miro, / no me acuerdo / de haber nacido'. Está dividido el libro en seis partes, anteponiéndole un soneto de D. Antonio Machado y una larga cita de D. Agustín García Calvo 'compañero de mis días' y terminando, 'a modo de epílogo', con el 'Elogio del Ciprés' de Horacio, en versión rítmica del ya mentado D. Agustín García Calvo.

En su reseña del diario ABC el profesor de literatura de la Universidad de Salamanca, García Jambrina, termina diciendo: 'Un oasis, en fin, de fresca tinta en medio de la aburrida pedantería literaria. Una canción que cuando suena, es de todos, porque, en verdad, no es de nadie. Ya lo dice la copla: 'Para que no sea del todo / mía, con tinta robada escribo /

la poesía.'

Pues eso... qué vamos a decir nosotros si ya lo dice el profesor...

miércoles, 14 de mayo de 2008

José Mª. Amigo Zamorano: Lectura social del 'Cuaderno' de Césaire



Título en francés, en el original: Cahier d'un retour au pays natal
Rótulo en castellano: Retorno al país natal
Autor: Aimé Césaire
ILustraciones: Wifredo Lam
Grafismo: Spectre
Edita: Fundación Sinsonte
Ciudad: Zamora
AÑO: 2.007

Aimé Césaire, el poeta antillano, fundador, con Senghor y otros, del movimiento Negritud, nominado para Premio Nobel en numerosas ocasiones, murió el jueves 17 de abril de 2008. Había nacido en Basse-Pointe (Martinica) el 26 de junio de 1913. Su poemario más citado Cahier d'ún retour au pays natal (Cuaderno de un retorno al país natal) comienza a escribirlo a los 26 años en París, donde estudiaba, y lo publica, poco después, en la revista
Volontés el año de 1939. Hay otras ediciones de él en años posteriores, corregidas y aumentadas.

Para el lector castellano publicó una traducción la escritora cubana Lydia Cabrera en 1942/45? siguiendo la primera versión del 'Cuaderno', de la que, numerosos autores, hablaban y prácticamente innencontrable. Que sepamos, ninguna otra traducción a nuestro idioma se ha vuelto a hacer. Como tampoco fue reeditada, hasta que, el año pasado, 2007, lo hizo una pequeña editorial, Fundación Sinsonte, radicada en Zamora, con el título original que le puso antaño la escritora cubana, 'Retorno al país natal', pero aumentada con poemas que le agregó su autor para la edición francesa de la revista 'Presence Africaine'. Estos versos añadidos aparecen en color, para diferenciarlos de los traducidos por Lydia Cabrera, informándonos de que han sido volcados al castellano por otra cubana, Lourdes Arencibia.
Esta reedición es, sin duda, un acontecimiento cultural de primer orden. Pero nos tememos que pasará desapercibida, para el gran público, al ser, como es, esta editorial una pequeña empresa con apenas 3 o 4 títulos y con escaso poder de penetración en el mercado. Además, las grandes editoriales ya se encargarán de que no tenga ni un segundo de publicidad ya que ellas copan ordenando lo que es y no es importante, dentro de la cultura impresa.
Y por otra parte, razones de índole económica ya que el todopoderoso mercado impone su ley, no estando este tipo de literatura muy acorde con los gustos del lector de este tiempo. El amodorramiento de las masas no apetece de un libro que les haga despertar de su modorra. Y el avance del racismo en toda Europa no hará muy atractivo a este autor que, para más inri, es negro. Como lo son los pobres que quieren asaltar el paraíso europeo en pateras, cayucos... hartos de pasar hambre. Atraídos por el escaparate multicolorista de los medios de comunicación social.
Y, en llegando a las urbes, descubren que no es, todo lo que brilla, oro. Que el oro real está en manos de unos pocos. Hallan de golpe la miseria, los mendigos, las ratas que son universales y no estaban en el escaparate. Y encuentran en España a 8 millones de pobres, según las estadísticas, que no se veían en el mostrador. Y ya de paso, se enteran de que la mayor parte de los jóvenes ganan menos de 1.000 euros. Y los llaman mileuristas. Si, esos que no tendrán una casa en su puta vida. Y son autóctonos. No foráneos. Son del país. No extranjeros. Son hijos de la patria. Son de España. ¡Cazi na!
Bien, para esos jóvenes mileuristas, para esos que apenas tienen para ir tirando, pero que aun no conocen las ratas universales, ni los cartones donde se envuelven los mendigos para poder dormir un poco calientes, ni las llagas, ni el hambre hambre, para todos ellos sería muy conveniente leer esta primera obra de Aimé Césaire. Una lectura poética muy aleccionadora. Una cura de humildad. Una arcada intelectual. Les revolvería, quizás, las tripas e insuflaría un ánimo ciertamente revolucionario. Se darían cuenta que, la solo bulla rockera, no les conducirá a liberarse de sus múltiples esclavitudes. Que los matrix peliculeros deben ser ellos mismos, reunidos en muchedumbre, pero no esa 'extraña muchedumbre que no se junta, que no se rebela; hábil en descubrir el punto de castración, de fuga, de desvío', advierte Césaire; esa que 'se arrastra sobre las manos sin que jamás le venga en ganas hendir el cielo cobrando una estatura de protesta'.
Para comprender este libro haya que leerlo 'al morir el alba' (utilizamos la frase muy repetida del autor) y exclamar (como el poeta) ya desde el principio: 'lárgate, jeta de policía, cara de vaca, lárgate, odio a los lacayos del orden y a los abejones de la esperanza'. Porque no la hay, porque no existe, ahí, flotando, como una dama hermosa. Está en uno mismo como muchedumbre. Como clase de esclavos. Y cual esclavos necesitan dejar de serlo, pero para ello tienen que retornar a si mismos. Como son: una mierda jincada en un palo tomados así: uno a uno.
En el prefacio a este libro que comentamos, Lourdes Arencibia dice: 'las Antillas aparecen como el reino del engaño, la mentira, la resignación, las falsas promesas y el silencio'. Bueno, pues así se nos mostraría Europa a cada uno de nosotros, tras ese retorno al centro de cada uno, tras ese viaje introspectivo: una Europa de los mercaderes, de unos pocos, que son el Capital, donde reina la precariedad, el tente mientras cobro, la insolencia del jornalero prácticamente sin un euro, la ignorancia, estupidez y el orgullo de ser blanco, mientras se ríen, a carcajada limpia, por ejemplo, es un ejemplo, los banqueros blancos, negros, amarillos o aceitunados.
Ese viaje, es un viaje desde la altura. Al morir el alba. Al rayar el día. Desde un cielo o firmamento. En planos casi cinematográficos: la ciudad en su conjunto que se nos acerca, mostrando, cada vez más, los detalles: el barrio; la calle; las casas... hasta aterrizar de golpe: en golpe doloroso, en tremendo golpazo. Es como si bajáramos de un cielo nebuloso, o estrellado, de fantasía, hasta el áspero suelo de la tierra, dándonos una gran hostia en la cabeza; y justo precisamente 'donde derrama el mar sus inmundicias, sus gatos muertos, sus perros reventados'.
Es la primera parte de la aventura, pues nada más tocar tierra hay que proseguir el camino. Partir. Para hacerse hombre. Pero una clase de hombre especialmente sensibilizado: 'seré un hombre judío / un hombre cafre / un hombre hindú de Calcuta / un hombre de Harlem que no vota...'
Partir. 'Y regresando me diría a mi mismo: y sobre todo mi cuerpo y también mi alma, guardaos de cruzar los brazos en actitud estéril del espectador, pues la vida no es un espectáculo, un mar doloroso no es un proscenio, un hombre que grita no es un oso que danza...'
Aimé Césaire lo escribe al principio de la partida. Lo hace como principio. Pero es conclusión final de viaje. Finiquito de una jira por el mundo. Lección primera que nos da la vida: hay que comprometerse, remangarse los brazos, meter las manos en el barro, en el cieno, en el limo, en el barrizal, en el légamo... para mostrarlas en alto, al claro pentagrama del día, para que resalten. Lo hace, a su vez, con la malévola y meridiana intención de sacudir a los parados, demostrando, así, que no va a permanecer quieto, inmovilizado, inerte, sentado en el poyo, a la puerta de su casa, para ver pasar el cadáver de su enemigo. No. Quiere actuar, moverse.
Ejemplos, modelos, héroes, mártires, los tienes a paladas. Pero escoge uno: Toussaint, Toussaint Louverture. El cochero. El cochero haitiano. El cochero haitiano esclavo. Que se levantó en Haití. Que sublevó a la negrada esclava. Que la puso en pie. Y logró la primera victoria: el ser libres. 'Es mío / un hombre sólo preso de blancura / un hombre solo desafía los gritos de la muerte / blanca', aludiendo a la agonía de Toussaint, el rebelde, en la cárcel helada de Francia, donde murió, lejos de su cálida Haití natal.
Y todo el cuaderno, todo el poema en prosa son '¿Palabras? Ah si, palabras', dice Césaire. Añadiendo:'Quien no me entiende tampoco entenderá el rugido del tigre'. Y, si, todo el poema, del gran poeta antillano, de influencia surrealista, es un rugido violentísimo. Gritos, aullidos, frémitos. Porque sabe, como sabemos, y como intuyen todos los mileuristas españoles más avanzados, todos los trabajadores europeos mas conscientes, todos los asalariados del mundo con conciencia de clase, que a pesar de 'no haber inventado ni pólvora ni brújula', 'ni explorado mares ni cielos', 'se han encorvado de tanto arrodillarse' y sin embargo 'sin ellos la tierra no sería la tierra'.
'Y yo me digo Burdeos y Nantes y Liverpool / y Nueva York y San Francisco / ni un pedazo de este mundo que no lleve mi impresión digital'. Constata Aimé Césaire con orgullo.

Pero en un viaje de retorno, después del partir, en llegando no se va a poner a halagar a sus conciudadanos de la Martinica. No va a acariciar los oídos. No lo ha escrito para eso. Si lo leemos hoy, ahora, en este momento, nos quedarán prendidos en el ojal de la memoria estos versos: 'Me niego a considerar mis hinchazones como glorias verdaderas / y me río de mis antiguas imaginaciones pueriles', porque 'quiero convenir que fuimos, en todos los tiempos muy ramplones lavaplatos, limpiabotas sin embergadura, y considerando las cosas lo mejor posible, hechiceros bastante concienzudos siendo el único record indiscutible que hemos batido el de la paciencia en soportar el látigo...'.
Si, reconozcámoslo, a pesar de estar jodidos, de estar machacados por muchas horas de currelo, por menos de 1000 euros al mes, angustiados por hipotecas que cuelgan de nosotros como sogas, del dolor del cabeza cada vez que llega la letra del coche y un largo etcétera, nosotros, muchos, muchísimos de nosotros, morimos sin un lamento. Luego... hay que reconocerlo, también soportamos pacientemente el látigo.
Esto es 'cómico y feo', Aimé Césaire pone con mayúsculas la comicidad y fealdad de su acción: en alguna ocasión se ha reído de algún hermano, como nos hemos reído de nosotros mismos pensando que nos reíamos del vecino. Por eso deberíamos cambiar. Llenarnos de humildad y valentía. Y prorrumpe Césaire: '¡Hacedme rebelde a toda vanidad, pero dócil a su genio / como el puño al extremo del brazo!'; 'ha llegado el tiempo de ceñirme la cintura como un valiente. / Mas (al hacerlo) preservadme, mi corazón, de todo odio'. '¡Ved el árbol de nuestras manos! / Gira para todos', 'para todos trabaja la tierra'.
Ha encontrado su sitio Aimé Césaire. Ha hallado su lugar en el mundo. Retornado a si... : 'Y ahora estamos de pie mi país y yo, al viento los cabellos, mis manos pequeñas en su puño enorme y la fuerza no está en nosotros, sino por encima de nosotros, en una voz que perfora la noche y el oído con la agudeza de una avispa apocaliptica'. ¿Es el final del camino?...

Casi al instante se da cuenta que su lucha no termina ahí, 'pues no es cierto que la obra del hombre ha terminado', 'mas la obra del hombre apenas ha comenzado'.
Por eso, porque no ha terminado el camino, mileuristas de todos los países, uníos por encima de razas. Hay aun mucho por hacer. Ligaos todos. Decidlo con Aimé Césaire:
'Liga mi negra vibración al ombligo / del mundo. / Lígame áspera fraternidad'.

Pronunciadlo. Total, nada tenéis que perder. Porque nada tenéis. Ni tan siquiera una puta casa donde meter el culo. Seguro. A no ser que os mováis como una muchedumbre organizada. Y eso... está por ver.




martes, 13 de mayo de 2008

Isue Hernández, hijo de amigos, promete


Hoy, y por una vez solo, nombramos a un deportista. Esperemos que ninguna vez más. Decíamos que, por solo una vez, mentamos a un deportista. Estamos influidos, ¡qué se le va a hacer!, por aquel director de la Escuela de Magisterio de Zamora, apellidado Datas, si mal no recordamos, que le rompió las actas, según se decía, a un profesor de Educación Física exclamando: ¡Pero tu que quieres hacer, maestros o titiriteros!

Pero hoy, si, nos alegramos porque hemos leído en Internet que el hijo de unos amigos es una figura de baloncesto. Vamos, que promete. A sus 18 años dicen que es un fenómeno. Se llama Isue Hernández. Cuando sea más famoso y vaya a jugar al seno del 'monstruo', como nombraba José Martí a los USA, podrá decir que es grande y original hasta en el nombre: solo hay dos: él y nuestro hijo: del que su padre lo tomó prestado.

De modo que nuestra felicitación a estos amigos, algo habrán hecho para que su hijo sea una figura. Nos suponemos.

jueves, 1 de mayo de 2008

Iswe Letu: Trato vejatorio

Luchando contra el racismo:

Como viene siendo cada vez más a menudo, el racismo enseña sus uñas de gata malparida. En España. Los malos tratos policiales, también. En este caso una venezolana ha sido vejada por la policía española.

Pueden leer en el blog que les indico mas abajo la carta de protesta que ha dirigido al presidente Zapatero.

Quede aquí constancia con esto de nuestra indignación por tales hechos. Y como protesta contra ese racismo que, además, solo se aplica a gentes sencillas. Los del dinero son respetados sean de la raza que sea.

Esta es la dirección donde se puede leer la carta:

http://www.espacioblog.com/c-rmencit-/post/2008/04/28/dirigido-al-sr-jose-luis-zapatero#c3159096


http://www.espacioblog.com/c-rmencit-/post/2008/04/28/dirigido-al-sr-jose-luis-zapatero


http://www.espacioblog.com/c-rmencit-

domingo, 27 de abril de 2008

Palabras (*) para el homenaje a José Mª Sánchez Hernández

Homenaje a José María Sánchez Hernández
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. “López Aranguren”
Fecha: 25 de abril de 2008
Hora. 19:30
Ávila, 10 de abril de 2008

Hola Yolanda, como te dijimos esta mañana, a esa hora no podemos ir. Y lo sentimos. A mi compañera Puri, además, le cuesta ahora andar porque tiene dolores en el pie derecho. De modo que todo se une para impedir asistir a ese justo homenaje a un buen hombre, compañero amable, amigo sin tacha y camarada donde los haya. Comunicárselo a su mujer e hijo.
Hemos escrito estas palabras que van a continuación por si consideráis oportuno leerlas:
.
Cuando José Luis, ese compañero de CCOO, nos comunicó, por teléfono, la noticia de tu muerte, se nos puso un nudo en la garganta y no supimos qué decirte. Ahora, sí, te las vamos a decir; para ser más exactos te las vamos a leer, porque no somos de los que hablamos en público sin inmutarnos, sino que necesitamos el apoyo de un papel, de estas cuartillas; ya nos vas a perdonar si lo leemos entrecortadamente, si la emoción nos agarrota, si las palabras se nos quiebran, si la lengua se nos traba, pero tu comprenderás que no somos de piedra. Y más teniendo aquí presentes a tu esposa Tere y a tu hijo Aitor.

Ahora, si, como decíamos antes, queremos decirte unas cosas, José Mª Sánchez Hernández, amigo, compañero, camarada (así nos llamabas, porque lo éramos por encima de siglas, de partidos, de bandos, de banderías de izquierdas vividoras de política), maestro de niños y de adultos, José Mª Sánchez Hernández, sentías, sentíamos, como una bofetada en el rostro las injusticias de este muladar hediondo que es este mundo capitalista.

Decimos lo de las injusticias del mundo porque, aunque habías nacido en Ávila y habías dado clases a niños en Granada, todo ello dentro de España, era tu espíritu... como decírtelo... un espíritu del Hombre; del Hombre sin fronteras, ni razas; y, por lo tanto y como consecuencia, de la liberación del Hombre; y, por lo tanto y como consecuencia, de la miseria del Hombre; que quiere decir, sobre todo, de la clase obrera y de los pueblos más oprimidos del mundo.

Intentaste paliar el sufrimiento, poner un grano de arena en pos de la felicidad, a tu manera, de esos pueblos. Te comprometiste con el pueblo saharaui. Y por eso, en tu casa, disfrutaron, por ejemplo, algunos niños saharauis, a los que acogías, durante años; eras un hombre solidario; un hombre hospitalario; a nosotros también nos acogiste; nos diste hospitalidad; y no solo eso, cuando llegamos, desde Euskadi, a Castilla, hartos de estar allí, nos ayudaste.

Decimos hartos no porque estuvièramos hartos del pueblo vasco y su lucha; nunca se nos ocurriría hablar mal de ese pueblo, ni de sus 'borrokas' (luchadores), de sus 'abertzales' (patriotas), no; hemos admirado siempre su lucha, su resistencia; pero aun admirando su dignidad, su combate, esa no era nuestra lucha, ese no era nuestro anhelo; nosotros no éramos independentistas, ni 'abertzales', ni 'borrokas' en su sentido de la palabra, no; éramos luchadores por la República; nunca nos gustó esta monarquía, heredada del franquismo; hemos visto con desconfianza que, el jefe del estado, el rey, coronado por el dictador Franco, sea jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire; porque, es un decir, si por una casualidad democrática ocurriera, como el 14 de abril de 1931, que el pueblo se manifestara por una república, ¿qué haría el jefe de los ejércitos de los ejércitos de tierra, mar y aire, que es jefe de estado y rey?... ¿se estaría quieto?...

Sabemos que esto, ahora, es una pregunta de ciencia ficción, pero ciencia en última instancia; de esto hablamos en numerosas ocasiones, ¿te acuerdas?... y por eso y por mas cosas éramos republicanos...

Pero nos hemos apartado, un poco, de nuestra llegada a Castilla donde tu nos acogiste...

Antes de seguir, amigo, compañero, camarada, José Mª Sánchez Hernández, tenemos que decir que, cuando hemos declarado nuestra admiración por el pueblo vasco y sus luchas, sus 'borrokas', sus 'abertzales', no nos estamos refiriendo a las acciones de Eta, que nunca hemos aprobado, por aquello que dice la Internacional de que 'ni en dios ni el reyes ni en tribunos está el supremo salvador, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor', nosotros mismos, pero no solo por eso sino porque sus atentados terroristas no hacen mas que fortalecer a la más negra reacción derechista, al españolismo más rancio; cuando hablábamos de esa admiración, nos estábamos refiriendo a sus tesón independentista, sus empeño en conservar su lengua, sus costumbres, su idiosincrasia...

Decíamos que, cuando nos acogiste, también nos aconsejaste, nos acompañaste para que no camináramos como extraños; y cuando nos vimos solos ante la represión del Director Provincial de Enseñanza, de cuyo nombre no queremos acordarnos, por haber publicado un artículo de opiníón, solo por eso, tú, con otros compañeros de CCOO, nos arropasteis; es más estuviste a nuestro lado cuando los inspectores, de la alta inspección del estado, se lanzaron como buitres a interrogarnos; y, por último, cuando la depresión nos hundió, por un tiempo, en un pozo oscuro, nos llamabas por teléfono, casi diariamente, animándonos a seguir, a no dejarnos derrotar así como así, del mismo modo que Sancho le aconsejaba a Don Quijote en el lecho de muerte, a no dejarse morir.

Y ahora amigo, compañero, camarada... nosotros no hemos podido hacer nada por ti... ya no vendrás nunca, jamás, a visitarnos como nos habías prometido, no acudirás ya más a ayudarnos, a aconsejarnos, a animarnos... porque la Muerte, la Gran Hija de los Dioses, vestida de negro o de blanco, descorazonadora siempre, con su guadaña llegó y sin ninguna piedad, te llevó.

¡Qué pena, madre, qué pena! Porque la primavera venía cortando trozos de hielo. Dejaba ya asomar tímidamente las flores. ¡Qué pena, madre, qué pena! Porque el 14 de Abril se acercaba. Y el Primero de Mayo estaba, con sus rojas banderas, a la vuelta del último recodo, con sus rojas banderas de dignidad y de combate. ¡Qué pena, madre, qué pena!... que antes de que todo estos acontecimientos primaverales llegaran a ocurrir, te derramaste para siempre...

Pero no te has ido, no, amigo, compañero, camarada, permanecerás en el recuerdo para derrota de esa Gran Hija de los Dioses, de esa impía guadañadora, porque este homenaje es un arma contra 'el olvido oxidado que todo lo entierra'.

Ya el 14 de Abril gritamos, en tu honor, un ¡Viva la República! Y este 1º de Mayo, sus rojas banderas de dignidad y de combate, de la lucha obrera y proletaria, flamearán en tu recuerdo.

Y ahora, amigo, compañero, camarada, José Mª Sánchez Hernández, permítenos que para cerrar este recordatorio, nos dirijamos a tu compañera, a tu querida esposa Tere y a tu querido hijo Aitor, para, con palabras de otro camarada, del poeta Pablo Neruda, en su oda al 'Cactus de la Costa', os haga desterrar el desconsuelo, la desesperanza, la tristeza, la amargura, la soledad; decía así el poeta:

Oda al cactus de la costa

Pequeña
masa pura
de espinas estrelladas,
cactus de las arenas,
enemigo,
el poeta
saluda
tu salud erizada:
en invierno
te he visto:
la bruma carcomiendo
el roquerío,
los truenos
del oleaje
caían
contra Chile,
la sal tumbando estatuas,
el espacio
ocupado
por las arrolladoras
plumas de la tormenta,
y tú,
pequeño
héroe
erizado,
tranquilo
entre dos piedras,
inmóvil,
sin ojos y sin hojas,
sin nidos y sin nervios,
duro, con tus raíces
minerales
como argollas terrestres
metidas
en el hierro del planeta,
y encima
una cabeza,
una minúscula
y espinosa cabeza
inmóvil,
firme, pura,
sola en la trepidante oceanía,
en el huracanado territorio.

Más tarde agosto llega,
la primavera duerme
confundida en el frío
del hemisferio negro,
todo en la costa tiene
sabor negro,
las olas
se repiten
como pianos,
el cielo
es una nave
derribada, enlutada,
el mundo es un naufragio,
y entonces
te escogió la primavera
para volver
a ver
la luz sobre la tierra
y asoman
dos gotas de la sangre
de su parto
en dos de tus espinas solitarias,
y nace
allí
entre piedras,
entre tus alfileres,
nace
de nuevo
la marina
primavera,
la celeste y terrestre
primavera.

Allí, de todo
lo que existe, fragante,
aéreo, consumado,
lo que tiembla en las hojas
del limonero o entre
los aromas dormidos
de la imperial magnolia,
de todo lo que espera
su llegada,
tú, cactus de las arenas,
pequeño bruto inmòvil,
solitario,
tú fuiste el elegido
y pronto
antes de que otra flor te desafiara
los botones
de sangre
de tus sagrados
se hicieron flor rosada,
pétalos milagrosos.

Así es la historia,
y ésta
es la moral
de mí poema:
donde
estés, donde vivas,
en la última
soledad de este mundo,
en el azote
de la furia terrestre,
en el rincón
de las humillaciones,
hermano,
hermana,
espera,
trabaja
firme
con tu pequeño ser y tus raíces.

Un día
para tí,
para todos,
saldrá
desde tu corazón un rayo rojo,
florecerás también una mañana:
no te ha olvidado, hermano,
hermana,
no te ha olvidado,
no,
la primavera:
yo te lo digo,
yo te lo aseguro,
porque el cactus terrible,
el erizado
hijo de las arenas,
conversando
conmigo
me encargó este mensaje
para tu corazón desconsolado.

Y ahora
te lo digo
y me lo digo:
hermano, hermana,
espera,
estoy seguro:
No nos olvidará la primavera.

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(*) Nota:
Este texto es una ampliación de las palabras que pronunciamos en el homenaje a José Mª Sánchez Hernández. Todo esto nos hubiera gustado decir. Y aunque lo esencial lo leímos, hubo algunas cosillas que se nos quedaron en la mente y aquí dejamos constancia escrita. Como tampoco leímos la oda entera, sólo los 7 últimos versos, como hubiera sido nuestro deseo de haber sabido, con más tiempo, que este homenaje se iba realizar.

jueves, 24 de abril de 2008

Homenaje a José Mª Sánchez Hernández

El próximo día 25 de abril vamos a celebrar un acto en homenaje a José María Sánchez Hernández –José María, el de Peguerinos- recientemente fallecido. Muchos de los afiliados le conocisteis. José María fue un militante especialmente comprometido, modelo de luchador contra la injusticia, de defensor de los débiles.



José María pertenece al grupo nuclear de las Comisiones Obreras de Ávila y asumió responsabilidades en el sindicato de enseñanza -como liberado sindical y miembro de la ejecutiva- y en la federación regional de enseñanza a cuya ejecutiva también perteneció.



Desde el sindicato de enseñanza de CCOO de Ávila estábamos preparando ya este homenaje, porque José María se había jubilado. El diseño del mismo era -como es obvio- diferente. Una realidad tozuda e inesperada se ha encargado de torcer las líneas. A pesar de la tristeza de estos momentos creemos que el homenaje sigue teniendo sentido, que José María merece el reconocimiento que en este acto le dispensamos.



Por todo ello, queremos animaros a compartir con todos nosotros –compañeros y amigos- y con su familia esta cita. En ella, compañeros, amigos y colaboradores de los diferentes ámbitos de su trayectoria como maestro, como sindicalista, como hombre comprometido con asociaciones diversas y como persona, haremos de él una cariñosa semblanza.



Quedáis invitados.



Homenaje a José María Sánchez



Lugar: Salón de Actos del I.E.S. “López Aranguren”
Fecha: 25 de abril de 2008
Hora. 19:30



Ávila, 10 de abril de 2008

martes, 22 de abril de 2008

Yolanda Wood: 'Césaire y Lam: inquietudes y reflexiones'

Foto de Wifredo Lam
Foto de Aimé Césaire

Césaire y Lam: inquietudes y reflexiones

Por la Dra. Yolanda Wood(*)

Wifredo Lam (1902-1982) y Aimé Césaire (1913) se conocieron en Martinica. [1] En el año 1941 se produjo el encuentro de dos antillanos fundadores. Uno y otro estaban de regreso al país natal provenientes de la Europa en guerra. Ambos en circunstancias de ansiedad ante las urgencias del presente y los apremios del porvenir. Un encuentro breve pero trascendente por su significación cultural. Para ambos se inauguraba un nuevo período de inquietudes y reflexiones. Desde sus respectivos países desplegaron una labor mayor y decisiva que marcaría un momento esencial en la evolución de sus propias obras y en el impacto que adquirirían en el contexto regional e internacional.
Los dos habían marchado muy jóvenes a Europa a realizar estudios. Lam, once años mayor que Césaire, tuvo experiencias muy intensas durante sus años en España. Allí aprendió el arte de los grandes maestros, formó una familia y la perdió –esposa e hijo– por la miseria y la tuberculosis. Allí tomó partido por la República española participando en las milicias que defendieron Madrid. Césaire regresó a Martinica en septiembre de 1939 ante la inminencia de la guerra a la edad de 26 años cuando su trayectoria artística se revelaba ya exitosa en Francia. Lam de manera brusca tiene que abandonarlo todo después de 18 años de ausencia. Regresó a su país en 1941 con 39 años de edad donde era un desconocido. En el primer lustro del 40 están los dos de retorno en el país natal, desde donde inauguraron una nueva aventura de intensas formulaciones y novedosas propuestas.
Por primera vez se produjo una tal proyección de notoriedad intelectual y reconocimiento artístico de artistas del Caribe desde el Caribe mismo. En ello tuvieron mucho que ver la madurez alcanzada por ambos en sus etapas europeas precedentes y el modo en que asumieron el reto de una reinserción creadora en circunstancias tan complejas. Igualmente importante fue el desplazamiento de una comunidad de importantes intelectual desde Europa a América en esos tiempos de guerra, entre ellos André Breton, quienes activaron una red de relaciones entre artistas e instituciones de Latinoamérica y el Caribe, y de ellos con los Estados Unidos. Se trató de una coyuntura sin precedentes.
La guerra había debutado en Europa en 1939. Ese mismo año apareció publicada en la revista Volontés (Paris, No. 20), la primera versión de Cahier d´un retour au pays natal, obra con la que Aimé Césaire adquiere un amplio reconocimiento como poeta negro y antillano. En 1943 fue traducida a la lengua española en La Habana por Lydia Cabrera, y publicada con prólogo de Benjamín Peret e ilustraciones de Wifredo Lam. [2] En 1947 se publicó en Estados Unidos una edición bilingüe con prefacio de André Breton, cuyo texto había publicado originalmente, en el año 1944, la revista Tropiques (1941-1945) que fundó y dirigió Aimé Césaire en Martinica. En esta concatenación de acontecimientos se teje un entramado contextual en el primer lustro de la década del 40 que interconecta Lam, Césaire y Breton; Francia, Martinica y Cuba.
Esta relación de nombres y acontecimientos bastaría por sí sola para distinguir su importancia en el contexto caribeño. Sin embargo se trató de un proceso mucho más profundo por el modo que el Caribe se insertó en una itinerario cultural que se desplazaba desde Europa y que a través de América, conectaba el viejo continente con los Estados Unidos. Se redefinía un mapa cultural que inauguraba la configuración de un nuevo poder simbólico para el hemisferio occidental en vísperas de la segunda mitad del siglo XX. Se trató de un importante cambio de paradigma.
Césaire y Lam, aún bajo los influjos del surrealismo, transitaron por una nueva experiencia en las que el contexto impuso sus jerarquías para revelar, fuertemente, la legitimación de otras fuentes originarias, fundamentalmente la africana, mítica y ancestral. Lam y Césaire fueron símbolos de esa nueva trayectoria crítica de apropiaciones de lo europeo, que tan bien conocían; y de puesta en valor de sus propias raíces culturales en discursos artísticos que mostraban los inusitados caminos de la antillanidad.

Césaire y Tropiques


En ese primer lustro de los años 40, Césaire fundó una publicación que fue su plataforma de acción y reflexión durante los años de la guerra europea. Desde ella aglutinó fuerzas y formó conciencias. Fue una revista de pensamiento intelectual por la índole de sus propuestas: Tropiques, una revista ejemplar, que logró mantener la indagación y la observación crítica durante su corta –pero intensa– existencia en Martinica, una isla –que con palabras del poeta– estaba “completamente fuera del mundo”. [3]
Bien que la revista se propuso ser cultural, no escapó a las contradicciones y complejidades de su tiempo por lo que pudieran perfilarse ciertos paralelismos con otras publicaciones en el Caribe, como Revista de Avance (Cuba) o 'la Révue Indigène (Haití). Césaire quería que Martinica se reencontrara en sus páginas y por ello no podía ser una revista cultural en abstracto. Le inquietaba que las Antillas fueran exclusivamente consumidoras culturales, y decía, “(…) he trabajado para que puedan expresarse ellas mismas, hablar, crear. Por eso era necesario un centro de reflexión, un espacio de pensamiento, una revista”. [4]
Césaire y el equipo de Tropiques, eran conscientes del momento “ingrato y políticamente peligroso” en que viviría la publicación. Algunos de los integrantes habían tomado parte, como René Ménil, en una publicación precedente, Légitime Défense (1932), de vida efímera, pero de una gran profundidad en sus textos. La nueva revista fundada ahora por Césaire, no escapaba a las tendencias de su tiempo, y según el poeta, cuando André Breton leyó los tres primeros números “creyó que yo era surrealista (…) lo cual no era ni enteramente falso ni enteramente cierto”. El encuentro de Césaire y Ménil con Breton en Martinica y el interés que mostró el francés por las ideas sobre las cuales giraban sus autores en aquella revista que encontró en la vitrina de una pequeña librería en Fort de France; fueron un acicate –una revelación– para ellos: “Yo diría que el encuentro con Breton fue una confirmación de las verdades a las que yo había llegado por mis propias reflexiones. Eso nos permitió ganar tiempo, ir más de prisa, llegar más lejos (…) fue un encuentro extraordinario (…) para mí algo MUY IMPORTANTE, como había sido el encuentro con Senghor, diez o quince años antes”. [5]
Tropiques estuvo sometida a la censura y a una lectura “entre líneas” con palabras de Ménil. A silencios y vacíos cargados de significación para los lectores de su tiempo y proceder con modos discursivos que se apoyaron en la retórica del lenguaje y de la poesía. En su multiplicidad de puntos de vistas, Tropiques, ha dicho Ménil, “fue la expresión de las perspectivas, de las esperanzas, de la voluntad de la izquierda revolucionaria antillana en los años 40”. [6] Es de resaltar esa voluntad inclusiva de lo antillano y caribeño que se perfila en la publicación donde aparecieron contribuciones de los cubanos Lydia Cabrera y Alejo Carpentier.
Roger Toumson en su prefacio a Anthologie poétique de Aimé Césaire, calificaba a Tropiques como “una revista de combate”, una modesta publicación trimestral que ejerció una influencia intelectual e ideológica considerable”. En lo cultural, precisa, “contribuyó a la definición de una identidad colectiva antillana poniendo el acento sobre la comunidad de destinos de los pueblos negros y sobre la necesidad de revalorizar el legado africano”. [7]
En la revista se encuentra una extensa obra poética de Césaire realizada durante esos años que se integrarían, en gran parte, su libro Les armes miraculeuses (1946). Como ya se ha indicado, en 1947, aparecerá en Estados Unidos, el volumen Cahier d´un retour au pays natal, con prólogo de André Breton.


Cuadro de La Jungla de Wifredo Lam


Lam y La Jungla


Entre 1941 y 1945, Lam está en Cuba. En esos años se define su personalidad artística y su lenguaje simbólico. Fue uno de los primeros artistas plásticos de la región, y el primer cubano, en haber tenido la experiencia de un itinerario antillano [8] en época tan temprana de la década del 40 cuando aún la perspectiva de “lo caribeño” era muy limitada en la conciencia y la subjetividad regional. El artista escapa de Europa sin otra alternativa.
El encuentro de Lam con el Caribe fue físico y espiritual. Desde su llegada a Martinica, Lam inauguró el camino de las auto-revelaciones y el viaje hacia sí mismo, por la naturaleza viva que lo transportó a sus orígenes, por el encuentro con Césaire y por la huella de africanidad que debió adquirir dimensiones cada vez más importantes en su memoria. La obra de Lam remite a un mundo que integró, en una dimensión cubanísima y antillana, los aportes del imaginario mítico africano. Se trata de una simbiosis de elementos diversos que alcanzan su apoteosis en La Jungla, obra que legó una zona mágica para todo el arte posterior. A diferencia de Césaire, Wifredo Lam se encuentra más sólo y aislado en su espacio creativo desde donde entabla un nexo profundo con sus orígenes culturales.
Fue en la revista Tropiques donde apareció en 1945, el primer importante ensayo de la pluma de Pierre Mabille sobre La jungla de Wifredo Lam, obra que entonces ya había sido adquirida por el MoMA de Nueva York.
En estos años de creación, Lam mantiene un predominio figurativo, pero resemantiza sus referentes y crea una personal iconografía de carácter sígnico visual. En ese sentido supera todo aspecto factual de lo visible y penetra al sentido de sus indagaciones visuales desde lo simbólico-expresivo. Lam construyó en el Caribe su espacio artístico original y su poética de misterios ocultos.
Al referirse a su obra en 1947, Césaire decía que “Lam fija sobre la tela la ceremonia por la que todo existe: la ceremonia de la unión física del hombre y del mundo (…) Lam celebra la transformación del mundo en mito y convivencia (…) en definitiva lo que por su intervención triunfa en las Antillas es el espíritu de la creación”. [9]
Lam y Césaire, construyeron un andamiaje discursivo para la resistencia cultural en el Caribe desde sus universos artísticos respectivos y lo proyectaron, con una obra consistente, excepcional y liberadora, al ámbito internacional. Ambos fueron referentes culturales de su tiempo y de nuestro tiempo, aún. Vivieron años convulsos y contradictorios. Con modos de inserción y actuación diferentes, se inscribieron en esa temporalidad histórico-cultural tan fecunda y compleja. La obra de Lam y Césaire en ese primer lustro de los 40 marcó un antes y un después en las artes caribeñas y fue porque en ambos se distinguió lo que el propio Césaire definiera como la naturation: “Un retour à la nature profonde de soi-même”, retorno intenso y productivo en el espacio y en el tiempo hacia los inicios de todo. Una inflexión a lo originario donde se encuentra lo original. Una vuelta a las islas prometedoras. Retorno indagatorio, reflexivo y trascendental.

(*) Directora del Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas.

[1] Wifredo Lam ha dicho que “en aquel lugar reconoció su paisaje de niño; por doquier la vegetación le era familiar. De algún modo estaba de vuelta a casa”. Núñez Jiménez, Antonio. Wifredo Lam, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982, p. 158
[2] Cf. Aimé Césaire: Retorno al país natal, Fundación Sinsonte, España, 2007. Traducción de Lydia Cabrera y Lourdes Arencibia. Prefacio de Benjamín Péret. Postfacio de Lourdes Arencibia. Ilustraciones sobre dibujos de Wifredo Lam. Fundación Sinsonte. España. 2007.
[3] Jacqueline Leiner : “Entretien avec Aimé Césaire”. Tropiques. Tome I. Nos. 1 a 5, avril 1941-avril 1942. Editions Jean-Michel Place. Paris, 1978. p. V. Traducción Y.W.
[4] Ibid, p.V Traducción Y.W.
[5] Ibid, p.VI. Traducción Y.W.
[6] René Ménil : Pour une lectura critique de Tropiques. Ibid., p. XXXIV.
[7] Aimé Césaire. Anthologie Poétique. Presentación y notas de Roger Toumson. Imprimerie Nationale.1996, p. 11. Traducción Y.W.
[8] Después de Martinica, Lam tendrá una estancia breve en Santo Domingo.
[9] Aimé Césaire: “Wifredo Lam y Las Antillas”. Citado por Antonio Núñez Jiménez, Op.cit, p. 163.