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lunes, 24 de septiembre de 2012

Pablo Neruda: Del aire al aire (*)


DEL aire al aire, como una red vacía, 
iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo, 
en el advenimiento del otoño la moneda extendida 
de las hojas, y entre la primavera y las espigas, 
lo que el más grande amor, como dentro de un guante 
que cae, nos entrega como una larga luna.

(Días de fulgor vivo en la intemperie 
de los cuerpos: aceros convertidos 
al silencio del ácido:
noches deshilachadas hasta la última harina:
estambres agredidos de la patria nupcial.)

Alguien que me esperó entre los violines 
encontró un mundo como una torre enterrada 
hundiendo su espiral más abajo de todas 
las hojas de color de ronco azufre:
más abajo, en el oro de la geología, 
como una espada envuelta en meteoros, 
hundí la mano turbulenta y dulce 
en lo más genital de lo terrestre.

Puse la frente entre las olas profundas, 
descendí como gota entre la paz sulfúrica, 
y, como un ciego, regresé al jazmín 
de la gastada primavera humana. 
__________
(*) Título nuestro. Del poemario 'Canto general', parte rotulada como 'Alturas de Macchu Picchu'

domingo, 27 de abril de 2008

Palabras (*) para el homenaje a José Mª Sánchez Hernández

Homenaje a José María Sánchez Hernández
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. “López Aranguren”
Fecha: 25 de abril de 2008
Hora. 19:30
Ávila, 10 de abril de 2008

Hola Yolanda, como te dijimos esta mañana, a esa hora no podemos ir. Y lo sentimos. A mi compañera Puri, además, le cuesta ahora andar porque tiene dolores en el pie derecho. De modo que todo se une para impedir asistir a ese justo homenaje a un buen hombre, compañero amable, amigo sin tacha y camarada donde los haya. Comunicárselo a su mujer e hijo.
Hemos escrito estas palabras que van a continuación por si consideráis oportuno leerlas:
.
Cuando José Luis, ese compañero de CCOO, nos comunicó, por teléfono, la noticia de tu muerte, se nos puso un nudo en la garganta y no supimos qué decirte. Ahora, sí, te las vamos a decir; para ser más exactos te las vamos a leer, porque no somos de los que hablamos en público sin inmutarnos, sino que necesitamos el apoyo de un papel, de estas cuartillas; ya nos vas a perdonar si lo leemos entrecortadamente, si la emoción nos agarrota, si las palabras se nos quiebran, si la lengua se nos traba, pero tu comprenderás que no somos de piedra. Y más teniendo aquí presentes a tu esposa Tere y a tu hijo Aitor.

Ahora, si, como decíamos antes, queremos decirte unas cosas, José Mª Sánchez Hernández, amigo, compañero, camarada (así nos llamabas, porque lo éramos por encima de siglas, de partidos, de bandos, de banderías de izquierdas vividoras de política), maestro de niños y de adultos, José Mª Sánchez Hernández, sentías, sentíamos, como una bofetada en el rostro las injusticias de este muladar hediondo que es este mundo capitalista.

Decimos lo de las injusticias del mundo porque, aunque habías nacido en Ávila y habías dado clases a niños en Granada, todo ello dentro de España, era tu espíritu... como decírtelo... un espíritu del Hombre; del Hombre sin fronteras, ni razas; y, por lo tanto y como consecuencia, de la liberación del Hombre; y, por lo tanto y como consecuencia, de la miseria del Hombre; que quiere decir, sobre todo, de la clase obrera y de los pueblos más oprimidos del mundo.

Intentaste paliar el sufrimiento, poner un grano de arena en pos de la felicidad, a tu manera, de esos pueblos. Te comprometiste con el pueblo saharaui. Y por eso, en tu casa, disfrutaron, por ejemplo, algunos niños saharauis, a los que acogías, durante años; eras un hombre solidario; un hombre hospitalario; a nosotros también nos acogiste; nos diste hospitalidad; y no solo eso, cuando llegamos, desde Euskadi, a Castilla, hartos de estar allí, nos ayudaste.

Decimos hartos no porque estuvièramos hartos del pueblo vasco y su lucha; nunca se nos ocurriría hablar mal de ese pueblo, ni de sus 'borrokas' (luchadores), de sus 'abertzales' (patriotas), no; hemos admirado siempre su lucha, su resistencia; pero aun admirando su dignidad, su combate, esa no era nuestra lucha, ese no era nuestro anhelo; nosotros no éramos independentistas, ni 'abertzales', ni 'borrokas' en su sentido de la palabra, no; éramos luchadores por la República; nunca nos gustó esta monarquía, heredada del franquismo; hemos visto con desconfianza que, el jefe del estado, el rey, coronado por el dictador Franco, sea jefe de los ejércitos de tierra, mar y aire; porque, es un decir, si por una casualidad democrática ocurriera, como el 14 de abril de 1931, que el pueblo se manifestara por una república, ¿qué haría el jefe de los ejércitos de los ejércitos de tierra, mar y aire, que es jefe de estado y rey?... ¿se estaría quieto?...

Sabemos que esto, ahora, es una pregunta de ciencia ficción, pero ciencia en última instancia; de esto hablamos en numerosas ocasiones, ¿te acuerdas?... y por eso y por mas cosas éramos republicanos...

Pero nos hemos apartado, un poco, de nuestra llegada a Castilla donde tu nos acogiste...

Antes de seguir, amigo, compañero, camarada, José Mª Sánchez Hernández, tenemos que decir que, cuando hemos declarado nuestra admiración por el pueblo vasco y sus luchas, sus 'borrokas', sus 'abertzales', no nos estamos refiriendo a las acciones de Eta, que nunca hemos aprobado, por aquello que dice la Internacional de que 'ni en dios ni el reyes ni en tribunos está el supremo salvador, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor', nosotros mismos, pero no solo por eso sino porque sus atentados terroristas no hacen mas que fortalecer a la más negra reacción derechista, al españolismo más rancio; cuando hablábamos de esa admiración, nos estábamos refiriendo a sus tesón independentista, sus empeño en conservar su lengua, sus costumbres, su idiosincrasia...

Decíamos que, cuando nos acogiste, también nos aconsejaste, nos acompañaste para que no camináramos como extraños; y cuando nos vimos solos ante la represión del Director Provincial de Enseñanza, de cuyo nombre no queremos acordarnos, por haber publicado un artículo de opiníón, solo por eso, tú, con otros compañeros de CCOO, nos arropasteis; es más estuviste a nuestro lado cuando los inspectores, de la alta inspección del estado, se lanzaron como buitres a interrogarnos; y, por último, cuando la depresión nos hundió, por un tiempo, en un pozo oscuro, nos llamabas por teléfono, casi diariamente, animándonos a seguir, a no dejarnos derrotar así como así, del mismo modo que Sancho le aconsejaba a Don Quijote en el lecho de muerte, a no dejarse morir.

Y ahora amigo, compañero, camarada... nosotros no hemos podido hacer nada por ti... ya no vendrás nunca, jamás, a visitarnos como nos habías prometido, no acudirás ya más a ayudarnos, a aconsejarnos, a animarnos... porque la Muerte, la Gran Hija de los Dioses, vestida de negro o de blanco, descorazonadora siempre, con su guadaña llegó y sin ninguna piedad, te llevó.

¡Qué pena, madre, qué pena! Porque la primavera venía cortando trozos de hielo. Dejaba ya asomar tímidamente las flores. ¡Qué pena, madre, qué pena! Porque el 14 de Abril se acercaba. Y el Primero de Mayo estaba, con sus rojas banderas, a la vuelta del último recodo, con sus rojas banderas de dignidad y de combate. ¡Qué pena, madre, qué pena!... que antes de que todo estos acontecimientos primaverales llegaran a ocurrir, te derramaste para siempre...

Pero no te has ido, no, amigo, compañero, camarada, permanecerás en el recuerdo para derrota de esa Gran Hija de los Dioses, de esa impía guadañadora, porque este homenaje es un arma contra 'el olvido oxidado que todo lo entierra'.

Ya el 14 de Abril gritamos, en tu honor, un ¡Viva la República! Y este 1º de Mayo, sus rojas banderas de dignidad y de combate, de la lucha obrera y proletaria, flamearán en tu recuerdo.

Y ahora, amigo, compañero, camarada, José Mª Sánchez Hernández, permítenos que para cerrar este recordatorio, nos dirijamos a tu compañera, a tu querida esposa Tere y a tu querido hijo Aitor, para, con palabras de otro camarada, del poeta Pablo Neruda, en su oda al 'Cactus de la Costa', os haga desterrar el desconsuelo, la desesperanza, la tristeza, la amargura, la soledad; decía así el poeta:

Oda al cactus de la costa

Pequeña
masa pura
de espinas estrelladas,
cactus de las arenas,
enemigo,
el poeta
saluda
tu salud erizada:
en invierno
te he visto:
la bruma carcomiendo
el roquerío,
los truenos
del oleaje
caían
contra Chile,
la sal tumbando estatuas,
el espacio
ocupado
por las arrolladoras
plumas de la tormenta,
y tú,
pequeño
héroe
erizado,
tranquilo
entre dos piedras,
inmóvil,
sin ojos y sin hojas,
sin nidos y sin nervios,
duro, con tus raíces
minerales
como argollas terrestres
metidas
en el hierro del planeta,
y encima
una cabeza,
una minúscula
y espinosa cabeza
inmóvil,
firme, pura,
sola en la trepidante oceanía,
en el huracanado territorio.

Más tarde agosto llega,
la primavera duerme
confundida en el frío
del hemisferio negro,
todo en la costa tiene
sabor negro,
las olas
se repiten
como pianos,
el cielo
es una nave
derribada, enlutada,
el mundo es un naufragio,
y entonces
te escogió la primavera
para volver
a ver
la luz sobre la tierra
y asoman
dos gotas de la sangre
de su parto
en dos de tus espinas solitarias,
y nace
allí
entre piedras,
entre tus alfileres,
nace
de nuevo
la marina
primavera,
la celeste y terrestre
primavera.

Allí, de todo
lo que existe, fragante,
aéreo, consumado,
lo que tiembla en las hojas
del limonero o entre
los aromas dormidos
de la imperial magnolia,
de todo lo que espera
su llegada,
tú, cactus de las arenas,
pequeño bruto inmòvil,
solitario,
tú fuiste el elegido
y pronto
antes de que otra flor te desafiara
los botones
de sangre
de tus sagrados
se hicieron flor rosada,
pétalos milagrosos.

Así es la historia,
y ésta
es la moral
de mí poema:
donde
estés, donde vivas,
en la última
soledad de este mundo,
en el azote
de la furia terrestre,
en el rincón
de las humillaciones,
hermano,
hermana,
espera,
trabaja
firme
con tu pequeño ser y tus raíces.

Un día
para tí,
para todos,
saldrá
desde tu corazón un rayo rojo,
florecerás también una mañana:
no te ha olvidado, hermano,
hermana,
no te ha olvidado,
no,
la primavera:
yo te lo digo,
yo te lo aseguro,
porque el cactus terrible,
el erizado
hijo de las arenas,
conversando
conmigo
me encargó este mensaje
para tu corazón desconsolado.

Y ahora
te lo digo
y me lo digo:
hermano, hermana,
espera,
estoy seguro:
No nos olvidará la primavera.

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(*) Nota:
Este texto es una ampliación de las palabras que pronunciamos en el homenaje a José Mª Sánchez Hernández. Todo esto nos hubiera gustado decir. Y aunque lo esencial lo leímos, hubo algunas cosillas que se nos quedaron en la mente y aquí dejamos constancia escrita. Como tampoco leímos la oda entera, sólo los 7 últimos versos, como hubiera sido nuestro deseo de haber sabido, con más tiempo, que este homenaje se iba realizar.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Homenaje a las Víctimas del Franquismo: Nestor Basterretxea

Pintura de Saura para el 'Homenaje a las Víctimas de Franquismo


Siempre que se acerca el día 27 de septiembre, solemos recordar otro 27 de septiembre, el de 1975, cuando el franquismo estaba dando los últimos coletazos. Brutales coletazos, puesto que asesinó a cinco militantes antifascistas. Los recordamos puesto que toda la reacción monárquica ha hecho lo posible para que el olvido entierre su memoria. Y también recordamos a todas las víctimas del franquismo que la llamada 'Transición' quiso enterrar bajo toneladas del olvido. Como recordamos asi mismo los esfuerzos que se hicieron por sacarlas del olvido 'oxidado que todo lo entierra' como recordaba el poeta Pablo Neruda.

Uno de los esfuerzos más serios fue el que se hizo a últimos de la década de los ochenta y que encabezó el llamado Partido Comunista de España (marxista-leninista) PCE (m-l). Un partido que desapareció hace unos años y parece que ha vuelto, ahora, a iniciar otra andadura política. A esta iniciativa se unieron casi todas las fuerzas políticas, si bien dejaban a ese partido todo el trabajo, nos suponemos que era para ver si se estrellaba. Así se comportaron todos los actores de esa 'Transición'. Malamente. No se estrelló. Consiguió sacar adelante el homenaje a las víctimas del franquismo con la ayuda fervorosa del mundo del arte y apoyándose en el recuerdo del pueblo español.

En Euskadi se hizo un festival musical en Bilbao, cuyo escenario decoró, con un cartel, el escultor Nestor Basterretxea y la exposición itinerante, por todo el estado español, también llegó a Donostia. Para el día de su inauguración Basterretxea escribió para leeerlo el siguiente texto que luego, creemos recordar, no pudo hacerlo al llegar, como llegó, un jefe del partido en el que, entonces, no sé si ahora, estaba abscrito, Eusko Alkartasuna, y... donde hay patrón no manda marinero:

Nestor Basterretxea:

Los años se asientan en la memoria y nos perfilan la conciencia, de modo consecuente a cómo nos ha sido dado vivirlos: a cómo y según la naturaleza de los acontecimientos ha gravitado en nosotros. Yo pertenezco a la generación de los que aún éramos niños cuando la guerra civil estalló. Como tantos otros chavales de mi edad, crecí en el fragor de unos gritos que no podía entender entonces. Tuve que andar por los caminos urgentes de las huídas forzadas, aprendiendo tempranamente a sortear los peligros, a sobrevivir pegado inevitablemente a las sombras del miedo y desvelado por la constancia palpable de temores acuciantes.

La guerra.

Nos derribaron la puerta de la casa de mi padre, la saquearon y nos arruinaron. Después, fue el exilio.

Un luto de grandes números negros contabilizaba por docenas de miles, las muertes habidas en los fondos fangosos de las trincheras -como una llaga viva- iba dibujando día a día el mapa cambiante de la guerra. Me acuerdo bien de las banderitas de papel y las alfileres de colores que pinchábamos en los mapas murales, después de oír los partes diarios: "Aquí hemos avanzado". "Aquí hemos retrocedido". "¿Qué dice la radio?"; "Que ha caído Bilbao". Y junto a las canciones que conducían a las primeras líneas de fuego, (¡Ay Carmela!, ¡Anda jaleo, jaleo!, Puente de los franceses...) la muerte caminaba inexorable y metálica hasta segar las voces de los hombres, en unos silencios de pana ensangrentada y raída.

Como en Belchite, en el Ebro, en Gernika. Eusko gudariak gera, Euskadi azkatzeko, gerturik daukagu oldola bere alde emateko.

Como un oscuro peregrino con una hogaza de pan duro en el zurrón, el dolor viajaba por las Españas en alpargatas y boina. Viajaba por los altavoces en la plaza del pueblo, o en las procesiones solemnes y salvadoras. Iba en las bombas de los aviones extranjeros o en los cañones bendecidos. Se detenía en el filo de las bayonetas y seguía por los muros acribillados de los paredones soleados de las aldeas. Pasaba la noche en el temblor de las cárceles y se solazaba en el estallido del llanto...

Y seguía viajando el oscuro peregrino.




(CONTINUARÁ ESTE ESCRITO DEL ESCULTOR NESTOR BASTERRETXEA PARA LA EXPOSICIÓN 'HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO' DE DONOSTIA EN EL PRÓXIMO POST)

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Pablo Neruda: Declaración de Amor

Tus brazos son como alhelíes
de Carampangue y por tu boca uraña
me llama el avellano y los raulíes.
Tu pelo tiene olor a las montañas.

Acuéstate otra vez a mi costado
como agua del estero puro y frío
y dejarás mi pecho perfumado
a madera con sol y con rocío.

Pablo Neruda
(Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta)

Pablo Neruda: Los nazis

¡Los nazis con su güadaña
cortaron el corazón
de España!

¡Maldición!

P. Neruda
(Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta)