viernes, 17 de febrero de 2012

José Mª Amigo: Cazando letras cobro 'Onitsha' de Le Clezio

Título: Onitsha
Autor: J.M.G. Le Clezio
Tusquets Editores
Barcelona, 2008


El libro que acabo de leer es de J.M.G. Le Clezio, Premio Nobel de 2008 al cual no había leído. Es mas, ¡qué vergüenza!, ni había oído hablar de él.

Sin embargo, un camarada de anhelos y esperanzas de allende los mares, me lo ha dado a conocer. Desde su blog 'Cazando letras' (http://letrasyespacios.blogcindario.com/) hizo una reseña de una de sus obras y me interesó.

Este camarada es siempre muy alentador en los juicios sobre mis escritos. Le pasa lo mismo que a otro amigo, también creo que de anhelos y esperanzas, natural de mi pueblo, Antonio Tejedor (http://lagartosquebrada.blogspot.com/) que, así mismo, es muy generoso con las redacciones que hago. Tienen mucho en común ambos: son profesores. Buenos pedagogos que siempre encuentran algo positivo en el alumno. 

Seguro que si se conocieran llegarían a ser amigos. Como mínimo.

El libro se titula 'Onitsha'. Onitsha es una población nigeriana. Es decir trata, en buena parte de la novela, sobre ese rincón africano. Por eso la he leído. Por eso me interesó el personaje. Por su imbricación con Africa. No por ser Premio Nobel. En modo alguno por el oropel. Es mas: me tiran para atrás todos esos galardonados. Debe ser envidia cochina.

Pero vuelvo a 'Onitsha'. Para eso tengo que embarcarme con Fintan Allen y su  madre, la italiana Maou, en un navío que parte de Burdeos y atravesando el estuario de la Gironda se adentra en el mar rumbo a Africa. Tengo que descubrir mis miedos y esperanzas. Contemplo la vida que bulle en torno del barco y dentro de él. Por mis ojos el mar se adueña de todo y se traga la tierra gala. Van apareciendo las islas Azores, las islas Canarias, Dakar (visitamos la isla Goree y nos angustiamos con los esclavos aherrojados en mazmorras hacinados en el fuerte de esta isla senegalesa), Freetown, Monrovia, Takoradi, Cotonú... Hasta que, remontando la desembocadura del río Niger, se llega a Onitsha. Allí nos recibe Geofroy Allen padre de Fintan y esposo de Maou, la italiana. Es un inglés que trabaja en la United Africa a quien el hijo, que se resiste a llamarlo padre, no conoce aun. Y su esposa ha tenido cierto trato, pero no ha convivido con él, maritalmente, mas que algunos días de vacaciones.

El África que encontramos, que se nos ofrece a la vista, no es el continente que imaginábamos, o que se ofrece al común de los mortales, con elefantes, ciervos, chacales, leones o cebras... pastando en la sabana, sino un campo sembrado de ñames y otro cultivos. La vida transcurre sin misterios entre el río, la pesca, las termitas con sus altos termiteros, el estudio en casa, las reuniones en el club; el club de los blancos, donde los hombres hablan mal de los negros y las mujeres se quejan de sus criadas negras. Y todo ello sin conocer a los habitantes de Onitsha, sin saber de sus anhelos, de sus esperanzas, solo tienen ante si el ordeno y mando. Y eso choca en la italiana Maou. Se comprende esa resistencia de ella a seguir con las costumbres de esa minoría. No ha tenido tiempo para aborregarse y tirar por tierra su sentido común, su humanidad universal. No ha sido domeñada. 

Y se enfrenta al maltrato a los negros. Una escena: se desarrolla en el club cuando unos negros, encadenados, están construyéndole una piscina a uno de los jefes blancos. 

"De pronto, Maou se levantó, y con un temblor de cólera en la voz, con el cómico acento franco-italiano que le salía en inglés, dijo:
-¡Hay que darles de comer y beber!; miren a esa pobre gente, ¡tienen hambre y sed! -Dijo 'fellow', como en pidgin.
Se hizo un silencio estupefacto durante un interminable minuto, la miraban, vueltas hacia ella, todas las caras de los invitados, y comprobó que el mismo Geoffroy la consideraba con estupor, ruborizado, con las comisuras de los labios alicaidas y los puños crispados encima de la mesa.
Gerald Simpson fue el primero en volver de su asombro, y se limitó a decir con aplomo:
-Ah si, muy cierto, supongo...
Llamó al boy y le trasmitió unas órdenes. En un instante, los guardias pusieron a los forzados fuera del alcance de la vista, detrás de la casa. . el D.O. añadió, mirando a Maou con ironía:
-Bueno, así está mejor, ¿no es cierto? Hacían un condenado ruido, ahora podremos estar todos un poco mas tranquilos."

Por esta y otras roceduras Geoffroy no vuelve a llevar a su mujer al club. Ella se vierte en otros conocimientos, como son: el de los habitantes del pueblo, los comerciantes del mercadillo, su hijo, la criada negra, la observación de la atmósfera... 

Su marido, aunque le molestó las salida de tono de su esposa, lo olvida pues su mente está ocupada en fantasiosos deseos de viajar a Egipto y Sudán en pos de las huellas de Meroe, el último reino negro del Nilo

(Por cierto, no es una elucubración del escritor sino que recoge las interpretaciones de numerosos historiadores que sostienen que las civilizaciones del Oeste africano proceden de la época faraónica. El senegalés Cheikh Anta Diop indagó y ahondó en este terreno. El escritor no lo cita, cosa que hace con otros africanistas: Leo Frobenius, Amaury Talbot, Nachtingal, Bart o Hasan Ibn Mohamed a-Wasan al-Fasi, mas conocido por Leon El Africano. Me informo por ahí de que J.M.G. Le Clezio -parece que es su estilo- suele engarzar con temas históricos sus relatos. Aquí se descubren tres: el Egipto Antiguo, el final del Imperio Británico y la Guerra de Biafra)

Decía que la esposa diversifica sus amistades y Fintan por su parte, como un niño cualquiera, se mete pronto en el ambiente, logrando hacerse amigo de los niños del pueblo, sobre todo de Bony. Y así, madre e hijo, poco a poco, se incorporan al entorno y llegan a quererlo. Geoffroy Allen se va separando del club y de la minoría blanca lo que concita enemistades. Los blancos presionan a la compañía para que lo echen. Y lo consiguen. Por lo que tenemos que abandonar Africa y regresar a Europa.

El libro, que tiene mucho de experiencia personal (leer biografía:  http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Marie_Gustave_Le_Cl%C3%A9zio) consta de cuatro capítulos: 1. Un largo viaje; 2. Onitsha; 3 Aro Chuku; 4. Lejos de Onitsha; y dentro de ella hay un relato de las ensoñaciones de Geoffrey, del que ya he hablado, sobre el último reino negro de Meroe, cuya páginas aparecen en columnas mas estrechas, una especia de narración dentro de la narración, técnica que se utiliza a veces y que, por ejemplo, la incorporó -que recordemos- Conrad en la famosísima novela 'El corazón de las tinieblas'. El desarrollo de la obra viene a mostrarnos el presente con ligeras incursiones al pasado que muestran al lector los puntos ignorados de la biografía de los personajes. Estas rememoraciones se colocan en la narración aprovechando cualquier acontecimiento que las suscita. Es decir: como nos viene a la memoria a cualquiera de nosotros: real como la vida misma; como me llegan a mi recuerdos de mi niñez leyendo las correrías de Fintan.

En las 254 páginas y con letra que no es pequeña se tratan varios temas: recuerdos de la infancia, opresión colonial del imperialismo, racismo,  explotación y maltrato de los negros, los inicios de la sublevación y el final del imperio. Principalmente. Los asuntos mas políticos e históricos aparecen sin apenas relieve, para mostrar que, en el día a día, los personajes no tienen conciencia de lo que representan, de las consecuencias políticas o históricas de lo que hacen; y menos de intuir la imparable desaparición imperial. Todos, menos el personaje de Sabine Rodes que posee conciencia clara de los hechos o posturas que perjudican el dominio del imperio británico sobre los paises coloniales africanos y vislumbra el final. 

A Maou le dice:

-Somos colonizadores, no bienhechores de la humanidad. ¿Se le ha ocurrido pensar lo que pasaría si los ingleses, a los que tan abiertamente desprecia, retiraran sus cañones y sus fusiles?

Al final de la novela se revela que es "oficial de la Orden del Imperio Británico". Y precisamente con estas palabras termina el libro de Le Clezio.  

viernes, 10 de febrero de 2012

José Mª Amigo: Descubriendo a Nancy Morejón


Libro: Peñalver 51
Autora: Nancy Morajón
Editorial: Fundación Sinsonte
Zamora, 2009

Peñalver 51. Así se titula este libro de Nancy Morejón. Poetisa cubana. Supimos de esta escritora por una revista que, en tiempos de la llamada Revolución Sandinista, publicaba el Ministerio de Cultura, por aquel entonces comandado por el gran poeta Ernesto Cardenal. Revista cuyo papel aspero y un tanto arrugado parecía ese que se dice de estraza. Llevaba una cuerdecilla para sujetar las páginas. Revista que nos regaló un amigo, un camarada, quien, con una delegación del partido en el que antaño militábamos, acudió a solidarizarse con aquel gobierno revolucionario. 'Poesía Libre' se rotulaba. Revista entrañable. Algunos de cuyos números aun conservamos. El tema de la poesía de Nancy, que mencionábamos mas arriba, era la esclavitud.

Bueno, pues mira por donde, hace poco tiempo, la editorial zamorana Fundación Sinsonte ha publicado este librito. 2009 fue el año. Lo hemos leido varias veces, pues no es facil hacerse con el decir poético de otras latitudes así de repente. No, no es fácil hallarse a gusto con un nuevo estilo. Uno se hace a unas sonoridades y cuando otros acordes arriban al oído a veces raspa el timpano. Ocurre muy a menudo. Pasa como con el vino: se hace a uno y luego cuando nos dan de otras viñas no nos gusta. Contaba un antiguo camarada que, estando en la cárcel condenado por la dictadura franquista, fue a la biblioteca y allí tenían el libro de Marcel Proust 'En busca del tiempo perdido'. De él le habían dicho que no había quien se lo tragara. Efectivamente, comenzó a leerlo y varias veces estuvo a punto de abandonarlo. Pero siguió erre que erre y antes de la mitad del libro consiguió hacerse a su modo de decir terminando por gustarle. Recordamos nosotros a un compañero que era tan aficionado al chiquiteo, es decir a tomar vinos por las tabernas en cuandrilla, y tanto se hizo al vino peleón que cuando, por un azar, alguien pedía un buen vino de Rioja o de Toro o de Ribera del Duero prefería el vino corriente de los bares. Así nos pasó a nosotros con la poetisa cubana: tardamos en cogerle el gusto.

En Peñalver 51 viene un currticulum y una foto de la escritora. Por la foto comprendimos el porqué del tema de la esclavitud. Es negra. Y la inmensa mayoría de los escritores de esta raza tiene a eso, a la esclavitud, quemándole, doliéndole. Lo expresó en verso uno de ellos así: 'Como astilla en la herida'. En Nancy Morejón, sin embargo, le inquietan muchos temas. No es monocorde. Y este libro, muestrario breve de su quehacer, es un ejemplo. La Universidad de Salamanca ha publicado buena parte de sus creaciones. Y es amplia: mas de 20 títulos. Entre ellos: 'Where the Island Sleeps Like Wing (antología bilingüe, 1985); Piedra pulida (1986); Botella al mar (antología, 1997) Elogio y paisaje (1997); Richard trajo su flauta y otros poemas (2000); La Quinta de los molinos (2000); Cuerda veloz (2002); Looking Within / Mirar adentro (2003); Antología poética 1962/2000 (2006). Es Premio Nacional de Literatura 2001, miembro del jurado del Premio Carbet del Caribe, miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua. Así mismo  premio La Corona de Oro de Macedonia, premio Rafael Alberti y la condición de Escritora Gallega Universal. La Universidad Cergy-Pontoise de París le otorgó el doctorado Honoris Causa.

Por lo que nosotros hemos podido sacar, este poemario Peñalver 51 nos deja ver o entrever la humanidad de la cubana. En los primeros poemas (que son los últimos escritos) asoman, sin cendales, las protestas como gritos iracundos contra la guerra de Irak, contra los invasores. Los pájaros heridos, sucios, muertos, las alfombras raidas, la indignación por las muertes de inmigrantes ahogados en el mar cuando, embarcados en pateras, iban a trabajar a un mundo que creían mas justo, son sus imágenes. Y todo se le vuelve negro. Negrísimo. Mas se contraresta con la alabanza y celebración de los logros de la Revolución Cubana. Luego poemas intimistas... Pero mejor que nosotros lo dice la misma autora:

"Peñalver 51 no tiene explicación como no la tiene tampoco un solo poema ni la poesía. Sin ser devota de Lautreamont, digo que la poesía no nos pertenece. Escribo poemas en cualquier circunstancia. Luego los agrupo en familias sin que me importe la marca del tiempo, puesto que en una familia conviven diversas generaciones. Los que quisieron integrar este poemario son tan entrañables como lo es para mi todavía la memoria de mis padres y el espacio de mi primera infancia en el corazón de La Habana... Hay poemas del siglo XXI, de los noventa, de los ochenta y setenta, mientras que el último data de 1964. Como el amor es la flecha que recorre mi vida este poema pone fin a una suerte de cancionaro capitalino, cubano y mío hasta la saciedad".

Para terminar queremos mostrarles un poema. Sin que ello quiera decir que tenga símbolo de preeminencia. 'Momento perpetuo' se titula:

Una mañana de pronto es una noche.
La madera del bosque es de pronto una hoja de papel.
El arroyuelo entre los valles es poco a poco
un océano profundo y azulado.
Una fragua de fuego es mañana, de noche,
una brillante fuente de cristal.

Sobre cualquier desierto grávido
sólo encuentras arenas
únicamente removidas por el viento ligero de los aires.

¿Quién te asegura que no llegará un día
el próspero aguacero?
Tanto se mueven las cosas a tu alrededor.
Hasta tu país cambió. Lo has cambiado tu misma.
No es ya la Isla en el Golfo
reverberando entre cañas
sino reverberando entre fusiles.
El Tiburón, con su espantosa lágrima,
fue arponeado para siempre en la Isla
y la Sardina acude al funeral.

La tierra de la tembladera
no es solo barro contrahecho
sino que continúa su curso,
devoradora de todo lo animado.

Ayer, a pleno sol, el hueso de la muerta
engendró yerbabuena.
Para su ensoñación mejor,
el buey apacentado
lame el estiercol de los gorriones.

Qué fría la luna.
Qué sol fosforesente.

Y el alma, ¿cambiará?
Has de cambiarla tú.
¿Será inhóspito el tránsito?
¿Habrá de ser palpable,
sin una gota de violencia?
Mientras sea la de hoy
siendo con creces la de ayer,
serás la de mañana.
Serás la misma y serás siempre,
al mismo tiempo, otra
la que vive y que muere
para vivir así.

(págians 61, 62 y 63 de 'Peñalver 51')

viernes, 27 de enero de 2012

Davos, los ricos y la montaña de Thomas Mann

Hace pocos días, por fin, después de dos o tres intentos, fallidos, a lo largo de mi existencia, emprendí la subida. A la montaña. Hoy la he coronado. Con éxito. Y acabo de abandonarla. Me refiero a la 'Montañaa mágica' de Thomas Mann. Otros han vuelto. Allí siguen. En Davos. Se trata de la reunión de los ricos y poderosos del mundo. A los que se les ha unido China. Según dicen.

Como en la novela del alemán son ricos y enfermos. De poder, en este caso. Desde allí, desde la montaña, desde Davos, supongo, nos contemplarán a nosotros, 'los pobres comedores de manzanas' (que así nos define el poeta chileno), cual enanos u hormigas. Harán planes. Nos aplástarán. Si nos dejamos y nos dejaremos. De momento. 


Nos aplastarán y para ellos, los ricos del mundo y poderosos, no habrán mas que aplastado enanitos y hormiguitas. No a todos, claro, aplastarán de igual manera, porque sino quien trabajaría... Alguien tiene que sustentarlos. Lo saben. Por eso primero estarán asegurando su rico y suculento condumio y el potaje de sus hortelanos y cocineros. 


Mas tarde, lo que quede, si queda (siempre sobran algunas migajas) se las tiran al resto, a las masas de hambrientos, para que se rompan la crisma riñendo por las sobras. Esto es Davos. Este es su significado. Su sustancia profunda. Es decir: ricos albergados, conspirando, en la residencia de la montaña mágica de Davos.

Naturalmente, como en la novela de Mann, allí, en este instante, también hay diferencias, clases: unos pueden mas que otros. Aunque a todos les une una cosa: son explotadores.

Con el tiempo, esas diferencias, esas gradaciones, entre ricos del mundo, se agudizarán. Y si los que estamos en la 'llanura' (palabra de Thomas Mann), los de abajo, sabemos atizarlos se darán de hostias entre ellos. Como en la novela los Wiedemann y los Sonneschein. O se descerrajarán un tiro en la nuca. Como el personaje denominado Nahta, el 'terrorista' como lo define la novela.

Pero esto... no sucederá... de momento. 

O si. 

Quien sabe.

martes, 24 de enero de 2012

El Padre de Husein o... (segunda parte) - y H -


H)

El Padre de Husein, herido en la cara al resbalarse de la helada piedra, miró en derredor. La niebla lo envolvía todo por el aire. En la tierra la nieve cubre cada metro a los que la vista alcanzaba. Se puso a andar sin ninguna orientación. A veces tropezaba y caía y se volvía a levantar porque si. La niebla y la nieve lo cubren por fuera y por dentro. Camina sendero abajo. Quizás por inercia. Pero podría haberlo hecho sendero arriba. Como un zombi. Sin que nada entorpezca ese caminar porque en su mente nada impresiona. Es todo blanco. O grisáceo. No camina nadie. Tan solo un ser sin serlo. Sombra entre la niebla y la nieve. Es un decir. 

Y así hubiera seguido eternamente hasta que, salidas unas imágenes de no se sabe donde, se ve acompañado de un antiguo amigo muerto y otro amigo músico; salen de una escuela coránica; se dirigen hasta un bar que está cerrado; por lo que él propone sustituirlo por el Bar La Plaza; de su pueblo; mas el amigo muerto no está de acuerdo y apunta hacia el Bar Leon que está cerca de la medina pero lejos de donde se hallan; por cierto, el citado bar se ve a lo lejos, entre negrillos; hay que pasar unos arroyos; están helados; y el campo alrededor nevado; no le gusta al Padre de Husein ese local porque es de gitanos; de hecho, entre una chopera, se podía distinguir, al lado del bar, una carabana... 

En fin su animadversión no convence a los otros y allí se fueron; en su mano lleva, como algo muy valioso, un vaso lleno de vinagre, para purificar el ambiente; cubre la boca del vaso un cendal que tenía escrito un poema; uno de los arroyos forma, en esa parte de su curso, un lago; mas allá se ve al arroyo hundirse en una cascada; de la caida del agua se forma una niebla que lo cubre todo; el lago claro está helado; en la orilla cogieron una barca; reman sus compañeros; la verdad es que con solo tocar el hielo con los remos el barco se desliza; mientras él les recita el poema del cendal; llegan a la otra orilla; sus compañeros le dicen que espere allí; ellos irán a ver si es un establecimiento respetable.

Al poco una niña gitana le viene a comunicar que puede pasar al bar; está lleno de gente; sobre todo niños; lo trataron muy bien; el local tiene el suelo de barro; un niño se le acercó; un niño conocido al que saluda llamándolo por su nombre; esto le extraña a él mismo, a sus compañeros y todos los presentes que lo miran asombrados; pues nunca se acuerda de los nombres; están en una mesa bebiendo; se acerca otro conocido; muerto hacia tiempo; había sido director de una banda; lo saluda y le presenta al amigo muerto y al amigo músico; el director de la banda y el músico se pusieron a tararear una canción que conocían; y disputaron sobre una nota musical; uno decía que era sol y el otro que no, que era mi.

Llega en esto el final del recreo de la escuela coránica y tienen que marcharse; el Padre de Husein busca su vaso de vinagre -por cierto no lo necesita pues de cuando en cuando riegan el suelo con vinagre para tener el local limpio y aseado-  y no  lo encuentra; lo que le parece normal estando, como están, en un bar de gitanos; los compañeron se han ido; fue a salir detrás de ellos cuando ve el vaso de vinagre que está donde lo había dejado: en la mesa en la que se sentaron; el camino de regreso en barco fue muy alegre y ya en la orilla, antes de emprender la vuelta al pueblo, le dice a sus compañeros que esperen un poco; nada mas que unos segundos; iba a realizar la ceremonia de despedida; consiste en rociar el barquito con vinagre de su vaso, colocar el vaso de cristal en el centro de navío, taparlo con el cendal del poema impreso en hermosa letra arábiga y empujar la embarcación hacia la cascada mientras recita el poema otra vez; tan bien calcula el tiempo que el barco está llegando a la cascada cuando recita la última estrofa:

-Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día... en que levamos anclas para jamás volver... Un día en que...
  
Se interrumpen de golpe las palabras y las imágenes huyen espantadas por una intromisión. 

Alguien decía:

-Papá, ¿qué haces por estos andurriales? ¿Te habías perdido?
-El barco se va...
-Y tu, papá, te vienes conmigo. Es la hora de comer.
-Si. A comer. ¿Tú quién eres?
-Husein, tu hijo -le contestó riéndose.
-¿Husein?
-Si, soy yo, Husein -siguió riéndose- ¿No me conoce?
-¿Y quien es Husein?

Epiloguillo

Pasado un tiempo llegaron los padres del novio de Axxia. Se llevaron a la novia y al Padre de Husein. Tenían que preparar la boda. Husein se quedó. Siguió trabajando de panadero, aunque cuando se casó su hermana fue a la boda. 

Por él sabemos que su padre, al principio de llegar a su aldea marroquí, pareció mejorar de su alzeimer. Iba por el campo y volvía alegre a casa. Se quedaba contemplando su casa a medio hacer. 

Luego su enfermedad se agravó. Y un día por la mañana, que desgracia, un día soleado de primavera, se fue de casa y no volvió. Lo encontraron por casualidad tiempo después a orillas de un arroyo. Había muerto. Tenía una mano dentro del agua. Y parecía sonreir.

Fin

El Padre de Husein o... (segunda parte) - G -


---Viene del anterior post

G)

Axxia, al llegar las dos de la tarde, se inquieta por su padre. La niebla se cierne por todo el pueblo. Temía que algo le hubiera ocurrido. Lo presentía. Se puso el pañuelo, el abrigo y abrie la puerta con intención de ir a buscarlo. Pero en ese momento llega su hermano Husein. Y le vierte sus inquietudes. 

Husein avisado por su hermana de donde podía estar su padre corre hasta el parque. Una señora le dijo que lo había visto subir al risco. Casi la deja con la palabra en la boca dirigiéndose con prisa hasta el montículo.

Emprende la subida. A mitad del sendero, al cerrar el portón de la empalizada, el golpe, su sonido metálico, aumentado en el silencio de la nevada, espanta a unos buitres que, a la izquierda del risco, están comiéndose algo. Él se dirige hasta allí, hundiéndose en la nieve, temiendo lo peor. Se veía algo oscuro tumbado en la nieve. Si bien con la niebla no se aprecia claramente que podía ser eso oscuro. A cada paso que da en la nieve aumenta mas la sensación de hallarse ante una tragedia, la de su padre muerto. Y que el sueño que tuvo fuese premonitorio. Camina alzando bien las piernas para poder avanzar, ya que la nieve acumulada impide que la velocidad sea mayor que la que él desea. Su angustia es seguida por el lamento o suspiro continuo y regular procedente del convento  que apenas se distingue entre la niebla. Y le aumenta la pena.

Aun quedaba un buitre hundiendo su pico en el bulto oscuro. 

Desesperado urga en la nieve para encontrar cantos o piedras para lanzarlas contra el pajarraco. Y las tira con rabia dando voces. Hasta que consigue espantarlo. Lo hace mientras se acerca hasta el ser vivo tumbado en la nieve. Bueno, eso de ser vivo lo piensa porque entre las ropas, o lo que fuera esa masa oscura, se ve con cierta nitidez manchas rojizas. 

Sangre... ¡Sangre!... ¡Alá lo proteja!... ¡Su padre!... Ciego de horror y pena salta desde donde está hasta el bulto. Sin pensar en el peligro de romperse la cabeza o una pierna con alguna piedra escondida por la capa de nieve. Cae cerca dando, eso si, con la cabeza en tierra, amortiguando el porrazo la nieve. 

Se levanta con rapidez aunque algo atontado. Con las manos se quita la nieve de los ojos. Los abre y se asombra incrédulo: era una cabra; muerta; despeñada; desorientada por la nevada; al parecer. 

Dio un suspiro de alivio y continúa enseguida hasta arriba del Risco San Tuno. La niebla lo tapa. En la cumbre mira desesperado por todas partes. Su padre no estaba. 

Como desandar lo andado no tenía ninguna razón de ser, trastumba la cima y sigue el sendero por la parte de atrás por ver si, acaso, quizás, tal vez... Palabras de ambiguo significado que le acompañan encogiéndole el corazón y acolchando con neblinosa esperanza su angustia.

(seguirá) ---

El Padre de Husein o... (segunda parte) - F -


...Viene del post anterior

F)

Pero ya antes de que la señora Rosario se cruzara con él, su  mente se quedó vacía. Fue nada mas avanzar unos pasos, tras despedirse de Mohamed. Posiblemente le ocurrió algo parecido a lo que un día de niebla, allá en su tierra, le había acaecido cavando en torno a las cepas de una viña: de repente se preguntó quien era, dónde estaba... se le borró todo recuerdo. Fue poco tiempo pero le ocurrió. De modo que, cuando la señora Rosario le saludó, estaba en el limbo del olvido. 

No le sentó, por cierto, nada bien a esta señora y según se marchaba el Padre de Husein mascaba todo un rosario de las mas lindas frases: 

-'Moro de mierda', 'muerto de hambre', 'piojoso'... 'a la mar, de donde viniste, te tendrían que echar', 'te vas tu a enterar de quien soy yo cuando te suba el alquiler, ¡jilipollas!'... 

Debió estar en el limbo del olvido decimos. Y en ese estado debió de andar y andar perdido entre calles y callejas. Lo decimos porque todas las referencias de la señora Rosario indican que no era esa la dirección hacia el Risco San Tuno, que está en el este, sino rumbo al sur y al suroeste. 

Hasta que, suponemos, de la misma forma que le vino el hueco se le iría esa vaciedad de la mente y se le llenaría de recuerdos, hasta encontrarse a si mismo volviendo a la idea original de ir a encontrarse con el Padre de Husein; a quien había visto morir despeñado y devorado por los buitres. Debió ocurrir eso a la 1 o 1'15, pues a esa hora lo vieron dirigirse presuroso al parque, saltar la valla, beber en la fuente y subir el sendero cuya meta era la cima del Risco San Tuno.

La inclinación de la cuesta se hace en el último repecho mas pronunciada, teniendo que apoyarse, seguimos suponiendo, en el cayado de punta de acero. Al llegar arriba subió al peñasco, el mismo donde se había subido el Padre de Husein. Incluso extendió los brazos, miró abajo, a la valla del parque: desde arriba no se distinguía apenas, pues la nieve, posándose en los hierros durante la noche, los escondó en la blancura de la nevada. Solamente la fuente se erguía con un penacho de blancura, con un gorro de nieve en su cima y unos carámbanos de hielo se deslizaban del gorro como hebras de plata brillando al sol. 

Iba a lanzar el grito de 'Alá es grande' pero su boca se movió mecánicamente y le salieron las tres palabras apenas audibles, como si en la mitad de su recorrido se hubieran extraviado por intrincados dédalos, perdiendo en el trayecto su contenido y su fuerza. Sus ojos quedaron prendidos de lo que le rodeaba, todo blancura, sin poder aferrarse a algo conocido. La tierra había desaparecido. Ya ni siquiera se preguntaba quien era. Ni tan siquiera podía angustiarse, como cuando cavaba alrededor de las cepas, ante la ignorancia de quien era, ni donde estaba, ni por qué manejaba la azada alrededor del arbolito. Ni eso: su mente se hallaba en blanco como la nieve. Incluso es muy posible que se estuviera volviendo gris, como la niebla que estaba sustituyendo al sol aceleradamente. Bajó del peñasco y subió lentamente a otro sin ningún sentido de la orientación y abrió los brazos sin saber la razón. Como un muñeco sin alma. Y al subir los brazos se resbaló. Las piedras estaban heladas.

(seguirá) ---

El Padre de Husein o ...(segunda parte) - E -


...Viene del post anterior

E)

La mañana había salido soleada como el día anterior, si bien durante la noche nevó en abundancia.  Cuando el Padre de Husein salió de casa, sin embargo, las calles ya estaban limpias de nieve en su mayor parte. Miró hacia la marquesina de los autobuses. No había nadie. Por lo que su mente adquirió conciencia clara de que no podía encontrarse con el padre de Husein por ser él mismo. De lo contrario en la marquesina tendría que estar el mencionado padre dándose de cabezazos. No obstante se encaminó hasta donde él creyó haber visto, ayer, al Padre de Husein, muerto. Que no podía ser de ninguna manera él porque estaba vivo... 

Se estaba haciendo un lío de mil demonios. 

Siguió cuesta arriba. Poco mas allá Mohamed lo saludó, lo que vino a confirmar su identidad. Al principio la conversación giró en torno de la aldea de ambos, de sus recuerdos, de sus parientes y amigos. El Padre de Husein derramaba recuerdos y planes de futuro a raudales. A continuación Mohamed desgranó su cosecha de palabras sin cesar, en cascada permanente. 

Mohamed hablaba y hablaba... de lo bien que le iba a en la vida, de lo mucho que ganaba su hijo, de lo feliz que era con su mujer, de la casa que se estaba haciendo en el pueblo... 

Tanto y tanto manaba la boca del hablante que su mente se extravió en el laberinto de las palabras. 

Quedósele mirando alelado preguntándose, para si, qué hacia allí y quien era ese que delante de él no cesaba en su interminable algarabía. 

Mohamed se percató de que algo le pasaba a su contertulio. Quizás lo estaba aburriendo.

-Bueno, amigo... -se despidió Mohamed- Me voy. He quedado en la esquina con Alí y Yusuf. ¿Tu, dónde vas?

-Yo. No sé... A encontrarme con el Padre de Husein.

El otro lo miró y se sonrió. Lo conocía demasiado. Sabía de sus disparatadas invenciones.

(seguirá) ---