domingo, 3 de junio de 2012

¡Adelante, leve general!


-¡Adelante! -grita entusiasmado el leve general de los ejércítos de tierra, mar y aire.

 Es todo eso y mucho mas. 

Cuadrándose, marcial, avanza unos pasos. Abre decidido la ventana. Besa, untuoso, rayos ausentes. Pronto adquirirán una realidad casi tangible. Desgraciadamente. Aproxima el dedo...

¡Ay, de los encerrados si contemplaran lo que puede hacer solo! ¡Ay, de los que solo vieron al hombre de barriga prominente, cara atomatada y boca con  labio belfo de monarca de la baba! ¡Ay de ellos si por fin se decide! Este leve general se convertirá en un ser sin piedad. Habrá sin duda una carnicería nunca vista. Nadie osará entonces reirse de su descomunal panza, ni se atreverá siquiera a que en sus labios asome el apelativo de cebón, cerdo grasiento, porque nadie tendrá ya ni boca.

Aprieta el botón y el paisaje se despliega para la batalla: bosques, desiertos, ciudades, pueblos, alquerías... ignoran lo que se le viene encima. Duermen. Aman. Sueñan. Cuando despierten y, asomándose a la puerta de sus casas se dirijan al trabajo cotidiano (los que tenga trabajo), él y sus tropas comenzarán la cacería. 

-¡Ya! -ordena.

Antes ha tenido unas leves dubitaciones al pensar en daños colaterales; pero imbuido, como está, por profunda religiosidad ha saltado ese escollo moral con el apoyo de Dios. Si él es justo y poderoso, y lo es,  salvará de la muerte a niños que sean inocentes cuando lance, por poner un ejemplo, la famosa lazy dog (“lazy dog”, perro perezoso) ese recipiente que contiene diez mil dardos de acero, afilados como cuchillas de afeitar. Cada dardo, lo sabe él, posee auto-propulsión y mata todo lo que se halla en un radio de 273 metros. Lo hace picadillo. Pero si el infante es inocente (hay algunos que no lo son) quedarán vivitos y coleando. Es Dios y no él, por tanto, quien escoge a sus víctimas.

-¡Ya! -había dicho.

Unas primeras ráfagas de metralleta aquí, unas explosiones allá. El espanto se apodera del común de las personas. Corren, saltan, se atropellan, se esconden. Nada. No hay escapatoria. Sus leales, cuando no él mismo leve general, los encuentran. Se metan donde se metieren. Ya sean mujeres, hombres, niños, ancianos achacosos... son alcanzados. Resbala la sangre por  calzadas hasta sumirse por las alcantarillas. Tiñe ríos, arroyos, regatos, manantiales y fontanas. 

El leve general respira hondo. Se congratula del horror. El regocijo inunda el semblante. Ojos inyectados en sangre corroboran su estado sentimental. Tiene que ponerse una mano en el pecho por temor a que el corazón desbocado salga de su recinto corpóreo. A ratos se sujeta su abdomen voluminoso, quien, incontrolable, se esparce en ondan a cada risotada. No quiere ver sus tripas desparramadas por el suelo. 

Cesa. Se aquieta. Se sosiega. Reflexiona ante los hechos: ha entrado en la Historia; está poniendo un granito de arena en la tarea de superar la crisis; ha eliminado miles y miles de parados, pobres, mendigos, emigrantes... ¡Muchos como él tendría que haber! Esponja pecho y barriga.

Por fin, el leve general, cuadrándose, marcial, lamiendo rayos ausentes, ahito de sudor, sangre y llantos, se lleva la mano a la frente, da un taconazo y girándose 180 grados, avanza, panza en vanguardia, hacia un lugar de su casa, gritando:

-¡Hijo, te he ganado en puntos! Son 1.000.000 de seres vivos liquidados. En la pantalla está la cifra.

-¡Papa! Eso no es nada. Los banqueros lo triplican todos los días. Cada 3 segundos matan a un niño.

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Fuente: la palabra algebra.

A: adelante
L: leve
G: general, grita
E: entusiasta
B: besa
R: rayos
A: ausente

Frase: ¡Adelante, leve general! -grita entusiasmado. Y besa rayos ausentes.
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Fotografía: bombas lazy dog. El interesado puede encontrar información sobre ella en la red.

martes, 29 de mayo de 2012

La triple negritud de 'Ojos negros'

Obra: Ojos negros
Autor: Eduardo Sguiglia
Ediciones Siruela, 2012
Colección: Nuevos tiempos

Mi alerta gugleliana me ha traido estos 'Ojos negros', narración del rosarino Eduardo Sguiglia.

Eduardo Sguiglia, que nace en Rosario en abril de 1952, es escritor argentino y regresa del exilio a principios de los años ochenta para afincarse en Buenos Aires. Es de suponer que tuvo que huir de la dictadura de los gorilas. Master en ciencias sociales, ejerció la investigación y la docencia universitaria en la Universidad de Buenos Aires y el CONICET. Autor de cuentos y novelas: Fordlandia (1997), No te fíes de mi, si el corazón te falla (1999) y Un puñado de gloria (2003); fueron traducidas al portugués, inglés, italiano y alemán, resultando finalistas en los concursos internacionales Dublín Literary Award y Grinzane-Cavour. Fordlandia, por cierto, fue seleccionada como una de las cuatro mejores obras de ficción por The Washington Post (2000). Su última novela es esta que acabamos de leer, “Ojos Negros” (Ediciones Siruela, 2012). Ha participado como miembro de jurados de narrativa en Casa de las Américas (Cuba) y en Casa del Teatro (República Dominicana). En la función pública trabajó como presidente del ente regulador de los aeropuertos y de la comisión nacional de defensa de la competencia, subsecretario de política latinoamericana y primer embajador argentino en Angola.

'Ojos negros' comienza con una cita de Pepetela: "Hasta hoy los hombres, quietos, atónitos, están a la espera de Suku-Nzambi, padre de los lundas. ¿Aprenderán algún día a vivir? ¿O eso que van haciendo: producir comida para otros, matarse por deseos infinitos, siempre a la espera de la palabra salvadora de Suku-Nzambi, será realmente la vida?".

Una invitación a la acción. Y 'Ojos negros' es acción. Entra, por derecho propio, pensamos nosotros, en el género de relato negro. Negro por partida doble y hasta triple: por la trama, por el continente, África y por contener un tipo de personaje que ha dado mucha cancha a relatos negros: el militante revolucionario, clandestino, de los años 70, que se incorpora, derrotado, a la sociedad capitalista que quiso tumbar or tierra.

Reflejo de la realidad. Hemos visto la trayectoria vital de algunos de ellos: desde el que vende su alma al mejor postor hasta el que sigue, erre que erre, con la Revolución, pasando por el que termina alcoholizado, o el que acaba su vida anónimamente, sin olvidarnos de los que saltan, chaqueteros, de partido en partido, como mariposas de flor en flor (y perdón a las mariposas); son esos cínicos, como aquel que mudó al partido socialista, gobernante en aquel momento, y decía a sus antiguos camaradas, que lo visitaron en su despacho de subsecretario:

-Aquí me veís, camaradas, gobernando... con el permiso de los ricos de siempre.

Es un ejemplo. En el hogar patrio hay suficientes. Por Valencia anda el Blasco, ahora en la extrema derecha del PP, haciendo de las suyas.

Existe otro tipo de derrotado que, sin haber renegado de sus ideales de juventud, se deja llevar por la corriente de la vida y se mete en su cauce, sea cual sea el trabajo que le surja. Es el caso que refleja 'Ojos negros': un argentino (como el autor), antiguo militante de izquierdas (como el autor) acepta viajar a Africa con una misión: conseguir la firma de un tal Tony, hermano de la que lo contrata, para que ella pueda vender la casa paterna. El Congo y Angola (donde estuvo el autor de embajador) será el marco donde se desarrolla la mayor parte de la narración; narración de un tirón, frenética, sin descanso; los que hay, bien dosificados para que la tensión no atragante la lectura, los aprovecha el autor en darnos una visión del pasado del personaje; en ocasiones para mostrarnos aspectos de la realidad africana; verbigracia: el valor de las fuentes orales, el mundo de los antepasados, la significación de las máscaras, cita de autores que escriben sobre Africa (Conrad, Mailer, Pepetela, Gordimer), escena cómica como la del mono y aquí y allá pequeñas pinceladas sobre los diamantes... 

Diamantes, si, porque Miguel, el protagonista, en el ajetreo que comporta su misión, va metiéndose, casi sin darse cuenta, en una red de traficantes de piedras preciosas. Segura salvación a sus aprietos económicos. Aunque, como dice el refrán, la avaricia rompa el saco.

'Ojos negros' de paso nos muestra la corrupción en torno a esta joya, la violencia y la explotación de los mineros en trabajos agotadores en minas de la región de Lundas.

Relatada con lenguaje directo, claro, precisso. Y con modismos argentinos cuando el diálogo lo requiere, vocablos mexicanos cuando es preciso, y aderezado con alguna que otra frase en lenguas de esa parte parte del continente africano.

Relato circular, donde un policía mexicano, Vargas, de muy dudosa moralidad, va escuchando la grabación que Miguel hace de su peripecia africana; relato cuyas postrimerías se enlazan con el principio. Termina con final, relativamente, sorpresivo. Pero previsible, valga el contrasentido.

Un pero, una pega, muy dudosa: el personaje llamado Tony -opinión subjetiva nuestra- no lo vemos del todo bien construido.

Decíamos que el autor pone al comienzo esta cita de Pepetela y nosotros la leemos otra vez: "Hasta hoy los hombres, quietos, atónitos, están a la espera de Suku-Nzambi, padre de los lundas. ¿Aprenderán algún día a vivir? ¿O eso que van haciendo: producir comida para otros, matarse por deseos infinitos, siempre a la espera de la palabra salvadora de Suku-Nzambi, será realmente la vida?".

Y si, sin duda alguna, es una invitación a la lucha, al combate. O, por lo menos, un deseo de que el pueblo se ponga a la brega, que los mineros se levanten. En 'Ojos negros', Calús, un minero, parece mostrar ese atisbo de esperanza.


Pepetela es un gran escritor africano. Le hemos leído Mayombé. El autor cita esta novela. Pepetela es angoleño. Blanco, por cierto. Luchó, con las armas en la mano, contra el colonialismo portugués. Eduardo Sguiglia y Pepetela se conocieron. A lo mejor... tienen ciertas concomitancias político ideológicas... que no vienen al caso literario, claro... pero nos asalta de pronto a la mente. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Chukri mata a su padre literario Paul Bowles



Chukri, “el mirlo blanco de Tánger” mata a su padre 

literario en 'Paul Bowles, el recluso de Tánger'.

Han pasado casi nueve años desde la muerte de Mohamed Chukri (15 de noviembre de 2003). Nueve años sin que se publique absolutamente nada del autor de El pan desnudo. Con la publicación de la obra inédita: Paul Bowles, el recluso de Tánger, Cabaret Voltaire (Barcelona) rescata del olvido al “mirlo blanco de Tánger”.

Chukri consagra su libro Paul Bowles, el recluso de Tánger para elucidar un misterio: la pareja paradoxal formada por Paul Bowles, el escritor americano más célebre en Tánger y Jane, la “genio incomprendida”, que quedó anulada por su marido y fue presa de continuas depresiones. 

El libro habla de Paul Bowles en Tánger, de su relación con su esposa Jane, de su sexualidad, de su miedo de la muerte, de su relación con los miembros de la Beat Generation... Todo un cúmulo de historias y anécdotas que Chukri recrea a través de las vivencias cotidianas que tuvo personalmente con él, a través de sus amigos y de los amigos literarios.

El libro es una aproximación íntima al escritor, pero no es siempre muy servicial y complaciente. Está cargado de emociones, de aseveraciones y de duros juicios que Chukriemite contra su mentor y padre literario.

Paul Bowles, el recluso de Tánger, no se parece en nada a los dos libros de Chukri Jean Genet en Tánger y Tennessee Williams en Tánger. El libro, en su versión árabe, provocó un gran revuelo. Pero cualquier lector fiel a la lectura de Chukri, no se extrañaría de la audacia analítica del autor, tiene que estar acostumbrado.

En este sentido y durante la presentación del libro en la Sala Beckett de Tánger (13 de febrero de 1997) quedó palpable y reveladora la actitud de Chukri hacia su mentor literario. El mismo Chukri contestó a todos los que le acusaron de haber pretendido saldar las cuentas con Bowles: “¿Por qué no? Sí, quería saldar mis cuentas con Bowles porque es un racista, un tacaño, un hipócrita y un ladrón. Aún Más, Bowles es un vampiro”.

Con estas polémicas declaraciones, Chukri sembró la tempestad en el entorno literario e intelectual y terminó por hacer partícipes a todos sus lectores presentando a Bowlesante un tribunal muy peculiar, un tribunal formado por los lectores.

Pero a pesar de las emociones tormentosas que inundan en el libro, la obra tiene una 
importancia bastante particular. El lector no puede permanecer indiferente ante las afirmaciones del autor.

Chukri lo demuestra y lo prueba todo a través de una serie de documentación, aparentemente, real. Y con el firme propósito de dar crédito a la veracidad de sus afirmaciones, Chukri cita textualmente extractos de cartas personales de Paul Bowles y de Jane.

Chukri habla de la producción literaria de Bowles tras haber leído sus libros y para enfatizar sus palabras, recurre al conjunto de su obra en la cual sus héroes están destinados a tener un final cruel.

Este tipo de resultados pone en tela de juicio, según las palabras de Chukri, el deseo de Bowles de vengarse de la existencia humana.

Pero, de vez en cuando Chukri se olvida de Bowles para hablar de sí mismo, de sus amigos, del techo de su casa o de su perroJuba

Chukri se deshizo de su padre en El pan desnudo y para saldar cuentas pendientes acusó, juzgó, condenó y mató a su padre literario, Paul Bowles.

En una extensa entrevista reconoce: “Con mi libro sobre Paul Bowles, habré matado a mi segundo padre. Basta ya de matar padres”.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de Chukri por conocer la verdadera razón de la presencia de Bowles enMarruecos, termina el libro sin encontrar una respuesta convincente. Chukri está seguro de una sola cosa: Bowlesquiere Marruecos pero no quiere a los marroquíes. Quiere elMarruecos de los años treinta porque persiste en él una visión colonialista.

La problemática del por qué Bowles eligió Marruecos como destino de su residencia quedó y quedará planteada pero un libro de 216 páginas no consiguió contestar. Fue, sin lugar a dudas, el secreto mejor guardado de Bowles, su enigma igual que el enigma de Tánger que lo acogió hasta su muerte en 1999.

Tánger fue la confidente de Bowles, pero quién sabe si la ciudad seguirá guardando su valioso secreto o acabará por desvelarlo y entregar la llave a los curiosos.

Rajae Boumediane El Metn

Traductora de 'Paul Bowles, el recluso de Tánger'


jueves, 3 de mayo de 2012

'FRAP, una temporada en España' o memorias de una derrota


Libro: FRAP una temporada en España
Autor: Riccardo Gualino
Editorial: Amargord ediciones
Primera edición: 2010
Traducción: Matilde Muñoz

No conocimos a Riccardo Gualino. Ahora, con esta obra, nos hacemos una idea del personaje. Nació en Roma (Italia) el 27 de abril de 1941. En 1961 se traslada a España para trabajar y en 1962 se matricula en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Madrid. Al año siguiente se integra en la organización del PCE dentro del ala pro-china y pro-albanesa y poco después sale de tal partido, entrando a formar parte del PCE(m-l). Es detenido con un tiro a bocajarro en la cara en el mes de marzo de 1965 permaneciendo en la cárcel hasta finales de 1968. Sale de prisión y vuelve a Italia  integrándose en el FRAP. Al poco tiempo regresa a España y es detenido, por breves periodos, en dos ocasiones. Publicó numerosos artículos en la prensa clandestina bajo el seudónimo de Mariano Alcántara.

El título de la obra, así, tal como aparece, nos invita a un camino que luego, leído, no es lo que imaginábamos. En realidad no trata del FRAP en su conjunto sino de Riccardo Gualino en particular. Ya en la contraportada, que no habíamos ojeado, se dice que son memorias. Las de él. Las de Riccardo. Y en ese sentido podríamos pensar que, siendo italiano, como es, se pasó una temporada en España metido en el FRAP. Y luego se fue. 

Aunque nosotros nos acercamos al libro pensando que tal vez se refería a lo fugaz, a lo efímero, a lo corto, de la actuación histórica del FRAP. Si bien intensa. Vino el FRAP y desapareció. Cual relámpago en cielo despejado. Claro, no para los actores que creían (o creiamos) en un firmamento borrascoso con gran tempestad y aparato eléctrico. Algo de esto trata el lbro. De pasada. 


-De que la tormenta solo estaba en la mente de los jóvenes revolucionarios de la organización -pensamos, nosotros, ahora, a toro pasado.

Sobre esto tenemos un poco que contar: conocimos a un militante del FRAP de Castilla y León; un verano de 1973 o 74 ¿? nos dijo que iban a emprender acciones armadas; preguntamos si estaban preparados; él nos contestó, muy convencido, que sí; era julio o agosto; en septiempre estaba detenido; para nuestra sorpresa; lo vimos en una foto por televisión; o sea que no estaba preparados.

Poco después una durísima represión, encarcelamientos, torturas, juicios sumarísimos y pelotones de ejecución el 27 de septiembre de 1975 destruyeron al FRAP. No le dio tiempo a enraizarse. Quedó su ejemplo. Si. Pero para una parte mínima del pueblo español. Los que si estaban preparados fueron los franquistas. Tenían la fuerza y masas para darles aire.

De lo anterior también trata Gualino. Reconoce la derrota de las fuerzas revolucionarias. Aquí en España. Y en el resto de Europa. Apela a las nuevas generaciones para que le den la vuelta a la tortilla. Lo dice consciente de que él hizo, entonces, lo que pudo para que la clase obrera y el pueblo triunfaran de la reacción. Pero no puso ser. Ya lo siente. Desde un postura de seguir adelante. No desde la pasividad. A pesar de que está enfermo. De la enfermedad de Crohn. Dicha enfermedad ha acompañado parte de su vida. De tal modo que -según él- 'hay un antes y un después desde que tenía 40 años'. Le ha costado 3 operaciones quirúrgicas, la estirpación del colon y parte del recto, varias hospitalizaciones, la perdida de uno ojo, de un riñón...

-En fin, un desastre. De vez en cuando estoy mejor y otras peor. El estado italiano me ha concedido la invalidez al 80%.

Si, conviene leer el libro. Sobre todo los jóvenes. Aunque -repetimos- el titulo engaña porque no es del FRAP, desde su nacimiento hasta la extinción, de lo que trata, sino de la visión parcial de un actor, relevante eso si, que se muestra en estado de casi heroismo. Sin olvidarse de su compañera Matilde Muñoz. También con cierto heroismo. Le dedica un capítulo a su compañera amada. No es lo que esperábamos. Pero bienvenido sea un granito de arena para el montoncito que fue el FRAP en la reciente Historia de España.

miércoles, 25 de abril de 2012

PAREMOS EL TARIFAZO




Comunicado acerca del parón del Metro de Madrid durante la mañana del 25 de abril de 2012

En el día de hoy, un grupo de personas decididas a actuar contra la subida abusiva de las tarifas del transporte público, hemos hecho saltar las alarmas de decenas de trenes del Metro de Madrid, para detener durante unos minutos la actividad en todas sus líneas. Con esta acción queremos demostrar que no estamos dispuestos a aceptar que se nos prive del acceso a una necesidad tan básica como es poder movernos por la ciudad en la que vivimos, y que haremos lo que sea necesario para frenar este escandaloso e intolerable incremento de los precios.

El tarifazo llega, además, mientras vivimos una situación laboral y social dramática: la mitad de la juventud no tiene trabajo, el despido es libre, las viviendas inaccesibles, sólo en Madrid 25 familias son expulsadas cada día de sus casas por no poder pagar al banco, 1500 jóvenes emigran cada semana en busca de un futuro fuera de aquí, todo aquello que podíamos considerar mínimamente común está siendo destruido, estamos regresando a condiciones laborales de hace décadas, con situaciones de explotación cercanas a la semiesclavitud, y la represión en la calle comienza a asemejarse a la de épocas oscuras de nuestra historia reciente. Y ahora quieren que paguemos doble por usar el medio que la mayoría (de quienes tenemos la “suerte” de tener un empleo) necesitamos para llegar cada mañana al lugar en el que perdemos las mejores horas de nuestras vidas produciendo beneficios que nos son para nosotr@s, a cambio de salarios miserables que cada vez dan para menos, y cuya mayor parte es siempre para el banco. Basta. No aceptaremos ni un céntimo de esta subida porque no podemos.

La acción de hoy es sólo la primera. No vamos a parar de actuar colectivamente hasta que la subida de tarifas sea retirada y comience una bajada progresiva de los precios hasta que el acceso de todas las personas al transporte público esté garantizado; cosa que, por supuesto, no es el fin de esta subida, que prohíbe de facto el uso del transporte público a una gran parte de quienes vivimos en esta ciudad.

Instamos además a tod@s los ciudadan@s de Madrid a que emprendan la acción colectiva, la desobediencia y la movilización en las calles, para que entre tod@s demostremos que no pagaremos sus tarifas, que esta es nuestra ciudad y este es nuestro Metro, y que sin nosotr@s no son nada.

¡NO AL TARIFAZO!
¡VUESTRA CRISIS NO LA PAGAMOS!
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Tomado de:

viernes, 9 de marzo de 2012

José Mª Amigo: De la borrachera... al camino (relato)


A Jesús, con 26 años de edad, se le ha muerto su madre hace pocos días. Fue un duro golpe. La quería muchísimo. No solo porque fuera su madre, sino porque al morir su padre en accidente de tráfico, cuando él tenía 6 años, siempre la tuvo a su lado casi como una amiga. 

Además, ayer lo expulsaron del trabajo. Le quedan dos años, escasos, de subsidio de paro. Vive en una casa de alquiler con una chica que tampoco tiene trabajo. De modo que, mas allá de sus narices, lo ve todo muy negro.

Durante varios años creyó que aun le quedaban tres miembros de su familia: sus abuelos maternos Roque y María y su tío Tomás. Si bien, de esos gajos familiares, el de su tío se rompió en el momento en que comenzó a trabajar para él y el de su abuelo Roque -su abuela no cuenta, hace lo que le dice el marido- se quebró hace dos horas, cuando le ha negado el aval para un crédito. Negativa acompañada por un discursito:

-A partir de ahora puedes venir a comer cuando quieras a esta casa. Un cacho de pan nunca te faltará. Pero... que yo te de dinero o te avale... ni hablar. Ya eres mayorcito para salir adelante tu solo.

Se acordó de lo que le hizo a Lázaro el ciego aquel estrellando su cabeza contra la piedra. Y de la lección que en ese instante extrajo el lazarillo de cuidarse de si mismo, de lo contrario nadie lo haría por él. Tenía un parecido Lazaro de Tormes con su situación: se halló solo ante el mundo. ¿Le pasarían las mismas penalidades que al salmantino?...

En la puerta del banco se queda quieto. Inmóvil. Tieso. Mira al frente y no ve mas que sus entrañas. Lo demás, el mundo exterior, es un telón de frialdad e indiferencia. Tiene miedo de dar un paso y que se rasgue el decorado sin que tras él no haya mas que un agujero sin fondo.

-Sin un aval no podemos proporcionarle un crédito. Lo sentimos. El banco no puede arriesgar...

El empleado del banco, de baja estatura, joven y ya calvo, con gafas de montura dorada, hablaba sin parar. Manaba palabras. Repetía como un lorito lo que incontables veces decía a jóvenes, y no tan jóvenes, como Jesús. En ese momento se había sentido hermanado en la desgracia con millones de personas. Y, sin duda, el mismo impulso de agarrar al chupatintas por la chaqueta y... Había dejado de mirarlo porque conociéndose, cono se conocía a él mismo, es muy probable que la ira se habría desbordado sin control. Recuerda que se levantó del asiento y lo dejó con la palabra en la boca.

Por la calle, una calle estrecha, no pasaba nadie. En la sucursal no había ningún cliente. A la izquierda de la calle, en la acera de enfrente, tres o cuatro casas mas abajo, había un bar del que salían las notas de una canción. Y su sonido fue como un bálsamo de fatalismo. De repente le dio igual todo, preparando, así, su espíritu, con un mullido de protección, para que los golpes no le afecten o lo hagan con el menor impacto. 


El empleado del banco, que le había atendido, se levantó de su asiento y desapareció en algún despacho. El cajero, por su parte, se puso a leer un periódico. 


La sucursal estaba muy bien iluminada y calentita. 

Entre la puerta de entrada de la entidad bancaria y la de la calle hay un espacio, como un zaguan, sin iluminar, casi en penumbra. A la izquierda hay un rinconcito con un cajero automático. Jesús siente una ganas incontenibles de cagar. Mira alrededor. No hay retrete. Podía acercarse al bar pero poseido por la venganza, por la irritación, por su mala leche producida por el abuelo, el tió, el chupatintas y acorazado por ese bálsamo de fatalidad, se acerca al rincón y sin importarle nada ni nadie, arropado por la penumbra y el silencio deposita sus heces. Luego, indiferente, se sube luego los pantalones y, sin mirar a atrás, se encamina al bar citado a tomar unos vinos.
-
Desde hace varios años, todos los viernes cena en la Sociedad Gastronómica P. del barrio  de S. E. Y ese día acude a ella con la seguridad de que no volverá. A no ser que ocurra un milagro y halle trabajo. Así podría pagar la cuota...

El local está a oscuras. Aun no ha llegado nadie. Al encender las luces, los reflejos del acero brillante y pulido de la encimera de la cocina, de las cazuelas colgadas, de las botellas de las estanterías, le pegan en sus ojos y eso dolor luminoso es un saludo de bienvenida. Que agradece. Se halla a gusto allí. Es parte de él. Con sus colegas y amigos la construyó. Se acerca al casillero y examina las cuentas. Pronto la cuadrilla va entrando incorporándose cada uno a su tarea. Antes saludos, bromas, un trago de vino. La cocina se enciende. Las chuletas se doran... La cena está preparada.

En la charla de sobremesa sale el tema del paro. Y su amigo Abilio cuenta lo que le sucedió en el hospital donde se recuperaba de una dolencia. Tenía por compañero de habitación un corredor de apuestas del Pais Vasco; este era de Cestona, pueblo del Valle del Urola en la provincia de Guipuzcoa; Abilio le dice que lo acaban de echar del trabajo, despues de varios años de haberlo explotado; y está inquieto, claro, por el porvenir; el otro le contesta que no se preocupe que a él, antaño, le sucedió algo parecido: estuvo en una clínica curándose de un accidente de trabajo por el que perdió dos dedos; 'y me enseñó la mano'; un fin de semana fueron a verle dos compañeros de trabajo; eran comunistas; militaban; querían atraerlo a su partido y le dejaron, para que se entretuviera leyendo, el 'Manifiesto del Partido Comunista'; 'y si que lo leí'; de todas las ideas que contenía el libro se quedó con la  de que a los obreros los explotaban los patronos; 'es decir, que a mi me explotaban; osea, dicho de otra forma, me robaban'; cerró el libro concluyendo: 'a mi no me vuelven a robar'; luego, cuando se curó y se acercó al taller, le dieron el finiquito; lo cual le agradó porque así no tuvo que enfrentarse a los patronos diciéndoles que se iba; -'Y aquí me ves: corredor de apuestas; ganando dinero sin peligro de que una maquina me corte la mano; y solo por vocear: ¡ogeita bi, ogeita iru, ogeita lau etc!; haz tu lo mismo'. Abilio le contesta que por estos lares no hay incautos aficionados a la pelota que se jueguen los cuartos. 'Siempre hay algo. Búscalo' -le cortó rotundo el vasco.

Abilio, al terminar de contar esto, añade a su amigo Jesús:

-Pues eso: teníamos que indagar el modo del vivir del cuento.

-Es muy fácil decirlo.

-¿Crees que no podemos abrirnos camino? Yo creo, como decía el corredor de apuestas, que algo siempre hay. Y si no acuérdate de ti y de mi con el búlgaro cuando quisimos comprarnos una moto...

-Habla mas bajo.

-Vale... -y se puso a hablar bajito- digo que cuando desvalijamos la joyería con Dimitri...

-Que hables mas bajo, ¡joder!... Si. ¿Y qué? Él se fue con las joyas y nosotros nos quedamos a dos velas como unos gilipollas. ¡Vaya ejemplo que pones! Además... eso pasó porque éramos unos críos. Y no sé yo si es buen camino... 

-Peligroso si que lo es. Entonces... lo que podemos hacer es montar una fábrica de pompas de jabón.

Y los dos amigos se echaron a reir.
-
Después de la cena acostumbraban a ir a tomar unas copas a varios pubs. Jesús no quiso seguir la juerga con Abilio y los otros de la sociedad. Se despidió a la salida del local y marchó directo a su casa. No había nadie. La chica con la que vivía le dijo por la mañana que se iba con sus padres. Reharía su vida. Y es que tenían pensado abrir un bar pero, al no concederle el crédito el banco, ese proyecto se desvaneció. No le importó. La idea era de ella: un bar de comidas con estritis: distraer los bocados con tetas al aire: hasta estaba dispuesta a desnudarse. A Jesús, francamente, no le entusiasma la idea. Aunque se da cuenta que puede funcionar. Y el tiempo de estrecheces en el que la sociedad se hunde no está para despreciar salidas de emergencia. Mas el camino seudo erótico se cegó. Adios a la carne.

Sentado en el sofá del salón se pone a reflexionar sobre lo que ha hablado con su amigo Abilio. El atraco en la joyería fue una chiquillada. Eran muy jóvenes. No pensaron en las consecuencias. Tampoco, es cierto, sabían hasta que punto el Dimitri era tan violento. Parece talmente que lo ve entra en la joyería, mientras ellos, Abilio y él, esperan con el coche en marcha. Desde la calle no pueden saber lo que Dimitri y el empleado hablan pero si ven que el búlgaron le atiza un puñetazo y que el empleado cae para atrás. Acto seguido el atracador sale de la tienda y les dice que todo ha salido mal y que lancen el coche a toda velocidad. Se enteran, por la prensa, que el empleado ha quedado paralítico, ya que, al caerse, se da en la sien con la esquina de un armario. El búlgaro huye y -otra sorpresa- con algunas joyas de valor considerable.

Cada vez que lo piensa, como ahora, se le queda la cara estúpida. Le dan ganas de llorar al pensar en el empleado, trabajador como él, al que ayudó a quedarse paralítico. Y, ¡qué vergüenza!, ve muchas veces como lo pasea su madre por la calle en la silla de ruedas...

La policía hizo indagaciones por el barrio, pero nunca se acercaron a interrogarle. Dimitri tenía muchos conocidos y, pensaría la poli, era demasiado trabajo interrogar a tantos para tan poca cosa.

El búlgaro era un lider, inteligente, simpático, de labia fácil y, se le ocurre de pronto, posiblemente estuviera unido a alguna red mafiosa para la que trabajara. De hecho no se volvió a saber nada de él. Como si le hubiera tragado la tierra. ¿Que quería decir esto? Que alguien lo ocultó. La organización. No le cabe duda.

Tiene sus ventajas eso de estar organizado. Si se lanza una mirada en torno se ve por doquier organización en todas partes: en partidos, en clubs, en escuelas, en ayuntamientos, en empresas... 

¿Quería Jesús estar organizado? Lo que quería era trabajar, divertirse, ir los fines de semana a la Sociedad con los colegas, follar de vez en cuando, ver alguna película, charlar en los bares con los amigos... Pero no le dejaban vivir tranquilo: su madre se le muere, su abuelo le niega ayuda, lo expulsan del trabajo... su tío, su propio tío, el hermano de su madre, lo echa del trabajo.

-Ahí tenéis la carta de despido. Con harto dolor tengo que cerrar la empresa. Llevo varios meses, como sabéis, con pérdidas y...

-¡Cabrón! -pensó para si- y antes, cuando entraban los euros a raudales en tu bolsillo, ¿por qué no repartiste las ganancias? No, todo para ti. Con lo que nos has explotado tendrás las sacas bien llenas. Ahora te retiras. Y a los demás que nos den por el culo. ¡Cabrón! ¡Ojalá revientes!

Empero, lo reconocía, su tío en algo tenía razón: no había trabajo; se pasaban el día sin hacer casi nada; alguna chapuza de vez en cuando; poca cosa.
-
¿Por qué? ¿Por qué ha ocurrido esto?, se interrogaba. Por mas que exprimía sus sesos no lo entendía. Antes, hace tan solo dos o tres años, fluían los euros. Un albañil se llevaba a casa tres mil euros todos los meses. Él mismo ganaba dos mil y pico. Ahora, todo se ha desvanecido. Hasta lo han dejado sin trabajo. Era cosa misteriosa, de magia. De repente, la mayor parte de los currantes no tiene un duro. Sin embargo, las tiendas están llenas de cosas que nadie compra. O compra solo lo necesario. Miles de casas vacías y a muchas personas las desahucian por no pagar la hipoteca y las echan de sus hogares. Bares llenos de botellas, pero vacíos. Pocos consumen. De un estado de locura compradora, hemos pasado a una quietud del mírame y no me toques. 

Jesús vuelve a hacerse la misma pregunta: ¿por qué? Bueno, la respuesta, en parte, es obvia: nadie tiene un duro; aunque nadie, lo que se dice nadie, no es la palabra adecuada: el 1% tiene muchos duros; y no quiere desprenderse de ellos; habría que robárselos... ¡Me cagüen...!

-¡Qué hostias digo! -exclamó- Si yo no...

Miró en derredor. Los objetos del salón lo miraban como riéndose de él. 

-¡Qué cojones miráis!

Estaba un poco bebido. Y solo. Se levanta del sofá. Pasea por él salón. 


A lo largo de una de las paredes había colocado botellas vacías de vino. Hacían bonito. O eso creía. Vio en una revista que algunas casas las decoraban así. Piensa que si estrella una botella contra otra dándole un puntapié producirá un sonido agradable... Sería como meter un gol. Lo deshecha y sigue andando. Luego se rie por lo bajo insistiendo en el pensamiento anterior. Se para y pregunta:

-¿Y por qué no?

Y dicho y hecho: rompe de una patada una botella contra otra. Y luego otra y otra... Entró en un frenesí iracundo rompiendo botellas, pegando patadas a paredes, sillas y sillones, tirando ceniceros, revistas, libros, cuadros... Y a cada acción grita como un poseso:

-¡Malditos seais abuelos, tíos y banqueros miserables!

Después de una orgía de golpes, ya cansado, se sienta en el sofá. Al poco ronca. Cuando despierta por la mañana contempla el salón asustado. Parece un campo de batalla. Hasta hay cristales incrustados en las paredes. Tras un momento de incertidumbre levanta sillas, coloca ceniceros, tapetes, cuadros. Los pocos libros los coloca en las estanterías. Entre ellos -se fija-  están el Lararillo de Tormes que tanto le gusta; el Manifiesto del Partido Comunista; de este se acuerda por el corredor de apuestas vasco: Jesús lo había leído antaño, obligado por un profesor del instituto.

Se pone a barrer. Lo hace maquinalmente mientras su pensamieno volaba hasta el Manifiesto Comunista y el corredor de apuestas de Cestona. Según le contó Abilio, el trabajo del vasco le metía buenos euros en el bolsillo; él, solito, se había resuelto la vida... Se pregunta Jesús al respecto:

-¿El solo? ¿Seguro? ¿No estará ligado a alguna empresa como Asegarce? Porque Asegarce y Aspe, piensa, manejan todo el cotarro de la pelota. ¿Los corredores no pertenecen a ese mundo?...
-
Desayuna e iba a sentarse a leer, picado por la curiosidad, el Manifiesto Comunista, pero se acuerda que es sábado y ha quedado con su amigo Abilio a las 12 para ir a la manifestación contra la Ley de la Reforma Laboral. Los muy cabrones, quienes la hayan hecho -pensó- le han dejado tan solo 20 días por año trabajado de los 45 que le correspondían. Se lo dijeron en el sindicato cuando fue a consultarles. De eso se aprovechó su tío miserable, 'miserable, si', para dar de baja a la plantilla de trabajadores. Había que hacer una huelga y machacar a todos los tíos miserables, 'me cago en la madre que los parió', del mundo. 


Algo parecido decía  León Felipe en Good bye Panamá. Lo leyó en el instituto. 

Abilio y Jesús caminan hacía el lugar de donde partirá la manifestación. Y como ellos, cientos de personas. Hasta niños con sus padres. Al fondo, ondean banderas. Se oyen por los megáfonos distintas consignas. Los dos amigos se meten entre el gentío. Se colocan, a indicación de Jesús, donde flamean numerosas banderas republicanas. El motivo es que se acuerda en ese momento de su madre que le contó algunas veces sobre la fe republicana de su progenitor. Comienza a moverse la gente y comienzan a gritarse distintas consignas. Abilio le da con el codo a su amigo señalando a dos jóvenes:

-Mira, ¿que hacen Pedro y Said aquí?

-Lo de siempre: pasando maría -contesta Jesús al ver como el tal Said le da un papelito blanco a una persona y esta le entrega unos billetes y se va para atrás. 

-Esos si se lo han sabido montar sin dar palo al agua en su vida. ¿No te parece?

Su interlocutor no le contesta porque en ese momento grita una consigna que le parece de perlas: '¡Obrero despedido, patrón colgado!' La única que le llena.

-¿Qué me decías?... ¡Ah!... Si... Venden costo y nos observan como nosotros a ellos -y los saluda con la mano-. Luego le chivan a la policía lo que han visto.

-¿Por qué? No hacemos nada mal.

-No me refiero a nosotros. ¿O si? Depende de lo que le interese a la poli.

-¿Nos han visto?

-Claro. Puede que la secreta le pregunte por gente de este bloque. Por lo que veo nos hemos colocado en uno de los mas radicales.

Mientras avanzan, Jesús y Abilio recuerdan sus días de adolescentes en la cuadrilla del barrio. Llegaron a ser cerca de treinta. Dimitri, Pedro y Said entre ellos. Luego, pasada la adolescencia, se fue disgregando porque unos pasaron a la universidad, otros comenzaron a trabajar, en la construcción sobre todo, varios se trasladaron con sus familias a otros barrios. Se comentó que algunos de estos destacan en asambleas de 'Indignados'. Hubo quien se alisté en el ejercito o se hizo poli o guardia civil. De todo hubo. Jesús y Abilio se fueron a la universidad. A mitad de curso Jesús se puso a trabajar con su tío Tomás en la construcción y luego, a petición de Abilio, consiguió que su amigo trabajara con él. Dimitri desapare, como ya se ha dicho. Pedro y Said continuan en el barrio, parados. Con el tiempo se supo que se han hecho camellos. Cada cual buscó su salida. 

Y ahora, él, engordaba el paro. Y engrosaba esta masa de manifestantes que, al paso, se dirigen a no se sabe donde. Está deshubicado. Se ha paralizado como la vida laboral. Ignorando el camino a seguir. A su amigo Abilio le pasaba algo similar. 

Sin embargo, conocía a numerosos que el destino lo tenían claro. Saben lo que quieren. Y hacia ese objetivo encauzan sus actos. Hasta a su expareja los sueños le alimentaban. Está convencido que desnudándose o no alcanzará sus metas. 
-
Lo que ve en esta manifestación le hace pensar. Está clara su preparación concienzuda. Las pancartas, banderas, pegatinas, octavillas... no salen de la nada: alguien las hace. Tiene sus fines: ir contra la Ley de la Reforma laboral. Los que fueran estaban organizados. Era él el que no estaba ubicado. No pertenecía a nada. Se había sumado, si, pero no había hecho nada. Si supo de esa manifestación es porque la vio anunciada en un cartel a la puerta del sindicato. Había ido a consultar sobre su despido al sindicato... 


Y, por cierto, que le afirmaron corresponderle cerca de 10.000 euros y no los 3.000 que le ofreció el abogado de su tío. Que si no lo denunciaba, ya, se quedaría sin la pasta. 

-¡Joder, qué cabrón! -murmura mientras uno a su lado grita '¡Manos arriba, esto es un atraco'! y todo el mundo lo repite. -¡Qué tío mas miserable!

Su pariente también estaba organizado en la patronal. Y organizó el despido. La patronal organizaba. El estado organizaba. El sindicato organizaba. La Iglesia organizaba... ¿Y él? Bebía, comía, cagaba, pensaba, se desesperaba...

Cabreado se sale de la manifestación. Cabreado consigo mismo. Lo hace en el mismo momento que la policía, también organizada, iniciaba una carga. Le aporrean en una esquina. Cerca del banco que le negó el crédito. Uno de los polis, se fijó y lo conoció, era uno de los de su cuadrilla quien optó por esa forma de salvarse de la crisis. El poli lo aporrea y sonríe. 

-Será hijoputa -pensaba, mientras se defendía obillándose e intentando taparse la cabeza y otras partes. 

Eran tres sacudiéndole y se desmayó. Herido lo dejan en el suelo. Manifestantes, organizados, lo recogen trasladándolo a una ambulancia. Se lo llevan. Nada. Una brecha en la cabeza. Mucha sangre. Puntos de sutura y... para casa.

Come algo. Se sienta en el sofá a descansar. Llaman a la puerta. Eran Said y Pedro. Se enteraron de lo que le había pasado y pasaron a verlo. Hablan con él un poco. Se ofrecen para lo que sea y se van. Luego llega Abilio.

-¿Qué hacían esos aquí?

-Han venido a verme. O... vete tu a saber.

También Abilio se fue al poco rato.

Agradeció la visita de su amigo. Y la de Pedro y Said. Vinieran a lo que viniesen.

Sentado allí, en el sofá, estira los brazos y chocan, sus manos, con libros de la estantería. 


Coge el Lararillo de Tormes y el Manifiesto del Partido Comunista. Abre el primero y lee hasta donde quería recordar: 

"E assi me fuy para mi amo, que esperandome estaua.
Salimos de Salamanca y, llegando a la puente, está a la entrada della vn animal de piedra que casi tiene forma de toro, y el ciego mandome que llegasse cerca del animal e, alli puesto, me dixo:
-Lázaro, llega el oydo a este toro e oyrás ruydo dentro dél.
Yo simplemente llegué, creyendo ser ansi. Y, como sintió la cabeça par de la piedra, afirmó rezio la mano y diome vuna gran calabaçada en el diablo del toro, que mas de tres días me duró el dolor de la cornada y dixome:
-Necio, aprende: que el moço del ciego vn punto ha de ser mas que el diablo.
Y rió mucho la burla.
Paresciomme que en aquel instante  desperté de la simpleza en que como niño dormido estaua.
Dixe entre mi:
-Verdad dize éste, que me cumple abiuar el ojo y auisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer."

Luego comienza el otro. Las páginas le parecen que hablan de él. Y del tiempo que está pasando. A pesar de haberse redactado hace casi 200 años.

Se le quedó grabado eso de: 'Ante nuestros ojos se está produciendo un movimiento similar'. Y describía la crisis que de forma periódica cuestiona la existencia de todo el sistema. Durante ella, leyó, se destruyen productos elaborados y las mismas fuerzas productivas... Como lo querían destruir a él entre su tío, su abuelo, y el banco... Y lo hacen en el momento absurdo en que hay de todo. Es la 'epidemia de la superproducción'. Así lo llama el libro. Y conduce todo el sistema a un callejón sin  salida para los trabajadores asalariados, porque la burguesía... (es decir: todos los tíos, abuelos y banqueros miserables)... quiere salvarse preparando crisis mas extensas y violentas... De modo que, dentro del sistema de tios, abuelos y banqueros miserables, no hay salida. 

-La salida está en mi -piensa Jesús.

Lo cree, porque el libro afirma que todo el tinglado en el que vive produce 'las armas que le darán muerte' y 'los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios'. Y él es un obrero.

-Habría que encontrar esas armas. Yo no las tengo. Tendré que pensar en esto.

Pero, sobre todo, el libro le da una lección de vida práctica. Al menos eso es lo que saca en conclusión. Así lee lo siguiente: 'todo lo estamental se evapora': es decir: la familia, con todos sus tíos y abuelos miserables (nunca se cansará de repetir esa palabra); la iglesia, que se ha unido a la patronal aprobando esta reforma asquerosa; la cuadrilla, que desaparece deshecha; la policía, con su antiguo colega apaleándole... Y al fin, agrega el libro, la persona, forzada, tiene que contemplar el mundo con mirada fría, y fijar una posición ante la vida, con el fin de que nuestros actos tengan sentido.

Cierra el libro, como si hubiera hallado la salida a sus problemas. E, igual que hizo aquel corredor de apuestas vasco natural de Cestona, exclama:

-¡Juro que no me volverán a explotar!

Llama a su amigo Abilio. Se corren una juerga mayestática. 


Y cuando por la mañana despierta de la borrachera ya sabe el camino que tomará en la vida.

viernes, 24 de febrero de 2012

María de la Fuente, rebélate ahora contra el Capital


Obra: María de la Fuente
Autor: Camilo Castelo Branco
Editorial: Aguilar, SA. de Ediciones
Madrid - 1955

'¡Cállese, padre, por honra de Dios, si cree en él!'. Así acaba la obra. Con esta exclamación. Harto el autor de estrujar el cerebro contra las sandeces e ignorancias del padre Casimiro. 'Cansado, lleno de tedio... - en palabras del autor- ... por haber prostituido su atención en esas 120 páginas (donde) se siente la delicuescencia del cerebro, se jadea en el pútrido aire de los viejos detritus; se agoniza, por falta de aire, en ese laberinto de necedades. Hay ahí páginas de cruenta ignorancia y osadía, tan absurdas en un hombre nacido en este siglo, que al terminar la lectura, me abruma la tristeza de quien sale de un manicomio y ha oido declamaciones místicas mezcladas con injurias'. De ahí su exclamación: '¡Cállese, padre, por honra de Dios, si cree en él!'. Tenga un poco de condescendencia, de misericordia. Intente ser tolerante. No insulte a diestro y siniestro. 'Sed piadoso - en desesperada súplica de Jorys-Karl Huysmans- con el cristiano que duda, con el incrédulo que desea creer, con el forzado de la vida que embarcó en su galera, en la oscuridad de la noche, debajo de un firmamento en el que se apagaron los consoladores fanales de la esperanza'.

¿Quién es ese padre Casimiro que a Camilo Castelo Branco, el gran escritor portugues, le saca de sus casillas? Bien. Veamos: el padre Casimiro es Casimiro José Vieira: Sacerdote del Miño, nacido en 1817 y muerto en 1895, uno de los líderes de la guerrilla denominada María de la Fuente. Publicó un informe sobre sus actividades de guerra al frente de un grupo de campesinos, bajo el título Notas sobre la Historia de la Revolución del Miño, en 1846, o María de la Fuente (1883). La Obra es considerada importante documento histórico para el estudio de dicha revuelta. Documento que sale muy mal parado en la pluma del autor lusitano. 

Antes de seguir adelante con el contenido de María de la Fuente tendríais que convenid conmigo en que traer a colación ahora a Camilo Castelo Branco no es lo mas corriente que digamos. Lo normal, lo lógico, sería reseñar algo actual y relacionado con la corrupción, la crisis, el paro, los desahucios, la represión de los estudiantes valencianos... algo por ahí. Pero siguiendo con lo lógico, con lo normal, llegaríamos a la conclusión de que mas que escribir lo lógico, lo normal sería salir a la calle, ocupar fábricas, talleres, ayuntamientos... poner barricadas al avance de las fuerzas del orden, lanzar cócteles molotov para que esas fuerzas armadas sintieran en su propia carne la caricia del fuego, proclamar la República... Mas eso no lo vamos a hacer y por lo que podemos colegir, desde este rincón, no van a producirse esas movilizaciones. Al menos con el ímpetu de lo ocurrido en Grecia. A pesar de las duras normas puestas por este gobierno de derechas. 

De la misma manera que tampoco hemos visto izarse al pueblo portugués. ¿Será porque a pesar de ignorarnos, ambos pueblos, mutuamente, tenemos mucho en común? De lo que si estoy seguro es de que vivimos de espaldas a un vecino que tenemos puerta con puerta. Ni sabemos nada de él y además lo menospreciamos. Hasta ahora ha sido así. Poco se ha avanzado en conocimiento mutuo. De modo que ya que no vamos a ir con el coctel molotof en ristre esgrimamos, como los estudiantes de Valencia, el libro a fin de hermanarnos. Con Portugal. Puede que algún día, después de esa fraternidad, nos alcemos ambos contra el Capital

Dicho esto volvamos a María de la Fuente. Surge a raiz de visitar al escritor el padre Sena Freitas que le habla del padre Casimiro. Lo que provoca el interés de Castelo Branco.  Le pregunta si aun vive. Y es que en su juventud el escritor portugues fue miguelista y se enroló en las huestes de los rebeldes del Miño en el mismo bando del padre. 'En la legión formidablemente estúpida del general escocés Reinaldo Macdonell'. Allá por 1846. Han pasado ya casi 40 años. El padre Sena Freitas le habló de la existencia de un libro escrito por el padre Casimiro que habla de esa revolución. Y le atrae con la magia de la nostalgía. Se lo pide y se lo dejó. 

Y del comentario de ese libro trata esta obra. La editorial la publica junto con la 'Novela de un hombre rico'. Aunque María de la Fuente no es una novela sino todo un fresco de la historia de Portugal. Por ella aparecen un sinnúmero de personajes y personajillos. Siendo cuatro los mas importantes: María de la Fuente, el padre Casimiro, Macdonell y un español carlista Santiago García y Mendoza

La obra está atravesada de principio a fin de una ironía que hace que nos aflore a los labios una sonrisa muy a menudo. Sin esas nostálgicas ironía no hubiéramos aguantado esas necedades. Pero estando, como están, salpimentadas con el risueño cachondeo de Don Camilo nos hemos pasado unos buenos ratos. 

Por ejemplo: cuando el padre Casimiro le escribe a un rey recomendándole para el ejército un arma inventada por él, la roçadoura que, en palabras del padre, 'es la misma hoz de podar las vides pero con punta aguda en la dirección de las costillas'. Añade 'puede espetar al caballo por el pecho, o cortarle las patas, las quijadas o las riendas'. El escritor apunta: 'afirmar que estos consejos respiran mansedumbre de Jesús, me parece temeridad'. Ya antes recuerda, como para indicar la solemne estupidez de la proposición, que tal carta coincidió con la aparición del Fusil Mauser, de la carabina Chassepot, de la espingarda de aguja, de la pistola Werder, de la espingarda Remington, de la Springfield y la Enfiel Snider y la ametralladora. 'Todos métodos de matar muy abreviados para uso de la Humanidad'.

Con ocasión de una batalla con fuego granizado en el que no cayó ningún guerrillero del padre Casimiro 'porque Dios los protegía', mas como tampoco hubo bajas en el ejército 'es de creer que Dios se mantuvo entre ambos partidos con honrada imparcialidad', ironiza nuestro escritor.

De entre las situaciones ciertamente cómicas esta la de la puta, según el bueno de Casimiro, que le encontró su revolver y se lo guardó entre las faldas. El escritor se escojona a reir diciendo mas o menos: 'la mujer encuentra la pistola en la calle, entre el barro, y tiene una inspiración de que es del padre y se la guarda'.

Es digno de reseñar cuando nuestro renombrado padre, después de tener que atravesar un río descalzo, se fue para su casa 'a fin de tomar un caldo de gallina bien caliente para sudar'. Apunta a continuación Don Camilo: 'aquí el estilo decae, siendo la prosa deslavazada, como corresponde a una situación anormal de dos guerreros acatarrados, estornudando, con las narices obturadas, bajo los cobertores'.

De las huestes rebeldes, desde el jefe para abajo, sale toda una galería de seres en pos de un puesto en el que medrar de por vida: 'El padre Luis y fray José de la Gracia querían ser obispos; el abad de Boaças (hermano del capitán mayor Luis de Amaral Semblano, de Nespereira) quería ser capellán mayor del rey; el dueño de la casa se contentaba con ser correo mayor del reino'. Otro se contentaba con ser 'director de las aduanas de Lisboa y que el pícaro de de su cuñado tuviese el mismo cargo en las de Oporto'.

Del Macdonell dice: 'El escocés tenía en su cuarto cierto número de garrafas escogidas y cuando hacia las diez salía de su habitación, ya venía con el contenido de una de ellas dentro de su cuerpo y mas colorado que un tomate maduro'.

La Revuelta del Miño tuvo por heroina a una tal María de la Fuente. Aunque Castelo Branco arranca su escrito con estas preguntas: '¿Ha sido María de la Fuente personificación fantástica de una colectividad de amazonas con zuecos? ¿O realmente existió en cuerpo -y no diremos en alma, pero si en guadaña arrasadora- una virago revolucionaria, con esos nombres y apellidos?'. E indaga. Halla varías. Casi todas trigueñas, desenvueltas, de mediana estatura, robustas, hartas de vino, groseras de trato, fáciles en lanzar palabras obscenas, seguidoras de misioneros, de cerrados y sacristías, cantando la canción del absolutismo 'El rey llegó', dando vivas a don Miguel y a la santa religión y periódicamente entregando niños al hospicio. 

Lo que dio impulso a esa revuelta 'fue la manada de lobas, crapulosas y desmelenadas, convulsas por el espíritu de las tabernas y de las sacristías'. Y termina clavando su dardo con estas palabras: 'los poetas vagorosos a lo Ossian, de la calle de Las Flores, de aquel tiempo. cerebros bizantinos, transformaban a aquellas maritornes encostradas de estiercol en Dianas de ágiles y bellas piernas, de cabelleras ondulosas enguirnaldadas de flores, con pulseras de oro en los brazos alabastrinos, con las aletas de la nariz trémulas de cólera, irrumpiendo de sus bosques con los venablos tras los jenízaros. Así es como las idealizó también probablemente el divino Garret'.

Garret, Almeida Garret, el divino como lo define Castelo Branco, y Oliveira Martins, y Guerra Junqueiro, y algunos mas, son otros insignes personalidades portuguesas a los que cita y que nosotros habíamos visto citadas por Unamuno

Por eso escribimos mas arriba que era este libro todo un fresco del Portugal del siglo XIX. Masones, labriegos, curas, frailes, liberales, absolutistas. Y el padre Casimiro escribiendo de todo sin saber de nada insultando a todos los que no piensan como él: liberales, masones sobre todo; al respecto tiene que decir: 'Los epítetos que usa para adjetivar variadamente a los masones  -variedad necesaria a la belleza de la composición- tienen esta dulzura apostólica: rateros, ladrones, impios, salteadores, incendiarios, asesinos y salteadores de colosales proporciones. Pio IX que había sido masón y, con seguridad no fue salteador ni impio debió de resentirse de la insolencia con que el portugués le descargaba indirectamente calumnias'. 

De cuando en cuando tiene que desviarse de la ironía y recurrir a su memoria para reconvenir al ignorante padre y con toda paciencia ponerle ejemplos de liberales y masones y hasta obispos generosos que murieron casi pobres para mostrarle que no tiene razón. Pero al final harto el autor de estrujar el cerebro contra las sandeces e ignorancias del padre Casimiro y como desesperado de lograr éxito en sus reconvenciones exclama eso que decíamos al principio: '¡Cállese, padre, por honra de Dios, si cree en él!'.