Si tu la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo, esto es un don, mi boca
espera, y un alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola,
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.
Claudio Rodríguez
(*) Título nuestro
martes, 16 de enero de 2007
Becquer y Martí
Yo, en los dorados hilos
que los insectos cuelgan,
me mezclo entre loa árboles
en la ardorosa siesta.
G. A. Becquer
Y yo, sereno entre los viles,
cual si en mis manos, como en ruego juntas,
las anchas alas púdicas, abriese
una paloma blanca.
J. Martí
que los insectos cuelgan,
me mezclo entre loa árboles
en la ardorosa siesta.
G. A. Becquer
Y yo, sereno entre los viles,
cual si en mis manos, como en ruego juntas,
las anchas alas púdicas, abriese
una paloma blanca.
J. Martí
viernes, 12 de enero de 2007
José Mª Amigo Zamorano: En una casa de putas
Cuando Ismael y Raul me invitaron a que escribiera algunas reseñas de libros para el fanzine que pensaban editar, pensé ¿qué libros reseño? Porque, vamos a ver, qué puede importarle a uno lo que otro lea... Yo creo que nada. O tal vez si, pero poco. Si acaso pueden interesar aquellos libros que ayuden a comprender la realidad del mundo que nos rodea. Pero lo que es interesarse, interesarse, por algún libro de poesía o de novela o de carpintería, es un decir, que uno haya podido leer, pues nada. Sin embargo, desde el otro punto de vista, de entender lo que pasa en el mundo, tal vez, porque a veces nos va la vida en ello. Y tal y como está el mundo la vida se juega en cada esquina y hay que saberse desenvolver.
Efectivamente, vemos, en la otrora rica Argentina, a los argentinos aporrear las puertas de los bancos para que les devuelvan sus dineros, no los del vecino, ahorrados con tanto duro trabajo. No querían los banqueros devolverlo. Vemos igualmente a unos ejércitos invadir un país, como se ha demostrado, sin mas ni mas, por el solo interés de la rapiña, de coger lo que no es suyo. Morir periodistas por el simple hecho de trabajar con una cámara con el único objetivo de informarnos. O aquí, mar cerca, en Madrid, anular una elecciones porque a dos diputados les dio por cambiar de chaqueta.
Pensando en esta dirección recordé el libro de Ezequiel Martínez Estrada, Radiografía de la Pampa; en este ensayo, magnífico por muchos puntos de vista, tiene un capítulo que trata del cuchillo “que va entre las carnes y la ropa interior; algo que pertenece al fuero privado” y que “sólo se exhibe en los momentos supremos como el insulto”. Cuchillos que han relucido en Argentina y en Irak. Cuchillos de muchas formas; de bala, por ejemplo, como la que mató a Couso, el camarógrafo. Por cierto que Pérez-Reverte, que antes de novelista fue periodista de guerra, escribió un librito, ya clásico, sobre este mismo asunto de los camarógrafos, cuando la guerra de Bosnia; Territorio comanche con un lenguaje agil, descarnado, desnudo de artificios, como la misma muerte.
Pérez-Reverte recordaba, hace poco, un estudio realizado por varias universidades europeas, entre ellas la de Málaga, en que atribuía al dinero negro el auge inmobiliario en la Costa del Sol; en ese mismo estudio se alertaba sobre el peligro de que grupos de mafiosos controlaran la política; y Pérez-Reverte lo mencionaba a propósito de lo ocurrido en la Asamblea de Madrid. Cosa que ya denunciara James M. Cain, (el celebrado autor de El cartero siempre llama dos veces) en su novela “Ligeramente escarlata”, allá por los 30. Y es que del imperio USA nos ha llegado lo peor y lo mejor.
Y en otro orden de cosas, ajeno (aunque no del todo) a la política merecería leerse “Autorretrato sin retoques”, un libro de Jesús Pardo, cuyo contenido nos pilla a los curiosos un poco más a mano. Por él cruzan escritores que han sido algo en literatura (algunos amigos como es el caso de Eusebio García Luengo), Camilo José Cela, José García Nieto...
Insólito libro de memorias en el que el escritor maneja la pluma como un cuchillo. Y da cuchilladas a diestro y siniestro. Sin ningún respeto. Allí no se salva nadie, ni el padre del escritor.
El libro comienza en Santander y termina en Madrid pasando por Londres donde estuvo de corresponsal. Y de Madrid el literario que estaba casi reducido en la posguerra al Café Gijón.
Ya para terminar habría que decir que la pluma de Pardo como el cuchillo argentino de Radiografía de la Pampa “cercena hasta la columna vertebral, que es la proeza en el arte del degüello”; así de García Nieto, muerto hace poco, y que le dieron el premio Cervantes, poco antes de fenecer, dice: “pesaron los versos // de José García Nieto // treinta kilos, peso bruto // cuatro gramos, peso neto.” De don Eusebio García Luengo, mi amigo, dice que era “vago mandibular” y que aunque estaba separado de su mujer la actriz Amparo Reyes iba de vez en cuando a “echarle barrocos polvos”. De Cela dice que ra un “pesetero y snow como el solo”, añadiendo que Blanco Tobío lo había definido como un “Jaimito con ínfulas de Hemingway”.
Y para subrayar que Cela aparentaba ser otra cosa, escribe el diálogo que una vez tuvo con él en una casa de putas:
Cela.- ¿Pero que haces tú aquí, Jesusín, yo te hacía maricón?
Pardo.- No, no lo soy, pero no lo digas por ahí.
Cela.- Vaya, te vas pareciendo a mi.
miércoles, 10 de enero de 2007
MEME Y COSAS PENDIENTES: MAS CORNÁS DA EL HAMBRE

PUBLICAMOS AQUÍ EL TEXTO DE TONI, UN AMIGO, DONDE BULLE LA VIDA CON TANTA INTENSIDAD QUE, POR HABER, HAY HASTA ABUELOS REPRESALIADOS, EMIGRACIÓN, ESTUDIO, SACRIFICIO, LUCHA SINDICAL, LUCHA ANTIFRANQUISTA, ESTAFAS, SENTENCIAS VENALES Y... AFICIÓN A LOS TOROS
Como estaba prometido y si por algo me tengo es por vestirme por los pies y ser hombre de palabra, ahí va mi meme. Sé que quedan muchísimas cosas pendientes. He intentado resumir todo lo que he podido, pero al final ha salido una novela; no creeréis, pero tengo para otras cuatro y eso que solo llego a cincuenta años; es decir: un chaval; me queda media vida por delante, y seguro que habrá tiempo de escribirlas.
1- Comencé en esto de los toros, como miles y miles de niños de la España del que llamaban ‘Generalísimo’. Pero en vez de cantar el ‘cara al sol’ y rezar el ‘ángelus’, frente a la cruz de algunos de los caídos (Caídos que, generalmente, eran los que iban a sacar de sus casas, para pegarles un tiro en cualquier cuneta o tapia de cementerio, es decir: honrados ciudadanos que lo único que habían hecho era respetar la legalidad vigente) los sábados, por la mañana, me escapaba, con mi abuelo, a un corral de un ganadero que siempre tenia algún becerro, medio encastao, que solía embestir cuando le daba la gana (eran como los del encaste bodeguero, había que decirles ¡eh, eh! cinco o seis veces) al costal de patatas que, éste menda, le presentaba; claro que, la más de las veces y ante la risa de los mayores, terminaba entre las patas del becerro o becerra; y, como llevaba pantalones cortos, solía terminar con las piernas en carne viva de las raspaduras. Tengo que aclarar que mi abuelo no se ponía de mala leche cuando me escapaba de lo del ‘ángelus’ y de lo del ‘cara al sol’. Es más, creo que se sentía orgulloso que fuera el único del colegio; y por esa razón, seguramente, me dejaba darle algunos mantazos al churro. Prefería que fuera lleno de raspaduras para casa, que a eso del ‘cara al sol’. ¿Cómo iba a enfadarse si había pasado doce años en la cárcel de los fascistas, por el simple hecho de haber llevado la luz al pueblo, o por haber expropiado a un conde portugués, la mayor dehesa del pueblo, para que pudieran vivir muchísimas familias de ella? ¿Será por estas reminiscencias por las que no me gusta nada la playa? ¿Será por estas cuestiones que no me gusta lamer culos por mucha camisas azules que haya?
2- Por esta razón (digo por la razón de la España del ‘Generalísimo’) me convirtieron en emigrante. Se acabaron los churros. Me trajeron a unas tierras en las que no había plaza; y donde la había, con nueve o diez años, ni tenía edad, ni dineros, para ver una corrida; aunque, a mi, lo que más me fastidió es no poder escaparme con mi abuelo a darle algún mantazo a las churras. A él, a mi abuelo, también debió de joderle mucho, porque a los tres meses se murió de tristeza. Había solo una cosa en común (de mi tierra con esta nueva) y es que se seguía cantando, los sábados por la mañana, el ‘cara al sol’; y se seguía rezando el ‘ángelus’, aunque ya no me podía escapar porque ahora… se rezaba en la escuela. Lo que si me proporcionó la emigración, es el adquirir más conocimientos en cuanto a la vida; y, sobre todo, el poner en practica las enseñanzas de mi abuelo en cuanto a la Libertad y las injusticias sociales. Hablo de mi abuelo, porque mi padre no podía enseñarme mucho: se pasaba catorce o quince horas barrenando en los saltos del Duero.
3- Cuando terminé éste periodo formativo (digo éste porque, la verdad, seguir seguir… he seguido formándome y todavía no he acabado) con dieciséis años, ya tenia mi titulo de oficial de electricidad y electrónica, en la Escuela Sindical de Formación Profesional, así como Contabilidad y Cálculo Mercantil en la academia de San Francisco de Asís, que regentaba don José Flores y su esposa. No me sirvió de gran cosa lo que estudie. Se ganaba mucho más en la Palmera y no te pedían nada de estudios. Como me quedaba tiempo (el trabajo era por turnos y echaba de menos los churros y los novillos) me puse a correr delante de los grises, reivindicando Democracia y Libertad. Con dieciocho años había aprovechado el tiempo, mientras unos iban a los campamentos de la OJE, incluso muchos que ahora son abertzales… bueno, si, en el fondo, el nacionalismo solo cambia el nombre de la supuesta nación. Con dieciocho años, como iba diciendo, conseguimos, en la Palmera, quitar al ‘sindicato vertical’; y, para entonces, ya habíamos organizado la sección sindical de la UGT; también contribuimos a quitar al Alcalde de Irún, consiguiendo una gestora. A los veinte o veintiún años, bajo mi modesto mandato como secretario de organización de sección sindical de Palmera, conseguimos ganar las primeras elecciones sindicales democráticas, con lo cual me convertí, seguramente, en el Secretario del Comité de Empresa más joven de España; y éramos, entre todos, 25 miembros, UGT sacó 12 delegados. Cosa que se consiguió en la siguiente legislatura. Bueno, mejor dicho, hasta que me fui de la Palmera, del sindicato y del partido, no volvieron a ganar. Desde entonces ganan los de ELA. La monotonía del trabajo y el horario fijo no iban conmigo. Mientras todo esto ocurría, este tonto había estudiado algo nuevo que entonces no se estudiaba ni en las universidades: Marketing y dirección Comercial. Tampoco me ha servido para casi nada. Lo que si me sirvió es que, entre carrera y carrera con los grises, entre destornillador y destornillador, entre estudio y estudio, echaba una mano en el bar que tenían mis padres; además iba a El Laiken, una discoteca, a trabajar pinchando discos; era el mejor; ponía la pista a reventar, tanto a lo lento como a lo rápido. El que no sepa lo que es esto, que le pregunte a sus padres. Y esto, por fin, si me sirvió, porque a la postre es lo que me va a dar la jubilación: la hostelería; bueno, eso espero.
4- Conseguí ver cuatro o cinco corridas en el viejo Chofre; a parte que seguía bajando a Lumbrales cuando podía; por cierto que era la forma de seguir estando en contacto con los toros: los veinticinco años siguientes se quedó sin plaza San Sebastián. Pero ya no había que echar una mano en casa de los padres, ahora había que echar una mano en la propia, con lo cual no quedaba mucho tiempo, ni dinero. Entre corrida y corrida, cuatro o cinco al año, íbamos sacando la familia adelante, hasta que un hijo de puta del PNV (digo del PNV porque era concejal de este partido en el ayuntamiento) nos quitó todos los ahorros que teníamos, al estafarnos con un piso que le compramos. El juez que lo juzgó, el cachondo de él, ¡seguro que también era del partido!, nos dio la razón, pero… dijo en la sentencia que sí, que sí nos habíamos quedado sin piso (éramos ocho en total) pero que no había habido ánimo de estafa, ¡jódete y baila!, ¡esto no lo puso en la sentencia, eh! Y ahora, díganme que crea en la justicia, después de que el impresentable del PNV nos dejara a ocho matrimonios en la calle; y algunos arruinados para toda la vida, ya que habían vendido el piso que tenían y le habían dado toda la pasta al concejal. ¡Se había gastado todo el dinero el cabrón! Y… no pudo terminar la obra; pero el Juez dijo que no había sido con ánimo de estafar ¡hala! El susodicho cabrón pegándose la vida padre; y yo… ¡sin los ahorros de más de diez años! ¡Y encima con un pufo en la Caja de Ahorros! O sea, como ahora: los toros afeitados, drogados… y el ‘destoreador’ de turno riéndose de la gente, pero, eso sí, sin ánimo de estafa. ¡País de sinvergüenzas!
5- Hemos vuelto ha salir adelante (y no como a otros que se lo han dado todo echo y encima lo están jodiendo, en fin corramos un tupido velo) Con la casa un poco recompuesta, y un negocio que no va mal, ya me he permitido dedicarle un poco más de tiempo a los Toros. Pero, mira por donde, me encuentro con esto. Y como uno sigue teniendo el espíritu de escaparse de la borregada, pues aquí seguimos, peleando por los Toros. Ahora, aunque hay más falta que en el 75 de pelea, la gente toda está de maravilla ¡todos somos millonarios porque nos han dado las migajas de tener un coche, un piso y una televisión! Podemos ir de vacaciones tirando de la visa y no queremos pelea. Todo muy bonito y muy bien; lo triste es que eso le hemos enseñando a nuestros hijos. Ahora no son capaces de pelear, ni por una vivienda digna. Bueno, el tiempo que me llevaría pelear por una sociedad más justa, lo empleo en esta página, en intentar, a través de las peñas, que se cambie las cosas; menos mal que ya las dejé… mas sigo siendo un iluso, que le voy ha hacer. En todas las tareas en las que me he puesto, lo he dado todo: me he entregado, con la pata “palante”. Las cornadas han sido de órdago, también es cierto. Hay mucho marrajo por la vida, pero bueno… que les den. Por lo menos me queda la página, que creo que es la mejor del mundo mundial, porque lo que decimos y escribimos no son mariconadas, ni tonterías, para llenar espacio o para que me digan por la calle lo bonito y lo bien que escribo (esto último sería imposible entiéndanme) me interesa más remover conciencias, para que cada uno piense por su cuenta y discuta; y que te den las gracias en persona o por correo. Lo de hablar de ganaderías, toreros y encastes queda muy bien y muy bonito, pero… las necesidades son otras en estos momentos.
Bueno, me quedarían muchas cosas en el tintero, de los toros y de mi vida, pero igual alguna otra vez el mariconcete de Betialai me vuelve a meter en otro berenjenal y seguiremos profundizando.
De momento ya conocéis un poco mejor a este juntaletras, que no tiene ni repajolera idea de nada, ni ha vivido nada. Un saludo
Bueno, me quedarían muchas cosas en el tintero, de los toros y de mi vida, pero igual alguna otra vez el mariconcete de Betialai me vuelve a meter en otro berenjenal y seguiremos profundizando.
De momento ya conocéis un poco mejor a este juntaletras, que no tiene ni repajolera idea de nada, ni ha vivido nada. Un saludo
martes, 9 de enero de 2007
Iswe Letu: UN ASESINATO INCOMPRENSIBLE

por Iswe Letu
El súmmum del médico que él era, en un despacho del barco, desde las profundidades del falso sollado debajo de línea de flotación, telefoneaba, recomendando unas hierbas narcóticas de experimentados efectos beneficiosos contra el sufrimiento, a un paciente que no le entendía claramente.
Con una mano sostenía el aparato y con la otra arrancaba un apetitoso fruto, parecido a la uva, de las ramas de un olivo sobresaliente del escudo pegado al espaldar de la tortuga colgada en la pared.
Le habían entrado unas irreprimibles ganas de comer, un apetito voraz.
Dejó un momento de hablar y, mirando el producto, cerró con ansia y fuerza sus dientes sobre tan atractivo fruto; un sonoro ¡crac!, de sus dientes fracturados, se dejó oír por toda la sala.
Indiferente a las feroces protestas de las falsas uvas que rompían su dentadura, expectoró sangre, diente y uva, y siguió conversando con su doliente escucha.
Se asombraba, por cierto, de que su interlocutor no le entendiera bien.
Mansamente repetía el nombre de la hierba que él, como buen facultativo, acababa de probar; nadie podría acusarle a él, el súmmum del médico, de capitán Araña que, embarcando a los demás, se quedase en tierra; en materia deontológica era un seguidor, acérrimo, del juramento hipocrático; lo que era una garantía para sus pacientes.
Separaba desmesuradamente los labios para balbucear el producto; y sonido y sangre de la encía se metían por los orificios del teléfono.
Esperaba, luego, serio y circunspecto, escuchando las manifestación del interlocutor.
Cogía otra falsa uva.
Abría la boca de la que salía copiosa sangre; y tras introducir la fruta reincidía clavándole el diente; y el claro ¡crac! insistía en chocar con las paredes del despacho; escupía de nuevo sangre, diente y uva.
Le desconcertó la misma incomprensión:
-- No le entiendo doctor.
A sus pies tenía ya un pequeño charco de sangre.
Arrancó otra aparente uva.
Se sentía dulcemente extenuado. Y sin ganas de proseguir la charla telefónica.
Lentamente se fue deslizando hasta el entarimado para posar su trasero justo en el charco de sangre.
Ya sin fuerzas con que llevarse la oliva de bronce hasta la boca escurriósele de entre los dedos de la mano; ¡que dulce cansancio!.
Abandonó el auricular al concluir que le estaban apañando las guedejas.
-- ¡Doctor!, ¡doctor! ... ¿Me oye?... Vocalice mejor.
Inició una especie de corte de mangas que abandonó en mitad de la acción. Luego quedóse adormecido riéndose de la chanza.
La sangre, de la comisura de sus morros sonrientes, era como una socarrona lengua dirigida al otro lado del hilo telefónico.
El galápago, asimismo de bronce, se desprendió del enganche de la pared a impulsos de un desplazamiento brusco, acaso un cabeceo o vaivén de la nave que escorando, con tan malvada fortuna para el galeno, inauguraba su andadura marina, y fue a caer de lleno en su cráneo reventándole la mollera.
Lo encontraron, con los sesos esparcidos por el suelo, acariciando la sangre derramada.
La policía aún se interroga por la identidad del matador y el motivo del crimen.
Y es que incógnitas como estas dan que cavilar a la policía.
Octubre de 1995
Teresa Berenguer: ROMANCE de la NIÑA y el TORO

Hola Toni: he encontrado este poema en la revista 'Caminar conociendo'. Mira se te gusta y llevatelo a tu web.
ROMANCE de la NIÑA y el TORO
Por Teresa Berenguer
Ella nunca entendería
por qué quisieron matarlo.
Cuando le hablaron de fiesta,
pensó en su vestido blanco
y que al otro le pondrían
diez cascabeles dorados
para que todos supieran
de su elegancia y su rango.
Cuando ella lo vio nacer,
tocó su pelo de raso
y un olor a mansedumbre
se extendió por el establo.
La niña le daba leche
en el cuenco de sus manos
y el becerro agradecido
lamía sus pies descalzos.
Ya no juega la zagala
con su muñeca de trapo,
ahora soltó sus trenzas
y, en su paseo diario,
cuenta sus cuitas al toro,
su gran amigo del prado.
Cuando le hablaron de fiesta,
ella pidió el mejor palco
y se adornó con claveles
y un par de pendientes largos.
Pronto suenan los timbales.
El silencio se hace el amo
volviendo tensos los rostros
hacia el toril sentenciado.
Sale, majestad y fuerza,
a la arena del cadalso.
La nobleza se da cita
con verdugos a caballo
y los capotes al vuelo
lo acosan por los costados.
El toro ya no confía,
se ha vuelto bravo
embistiendo con coraje
todo lo que halla a su paso,
se pide el cambio de tercio
y el torero engalanado
cambia la espada de broma
por el acero templado.
Saluda a la Presidencia,
marca unos medidos pasos
y cita al toro de lejos
con el estoque inclinado.
La niña que se da cuenta,
lanza al toro por su nombre
y el animal, ya sangrando,
olvida estoque y torero,
arrastra su cuerpo manso
y se detiene doliente
frente a su amiga de antaño.
Las lágrimas se hacen eco
del público emocionado
y hay bandadas de palomas
agitadas por mil brazos.
El torero pide gracia
para indultar al astado
y, cuando está concedida,
la niña corre a su lado.
Ella sola se lo lleva
por el pasillo empedrado.
(*)Teresa Berenguer es poetisa
APARECIDO ESTE ROMANCE EN LA PÁGINA 31 DEL NÚMERO 3 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO'
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